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Finanzas y Desarrollo, Diciembre de 2011
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Gente del mundo de la economía: La segunda vuelta

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
December 2011
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Jeremy Clift traza un perfil de la zarina económica de Nigeria Ngozi Okonjo-Iweala

“Siempre parece imposible hasta que se logra”.

Nelson Mandela

Entre los trajes oscuros de los círculos financieros internacionales, los vivos colores de los atuendos africanos tradicionales que lleva Ngozi Okonjo-Iweala inevitablemente resaltan. Luciendo generalmente una toca que hace juego, Okonjo-Iweala es una personalidad imponente, con opiniones a la medida: “Me siento muy nigeriana, muy africana, y me encanta”.

Hija de profesores universitarios de la región del delta del Níger, tiene fama de hablar sin rodeos y de pisar firme, lo que le ha valido el apodo de Okonjo-Wahala, o “Mujer Problema”, entre sus críticos y los legisladores de su país por su celo reformista.

Como ministra coordinadora de todas las carteras económicas, tiene la misión nada envidiable de reorganizar la economía del país africano más poblado. Uno de cada seis africanos es nigeriano, y en un sentido muy real gran parte del dinamismo futuro del continente se decidirá en la capital de Nigeria.

Para Okonjo-Iweala, África no tiene tiempo que perder. “Como países, tenemos que correr más rápido para no quedarnos rezagados en esta carrera mundial”.

Negociadora con garra

Esta es la segunda vuelta para Okonjo-Iweala, que ha asumido el exigente cargo de zarina económica de Nigeria tras dejar su cargo de directora gerente del Banco Mundial en julio de 2011, para regresar a la capital de Abuja por segunda vez en una década.

Como directora gerente, negoció un programa de financiamiento de US$49.300 millones el año pasado para la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo del Banco Mundial para los países más pobres, que desempeña un papel crítico en el avance hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio fijados por las Naciones Unidas.

Antes se había desempeñado como Ministra de Hacienda de Nigeria, y luego, entre 2003 y 2006, como Ministra de Relaciones Exteriores, la primera mujer en ocupar estos cargos. Durante su primer paso por el gobierno, se dedicó a luchar contra la corrupción y los arraigados intereses creados, mejorar la transparencia financiera e instituir reformas encaminadas a que la economía del mayor exportador de petróleo de África pudiera ser más competitiva y atraer más inversión extranjera. En 2005 también concertó un acuerdo con acreedores bilaterales para el alivio de la deuda en 2005 por US$18.000 millones, y obtuvo la primera calificación crediticia soberana para el país.

Penurias y paludismo

Para Okonjo-Iweala, las raíces de su fortaleza y determinación se remontan a su niñez, que estuvo marcada en parte por el colonialismo británico y luego por la devastadora guerra de Biafra, cuando las imágenes de niños enfermos y escuálidos ocupaban la primera plana en el mundo entero.

“Recuerdo vivamente estar rodeada de niños muriéndose”, dice a F&D en una entrevista.

Hasta tres millones de personas pueden haber muerto en la guerra civil y el bloqueo militar, principalmente de hambre y de enfermedades. Nacida en un hogar privilegiado—su padre es un tradicional líder igbo, u Obi, de Ogwashi-Uku, en el sudeste de Nigeria—, de joven Okonjo-Iweala trabajó con su madre, Kamene, en un comedor para tropas.

Su padre, Chukwuka Okonjo—profesor jubilado de Economía—se unió al ejército disidente biafrano como general de brigada. “Básicamente, vivíamos escapándonos, y mi familia perdió todo lo que tenía, todas sus pertenencias, todos sus ahorros”, recuerda. “Durante un tiempo, en Puerto Harcourt, con mi madre cocinamos para las fuerzas armadas. No hacíamos otra cosa en todo el día. Era nuestro aporte. No comimos carne durante tres años. No pudimos ir a la escuela hasta el último año de la guerra, cuando mi madre abrió una escuelita”.

Antes de la guerra civil, Okonjo-Iweala vivió con su abuela en un poblado de Nigeria mientras sus padres estudiaban en Alemania. “Me quería mucho, pero también imponía disciplina. Antes de ir al colegio, yo tenía que ir a buscar agua al arroyo con los otros niños, hacer las faenas domésticas e ir a la granja con mi abuela. Creo que crecer primero allí con ese tipo de rigor y disciplina, y luego vivir la guerra, me hicieron muy fuerte, capaz de sobrevivir situaciones muy duras”.

Okonjo-Iweala cuenta que durante la guerra civil, cuando su madre convalecía y su padre estaba en el ejército, rescató a su hermana de tres años, que tenía paludismo y se encontraba al borde de la muerte. Se la cargó a los hombros y recorrió 10 kilómetros hasta llegar a una clínica instalada en una iglesia, donde le habían dicho que había un buen médico. Cuando llegó, había mil personas que intentaban derribar la puerta. Sin amedrentarse, atravesó la multitud a gatas, cargando a su hermana, y entró por la ventana. “Sabía que si alguien no nos ayudaba, mi hermana se iba a morir”, explica.

El médico le puso una inyección de cloroquina y le dio un tratamiento de rehidratación, y en cuestión de horas se había recuperado. La inyección le salvó la vida. “Los 10 kilómetros de vuelta a casa, con mi hermana a los hombros, fueron la caminata más corta de mi vida. Estaba tan contenta”, rememora.

Desde entonces, hace gala del mismo coraje y determinación.

La lucha contra los intereses creados en Nigeria

Tras el nombramiento a la cabeza del equipo económico nigeriano, Okonjo-Iweala apareció con Ellen Johnson Sirleaf, Presidenta de Liberia y una de las ganadoras del Premio Nobel de la Paz de este año, en la portada de la revista Africa Report, como dos de las Damas de Hierro africanas que están a la vanguardia del cambio.

Una de sus primeras decisiones fue cortar drásticamente la burocracia en los puertos nigerianos, reduciendo de 14 a 6 el número de entidades federales que trabajan allí. Otras vacas sagradas, como los subsidios al combustible, también peligran, pero es difícil desatar el enredo de pobreza, sobornos, extorsión, mala administración y tensiones étnicas.

Aunque muchos aplauden su ímpetu reformista, los críticos sostienen que su empeño en eliminar los subsidios al combustible, por ejemplo, muestra que es ciega a los intereses de la gente común y corriente, a quien beneficia la gasolina más barata.

Con una población de 158 millones, Nigeria es el país más grande de África y su primer exportador de petróleo, y tiene las mayores reservas de gas natural del continente. Pero más de la mitad de la población aún vive en la miseria absoluta, paralizada por cortes de electricidad, caminos en mal estado y corrupción. Pese a los problemas, Nigeria alberga la industria cinematográfica más importante de África y es el segundo productor mundial de estrenos cinematográficos, por detrás de India y por delante de Hollywood.

“¿Qué tenemos que hacer? Nuestra prioridad en el presupuesto actual es la seguridad. Luego, infraestructura, infraestructura e infraestructura, porque ese es uno de los obstáculos que traban a los otros sectores. También necesitamos electricidad, carreteras y puertos”, enumera Okonjo-Iweala, encargada de coordinar los planes económicos del país.

“Hace poco lanzamos reformas portuarias; tratamos de abaratar el paso por nuestros puertos y de evitarle a la gente el estrés que genera, por ejemplo, un despacho de aduanas de tres o cuatro semanas. Tratamos de reducirlo a una semana o menos, de recortar a la mitad el número de entidades que trabajan en los puertos y de intentar lidiar con la corrupción, la extorsión y otras cosas parecidas, para que no cueste tanto hacer negocios”.

Mano firme

Sus colegas dicen que siempre fue brillante. Se graduó magna cum laude de la Universidad de Harvard en 1976 (recuadro 1) y se doctoró en Economía y Desarrollo Regional en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. En 1982, ingresó en el Banco Mundial, donde trabajó hasta julio de 2011 (con la excepción del período entre 2003 y 2007, cuando estuvo primero en Nigeria y luego trabajó como consultora), ascendiendo hasta llegar al cargo de directora gerente.

Afable, accesible y trabajadora, se destacaba por su rigor y la solidez de sus conocimientos técnicos. “Diría que es una sempiterna optimista y que no se anda con rodeos”, según Tijan M. Sallah, gerente del Banco Mundial a cargo del fortalecimiento de las capacidades y asociaciones para África, quien escribió un libro con Okonjo-Iweala (véase el recuadro 2). “También es una firme defensora de la mujer”, añade, mencionando sus esfuerzos por promover el ascenso a cargos gerenciales de mujeres jóvenes y prometedoras dentro del Banco Mundial. Asimismo, contribuyó a crear un fondo de capital privado para invertir en empresas de propiedad de mujeres africanas.

Trabajar duro es lo que mejor le sienta, y su agenda diaria está llena. Pero su flexibilidad en el uso del tiempo no es para todos. “Yo soy el tipo de persona que llega al aeropuerto dos horas antes de que salga el avión”, comenta su vocero, el ex periodista Paul Nwabuikwu. “Ella es el tipo de persona que llega cinco minutos antes”, le confiesa a Africa Report.

Otros aprecian su mano firme. “A pesar de que trabaja horas y horas con una dedicación increíble, Ngozi nunca pierde la calma, una virtud extremadamente valiosa en medio de la vorágine que caracteriza al mundo del desarrollo”, observa Shantayanan Devarajan, economista jefe para la región africana en el Banco Mundial.

La economía del desarrollo

Los críticos nigerianos afirman que su educación en Harvard y el tiempo que ha pasado en el extranjero le han dado a Okonjo-Iweala una perspectiva excesivamente occidental y que está empeñada en realizar reformas difíciles por las buenas o por las malas cuando la seguridad está amenazada. Como economista especializada en el desarrollo durante más de dos décadas, Okonjo-Iweala ha estado a cargo de programas en países de Asia, Oriente Medio y África. Afirma que las ideas sobre el desarrollo han evolucionado y atravesado distintas etapas.

“Mi perspectiva es más bien práctica porque la mayor parte de mi carrera la pasé en el Banco Mundial”. Señala que cuando comenzó, la idea era que todas las respuestas se encontrarían en el terreno. “Toda la teoría del ahorro y la inversión y de la falta de capital: si uno podía solucionar esos factores, entonces los países podrían desarrollarse”.

“Cuando eso no dio resultado, la atención se centró en la falta de capacidad. Si uno fortalecía la capacidad a través de la asistencia técnica, entonces todos los problemas se solucionarían. Pero eso tampoco pasó. Así que trabajamos con un enfoque unidimensional, particularmente en lo que respecta a África, durante mucho tiempo”.

Recuadro 1Economista por casualidad

En Harvard, Okonjo-Iweala estudió Economía. “Fue por casualidad. En la escuela, era una de las mejores en Geografía, y me interesaban mucho las cuestiones regionales y geográficas y su impacto en el desarrollo. Así que me postulé para estudiar Geografía en Cambridge, Inglaterra. Cuando, con mi familia, decidí ir a Harvard, simplemente supuse que sería mi especialización”.

Al llegar a Massachusetts, descubrió consternada que Harvard no tenía una especialización en Geografía.

“Cuando les conté mis intereses a algunos profesores, me dijeron que lo más parecido era estudiar Economía, así que hice un posgrado en Economía Regional. Nosotros fuimos los que estudiamos el perimido modelo insumo-producto de Wassily Leontief, que ganó el Premio Nobel, y las matrices de contabilidad social, que aún se utilizan”.

Sus cuatro hijos también estudiaron en Harvard.

En ese sentido, las conclusiones de la Comisión sobre el Crecimiento, encabezada por el Premio Nobel Michael Spence, fueron una bocanada de aire fresco. “Reconocer que no existe una respuesta absolutamente perfecta para la cuestión del crecimiento y el desarrollo, que hay buena praxis y mala praxis, que deberíamos aprender de lo que sirve y descartar lo que no sirve, y que no existe una sola solución mágica: es una lección en humildad muy útil”, afirma Okonjo-Iweala, uno de los 22 miembros de la Comisión, procedentes del mundo entero. El informe definitivo se publicó en 2008.

Pero ciertas cosas no han cambiado, como el énfasis en un marco macroeconómico sólido y estable como cimiento para el desarrollo del sector real. “Sin un ambiente macroeconómico estable y que funcione, es imposible sustentar la acción. Las lecciones sobre la aplicación de políticas fiscales prudentes básicas y políticas monetarias y cambiarias sensatas: examinar la competitividad y mantenerla presente, lo cual exige ajustes constantes. El ajuste no es una cosa aislada: es algo que hay que hacer todo el tiempo para administrar la economía y para mantener la congruencia de las políticas”.

“Aprender estas lecciones ha llevado varios años”.

Dice que África desperdició mucho tiempo, especialmente durante las “décadas perdidas” de 1980 y 1990.

“Lo que realmente me parece interesante es que después de esas décadas perdidas los países africanos realmente han aprendido las lecciones, y eso los ha ayudado a superar mucho mejor la desaceleración económica y financiera de 2007… hasta ahora”.

¿La nueva estrella?

Sacar buenas conclusiones le ha permitido a África subsahariana encaminarse por la senda del crecimiento, incluso durante la turbulencia financiera actual.

De hecho, cuando todavía estaba en el Banco Mundial, Okonjo-Iweala comenzó a hablar de África como próximo miembro del grupo de los principales mercados emergentes, integrado por Brasil, Rusia, India y China. “¿Que economía de un billón de dólares ha crecido más rápido que Brasil e India entre 2000 y 2010 en términos nominales en dólares y, según las proyecciones del FMI, crecerá más rápido que brasil entre 2010 y 2015? La respuesta quizá los sorprenda: ¡es África subsahariana!”, afirmó ante un público reunido en la Escuela Kennedy de la Universidad de Harvard en mayo de 2010.

Para convertir esa visión en una realidad, África subsahariana debe crecer aún más rápido que antes de la crisis financiera internacional. Parte de la solución radica en un empuje vigoroso por construir infraestructura.

Al igual que en Nigeria, la falta de infraestructura adecuada, afirma Okonjo-Iweala, es uno de los grandes factores que están frenando a África. El mal estado de las carreteras, los puertos y las comunicaciones en África la aíslan de los mercados mundiales, y las restricciones fronterizas internas fragmentan la región en un sinfín de economías locales pequeñas. África no está integrada ni regional ni internacionalmente.

El problema es cómo financiar esa infraestructura. Okonjo-Iweala piensa que los grandes países donantes podrían emitir Bonos para el Desarrollo Africano en la plaza neoyorquina. “Fundamentalmente, emitir ese tipo de bono podría transformar instantáneamente la idea de África como lugar de negocios. Si tuvieran un financiamiento garantizado por US$100.000 millones, las empresas privadas del mundo entero harían cola para construir infraestructura en África”, predice.

Junto con mejores políticas económicas de base, Okonjo-Iweala predice que el surgimiento de la clase media en África alimentará el crecimiento.

“No queremos exagerar, pero definitivamente se ve que existe. Esto constituye una base firme a partir de la cual se puede hablar de inversiones, de compra de bienes de consumo, para pensar en el continente como destino de la inversión. No solo por la exportación, sino también por el mercado de consumo. Si uno mira lo que ocurrió con la revolución de las telecomunicaciones en África, realmente se da cuenta de que las cosas están cambiando. En Nigeria, ahora tenemos 80 millones de líneas telefónicas. Hace más o menos 11 años, teníamos solamente 450.000 líneas fijas. Eso está cambiando el mundo de los negocios. Está cambiando el mundo del desarrollo, ahora y en el futuro”.

Empleos para la juventud

Okonjo-Iweala piensa que el crecimiento del sector privado apuntalará la creación de empleos. “El tema candente en el continente ahora es el empleo para la juventud. Los datos demográficos muestran que en la mayoría de los países africanos, entre 50% y 60% de la población tiene 25 años o menos. Es decir, hay millones de jóvenes que entrarán al mercado laboral”.

Una manera de estimular al sector privado es alentando el regreso de muchos africanos con una educación sólida que se encuentran en el extranjero. “Un emigrante no puede esperar hasta que todo esté bien, que la economía esté mejor, que la seguridad sea perfecta. No puede esperar hasta que todo esté en su lugar”.

“Necesitamos que vuelvan porque pueden ser el cimiento y la médula del desarrollo en muchos de estos países. Nigeria, por ejemplo, tiene miles de doctores en Estados Unidos, pero aquí necesitamos buena atención médica”, afirma Okonjo-Iweala. “Constantemente enviamos a pacientes al exterior para que reciban tratamiento; entonces, ¿por qué no pueden regresar esos doctores e instalarse aquí? ¿Por qué tenemos que invertir recursos valiosos en enviar pacientes con casos complicados al extranjero? Necesitamos esos conocimientos”.

Recuadro 2“Mi héroe” Chinua achebe

Okonjo-Iweala no pudo encontrar un libro sobre héroes africanos que le sirviera de inspiración a su hijo mayor mientras vivían todavía en la ciudad de Washington, y entonces decidió escribirlo. El resultado fue un proyecto de ocho años sobre Chinua Achebe, el conocido escritor y activista nigeriano.

“De pequeño y adolescente, a mi hijo mayor le encantaban las biografías, pero todas las que podía encontrar eran sobre héroes estadounidenses o británicos, no africanos”. Entonces decidió escribir una serie sobre africanos influyentes junto con Tijan Sallah, economista y escritor de Gambia.

Pero el primer libro les llevó tanto tiempo que hasta ahora han escrito solo uno sobre Achebe, autor de una famosa novela en inglés sobre Nigeria en 1958, Todo se desmorona. Comenta Okonjo-Iweala: “Gracias a él, la cultura africana se hizo accesible. Lo conocí en persona. Es un africano que podía contar nuestras propias historias, de manera simple y directa, pero al mismo tiempo con tanta elegancia”.

El día del lanzamiento del libro, dice Sallah, recibió una llamada del ex Secretario de Defensa estadounidense y Presidente del Banco Mundial, Robert McNamara, ya jubilado, que quería saber dónde era la presentación. “Sabía que Ngozi le había imprimido su sello y su magia”, dijo.

El hijo de Okonjo-Iweala, Uzodinma Iweala, es autor de la novela Bestias sin patria, sobre un niño soldado en África occidental.

Sallah, Tijan M., y Ngozi Okonjo-Iweala, 2003, Chinua Achebe: Teacher of Light (Trenton, Nueva Jersey: Africa World Press).

Al mismo tiempo, los países deben asegurarse de que los africanos que regresan sean bienvenidos, y no tratados con envidia o recelo.

Almas susceptibles, abstenerse

Regresar a Nigeria despierta en Okonjo-Iweala un abanico de emociones. “Era lo que tenía que hacer, me da alegría haberlo hecho, pero también me causa frustración. Hay tanto que hacer”.

“Tengo un presidente que realmente quiere un cambio”, dice, refiriéndose a Goodluck Jonathan, ganador de las elecciones de abril pasado. “Pero tenemos un largo camino por delante. Tenemos que superar muchos retos. Estamos trabajando en tantos programas que hay que corregir. Pero mientras haya voluntad política, iremos uno por uno”.

“Hay muchos, muchos intereses creados. No van a permitir que uno haga todo sin oponer resistencia. Y no necesariamente juegan limpio”, comenta. “Difunden por Internet todo tipo de historias sobre mí o lanzan distintos ataques en mi contra. Lo que están intentando hacer es derribar a una persona o destruir su reputación porque estamos tratando de corregir algunas cosas. No es un ambiente para almas ni estómagos sensibles”.

Jeremy Clift es Director Editorial de Finanzas & Desarrollo.

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