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Finance & Development, Diciembre 2008
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Críticas de Libros

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
March 2009
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El promedio del mundo árabe cuestionado

Marcus Noland y Howard Pack

The Arab Economies in a Changing World

Peterson Institute for International Economics, Washington, 2007, 350 págs. US$24,95 (rústica).

En The Arab Economies in a Changing World, Marcus Noland y Howard Pack examinan la evolución y las perspectivas económicas de 10 países árabes: Arabia Saudita, Argelia, Egipto, Jordania, Kuwait, Líbano, Marruecos, la República Árabe Siria, la República de Yemen y Túnez. Se presume que la homogeneidad de los países árabes permite comparar sus desempeños y perspectivas económicas. Después de haber escrito en 1976 un libro sobre la región que se extiende desde Marruecos hasta la República Islámica del Irán, puedo decir que la región árabe es poco homogénea. En 1997 lo corroboré en los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Estos países no presentaban la homogeneidad esperada (Arabia Saudita y Bahrein son escasamente comparables). Luego, en 2006, pensé que quizá los países exportadores de petróleo del Golfo Pérsico representaban el mejor indicador de homogeneidad, pero aun esto tiene sus limitaciones. Noland y Pack han llegado silenciosamente a la conclusión similar de que estos países son demasiado disímiles para admitir generalizaciones nítidas.

Archana Kumar es redactora de “Criticas de libros”.

Ideas fundamentales

Las principales conclusiones de este libro son: 1) si bien la mayoría de estos países ha avanzado mucho en sus indicadores sociales, sus resultados económicos han sido normales; 2) las causas de esos resultados varían; 3) las razones son las deficiencias institucionales (alto grado de corrupción, falta de integración transfronteriza, poca aplicación de tecnología e innovación, mejora de la educación y formación por debajo del promedio, etc.), gobiernos autoritarios, incertidumbre política y gran tamaño del sector público, y 4) en el caso de los países exportadores de petróleo, el crudo ha generado oportunidades y escollos especiales. En suma, los autores concluyen que no se cuestiona la magnitud de los logros alcanzados sino si los modelos económicos y políticos imperantes son adecuados para generar los empleos que impone la presión demográfica. “Casi seguramente la respuesta es no”, aseveran.

Si bien su análisis es reflexivo y muy significativo, me permito tener algunas discrepancias. Por ejemplo, en el libro no se le da la importancia justa a la participación de la mano de obra femenina en el desempleo futuro. También, debido a la diversidad de estos países, Noland y Pack pasan por alto que el desempeño de los países exportadores de petróleo del Golfo Pérsico entre 1975 y 2004 fue inferior al promedio.

Errores de omisión

Al evaluar las causas del desempeño económico promedio, los autores no subrayan el papel de los conflictos y las guerras. Iraq, Líbano, Kuwait, Argelia, Egipto, la República Árabe Siria y Jordania han pagado un alto precio y ciertos países del CCG sufragaron una parte.

Asimismo ignoran la influencia negativa de las potencias extranjeras, que han apoyado dictadores, aislado países, sancionado, presionado la venta de armamento sofisticado, o sencillamente dividido para conquistar. Los autores dicen: “Debido a la naturaleza inusitadamente arraigada y estable de los regímenes políticos árabes, este legado (o sea, el autoritarismo) parece haber sido mucho más persistente que en situaciones equivalentes de otras regiones”. Pero no dicen por qué. “Los aspectos cuestionados son fundamentalmente de naturaleza ‘interna’. En este caso, poco puede hacer la comunidad internacional”. La respuesta es que las potencias extranjeras deben cargar con parte de la culpa de ese autoritarismo y por las supuestas cuestiones internas de varios de estos países.

Si bien la mayoría de estos países ha avanzado mucho en sus indicadores sociales, sus resultados económicos han sido pasables.

Por último, aunque Noland y Pack afirman más de una vez que el Islam no es un factor clave para el desempeño económico de estos países, al parecer también se curan en salud: “Acaso las interpretaciones negativas del legado histórico del Islam antes analizadas sean correctas, pero la convergencia de las instituciones, las políticas y los comportamientos bastó para que se hayan atenuado los efectos en el mundo contemporáneo”. Solamente citan a un grupo de comentaristas y omiten puntos de vista contrarios, según los cuales el Islam destaca claramente la importancia de la prosperidad económica y la justicia económica para la comunidad musulmana.

Hossein Askari

Profesor iraní de negocios internacionales y asuntos internacionales

Universidad George Washington

¿Amigos o enemigos?

Bill Emmott

Rivals

How the Power Struggle Between China, India and Japan Will Shape Our Next Decade

Harcourt, 2008, 352 págs. US$26 (tela).

Durante 13 años, Bill Emmott fue director de The Economist, cargo de responsabilidad al que accedió tras una temporada como corresponsal de esa revista en Tokio durante los años ochenta. En esos días, en Estados Unidos y otros países cundía el temor de que Japón, con su expansión económica, estuviera decidido a rehacer el mundo a su imagen. Pero en 1989 Emmott escribió un libro contraintuitivo, The Sun Also Sets: The Limits to Japan’s Economic Power, donde vaticinaba como improbable que Japón continuara creciendo en los años noventa.

Con esa acertada predicción, Emmot participó en los debates sobre Asia con una buena dosis de credibilidad. Su partida de The Economist en 2006 le permitió retomar la pluma y producir una nueva dosis de observaciones reveladoras en Rivals: How the Power Struggle Between China, India and Japan Will Shape Our Next Decade. Atendiendo a las sutilezas y sin abundar en lugares comunes, Rivals es un aporte valioso y accesible al debate (a veces ampuloso) sobre el futuro económico y político de Asia.

¿Quién tiene razón?

Emmott comienza indicando que Asia jamás ha albergado tres países poderosos al mismo tiempo, y por tanto será esencial para el futuro del continente que puedan manejar bien sus mutuas relaciones políticas y económicas. El libro cita a un alto funcionario indio, del Ministerio de Asuntos Exteriores, que expresa un enfoque de suma cero: “Entienda que ambos [India y China] creemos que el futuro nos pertenece”, dice el funcionario. “Uno de los dos se equivoca”.

Las quejas de China por la conducta de Japón durante la segunda guerra mundial son aún una herida abierta, y muchos chinos acusan a los japoneses de no arrepentirse de sus crímenes de guerra. Y China todavía reclama el estado indio de Arunachal Pradesh, una disputa que condujo a una guerra en 1962, mientras que India dice ser el legítimo dueño de una parcela remota del Himalaya que hoy pertenece a China.

En este escenario, la decisión de China de aumentar su gasto militar en un 18% anual, y la de India de aumentar el suyo en un 8% (y firmar un pacto de energía nuclear con Estados Unidos) parecen siniestras. Incluso Japón, si bien es limitado lo que puede reforzar su ejército, el año pasado firmó una declaración de seguridad con Australia: la primera vez que Tokio participa en un acuerdo así desde que firmó el tratado de paz con Estados Unidos en 1952.

Lazos peligrosos

La noticia alentadora es que los tres países se están entrelazando a través de la integración económica. En julio de 2008, por ejemplo, Japón exportó más a China que a Estados Unidos, algo insólito. A medida que continúe el alto ritmo de crecimiento (al menos en China e India), esta integración deberá profundizarse, uniendo Asia en un grado sin precedentes desde las hazañas de Genghis Khan.

Pero ¿continuará la integración? Eso depende de la capacidad de cada país para emprender reformas que fomenten el crecimiento económico.

Los mercados de capital chinos, por ejemplo, tienen muchas deficiencias. El Vicepresidente de la Asamblea Popular China declaró el año pasado que el 70% de las sociedades cuyas acciones cotizan en bolsa carecen de valor y deben ser eliminadas de la lista oficial.

La economía india sigue en desventaja debido a una plétora de medidas regulatorias que sofocan la actividad empresarial (está clasificada en el puesto 134 de Doing Business del Banco Mundial). Y la infraestructura del país y la ineficiencia del sistema de gobierno desestimulan la inversión y el crecimiento económico.

La economía de Japón sigue plagada de ineficiencias generalizadas, y el índice Nikkei recientemente cayó hasta su nivel más bajo desde 1982. En 1998, siendo director de The Economist, Emmott publicó un artículo de portada: “Japan’s Amazing Ability to Disappoint”; el título (La increible capacidad de Japón para decepcionar) aún tendría vigencia hoy.

Firmar la paz

Emmott finaliza con varias recomendaciones para manejar la rivalidad entre las tres naciones, que incluyen iniciativas sobre la seguridad (persuadir a India para que firme el Tratado de No Proliferación Nuclear); el medioambiente (reducir las emisiones y aumentar la inversión en energía limpia), y la diplomacia (recabar el apoyo de Estados Unidos a la Cumbre de Asia Oriental iniciada en 2005, porque es el único organismo regional que abarca a China, India y Japón). Dado el éxito de las predicciones de Emmott, resulta curioso que no haya anunciado si los tres países serán rivales autodestructivos o aliados para su mutuo beneficio.

Sin embargo, observa con razón que del comportamiento de China dependerán las relaciones entre los tres países. El éxito de las Olimpíadas de Beijing hará maravillas para la imagen de China, pero aún valen más las palabras de Deng Xiaoping sobre el punto de vista chino respecto al gobierno: “La estabilidad está por encima de todo”. A Japón y a India, así como a otras naciones de Asia, solo les cabe esperar que esto signifique un compromiso con la alianza regional, y con la paz.

Matthew Rees

Presidente, Geonomica

La mirada en el precio

Robert J. Samuelson

The Great Inflation and Its Aftermath

The Past and Present of American Affluence

Random House, Nueva York, 2008, 336 págs., US$26 (tela).

La Reserva Federal de Estados Unidos, “la Reserva”, ha cometido dos errores garrafales en sus 95 años de existencia. Agravó la Gran Depresión de los años treinta al negarse a inyectar liquidez en una economía mundial sedienta, y en los setenta permitió que la inflación se disparara al no absorber la liquidez que ahogaba al mundo. La Gran Depresión persiste en la memoria pública, pero el recuerdo de la Gran Inflación se ha desvanecido.

El libro de Robert Samuelson rescata la “historia perdida” de la Gran Inflación, un episodio que el autor considera como el peor error de política interna del gobierno estadounidense desde 1945. Pero mucho más que la mera historia de la derrota de la inflación, este libro es una de las mejores narraciones de la historia económica de Estados Unidos y del mundo a partir de 1960.

Una lluvia sin fin

Entre 1960 y 1979, la inflación en Estados Unidos pasó de menos de 1½% a casi 13½% anual. Los aumentos de los precios, dice Samuelson, fueron “como una lluvia sin fin”. En aquel momento, los estadounidenses protestaron con vehemencia contra este aumento de la inflación que, según las encuestas, fue “más irritante” que la guerra de Vietnam y el escándalo Watergate.

Samuelson sostiene que haber permitido que la inflación trepara a dos dígitos tuvo consecuencias devastadoras para la economía estadounidense en los años setenta. El alto nivel de inflación, que “indiscutiblemente desestabilizó la economía y originó cuatro recesiones de gravedad creciente”, la volatilidad y las altas tasas de interés correspondientes impidieron aumentar el nivel de vida al reducir el crecimiento de la productividad, estancar la bolsa y conducir a una serie de crisis de deuda que afectaron a “agricultores e instituciones de ahorro y préstamo de Estados Unidos y de países en desarrollo”.

¿Fue esa lluvia sin fin solo una mala racha? El autor lo niega y asegura que fue la “consecuencia perversa de políticas bien intencionadas, promovidas por algunos de los economistas más eminentes de la nación”. En los años cincuenta y principios de los sesenta, los economistas llegaron a creer que había una relación inversa estable entre la inflación y el desempleo, y que se podría reducir el desempleo aceptando un poco más de inflación. La Reserva fue un cómplice importante en el desencadenamiento de la Gran Inflación. Todas las inflaciones importantes implican demasiado dinero a la caza de muy pocos bienes, y la peor inflación estadounidense en tiempos de paz ocurrió, escribe Samuelson, “porque el gobierno, a través de la Reserva, creó demasiado dinero”.

¿Un nuevo día en Estados Unidos?

¿Cómo se redujo la inflación desde los dos dígitos de 1980 a apenas 4% hacia 1982? Samuelson sostiene que esto “fue sobre todo el logro de dos hombres: Paul Volcker y Ronald Reagan”. Pero lo que tuvieron que hacer para batir la inflación no fue agradable. Esencialmente, la Reserva, bajo la presidencia de Volcker, restringió la liquidez tanto como para provocar la “depresión económica más dura” desde la Gran Depresión. El papel del ex presidente Reagan fue permitir que la Reserva mantuviera esta política “lo suficiente para modificar la psicología inflacionaria”. Aun hoy, dice Samuelson, los costos sociales de lo que la economía estadounidense tuvo que soportar entre 1980 y 1982 para reducir la inflación “parecen horrendos”.

Para Samuelson, la derrota de la inflación marca un hito en “la prosperidad del último cuarto de siglo”, pues revocó buena parte de los efectos adversos de permitir que la inflación llegara a dos dígitos. Estos años se caracterizaron por el crecimiento del ingreso estadounidense, que superó al de otras naciones avanzadas; la vitalidad empresarial se manifestó en el nacimiento de empresas tales como Microsoft, y renació la confianza en el dólar estadounidense. Esta vitalidad ayudó a transformar las finanzas internacionales al estimular un notable auge del flujo internacional de capitales.

El panorama vuelve a oscurecerse

Ningún éxito es puro, ni dura para siempre. Samuelson admite que los 25 años de bonanza económica tuvieron sus sombras y quizás estén llegando a su fin. Los años que siguieron a la derrota de la inflación fueron de crecimiento económico, pero era “una sociedad más austera que había vuelto a regir su existencia más por los preceptos del mercado”. Y la prosperidad prolongada, con un crecimiento económico continuo y apenas dos leves recesiones, ayudó a “generar autocomplacencia y negligencia” sobre las consecuencias de la creciente complejidad de las finanzas internacionales, culminando en la actual turbulencia.

Samuelson señala que los nexos entre el sistema financiero y el resto de la economía, que con el paso del tiempo se han vuelto “más intensos y menos predecibles”, deberán comprenderse mejor para restablecer la prosperidad de las últimas décadas. Si bien es necesario aprender cosas nuevas, Samuelson confía en que no se olviden las enseñanzas de la derrota de la inflación: “La lección de la Gran Inflación es que la inflación debe ser cortada de raíz: cuanto más esperemos, más difícil será”.

Prakash Loungani

Asesor, Departamento de Estudios del FMI

Una voz apasionada

Jagdish Bhagwati

Termites in the Trading System

How Preferential Trade Agreements Undermine Free Trade

A Council on Foreign Relations book, Oxford University Press, 2008, 160 págs., US$24,95 (tela).

Cuando el matemático Stanislaw Ulam desafió a Paul Samuelson, la indiscutida eminencia de la economía del siglo XX, a que señalara un solo postulado de todas las ciencias sociales que fuera veraz y no trivial, este propuso el principio de la ventaja comparativa: “que es lógicamente cierto no requiere demostración matemática; y no es trivial, como lo demuestran los millares de personajes inteligentes que nunca han podido comprender la doctrina por sí mismos o creerla después de que se la explicaran”. Tal como lo señalaría Jagdish Bhagwati, un coloso de la economía internacional del siglo XX y autor de Termites in the Trading System, esos miles de personajes inteligentes tampoco pudieron captar la diferencia entre libre comercio y zonas de libre comercio (acuerdos comerciales de un grupo de países, que más abajo se describen con mayor precisión), aunque dicha diferencia también se derive de un pequeño conjunto de axiomas, y eso pone en peligro el sistema mundial de comercio.

Hace mucho que Bhagwati ha venido alertando a gente importante e inteligente sobre esta diferencia y su relevancia, a través de obras académicas y artículos en la prensa general. A principios de los años noventa, cuando se empezaban a adoptar los acuerdos de comercio preferenciales (ACP), su voz fue la única que se opuso a esta fragmentación del sistema comercial (véase su artículo de 1993 “Regionalism and Multilateralism: An Overview,” en New Dimensions in Regionalism, editado por Jaime DeMelo y Arvind Panagariya, Nueva York: Cambridge University Press). Ahora, con cientos de ACP, y con un aumento proporcional de la complejidad en las normas que rigen el flujo de bienes y servicios hacia estos países, la advertencia de Bhagwati parece particularmente profética.

Aunque el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), establecido en 1948, tenía como principio fundamental la no discriminación, aprobó, a través del Artículo XXIV, excepciones a este principio, al permitir ACP en forma de zonas de libre comercio y uniones aduaneras. Según las definiciones vigentes, los miembros de las zonas libres, tales como el TLCAN, y las uniones aduaneras, como la Unión Europea, deben eliminar las barreras internas, pero también deben acordar un arancel externo común sobre las importaciones provenientes de los países no miembros. Si bien se supone que las zonas libres y las uniones aduaneras eliminan las barreras comerciales entre sus miembros, ello no equivale a un comercio libre multilateral. Los aranceles discriminatorios que los miembros imponen a los no miembros implican un posible abastecimiento ineficiente de importaciones, con secuelas normativas importantes (y tal vez adversas) para todos. Concretamente, como demostró Jacob Viner en su análisis clásico de 1950 (en The Customs Union Issue, Nueva York: Carnegie Endowment for International Peace), entre los países miembros puede “crearse” cierto comercio de bienes que ellos producen con mayor eficiencia que el resto del mundo, pero también se podría “desviar” el comercio de países eficientes no miembros debido a las preferencias que los países miembros se otorgan entre sí. Así, los países miembros bien podrían terminar peor.

En 100 páginas dinámicas empapadas de su característico ingenio y sabiduría, Bhagwati desmenuza el tema de los ACP con precisión académica, profundidad histórica y atención a los detalles de política económica. En el capítulo 2, analiza los orígenes históricos del Artículo XXIV del GATT y los imperativos políticos que indujeron a Estados Unidos a abandonar su postura basada en el principio de la no discriminación y admitir excepciones. Sus argumentos del capítulo 3 sobre las consecuencias negativas del desvío del comercio en la práctica, basados en observaciones recientes, añaden solidez empírica a la impugnación teórica de las preferencias comerciales. También profundiza sobre las consecuencias del comercio preferencial para el sistema comercial multilateral, y sin duda tiene razón en que la actual evolución del sistema comercial hacia una red caótica de ACP con superposiciones e intersecciones (fenómeno que él bautizó con éxito “plato de espagueti”) jamás podría ser eficiente. En el capítulo 4, invita a los países a evitar las iniciativas bilaterales y adoptar una liberalización multilateral de amplia base para diluir los efectos distorsivos de las preferencias comerciales y acercarnos al libre comercio mundial.

¿Pero lo escucharán estas miles de personas importantes e inteligentes? En estas últimas décadas, Bhagwati, como un buen compositor clásico indio, ha generado todas las variaciones posibles del argumento a favor del libre comercio y los métodos multilaterales para lograrlo. Termites contiene algunos de los argumentos más impactantes de Bhagwati para diferenciar entre el libre comercio y las zonas de libre comercio, las más sólidas refutaciones a los que confunden ambas cosas, y descripciones vehementes de las consecuencias que esta confusión ha generado para el sistema comercial. Sus argumentos merecen seria atención.

Pravin Krishna

Profesor de la cátedra

Chung Ju Yung de Economía Internacional

Universidad Johns Hopkins

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