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Finance & Development, July 2011
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Hablando Claro: Desafíos emergentes: Los mercados emergentes deben adaptarse a la nueva realidad mundial aprovechando su éxito económico

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
July 2011
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Min Zhu es Asesor Especial del Director Gerente del FMI.

Min Zhu es Asesor Especial del Director Gerente del FMI

TRAS LA CRISIS reciente, una recuperación a dos velocidades ha desplazado al crecimiento económico mundial desde las economías avanzadas hacia las economías emergentes y en desarrollo.

En 2010, el producto interno bruto (PIB) creció 3% en promedio en las economías avanzadas, mientras que en las emergentes y en desarrollo lo hizo a 7,2%. Según las proyecciones del FMI, esta tendencia a dos velocidades continuará en 2011 y las economías avanzadas crecerán 2,5% y las emergentes y en desarrollo 6,5%. En términos absolutos, en el corriente año este último grupo de economías consumirá US$1,7 billones de bienes y servicios más que el año pasado.

Naturalmente, con este crecimiento acelerado los mercados emergentes están aumentando rápidamente su importancia en la economía mundial. En los últimos dos años su participación en el crecimiento total del producto mundial ascendió a casi dos tercios, frente a una tercera parte en los años sesenta. Su contribución al comercio exterior es grande y también está en aumento, aunque el de las economías avanzadas representa casi el doble.

El creciente peso de las economías de mercados emergentes forma parte de una tendencia a largo plazo. En cada una de las últimas cinco décadas, la tasa de crecimiento de las economías emergentes y en desarrollo fue mayor que la de las economías avanzadas, en algunas ocasiones por un amplio margen. Como resultado, al final del año pasado las economías emergentes y en desarrollo representaban el 48% del producto mundial (calculado según la paridad del poder adquisitivo, que utiliza el tipo de cambio al que la moneda de un país debe convertirse en la de otro para comprar la misma cantidad de bienes y servicios en cada país).

La tendencia podría mantenerse durante algún tiempo (véase el gráfico). Las condiciones generales en las economías emergentes son bastante favorables: déficits fiscales relativamente pequeños, deuda pública manejable, sistemas bancarios estables, bajo nivel de desempleo cíclico y crecimiento vigoroso. En cambio, muchas economías avanzadas afrontan graves desafíos como consecuencia de los cuantiosos déficits públicos, el elevado nivel de deuda pública, los problemas de sus sistemas bancarios, las tasas de desempleo altas y el crecimiento débil. Además, los recientes cambios estructurales en las economías emergentes respaldan los tres principales motores del crecimiento: la fuerza de trabajo crece a un ritmo acelerado al tiempo que la población se urbaniza, la inversión aumenta respaldada por abundante capital extranjero y la productividad está en alza. Si se mantienen las tendencias actuales, en dos décadas el producto mundial anual se duplicará con creces, de US$78 billones a US$176 billones (en moneda actual), de los cuales US$61 billones de producto adicional provendrán de las economías emergentes y en desarrollo, y unos US$37 billones de las economías avanzadas.

Caminos que se cruzan

La participación de las economías emergentes y en desarrollo en el producto interno bruto (PIB) mundial excederá la de las economías avanzadas a partir de 2013.

(porcentaje del PIB mundial, basado en la paridad del poder adquisitivo)

Citation: 48, 2; 10.5089/9781455215621.022.A016

Fuente: FMI, base de datos de Perspectivas de la economía mundial.

Grandes cambios en la economía mundial

En economías con una población mucho mayor que la de las economías avanzadas se registra un vigoroso crecimiento de la oferta y la demanda. Solo en Brasil, Rusia, India y China—que conforman el grupo BRIC—viven 3.000 millones de personas, frente a 1.000 millones en las economías avanzadas. Todas las economías emergentes y en desarrollo combinadas representan el 85% de la población mundial. Los ingresos de un gran número de personas están aumentando a pasos agigantados y provocando cambios tectónicos en la economía mundial:

  • Alimentos: La demanda mundial de alimentos crece rápidamente como consecuencia del gran número de personas que disfrutan de un mayor ingreso per cápita. La demanda de alimentos básicos y de productos alimentarios con más valor añadido también está en ascenso.

  • Otras materias primas: La necesidad de disponer de mejores viviendas y transporte y más energía ejerce una enorme presión al alza sobre la demanda de recursos no renovables, como el petróleo y los metales. Las cifras son asombrosas. En los últimos 10 años, si bien el consumo mundial de petróleo aumentó 13,5%, el incremento en los mercados emergentes fue de 39%, y la proporción de estas economías en el consumo mundial aumentó de una tercera parte a la mitad. Además, casi toda la demanda adicional de cobre, plomo, níquel, estaño y zinc se originó en las principales economías de mercados emergentes.

  • Flujos de capital: Aunque las economías emergentes y en desarrollo representan casi la mitad del PIB mundial, poseen solo el 19% de los activos financieros mundiales. Dado que el dinero busca el crecimiento y las oportunidades, los flujos financieros y de capital se están desplazando hacia las economías de mercados emergentes. El movimiento de solo 1% de los activos financieros de las economías avanzadas es equivalente al flujo actual de inversión extranjera directa de las economías avanzadas hacia los mercados emergentes. De hecho, los flujos de capital de Estados Unidos hacia estos mercados aumentaron de US$300.000 millones anualizados en 2006–07 a una cifra estimada de US$550.000 millones en 2010, mientras que los flujos hacia las economías avanzadas se redujeron de US$900.000 millones en 2006–07 a US$600.000 millones en 2010. Las abundantes entradas de capital ejercen presión a la suba sobre el consumo y los precios de los activos en estos mercados, y el riesgo está aumentando en el sector financiero.

  • Estructura de la producción: La estructura de la producción manufacturera mundial está cambiando. Las economías de mercados emergentes producen más maquinaria y equipo de alta tecnología, y la manufactura de baja tecnología se desplaza cada vez más hacia los países de ingresos más bajos.

  • Comercio: La composición del comercio mundial variará gradualmente. El vigoroso crecimiento de la producción y el consumo en los mercados emergentes incrementará el comercio con las economías avanzadas y, especialmente, entre ellos.

  • Medio ambiente: El impacto de estos cambios en el medio ambiente es cada vez mayor. La contaminación es visible en el aire y el agua, y las consecuencias podrían ser devastadoras si el mundo no reduce su huella de carbono.

Se necesitan cambios profundos

Las economías de mercados emergentes solo podrán afrontar sus desafíos de largo plazo si aplican profundos cambios estructurales en los modelos de crecimiento, las políticas y los estilos de vida.

A los mercados emergentes ya no les servirá un modelo de crecimiento que dependa de la demanda de las economías avanzadas. Deberán pasar del crecimiento impulsado por la demanda externa a uno generado por la oferta interna. Las políticas deberán basarse y centrarse específicamente en la oferta. Los mercados emergentes deberán adoptar las medidas siguientes:

  • Hacer todo lo posible por seguir aumentando la producción agrícola para cubrir el incremento de la demanda de alimentos. Esto requerirá no solo respaldar la inversión agrícola, sino también fomentar la investigación y el desarrollo para promover la innovación y el crecimiento de la productividad del sector.

  • Prestar especial atención al sector de servicios, porque crea empleo a un ritmo sostenible. Las políticas deberán estar orientadas hacia la apertura, y no el cierre, de los mercados a la competencia, como ha sido habitual en muchas economías. Concretamente, los gobiernos deberán evitar una protección excesiva de las pequeñas empresas a expensas de los consumidores. Además, los gobiernos deberán desmantelar los monopolios a fin de facilitar el ingreso al mercado a los que quieran hacerlo, aumentando así la eficiencia y reduciendo las presiones sobre los precios.

  • Invertir mucho para eliminar los cuellos de botella. Para el gobierno esto significa invertir en infraestructura, especialmente en transporte y energía, y garantizar la apertura de todos los mercados para que las empresas puedan aprovechar las oportunidades de negocios. Esto también significa educar y capacitar a los trabajadores para incrementar el uso eficiente del capital y aumentar el ingreso en los hogares.

La estabilidad macroeconómica es esencial para que las demás políticas funcionen de manera eficaz. Por lo tanto, los mercados emergentes deben mantener firmes mecanismos amortiguadores en el ámbito fiscal, financiero y externo e implementar políticas macrofinancieras adecuadas. Los mercados emergentes también deben mejorar continuamente las instituciones a fin de formular y ejecutar políticas más eficaces.

La creación de sistemas de salud y de pensiones viables, y la reforma de los sistemas financieros son dos ámbitos esenciales para el futuro de los mercados emergentes. A medida que la población aumente, los sistemas de pensiones ejercerán una presión excesiva sobre la generación siguiente o, si se reducen las prestaciones, existe el riesgo de volver a sumir a amplios grupos de la población en la pobreza. Se precisan reformas importantes para ampliar el acceso a servicios de salud de mayor calidad. En las economías avanzadas hay ejemplos de reforma de los sistemas de pensiones y de salud eficaces e ineficaces. Los mercados emergentes deberían aprender de estos ejemplos y diseñar sistemas que se adapten a sus propias circunstancias.

Los mercados emergentes también deberían reformar sus sistemas financieros, que constituyen el centro de la actividad económica, canalizando el ahorro hacia la inversión, un elemento clave del crecimiento. Las instituciones financieras también contribuyen en gran medida a facilitar las entradas de capitales del exterior, que, según se prevé, seguirán siendo vigorosas a mediano plazo gracias a las favorables oportunidades de crecimiento en estos mercados. Las reformas son necesarias para garantizar que el sector financiero respalde a la economía y no al revés, y que las pérdidas no se socialicen mientras que las ganancias se privatizan.

Por último, y sobre todo, los mercados emergentes deberán fomentar un estilo de vida que sea más respetuoso de la tierra y sus recursos no renovables. Por ejemplo, la mayoría de nosotros debemos utilizar menos energía, consumirla de manera eficiente y producirla de forma más limpia. También debemos ser más conscientes de lo que consumimos y cómo lo hacemos. Es muy difícil cambiar este comportamiento, pero los gobiernos pueden crear los incentivos adecuados fijando el precio del carbono correcto, incluido el costo ambiental de nuestras actividades en el sistema de cuentas nacionales, y agregando el verdadero valor de los ecosistemas a los cálculos de la riqueza nacional.

Para la mayoría de las economías emergentes y en desarrollo los últimos dos años han sido excelentes, y el futuro parece prometedor. Pero no existe ninguna garantía de que los buenos tiempos se prolonguen durante muchos años. De hecho, ese futuro prometedor probablemente no se materializará si los desafíos descritos no se consideran prioritarios y se afrontan adecuadamente. La historia moderna está repleta de ejemplos aleccionadores de parálisis política y de años y décadas perdidas.

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