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2 Evolución de la Economía Mundial Y de los Mercados Financieros

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
September 2011
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Tras registrar en 2009 la primera contracción desde la Segunda Guerra Mundial, la economía mundial experimentó una vigorosa recuperación en 2010, y el PIB mundial creció 5%. Sin embargo, el ritmo de actividad se mantuvo desigual desde el punto de vista geográfico, y el empleo quedó rezagado. El desempeño económico durante 2010 se caracterizó por dos semestres claramente diferentes. Durante el primer semestre del año, la recuperación estuvo impulsada por la reconstitución de existencias agotadas, lo cual estimuló un fuerte repunte de la producción industrial y del comercio internacional. Las políticas macroeconómicas acomodaticias también desempeñaron un papel importante. Durante el segundo semestre, cuando el ciclo de inventario se estaba nivelando y la consolidación fiscal se perfilaba en el horizonte para muchas economías avanzadas, se agudizó el temor a una recaída. Finalmente, la reducción del exceso de capacidad, las políticas acomodaticias y el afianzamiento de la confianza y de las condiciones financieras apuntalaron la demanda privada, generando una recuperación más autosustentable. La inversión fue la fuerza impulsora, pero el consumo también recobró ímpetu.

Trabajadores en una línea de ensamblado de una fábrica automotriz de Puebla, México.

Nueva edificación en el centro de Varsovia, Polonia; atrás se observa el Palacio de la Cultura de la era comunista.

Una Recuperación Desequilibrada

A pesar del fortalecimiento del crecimiento mundial, la recuperación internacional siguió estando desequilibrada. En las economías avanzadas, el crecimiento fue modesto, y promedió apenas 3% en 2010. Como el crecimiento ha sido lento teniendo en cuenta la profundidad de la recesión, el producto se mantiene muy por debajo del potencial, y el desempleo aún es muy elevado. El bajo crecimiento de estos países puede atribuirse tanto a los excesos previos a la crisis como a las secuelas de la crisis. En muchos casos—especialmente el de Estados Unidos—, la inversión continúa frenada por el deprimido mercado de la vivienda. La crisis misma también ha conducido a un aumento drástico de la deuda pública, despertando preocupaciones en torno a la sostenibilidad fiscal. En algunas de las economías avanzadas no se ha hecho lo suficiente por fortalecer la capitalización de los bancos y reducir el apalancamiento. Eso ha contribuido a un crecimiento anémico del crédito.

Los problemas de la periferia de la Unión Europea (UE) han sido particularmente agudos. Son producto de las interacciones combinadas de un bajo crecimiento, dificultades fiscales y presiones financieras. Restablecer la sostenibilidad fiscal y financiera frente a un crecimiento bajo o negativo y elevados diferenciales de los swaps de riesgo de incumplimiento del deudor (credit default swaps o CDS) para los bonos soberanos y el crédito bancario constituye un enorme desafío. Los problemas de la periferia de la UE apuntan a un problema más general que enfrentan muchas economías avanzadas: un bajo crecimiento potencial y una considerable capacidad ociosa en la economía. Esto hace que el reto del ajuste fiscal sea mucho mayor.

En las economías emergentes y en desarrollo, el desempeño económico ha sido mucho más sólido. En general, estas economías experimentaron un crecimiento promedio de más de 7¼% en 2010. En América Latina y Asia, el crecimiento fue muy vigoroso, y la mayoría de las economías de la región están funcionando a su nivel de plena capacidad o lo han superado. En las economías en desarrollo, particularmente las de África subsahariana, también se ha reanudado un crecimiento rápido y sostenible. En las economías emergentes de Europa oriental y la Comunidad de Estados Independientes mucho más golpeadas por la crisis, el crecimiento apenas ha comenzado a reanimarse.

Muchas economías emergentes y en desarrollo pudieron recuperarse de la crisis con más rapidez porque su base fiscal y financiera era más sólida. También se beneficiaron de una reactivación saludable de la exportación y de una demanda interna vigorosa, alimentada por políticas monetarias y fiscales acomodaticias. Las salidas de capital durante la crisis se han transformado en entradas de capital durante la recuperación, ya sea gracias a las mejores perspectivas de crecimiento como a un nivel más elevado de las tasas de interés que en las economías avanzadas. Al mismo tiempo, una serie de economías emergentes están experimentando una intensificación de las presiones inflacionarias, una rápida expansión del crédito e indicios de sobrecalentamiento.

Pese a la solidez de la recuperación mundial, el crecimiento no ha sido lo suficientemente fuerte como para causar una reducción importante del desempleo agregado. La Organización Internacional del Trabajo estima que en abril de 2011 alrededor de 205 millones de personas en el mundo entero aún estaban buscando empleo; es decir, alrededor de 30 millones más que en 2007. El aumento del desempleo ha sido particularmente grave en las economías avanzadas. En muchas economías emergentes y en desarrollo, sobre todo de Oriente Medio y Norte de África, el alto desempleo juvenil es un motivo de inquietud especial.

Pasando a las condiciones financieras, 2010 fue un año de mejoras, aunque la situación sigue siendo inusitadamente frágil. La estabilidad financiera mundial se ha afianzado gracias a un mejor desempeño macroeconómico y a la aplicación ininterrumpida de políticas macroeconómicas acomodaticias. Sin embargo, pese al traslado de los riesgos del sector privado al sector público durante la crisis, no se ha recuperado la confianza en los sistemas bancarios de muchas economías avanzadas. En algunos países, sobre todo de la zona del euro, esta circunstancia continúa interactuando de manera perjudicial con los riesgos soberanos.

Según las previsiones, la recuperación mundial continuará a un ritmo moderado. La edición de Perspectivas de la economía mundial de abril de 2011 pronostica un crecimiento mundial de alrededor de 4½% en 2011 y 2012, un ritmo algo más lento que el de 2010. Es probable que la recuperación a múltiples velocidades continúe, con un crecimiento promedio de alrededor de 2½% en las economías avanzadas y de alrededor de 6½% en las economías emergentes y en desarrollo.

Los riesgos para las perspectivas siguen inclinándose a la baja. En las economías avanzadas, la debilidad de los balances soberanos y del sector financiero, y la situación aún desfalleciente de los mercados inmobiliarios, continúan siendo motivos de gran inquietud. Los riesgos financieros también se inclinan a la baja, como resultado de las elevadas necesidades de financiamiento de los bancos y entes soberanos, especialmente en ciertas economías de la zona del euro.

Además, están surgiendo nuevos riesgos a la baja, vinculados a los precios de las materias primas—sobre todo los del petróleo—y a la incertidumbre geopolítica conexa. El sobrecalentamiento y el auge de los mercados de activos en las economías de mercados emergentes constituyen otra fuente de riesgos a la baja. Sin embargo, también existe la posibilidad de sorpresas al alza en torno al crecimiento a corto plazo, gracias a la solidez de los balances empresariales en las economías avanzadas y a la vigorosa demanda de las economías emergentes y en desarrollo.

La combinación del fuerte aumento de la demanda y los shocks de la oferta ha hecho subir los precios de las materias primas más rápido de lo previsto, generando riesgos a la baja para la recuperación. Sin embargo, en las economías avanzadas, la decreciente proporción del petróleo dentro del consumo energético, la desaparición de la indexación salarial y la contención de las expectativas inflacionarias llevan a pensar que los efectos en el crecimiento y la inflación básica serán pequeños. No obstante, en las economías emergentes y en desarrollo, el fuerte aumento de los precios de los alimentos y de las materias primas representa una amenaza para los hogares pobres, y presenta también un riesgo más grande en términos de inflación, dado que el gasto en alimentos y combustibles ocupa en estos países una proporción mucho más grande en las canastas de consumo. Asimismo, como la credibilidad de la política monetaria está menos consolidada, posiblemente resulte más difícil mantener controladas las expectativas inflacionarias. Sin embargo, las perspectivas de crecimiento son alentadoras en la mayoría de los países de bajo ingreso a pesar de estos riesgos a la baja.

Retos Nuevos Y Viejos

En el año próximo, las autoridades continuarán enfrentadas a los retos planteados por la crisis, al mismo tiempo que otros nuevos pasarán a primer plano. En las economías avanzadas, el reto consiste en encontrar la mejor manera de sustentar la recuperación y hacer avanzar a la vez ajustes fiscales críticos junto con el saneamiento y la reforma del sector financiero. La política monetaria debería seguir siendo acomodaticia mientras el producto se encuentre por debajo del potencial y las expectativas inflacionarias estén bien ancladas. Los países también deberían adoptar una consolidación fiscal “inteligente” o propicia para el crecimiento: ni muy rápida, lo cual podría frenar el crecimiento, ni muy lenta, lo cual socavaría la credibilidad. La atención debería estar centrada en reformas promotoras de un crecimiento que imprima a la deuda pública una trayectoria sostenible a mediano plazo. En el ámbito financiero, la reformulación de la regulación y la supervisión financiera sigue siendo un tema apremiante, al igual que la necesidad de conocer con mayor claridad las exposiciones de los balances bancarios y, de ser necesario, preparar planes de recapitalización. Por último, se necesita poner más atención en las reformas necesarias para estimular el crecimiento potencial en muchas economías avanzadas, pero especialmente en Europa.

Asimismo, es necesario actuar para reducir el elevado desempleo, que plantea riesgos para la cohesión social. En este sentido, sería beneficioso acelerar la reestructuración y la recapitalización de los bancos para reactivar el crédito a la pequeña y mediana empresa, que origina el grueso del empleo. Los subsidios temporales al empleo focalizados en estas empresas también podrían resultar útiles para respaldar la creación de puestos de trabajo. En los casos en que el desempleo ha aumentado por razones estructurales o ya era alto antes de la crisis, las reformas generales del mercado del trabajo y de productos son esenciales para crear más empleos.

En la mayoría de las economías de mercados emergentes, el reto consiste en evitar el sobrecalentamiento ante el cierre de las brechas del producto y el aumento de los flujos de capital. Las políticas macroeconómicas constituyen herramientas adecuadas para hacer frente a la afluencia masiva de capital: permitir la apreciación de la moneda, acumular más reservas y ajustar la política monetaria y fiscal para mantener el producto a su nivel potencial. Las medidas de gestión de los flujos de capital—entre las que se incluyen diversos impuestos, ciertas medidas prudenciales y controles de capital—son otros instrumentos a los que también se puede recurrir. Pero estas medidas no deben ocupar el lugar de los ajustes necesarios de la política macroeconómica. A menudo, los países se enfrentan a la tentación de resistirse a la apreciación del tipo de cambio que probablemente acarrearía un nivel más alto de tasas de interés y entradas de capital. Pero la apreciación incrementa el ingreso real y forma parte del ajuste deseable en los países con grandes superávits en cuenta corriente, y no se le debería oponer resistencia.

Un crecimiento mundial robusto y sostenible requerirá una cooperación ininterrumpida en materia de política económica a nivel internacional. En las economías avanzadas, es imperativo lograr la consolidación fiscal. Para lograrla y mantener el crecimiento, estas economías necesitan apoyarse más en la demanda externa. Simétricamente, las economías de mercados emergentes deben apoyarse menos en la demanda externa y más en la demanda interna. La apreciación de las monedas de las economías de mercados emergentes en relación con las de las economías avanzadas constituye una clave importante para este ajuste mundial, al igual que la aceleración del ritmo de las reformas estructurales para realzar el papel que desempeñan la inversión y el consumo interno. La necesidad de un diseño cuidadoso a nivel nacional, y de coordinación a nivel internacional, posiblemente revista la misma importancia hoy que en el punto más álgido de la crisis hace dos años.

Hacer avanzar el programa de reforma del sector financiero sigue siendo crucial para sustentar la recuperación. Los países cuyos sistemas bancarios aún están en problemas deben mejorar la transparencia (entre otras formas mediante la ejecución de pruebas de resistencia más congruentes, rigurosas y realistas) y recapitalizarse, reestructurarse y (si es necesario) cerrar las instituciones débiles. Afrontar los riesgos planteados por las instituciones financieras de importancia sistémica continuará siendo un motivo de inquietud. Y a medida que los países instituyen regímenes regulatorios nuevos y más exigentes, los bancos necesitarán mayores reservas de capital y balances reforzados. Sin estas reformas a más largo plazo del sector financiero, las dificultades de financiamiento a corto plazo continuarán generando riesgos graves de que se produzca otra crisis sistémica de liquidez.

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