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Finance & Development, Septembre 2010
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Vuelta a lo Esencial: ¿Qué constituye desempleo?

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
September 2010
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Ceyda Oner

La organización Internacional del Trabajo anunció este año que el desempleo tocó máximos históricos a escala internacional en 2009: más de 200 millones de personas, o sea, 7% de la fuerza laboral mundial, estaban a la búsqueda de una ocupación remunerada.

No es coincidencia que eso ocurra en medio de la peor crisis económica desde la Gran Depresión. El desempleo está muy supeditado a la actividad económica; de hecho, desde cierto punto de vista son las dos caras de la misma moneda: cuando la actividad económica es vigorosa, la producción global aumenta y se necesita más gente para generar más bienes y servicios. Cuando la actividad económica decae, las empresas suprimen empleos y la desocupación sube. En ese sentido, el desempleo es anticíclico, es decir, avanza cuando retrocede el crecimiento económico, y viceversa.

Pero la relación no es de uno a uno. Es más normal que las empresas primero intenten recuperarse de una desaceleración haciendo que el mismo grupo de empleados trabaje o produzca más, y que contraten solo a medida que la recuperación se afiance. Por lo tanto, es posible que el desempleo tarde en comenzar a bajar, hasta mucho después de que la economía se fortalezca. Lo contrario sucede cuando una economía empieza a enfriarse: las empresas prefieren recortar las horas de trabajo o los sueldos antes de despedir empleados. La desocupación toma ímpetu únicamente si la desaceleración se prolonga. Por ese motivo, el desempleo es un indicador rezagado de la actividad económica.

La sensibilidad de la tasa de desempleo al crecimiento económico depende de varios factores, sobre todo de las condiciones del mercado de trabajo y su regulación. Por ejemplo, la ley de Okun postula que, en la economía estadounidense, una caída del desempleo de 1 punto porcentual corresponde a un aumento del producto de 3%, aunque según estimaciones más recientes el aumento podría ser inferior, quizás entre 2% y 3%.

Por el contrario, cabe preguntarse si, en caso de que las economías se expandieran indefinidamente, el desempleo desaparecería. La respuesta es negativa (véase el gráfico 1); incluso en la década de 2000, cuando la economía internacional prosperaba (al menos hasta la crisis de 2008–09), la desocupación mundial bajó, pero nunca hasta llegar a cero. Surge entonces un interrogante básico: ¿Alguna vez dejará de haber desempleo?

Gráfico 1Trabajos y crecimiento

En general, cuando el producto interno bruto real crece a nivel mundial, la tasa de desempleo baja. La desocupación suele empeorar cuando la economía mundial se contrae.

Citation: 47, 3; 10.5089/9781455215652.022.A018

Fuentes: Organización Internacional del Trabajo y estimaciones del personal técnico del FMI.

El mercado en equilibrio

Según la teoría económica clásica, todos los mercados—incluso el laboral—deberían alcanzar un punto de equilibrio entre la oferta y la demanda. (Véase “Vuelta a lo esencial: Oferta y demanda”, en la edición de junio de 2010). Pero la existencia misma del desempleo parece implicar que eso no ocurre en ningún mercado laboral del mundo. ¿Sufren acaso de un defecto permanente?

Lo que impide a veces el equilibrio son los sueldos; o sea, el precio unitario de la mano de obra. Algunos trabajadores, sobre todo los trabajadores calificados, tienen salarios de reserva por debajo de los cuales no están dispuestos a emplearse, pero que son superiores a lo que están dispuestos a pagar los empleadores. En otros casos, el empleador ofrece una remuneración inferior al salario mínimo fijado por el gobierno para que los trabajadores puedan ganarse la vida. Cuando esas rigideces del mercado laboral producen una escasez de empleos, se habla de desempleo estructural, y la población estructuralmente desempleada en promedio sufre períodos de desocupación más prolongados.

Aun así, la inflexibilidad salarial no explica del todo la naturaleza perenne del desempleo. Siempre habrá cierto desempleo, aunque solo sea porque siempre habrá gente que se encuentra entre un trabajo y otro o al comienzo de su carrera. No están desempleados porque escasee el empleo en el mercado, sino porque encontrar un trabajo lleva tiempo. Esa desocupación pasajera se denomina desempleo friccional.

La combinación de estos factores produce un promedio a largo plazo en torno al cual suele rondar la tasa de desocupación y que se denomina tasa natural de desempleo(TND). El término “natural” no denota una constante inalterable; al contrario, implica que la tasa está dictada por las características del mercado laboral, que responden más que nada a las políticas vigentes. Por ejemplo, el nivel relativamente elevado de la desocupación europea, en comparación con la estadounidense, se debe en parte a que en Europa los sindicatos son más poderosos y las regulaciones laborales, más estrictas (véase el gráfico 2). Gracias a estas instituciones laborales, los trabajadores europeos tienen en teoría más poder de negociación, pero también pueden resultar demasiado costosos para los empleadores. En Estados Unidos, los sindicatos son más débiles y los mercados laborales, más flexibles; pero la tasa de empleo suele ser más alta que en Europa.

Gráfico 2El desempleo es más alto en Europa

Las rigideces del mercado laboral europeo contribuyen a una tasa de desempleo generalmente más alta que la de Estados Unidos.

(Tasa porcentual de desempleo)

Citation: 47, 3; 10.5089/9781455215652.022.A018

Fuente: CEIC Data Co., Ltd.

Nota: La UE-15 abarca Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia, Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, los Países Bajos, Portugal, el Reino Unido y Suecia.

La tasa natural de desempleo a veces se denomina tasa de desempleo no aceleradora de los precios(NAIRU, por sus siglas en inglés), porque refleja una economía que está creciendo de acuerdo con su potencial a largo plazo, sin presiones alcistas o bajistas sobre la inflación. El problema es que si el desempleo se desvía provisionalmente de la NAIRU, la inflación se vería afectada. Tomemos el ejemplo de una recesión, cuando la actividad económica está apocada. Ante la caída de la demanda de bienes y servicios, las empresas comienzan a despedir personal y suben menos los precios. Lo que cabría esperar entonces durante una recesión es un aumento del desempleo y una caída de la inflación. (Véase “Vuelta a lo esencial: ¿Qué es una recesión?”, en la edición de marzo de 2009). Sin embargo, esa relación entre el desempleo y la inflación—graficada por la curva de Phillips—es pasajera: una vez que los precios llegan a un nuevo equilibrio en el mercado de bienes y servicios, las empresas retoman la producción a plena capacidad y el desempleo vuelve a bajar, hasta llegar a la NAIRU.

Al comprender qué hay detrás de la tasa de equilibrio a largo plazo del desempleo, las autoridades saben lo que pueden hacer—o no—para alterarla. Por ejemplo, las políticas que intentan reducir el desempleo estimulando la demanda de los consumidores (y fomentando así la producción) surten apenas efectos pasajeros, y a expensas de hacer subir la inflación más adelante. Pero las que buscan aliviar el desempleo friccional o estructural pueden promover el empleo sin afectar necesariamente a la inflación.

No obstante, la NAIRU también puede cambiar a lo largo del tiempo sin que medien políticas explícitas: los cambios estructurales, como los avances tecnológicos o la evolución demográfica, pueden tener consecuencias duraderas para las tendencias del desempleo. Por ejemplo, muchos economistas convienen en que el boom tecnológico de los años noventa incrementó la productividad de la mano de obra, realzando el “atractivo” de cada trabajador para los empleadores, y por ende redujo la NAIRU, si bien inicialmente el desempleo dio un salto porque los trabajadores que no estaban preparados para usar las nuevas tecnologías se vieron desplazados. El rápido envejecimiento de la población—que está ocurriendo en muchas economías avanzadas—es otro factor importante que reduce el número de personas en el mercado laboral y hace bajar el desempleo.

La medición del desempleo

No todo el que no trabaja es un desempleado. Para que las estadísticas del gobierno consideren a una persona desempleada, no solo debe estar sin trabajo, sino que también debe estar buscando empleo activamente. En Estados Unidos, la desocupación se mide mediante una encuesta mensual de hogares que abarca una muestra representativa de más de 100.000 particulares. La fuerza laboral incluye tanto a las personas con trabajo como a quienes lo están buscando. La tasa de desempleo es el porcentaje de la fuerza laboral que procura obtener empleo. La relación entre la fuerza laboral y la población en edad activa se denomina tasa de participación en la fuerza laboral.

La fuerza laboral no incluye a las personas de edad activa que ni están empleadas ni están buscando trabajo—por ejemplo, estudiantes y amas de casa—, pero tampoco a las personas que buscaron empleo infructuosamente durante tanto tiempo que cejaron en el intento. Esos trabajadores desanimados son una de las razones por las cuales las estadísticas pueden subestimar la verdadera demanda de empleo en una economía. Otra forma de desempleo oculto ocurre al contar como empleado a todo el que realizó cualquier tipo de trabajo (o percibió un ingreso, si es autónomo) durante la semana anterior a la encuesta del gobierno. Ese dato esconde la demanda de empleo de gente que preferiría haber trabajado a tiempo completo, pero acepta un puesto a tiempo parcial porque es lo único que encuentra.

Ceyda Oner es Economista del Departamento de Asia y el Pacífico del FMI.

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