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Finanzas y Desarrollo, March 2012
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Los Jovenes: Generación marcada: En las economías avanzadas, la crisis desencadenó un aumento masivo del desempleo juvenil que tardará mucho tiempo en corregirse

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
April 2012
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Fila en una feria de empleo en Nueva York.

Hanan Morsy

La reciente crisis económica mundial pasó una factura enorme al empleo juvenil en todo el mundo, asestando el golpe más duro a las economías avanzadas, que se recuperan más lentamente que las economías emergentes y en desarrollo.

A los jóvenes siempre les ha costado encontrar trabajo. Históricamente, la tasa de desempleo para el grupo de 15 a 24 años en las economías avanzadas ha sido el doble o el triple que la de grupos de más edad. Pero desde el estallido de la crisis mundial en 2008, el desempleo juvenil se disparó en comparación con el de los adultos, y factores estructurales, sobre todo en Europa, han exacerbado el problema.

El desempleo puede costarles caro a los jóvenes. Si no encuentran su primer trabajo o si no pueden mantenerlo por mucho tiempo, sus vidas y perspectivas profesionales pueden verse perjudicadas a largo plazo. Pero el desempleo juvenil también tiene repercusiones sociales más amplias y contribuye mucho a la creciente desigualdad del ingreso en las economías avanzadas.

De mal en peor

En 2007, el año antes de que se desatara la recesión, los trabajadores jóvenes ya estaban en problemas. El desempleo medio entre los trabajadores de 15 a 24 años en las economías avanzadas era de 13%, frente a 5% entre los trabajadores mayores. Esa tasa es ahora de casi 20%, o sea, el triple de la tasa media de aproximadamente 7% observada en los grupos de más edad. Y dada la lenta recuperación de las economías avanzadas, es probable que esa tasa alta persista por algún tiempo.

El desempleo juvenil ha variado mucho entre los países. Justo antes de la crisis la tasa media en las economías avanzadas (Australia, Canadá, Corea, Europa occidental, Estados Unidos, Japón y Nueva Zelandia) era de 13%, pero en Grecia e Italia rebasaba el 20%; en los Países Bajos y Japón era de menos de 10%, y en Estados Unidos rondaba el 10%. En países como Suecia y el Reino Unido, el desempleo juvenil era cuatro veces mayor que el de los adultos.

Desde 2008, el desempleo juvenil ha aumentado (véase el gráfico). En Estados Unidos subió a más de 18%, y en Italia y Suecia se sitúa alrededor de 25%. El mayor aumento se produjo en España, donde se duplicó, de menos de 20% en 2008 a casi 40% tres años después. No obstante, en Alemania el desempleo juvenil se redujo gracias a programas eficaces de pasantías y a subsidios a corto plazo para las empresas que reducen las horas de trabajo en lugar de despedir empleados durante las desaceleraciones. Pero aun así, la probabilidad de desempleo entre los jóvenes alemanes es una vez y media mayor que entre los adultos.

Pero la tasa general de desempleo no es lo único que inquieta. Es igual de alarmante la duración del desempleo entre los jóvenes, a menudo mientras buscan su primer trabajo. En las economías avanzadas, 2 de cada 10 jóvenes desempleados han estado buscando empleo un año o más, y 3 de cada 10 en la zona del euro. El peor caso es el de España, donde 40% de los jóvenes han estado buscando empleo durante más de 12 meses. La desocupación prolongada deteriora las aptitudes de los trabajadores y sus vínculos con el lugar de trabajo. Y la creciente frustración con el desempleo ha llevado a muchísimos jóvenes a abandonar la búsqueda, por lo que el panorama real de desocupación podría ser peor de lo que pintan las estadísticas.

Ardua búsqueda

A los jóvenes les suele costar mucho más colocarse que a los trabajadores más viejos por muchas razones: tienen menos experiencia, menos conocimientos sobre el mercado laboral y menos contactos. Además, muchos no tienen las aptitudes necesarias, a menudo debido a sistemas educativos anticuados. Por eso, para muchos la transición de las aulas al trabajo es accidentada y a veces larga, y más ardua ahora debido a la crisis. Incluso los jóvenes que encuentran empleo son más vulnerables que los trabajadores más antiguos, sobre todo en las desaceleraciones, porque el último contratado suele ser el primer despedido.

Pero en los mercados laborales, especialmente en Europa, también hay prácticas que se suman a problemas de larga data. Los contratos temporales son más comunes ente los trabajadores jóvenes que entre los más viejos, y antes de la crisis casi un tercio de los jóvenes se acogían a ese régimen en las economías avanzadas. En las épocas buenas, las empresas recurrían mucho a los trabajadores temporales, en gran medida para obviar las regulaciones que dificultan el despido de trabajadores permanentes. Al contraerse la economía, los puestos temporales fueron los primeros en eliminarse, a menudo sin pago de indemnizaciones, por lo que el despido no solo era fácil sino también más barato. En España, la mitad de los jóvenes tenían contratos temporales antes de la crisis, y fueron los primeros en perder su trabajo. Para muchos el golpe del despido es doble, ya que además su acceso a las prestaciones sociales es más limitado.

El efecto cicatriz

Además de los problemas a corto plazo que causa a los jóvenes, el desempleo es debilitante a largo plazo. Según estudios, los que están desempleados al inicio de su carrera tienden más a perder el empleo años más tarde. Peor aún, a lo largo de su vida laboral tienden a ganar menos que sus pares que encuentran empleo más fácilmente (von Wachter, Song y Manchester, 2009; Kahn, 2010). Todas estas desventajas a largo plazo derivadas del desempleo al inicio de la carrera se conocen como el “efecto cicatriz”, y se deben a factores como el deterioro de las aptitudes y la experiencia laboral no adquirida, pero también a la posibilidad de que los empleadores duden de la productividad de estos trabajadores. Cuanto más se prolongue el desempleo, más duradero tenderá a ser el efecto cicatriz. El perjuicio en las ganancias puede ser de hasta 20% con respecto a los que sí encuentran empleo pronto, y esa brecha puede persistir hasta 20 años.

El perjuicio en los ingresos vitalicios es más pronunciado cuando el desempleo ocurre en la juventud, sobre todo al concluir la universidad. Por ejemplo, los que entraron en el mercado laboral durante la llamada década perdida en Japón de los años noventa sufrieron el efecto cicatriz. El desempleo juvenil a largo plazo aumentó en más del doble y perduró hasta mucho después de iniciada la recuperación, porque los empleadores japoneses prefirieron contratar postulantes recién graduados en lugar de trabajadores atrapados en períodos de desempleo prolongado o inactividad persistente.

Además del perjuicio en el salario futuro y las perspectivas de empleo, hay datos que indican que el desempleo en la juventud a menudo mina la felicidad, la satisfacción laboral y la salud de la persona por muchos años.

Costos altos

El desempleo juvenil también puede tener costos económicos y sociales altos. La subutilización laboral de los jóvenes puede crear un círculo vicioso de pobreza intergeneracional y exclusión social. La falta de oportunidades puede desembocar en violencia y delincuencia juvenil. El fuerte desempleo juvenil reciente ha contribuido al malestar social en muchos países, avanzados, emergentes y en desarrollo.

El creciente desempleo juvenil agrava el problema de la desigualdad del ingreso en muchas economías avanzadas. Al extrapolar los factores subyacentes de esa desigualdad en las economías avanzadas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) entre 1980 y 2005 se observa que la crisis mundial exacerbará la desigualdad, principalmente porque eleva el desempleo e inhibe la creación de empleo (Morsy, de próxima publicación). El desempleo juvenil contribuye significativamente al aumento de esa desigualdad.

Haciendo agua

Salvo en Alemania, la tasa de desempleo juvenil subió durante la crisis mundial, con aumentos de más de 20 puntos porcentuales en España y algo menos en Irlanda.

Citation: 49, 1; 10.5089/9781475502596.022.A005

Fuente: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

Nota: AUS = Australia, AUT = Austria, BEL = Bélgica, CAN = Canadá, CZE = República Checa, DNK = Dinamarca, FIN = Finlandia, FRA = Francia, DEU = Alemania, GRC = Grecia, ISL = Islandia, IRL = Irlanda, ITA = Italia, JPN = Japón, KOR = Corea, LUX = Luxemburgo, NLD = Países Bajos, NZL = Nueva Zelandia, NOR = Noruega, POL = Polonia, PRT = Portugal, SLV = Eslovenia, ESP = España, SWE = Suecia, CHE = Suiza, GBR = Reino Unido, USA = Estados Unidos.

Según estimaciones basadas en el coeficiente Gini, el aumento del desempleo juvenil durante la crisis elevó la desigualdad del ingreso 4 puntos porcentuales en las economías avanzadas en general y hasta 8 puntos porcentuales en los países de la periferia de Europa (España, Grecia, Irlanda, Italia y Portugal) donde el deterioro del mercado laboral juvenil es mucho más acentuado. El coeficiente Gini tiene un escala de 0 a 100, en la que 0 denota igualdad perfecta en el ingreso de los hogares y 100 denota la concentración de todo el ingreso de la sociedad en un hogar.

Cuanto más numerosos son los contratos temporales en un país, mayor es el nivel de desigualdad.

La crisis mundial además “desalentó” a más trabajadores, jóvenes y viejos, que abandonaron la fuerza de trabajo, probablemente agudizando la disparidad del ingreso. El mayor desempleo juvenil amplió aún más la brecha entre ricos y pobres. Se estima que España e Irlanda fueron los países más afectados, con aumentos de la desigualdad del ingreso de 18 y 12 puntos porcentuales, respectivamente, debido a la desaparición de numerosos empleos en el sector de la construcción, una importante fuente de empleo para muchos trabajadores poco calificados. Cerca de la mitad de la contribución del desempleo a la desigualdad en estos países puede atribuirse al desempleo a largo plazo. En cambio, la desigualdad apenas varió en Alemania y los Países Bajos, donde el costo de los despidos y los programas de apoyo al trabajo a tiempo parcial apuntalaron el empleo. Los efectos en la desigualdad podían haber sido peores si las economías avanzadas no hubieran contado con amplias redes de protección social.

Los datos de la OCDE también indican que cuanto más numerosos son los contratos temporales en un país, mayor es el nivel de desigualdad. Esto se nota sobre todo en países como España y Portugal, donde se flexibilizaron los contratos temporales pero se siguió protegiendo mucho a los trabajadores permanentes.

La solución del problema

Una recuperación sana acompañada de creación de empleos reducirá el desempleo juvenil, mejorará la distribución del ingreso y fortalecerá la cohesión social, pero no bastará para impedir que muchos jóvenes en las economías avanzadas se vean marginados y excluidos de la fuerza laboral.

Estas son algunas de las reformas profundas que se precisan en el mercado laboral y de productos:

Corregir el desfase entre las aptitudes que adquieren los estudiantes y las necesidades de los empleadores: Esto ayudará mucho a reducir el desempleo juvenil a largo plazo. Se debe garantizar que los programas de ayuda, capacitación, pasantías y colocaciones del sistema educativo doten a los jóvenes de las aptitudes que exigen los empleadores. Para incentivar la contratación de jóvenes, los gobiernos podrían reducir las contribuciones a la seguridad social de los recién contratados o subsidiar a empresas que contraten jóvenes poco calificados y desempleados por mucho tiempo.

Proteger menos a los trabajadores fijos y más a los temporales para apoyar la creación de empleo: Un mercado laboral dual generalizado, con una fuerza laboral temporal flexible y otra permanente muy protegida, puede incrementar el desempleo (Blanchard y Landier, 2002; Dao y Loungani, 2010). Al flexibilizar solo los contratos a plazo fijo se incrementa el poder de los trabajadores permanentes para negociar salarios más altos, y eso dificulta las nuevas contrataciones. Por eso, las dos medidas deben tomarse en forma simultánea.

Fomentar la competencia y un mejor clima empresarial: Esto promovería el ingreso de nuevas empresas en varios sectores, la innovación y la eficiencia y la inversión privada y el empleo. Se debe facilitar la entrada en el mercado y reducir las restricciones de operación en los sectores de servicios, ventas al por menor, energía y telecomunicaciones. Se ha observado que el empleo aumenta significativamente cuando además de liberalizar el mercado se incrementa la competitividad del mercado de productos.

No todas estas reformas tienen efecto inmediato, pero son necesarias para corregir el desempleo crónico.

La energía, las aptitudes y las aspiraciones de la juventud son activos invaluables que la sociedad no puede desperdiciar. La importante y creciente proporción de jóvenes en riesgo de desempleo prolongado tiene el potencial de dejar cicatrices profundas en sus carreras, ganancias y salud. Además, los costos económicos y sociales del desempleo juvenil, como la mayor desigualdad del ingreso, son altos. Es importante adoptar políticas para reforzar las aptitudes y calificaciones de los trabajadores jóvenes y ayudarlos a entrar en el mercado laboral lo antes posible.

Hanan Morsy es Economista en el Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del FMI.

Referencias:

    BlanchardOlivier y AugustinLandier2002“The Perverse Effects of Partial Labour Market Reform: Fixed-Term Contracts in France”The Economic Journal vol. 112 (junio) págs. 21244.

    DaoMai y PrakashLoungani2010“The Human Cost of Recessions: Assessing It and Reducing It”documento de la serie IMF Staff Position Note 10/17 (Washington: Fondo Monetario Internacional).

    KahnLisa B.2010“The Long-Term Labor Market Consequences of Graduating from College in a Bad Economy”Labour Economics vol. 17 No. 2págs. 30316.

    MorsyHanande próxima publicación“Unemployment and Inequality in the Wake of the Crisis”IMF Working Paper (Washington: Fondo Monetario Internacional).

    von WachterTillJaeSong y JoyceManchester2009“Long-Term Earnings Losses Due to Mass Layoffs During the 1982 Recession: An Analysis Using U.S. Administrative Data from 1974 to 2004” (inédito; Nueva York: Universidad de Columbia).

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