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2. Evolución de la Economía Mundial y de los Mercados Financieros

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
November 2012
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Las perspectivas económicas mundiales mejoraron gradualmente a principios de 2012 tras el fuerte revés que sufrieron a fines de 2011, pero resurgió la preocupación por la solidez de la recuperación en el segundo trimestre. La mayor actividad en Estados Unidos y las políticas adoptadas en la zona del euro en respuesta a la agudización de la crisis económica ayudaron a hacer frente al fuerte deterioro de las condiciones financieras y a reforzar la confianza del mercado en los primeros meses de 2012. Sin embargo, los riesgos a la baja seguían siendo elevados al cierre del ejercicio 2012 y persistía el nerviosismo en los mercados al reavivarse las inquietudes en torno a la deuda soberana en algunos países de Europa y la presión sobre el sector bancario europeo.

En un contexto de volatilidad de los mercados, las perspectivas seguían siendo frágiles al cierre del ejercicio 2012. Las autoridades de política económica deben continuar implementando las reformas fiscales y estructurales fundamentales para lograr un crecimiento sólido y sostenible a mediano plazo. El desafío para las economías avanzadas consiste en cómo lograr este objetivo respaldando al mismo tiempo un crecimiento que sigue siendo débil a corto plazo. En la zona del euro, se requieren nuevos avances para crear una unión monetaria más fuerte, tales como medidas para intensificar la coordinación fiscal y la distribución ex ante de los riesgos fiscales, fortalecer los sistemas bancarios y reducir las vinculaciones de dependencia entre los bancos y el financiamiento soberano. Las economías emergentes y en desarrollo se enfrentan al desafío de calibrar las políticas macroeconómicas para contrarrestar los riesgos mundiales a la baja y respaldar el crecimiento mientras que, en algunos casos, se requieren esfuerzos para evitar que las presiones de sobrecalentamiento alcancen niveles excesivos.

Dos pasos para adelante, un paso para atrás

La economía mundial repuntó gradualmente durante el primer trimestre de 2012 tras el fuerte revés que sufrió a fines de 2011. Las inquietudes en torno a la estabilidad financiera en la zona del euro y las intensas presiones en los mercados amenazaron con sumir a Europa, y posiblemente a todas las economías avanzadas, en otra profunda recesión. Sin embargo, las políticas económicas más robustas aplicadas en Europa han ayudado a estabilizar los mercados, y la actividad en Estados Unidos continúa mejorando. Además, la mayoría de las economías emergentes y de los países de bajo ingreso han mantenido sólidas tasas de crecimiento. Sin embargo, las persistentes dificultades económicas y financieras en la zona del euro, combinadas con la incertidumbre política en dicha zona, seguían constituyendo una fuente crítica de vulnerabilidad para la recuperación mundial al cierre del ejercicio 2012.

De hecho, la turbulencia en los mercados financieros durante el ejercicio 2012 ha puesto de relieve el riesgo de que se produzcan cambios adversos y autovalidantes en la actitud de los mercados. Estos cambios pueden empujar rápidamente a las economías frágiles hacia un equilibrio inadecuado, con rendimientos cada vez más altos, una escasez de financiamiento bancario y una contracción del crecimiento del crédito, lo que tendría efectos de retroalimentación negativos en la economía real. Gracias a la acción decisiva del Banco Central Europeo de aportar grandes cantidades de liquidez a largo plazo a los bancos, el ajuste fiscal y las reformas estructurales adoptadas por los países clave de la zona del euro, la mejora de las estructuras de gobierno en la Unión Europea y el acuerdo con respecto a los detalles de los servicios de financiamiento de emergencia, la política de respuesta en Europa se ha fortalecido en los primeros meses de 2012. Otros bancos centrales también han tomado medidas de política para relajar las condiciones monetarias y los riesgos de crédito han retrocedido. Sin embargo, los riesgos para la estabilidad financiera mundial siguen siendo elevados. Se endurecieron las normas de concesión de préstamos bancarios, se deterioraron las condiciones financieras generales y los mercados de bonos siguen siendo frágiles y volátiles.

Este ha sido (y es) el legado de la Gran Recesión y la crisis financiera. Como indica la experiencia histórica, el proceso de desapalancamiento lleva tiempo y tiende a frenar la actividad económica. Al cierre del ejercicio 2012 muchas economías continuaban arrastrando una pesada carga de la deuda en múltiples sectores, de manera que el saneamiento de los balances se ha extendido a los gobiernos, empresas y hogares, a menudo simultáneamente. Además, muchos países con un alto nivel de deuda externa enfrentan el desafío de reequilibrar su situación en el contexto de graves problemas de competitividad y una demanda externa limitada. Las autoridades de política económica tienen que diseñar una combinación cuidadosa y compleja de políticas financieras, macroeconómicas y estructurales para garantizar un proceso fluido de desapalancamiento, respaldar el crecimiento y facilitar el reequilibrio.

En este contexto, el panorama general seguía siendo frágil al cierre del ejercicio 2012. En la edición de abril de 2012 de Perspectivas de la economía mundial se proyectó que el crecimiento mundial se reduciría de alrededor del 4% en 2011 al 3½% en 2012, para luego repuntar lentamente hasta 4% en 2013. Según las proyecciones, la zona del euro sufriría una recesión leve en 2012 como resultado de la crisis de la deuda soberana, los efectos del desapalancamiento de los bancos en la economía real y el impacto de la consolidación fiscal. En las economías avanzadas como grupo, se prevé que la expansión del producto será tan solo de 1½% en 2012 y 2% en 2013. Se prevé que la creación de empleos en estas economías seguirá siendo lenta y que el desempleo se mantendrá en torno al 8%.

Se proyecta que el producto interno bruto (PIB) real en las economías emergentes y en desarrollo se desacelerará ligeramente de 6,2% en 2011 a 5¾% en 2012, para repuntar a 6% en 2013. Al cierre del ejercicio 2012, estas economías seguían cosechando los frutos de sus sólidos marcos macroeconómicos y de las reformas estructurales aplicadas anteriormente, aunque a escala interna se han ido acumulando vulnerabilidades tras una década de crecimiento vigoroso respaldado por la rápida expansión del crédito o los altos precios de las materias primas.

Los riesgos para las perspectivas se mantienen firmemente a la baja. En primer lugar, las persistentes inquietudes con respecto a la crisis de la deuda de la zona del euro continúan socavando la estabilidad del mercado financiero y siguen siendo la principal fuente de riesgo para la economía mundial. Un fuerte recrudecimiento de la crisis podría desencadenar una fuga generalizada hacia activos de menor riesgo, lo que tendría un impacto muy negativo a escala mundial. El desapalancamiento excesivo en los bancos europeos, por ejemplo, podría poner de manifiesto vulnerabilidades en los mercados emergentes, lo que provocaría nuevas salidas de inversiones de cartera y alteraría la estabilidad financiera a nivel interno. En segundo lugar, la incertidumbre geopolítica podría provocar un fuerte aumento de los precios del petróleo y socavar el crecimiento mundial. A mediano plazo, los riesgos relacionados con la persistente debilidad de la actividad económica y los altos niveles de deuda pública y déficits en las economías avanzadas podrían minar el apoyo al ajuste fiscal y la integración comercial y financiera.

Adelantarse dos Pasos

Mirando al futuro desde la perspectiva de finales del ejercicio 2012, los gobiernos deberán reforzar las políticas para consolidar la débil recuperación y contener los riesgos a la baja. Esto exigirá intensificar los esfuerzos para hacer frente a la crisis de la zona del euro, una consolidación fiscal mesurada en respuesta a la desaceleración de la actividad, la continua aplicación de políticas monetarias laxas y abundante liquidez para el sector financiero. A mediano plazo, el desafío consistirá en mejorar las débiles perspectivas de crecimiento de las principales economías avanzadas.

Comenzando por la zona del euro, las autoridades tienen que seguir avanzando tomando como base las importantes medidas adoptadas en el ejercicio 2012 para reforzar el mecanismo de respuesta a las crisis. La consolidación fiscal debe continuar en forma sostenida pero debe estructurarse de tal manera que evite una contracción excesiva de la demanda a corto plazo. Podría haber margen para distender aún más la política monetaria, y los bancos deberán recapitalizarse, evitando en particular un desapalancamiento destructivo del sistema bancario a fin de promover un flujo adecuado de crédito hacia el sector privado. A mediano plazo, se necesitan cambios para corregir las deficiencias en el diseño de la unión monetaria que contribuyeron a la crisis: un mecanismo más eficaz para establecer políticas fiscales responsables y coherentes, incluida la posibilidad de que las instituciones de la UE participen activamente en los planes presupuestarios nacionales; una expansión en la distribución de los riesgos fiscales para garantizar que los problemas en un país no se conviertan en una costosa crisis financiera en otros; un sistema financiero de la zona del euro más integrado que incluya una base común para la supervisión y regulación, la garantía de los depósitos y el marco de resolución bancaria; y medidas en toda la región para reducir la brecha en la ejecución de las reformas estructurales, incluidas las reformas del mercado de trabajo.

En otras economías avanzadas sigue siendo urgente definir planes para una consolidación fiscal firme y sostenible a mediano plazo que encauce la deuda pública hacia una trayectoria clara y sostenible, especialmente en Estados Unidos y Japón. Los planes fiscales a mediano plazo deberán comportar el fortalecimiento de las instituciones fiscales y la reforma de los regímenes de prestaciones sociales, por ejemplo, vinculando la edad de jubilación a la esperanza de vida o mejorando los incentivos económicos en el sector de atención de la salud. La definición de planes para abordar estos problemas demostrará la voluntad y capacidad de las autoridades de actuar y, por ende, puede ayudar a restablecer la confianza del mercado en la sostenibilidad de las finanzas públicas desde las primeras etapas del proceso. Al mismo tiempo, dadas las débiles perspectivas de crecimiento, aquellas economías que dispongan de margen de maniobra de política fiscal—en términos de solidez de sus cuentas fiscales y credibilidad en los mercados—podrían reconsiderar el ritmo de consolidación, de manera que el crecimiento no se vea negativamente afectado. Otras economías podrían permitir que los estabilizadores automáticos actúen libremente mientras estén en condiciones de financiar sin problema déficits más altos.

Además de la política fiscal, al cierre del ejercicio de 2012, las prioridades más importantes seguían siendo la regulación y supervisión del sector financiero mundial y la aplicación de reformas que mejoren la productividad con el fin de estimular el producto potencial. En Estados Unidos, podría ser necesario adoptar un enfoque más contundente para abordar los problemas en los mercados inmobiliarios y acelerar el saneamiento de los balances de los hogares.

El desempleo se mantiene en un nivel inaceptablemente alto. Al cierre del ejercicio 2012, más de 200 millones de personas en todo el mundo estaban sin trabajo, y en algunos países del sur de Europa más de la mitad de los jóvenes no pueden encontrar empleo. Las reformas estructurales deben incluir medidas tales como el apoyo a los ingresos y la capacitación de los desempleados, las cuales contribuirán a mejorar la productividad y promover la participación en la fuerza laboral. También sería útil aplicar medidas que estimulen la concesión de préstamos bancarios a las pequeñas y medianas empresas, que representan una proporción importante del empleo total. El desafío para las economías emergentes y en desarrollo consiste en cómo manejar las políticas macroeconómicas para abordar, en algunos casos, los riesgos a la baja derivados del débil crecimiento de las economías avanzadas y la volatilidad en los mercados financieros y, en otros, mantener controladas las presiones de sobrecalentamiento. Según las circunstancias específicas de cada caso, esto podría implicar la aplicación de medidas para hacer frente a la desaceleración de la demanda interna y externa; estar preparados para hacer frente a los efectos de contagio negativos provenientes de las economías avanzadas y a las salidas de capital; recomponer el margen de maniobra de política fiscal y las reservas, retirar el estímulo monetario y reforzar las políticas y los marcos prudenciales. En los países de bajo ingreso, la política fiscal tiene que contener el daño en los balances del sector público focalizando los subsidios estrictamente en los hogares más vulnerables.

Los últimos meses del ejercicio 2012 confirmaron que la cooperación internacional que impulsó con éxito la respuesta coordinada de política económica en los primeros días de la crisis financiera sigue siendo fundamental para garantizar un crecimiento duradero. La consolidación fiscal por sí sola no puede resolver el malestar económico y, en vista de la baja tasa de crecimiento, podría contribuir, de forma perversa, a empeorar los coeficientes de endeudamiento a corto plazo. La caída del consumo en los países que acumularon grandes déficits externos no se ha visto compensada por un aumento del consumo en los países con superávit. Por lo tanto, la economía mundial ha sufrido una reducción neta de la demanda y del crecimiento. Los países con fuertes tasas de ahorro deben procurar abordar las distorsiones que inhiben el consumo, mientras que los países con un crecimiento impulsado por el exceso de crédito deben contener la expansión del crédito y la demanda. Con el apoyo—según sea apropiado—de tipos de cambio que dependan más de las fuerzas del mercado, esto ayudará a afianzar las perspectivas de crecimiento en estos países y el resto del mundo.

La cooperación en materia de política económica también es importante para garantizar un sistema financiero sano y estable que sea beneficioso para los hogares y las empresas. A escala mundial, las nuevas regulaciones deberán implementarse de manera uniforme en los distintos países. También será clave redoblar los esfuerzos para abordar los problemas relacionados con las instituciones consideradas demasiado grandes o complejas para quebrar, el sistema bancario paralelo, las cuestiones transfronterizas vinculadas a la resolución bancaria y la colaboración entre los supervisores bancarios. La regulación y supervisión bancarias se han convertido en actividades de alcance mundial que solo pueden desempeñarse en forma coordinada, para evitar que las instituciones practiquen el arbitraje regulatorio, como lo han hecho en el pasado, y desvirtúen los controles y salvaguardias prudenciales plasmados en las nuevas regulaciones.

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