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Finanzas y Desarrollo, Marzo 2008
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Sube el precio del menú: Los altos precios de los alimentos pueden persistir

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
March 2011
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Clientes a la espera del pan en El Cairo, Egipto.

Thomas Helbling y Shaun Roache

El Mal tiempo en todo el mundo ha mermado las cosechas y encarecido los alimentos. Las inundaciones en Australia, Pakistán y parte de India y las sequías en China, Argentina y Europa oriental han avivado los riesgos de inflación y golpeado a los más vulnerables. Y es probable que el repunte de los precios de la energía también repercuta en el costo de los alimentos.

Muchos países—en especial las economías en desarrollo y emergentes—luchan contra las implicaciones de estas alzas y su efecto en la pobreza, la inflación y, en el caso de los países importadores, la balanza de pagos. Además, las alzas pueden haber contribuido al malestar social en Oriente Medio y Norte de África.

Tras un período de estabilidad general en el primer semestre de 2010, los precios mundiales de los alimentos han ido subiendo desde el segundo semestre de 2010 y han seguido subiendo en 2011 (gráfico 1). El correspondiente índice de precios del FMI (recuadro) se aproxima al máximo registrado en junio de 2008.

Gráfico 1El índice de la cena

Los precios de los alimentos se dispararon en 2010 y siguen subiendo.

(precio real en dólares de EE.UU. constantes, 2005 = 100)

Citation: 48, 1; 10.5089/9781455215638.022.A009

Fuente: FMI, base de datos del Sistema de Precios de los Productos Básicos.

Estas noticias, malas para los consumidores en general, son aun peores para los pobres y los consumidores en economías en desarrollo y emergentes, ya que los alimentos representan una proporción mucho mayor de su gasto global (FMI, 2011). Además, las alzas rápidas plantean graves desafíos macroeco-nómicos para las autoridades de los países emergentes y en desarrollo.

Mercados internacionales de alimentos

Los alimentos son quizá los productos de mayor valor simbólico y práctico. El comercio de alimentos no es tan sencillo como el de los bienes manufacturados, debido a factores como la seguridad alimentaria, el nivel de producción interna y los ingresos agrícolas relativos, que propician el proteccionismo. Aun así se comercia internacionalmente con algunos alimentos, sobre todo cereales y oleaginosas. Los precios de estos productos son el tema de este artículo. Como muchos alimentos no son objeto de comercio, los precios internacionales constituyen solo uno de los factores que inciden en la inflación interna de los alimentos.

El mundo se acostumbró a alimentos relativamente baratos en los años ochenta y noventa, cuando los precios, ajustados según la inflación, eran más bajos que durante la Gran Depresión (gráfico 2). Pero desde comienzos de siglo, dichos precios han subido sostenidamente, salvo baches durante la crisis financiera mundial a finales de 2008 y comienzos de 2009, y eso apunta a que se trata de una tendencia y no de una situación pasajera.

Gráfico 2A comer

El precio real de los alimentos tiene una tendencia alcista, pero aún se encuentra en el nivel más bajo registrado desde la Gran Depresión.

(logaritmo natural de un índice en dólares de EE.UU. constantes, 1977-79 = 100)

Citation: 48, 1; 10.5089/9781455215638.022.A009

Fuentes: Grilli y Yang (1988); Pfaffenzeller et al.(2007); FMI, base de datos del Sistema de Precios de los Productos Básicos.

Gustos caros

Esta tendencia alcista puede deberse sobre todo a que los consumidores en los países emergentes y en desarrollo están enriqueciendo y cambiando su dieta. Concretamente, están consumiendo más alimentos de alto contenido proteínico, como carne, lácteos, aceites comestibles, frutas y verduras, y pescado; todos ellos productos cuya elasticidad con respecto al ingreso es mayor que la de los cereales básicos, es decir, cuanto más gana la gente, mayor es la demanda de estos alimentos, mientras que el aumento del consumo de cereales es más lento o incluso negativo.

Esto incrementa la demanda de recursos agrícolas escasos; por ejemplo, quizá se dediquen más hectáreas al pastoreo que a la siembra, y más cultivos a la alimentación de animales. Por eso las economías emergentes y en desarrollo representan unos tres cuartos del crecimiento total de la demanda mundial de los principales cultivos desde inicios de la década de 2000.

Alimentos y combustibles

Otro factor que ha influido en los mercados de alimentos en los últimos 10 años ha sido el auge de los biocombustibles. Los altos precios del petróleo y las políticas de apoyo incrementaron la demanda de biocombustibles para el transporte, particularmente en las economías avanzadas, pero también en algunas emergentes, como Brasil, elevando la demanda de cultivos básicos. En 2010, por ejemplo, la producción de etanol de maíz absorbió alrededor de un 15% de la cosecha mundial de maíz. Otros cultivos en demanda son la caña de azúcar, la almendra de palma y la colza.

Los altos precios del petróleo también inciden directamente en el costo de los alimentos, ya que el combustible—incluido el gas natural—se usa en la producción de insumos, como fertilizantes, y en todo el ciclo de producción, desde la siembra hasta la distribución. Los precios de los alimentos dependen parcialmente del precio del petróleo, y los biocombustibles probablemente han reforzado este vínculo.

El rendimiento de las cosechas

Dados los aumentos estructurales de la demanda de muchos cultivos y alimentos, la estabilidad de precios a mediano plazo depende del aumento estructural correspondiente de la oferta. Es decir, los precios medios tienen que subir para crear incentivos que aumenten la oferta. Si bien los agricultores han respondido a la mayor demanda, lo han hecho en forma solo gradual. La clave de este proceso está en la interacción entre la productividad y el aumento de la superficie cultivada. Tradicionalmente, el rápido aumento de la productividad agrícola ayudaba a abaratar los alimentos. Pero en los últimos 10 años, el aumento de la productividad mundial—volumen por hectárea—ha disminuido para el arroz y el trigo, en comparación con los años ochenta y noventa, y en general se ha estancado para el maíz y la soja. Si las demás condiciones no varían, el menor aumento de la productividad se traduce en precios más altos.

Se deduce entonces que la mayor producción debe provenir de un aumento de la superficie cultivada. Pero ese aumento de la superficie tiene un costo, que se refleja en los precios y que obedece a dos factores.

Primero, los cultivos compiten por la tierra. Las limitaciones geográficas obligan a reducir la superficie cultivada de un producto si aumenta la de otro, y los agricultores deciden qué sembrar en función de los precios relativos. Segundo, como la demanda de muchos productos ha aumentado simultáneamente, también ha tenido que aumentar la superficie total cultivada. Los precios tienen que subir para incentivar el cultivo de más hectáreas, sobre todo en terrenos marginales menos productivos.

Índice de alimentos

El índice de precios de alimentos del FMI abarca los precios al contado de 22 productos agropecuarios básicos con los que más se comercia mundialmente, como cereales básicos (trigo, arroz, maíz), oleaginosas (soja), aceites comestibles (aceite de palma), carne en canal, productos de mar básicos (harina de pescado), frutas tropicales (banano) y azúcar.

El índice ayuda a evaluar la evolución del mercado de alimentos y los datos para Perspectivas de la economía mundial. La proporción de cada producto en el comercio internacional es sustancial y determina su ponderación en el índice. Los productos por lo general tienen un precio internacional de referencia, como por ejemplo el precio de exportación del maíz de Estados Unidos en los puertos del Golfo de México.

A más largo plazo, la reducción reciente del aumento del rendimiento es preocupante, ya que el continuo crecimiento de la demanda de alimentos exigirá el cultivo de más y más hectáreas, que en ciertos casos serán menos productivas debido a falta de riego, deficiencias infraestructurales o, simplemente, suelos menos fértiles. En las zonas de rápida urbanización la tierra fértil no se cultiva. Y la degradación del suelo y el cambio climático han perjudicado el aumento del rendimiento.

El bajo aumento del rendimiento, la escasez de tierra y una fuerte aceleración de la demanda en un país pueden alterar el comercio internacional. China, por ejemplo, es ahora un importador neto de maíz y soja debido a un aumento de la demanda de pienso. Los mercados internacionales de alimentos aún están relativamente poco desarrollados—solo un porcentaje reducido de la producción mundial se exporta, la mayor parte se consume localmente—, y estos hechos pueden incidir mucho en los precios internacionales.

Enfrentar la merma de producción

El actual cambio estructural en los mercados internacionales de alimentos es sin duda uno de los motivos de la tendencia alcista de los precios. Pero las tendencias no suelen causar fluctuaciones bruscas. Para entender la situación, hemos analizado otros factores. La causa de la escalada de los precios de los alimentos desde mediados de 2010 ha sido una serie de shocks de la oferta de orden meteorológico. La secuencia de acontecimientos es ya bien conocida.

Primero, las sequías y los incendios perjudicaron la producción de trigo en Rusia, Ucrania y Kazajstán, y se estima que este año la cosecha mundial se reducirá más de un 5% (gráfico 3). En Estados Unidos, la cosecha de maíz fue menor de lo previsto debido a un verano caluroso y húmedo. Y para rematar, desde finales de 2010 uno de los fenómenos de La Niña más intensos de los últimos 50 años empezó a afectar las cosechas en Asia, incluida la de arroz. Los daños en Asia no solo elevaron los precios mundiales de los alimentos básicos, sino que afectaron a los mercados locales, debido sobre todo a una menor producción local de frutas y verduras.

Gráfico 3Escasez de cereales

En todo el mundo, el mal tiempo en 2010 perjudicó las cosechas de cereales.

(variación anual de la producción mundial, porcentaje)

Citation: 48, 1; 10.5089/9781455215638.022.A009

Fuente: Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

La reacción mundial de los precios ante el déficit de oferta depende no solo del tamaño de ese déficit sino también de otros factores. Un agravante fue la restricción aplicada a las exportaciones de cereales en Rusia y Ucrania, que ayuda a mantener estables y bajos los precios internos pero no los mundiales. En otros episodios de auge de precios, como los de 1973–74 y 2006–08, también se observó una tendencia a responder con medidas comerciales proteccionistas (Martin y Anderson, 2011).

Acumulación de existencias

Los precios de los alimentos también dependen del nivel de existencias. Muchos de los principales alimentos básicos—a diferencia de los perecederos—pueden almacenarse y suplir la oferta en caso necesario. Cuanto más bajas sean las existencias en relación con el consumo—razón existencias/utilización—, más se resistirán los dueños a liberar parte de ellas a un precio dado, si suponemos que se mueven por precaución ante eventuales déficits futuros. Es decir, la incidencia de los shocks de la oferta es mayor cuanto más cae la razón existencia/utilización.

Las razones existencias/utilización bajas han amplificado el efecto de recientes shocks de la oferta y han contribuido a una mayor volatilidad de los precios de los alimentos. Las razones disminuyeron mucho en los últimos 10 años, llegando en el auge de precios de 2008 a niveles similares a los registrados en el auge de 1973–74 (gráfico 4). Las buenas cosechas en el segundo semestre de 2008 y comienzos de 2009 permitieron solo una reposición limitada de las existencias. Cuando a mediados de 2010 empezaron los shocks de la oferta, los mercados de alimentos aún eran vulnerables.

Gráfico 4Acumulación de existencias

Las existencias mundiales de cereales han estado por debajo de la media los últimos 10 años.

(existencias mundiales a final de año como porcentaje del consumo mundial, porcentaje)

Citation: 48, 1; 10.5089/9781455215638.022.A009

Fuente: Departamento de Agricultura de Estados Unidos.

Los efectos de los shocks de la oferta suelen ser pasajeros. La producción tiende a retornar pronto a niveles habituales cuando el tiempo se normaliza. De hecho, los períodos de escasez y escaladas de precios suelen interrumpir largos períodos de estabilidad relativa de precios (como destacan Deaton y Laroque, 1992, entre otros). Si el tiempo coopera, cabe prever que la reciente alza de precios cederá cuando comience la cosecha de este año en el hemisferio norte. Pero la tendencia alcista probablemente no se revertirá pronto, ya que el ajuste de la oferta a los aumentos estructurales de la demanda de los principales alimentos básicos llevará tiempo.

Impacto

En muchas economías esta escalada mundial de los precios de los alimentos ya ha causado una mayor inflación interna en los alimentos e inflación general de consumo en lo que va de 2011. Estos efectos directos de “primera ronda” son parte del proceso normal de traslado de los precios. Al igual que en 2007–08, el fenómeno ha sido más intenso en las economías emergentes y en desarrollo, donde los alimentos representan un mayor porcentaje del consumo que en las economías avanzadas (FMI, 2008).

Análogamente, el costo real de los alimentos como proporción del costo de los productos alimentarios es mayor en los países pobres que en los países ricos, donde el costo de mano de obra, transporte, comercialización y envasado añaden un valor no relacionado con las calorías.

Los efectos de primera ronda se disiparán al estabilizarse los precios mundiales de los alimentos, salvo que la inflación básica se vea afectada. Este efecto indirecto o de “segunda ronda” ocurre cuando las alzas inciden en las expectativas de inflación. Ante la expectativa de que los alimentos sigan subiendo, la gente empieza a exigir aumentos de sueldo, que incrementan la inflación básica.

En los últimos 20 años los riesgos de traslado de las alzas de precios de los alimentos a la inflación básica han sido bajos en las economías avanzadas, pero importantes en las economías emergentes y en desarrollo.

Los principales motivos son dos (FMI, 2008). Primero, en el segundo grupo de países las proporciones de gasto en alimentos y de costo de los alimentos básicos son mucho mayores, y por eso es más probable que las escaladas de precios desaten expectativas inflacionarias y demandas salariales. Segundo, en ese mismo grupo de economías, la credibilidad de las políticas monetarias aún es débil, pese a mejoras recientes, por lo que los agentes económicos confiarán menos en las respuestas enérgicas del banco central ante las presiones inflacionarias incipientes y tenderán a ajustar sus expectativas inflacionarias a mediano plazo.

El FMI suele recomendar a los países que toleren los efectos de primera ronda en la inflación, pero que estén preparados para endurecer la política monetaria para evitar los efectos de segunda ronda. Esa medida deberá complementarse con otras destinadas a reforzar las redes sociales y a proteger a los pobres de los estragos del encarecimiento de los alimentos.

¿Persistirá el alto nivel de los precios de los alimentos?

El mundo quizá deba acostumbrarse a alimentos caros. Las alzas recientes obedecen en buena parte a factores transitorios, como el tiempo; pero el aumento de la demanda de alimentos se debe ante todo a cambios estructurales irreversibles en la economía mundial.

Cabe esperar que a la larga el aumento de la oferta reaccione, como antes, ante los nuevos precios y alivie las presiones en los mercados de alimentos, pero esa reacción tomará años, no meses. A eso se suma la posibilidad de una mayor escasez mundial de insumos clave para la producción—como tierra, agua y energía—, que quizá podría contrarrestarse con tecnología y mejores rendimientos de los cultivos.

Mientras tanto, las autoridades, sobre todo en las economías emergentes y en desarrollo, probablemente tendrán que seguir haciendo frente a los desafíos que plantean las inusitadas carestía y volatilidad de los precios de los alimentos.

Thomas Helbling es Asesor y Shaun Roache es Economista, en el Departamento de Estudios del FMI.

Referencias:

    DeatonAngus y GuyLaroque1992On the Behavior of Commodity PricesReview of Economic Studies vol. 59 No. 1 págs. 123.

    Fondo Monetario Internacional2008Perspectivas de la economía mundial capítulo 3 “¿Ha vuelto la inflación? Precios de las materias primas e inflación” (Washingtonoctubre).

    Fondo Monetario Internacional2011Perspectivas de la economía mundial (Washingtonabril).

    GrilliEnzo y Maw ChengYang1988Primary Commodity Prices, Manufactured Goods Prices, and the Terms of Trade of Developing Countries: What the Long Run ShowsThe World Bank Economic Review vol. 2 No. 1 págs. 147.

    MartinWill y KymAnderson2011“Export Restrictions and Price Insulation During Commodity Price Booms” versión revisada de un estudio presentado en World Bank-UC Berkeley Conference on Agriculture for Development—Revisited Berkeley 1 al 2 de octubre de 2010.

    PfaffenzellerStephanPaulNewbold y AnthonyRayner2007A Short Note on Updating the Grilli and Yang Commodity Price IndexThe World Bank Economic Review vol. 21 No. 1 págs. 15163.

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