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Finanzas y Desarrollo, March 2012
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Los Jãvenes: Futuro incierto: Los jóvenes en todo el mundo se sienten frustrados y enojados, y exigen un cambio

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
April 2012
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Mujeres en una manifestación en la Plaza de Tahrir en El Cairo.

David E. Bloom

Desde las filas de las oficinas de empleo en Europa y Japón hasta las bulliciosas calles de El Cairo y Lagos, los jóvenes de todo el mundo se ven afectados por la crisis económica mundial y exigen un cambio.

Los jóvenes, alentados a actuar ya sea por el movimiento “Ocupemos Wall Street” en Estados Unidos o por las grandes manifestaciones en el mundo árabe, lideran la respuesta ante la pérdida de oportunidades y las aspiraciones incumplidas.

Los políticos en todo el mundo reconocen que la larga crisis mundial destroza las esperanzas, aviva la tensión y fomenta las protestas. En muchos casos, los jóvenes han desempeñado un papel clave en las manifestaciones a favor del cambio, pero las reformas que proponen no solo afectan a su generación, sino a toda la sociedad.

Resistentes y conectados

La crisis económica mundial, prolongada por las perturbaciones en la zona del euro, ha dejado a millones de jóvenes sin empleo: 50% en España y Grecia, y 30% en Portugal e Italia. Esta situación puede crear una “generación perdida” y tener un costo humano muy alto en los próximos años.

Los jóvenes son resistentes por naturaleza y tienden a tener menos dependientes que las generaciones anteriores. No obstante, las personas que están sin empleo durante largo tiempo a menudo pierden la confianza en sí mismos, sus conocimientos se deterioran y sus vínculos con la fuerza de trabajo se debilitan (véase “La tragedia del desempleo”, en la edición de diciembre de 2010 de F&D). Pueden sentirse descorazonados, marginados y desconectados de las instituciones establecidas (véase “Hablan los jóvenes” en este número).

Pero, es evidente que a largo plazo son los jóvenes de hoy quienes deberán enfrentarse a la tarea de crear el éxito económico y la seguridad humana en el futuro.

Para permitir que los jóvenes tomen la iniciativa será necesario proporcionarles una buena educación y garantizar que gocen de buena salud. En algunos países, se reducirá la proporción de jóvenes en la población, por lo que será más fácil gastar más recursos en ellos. En otros donde los jóvenes representan una proporción cada vez mayor de la población, ocurrirá lo contrario. Y en muchos países, existe la posibilidad de que se enfrenten a una competencia por los recursos, a medida que la población de edad avanzada, que ha contribuido al crecimiento durante décadas, considere que su futuro está en riesgo y exija más atención (véase “El precio de la madurez” en el número de junio de 2011 de F&D).

En medio de la agitación y la incertidumbre sobre su futuro económico, los jóvenes, más que cualquier otro grupo, utilizan ahora los nuevos medios de comunicación para estar informados y comunicarse entre ellos y con otros interlocutores. El acceso generalizado a Internet ha aumentado sus aspiraciones, en parte concienciándolos de las grandes diferencias en los niveles de vida de la población dentro de sus países y en todo el mundo. También los ha hecho más conscientes del alcance de la corrupción y la injusticia y cómo esto afecta sus vidas.

Esta mayor concienciación de los jóvenes, en un contexto de recesión y falta de oportunidades, presagia un futuro económico a largo plazo potencialmente inestable. Por lo tanto, es muy posible que los jóvenes (y otros grupos) intensifiquen con razón sus protestas en los próximos años. Además, es probable que los movimientos sociales y políticos que cobren impulso en un país inspiren a otros jóvenes en el resto del mundo, como ocurrió en Túnez.

¿Qué importancia tiene esta cuestión?

Más de una de cada seis personas en el mundo tiene entre 15 y 24 años. Sin embargo, los 1.200 millones de adolescentes y jóvenes en todo el mundo probablemente constituyen el grupo de edad que menos atención recibe de los analistas políticos, los pensadores económicos y los académicos. Se ha prestado más atención a las 810 millones de personas mayores de 60 años, que cada vez son más y, por lo tanto, pueden poner en peligro las redes de protección social en todo el mundo, y a los niños y los adultos de edad intermedia.

Es muy posible que los jóvenes (y otros grupos) intensifiquen con razón sus protestas en los próximos años.

Sorprende que se ignore a este grupo. Los adolescentes y los jóvenes son importantes agentes de cambio social. Sus conocimientos, hábitos, comportamiento y aspiraciones en ámbitos tan diversos como el trabajo, el ahorro, el gasto, la migración internacional y de las zonas rurales a las urbanas, y la reproducción pueden transformar profundamente la sociedad durante los próximos años. La proporción de jóvenes en la población mundial ha aumentado gradualmente desde 1950 y seguirá haciéndolo por lo menos durante otras dos décadas (véase el gráfico 1).

Gráfico 1Más jóvenes pobres

A medida que se estabilizan los niveles de crecimiento de la población joven a nivel mundial, un mayor número de jóvenes provendrá de países de bajo ingreso y de ingreso mediano bajo

Citation: 49, 1; 10.5089/9781475502596.022.A003

Fuente: División de Población de las Naciones Unidas, World Population Prospects: The 2010 Revision.

Las generaciones actuales y futuras de jóvenes plantean a los países grandes riesgos y grandes promesas. Su experiencia escolar y sus primeros años de trabajo serán esenciales para que de adultos puedan llevar una vida económica y social productiva.

El número de adolescentes y jóvenes y la proporción que representan en la población total reflejan la trayectoria de las tasas de natalidad y de mortalidad y, en menor medida, de la migración internacional, y están estrechamente relacionados con la transición demográfica, un término utilizado por los demógrafos para referirse a un cambio a largo plazo de altas a bajas tasas de mortalidad y de fecundidad (es decir, el número de niños por mujer, véase el recuadro). Dado que inicialmente las tasas de fecundidad se reducen más lentamente que las tasas de mortalidad, esta transición se caracteriza primero por un incremento del número de niños seguido de un aumento del número y la proporción de jóvenes de 15 a 24 años.

Para los jóvenes es fundamental que el sistema político y económico tenga en cuenta sus aspiraciones.

Adolescentes en Estocolmo, Suecia.

Más allá de las cifras

Detrás de las cifras se esconden algunos factores clave que explican la frustración de los jóvenes.

Las cuestiones económicas relacionadas con los jóvenes incluyen el desempleo, el ingreso, el ahorro, el gasto, una enseñanza superior más asequible y los impuestos, que pueden beneficiar de manera desproporcionada a los grupos de más edad. Las cuestiones sociales abarcan la cohabitación, el matrimonio, el divorcio, la fecundidad, la igualdad de género, la delincuencia y las relaciones interpersonales. Las cuestiones políticas están vinculadas a la confianza y la participación en las instituciones formales e informales y en los líderes políticos.

También está en riesgo la salud de las generaciones futuras. Los jóvenes de hoy—los trabajadores del futuro—no estarán necesariamente más sanos ni serán más productivos que sus padres. La disminución de la actividad física (debido a la urbanización y a la transición a ocupaciones más sedentarias) y el aumento de la obesidad y del consumo de alcohol y tabaco presagian un incremento de las enfermedades no contagiosas, como problemas cardiovasculares, diabetes y cáncer. Y la menor estabilidad—en casa y en el trabajo—tiene repercusiones negativas en la salud mental y emocional de los jóvenes en todo el mundo.

El aumento de la proporción de la población adolescente y joven es un indicio del incremento de la capacidad productiva per cápita de una economía en los años venideros y de la perspectiva de un dividendo demográfico, un período limitado que brinda la oportunidad de incrementar rápidamente el ingreso y reducir la pobreza (Bloom, 2011). Este período, que dura mientras la proporción de la población en edad de trabajar es relativamente alta, también plantea el riesgo de inestabilidad política y social en aquellas economías que no logran generar suficientes empleos.

No sorprende que muchos de los participantes en los recientes movimientos de protesta sean jóvenes, tanto en las sociedades donde el desempleo siempre ha sido elevado como en las economías avanzadas donde la crisis económica mundial ha golpeado más duramente a los trabajadores jóvenes. Para los jóvenes es fundamental que el sistema político y económico tenga en cuenta sus aspiraciones, les permita lograr un nivel de vida decente y les ofrezca esperanza para el futuro.

Análisis de las proyecciones

Todos los datos y proyecciones de población corresponden a las estimaciones de la fecundidad media publicadas en World Population Prospects: The 2010 Revision por la División de Población de las Naciones Unidas. Las proyecciones dependen fundamentalmente de los supuestos y proyecciones de la fecundidad, la mortalidad y la migración en el futuro. La trayectoria de la tasa media de fecundidad a escala mundial se reduce moderadamente desde el nivel actual de 2,5 niños por mujer a 2,2 en 2050. Este cambio representa el efecto neto del descenso de la fecundidad en 139 economías y del aumento en 58.

Las estimaciones sobre la esperanza de vida se basan en tendencias históricas por países y por géneros y en un modelo que prevé aumentos más rápidos en aquellos países con tasas más bajas de esperanza de vida.

Los supuestos sobre migración se basan en estimaciones anteriores y en las políticas adoptadas por los países. Los niveles proyectados de migración neta incluyen una lenta disminución hasta 2100.

La División de Población de las Naciones Unidas presenta los datos de población por grupos de ingresos en un DVD, World Population Prospects: The 2010 Revision, Special Aggregations. Los grupos de ingresos se basan en los criterios incluidos en World Development Indicators 2011 del Banco Mundial. Estos criterios, expresados en términos del ingreso nacional bruto per cápita de 2009 (PIB más el ingreso neto del exterior) son los siguientes:

  • Ingreso bajo: US$1.005 o menos.

  • Ingreso mediano bajo: US$1.006 a US$3.975.

  • Ingreso mediano alto: US$3.976 a US$12.275.

  • Ingreso alto: US$12.276 o más.

El fracaso en el establecimiento de este sistema sería una potente fórmula para el conflicto, sobre todo en el momento actual, dada la disponibilidad de medios baratos de comunicación, como los teléfonos inteligentes y las redes sociales.

Vulnerables a las crisis

Los adolescentes y los jóvenes son especialmente vulnerables a las desaceleraciones macroeconómicas, y han cargado con la peor parte de la crisis económica mundial que comenzó en 2008 y de la lenta recuperación del empleo después de esta crisis. La tasa mundial de desempleo juvenil aumentó de 11,6% a 12,7% entre 2007 y 2011 mientras que la tasa de participación juvenil en la fuerza de trabajo (el porcentaje del grupo de edad que trabaja o está buscando trabajo) mostró un ligero descenso ya que algunos trabajadores desalentados dejaron de buscar trabajo (OIT, 2012).

Los efectos fueron más pronunciados en las economías desarrolladas (véase “Generación marcada” en este número de F&D): en estos países las tasas de desempleo juvenil aumentaron más drásticamente que las del grupo de personas mayores de 25 años (especialmente hombres). El desempleo juvenil se ha mantenido alto, y cuanto más lenta sea la recuperación, menor será la probabilidad de que los jóvenes establezcan una relación fructífera con el mercado laboral.

Los jóvenes desempeñarán sin duda un papel fundamental en la recuperación debido a su dinamismo, su disposición a trasladarse de zonas con escasez de mano de obra a otras con superávit, y del sector agrícola de baja productividad a sectores y servicios de mayor productividad. Su capacitación y educación actualizadas también suelen ser una ventaja, aunque con demasiada frecuencia el sistema educativo imparte conocimientos que están desactualizados o no son necesarios (véase “Sacar buena nota” en este número de F&D). En la medida en que la educación no responda a las expectativas, los jóvenes también pueden impulsar de manera decisiva un cambio en las instituciones y los gobiernos.

Ejemplos de países

India es un ejemplo de país que lucha por aprovechar los beneficios ofrecidos por una gran población joven que sigue creciendo.

India es el segundo país más poblado del mundo, y los jóvenes indios de 15 a 24 años constituyen el grupo de población más grande y de mayor crecimiento. (Los 238 millones de jóvenes indios de 15 a 24 años representan la población total del cuarto país más poblado del mundo, Indonesia). La Comisión Nacional del Conocimiento, dirigida por Sam Pitroda, afirmó “nuestra juventud solo puede ser un activo si invertimos en sus capacidades. Una generación impulsada por el conocimiento será un activo. Si esta inversión no se lleva a cabo, esta generación se convertirá en un pasivo económico y social”. Los jóvenes de India han manifestado su firme apoyo al activista social Anna Hazare y a su campaña contra la corrupción, lo que refleja su aguda conciencia de los efectos nocivos de la corrupción.

Pakistán se encuentra al borde de un precipicio similar, aunque aún más cerca. Este país tiene la quinta población de 15 a 24 años más grande del mundo (38 millones). Pero las débiles estructuras de gobierno, la trayectoria deficiente de progresos en el desarrollo, los episodios periódicos de grave conflicto social y la situación macroeconómica inestable contribuyen a la falta de confianza de los jóvenes en el futuro del país (Consejo de Cultura Británico, 2009). Estas condiciones pueden constituir el combustible de alto octanaje que genere repetidos ciclos de inestabilidad política y social. En cambio, si Pakistán invierte en el talento y las capacidades productivas de los jóvenes y canaliza sus energías, podría iniciar una senda de desarrollo que permita al país recuperar parte del terreno perdido en las últimas décadas y satisfacer mejor las aspiraciones de su pueblo.

India es un ejemplo de país que lucha por aprovechar los beneficios ofrecidos por una gran población joven que sigue creciendo.

Circunstancias similares ayudaron a cristalizar las protestas, las manifestaciones y las revueltas de la Primavera Árabe iniciadas en diciembre de 2010 y que han provocado la caída de los gobiernos de Túnez, Egipto y Libia, y la propagación del conflicto a otros países en Oriente Medio, Norte de África y otras regiones. Estos acontecimientos se deben a una gran variedad de factores políticos, económicos, culturales y sociales, pero a menudo se considera que las grandes poblaciones de jóvenes desempleados, subempleados y solteros son el denominador común. Según esta teoría, las personas desempleadas y solteras tienen relativamente poco que perder y mucho que ganar con el cambio. Además, los nuevos medios de comunicación social—como Facebook y Twitter, que son utilizados particularmente por los jóvenes—facilitan la comunicación y la organización. Aunque esta teoría es interesante, apenas existe evidencia empírica sobre el poder de predicción de las características demográficas de los grupos jóvenes con respecto a la naturaleza e intensidad de la agitación política y social, y sus consecuencias prácticas (Hvistendhal, 2011).

En África, la atención se centra a menudo en el país más poblado del continente: Nigeria. En 1980, el PIB per cápita de Nigeria era ligeramente superior al de Indonesia, pero hoy solo representa la mitad. Los factores demográficos parecen contribuir en gran medida a esta divergencia en el desempeño macroeconómico (Okonjo-Iweala et al., 2010). La transición demográfica avanzó a un ritmo mucho más rápido en Indonesia que en Nigeria, por lo que la proporción de adolescentes y jóvenes en la nación africana es mayor. Indonesia utilizó gran parte de los ingresos del petróleo para educar a los jóvenes. Logró integrar a los jóvenes en el empleo productivo y elevar su nivel de vida. Nigeria podría sacar provecho inspirándose en el ejemplo de Indonesia.

Actualmente, la población nigeriana de 15 a 24 años asciende a 32 millones, y más del doble de esta cifra tiene menos de 15 años. Estos grupos de edad representan un enorme recurso nacional. La inversión en sus conocimientos y salud, y en el capital físico, la infraestructura y las instituciones que les harán más productivos, determinará el éxito del desarrollo de Nigeria. Invertir en las niñas y las mujeres, incluida la inversión en la salud reproductiva, probablemente también contribuirá a reducir las tasas de fecundidad y a liberar recursos para la inversión social. Si no se satisface el deseo de los jóvenes de colaborar en las actividades productivas, se podría socavar aún más la legitimidad política, fomentar la frustración y el conflicto, y desalentar la inversión. Como en muchos otros países, Nigeria también debe tener en cuenta las desigualdades dentro de las unidades geográficas y los grupos étnicos y religiosos, y adoptar políticas para evitar que estas se conviertan en una fuente de fricción e inestabilidad.

El cambio ya está en marcha

Sin embargo, el peso demográfico de los jóvenes cambiará, lo que tendrá importantes repercusiones para su futuro y el de la economía mundial.

Los jóvenes están más representados en los países y regiones donde la transición demográfica ha sido lenta. Por ejemplo, los jóvenes representan el 12% de la población en los países de ingreso alto y en Europa, mientras que constituyen aproximadamente el 20% de la población en los países de bajo ingreso y en África. Pero la rápida tasa anual a la que ha crecido este grupo de edad desde 1970, 1,4%, se reducirá a menos de 0,1% entre 2012 y 2050.

En ese período, la proporción de la población total mantenida por los adolescentes y jóvenes en las últimas décadas se reducirá dado que la débil tasa de crecimiento de este grupo será eclipsada por la tasa de crecimiento de la población mundial de 0,73%.

Sin embargo, las cifras mundiales esconden una diversidad subyacente considerable. Swazilandia cuenta con la mayor proporción de jóvenes de 15 a 24 años, 24,5% de la población mundial y esta proporción es casi dos veces y media mayor que la de Japón (9,7%), España e Italia (9,8%), y Grecia (10,1%).

Los países de ingreso alto ya están experimentando un estancamiento o una reducción del número de jóvenes de 15 a 24 años.

En cambio, el número de adolescentes y jóvenes ha aumentado a un ritmo vertiginoso en los países de bajo ingreso (2,6%), los países de ingreso mediano bajo (2,1%) y África (2,7%). Pero esta tendencia terminará pronto en los países de bajo ingreso.

En los próximos años, la tasa de crecimiento de la población de 15 a 24 años se reducirá en cada grupo de ingreso y región geográfica, y se tornará negativa (o más negativa) en los países de ingreso mediano alto y en tres regiones: Asia, América Latina y Europa (véanse los gráficos 1 y 2). El incremento constante de la población de 15 a 24 años entre 1950 y 2010 se moderará y se estabilizará en 1.260 millones en 2035. Solo en los países de ingreso bajo y de ingreso mediano bajo seguirá aumentando el número de adolescentes y jóvenes.

Gráfico 2Cambio geográfico

La población joven sigue creciendo en África, pero la mayor parte de los jóvenes del mundo seguirán estando en Asia en 2050.

Citation: 49, 1; 10.5089/9781475502596.022.A003

Fuente: División de Población de las Naciones Unidas, World Population Prospects: The 2010 Revision.

Con estos cambios, la concentración de adolescentes y jóvenes en el mundo se desplazará drásticamente hacia África. En la actualidad, en África viven el 17,5% de los adolescentes y jóvenes del mundo, mientras que en Asia esa cifra es de 61,9%. Pero se prevé que en 2050 la proporción de adolescentes y jóvenes que vivirán en África ascenderá a 31,3%, mientras que en Asia se reducirá al 50,4%.

Aumenta el número de ancianos

Además, los adolescentes y jóvenes no superarán a los ancianos durante mucho más tiempo (véase el gráfico 3).

Gráfico 3Los jóvenes y los ancianos

El número de jóvenes superará al de personas ancianas solo por otros doce años.

Citation: 49, 1; 10.5089/9781475502596.022.A003

Fuente: División de Población de las Naciones Unidas, World Population Prospects: The 2010 Revision.

Según las proyecciones de la División de Población de las Naciones Unidas, la desaceleración del crecimiento de la población de 15 a 24 años, junto con el más rápido crecimiento de la población mayor de 60 años provocará un intercambio de las cifras en 2026, cuando el número de ancianos superará al de los jóvenes. Este intercambio ya se ha producido en los países de ingreso alto (1990), y en Europa (1982), América del Norte (1987) y Oceanía (2011). Se proyecta que en los países de ingreso mediano alto este intercambio se producirá a principios de la próxima década, y en Asia poco después.

Como se señaló anteriormente, en India, el segundo país más poblado del mundo, los jóvenes de 15 a 24 años constituyen el grupo de población más grande del país—238 millones—y la importancia de este grupo seguirá creciendo en las próximas décadas. Esto ocurrirá porque en China, el país más poblado del mundo en la actualidad, el número de jóvenes de 15 a 24 años se reducirá de la cifra actual de 217 millones a 158 millones en 2030.

Actualmente, contar con una población importante de adolescentes y jóvenes no significa mayor crecimiento en el futuro. De los 10 países con las mayores poblaciones de 15 a 24 años en 2012, se prevé que en cinco de ellos la población joven aumentará para 2030 y en los otros cinco se reducirá. De todos los países, el mayor crecimiento de la población de 15 a 24 años tendrá lugar en África subsahariana—Níger, Zambia, Tanzanía, Uganda y Malawi—mientras que las disminuciones más importantes se registrarán en Bosnia y Herzegovina (–2,4%), Albania y Moldova (–2,3%), y Cuba (–2,2%).

¿Qué se puede hacer?

Como hemos visto, los jóvenes pueden impulsar el cambio, y toda la población puede beneficiarse de ello, pero esto significa hacer bien las cosas en varios ámbitos.

Tal vez lo más importante es mejorar la capacitación y la educación (a todos los niveles, tanto el acceso como la calidad). Esto no será fácil, pero es evidente que en muchos países deben aplicarse nuevos métodos (y probablemente nuevos recursos) de manera que los jóvenes puedan tener una educación más completa y beneficiosa para ellos y para las economías en las que viven.

Los programas de servicio obligatorio o voluntario—desde el servicio militar nacional hasta la participación en organizaciones voluntarias como el Cuerpo de Paz en Estados Unidos—pueden integrar a los jóvenes en la sociedad, fomentar el sentido de pertenencia a la comunidad y aumentar la autoestima, impartiendo al mismo tiempo enseñanzas productivas. En algunos casos podrían ampliarse los contratos de aprendizaje orientados específicamente a los jóvenes mayores de 25 años como en el Reino Unido. También convendría mejorar la cultura financiera y de la salud y los conocimientos empresariales.

Otros ámbitos prioritarios son la creación de infraestructura moderna y fiable, la formulación de políticas que se adapten mejor a las necesidades del mercado de trabajo, mayor acceso a los mercados financieros, una estructura de gobierno que tenga en cuenta las cuestiones que afectan a los jóvenes, y cobertura universal de salud.

Beneficiarse del dinamismo de los jóvenes también significa abordar las desigualdades de género, del ingreso y entre las zonas rurales y urbanas, y manejar las expectativas de los jóvenes. Además, significa abordar el debilitamiento de las unidades familiares, en parte buscando la forma de desplazar los trabajos a los lugares donde viva la población y, por lo tanto, reduciendo la migración económica de los miembros más jóvenes de la familia.

Sin embargo, aplicar estas medidas no será suficiente para garantizar un futuro productivo para los jóvenes de todo el mundo. Ello requerirá la creación de buenos trabajos y mecanismos eficientes para conectar a las personas con estos trabajos, la profunda integración de los jóvenes en el tejido social y la distribución de manera equitativa de todos los recursos y los beneficios que ofrecen.

El peso político de los adolescentes y de los jóvenes ya se está reduciendo en los países de ingreso alto y en algunas regiones de América Latina y Asia. También se reducirá en muchos países en desarrollo en las próximas décadas cuando la población comience a envejecer. Pero indudablemente los ancianos de todos los países contarán con mejor apoyo en el futuro si se invierten más recursos en los adolescentes y los jóvenes a lo largo del camino.

Por último, es importante que las instituciones, las autoridades económicas y la sociedad en su conjunto escuchen realmente a los jóvenes. Las comunidades, las ciudades, las provincias y los países pueden establecer foros con el propósito específico de escuchar las preocupaciones y las opiniones de los adolescentes y los jóvenes, e impulsar el cambio. Se podría brindar a los jóvenes la oportunidad de participar en diversos órganos decisorios. Para que estos procesos sean verdaderamente productivos es preciso incluir a los representantes de los distintos sectores que forman este grupo demográfico, como por ejemplo, los de los pobres o los trabajadores menos cualificados de la sociedad. Su participación puede beneficiar a todos.

David E. Bloom es Profesor de Economía y Demografía en el Departamento de Salud Mundial y Población de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard.

Referencias:

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