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La revolución urbana: La urbanización rápida puede resultar una bonanza, siempre que el mundo esté bien preparado

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
October 2007
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David E. Bloom y Tarun Khanna

EL AÑO 2008 marcará un hito en la compleja revolución urbana que vivimos. Por primera vez en la historia, más de 50% de la población mundial vivirá en cascos urbanos (gráfico 1) y, de mantenerse el ritmo actual, la cifra podría aumentar a 60% para 2030, según proyecciones de la ONU.

Gráfico 1Se inclina la balanza

Según las proyecciones, el año próximo, por primera vez en la historia, habrá más población urbana que rural.

(Porcentaje)

Fuente: Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales. División de Población, World Population Prospects: The 2006 Revision (2007).

Muchos lo ven como un hecho positivo, fruto natural de la modernización e industrialización de las sociedades, y destacan las numerosas ventajas de la vida urbana: desde un ingreso promedio superior hasta una mejora de la salud. Otros no comparten del todo ese entusiasmo, al considerar que la urbanización no es un proceso natural, sino que responde al favoritismo de la política pública y de la inversión por las ciudades, que empuja a la población rural a migrar en busca de empleo. Esa evaluación negativa se apoya en dimensiones desdichadas de la urbanización, como la tasa delictiva y los barrios de emergencia. Es fundamental comprender y conciliar estas visiones encontradas para poder elaborar programas y políticas eficaces de desarrollo económico en las próximas décadas.

La dinámica de la urbanización

Si persiste la tendencia de las últimas décadas, el crecimiento urbano ocurrirá principalmente en los países en desarrollo (véase “Las ciudades en marcha” en la pág. 18). En las regiones desarrolladas, la población urbana apenas aumentará durante los 25 próximos años, en tanto que en las regiones menos adelantadas el salto será especialmente pronunciado (gráfico 2).

Gráfico 2Crecimiento desigual

El crecimiento urbano estará concentrado en los países en desarrollo.

(Población urbana, miles de millones)

Fuente: Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Población, World Population Prospects: The 2006 Revision (2007).

Nota: El gráfico se basa en las definiciones comentes de regiones más o menos desarrolladas. Algunos países pertenecerán a regiones más desarrolladas con el correr del tiempo; teniendo en cuenta ese hecho, el gráfico habrá cambiado para el año 2030.

1Los países menos adelantados, según la definición elaborada por la Asamblea General de la ONU en 2003, son 34 en África, 10 en Asia. 1 en América Latina y el Caribe, y 5 en Oceania.

Corresponde hacer aquí una observación sobre la interpretación de estos datos. Los gobiernos otorgan a una zona la denominación de “urbana” con criterios dispares —parámetros administrativos, densidad demográfica, composición de la actividad económica— y a veces ni siquiera hacen una distinción entre “rural” y “urbano”. Las definiciones de la ONU son útiles, pero consisten más bien en agregaciones de estos indicadores disímiles.

Aun así, es mucho lo que podemos decir sobre la urbanización y sus efectos. Para empezar, sabemos que ocurre por tres vías. La más visible es la migración desde zonas rurales hacia zonas urbanas, como sucedió recientemente en China. Segundo, puede producirse un “aumento natural” de la población urbana, y la ONU estima que ese es el origen de 60% del crecimiento urbano. Por último, el crecimiento demográfico puede llevar a reclasificar una zona rural como urbana.

También sabemos que el proceso de urbanización ha sido desigual. Algunas ciudades atraen más migración que otras. Aunque 84% de la población urbana mundial vive en ciudades de tamaño pequeño o intermedio, el resto vive en ciudades grandes o en “megaciudades” (más de 10 millones de habitantes). Las megaciudades han aumentado considerablemente en número durante las tres últimas décadas, pero aún no llegan a albergar 5% de la población mundial (gráfico 3). Más impresionante aún parece el crecimiento de las “metaciudades” (más de 20 millones de habitantes) durante la década venidera. La zona metropolitana de Tokio ya aglomera a más de 35 millones, y para 2015 probablemente se le hayan sumado Bombay, Sao Paulo y la Ciudad de México (véase el cuadro).

Gráfico 3El nacimiento de la megaciudad

Pese a su tamaño, las megaciudades apenas albergan alrededor de 5% de la población mundial.

(Porcentaje de la población mundial)

Fuente: Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Población, World Urbanization Prospects: The 2005 Revision (2006).

Las megaciudades pueden exacerbar los problemas de la urbanización, sobre todo si es rápida. Crear empleos, viviendas y infraestructura sanitaria, y proporcionar transporte, educación y atención de la salud es una tarea complicada para los países ricos y aún más para las naciones en desarrollo, que están experimentando el aumento más marcado del número de megaciudades.

Por último, hay factores socioeconómicos y políticos que apuntalan la urbanización, y sobre todo el desplazamiento hacia las ciudades: la búsqueda de empleo (o de mayor remuneración), mejor calidad de vida en términos de salud y educación, y más diversidad en cuanto a ocio y estilo de vida. La atracción puede obrar a través de la representación de la vida urbana en los medios de comunicación o del éxito cosechado por parientes que ya emigraron a la ciudad. La urbanización también está vinculada a cambios a nivel nacional, como la concentración de inversión pública y extranjera en las zonas urbanas, y procesos sociales como la disminución de la fecundidad.

¿Qué motiva a los entusiastas de la urbanización?

Los motivos que alientan a los entusiastas de la urbanización en los países en desarrollo son varios. Primero, muchos de sus beneficios los capitalizan los particulares, y uno de los más notables es un nivel de ingresos generalmente superior. En China, el ingreso promedio de los hogares urbanos es casi el triple del que perciben los hogares rurales.

Otros factores que mejoran la calidad de vida pueden ser más frecuentes en las ciudades. Entre otras cosas, los programas públicos se pueden aplicar con más eficiencia en los núcleos urbanos, aprovechando las economías de escala del transporte, las comunicaciones, el abastecimiento de agua, la infraestructura sanitaria y la recolección de residuos.

Los sistemas de enseñanza pueden ser más eficaces gracias a una oferta más amplia de docentes. En los países en desarrollo, la escolarización suele ser más elevada en las ciudades, e incluso los barrios de emergencia urbanos logran mejores resultados que las zonas rurales. Análogamente, las tasas de alfabetización de la mujer son en promedio 35% más altas en la ciudad que en el campo. La diferencia se observa también en la atención de la salud: la concentración de profesionales y la especialización médica significan que la inversión en salud es potencialmente más rentable en las metrópolis.

Las mayores aglomeraciones urbanas del mundo

La mayoría está en Asia, seguida de lejos por América Latina.

Clasificación
✓Megaciudad (10-20 millones)
✓✓Metnciudad (>20 millones)
CludadPoblación (2005, millones)197520052015
Tokio, Japón35,2✓✓✓✓✓✓
Ciudad de México, México19,4✓✓
Nueva York, Estados Unidos18,7
São Paulo, Brasil18,3✓✓
Bombay, India18,2✓✓
Delhi. India15,0
Shanghai. China14,5
Calcuta, India14.3
Yakarta, Indonesia13,2
Buenos Aires, Argentina12,6
Dhaka, Bangladesh12.4
Los Ángeles, Estados Unidos12,3
Karachi, Pakistán11,6
Río de Janeiro, Brasil11,5
Osaka-Kobe, Japón11,3
El Cairo, Egipto11,1
Lagos, Nigeria10,9
Pekín, China10,7
Manila, Filipinas10,7
Moscú, Rusia10,7
Fuente: Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Población. World Urbanization Prospects: The 2005 Revision (2006).
Fuente: Naciones Unidas, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, División de Población. World Urbanization Prospects: The 2005 Revision (2006).

En la mayoría de las zonas urbanas, la fecundidad deseada y la efectiva son relativamente bajas porque el cuidado de los hijos es más costoso cuando el padre y la madre trabajan fuera, la vivienda es más cara, los niños no tienen tanto valor en la producción doméstica y los servicios de planificación familiar y salud reproductiva son más accesibles. Las familias con menos hijos pueden concentrar con más facilidad los recursos en la crianza de cada uno, afianzando sus perspectivas económicas.

Segundo, según los optimistas, la urbanización surte efectos positivos a nivel nacional. La urbanización es parte natural de la transición de la agricultura a la industria y los servicios, con el consecuente aumento de la productividad. Las ciudades atraen comercios y empleos, y la concentración de industrias y servicios a su vez acelera la productividad. Y ese no es el único estímulo de la productividad. Por ejemplo, al existir más oportunidades de división del trabajo (gracias a una mayor densidad demográfica y a la variedad laboral de la industria), hay más probabilidades de especialización intraindustrial. Las empresas pueden aprender más de sus competidores y de sus proveedores, y la proximidad a los mercados les permite adaptarse mejor a la demanda. Sumando el costo relativamente más bajo del transporte, los costos de operación disminuyen. Y, al reunir mucha formación y creatividad en un solo lugar, la ciudad funciona como una incubadora de ideas y tecnologías que aceleran el progreso económico. Además, el hecho de que la vida urbana frene la fecundidad podría producir un “dividendo demográfico” para toda la sociedad: la generación nacida antes de la caída de la fecundidad puede desempeñar más trabajo remunerado y ahorrar más, ya que tiene que criar menos niños durante los años más productivos.

Los optimistas afirman que la urbanización contribuye al desarrollo rural. La gente que emigra a la ciudad suele enviar remesas a su familia en el campo. Como la migración reduce la mano de obra libre en las zonas rurales, puede causar un alza de los salarios. La urbanización parece estar más correlacionada con la disminución de la pobreza en el campo que en la ciudad, pero eso se debe en parte a que las ciudades terminan albergando población pobre que antes vivía en zonas rurales (véase “Pobreza en la urbe” en la pág. 15).

Sin embargo, no se sabe con certeza si todos estos beneficios aparentes contribuyen a incrementar el PIB real per capita. Detectamos una correlación positiva multinacional entre el ingreso y la urbanización, como muestra el gráfico 4 (panel superior), que yuxtapone datos a nivel de país sobre el PIB real per capita y el porcentaje de la población que vivía en zonas urbanas entre 1960 y 2004. Pero la rotación ascendente de la correlación a lo largo del tiempo indica que los niveles de ingreso correspondientes a cada nivel de urbanización fueron más altos en 2004 que en 1960. Además, el hecho de que las curvas fueran poco pronunciadas cuando el desarrollo era incipiente concuerda con la tesis de que los vínculos entre la urbanización y el ingreso son relativamente tenues a niveles de desarrollo bajos.

Gráfico 4¿Hay más riqueza?

La urbanización suele estar asociada al aumento del ingreso ...

Fuentes: Banco Mundial, Development Indicators (2007); y Penn World Tables versión 6.2.

1Tamaño de la muestra: 1960 N = 97; 2004 N = 79.

Además, si la urbanización ejerciera un efecto profundo sobre el ingreso per capita, cabría esperar que los países o regiones que se urbanizan más rápidamente experimentaran un alza más marcada del ingreso. Pero, aunque la urbanización de África durante los 45 últimos años estuvo acompañada de un crecimiento económico anémico, en Asia, cuyo grado de urbanización fue casi idéntico, el crecimiento económico fue veloz (panel inferior del gráfico 4). Esta comparación no excluye un vínculo entre la urbanización y el crecimiento económico — por ejemplo, el crecimiento del ingreso africano quizás habría sido aún más lento si no hubiera habido urbanización—, pero sí lleva a pensar que hay factores más determinantes del aumento del ingreso. Otros estudios más detallados basados en análisis multivariables de datos de panel multinacionales entre 1960 y 2000 arrojan más dudas sobre la urbanización como determinante significativo del crecimiento económico.

Un estudio reciente del Banco Mundial (Ravallion, Chen y Sangraula, 2007), por el contrario, presenta datos que coinciden con la opinión de que la urbanización conduce a una disminución de la pobreza al promover el crecimiento económico. El análisis tiene en cuenta —ingeniosa y debidamente— las diferencias en el costo de vida urbano y rural, y presenta pruebas contundentes de que la urbanización promueve la caída de las tasas de pobreza absoluta en zonas rurales y urbanas. Pero los autores no analizan directamente el aumento del ingreso y la causalidad no está probada.

Tren recargado de pasajeros en Bombay.

Las luces de Times Square en Nueva York.

¿Qué preocupa a los pesimistas?

Los críticos consideran perniciosa la urbanización en los países en desarrollo por varias razones, entre ellas su impacto en el medio ambiente y la calidad de vida. Debido a los embotellamientos de tráfico, la concentración de industrias y la recolección deficiente de residuos, las ciudades están más contaminadas y muchas veces superan la capacidad local de absorción de desechos, lo cual atenta contra la salud. La carga que las aglomeraciones urbanas representan para las tierras, las aguas y los recursos naturales es desproporcionada en relación con la superficie que ocupan y, debido al elevado nivel de ingreso y consumo, con la población que albergan.

Si bien la urbanización puede incrementar los ingresos, también está vinculada a un aumento de la pobreza urbana: a escala mundial, la tasa de crecimiento de la población urbana pobre es superior a la tasa de crecimiento de la población urbana. Y, en las ciudades del mundo en desarrollo, la desigualdad es clarísima. Como el costo de las viviendas de calidad es tan elevado en la ciudad, los pobres suelen vivir hacinados y en condiciones insalubres en barrios de emergencia. Según las estimaciones de la ONU, el número de personas que viven en barrios de emergencia superó los 1.000 millones en 2007 y podría llegar a 1.390 millones para 2020, aunque hay grandes variaciones entre región y región (gráfico 5). La mayor concentración ocurre en Asia, sobre todo en el Sur, donde la mitad de la población urbana reside en barrios de emergencia. Pero, en términos porcentuales, la lista la encabeza África subsahariana: sus barrios de emergencia acogen a alrededor de 72% de la población urbana.

Gráfico 5Los barrios de emergencia, en expansión

Más de una de cada siete personas vive en un barrio de emergencia.

(Población de los barrios de emergencia, en miles de millones)

Fuente: UN-HABITAT, base de datos Global Urban Observatory (2005).

Nota: Las cifras de 1995 se han interpolado utilizando estimaciones de 1990 y 2001. Las cifras de 2005 son proyecciones; Australia. Nueva Zelandia y Japón pertenecen a las regiones más adelantadas.

En muchas de estas comunidades se practica la defecación al aire libre, tan perjudicial para la salud y la estética. La malnutrición es mucho más frecuente; según UN-HABITAT, en Etiopía la tasa de malnutrición infantil es de 47% en los barrios de emergencia, frente a 27% en otras zonas urbanas. La mortalidad infantil es más elevada, y la escolarización primaria, más baja. Además, los habitantes de estos barrios son más vulnerables a la contaminación y las catástrofes ambientales.

Estas desigualdades muchas veces conducen a otros problemas sociales —a veces más graves— como el delito y la violencia. El crecimiento demográfico urbano en los países en desarrollo está alimentado en gran medida por la población joven. El Fondo de Población de las Naciones Unidas proyecta que, para 2030, el 60% de los habitantes de las zonas urbanas tendrá menos de 18 años. La proporción de jóvenes es especialmente elevada en los barrios de emergencia, donde las oportunidades de empleo son limitadas. Esta combinación de juventud y pobreza puede traducirse en fuertes tasas delictivas. Algunos expertos piensan que la creciente concentración demográfica en las grandes ciudades generará graves conflictos que afectarán a las zonas urbanas y a países enteros.

El futuro de la urbanización

A pesar de los supuestos beneficios de la urbanización, hay indicios de que puede obstaculizar el desarrollo y exacerbar los problemas ambientales, sobre todo si ocurre con rapidez. Más allá de que juegue o no un papel importante en el desarrollo económico, la urbanización puede ser a todas luces promotora de la salud y la educación si está debidamente controlada. Su desenlace quizá dependa de un traspaso adecuado de poder entre diferentes grupos, como los gobiernos nacionales y regionales, la sociedad civil y los titulares legítimos de derechos de propiedad privada (véase “¿Grandes o demasiado grandes?” en la pág. 20). Pero actualmente ese no parece ser el caso (véase “¿Cuál es la mayor dificultad de administrar una ciudad grande?” en la pág. 24).

Pesado tráfico de peatones y vehículos en Lagos.

De compras en un mercado de El Cairo.

Autopistas en Ciudad de México.

Según una encuesta reciente realizada por la ONU entre los gobiernos de países en desarrollo, apenas un 14% está satisfecho con la distribución de su población entre zonas rurales y urbanas y entre los diferentes tamaños de ciudad. Entre los demás, la mayoría lamentó la creciente urbanización. Alrededor de 73% de los encuestados había adoptado medidas para desacelerarla, y solo 3% había actuado para acelerarla.

La mayoría de las políticas encaminadas a reducir la urbanización pretende poner freno o dar marcha atrás al desplazamiento desde las zonas rurales hacia las urbanas, lanzando planes de empleo rural o denegando servicios a los emigrantes cuando llegan a la ciudad. Pero el rápido aumento de esa migración muestra que existe una demanda vigorosa, poco probable de atenuar mediante la adopción de políticas, al menos a corto plazo. Detener la migración significa privar a los emigrantes potenciales de la oportunidad de forjarse una vida mejor, amenaza con agudizar la pobreza y el resentimiento, y constituye una violación de sus derechos. Además, limita la posibilidad de que las zonas rurales se beneficien de las remesas. Y, en última instancia, puede ser un intento vano: los emigrantes suelen ingeniárselas para encontrar la manera de sobrevivir en la ciudad, sean cuales fueren los obstáculos.

Como el crecimiento urbano en los países en desarrollo se debe más que nada a la expansión de la población residente y no a la migración del campo a la ciudad, lo ideal sería poner en marcha programas de empoderamiento femenino, como los de salud reproductiva, en los cascos urbanos. La mejora de la enseñanza, la adopción de leyes laborales que tengan en cuenta a la mujer y la aplicación de políticas que amplíen sus oportunidades de empleo contribuirán a reducir la fecundidad, ya que cuando la mujer tiene buenas perspectivas profesionales es más probable que la pareja opte por una familia más pequeña. La planificación familiar y la atención de la salud reproductiva pueden facilitarle el alcance de ese logro. Obviamente, estas políticas tienen otros beneficios, como el de reducir la pobreza femenina y promover la salud materna e infantil, mejorando así las condiciones de vida en las ciudades.

Probablemente resulte más importante prepararse para una creciente urbanización y adaptarse a ella que intentar prevenirla. La planificación urbana no es un lujo, sino una necesidad. La inversión en infraestructura es vital para evitar problemas sanitarios y ambientales y aprovechar al máximo las oportunidades económicas que la ciudad ofrece. El precio será elevado: según estimaciones del Banco Asiático de Desarrollo, Asia, por sí sola, necesitará billones de dólares de inversión en infraestructura para poder hacer frente a las tasas de urbanización.

En muchos casos, la planificación requerirá innovaciones tecnológicas e institucionales. Tomemos el ejemplo del transporte. Londres y Singapur han frenado los embotellamientos y la contaminación imponiendo tarifas a la circulación de automotores en ciertas zonas congestionadas; Delhi ha reducido la contaminación exigiendo el uso de gas natural en mototaxis y autobuses; Bangkok ha adoptado políticas parecidas; la ciudad brasileña de Curitiba creó un sistema de autobuses de gran capacidad que circulan por carriles exclusivos a lo largo de los trayectos más frecuentados a una fracción del costo de una red de subterráneos, gracias a lo cual ha recortado drásticamente el tráfico automotor pese al aumento de la población; el mismo sistema fue posteriormente implantado en Quito y Bogotá.

Otro ejemplo es la construcción de “ciudades ecológicas”. En China, por ejemplo, los urbanizadores han comenzado a construir una ciudad cerca de Shanghai que presuntamente no producirá prácticamente ninguna emisión de carbono, entre otras ventajas. Cuando esté terminada, Dongtan no resolverá los problemas urbanos y ambientales que afectan cada vez más a China, pero podría ser un nuevo paradigma de ciudad verde. Y es necesario combatir el enmarañamiento urbano incluso a nivel de cada edificio: el complejo Roppongi Hills de Tokio congrega espacios residenciales, comerciales y culturales, y es muestra del ímpetu emprendedor que el sector privado puede aportar a la planificación de las metrópolis.

Los planificadores también deben esforzarse por mejorar el mercado de los terrenos urbanos. Muchas ciudades del mundo en desarrollo que se están urbanizando rápidamente carecen de un sistema de propiedad formal e integrado, o tienen un sistema sumamente burocratizado. Los pobres, a su vez, a menudo ocupan terrenos sin un título de propiedad oficial y por ello no pueden utilizar sus activos como garantía de préstamos que les permitan abrir un negocio, suavizar el consumo o costear emergencias. Hernando de Soto, conocido economista peruano experto en desarrollo, piensa que la formalización del derecho de propiedad sobre las tierras puede ser un catalizador del desarrollo económico. Para alentar ese proceso, los planificadores podrían plantearse la posibilidad de liberalizar algunos elementos de la regulación del uso de las tierras, por ejemplo simplificando la tramitación e inscripción de títulos de propiedad, como ha sugerido el Banco Asiático de Desarrollo. Como alternativa, los gobiernos podrían brindarles a los hogares de muy bajo ingreso acceso a terrenos asequibles mediante créditos o subsidios. La obtención de títulos de propiedad no es una solución mágica, pero si se generaliza incentivará la difusión de información necesaria para crear un mercado inmobiliario urbano eficiente.

Cómo formar un equipo de planificación urbana

UN-HABITAT sostiene que, a la hora de emprender la planificación urbana, la descentralización de potestades es vital. El gobierno central muy a menudo se concentra en la capital, donde tiene su sede, en detrimento de las ciudades más pequeñas. Según Vernon Henderson (2002), en las primeras etapas de la urbanización quizá resulte económicamente eficiente que las industrias se concentren en un casco urbano y así estimulen la formación de instituciones, infraestructura y mano de obra calificada. Pero más adelante la inversión en transporte y comunicaciones entre ciudades, el traspaso de las potestades recaudatorias a las autoridades regionales y el fomento de las oportunidades de empleo en otras ciudades pueden contribuir a repartir la carga de la urbanización para que el proceso resulte más manejable. Obviamente, es necesario fortalecer las capacidades a nivel regional para que ese traspaso de poderes sea productivo, y establecer un sistema de equilibrio entre la autoridad central y las autoridades regionales.

Algunos países han instituido mecanismos regionales de gobierno frente a este problema. El Reino Unido, por ejemplo, ha creado entidades de desarrollo regional que reciben fondos del gobierno central y tienen total libertad para invertirlos en los programas que consideran promotores del desarrollo laboral y económico de la región. China ha establecido zonas económicas especiales, en parte para dispersar las poblaciones urbanas a lo largo y a lo ancho del país. Como estas zonas están sujetas a un marco regulatorio y tributario más liberal, atraen más empresas y, por ende, emigrantes en busca de empleo.

La potestad de tomar decisiones sobre la urbanización, o al menos de influenciarlas, también debe obrar a niveles por debajo del regional. Para que la implementación de infraestructuras y otras mejoras dé resultado se debe alentar la participación de las comunidades directamente afectadas, incluidos los barrios de emergencia. Después de todo, las autoridades de las municipalidades y de los distritos están más próximas que los gobiernos centrales a las necesidades de las poblaciones urbanas. Los comercios locales también conocen bien la situación circundante y desempeñan un papel crítico en la creación de puestos de trabajo. Sin embargo, antes de descentralizar el control de los recursos y distribuirlo localmente, quizá corresponda fortalecer las instituciones —otro elemento de la estrategia de desarrollo—, sobre todo en las zonas donde la capacidad de gobierno probablemente sea débil.

La urbanización es un proceso incontenible en los países en desarrollo, y quizá nada lo demuestre con más contundencia que la inutilidad de los intentos gubernamentales por ponerle freno. A menos que el crecimiento urbano esté planificado, las ciudades sufrirán efectos negativos, como deterioro ambiental, problemas de salud y hacinamiento. Con una planificación adecuada, por el contrario, podría florecer una clase trabajadora joven y emprendedora que ejerciera un efecto beneficioso en la población urbana ya asentada y en los nuevos emigrantes y las poblaciones rurales. La planificación urbana sostenible exige una amplia variedad de participantes a quienes el gobierno central debería abrir el proceso decisorio, como mínimo en calidad consultiva, si no ejecutoria.

David E. Bloom es titular de la cátedra Clarence James Gamble de Ciencias Económicas y Demografía en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Harvard. Tarun Khanna es titular de la cátedra Jorge Paulo Lemann de la Facultad de Ciencias Empresariales de la misma universidad.

Referencias:

    BeckerCharles M.2007Urbanization and Rural-Urban Migration”de próxima publicación en International Handbook of Development Economics compilado por Amitava Dull y Jaime Ros (Cheltenham, Reino Unido, y Northampton, Massachusetts: Edward Elgar).

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    En la versión electrónica de este artículo enwww.imf.org/fanddpueden obtenerse referencias adicionales.

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