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Finanzas y Desarrollo, Marzo 2008
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Veteranos del sistema: Ideas para fortalecer el sistema monetario internacional

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
March 2011
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Un Grupo de ex funcionarios de alto rango y eminencias del ámbito de la política económica se ha esforzado por extraer algo positivo de entre las cenizas de la crisis financiera mundial. La crisis representa una oportunidad para promover reformas y, según el ex Director Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) Michel Camdessus, apuntalar el sistema financiero internacional ante futuras crisis similares y distribuir más equitativamente las ventajas potenciales de la globalización.

Junto con Alexandre Lamfalussy y Tommaso Padoa-Schioppa (fallecido a finales de 2010), Camdessus formó el grupo de alto nivel que respalda la Iniciativa del Palais-Royal. Camdessus habló con F&D sobre el informe que el grupo publicó en febrero relativo a la reforma del sistema monetario internacional.

F&D: ¿Cuál es la idea en la que se basa la Iniciativa del Palais-Royal?

Camdessus: A los que tienen experiencia en cooperación internacional, la crisis financiera mundial les hizo pensar dos veces en lo que está sucediendo, y en concreto les llevó a preguntarse en qué medida el sistema financiero internacional, o su inexistencia, fue la causa. Si fuera así, la crisis podría representar una oportunidad para implantar un sistema que evite otro acontecimiento similar y garantice que las ventajas potenciales de la globalización sean más duraderas y estén mejor distribuidas.

Tenemos todas estas preguntas en mente. Y al decir “tenemos” hablo en nombre de muchos veteranos del sistema. Nos complace que el Grupo de los Veinte (G-20) haya retomado este año el tema de la reforma del sistema, tras haberse concentrado los años anteriores en otros aspectos de la crisis.

Recuadro 1Integrantes de la Iniciativa del Palais-Royal

El grupo fue convocado por Michel Camdessus, ex Director Gerente del FMI; Alexandre Lamfalussy, ex Director General del Banco de Pagos Internacionales (BPI), y el fallecido Tommaso Padoa-Schioppa, ex Ministro de Hacienda de Italia. Incluye también a Sergey Aleksashenko, ex Vicegobernador del Banco Central de Rusia; Hamad Al Sayari, ex Gobernador del Instituto Monetario de Arabia Saudita; Jack T. Boorman, ex alto funcionario del FMI; Andrew Crockett, ex Director General del BPI; Guillermo de la Dehesa, ex Secretario de Estado de Economía de España; Arminio Fraga, ex Gobernador del Banco Central de Brasil; Toyoo Gyohten, ex Viceministro de Hacienda de Japón; Xiaolian Hu, Vicepresidenta de la Asociación China sobre Finanzas y Bancos; André Icard, ex Subdirector General del BPI; Horst Köhler, ex Director Gerente del FMI; Guillermo Ortiz, ex Gobernador del Banco de México; Maria Ramos, ex Directora General del Tesoro de Sudáfrica; Y. Venugopal Reddy, ex Gobernador del Banco de Reserva de India; Edwin M. Truman, ex Subsecretario del Tesoro de Estados Unidos; y Paul A. Volcker, ex Presidente de la Junta de la Reserva Federal de Estados Unidos.

A algunos de nosotros nos pareció que debíamos poner nuestra experiencia sobre crisis pasadas al servicio de los que ahora están al mando. Tratamos de ver si juntos podíamos enfocar el problema—las fallas fundamentales del sistema y el hecho de que permita el surgimiento constante de enormes desequilibrios—desde una perspectiva común, y si se podía dotar al sistema de mayor solidez y disciplina.

Creamos un grupo de 18 personas y nos repartimos la tarea de elaborar estudios. Solicitamos apoyo informal al FMI, el Banco de Pagos Internacionales (BPI), bancos centrales y otras entidades. Pusimos los estudios sobre la mesa con ocasión de nuestra reunión en el Palais Royal en París—que da nombre a nuestra iniciativa—y redactamos un conjunto de propuestas. El 21 de enero tuve el honor de presentar el informe inicial al presidente del G–20, el presidente [francés] Nicolas Sarkozy.

La iniciativa tiene un origen netamente privado. No compromete a ningún país; lo único que está en juego es nuestra credibilidad personal. Esperamos que el informe sea una fuente de inspiración y que demuestre que el trabajo mancomunando—en el grupo están representados 15 países—, con verdadero espíritu de cooperación, puede sentar las bases para una mejor coordinación de las políticas económicas.

F&D: ¿Por qué las reformas ya iniciadas—incluidas las del G-20—no bastan para abordar los riesgos del sistema monetario internacional?

Camdessus: Valoramos mucho el trabajo que ya se ha hecho, pero hay que ir un poco más allá si queremos cerciorarnos de que el sistema sea más seguro. Las medidas adoptadas hasta ahora no consideran lo suficiente muchos riesgos, y varias de las ideas barajadas han sido rechazadas, por ahora. Como ciudadanos particulares, nos pareció que valía la pena reconsiderar algunas de esas ideas descartadas.

No queremos que la economía mundial vuelva a ser un sistema económico fragmentado, vulnerable al proteccionismo. No queremos arriesgar, como ahora, el avance hacia un mercado mundial abierto y competitivo. Sabemos que en los años inmediatamente posteriores a una crisis acechan numerosos peligros. Las medidas integrales adoptadas por el G–20 surtirán efecto solo después de unos años, debido a las inevitables demoras de implementación.

Y hay otros riesgos, como la fuerte, aunque resistible, tentación de retornar a las prácticas habituales. Es algo que pasa en la banca, pero también en las instituciones internacionales. Y también el riesgo de que los cambios adoptados sean demasiado pequeños y tardíos, y que dejen al sistema vulnerable a crisis imprevistas e impidan aprovechar todo el potencial de la globalización para mejorar el mundo.

Nadie cree que sin muchos cambios estos riesgos vayan a desaparecer poco a poco. Sin cambios enérgicos el mundo podría volverse más inestable; no podemos dormirnos en los laureles.

F&D: ¿Por qué las reformas recomendadas para el FMI—incluidas algunas propuestas en el pasado—surtirían más efecto ahora?

Camdessus: La pregunta es si son necesarias. El no haberlas adoptado contribuyó, al menos en parte, a los problemas actuales. Nos equivocamos al postergar los cambios o al suavizar muchas de las sugerencias. Ya hemos visto el costo de los aplazamientos y los titubeos. Es hora de cambiar; ahora o nunca.

F&D: ¿A qué reformas del FMI se debería dar máxima prioridad?

Camdessus: Es un paquete de medidas. No se puede decir “aquí hay algo importante, hagámoslo y veamos qué pasa”.

Recuadro 2Recomendaciones básicas

El informe más detallado de la Iniciativa del Palais-Royal presentado en febrero trae 18 recomendaciones, varias de ellas centradas en la supervisión y la cooperación, y en el gobierno del sistema monetario internacional.

En cuanto a la supervisión y la cooperación, el FMI debería elaborar y adoptar “normas” para las políticas de los países, incluidas normas cambiarias internacionalmente armonizadas. Las infracciones persistentes darían lugar a consultas y, de ser necesario, a medidas correctivas. Una entidad pertinente dentro del FMI deberá evaluar la situación de países de importancia sistémica que parezca que incumplen las normas. Los países deberán abstenerse de aplicar políticas que alejen su tipo de cambio de la norma. Las políticas macroprudenciales en las economías de importancia sistémica deben considerar la necesidad de una liquidez general adecuada a nivel mundial.

El gobierno del sistema monetario internacional debe basarse en una sola estructura de tres niveles, con un sistema de representación de todos los países, que puede comprender un comité de notables que brinde asesoramiento.

No. Se necesita una reestructuración audaz del sistema. Hay que tener en cuenta que en el FMI están surgiendo nuevos y poderosos socios, que querrán tener plenas responsabilidades dentro del sistema.

Necesitamos que la supervisión del FMI sea más amplia, que no se reduzca a cuestiones monetarias y de cuenta corriente, sino que abarque todo el espectro monetario y financiero. El objetivo final es mejorar la supervisión y hacer más eficaz la prevención de crisis, y dotar al FMI de herramientas de trabajo más poderosas. Para eso proponemos nuevas obligaciones para los países miembros, que se detallan en el informe.

Creo que es hora de hacer lo que debió haberse hecho antes: integrar a los ministros de Hacienda del G-20 y al CMFI [Comité Monetario y Financiero Internacional] en el Consejo, como dispone el Convenio Constitutivo del FMI.

Todas estas reformas han de adoptarse de forma simultánea y pronto. La próxima crisis puede estar cerca si no actuamos.

F&D: ¿Cómo cambiaría el sistema la nueva estructura de gobierno propuesta?

Camdessus: No veo muchos cambios. Primero, la creación del Consejo, como digo, está pendiente desde hace mucho. Segundo, proponemos que el G-20 se organice con un sistema de representación. Así, cada país sería una parte activa del sistema, sería consultado antes de las reuniones y recibiría informes directos de los miembros del G-20 sobre las decisiones tomadas a nivel supremo.

F&D: Usted propone ampliar la función de los derechos especiales de giro (DEG) del FMI. ¿Cuál es la postura del grupo?

Camdessus: Resulta interesante que el grupo, que ha tenido opiniones muy diversas sobre el futuro del DEG, ahora reconoce su posible utilidad, utilidad que aumentará en los próximos años y quizá siga aumentando a más largo plazo. El DEG podría tener un resurgimiento si se le asigna al FMI un papel similar al de un prestamista de última instancia.

F&D: El informe recomienda mejorar la medición y el monitoreo de las fluctuaciones de liquidez mundial. ¿Cómo hacerlo de una forma que sea perdurable?

Camdessus: Esto debió haberse hecho antes, y me arrepiento de no haber tomado la iniciativa cuando estuve en el FMI. Tradicionalmente las tareas se repartían entre el BPI y el FMI; como ahora el tema ha cobrado una importancia fundamental, solo recomendamos que el FMI y el BPI colaboren entre sí. Estamos seguros de que lo que ambas instituciones hagan juntas será perdurable.

Ahora, lo importante es contar con una supervisión adecuada de la liquidez mundial. Ambas entidades tendrán que trabajar juntas para zanjar ciertos temas: la definición de liquidez que se debe adoptar, los datos que se deben recopilar y cómo se deben analizar. Juntas tienen que seguir mucho más de cerca la evolución de la economía mundial y ser capaces de emitir señales de alerta, que son indispensables.

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