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Finanzas y Desarrollo, March 2012
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Y los muros se derrumbaron

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
April 2012
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Atish Rex Ghosh entrevista a James Boughton, historiador del FMI

Según el pensador George Santayana, “Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”. Como historiador oficial del FMI, James Boughton ha intentado tanto evitar que la institución repita los errores del pasado como ofrecer una visión íntima e inigualada de los engranajes de una organización largamente criticada por el secreto y la falta de transparencia.

El FMI acaba de publicar su historia oficial durante la década de 1990. Tearing Down Walls: The International Monetary Fund, 1990–1999—la segunda obra de Boughton—abarca una época tumultuosa, no solo en la vida del FMI sino también en el orden mundial. La década anterior había concluido con la caída del Muro de Berlín, a la que no tardó en seguir el colapso de la Unión Soviética y la transformación de muchas ex economías del bloque oriental en economías de mercado. A la vez que hacía frente a la transición política de las repúblicas sucesoras de la Unión Soviética, el FMI se encontró rodeado de la vorágine de sucesivas crisis financieras. Entre tanto, dentro de la sede, en la ciudad de Washington, tomaba su curso una reforma interna histórica.

Para marcar la publicación de esta obra, Atish Rex Ghosh, del Departamento de Estudios del FMI, habló con Boughton sobre el turbulento período que describe, y de sus años como cronista oficial del FMI.

F&D: El título de Tearing Down Walls: The International Monetary Fund, 1990–1999 hace referencia a muros que se derrumban y al FMI en los años noventa. ¿En qué está inspirado?

Boughton: Con ese título quise evocar varias cosas que ocurrieron en los años noventa. El primer suceso de importancia fue el colapso de la Unión Soviética a fines de 1991, del que nacieron 15 países. Ninguno tenía prácticamente experiencia con la economía de mercado, y al FMI le tocó ayudarlos en esa transición. Se trataba de un reto gigantesco.

Lo otro que ocurrió fue una serie de crisis financieras devastadoras que arrancó con la del peso mexicano en diciembre de 1994, se propagó por Asia oriental a través de Tailandia, Indonesia y Corea, y llegó a Rusia en 1998, y afectó de manera real y profunda a toda la economía mundial. Así que esta serie de crisis financieras creó una tremenda cantidad de trabajo para el FMI, planteando nuevos desafíos para el personal y la gerencia.

Fue una década de globalización. Los muros entre países, los muros que limitaban el comercio entre países, los muros que limitaban los flujos financieros entre países: todos se derrumbaron. Con este libro quise captar todo ese dramatismo.

F&D: Este también fue un período en el cual la “supervisión”—es decir, lo que hace el FMI al observar el desempeño de un país y su tipo de cambio para cerciorarse de que la economía mundial esté funcionando bien—adquirió mayor importancia. ¿Qué nos puede decir al respecto?

Boughton: Cuando estalló la crisis mexicana a fines de 1994, el FMI se dio cuenta de que no había tenido suficientes datos en tiempo real para comprender lo que estaba ocurriendo en el país, y eso motivó profundas reflexiones en la sede de la institución.

Teníamos que trabajar más de cerca y con mayor intensidad con los países para comprender lo que estaba ocurriendo en sus economías. Así que durante la segunda mitad de esa década mucho de lo que hizo el FMI giró en torno a toda esta idea de que la institución misma tenía que ser más transparente y que debía promover la transparencia de la relación de los países con el FMI y entre sí mismos. Fue realmente una transformación cultural profunda.

F&D: En su opinión, ¿qué tipo de mensaje surge de la historia de este período?

Boughton: Lo positivo es que cuando se plantean estos retos importantes, los dirigentes mundiales llaman al FMI. Creo que es justo afirmar que el FMI estuvo a la altura de ese reto. Así lo demuestra, entre otras cosas, el hecho de que cuando la actual crisis económica mundial estalló en 2008, los países nuevamente recurrieron a la ayuda del FMI más que a ninguna otra institución.

Pero creo que detrás hay un mensaje menos alentador, y es que estas crisis siguen ocurriendo. La gente ha aprendido que este es un problema que no desaparecerá, y en el futuro los países volverán a contactar al FMI una y otra vez.

La institución es muy diferente de cuando entré hace 30 años, en 1981. El cambio más grande es la transformación cultural en la cual el secreto ha cedido el lugar a la apertura. La institución era mucho más pequeña, mucho más cerrada.

F&D: La década de los años noventa fue polémica para el FMI, en parte debido a nuestra participación en las crisis de Asia y América Latina, en las que se nos acusó de promover el “Consenso de Washington”. ¿Le parece que esas críticas eran válidas?

Boughton: En parte, sí. Varias veces, en la década de los años noventa, el FMI estuvo un poco a la zaga, incapaz de prever lo que ocurría. Eso generalmente sucedió porque no teníamos datos. Una cosa que me llamó mucho la atención cuando estaba preparando el libro fue que Stanley Fischer—uno de los macroeconomistas mejores y más reconocidos del mundo, y en aquel entonces Primer Subdirector Gerente del FMI—me dijo que cuando entró al FMI se sorprendió al ver que el personal técnico realmente no tenía ni por lejos la cantidad de información que él se había imaginado sobre lo que ocurría. Fischer pensaba que nosotros sabíamos todo, que había gente fuera que no sabía nada. Pero resultó que nadie sabía lo suficiente.

Las peores críticas que recibió jamás el FMI fueron por la crisis asiática. Vimos que había algunos problemas, especialmente en Tailandia, pero es sumamente difícil predecir cuándo va a ocurrir una crisis.

Yo había estado en una conferencia en la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, en julio de 1997 cuando todos nos enteramos de que Tailandia devaluaba el baht. El país se veía forzado a entrar en modalidad de crisis y le pedía asesoramiento al FMI. Stan Fischer estaba en la misma conferencia. Habiendo pasado entonces casi tres años en el FMI, inmediatamente se dio cuenta de que no se trataba de un pequeño problema aislado en Tailandia.

F&D: Su libro tiene muchos detalles fascinantes, algunas anécdotas y mucha investigación muy sólida de los archivos y los hechos históricos. ¿Qué reflexiones nos puede ofrecer el historiador del FMI?

Boughton: La gente me pregunta constantemente para qué necesita un historiador el FMI. Es porque la gerencia se dio cuenta de que fuera de la institución nadie tenía idea de lo que sucedía dentro ni de qué tipo de trabajo hacemos realmente.

El personal del Fondo me hace muchas preguntas también. Cuando alguien tiene que escribir un documento sobre política institucional, necesita saber qué cosas ya se probaron y yo les puedo explicar por qué algo que aparentemente era viable resultó impráctico. El mío es un trabajo multifacético.

Testigo de la historia

“Siempre sentí que estaba parado sobre los hombros de mis predecesores, y me consideré el heredero de una importante tradición”, dice James Boughton de su trabajo como historiador oficial del FMI.

Boughton—que, por una de esas casualidades, nació el mismo año en que se fundó la institución—es el tercer titular del cargo. Economista de formación, ha escrito dos de los múltiples tomos que recogen la historia oficial del FMI hasta la fecha.

El primer historiador fue Keith Horsefield, autor de The International Monetary Fund 1945–1965, que abarca los 20 primeros años de vida del FMI.

“Asumí el cargo alentado por Keith Horsefield”, recuerda Boughton. Los dos nunca se conocieron, pero Boughton mantuvo una copiosa correspondencia con Horsefield, que se había jubilado en la Isla de Wight.

La sucesora de Horsefield fue Margaret Garritsen de Vries, que en The System Under Stress y Cooperation on Trial narra la historia del FMI desde los años sesenta hasta finales de los setenta: las negociaciones que desembocaron en la creación de los “derechos especiales de giro “(el activo de reserva internacional único del FMI), las repetidas crisis que culminaron en el colapso del sistema de Bretton Woods, y la respuesta del FMI a los desplazamientos tectónicos del sistema monetario y financiero internacional.

La primera contribución de Boughton a la serie fue Silent Revolution: The International Monetary Fund 1979–1989, que se centra en las crisis financieras latinoamericanas de ese período. Nunca existió la intención de que cada libro encajara perfectamente en una década, pero por coincidencia cada tomo parece “constituir un decenio natural de la historia del FMI”, señala Boughton.

Tras la publicación de Tearing Down Walls, Boughton piensa que el próximo tomo probablemente se centre en la actual crisis internacional y en cómo “el FMI había sido dejado de lado como institución internacional, hasta que lo llamaron para hacer frente a la crisis”, comenta.

Boughton se está preparando para la jubilación, pero su puesto probablemente quede vacante un tiempo. El FMI siempre ha dejado un espacio entre un historiador y otro para que la historia—incluida la crisis actual—siga su curso antes de quedar plasmada en la página impresa. Quizá, sugiere Boughton, haya llegado el momento de que el cargo sea permanente y continuo.

Lo que más me gustó fue entrevistar a altos funcionarios de todas partes; conocí a gente maravillosa y escuché algunas historias extraordinarias. Es difícil resumir lo que aprendí en los 20 años que llevo haciendo este trabajo, pero tratar de contarlo es muy entretenido y un reto magnífico.

Atish Rex Ghosh es Director Adjunto del Departamento de Estudios del FMI, y autor de Nineteenth Street, NW.

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