Journal Issue
Share
Finanzas y Desarrollo, Diciembre de 2009
Article

Hablando Claro: Los pobres no deben pagar el precio de la crisis: La crisis económica nos obliga a afrontar la vulnerabilidad crónica y una lesiva desigualdad. ¿Cómo puede el sector financiero ayudar a cargar con el costo?

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
January 2010
Share
  • ShareShare
Show Summary Details

Dama Barbara Stocking es Directora Ejecutiva de Oxfam Gran Bretaña e integra el Consejo de Oxfam International.

En Octubre de 2009, varios bancos importantes informaron de una notable recuperación de sus infortunios financieros, y un retorno a las ganancias ingentes y las bonificaciones astronómicas. Entretanto, nuevas cifras muestran que en los países en desarrollo la crisis económica sume en la pobreza a 100 personas por minuto.

Este contraste no solo ilustra una injusticia clara, sino que también indica importantes lecciones.

Primero: la gravedad y duración del efecto sobre los más pobres destaca la vulnerabilidad crónica de muchos pobres del mundo en desarrollo. Este problema exige soluciones de largo plazo y medidas de emergencia. Segundo: se demostró la insensatez de la fe ciega en la desregulación y el fundamentalismo de mercado. Finalmente, la dura comparación entre el lucro de aquellos cuyas acciones están en la raíz de la crisis y la pobreza de sus “víctimas inocentes”, en palabras del Director Gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, plantea la cuestión de qué puede hacer el mundo financiero para pagar el daño infligido.

Oxfam International trabaja con organizaciones nacionales de más de 100 países; brinda alivio ante calamidades, se asocia a programas de desarrollo de largo plazo y apoya a grupos de ciudadanos que reclaman sus derechos y quieren hacerse oír. Gracias a nuestra labor con los más vulnerables, conocemos de primera mano la crisis y la pobreza, los avances realizados y la necesidad de adoptar más medidas coordinadas.

Efecto en los márgenes

Sin duda, no hay un panorama uniforme del efecto de la crisis, que surge de la combinación del alto precio del combustible y los alimentos y la turbulencia financiera de los dos últimos años. El efecto de la crisis sobre la inversión, la exportación, el empleo, las remesas, el flujo de asistencia y el ingreso público es variable. Pero para Oxfam, lo fundamental es que el efecto, en países menos desarrollados o en los dinámicos mercados emergentes, es más desastroso para los marginados. Quienes viven en la línea de pobreza o por debajo de ella, sin una red de protección, son los más vulnerables.

Esto les sucede especialmente a las mujeres, que son mayoría en la población pobre del mundo. Nuestros estudios en varios países comprueban que las mujeres corren mayor riesgo de perder su sustento, ya sea que trabajen en el sector de la confección camboyano o recojan nueces de karité en el norte de Ghana.

Estas personas vulnerables no son solo las que pierden su trabajo, sino también las personas a su cargo. En la región rural de Camboya, por ejemplo, 1,5 millones de personas dependen de las remesas de los trabajadores que migraron a la ciudad, en su mayoría mujeres, como principal fuente de ingreso. Al caer el trabajo en la ciudad, se envía menos dinero a casa. Se estima que desde fines de 2008 hasta un tercio de los trabajadores de la confección, la construcción y el turismo en Camboya perdieron su trabajo, causando una pérdida de US$30 millones a US$45 millones en remesas a la zona rural.

Aun cuando la crisis parece afectar más que nada a aquellos en mejor posición económica, el efecto puede ser peor para la población muy pobre. Se sostuvo, por ejemplo, que la caída de las remesas internacionales a Ghana es más grave para la clase media, su habitual destinataria. Pero muchos de los hogares más pobres de Ghana también reciben remesas internacionales, que representan un 25% de su ingreso. En la primera mitad de 2009, las remesas cayeron US$95 millones frente al mismo período de 2008. Este fenómeno fue catastrófico para algunas de las familias más pobres de Ghana.

El costo humano

¿Qué significa esto para las personas? En su lucha por subsistir con ingresos aun menores, los más pobres recortan gastos y procuran complementar su renta. Pero estas estrategias de adaptación suelen aumentar la vulnerabilidad. El estudio de Oxfam sobre el efecto de la crisis en la mujer comprobó que muchas tomaron un segundo o tercer empleo o recurrieron al trabajo informal, que es más inseguro, más riesgoso para la seguridad física y no ofrece protección social.

Un resultado inevitable de la crisis es el hambre y la desnutrición, especialmente de los niños. Su origen fue el rápido crecimiento del precio de los alimentos en 2007 y 2008; la merma del ingreso de los hogares perpetúa el problema, aunque el precio de los alimentos se modera levemente. Un estudio de Oxfam sobre el efecto de la crisis observó que padres filipinos se salteaban comidas para que sus hijos comieran y que familias camboyanas comían alimentos de menor calidad o comían menos productos alimenticios. Se proyecta que en 2009 el hambre mundial alcance un récord y que algo más de una de cada seis personas pase hambre cada día.

El acceso a los servicios también se vio gravemente afectado. Las familias recortan el gasto en salud y retiran a sus hijos de las escuelas para “estirar el” dinero, como muestra, por ejemplo, el estudio de 2008 de Oxfam y Save the Children sobre el efecto de la carestía de los alimentos en el Sáhel. Aun en épocas mejores, el alto costo de la atención médica, que afecta más a quienes perciben menos ingresos, es uno de los principales factores de pobreza en los países en desarrollo y, unido a la caída del ingreso, produce una combinación mortal.

Oxfam se interesa por lo que debe hacerse y por cómo pagarlo.

Forjar la capacidad de resistencia

Esto destaca la necesidad de aumentar la inversión para reducir las necesidades de emergencia actuales y la vulnerabilidad en el largo plazo, ampliando la protección social, la atención médica y la educación. Los programas de protección social tuvieron un efecto notable en India, Etiopía y Brasil, y la sociedad civil de Zambia y otros países pide iniciativas similares. Además, si no se quiere deshacer el avance hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio y comprometer la senda de desarrollo de los países por la mala salud y la falta de educación de la población, es necesario brindar acceso universal y equitativo a servicios de salud y educación dotados de personal suficiente. Eso debe incluir, como mínimo, educación primaria y atención de salud gratuitas, tanto para mujeres como para hombres.

Ante la crisis, algunos gobiernos se esforzaron por mantener e incluso aumentar el gasto social. China hace inversiones récord en servicios de salud pública, como parte de su estímulo fiscal. La mayoría de los gobiernos de América Latina implantaron alguna medida anticíclica para amortiguar el efecto sobre los pobres y mantener el gasto social. El FMI informó del aumento del gasto social en la mayoría de los países de bajo ingreso donde tiene programas.

Es crucial que estas inversiones no sean solo un estímulo de corto plazo que se produzca mientras dure la crisis económica. Se necesita una inversión sostenida y de largo plazo para reducir la volatilidad del ingreso de los hogares pobres y crear servicios públicos más sólidos y accesibles. La crisis azotó con más fuerza a la población más pobre de los países en desarrollo, no porque estuvieran expuestos más directamente al mercado financiero de Londres o Nueva York, sino porque su acceso a bienes de primera necesidad como alimento, educación y atención médica ya es frágil.

Pagar el precio

La cuestión de la financiación es ineludible. Oxfam se interesa por lo que debe hacerse y por cómo pagarlo. Nos solidarizamos con los ciudadanos que exhortan a sus gobiernos a aumentar la inversión social. La situación actual hace que el desafío sea más arduo: según el Banco Mundial, en 2009 la crisis recortó US$11.600 millones de los fondos para salud, educación, protección social e infraestructura en los 60 países más pobres. La respuesta de la comunidad internacional debe incluir una ofensiva contra los paraísos fiscales que hacen perder a los países en desarrollo hasta US$500.000 millones por año, más respaldo para ampliar los impuestos internos progresivos y un acuerdo sobre normas de comercio justo.

La ayuda para el desarrollo no es una solución en sí misma, pero es crucial. Oxfam exige con firmeza que los gobiernos donantes cumplan sus compromisos. Es clara la necesidad de más subvenciones y financiamiento concesionario, y de ayuda previsible, de largo plazo y que los países sientan como propia, en lo posible, bajo la forma de ayuda presupuestaria. Los gobiernos donantes deben prestar los recursos prometidos.

La crisis actual ayudó a poner de relieve fuentes innovadoras de financiamiento, y los ministros de Hacienda analizan seriamente la posibilidad de gravar las operaciones financieras. Su inmensa cantidad indica que el tributo tendría enorme retorno: se proyecta que un tributo apenas superior a 5 puntos básicos (0,05%) podría recaudar hasta US$700.000 millones anuales, aunque a la vez se limite la operativa más especulativa. Economistas como Joseph Stiglitz subrayaron que es viable técnicamente. Además, podría adoptarse en algunas jurisdicciones y no en otras, de forma tal que la zona del euro y el Reino Unido podrían avanzar aun sin Estados Unidos y Japón.

Esta idea ganó impulso político en la coyuntura actual. En septiembre de 2009, en Pittsburgh, el G-20 dio instrucciones al FMI para que estudie cómo el sector financiero puede contribuir con el costo de reparar los daños causados por la crisis. Esperamos con interés el inicio de este estudio y una sólida consideración del impuesto a las operaciones financieras. Una actuación ambiciosa de las economías más grandes en este frente podría liberar enormes sumas, afectando apenas las millonarias bonificaciones y ganancias bancarias para calmar la especulación y generar ingresos que puedan fortalecer la resistencia de los más vulnerables ante futuras crisis.

Other Resources Citing This Publication