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Finanzas y Desarrollo, March 2012
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Potenciar a la mujer es un enfoque económico inteligente: La eliminación de las disparidades de género beneficia a toda la población, no solo a las mujeres y a las niñas

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
April 2012
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Campesinas en los arrozales cercanos al pueblo de Bagabar, distrito de Maharai Gani, India.

Ana Revenga y Sudhir Shetty

No hace mucho las mujeres se enfrentaban a enormes barreras a la hora de buscar oportunidades para participar en la sociedad en igualdad de condiciones que los hombres. Hace apenas un cuarto de siglo, la desiguadad resultaba evidente en la universidad, en el trabajo e incluso en el hogar. Desde entonces, la vida de las mujeres en todo el mundo ha mejorado notablemente en muchos aspectos. En la mayoría de los países—ricos y pobres—las mujeres van más a la escuela, viven más años, consiguen mejores trabajos y han adquirido derechos y protección legal.

Pero persisten importantes desigualdades de género. En comparación con los países ricos, en muchos países de ingreso mediano y bajo las mujeres tienen más probabilidades de morir que los hombres. Las mujeres ganan menos y son económicamente menos productivas que los hombres en casi todo el mundo. Además, tienen menos oportunidades para determinar sus vidas y tomar decisiones que los hombres.

Según el Informe sobre el desarrollo mundial 2012: Igualdad de género y desarrollo del Banco Mundial, superar estas disparidades de género es importante para el desarrollo y para la formulación de políticas. Una mayor igualdad de género puede aumentar la productividad económica, mejorar los resultados en materia de desarrollo para la próxima generación, y establecer instituciones y políticas más representativas.

Muchas disparidades de género persisten incluso cuando los países avanzan en el desarrollo económico, por lo que se precisan políticas correctivas que aborden específicamente y de manera sostenida estas desigualdades. Estas políticas reportarán importantes beneficios en materia de desarrollo si se centran en las persistentes desigualdades de género que más afectan al bienestar. Para ser eficaces, estas medidas deben hacer frente a las causas fundamentales de la desigualdad sin olvidar la economía política interna.

Progresos desiguales

Todas las esferas de la igualdad de género—el acceso a la educación y la salud, las oportunidades económicas, y la voz en el hogar y en la sociedad—han experimentado una evolución desigual en los últimos 25 años. En algunos ámbitos, como la educación, se han superado gran parte de las desigualdades de género; pero los progresos han sido más lentos para las mujeres pobres y que se enfrentan a otras desventajas, como el origen étnico. En otras áreas, las disparidades se han reducido lentamente, incluso entre las mujeres con mayores recursos y en países que se han desarrollado con rapidez.

En la educación primaria, se han superado las desigualdades de género en casi todos los países, y se están reduciendo rápidamente en la educación secundaria. De hecho, en alrededor de un tercio de los países en desarrollo el número de niñas supera el de niños en la enseñanza secundaria. El número de mujeres que asisten a la universidad es mayor que el de hombres en dos terceras partes de los países sobre los que se dispone de datos: actualmente las mujeres representan el 51% de la población universitaria mundial (véase el gráfico 1). No obstante, en los países en desarrollo más de 35 millones de niñas no asisten a la escuela, frente a 31 millones de niños, y casi dos tercios de estas niñas pertenecen a grupos étnicos minoritarios.

Gráfico 1Vamos a la escuela

Se ha conseguido la paridad de género en la escuela primaria y secundaria, pero las tasas de matrícula en el nivel terciario favorecen a las mujeres.

Citation: 49, 1; 10.5089/9781475502596.022.A012

Fuente: Banco Mundial, base de datos de World Development Indicators.

Nota: La línea de 45° en cada panel indica la paridad de género en las matrículas. Todo punto por encima de la línea de 45° implica que el número de mujeres matriculadas es mayor que el número de hombres matriculados.

Desde 1980, las mujeres viven más años que los hombres en todas las regiones del mundo. Pero en los países en desarrollo, más mujeres y niñas aún mueren en una edad más temprana que los hombres y los niños, en comparación con las de los países ricos. Debido a este “exceso de mortalidad femenina”, las mujeres y niñas “de menos” en los países en desarrollo representan anualmente unos 3,9 millones de mujeres menores de 60 años (véase el cuadro). Aproximadamente dos quintas partes no llegan a nacer, una sexta parte muere durante la infancia y la niñez, y más de una tercera parte lo hacen en los años reproductivos. La mortalidad femenina sigue aumentando en África subsahariana, especialmente entre las mujeres en edad de procrear y en los países más golpeados por la pandemia del VIH/SIDA (Banco Mundial, 2011, capítulo 3).

Más de 500 millones de mujeres se han incorporado a la fuerza de trabajo mundial en los últimos 30 años, y ahora constituyen más del 40% de la población activa en todo el mundo. Este incremento de la participación de las mujeres en el mercado laboral puede atribuirse, entre otros factores, a una reducción sin precedentes de la fertilidad en países tan diferentes como Bangladesh, Colombia y la República Islámica del Irán, así como a mejoras en la educación de las mujeres. No obstante, en casi todos los países, las mujeres ganan menos que los hombres (Banco Mundial, 2011, sobre todo el capítulo 5). Las razones son diversas. Las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de trabajar en tareas domésticas no remuneradas o en el sector informal, de ocuparse de parcelas menos extensas y de dedicarse a cultivos peor remunerados, y de dirigir empresas de menor tamaño y en sectores menos rentables.

En cuanto a derechos y voz, casi todos los países del mundo han ratificado la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. No obstante, en muchos países, las mujeres (especialmente las que son pobres) tienen menos influencia en las decisiones y menos control sobre los recursos de sus hogares. También hay más probabilidades de que las mujeres sean víctimas de violencia doméstica, tanto en los países ricos como en desarrollo. Y en todos los países, las mujeres participan menos que los hombres en la actividad política oficial, especialmente en los niveles más altos.

Igualdad de género y desarrollo

La igualdad de género tiene importancia por derecho propio. El desarrollo es un proceso de ampliación de las libertades de manera igualitaria para todas las personas: hombres y mujeres (Sen, 2009). La reducción de las diferencias de bienestar entre hombres y mujeres es un componente del desarrollo del mismo modo que la reducción de la pobreza en términos de ingresos. Una mayor igualdad de género también aumenta la eficiencia económica y mejora otros resultados en materia de desarrollo de tres maneras principales:

•En primer lugar, ahora que las mujeres representan el 40% de la fuerza de trabajo mundial y más de la mitad de la matrícula universitaria del mundo, la productividad global aumentará si se aprovechan más plenamente las habilidades y los talentos de las mujeres. Por ejemplo, si las agricultoras tuvieran el mismo acceso que los hombres a los recursos productivos, como tierras y fertilizantes, la producción agrícola de los países en desarrollo podría llegar a incrementarse entre 2,5% y 4% (FAO, 2011). Eliminar las barreras que impiden que las mujeres trabajen en determinadas ocupaciones o sectores puede dar lugar a aumentos de la producción, incrementando la participación y la productividad laboral de la mujer hasta un 25% en algunos países a través de una asignación más eficaz de sus habilidades y talentos (Cuberes y Teignier-Baqué, 2011).

•En segundo lugar, un mayor control de las mujeres sobre los recursos del hogar, procedentes de lo que ganan ellas mismas o de transferencias de dinero, contribuye a modificar los patrones de gastos en formas que benefician a los hijos, lo que puede tener efectos positivos en las perspectivas de crecimiento de los países. Datos empíricos procedentes de diversos países (como Brasil, China, India, Reino Unido y Sudáfrica) muestran que incrementar la proporción de los ingresos del hogar controlados por las mujeres beneficia a los hijos porque aumentan los gastos en alimentación y educación (Banco Mundial, 2011).

•Por último, potenciar el papel de las mujeres como agentes económicos, políticos y sociales puede modificar las opciones en materia de políticas y hacer que las instituciones sean más representativas de una mayor variedad de voces. En India, otorgar poder a las mujeres a nivel local generó incrementos en el suministro de bienes públicos, como el agua y el saneamiento, que son más importantes para las mujeres (Beaman et al., 2011).

Impulsar el desarrollo

La evolución de la igualdad de género a medida que avanza el desarrollo puede comprenderse a través de las respuestas de los hogares al funcionamiento y a la estructura de los mercados y las instituciones, ya sean estas de carácter formal (como leyes, regulación y prestación de servicios) e informal (como roles determinados en función del género, normas y redes sociales).

Los mercados y las instituciones ayudan a determinar los incentivos, las preferencias y los condicionantes de los diferentes miembros del hogar, así como el peso que tiene su opinión y su poder de negociación. Así, la adopción de las decisiones en el hogar, los mercados, y las instituciones formales e informales interactúan para determinar los resultados en materia de género. Este marco conceptual también permite observar cómo el crecimiento económico (mayores ingresos) influye en los resultados sobre género, incidiendo en el funcionamiento de los mercados y las instituciones y en la toma de decisiones de los hogares. El impacto del crecimiento económico está ilustrado en el gráfico 2 por la flecha correspondiente, que hace girar los engranajes en dirección a una mayor igualdad de género. El efecto de una mayor igualdad de género, que puede contribuir a un mayor crecimiento, se muestra a su vez con la flecha correspondiente a la “igualdad de género”.

Gráfico 2Acelerar el ritmo

Los resultados en materia de género se explican a través de las interacciones entre los hogares, los mercados y las instituciones.

Citation: 49, 1; 10.5089/9781475502596.022.A012

Fuente: Banco Mundial, 2011, Informe sobre el desarrollo mundial 2012.

¿Dónde están?

En 2008 había casi 4 millones menos de mujeres.

(exceso de mortalidad femenina, miles)



Niñas al nacer


Niñas menores de 5 años


5 a 14 años


15 a 49 años


50 a 59 años
Total (menores de 60 años)
199020081990200819902008199020081990200819902008
China8901.092259712152085692301.4701.254
India265257428251944538822881751.255856
África subsahariana4253183203617730275150996391.182
Países con una prevalencia elevada de VIH006395183832843153416
Países con una prevalencia baja de VIH425317716357592644234668586766
Asia meridional (excluido India)01997232201761613751346305
Asia oriental y el Pacífico (excluido China)341471491371134846216179
Oriente Medio y Norte de África5613741432415158052
Asia central y oriental7143100124432723
América Latina y el Caribe0011531201017175133
Total1.2121.4271.0106172301581.2861.3473433344.0823.882
Fuente: Estimaciones realizadas por el equipo del Informe sobre el desarrollo mundial 2012 sobre la base de datos de la Organización Mundial de la Salud y de la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas.
Fuente: Estimaciones realizadas por el equipo del Informe sobre el desarrollo mundial 2012 sobre la base de datos de la Organización Mundial de la Salud y de la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas.

Este enfoque ayuda a demostrar por qué las disparidades de género en la matrícula escolar se han superado tan rápidamente. En este caso, el aumento de los ingresos (flexibilizando las limitaciones presupuestarias sobre los hogares y el tesoro público), los mercados (ofreciendo nuevas oportunidades de empleo a las mujeres), y las instituciones formales (ampliando las escuelas y reduciendo los costos) se combinan e influyen en las decisiones de los hogares a favor de la educación de las niñas y las jóvenes en una gran variedad de países.

Este análisis también contribuye a explicar por qué las mujeres pobres aún se enfrentan a disparidades de género considerables, especialmente cuando la pobreza se suma a otros factores de exclusión como vivir zonas remotas, pertenecer a grupos étnicos minoritarios o sufrir discapacidad. En India y Pakistán, por ejemplo, mientras que los niños y niñas pertenecientes al quintil de ingresos más alto están escolarizados en proporciones similares, hay una disparidad de género de casi 5 años en el quintil de ingresos más bajo. La tasa de analfabetismo entre las mujeres indígenas de Guatemala es el doble de la tasa correspondiente a las mujeres no indígenas y se sitúa 20 puntos por encima de la de los hombres indígenas. Las señales del mercado, las instituciones encargadas de la prestación de servicios y el aumento de los ingresos, que en general han favorecido la educación de las niñas y las jóvenes, no llegan a beneficiar a estas poblaciones muy desfavorecidas.

Implicaciones de política

Para promover la igualdad de género, las autoridades deben centrar sus acciones en cinco prioridades principales: reducir el exceso de mortalidad femenina; superar las disparidades en la educación; mejorar el acceso de las mujeres a oportunidades económicas y, por ende, el ingreso y la productividad; lograr que la influencia de las mujeres en el hogar y en la sociedad sea igual que la de los hombres; limitar la reproducción de las desigualdades de género entre generaciones.

Reducir el exceso de mortalidad femenina, es necesario centrarse en las causas subyacentes para cada grupo etario. Dada la mayor susceptibilidad de las niñas (en comparación con los niños) a las enfermedades infecciosas transmitidas por el agua en la infancia y la primera niñez, hace falta mejorar los servicios de abastecimiento de agua y alcantarillado, como ha hecho Vietnam, para reducir el exceso de mortalidad femenina (Banco Mundial, 2011). Es fundamental mejorar la prestación de servicios de atención materna, como hizo Sri Lanka en sus primeras etapas de desarrollo o Turquía en los últimos años.

Para reducir las disparidades en la educación, se deben eliminar las barreras que impiden el acceso debido a la pobreza, el origen étnico o la situación geográfica. Por ejemplo, en aquellos países en que la distancia es el problema clave (como en las zonas rurales de la República Islámica de Afganistán), construir más escuelas en zonas remotas puede reducir las disparidades de género. Cuando es difícil o demasiado costoso implementar soluciones a medida, las intervenciones sobre la demanda, como las transferencias monetarias condicionadas a la asistencia a la escuela, pueden ayudar a que las niñas de familias pobres vayan a la escuela. Estas transferencias han contribuido a incrementar las tasas de asistencia de las niñas a la escuela en países tan diversos como México, Turquía y Pakistán (Banco Mundial, 2011).

Para promover el acceso de las mujeres a oportunidades económicas y, por lo tanto, reducir las disparidades de género que afectan a los ingresos y la productividad, se debería aplicar una combinación de políticas. Las soluciones incluyen otorgar más tiempo libre a la mujer para que pueda trabajar fuera del hogar—por ejemplo, a través de los subsidios para el cuidado infantil, como en Colombia; mejorar su acceso al crédito, como en Bangladesh; y garantizar el acceso a los recursos productivos, especialmente las tierras, como en Etiopía donde ahora se otorgan títulos de propiedad conjuntos a ambos cónyuges. Otras medidas como resolver la falta de información sobre la productividad femenina en el trabajo y eliminar los sesgos institucionales contra la mujer, por ejemplo, mediante la aplicación de cuotas que favorecen a la mujer o de programas de colocación laboral como en Jordania, también abrirán oportunidades económicas.

Para reducir las disparidades de género en cuanto a la voz en el hogar y en la sociedad, las políticas deben abordar la influencia combinada de las normas y creencias sociales, el acceso de la mujer a oportunidades económicas, el marco jurídico y la educación de la mujer. Las medidas que aumentan el control de la mujer sobre los recursos del hogar y las leyes que refuerzan su capacidad de acumular activos, sobre todo mediante el fortalecimiento de sus derechos de propiedad, son importantes. En Marruecos, las recientes reformas de las leyes sobre la familia han reforzado los derechos de propiedad de la mujer al equiparar los derechos de ambos cónyuges sobre la propiedad adquirida durante el matrimonio. Las cuotas para incrementar la representación política de la mujer, la capacitación de las futuras dirigentes y el aumento de la participación de la mujer en los sindicatos y asociaciones profesionales también pueden aumentar la voz de la mujer en la sociedad.

Para limitar la desigualdad de género a lo largo del tiempo, es esencial invertir en las adolescentes y las jóvenes. Las decisiones que se toman durante esta etapa de la vida determinan los conocimientos, la salud, las oportunidades económicas y las aspiraciones en la vida adulta. Para garantizar que las desigualdades de género no persistan a lo largo del tiempo, las políticas deben hacer hincapié en desarrollar el capital humano y social (mediante transferencias monetarias a las niñas para que permanezcan o vayan a la escuela, como en Malawi); facilitar la transición de la escuela al trabajo (como los programas de capacitación para jóvenes aplicados en Uganda), y cambiar las aspiraciones (poniendo a las niñas en contacto con dirigentes políticas, como en India).

Las acciones políticas en el plano nacional son fundamentales, pero la comunidad internacional puede complementar los esfuerzos nacionales en cada uno de estos ámbitos prioritarios. Esto requerirá medidas nuevas o adicionales en múltiples frentes. El financiamiento debería dirigirse específicamente a respaldar los esfuerzos de los países más pobres para reducir el exceso de mortalidad femenina (mediante la inversión en el suministro de servicios de agua potable y alcantarillado y de salud materna) y las desigualdades de género persistentes en la educación. Las asociaciones deben ampliarse más allá de las establecidas con los gobiernos y los organismos de desarrollo a fin de incluir al sector privado, las organizaciones de la sociedad civil, y las instituciones académicas en los países ricos y en desarrollo.

Y si bien queda bastante por hacer, en muchos aspectos el mundo ya ha cambiado al reconocer que la igualdad de género es beneficiosa para las mujeres y para los hombres. Cada vez más, nos estamos dando cuenta de que eliminar las disparidades de género aportará muchas ventajas económicas y de muchos tipos.

Ana Revenga es Directora del Sector de Desarrollo Humano para Europa y Asia central, y Sudhir Shetty es Director del Sector de Reducción de la Pobreza y Gestión Económica para Asia oriental y el Pacífico, ambos en el Banco Mundial.

Este artículo se basa en el Informe sobre el desarrollo mundial 2012: Igualdad de género y desarrollo, publicado por el Banco Mundial en 2011. Los datos y el análisis mencionado en este artículo se citan en las secciones correspondientes del informe.

Referencias:

    Banco Mundial2011Informe sobre el desarrollo mundial 2012: Igualdad de género y desarrollo (Washington).

    BeamanLoriRaghadendraChattopadhyaEstherDufloRohiniPande y PetiaTopalovainédito“Political Reservation and Substantive Representation: Evidence from Indian Village Councils”2011enIndia Policy Forum 2010–11compilado porSumanBeryBarryBosworth y ArvindPanagariya (Washington: Brookings Institution y National Council of Applied Economic Research).

    CuberesDavid y MarcTeignier-Baqué2011“Gender Equality and Economic Growth”Documento de discusión para el Informe sobre el desarrollo mundial 2012 (Washington: Banco Mundial).

    Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)2011The State of Food and Agriculture 2010–11: Women in Agriculture—Closing the Gender Gap for Development (Roma).

    SenAmartya2009Development as Freedom (Nueva York: Anchor Books).

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