Chapter

Capítulo 2. La supervisión del FMI en la práctica

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
October 2002
Share
  • ShareShare
Show Summary Details

En la economía sin fronteras de hoy, donde las medidas adoptadas por un país afectan a otros y donde la información sobre los mercados financieros recorre el mundo en un abrir y cerrar de ojos, el FMI desempeña un papel más trascendental que nunca, al ocuparse del seguimiento de las políticas y la situación financiera y económica de los países miembros. En el Convenio Constitutivo se encomienda al FMI la función de supervisar la política cambiaria de los países miembros a fin de garantizar el eficaz funcionamiento del sistema monetario internacional. El FMI cumple con su obligación de “supervisión” mediante un diálogo regular con los países miembros con respecto a la política económica y financiera que éstos aplican, y realiza continuamente el seguimiento y la evaluación de la situación económica y financiera a nivel nacional, regional y mundial. De esta forma, puede ayudar a detectar los peligros que se avecinen y poner a los países miembros en condiciones de adoptar medidas correctoras lo antes posible.

La supervisión que efectúa el FMI ha ido cambiando con el correr del tiempo en función de la realidad mundial, y tanto su aplicación como los principios que la sustentan son objeto de un examen a cargo del Directorio Ejecutivo cada dos años (véase el recuadro 2.1). Una de las principales metas es imprimirle mayor eficacia como instrumento de prevención de crisis y promoción de un entorno económico mundial conducente al crecimiento sostenible. No se busca el propósito irreal de eliminar todos los riesgos de que se produzcan crisis futuras ni la promesa incumplible de alertar con plena seguridad respecto de esas crisis. Por el contrario, el FMI procura centrarse en fortalecer los incentivos que permitan a las autoridades de los países y a los agentes del mercado evaluar debidamente los riesgos y basar sus políticas y estrategias de inversión en esas evaluaciones. Una economía de mercado que funciona bien deriva su fuerza y dinamismo de la búsqueda constante de mejores resultados por parte de productores, inversionistas y consumidores, lo que siempre dará lugar a que haya, en cierta medida, correcciones y reajustes excesivos, sobre todo en los mercados de activos. Por tanto, el FMI alienta a los gobiernos para que adopten políticas y reformas institucionales que aumenten la flexibilidad de sus economías ante los episodios externos adversos y la tensión financiera recurriendo en particular a régimenes de cambio adecuados, sólidas políticas fiscales, estrategias prudentes de endeudamiento y gestión de la deuda, sistemas financieros y mercados nacionales de capital más desarrollados, fuertes y diversificados, y redes de seguridad social más eficaces.

Igualmente importantes son las políticas de fomento del crecimiento sostenible y un entorno abierto de comercio, puesto que el crecimiento, el comercio, la capacidad de atender el servicio de la deuda y la viabilidad externa están indisolublemente interconectados. Como una de sus funciones es contribuir a fomentar la liberalización del comercio, el FMI ha adoptado una orientación más amplia hacia las cuestiones relacionadas con el acceso al mercado en el marco de las consultas de supervisión con los países miembros. Asimismo, propicia la liberalización del comercio al brindar asistencia técnica en las esferas de su especialidad a los países miembros para que puedan acrecentar los intercambios, y al proporcionar respaldo financiero a los países que buscan abrir sus régimenes comerciales.

La supervisión efectiva y la prevención de crisis tienen dos ingredientes clave: requieren un sólido asesoramiento de política e incentivos para asegurar que este asesoramiento tenga efecto. El FMI sigue fortaleciendo su capacidad analítica para identificar las fuentes de vulnerabilidad a medida que surgen y para formular estrategias que las reduzcan, fomenten la estabilidad e impulsen el crecimiento. Al mismo tiempo, presta mayor atención a los factores que afectan a la eficacia del asesoramiento en materia de política.

* * *

La supervisión del FMI tiene varias modalidades: nacional (o bilateral), y mundial y regional (o multilateral).

  • Supervisión individual de países. Conforme a lo preceptuado por el Artículo IV de su Convenio Constitutivo, el FMI celebra consultas “del Artículo IV”, normalmente una vez al año, con cada uno de sus países miembros, en relación con la política económica del país. Sirven de complemento a estas consultas análisis periódicos de la situación económica y financiera a cargo del personal, conversaciones oficiosas con el personal y las autoridades nacionales, y deliberaciones especiales del Directorio Ejecutivo, según sea necesario.

  • Supervisión mundial. El Directorio Ejecutivo del FMI analiza regularmente la evolución de los mercados económicos y financieros internacionales. Esa actividad se basa en parte en los informes denominados Perspectivas de la economía mundial, preparados por equipos del personal de la institución generalmente dos veces por año, y en los informes sobre los mercados financieros internacionales. Además, el Directorio Ejecutivo realiza frecuentes análisis informales sobre la evolución de la economía y los mercados financieros mundiales.

  • Supervisión regional. Como suplemento de las consultas con los países, el FMI examina también la política económica aplicada en el marco de acuerdos regionales. Mantiene un diálogo regular con instituciones económicas regionales como la Unión Europea, la Unión Económica y Monetaria de África Occidental, la Comunidad Económica y Monetaria de África Central y la Unión Monetaria del Caribe Oriental. Además, la gerencia y el personal del FMI han reforzado su participación en las iniciativas regionales de los países miembros, como la Comunidad del Desarrollo de África Austral, el Mercado Común para el África Oriental y Meridional, el Grupo Marco de Manila, la Asociación de Naciones de Asia Sudoriental, las Reuniones de Ministros de Hacienda del Hemisferio Occidental y el Consejo para la Cooperación en el Golfo (véase el apéndice IV).

  • Por otra parte, la gerencia y el personal del FMI toman parte en debates de política económica con ministros de Hacienda, presidentes de bancos centrales y otros funcionarios de grupos de países como el Grupo de los Siete países industriales más importantes, el foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico y los países del Magreb asociados a la Unión Europea (Argelia, Marruecos y Túnez).

Recuadro 2.1Examen bienal de la supervisión del FMI

Cada dos años aproximadamente, el Directorio Ejecutivo pasa revista a los principios de la labor de supervisión del FMI y su ejecución. En el último examen, llevado a cabo en gran medida en abril de 2002, se consideró la forma en que ha ido evolucionando la supervisión: tanto el marco en que tiene lugar como su ejecución efectiva por parte del FMI.

Los directores tomaron nota de que continuará el análisis de esta función, así como de otras cuestiones relacionadas con la supervisión, entre ellas la política de la institución en cuanto a la transparencia, pero que el examen ha permitido llegar ya a un número de conclusiones importantes. Primero, la cobertura de la supervisión se ha ido ampliando con los años, pasando de un enfoque centrado en las políticas monetaria, fiscal y cam biaria, a un ámbito más extenso que comprende evaluaciones de la vulnerabilidad externa, análisis de la sostenibilidad de la deuda externa, vulnerabilidad del sector financiero y políticas estructurales e institucionales (véase el capítulo 3), llegándose a la conclusión de que este enfoque más amplio representa una adaptación necesaria y adecuada de la supervisión al cambiante entorno mundial y, en especial, a la rápida expansión de las corrientes internacionales de capital. Segundo, la supervisión de la institución en general ha logrado una cobertura más amplia sin perder de vista las cuestiones comprendidas en las consultas individuales del Artículo IV, en general determinadas por la pertinencia macroeconómica de las circunstancias de cada país. El examen respaldó las modalidades actuales de supervisión multilateral (o mundial) y reconoció la mejora de la supervisión multilateral de los mercados de capital lograda merced a la creación del Departamento de Mercados Internacionales de Capital.

Con estos antecedentes generales respecto de la cobertura y sus objetivos centrales, se definió una serie de ámbitos específicos en que es necesario intensificar la labor para asegurar el carácter sólido y convincente del asesoramiento que proporciona el FMI en materia de política:

  • Una evaluación más tranca y completa de los régimenes y los tipos de cambio en el marco de la política macroeconómica debería ser la práctica habitual en el caso de todos los países miembros.

  • La cobertura de los aspectos del sector financiero debe ponerse a la par de la que se aplica en otros ámbitos de la supervisión. La participación voluntaria en el programa de evaluación del sector financiero (PESF) se ha traducido en una cobertura profunda de los problemas del sector financiero. Sin embargo, si este programa no se aplica, la calidad de la supervisión de este sector es heterogénea entre los países miembros; es necesario, entonces, elaborar mecanismos que mejoren la situación.

  • Para fortalecer las evaluaciones de la vulnerabilidad, fue preciso mejorar los análisis de la sostenibilidad de la deuda, en particular mediante el uso de pruebas de tensión y otras hipótesis adecuadas. Asimismo, hubo que prestar mayor atención al riesgo que suponen para los balances del sector privado las tasas de interés, el tipo de cambio y las perturbaciones macroeconómicas generales, así como a la recopilación de los datos necesarios para evaluar esa vulnerabilidad.

  • En algunos países, la cobertura de aspectos institucionales tales como el sector público y la gestión de las empresas se ha visto a veces obstaculizada por falta de conocimientos especializados, por lo cual es necesario fortalecer ese aspecto. En la consecución de ese objetivo, serán esenciales los informes sobre la observancia de los códigos y normas (IOCN) y, en términos generales, la labor sobre normas y códigos.

  • A veces, ciertos aspectos estructurales que están fuera de las esferas tradicionales de especialización del FMI son fundamentales para la situación macroeconómica del país y, por lo tanto, tienen que ser abordados por la institución. En esos casos, el FMI debe hacer un uso efectivo de la capacidad de otras instituciones pertinentes, en especial el Banco Mundial.

  • Hay cierto margen para mejorar el enfoque básico de la supervisión en casos y esferas concretas. Debería intensificarse, sobre todo, la cobertura de las políticas comerciales, concentrándose en los países cuyas políticas tienen una influencia mundial o regional apreciable o efectos perniciosos significativos para las perspectivas macroeconómicas internas.

  • Los resultados de las actividades de supervisión multilateral (o mundial) y la ventaja del FMI en los análisis comparativos de países deben reflejarse en la supervisión bilateral (o nacional) en forma amplia y congruente. Debe seguir prestándose especial atención al impacto sistémico de las políticas de las economías más grandes en las consultas del Artículo IV con esos países.

  • Las consultas del Artículo IV con países que aplican un programa respaldado por el FMI deben permitir una reevaluación efectiva de las condiciones y las políticas económicas, lo cual requiere una perspectiva totalmente nueva y tomar una distancia apropiada de la ejecución cotidiana del programa.

Los directores subrayaron que en muchos casos el FMI podría complementar un sólido asesoramiento en materia de objetivos de política económica con la realización, en conjunto con las autoridades de los países, de un examen de otros mecanismos para la consecución de esos objetivos. Un componente importante de esas deliberaciones sería la consideración de los factores sociales, políticos e institucionales a fin de intensificar la identificación del país con las recomendaciones de política y aumentar las probabilidades de éxito de su aplicación.

Supervisión en el plano nacional

Un equipo de funcionarios del FMI se reúne, generalmente todos los años, con autoridades del gobierno y del banco central —y también con sindicatos, asociaciones de empleadores, catedráticos, órganos legislativos y operadores financieros— de cada uno de los países miembros (a lo que se agrega, si es necesario, un diálogo en el período intermedio) a fin de examinar la evolución y la política económica del país. Las consultas se refieren a los aspectos principales de la política macroeconómica y del sector financiero, pero también abarcan otras medidas de política que afectan a los resultados macroeconómicos del país, incluidas, cuando corresponde, las medidas referentes a programas estructurales y gestión de gobierno.

Para realizar la supervisión de los países, un equipo de funcionarios del FMI visita el país, obtiene información económica y financiera y analiza con las autoridades nacionales lo acontecido recientemente en el plano económico y las políticas monetaria y fiscal, así como las medidas estructurales pertinentes que está aplicando el país. En general participa el director ejecutivo por el país de que se trata. Normalmente, los funcionarios preparan una declaración final o un memorando que resume lo discutido con el país miembro y las conclusiones del personal, y lo dejan en manos de las autoridades, quienes tienen la opción de publicarlo. Una vez de regreso a la sede, los funcionarios del FMI redactan un informe en el que se describen la situación económica del país y los aspectos más importantes del diálogo de política económica realizado con las autoridades, y se evalúa la orientación de la política económica nacional. Después, el Directorio Ejecutivo, en el cual se encuentran representados todos los países miembros, examina ese informe. En la reunión, el país es representado por su correspondiente director ejecutivo. Las opiniones vertidas por los directores ejecutivos durante la reunión son resumidas por el Presidente del Directorio Ejecutivo (el Director Gerente), o el Presidente Interino (uno de los Subdirectores Gerentes), y se elabora un resumen. Si el director ejecutivo que representa al país miembro está de acuerdo, el texto completo del informe de la consulta del Artículo IV se da a conocer al público, junto con el resumen de las deliberaciones del Directorio Ejecutivo y la documentación utilizada como antecedente, en forma de nota de información al público, aunque cabe la posibilidad de que solo se dé a conocer esta última nota. En el ejercicio 2002 el Directorio Ejecutivo realizó 130 consultas del Artículo IV con países miembros (véase el cuadro 2.1). Las notas de información al público y los informes del Artículo IV se publican en el sitio del FMI en Internet.

Cuadro 2.1Consultas del Artículo IV concluidas en el ejercicio 2002
PaísReunión del

Directorio
Nota de

información

al público
Publicación del

informe del

personal
Albania13-VII-200127-VII-200127-VII-2001
Alemania24-X-20017-XI-20017-XI-2001
Angola29-III-2002
Antigua y Barbuda15-III-2002
Antillas Neerlandesas7-V-200117-V-200117-V-2001
Arabia Saudita10-X-20017-XI-2001
Argelia29-VIII-200119-IX-200119-IX-2001
Armenia21-V-20012-IV-20022-IV-2002
Aruba22-VIII-20017-IX-20017-IX-2001
Austria11-VI-200114-VI-200114-VI-2001
Azerbaiyán20-II-20028-III-20028-III-2002
Bahamas, Las1-VIII-200114-VIII-200127-VIII-2001
Bangladesh29-IV-200215-V-20027-VI-2002
Barbados26-XI-2001
Belarús23-I-200219-II-200219-II-2002
Bélgica1-III-200213-III-200213-III-2002
Belice9-VII-20012-VIII-200127-VIII-2001
Bhután7-V-200123-V-2001
Bolivia8-VI-200125-VI-200125-VI-2001
Bosnia y Herzegovina25-II-200222-III-200222-III-2002
Brasil23-I-20027-II-2002
Brunei Darussalam4-III-2002
Burkina Faso2-VII-200116-VII-2001
Burkina Faso9-IV-20021-V-20021-V-2002
Cabo Verde15-VI-20013-X-20013-X-2001
Camboya6-II-20021-III-20021-III-2002
Camerún16-VII-200126-VII-20016-VIII-2001
Canadá4-II-200212-III-200212-III-2002
Chad16-I-200225-II-200225-II-2002
Chile16-VII-200127-VII-200127-VII-2001
China, República Popular de23-VII-200124-VIII-2001
Comoras18-VII-200131-VII-20019-VIII-2001
Congo, República del6-II-200225-II-2002
Congo, República Democrática del13-VII-200120-VII-200130-VII-2001
Corea11-II-200212-II-2002
Costa Rica30-VII-200124-IV-200224-IV-2002
Côte d’Ivoire31-VIII-20012-X-20012-X-2001
Djibouti30-XI-2001
Dominica15-VI-200113-VII-200120-VII-2001
Egipto31-X-20015-XI-2001
El Salvador23-VII-2001
Emiratos Árabes Unidos12-X-2001
Eritrea26-XI-2001
Eslovenia11-V-200121-V-200121-V-2001
Eslovenia20-III-20024-IV-20024-IV-2002
España1-II-200228-II-200213-III-2002
Estados Unidos27-VII-200114-VIII-200114-VIII-2001
Estonia27-VI-20019-VII-20019-VII-2001
Finlandia9-XI-200121-XI-200121-XI-2001
Francia26-X-200131-X-20015-XI-2001
Gabón1-IV-20023-V-20023-V-2002
Gambia13-VII-200126-VII-200120-VIII-2001
Georgia26-X-200131-X-200126-XI-2001
Ghana27-VI-20019-VIII-20019-VIII-2001
Granada11-VII-200120-VII-20011-VIII-2001
Grecia22-II-20021-III-200215-III-2002
Guatemala14-V-200125-V-2001
Guinea Ecuatorial31-VIII-200111-X-2001
Haití18-I-20028-II-20028-II-2002
Honduras5-X-200126-X-2001
Hungría4-V-200118-V-2001
India20-VI-200114-VIII-2001
Indonesia26-IV-2002
Irán, República Islámica del6-IX-200118-IX-2001
Irlanda1-VIII-200113-VIII-200113-VIII-2001
Islandia2-V-2001
Islas Marshall18-I-200222-II-2002
Israel30-VII-20016-VIII-20013-VIII-2001
Italia5-XI-200120-XI-200120-XI-2001
Jamaica30-V-20016-VI-200114-VI-2001
Japón3-VIII-200110-VIII-200110-VIII-2001
Jordania29-IV-20023-V-2002
Kazajstán23-I-20025-II-200219-III-2002
Kenya15-III-200219-IV-200219-IV-2002
Kiribati25-VI-200121-IX-200121-IX-2001
Kuwait27-VI-200129-VI-200120-VII-2001
Lesotho18-III-200221-III-20023-V-2002
Letonia18-I-200225-I-200225-I-2002
Líbano17-X-200129-X-2001
Liberia25-II-200218-VII-200218-VII-2002
Lituania16-I-200224-I-200224-I-2002
Macedonia, ex República Yugoslava de4-III-20028-III-20028-III-2002
Madagascar5-XII-200113-XII-2001
Malasia29-VIII-20012-XI-2001
Maldivas30-VIII-2001
Malí17-XII-20019-I-20029-I-2002
Malta30-VII-20013-VIII-20013-VIII-2001
Marruecos11-VII-20012-VIII-200113-XI-2001
Mauricio14-V-200122-V-200122-V-2001
Mauritania9-V-2001
México2-VIII-200127-IX-200125-X-2001
Namibia11-II-200222-II-2002
Nepal31-VIII-200121-IX-20013-X-2001
Nicaragua19-IX-20012-X-20012-X-2001
Níger8-II-20021-III-20021-III-2002
Nigeria29-VI-20016-VIII-20016-VIII-2001
Noruega1-III-20027-III-20027-III-2002
Nueva Zelandia22-III-200227-III-200227-III-2002
Países Bajos6-VI-20016-VII-20016-VII-2001
Palau4-I-200228-III-200228-III-2002
Paraguay11-V-200118-V-200115-VI-2001
Portugal25-III-200226-IV-200226-IV-2002
Reino Unido4-III-20027-III-20027-III-2002
República Árabe Siria3-XII-2001
República Checa16-VII-200125-VII-200125-VII-2001
República Eslovaca27-VII-20011-VIII-20016-VIII-2001
República Kirguisa30-XI-200119-XII-200119-XII-2001
Rusia, Federación de8-III-20024-IV-20024-IV-2002
Samoa9-V-200111-VII-2001
San Marino5-XII-200121-XII-200121-XII-2001
Santo Tomé y Príncipe30-I-200228-II-200228-II-2002
San Vicente y las Granadinas28-I-200219-II-200219-II-2002
Senegal28-IX-200118-X-200124-X-2001
Sierra Leona11-III-2002
Singapur25-VI-2001
Sudán14-XI-2001
Suecia31-VIII-200125-IX-200125-IX-2001
Suiza9-V-200121-V-200121-V-2001
Suriname9-V-200124-V-2001
Swazilandia20-III-2002
Tailandia2-VIII-200116-VIII-2001
Tanzanía24-IX-2001
Tonga4-IX-200131-X-2001
Trinidad y Tabago6-VII-200117-VII-200124-VII-2001
Turquía15-IV-200219-IV-2002
Ucrania24-IV-20028-V-2002
Uzbekistán11-III-2002
Vietnam21-XI-20014-I-20029-I-2002
Zambia7-XI-20016-XII-2001
Zimbabwe14-XII-200119-VI-200225-VI-2002

(En la sección “Prevención de crisis” del capítulo 3 figuran más detalles sobre la supervisión bilateral del FMI, como por ejemplo las evaluaciones de la estabilidad del sector financiero.) Además, el Directorio Ejecutivo evalúa las condiciones y políticas económicas de los países miembros titulares de créditos del FMI cuando examina los acuerdos financieros que sirven de apoyo a los respectivos programas económicos (véase el capítulo 4).

Supervisión en el plano mundial

En su tarea de supervisión a escala mundial, el Directorio Ejecutivo parte en gran medida de los informes elaborados por los funcionarios técnicos sobre las perspectivas de la economía mundial y los mercados financieros mundiales (véase el recuadro 2.2, pág. 14), y las sesiones sobre la evolución de la economía y los mercados mundiales.

Perspectivas de la economía mundial

Los informes de Perspectivas de la economía mundial contienen un análisis integral de la evolución prevista de la economía mundial, de los países a nivel individual y de las regiones, y un examen de temas de interés particular. En general, los informes son preparados por el personal técnico y son analizados por el Directorio Ejecutivo (y luego se publican) dos veces por año, pero la frecuencia puede ser mayor si un cambio rápido de la situación económica mundial lo justifica.

Recuadro 2.2Nuevo informe del FMI sobre los mercados financieros mundiales

El 14 de marzo de 2002, el FMI publicó el primer número de un informe trimestral sobre la estabilidad financiera mundial titulado Global Financial Stability Report, cuyo objetivo es brindar información completa y al día sobre los mercados financieros maduros y emergentes como parte de la intensificación del seguimiento del sector que lleva a cabo la institución.

El rápido crecimiento que han experimentado los mercados financieros en el último decenio pone de relieve el papel que desempeñan las corrientes de capital privado como motor de crecimiento de la economía mundial. Sin embargo, esos mismos capitales pueden ser epicentro de crisis. Para contribuir a evitarlas, Global Financial Stability Report tiene por objeto profundizar la comprensión, por parte de las autoridades, de las deficiencias que pueden aquejar al sistema y detectar las fallas que pueden provocar crisis.

En la edición de marzo de 2002 se evalúa la estabilidad del sistema financiero internacional a la luz de la incipiente recuperación de la economía mundial, atendiendo especialmente a los riesgos que significan una reactivación más lenta de lo esperado y el aumento reciente del uso de complejos mecanismos de transferencia del riesgo crediticio, como los instrumentos derivados sobre créditos y los canjes de deudas. Además, se analiza la exactitud de ciertos sistemas de alerta anticipada —modelos estadísticos diseñados para predecir crisis financieras— y se estudian otros instrumentos de deuda que los prestatarios de mercados emergentes podrían usar para aprovechar los recursos de los mercados mundiales de capital.

La preparación del informe está a cargo del Departamento de Mercados Internacionales de Capital, creado en 2001 para afianzar las actividades del FMI en materia de supervisión y de prevención y control de crisis. Remplaza a dos informes: International Capital Markets, que venía publicándose anualmente desde 1980, y Emerging Market Financing, de aparición trimestral desde 2000.

En el ejercicio 2002, el Directorio Ejecutivo analizó las perspectivas de la economía mundial en tres ocasiones: las dos ya programadas para septiembre de 2001 y marzo de 2002, y una tercera en diciembre de 2001, tras los atentados terroristas perpetrados en Estados Unidos el 11 de septiembre. En los dos análisis de 2001, se concentró en los indicios de desaceleración de la economía mundial, que se agudizó abrupta pero pasajeramente después de los atentados. Sin embargo, para marzo de 2002, había señales alentadoras de que la desaceleración había tocado fondo y que se estaba recuperando el crecimiento económico mundial.

En la reunión de septiembre de 2001, el Directorio Ejecutivo convino en que las perspectivas de crecimiento mundial se habían deteriorado en comparación con la última edición del informe, aparecida en mayo. Tomó especial nota de la contracción sustancial que había experimentado el crecimiento en Estados Unidos durante el año precedente, del grave deterioro de las perspectivas económicas de Japón, del debilitamiento de las condiciones y las perspectivas en Europa, y de la revisión a la baja de las proyecciones de crecimiento en la mayoría de las regiones de países en desarrollo. Asimismo, observó que la atenuación del ritmo de aumento del PIB en casi todas las regiones había ido acompañada de un fuerte retroceso del crecimiento del comercio internacional. También se habían complicado las condiciones de financiamiento para los mercados emergentes, aunque los directores se sintieron alentados por el hecho de que los efectos del contagio habían sido más moderados que en episodios anteriores.

En su opinión, un entramado de factores había contribuido a frenar la economía: una reevaluación de la rentabilidad empresarial, con la consiguiente corrección de las cotizaciones bursátiles; el encarecimiento de la energía y los alimentos, y el endurecimiento de la política monetaria para contener las presiones de la demanda en Estados Unidos y Europa. En términos más amplios, la desaceleración se produjo con mayor velocidad que lo previsto debido también a las estrechas vinculaciones comerciales y financieras que podían observarse con creciente claridad entre los países.

En la reunión de diciembre de 2001 sobre las proyecciones revisadas, los directores analizaron las repercusiones de los atentados del 11 de septiembre sobre la economía mundial. Tomaron nota de que parecían haberlos precedido perspectivas razonables de una recuperación a fines de año, pero la información más actualizada que sirvió de base a las revisiones provisionales de Perspectivas de la economía mundial reveló que la situación había sido más frágil que lo originalmente proyectado en muchos lugares, como Estados Unidos, Europa y Japón. Por consiguiente, los directores convinieron en que la tragedia de septiembre había agravado una situación económica mundial de por si muy difícil.

Los directores hicieron notar que los hechos del 11 de septiembre habían lesionado la confianza de los consumidores y las empresas en el mundo entero y que los primeros efectos en la demanda y la actividad habían sido sustanciales, sobre todo en Estados Unidos. En los mercados financieros, los inversionistas se habían alejado de los activos riesgosos de mercados tanto maduros como emergentes, y las condiciones de financiamiento a disposición de las economías de mercados emergentes habían empeorado sustancialmente. Sin embargo, entre fines de septiembre y principios de diciembre de 2001, los mercados financieros se habían afianzado, gracias a la recuperación de los mercados bursátiles y a que cambiaron de sentido las corrientes de capital que habían salido en búsqueda de condiciones más seguras. La fluctuación de los principales tipos de cambio había sido moderada, pero los precios de los productos básicos —especialmente del petróleo— habían vuelto a ceder ante el deterioro de las perspectivas de crecimiento mundial.

Los directores tomaron nota de que la desaceleración de la actividad y el deterioro de las condiciones de financiamiento habían tenido efectos desfavorables sobre muchas economías de mercados emergentes. Las corrientes netas de capital, incluida la inversión extranjera directa, estaban trabadas. Los países con necesidades sustanciales de financiamiento externo eran vulnerables a la reevaluación de las perspectivas económicas y a nuevas conmociones en los mercados internacionales de capital.

El Directorio Ejecutivo se mostró preocupado por el hecho de que los países en desarrollo, y sobre todo los más pobres, se veían perjudicados por la flojedad de la demanda externa y la caída de los precios de los productos básicos. Estos efectos se hacían sentir especialmente en el caso de los exportadores de petróleo. Los exportadores de productos no combustibles también se verían afectados por el retroceso de precios de por sí bajos, aunque para algunos los beneficios del abaratamiento del petróleo frenarían las necesidades de financiamiento externo. Por ende, según la opinión de los directores ejecutivos, aunque las proyecciones apuntaban a un crecimiento relativamente bien sostenido del grupo considerado en su totalidad, las perspectivas individuales eran muy diferentes.

En vista de las limitaciones de la política monetaria en un ambiente de poca confianza y exceso de capacidad, la mayoría de los directores, en sus deliberaciones de diciembre, convino en que la política fiscal también deberá entrar en juego, especialmente mediante el funcionamiento de los estabilizadores automáticos.

Los directores señalaron también la especial trascendencia del acuerdo alcanzado en noviembre de 2001 durante las reuniones de Doha (Qatar) de la Organización Mundial del Comercio (OMC) (véase el recuadro 2.3, más adelante) para lanzar nuevas negociaciones sobre comercio internacional, ya que cabe esperar que contribuyan sustancialmente al crecimiento de la economía mundial a mediano plazo.

Cuando el Directorio Ejecutivo se reunió en marzo de 2002, el panorama se había despejado notablemente. Complacieron a los directores los crecientes indicios de que desde diciembre de 2001 la desaceleración había agotado su curso y dejado lugar a una recuperación a escala mundial, ya evidente en Estados Unidos y Canadá, y en menor medida en Europa y algunos países asiáticos. Los mercados financieros habían experimentado una enérgica revitalización después de la conmoción del 11 de septiembre, los precios de los productos básicos habían comenzado a ganar fuerza y las condiciones de financiamiento para los mercados emergentes eran mucho más favorables. No obstante, una serie de países, entre los que se destacaban Japón y Argentina, seguían siendo motivo de inquietud, en diferentes sentidos pero igualmente graves.

Los directores señalaron que la reactivación estaba sustentada por varios factores. El más importante era la considerable distensión de las políticas macroeconómicas a la que habían recurrido las economías avanzadas —sobre todo Estados Unidos—y varias economías emergentes, especialmente en Asia. En gran medida, hubo margen para ese respaldo porque ya se había logrado reducir la inflación, afianzar la situación fiscal y atenuar otros focos de vulnerabilidad, de modo que los países miembros pudieron reaccionar con celeridad y buenos resultados frente a las dificultades que había atravesado la economía mundial el año anterior. Los directores tomaron nota, asimismo, de que el ajuste de las existencias parecía estar bien encaminado en Estados Unidos y otras economías avanzadas, lo que contribuiría también a fomentar la producción en el futuro. Asimismo, el abaratamiento del petróleo había facilitado la recuperación en las principales zonas monetarias, aunque este efecto se atenuó tras el marcado repunte que experimentaron los precios a partir de fines de febrero de 2002. Los directores recalcaron la importancia de la estabilidad de los precios del petróleo para que la reactivación de la economía mundial sea duradera.

En términos generales, los directores convinieron en que, desde el punto de vista de las perspectivas, los riesgos se habían equilibrado a partir de las deliberaciones de diciembre de 2001. De hecho, los recientes indicadores de la confianza, el empleo y la actividad en Estados Unidos habían sorprendido por lo favorables, lo que llevaba a pensar que la recuperación sería más sólida que lo proyectado anteriormente.

A la vez, los directores dejaron constancia de que tampoco se podía perder de vista una serie de riesgos de que los resultados fuesen menos favorables que lo previsto. Primero, debido en parte al carácter sincronizado de la desaceleración, se había logrado avanzar relativamente poco en la corrección de ciertos desequilibrios persistentes que aquejaban a la economía mundial: el elevado déficit de la cuenta corriente estadounidense y el superávit en otros países, la baja tasa de ahorro personal en Estados Unidos, la aparente sobrevaluación del dólar y subvaluación del euro y el nivel relativamente elevado de endeudamiento de los hogares y las empresas en varios países. Como Estados Unidos se encontraba a la cabeza de la reactivación, los directores estimaron que estos desequilibrios podrían intensificarse, al menos a corto plazo.

Al analizar las implicaciones de este panorama, los directores señalaron que si las perspectivas de las afluencias de capital y el crecimiento de la productividad en Estados Unidos continuaban siendo favorables, podría moderarse el riesgo de una corrección desordenada de los desequilibrios de la cuenta corriente. La mayoría acordó que en las principales zonas monetarias se deberán formular políticas —sobre todo de carácter estructural— que garanticen un ajuste ordenado, a fin de afianzar la sostenibilidad de la recuperación mundial.

Según la opinión de los directores ejecutivos, existe un segundo riesgo. Gracias al sólido repunte de los meses anteriores, una vez más parecía haber una generosa valoración bursátil a nivel mundial que quizá reflejara expectativas demasiado optimistas en cuanto a las utilidades de las empresas. Si el aumento de las utilidades fuera decepcionante, los mercados financieros podrían volver a debilitarse, al igual que la confianza y la actividad. De acuerdo con el análisis que figura en el capítulo 2 de la edición de abril de 2002 de Perspectivas de la economía mundial, con el correr del tiempo los precios de los activos —especialmente los bursátiles— habían adquirido más influencia sobre el gasto de los consumidores. En vista del envejecimiento de la población de los países industriales y de la constante evolución de los mercados financieros, era probable que esta tendencia se mantuviera, lo que llevaba a pensar que los movimientos de los precios de los activos podrían haber pasado a ser un factor de creciente importancia para la formulación de las políticas macroeconómicas.

Los directores hicieron hincapié en varias inquietudes concretas, como los efectos desfavorables que las persistentes dificultades económicas de Japón y Argentina podrían tener a nivel regional, aun siendo de índole diferente. El Directorio Ejecutivo lamentó, en su mayoría, la decisión de incrementar los aranceles sobre las importaciones de acero que las autoridades estadounidenses habían adoptado a principios de 2002, y las perspectivas de represalias internacionales. Reiteró la importancia crítica de que todos los países hagan frente a las presiones proteccionistas y se empeñen en lograr avances sustanciales en las negociaciones multilaterales sobre comercio encuadradas dentro de la ronda de Doha.

El Directorio Ejecutivo convino en que las políticas macroeconómicas de la mayoría de los países industriales deberán seguir respaldando ampliamente la incipiente reactivación. Sin embargo, señaló que, excepto en el caso de Japón, no parece haber demasiada necesidad de distender más la política monetaria, y que los países en una fase de recuperación más avanzada deberán pensar en su momento en darle una orientación más restrictiva. A mediano plazo, las políticas deberán estar encaminadas a respaldar un crecimiento sostenible y lograr a la vez una corrección ordenada de los desequilibrios mundiales. Para alcanzar ese objetivo serán necesarias reformas estructurales continuas en pro del crecimiento en la zona del euro y algunos mercados emergentes asiáticos; una actuación decisiva en Japón para vigorizar la economía, y el cumplimiento de las metas fiscales a mediano plazo en Estados Unidos. Asimismo, los directores recalcaron la importancia de aprovechar la recuperación para seguir atenuando los focos de vulnerabilidad, por ejemplo mediante un empeño más vigoroso en abordar los problemas inminentes que plantea el envejecimiento de la población de los países industriales; un esfuerzo sostenido por equilibrar los presupuestos en la zona del euro; la formulación de un plan a mediano plazo para el reordenamiento de las finanzas públicas en Japón; la reforma del sector empresarial y financiero en Asia, y programas a mediano plazo para fortalecer la situación fiscal en China, India y muchos países latinoamericanos.

Los directores estuvieron de acuerdo en que el crecimiento generalizado y sostenido de la economía será crucial para lograr niveles de vida más altos y una reducción duradera de la pobreza en los países en desarrollo. Señalaron que, a pesar del progreso alentador de una serie de países, el aumento del PIB en África al sur del Sahara sigue ubicándose muy por debajo del nivel necesario para un alivio sustancial de la pobreza. A la cabeza de la lucha por un desempeño económico mejor deberán encontrarse las políticas nacionales, y sobre todo las encaminadas a propiciar el ahorro, la inversión y la actividad del sector privado. Asimismo, será fundamental que las políticas acertadas cuenten con un respaldo internacional más firme. En ese sentido, los directores se mostraron satisfechos con los adelantos realizados en la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en Monterrey (México) en marzo de 2002 (véase el recuadro 5.6), y con el anuncio de que la Unión Europea y Estados Unidos se habían propuesto como meta una asistencia más cuantiosa. Hicieron especial énfasis en la importancia vital de eliminar gradualmente los subsidios que distorsionan el comercio internacional y conceder a las exportaciones de los países en desarrollo un acceso más amplio a los mercados mundiales.

Principales zonas monetarias. En cuanto a la panorámica que presentan las principales zonas monetarias, los directores estuvieron de acuerdo en que los indicadores recientes apuntaban con insistencia a la reanimación de la economía de Estados Unidos. La confianza se había afianzado, al igual que los mercados bursátiles; el gasto de los hogares seguía siendo fuerte, y la producción manufacturera se había estabilizado. Algunos directores pensaban que la actividad podría acelerarse aún más rápido de lo proyectado, sobre todo teniendo en cuenta el grado de estímulo oficial programado y el hecho de que el avance de la productividad sigue sin verse afectado. Otros directores, por el contrario, señalaron que la reactivación podría ser menos sostenida o más vulnerable, por ejemplo en caso de que la baja rentabilidad de las empresas o el exceso de capacidad frenaran la inversión, los precios bursátiles no alcanzaran a sustentar las ganancias recientes, o los hogares optaran por recomponer sus ahorros.

Poniendo todos estos riesgos en la balanza, los directores avalaron la decisión de la Junta de la Reserva Federal de Estados Unidos de mantener por ahora sin cambios las tasas de interés. Tras advertir contra una decisión prematura, convinieron en que sería necesario endurecer en cierta medida la política monetaria si la actividad económica seguía intensificándose. Asimismo, acordaron que por el momento no se justificaban más estímulos fiscales. Aun reconociendo que el agravamiento que había experimentado la situación fiscal en el curso del año anterior era producto de una combinación de factores —recortes impositivos, programa de estímulo, gastos de emergencia y seguridad a causa del 11 de septiembre—, los directores opinaron que había llegado el momento de plantearse las medidas necesarias a mediano plazo para sustentar el equilibrio de las finanzas públicas y hacer frente a las presiones originadas en el sistema de seguridad social.

Los directores se manifestaron gravemente preocupados por el panorama y las condiciones económicas de Japón. El país se encontraba en la tercera recesión en diez años; la confianza y la actividad seguían muy frágiles, y el sector bancario estaba sometido a profundas tensiones. Los directores expresaron satisfacción por las iniciativas lanzadas y señalaron algunos indicios de posible agotamiento de la desaceleración, pero instaron a las autoridades a seguir impulsando vigorosamente la reestructuración de los sectores empresarial y bancario, un factor crítico para restablecer la confianza y las perspectivas de crecimiento sólido. Aunque el margen de estímulo macroeconómico era pequeño, el Directorio Ejecutivo convino en que la política monetaria deberá seguir concentrada en poner fin a la deflación. Teniendo en cuenta el elevado endeudamiento público y la trayectoria ascendente de las tasas de interés a largo plazo, los directores hicieron hincapié en la necesidad de que las autoridades japonesas asumieran el compromiso claro y verosímil de sanear las finanzas públicas a mediano plazo, respaldándose en la reforma del sistema tributario, las empresas públicas y el sector de la salud.

Los directores se sintieron alentados por el hecho de que las encuestas recientes sobre la confianza de las empresas y el repunte de la producción industrial sean indicativos de una reactivación incipiente en la zona del euro. Aunque es probable que la recuperación se produzca más lentamente y más tarde que en Estados Unidos, varios directores ejecutivos señalaron que los sólidos fundamentos de Europa habían contribuido a la estabilidad mundial. Sin embargo, aprovechando el terreno ganado, debería haber seguido recibiendo máxima prioridad una profundización de la reforma de las políticas que respaldara una reanimación firme y sostenida de la economía. Los directores recalcaron la necesidad de que los países de la zona mantengan en curso la reforma estructural, sobre todo en el sector financiero, los mercados laborales y los sistemas jubilatorios. Señalaron que tras la puesta en circulación de los billetes y monedas de euros en enero de 2002, la reforma estructural deberá de ser aún más ventajosa. El Directorio Ejecutivo avaló la política monetaria adoptada por el Banco Central Europeo, que consistía en conservar inalteradas las tasas de interés y mantenerse preparado para moverse en una u otra dirección según evolucionara la situación macroeconómica. Manifestó que, en lo que respecta a la situación fiscal, los países con un déficit estructural voluminoso deberán apuntalar las finanzas públicas a medida que se intensifique el crecimiento, tanto para que los estabilizadores automáticos tengan margen de funcionamiento durante posteriores desaceleraciones como para poder hacer frente mejor a la creciente presión fiscal que representa el envejecimiento de la población.

Mercados emergentes. Los directores hicieron constar que la recuperación que se preveía en los países industriales deberá de tener una influencia decisiva en los mercados emergentes al respaldar su actividad, sumada al renovado empeño por robustecer los fundamentos económicos para reducir la vulnerabilidad e impulsar la productividad. Con excepción de China e India, Asia se había visto particularmente golpeada por el enfriamiento de la economía mundial, pero había claros indicios de reactivación, nutrida por la incipiente dinamización del sector electrónico y la distensión de las políticas macroeconómicas adoptada por una serie de países. Para propiciar la reactivación, deberán continuar las reformas a lo largo y a lo ancho de la región, especialmente en los sectores financiero y empresarial. Desde el punto de vista de los directores, India deberá emprender reformas fiscales estructurales para sustentar el considerable saneamiento necesario, mientras que China deberá seguir adelante con las reformas para hacer frente a los obstáculos en materia de competencia que plantea el ingreso a la Organización Mundial del Comercio y, en particular, abordar las dificultades de las empresas estatales, el sector bancario y el sistema jubilatorio.

Los directores examinaron las diferentes perspectivas que se abrían en América Latina. Indicaron con inquietud que la situación en Argentina se mantenía muy difícil y que parecía inevitable que en 2002 el producto sufriera una contracción sustancial. Habiendo tomado nota de las medidas que habían adoptado las autoridades frente a la apremiante situación, el Directorio Ejecutivo hizo énfasis en la necesidad de acotar el déficit fiscal y afianzar el sistema bancario, e instó a las autoridades a poner en marcha sin tardanza un programa económico sostenible al que pueda conceder aval financiero la comunidad internacional. En un principio, los efectos secundarios sobre otras economías de la región parecían en general limitados (con la excepción de Uruguay), aunque el riesgo no había desaparecido. Los directores observaron que la recuperación probablemente sería más firme en México y América Central —ambos con estrechos vínculos económicos con Estados Unidos— y en algunos países andinos. En otros países, la probabilidad era que fuera más débil.

El Directorio Ejecutivo se mostró complacido con el análisis de las crisis de la deuda latinoamericana publicado en Perspectivas de la economía mundial, advirtiendo que no se deberán hacer generalizaciones sobre los países ni sobre distintas etapas de los procesos de reforma. Sin embargo, señaló que la gran incidencia local de crisis de deuda puede explicarse en parte por el hecho de que la región esté relativamente cerrada al comercio exterior, por el mayor grado de inestabilidad macroeconómica, por la falta relativa de desarrollo de los mercados financieros nacionales y por las bajas tasas de ahorro. Muchos países habían logrado reducir su vulnerabilidad en los últimos años, principalmente gracias a la adopción de régimenes cambiarios más flexibles y la formación de mercados internos de capital. El análisis había puesto de manifiesto una vez más los beneficios que podrían obtener los países de la región al seguir dedicados a fortalecer las finanzas públicas y reformar los sistemas comerciales y financieros.

En medio de la desaceleración de la economía mundial, la mayoría de los países de Europa central y oriental que son candidatos para ingresar a la Unión Europea habían mantenido un nivel de crecimiento generalmente firme. La vitalidad de la demanda interna había compensado la debilidad de las exportaciones y, según las previsiones, el crecimiento se afianzaría a medida que siguiera su curso la recuperación mundial. Pese a que el elevado déficit de cuenta corriente demuchos de estos países había sido financiado sin problemas hasta el momento con inversión directa y otras afluencias de capital, los directores convinieron en que se trataba de un foco de vulnerabilidad que ponía de relieve la importancia de una disciplina fiscal constante y de reformas estructurales promotoras de la inversión y el crecimiento. Los directores ejecutivos se mostraron complacidos con la reciente mejora de los indicadores económicos de Turquía. Confiaban en que la revitalización de la confianza y el aumento de las exportaciones servirían de base a una recuperación sostenida en 2002, siempre que continuara la aplicación vigorosa de políticas estructurales y macroeconómicas sólidas.

En los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), el crecimiento había resistido de manera notable a la desaceleración mundial. Sin embargo, los directores ejecutivos opinaron que el ritmo de la actividad podría aminorar en cierta medida en 2002, principalmente como consecuencia del debilitamiento de la demanda en los países de la región que son exportadores de petróleo. A la vez, se mostraron complacidos con la agilización de las reformas estructurales en Rusia, haciendo notar que una de las prioridades críticas seguía siendo la mejora del clima de inversión. Evaluada la región como un todo, la tarea más importante que tenía por delante era continuar impulsando la reforma estructural, sobre todo en lo que hace al fortalecimiento de las instituciones y la gestión de gobierno, la reestructuración de los sectores empresarial y financiero, y la reducción de la función del Estado. El elevado endeudamiento externo de varios de los países más pobres de la CEI sigue siendo motivo de profunda inquietud y exigirá un seguimiento constante y directo.

Alentó al Directorio Ejecutivo el hecho de que África hubiera experimentado un crecimiento sostenido en 2001, que se mantendría relativamente sólido en 2002, de acuerdo con las previsiones. En gran parte de la región seguía habiendo una fuerte dependencia de los movimientos registrados en los mercados de productos básicos y del avance de la erradicación de los conflictos armados y otras fuentes de tensión civil. También sería importante frenar el aumento de la hambruna en el sur del continente. Los directores hicieron énfasis en la influencia decisiva que habían tenido las políticas económicas acertadas en los últimos años, al impulsar sustancialmente el ingreso per cápita de los países con buen desempeño económico. La diversificación y el crecimiento económico sostenido exigirían la aceleración de la reforma estructural; incluidos, por ejemplo, la modernización de la infraestructura y la prestación de servicios públicos, la liberalización del comercio, el robustecimiento de las instituciones reglamentarias y derechos de propiedad más seguros y estables. Los directores hicieron constar su satisfacción con la Nueva Asociación para el Desarrollo de África, avalada en julio de 2001 por la plana mayor de la Organización de la Unidad Áfricana (OLA), que hace hincapié en la identificación de los países con los programas, la función de liderazgo que le toca a África y la rendición de cuentas como fundamentos de la lucha en pro del crecimiento y en contra de la pobreza. Destacaron que se necesitará para ello asistencia externa, canalizada a través de nuevas reducciones de las barreras comerciales, la intensificación de la ayuda para el desarrollo —especialmente para combatir la infección por el VIH/SIDA— y el respaldo de las actividades de fortalecimiento de la capacidad (véase el recuadro 5.5).

Los directores señalaron que, según las proyecciones, el crecimiento perdería vigor en Oriente Medio en 2002, aunque mucho dependería de la evolución del mercado petrolero y de las condiciones de seguridad en la región. Hicieron notar que en 2001 las consecuencias desfavorables del abaratamiento del petróleo para los países que lo exportan habían sido limitadas gracias a las políticas macroeconómicas prudentes adoptadas en los últimos años. Como prioridad crítica a mediano plazo, muchos países deberán continuar con la diversificación de la producción, adentrándose en sectores no energéticos y apartándose así de la dependencia de los ingresos petroleros.

Análisis de la panorámica general. Los directores recibieron con satisfacción el análisis de las recesiones y recuperaciones de los países industriales (capítulo 3 de la edición de abril de 2002 de Perspectivas de la economía mundial), tomando nota de que el sincronismo de la última desaceleración mundial tenía mucho en común con episodios anteriores, en tanto que las recesiones relativamente asincrónicas de principios de los años noventa habían sido una excepción, producto de distintas perturbaciones en distintos países. En el último episodio, el hecho de que el gasto en inversión se desplomara al estallar la burbuja del sector tecnológico fue coherente con el fuerte retroceso que generalmente experimentó la inversión fija de las empresas antes de una recesión en las últimas décadas.

La suavidad de la última desaceleración mundial encajaba con la tendencia histórica hacia recesiones menos profundas. Sin embargo, ni su debilidad ni su corta duración implicaban que la recuperación fuera a ser lenta o tenue. Las alzas de las tasas de interés que habían precedido a las recientes desaceleraciones habían sido menores que antes, lo que reflejaba un nivel relativamente bajo de inflación durante la expansión previa. Ese era uno de los factores que explicaba por qué las desaceleraciones subsecuentes habían sido relativamente débiles.

En lo que respecta a las políticas monetarias en un ambiente de baja inflación, el Directorio Ejecutivo convino en que una de las principales razones del notable retroceso de la inflación en los países industriales en las últimas décadas había sido el mayor peso que los bancos centrales asignaban a la estabilidad de los precios y la consiguiente corrección beneficiosa del comportamiento del sector privado. Durante las deliberaciones sobre algunos de los obstáculos que enfrentan los bancos centrales desde el punto de vista de las políticas, muchos directores desaconsejaron sacar conclusiones prematuras, señalando que en varios países el bajo nivel de inflación no había sido un gran impedimento a la eficacia de la política monetaria. En términos más amplios, opinaron que la credibilidad de la política monetaria antiinflacionaria es una ventaja importante que se deberá conservar.

Mercados internacionales de capital y estabilidad financiera mundial

En junio de 2001, el Directorio Ejecutivo llevó a cabo la última evaluación de los movimientos de los mercados internacionales de capital, tanto maduros como emergentes, basada en el informe anual International Capital Markets. Este informe, que aparece desde 1980, fue combinado con Emerging Market Financing en una nueva publicación: Global Financial Stability Report (véase el recuadro 2.2), la cual se centra en las condiciones que están atravesando los mercados financieros mundiales y tiene por objeto facilitarle al FMI la evaluación de las perspectivas y la formulación de conclusiones que consoliden su función de promoción de la estabilidad financiera internacional y prevención de crisis. Como el informe aparece trimestralmente y está centrado en temas de actualidad, el Directorio Ejecutivo podrá mantenerse al tanto de la rápida evolución de los mercados financieros.

El nuevo informe es un elemento más del empeño del FMI por fortalecer la supervisión de los mercados internacionales de capital. El mismo propósito lo persigue Perspectivas de la economía mundial, que permite al Directorio Ejecutivo pasar regularmente revista a las novedades de los mercados y la economía mundial, la participación del sector privado en la prevención y solución de crisis financieras, la elaboración de normas y códigos, el programa de evaluación del sector financiero (PESF) y las Normas Especiales para la Divulgación de Datos (NEDD).

Informe de junio de 2001 sobre los mercados internacionales de capital

En sus deliberaciones de junio de 2001, los directores señalaron que el año precedente había estado dominado por períodos de recrudecimiento de la volatilidad de los precios de los activos, crecimiento más lento de la economía mundial y crisis en mercados emergentes de importancia trascendental. Las correcciones de los mercados de capital se hicieron evidentes en la redeterminación de los riesgos de una amplia variedad de mercados de renta variable y de bonos de alto rendimiento. Los directores opinaron que la fuerte correlación de la fluctuación de los precios de los activos registrada en distintos países era reflejo de la mundialización de las finanzas y de la creciente tendencia de los inversionistas a invertir de acuerdo con el sector o la calificación crediticia, más que según la ubicación geográfica.

La abrupta caída de los mercados bursátiles mundiales —sobre todo en el sector de la tecnología— y el drástico aumento de los diferenciales crediticios de los instrumentos de alto rendimiento fueron a la vez anticipo y reflejo del enfriamiento de la economía mundial, aunque los mercados financieros experimentaron un repunte sustancial gracias a la posterior distensión de la política monetaria en las economías más importantes. Los directores observaron que había existido una sincronía notable en la fluctuación de los precios de los activos de los principales países avanzados, sobre todo entre las bolsas europeas y estadounidense. La excepción más destacada fue Japón, que parecía estar en cierta medida desvinculado de los mercados mundiales, prueba de que el papel más influyente les corresponde a los inversionistas nacionales, y no a los extranjeros, y que los sectores empresarial y financiero del país siguen siendo débiles.

Al evaluar los riesgos que enfrentaban los mercados financieros internacionales, los directores estimaron que, si bien el retroceso de los mercados bursátiles había corregido en parte los desequilibrios de los últimos años, existía aún la posibilidad de que el mercado siguiera siendo susceptible a la evolución de la economía estadounidense. La posibilidad de que la política monetaria no pudiera contrarrestar la debilidad de la economía y de que el fuerte aumento de la productividad no lograra mantenerse podría ser otro foco de vulnerabilidad. Además, si surgieran dudas en cuanto a la sostenibilidad de los agudos desequilibrios que en Estados Unidos afectaban a las cuentas externas y también al sector de los hogares y al de las empresas, podría producirse una corrección profunda y posiblemente desordenada de las carteras internas e internacionales, que a la vez podría incidir en las principales relaciones cambiarias. Una serie de hechos de carácter estructural complicaba la evaluación de los riesgos: la concentración cada vez más intensa en los principales sistemas financieros, la creciente dependencia de los instrumentos derivados extrabursátiles y cambios estructurales en grandes mercados de valores públicos. Estos cambios estructurales parecen haber restado transparencia a la distribución del riesgo dentro del sistema financiero internacional; una divulgación más extensa de la información podría afirmar la disciplina de los mercados y la supervisión oficial. Sin embargo, los directores hicieron constar que la banca estadounidense parece gozar de mayor solidez que en desaceleraciones anteriores y está lo suficientemente bien capitalizada como para superar el posible recrudecimiento de la situación crediticia.

Los directores pasaron revista a los riesgos en Europa y Japón. En cuanto a Europa, advirtieron que los bancos habían conservado su solidez, pero que los mercados de capital podrían ser más vulnerables a los efectos secundarios y el contagio de la volatilidad de sus equivalentes estadounidenses y también a las sacudidas que parecían golpear simultáneamente a estas grandes economías. En lo que a Japón respecta, los directores manifestaron asimismo inquietud ante la posibilidad de que la constitución de reservas bancarias para préstamos incobrables fuera insuficiente y el hecho de que el sector estuviera al mismo tiempo sustancialmente expuesto a los precios de los bonos y acciones en el mercado interno. Al mismo tiempo, el sector bancario japonés parecía vulnerable a la debilidad ininterrumpida del desempeño macroeconómico nacional, a sacudidas externas fuertes e imprevistas en el ámbito económico y financiero, y a la inestabilidad de los mercados financieros internos.

El Directorio Ejecutivo opinó que, si bien la situación interna de los mercados emergentes es el principal determinante de las afluencias de capital, durante el último año el acceso de estas economías a los mercados internacionales de capital se vio decididamente influenciado por crisis propias y por la evolución de los mercados maduros. Por ende, muchas economías de mercados emergentes habían tenido dificultades para mantener un acceso ininterrumpido a los mercados. En épocas anteriores, las crisis cambiarias y bancarias en los mercados emergentes y el consiguiente contagio habían cortado de manera abrupta el acceso a los mercados; durante el último año, por el contrario, el acceso se había cerrado principalmente debido a acontecimientos ocurridos en los mercados maduros, como el colapso de los precios del índice Nasdaq estadounidense.

Los directores convinieron en que, al haberse alterado la composición de la masa de inversionistas en instrumentos de mercados emergentes, los países de mercados emergentes que importaban capital eran más vulnerables a los cambios de actitud o estrategia: como las tenencias de los inversionistas “exclusivos” seguían siendo limitadas, predominaban los “no exclusivos”; es decir, aquellos que podían colocar un pequeña fracción de sus activos en instrumentos de mercados emergentes y ejercer a la vez una gran influencia. Los directores recalcaron la probabilidad de que esos inversionistas redujeran o eliminaran sus tenencias de activos de mercados emergentes si las perspectivas se empañaban, si surgían oportunidades más interesantes en los mercados maduros, o si los administradores de inversiones tenían más aversión a los riesgos. En cualquiera de esos casos, los prestatarios de mercados emergentes podrían perder el acceso de un momento a otro sin que necesariamente se hubieran alterado los fundamentos de sus propios mercados. Los directores ejecutivos señalaron que, si bien los prestatarios de mercados emergentes habían dado gratas muestras de saber adaptarse a la variabilidad del acceso, sobre todo recurriendo a préstamos sindicados, constituyendo fondos para futuras obligaciones y usando distintas monedas, esas medidas de adaptación podrían provocar un fuerte aumento del costo del acceso a los mercados financieros internacionales. Resultaba difícil determinar si la situación se perpetuaría. En todo caso, no se deberá disuadir a las economías de mercados emergentes de aplicar políticas sólidas y transparentes. Con el correr del tiempo, ello podría llevar a los inversionistas a retomar la función de proveedores de financiamiento para los mercados emergentes y atenuar así la vulnerabilidad.

Como los datos apuntaban a un nuevo debilitamiento de la economía mundial, el Directorio Ejecutivo examinó la situación de los flujos de capital destinados a los mercados emergentes. Reconoció que, aunque estaban bajo la influencia de los movimientos de los mercados maduros y las perspectivas de la economía mundial, entraban también en juego las políticas internas adoptadas por los países importadores de capital. Con tasas de interés más bajas y un aterrizaje relativamente suave, la emisión bruta de bonos, acciones y otras participaciones de capital y préstamos sindicados internacionales, y los flujos netos hacia los países emergentes —sobre todo los que no exportan petróleo— podrían acrecentarse a medida que se reactivara la economía mundial. Aun así, los directores reconocieron que si la desaceleración era más aguda de lo previsto, las corrientes de capital hacia los mercados emergentes podrían sufrir un retroceso notable, incluso en el caso de la inversión extranjera directa (IED). En su opinión, como la inversión extranjera directa sigue siendo la principal fuente de capital en todas las regiones, el personal técnico del FMI deberá mantenerla bajo cuidadoso seguimiento y evaluar las condiciones y políticas que fomenten la estabilidad.

Principales mercados de valores públicos. Los directores convinieron en que las modificaciones estructurales por las que estaban pasando los principales mercados de valores públicos tenían implicaciones para los mercados financieros y debían mantenerse bajo seguimiento. Señalaron que la oferta decreciente de títulos del Tesoro de Estados Unidos ya había provocado profundos cambios en los mercados financieros nacionales e internacionales, ya que los agentes se volcaban cada vez más a otros instrumentos, como los swaps. Los directores señalaron que, con todo, los instrumentos financieros privados quizá no remplacen fácil o totalmente a los títulos del Tesoro como refugio para los inversionistas nacionales e internacionales.

En la zona del euro, los mercados de valores públicos ya habían pasado por cierta fase de armonización en cuanto a la reglamentación y convergencia de los métodos de emisión y negociación. Es probable que con el transcurso del tiempo una mayor convergencia e integración promueva la aparición de una curva de rendimiento que sirva de referencia uniforme para toda la zona del euro y de más liquidez a los mercados de la región. Al mismo tiempo, el mercado de bonos empresariales se encontraba más integrado y había crecido con rapidez.

Los directores evaluaron la situación de Japón, donde la persistencia de la incertidumbre económica y los desequilibrios financieros habían amortiguado la actividad financiera de las empresas e impulsado la oferta de deuda estatal. La combinación de tasas de interés bajas y de variaciones de la oferta y la demanda de bonos públicos determinadas por factores técnicos, sumada a deficiencias de la infraestructura del mercado que habían ejercido efectos negativos sobre la liquidez, había provocado volatilidad en el mercado de bonos públicos, a la vez que los diferenciales del mercado de los bonos de empresas se habían achicado sustancialmente. Esa situación planteaba a las instituciones financieras problemas de control de riesgos y ponía de manifiesto los obstáculos que enfrentaban las autoridades nacionales al intentar controlar los costos y riesgos de una oferta cuantiosa y creciente de deuda pública. Los directores tomaron nota de las medidas adoptadas para mejorar la infraestructura del mercado de bonos públicos a fin de hacerlo más eficiente e interesante para los inversionistas nacionales e internacionales.

Consolidación del sector financiero en los mercados emergentes. Muchos mercados emergentes habían pasado por una etapa de consolidación del sector financiero, pero en un grado y a un ritmo diferentes según la región. Desde el punto de vista de los directores, este proceso es una faceta de la ininterrumpida mundialización de la actividad financiera internacional, y es similar a una apertura “tranquila” de las cuentas de capital. Si bien la migración de las actividades financieras hacia centros financieros de bajo costo estaba alterando profundamente los sistemas financieros de muchos mercados emergentes, también los vinculaba a los mercados financieros internacionales.

Los directores señalaron que varios aspectos de la consolidación eran diferentes del curso que había seguido el proceso en los mercados maduros; en éstos, por ejemplo, las fusiones y adquisiciones transfronterizas habían sido poco frecuentes. Además, en muchos mercados emergentes la consolidación había servicio como medio de reestructuración del sistema financiero después de una crisis profunda, mientras que en los mercados maduros su objetivo había sido a menudo la reducción del exceso de capacidad. Asimismo, las autoridades habían desempeñado un factor importante al promover la consolidación en los mercados emergentes, mientras que en los maduros habían predominado las fuerzas de mercado.

Los directores observaron que este proceso había planteado una serie de cuestiones de política complicadas; entre ellas, la manera de crear suficiente disciplina en el mercado y supervisión oficial teniendo en cuenta que algunas instituciones son demasiado grandes como para permitir que quiebren. A la luz de la experiencia de los mercados maduros, la situación exigiría el fortalecimiento de la capacidad de supervisión de las actividades de instituciones financieras grandes y complejas, la fijación de reglas claras de ingreso y salida y rápidas medidas correctivas para las instituciones con problemas.

Los directores tomaron nota de que la aparición de conglomerados financieros que ofrecían una amplia variedad de productos y servicios complicaba la supervisión y regulación prudencial, ya que obligaba a plantear la modalidad de estructuración de los órganos regulatorios encargados de supervisar bancos, casas bursátiles y compañías de seguros. Según la opinión de los directores, dependería de las circunstancias de cada país o región.

En lo que respecta a las finanzas electrónicas, los directores dejaron constancia de que, si bien se encuentra en una etapa incipiente en la mayoría de los mercados emergentes, el uso de Internet para la producción y prestación de servicios financieros se encuentra en constante aumento. Este hecho subraya la necesidad de mejorar la gestión de la liquidez a nivel de las instituciones financieras y hacer lo propio con la labor de supervisión.

Informe de febrero-marzo de 2002 sobre la estabilidad financiera mundial

En el curso de las deliberaciones de febrero de 2002 sobre la primera edición del informe Global Financial Stability Report (publicada en marzo), los directores expresaron su satisfacción ante la reanimación de los mercados mundiales y la reducción de la aversión mundial al riesgo desde el cuarto trimestre de 2001. Tomaron nota del vuelco notable que se podía observar en la actitud de los mercados en cuanto a la intensidad y el ritmo de una reactivación mundial liderada por Estados Unidos. En términos generales, los mercados financieros habían respondido bien a la incertidumbre creada por la desaceleración y los acontecimientos del 11 de septiembre, y habían ganado terreno rápidamente ante las perspectivas económicas alentadoras.

A principios de 2002, el desempeño de los mercados bursátiles maduros había sido decepcionante. Los directores señalaron que la situación era un reflejo generalizado de los problemas contables que, entre otras cosas, no permitían ver claramente el verdadero nivel de apalancamiento al que habían recurrido las empresas e instituciones financieras en los años de auge.

En cuanto a los mercados emergentes, el Directorio Ejecutivo convino en que el contagio producido por la cesación de pagos y la devaluación en Argentina había sido poco intenso. A partir del cuarto trimestre de 2001, una serie de factores había contribuido a la adaptabilidad de los mercados emergentes: una diferenciación más fina entre los distintos mercados emergentes por parte de los inversionistas, una variedad de factores técnicos, y la adopción de políticas económicas sólidas orientadas hacia régimenes cambiarios más flexibles, reservas oficiales más elevadas, endeudamiento a corto plazo más bajo, y saldos más sólidos en cuenta corriente. Sin embargo, los riesgos no se habían extinguido, ya que la situación de Argentina no se había estabilizado y seguía existiendo un grado significativo de incertidumbre. El contagio podría manifestarse en el repliegue de las corrientes de capital, incluida la inversión extranjera directa, hacia algunos mercados emergentes. Además, los directores tomaron nota de que cualquier cambio inesperado que tuviera repercusiones mundiales, ya fuera en cuanto a las condiciones de riesgo o las perspectivas económicas, podría afectar desfavorablemente a los prestatarios de mercados emergentes.

Implicaciones de la estabilidad para las condiciones de los mercados financieros mundiales. Los directores tomaron nota de que a pesar de que el sistema financiero internacional había podido resistir conmociones profundas, las condiciones habían empeorado en una amplia variedad de mercados, instituciones y sectores del mundo entero durante 2001. El deterioro de la calidad del crédito y las utilidades de las empresas había quedado reflejado en el ensanchamiento de los diferenciales de los bonos empresariales y la caída de las cotizaciones bursátiles. Estos ajustes habían influido desfavorablemente en los balances de las empresas y los hogares. La desaceleración se había hecho sentir también en las instituciones financieras, aunque las más importantes de Estados Unidos y Europa parecían estar bien capitalizadas. Los directores reconocieron el agravamiento de las tensiones a las que se encontraba sometido el sistema financiero japonés, destacando la importancia de que las autoridades actuaran decisivamente para hacer frente a deficiencias de larga data en el sector de los bancos, el de los seguros y el de las empresas.

En cuanto a la panorámica de los mercados financieros mundiales, los directores convinieron en que el factor de riesgo más grave era la posibilidad de que la recuperación fuera tenue o se hiciera esperar, lo que podría causar correcciones en los mercados, ya que los precios de los activos parecían reflejar expectativas de reactivación a corto plazo. Los directores dejaron constancia de que, de concretarse esa posibilidad, Japón y los prestatarios de los mercados emergentes podrían verse especialmente afectados. El ajuste también podría llevar a las instituciones financieras a optar por evitar pasajeramente determinados riesgos. Al mismo tiempo, la capacidad de adaptación de la que dio muestras el sistema financiero internacional frente a las crisis financieras de la última década llevaba a pensar con optimismo que los ajustes no serían desbordantes.

Mercado de transferencia del riesgo crediticio. Los directores tomaron nota de que estos mercados habían crecido con gran rapidez, lo que demuestra la utilidad que tienen al distribuir el riesgo entre los agentes económicos y contribuir a la diversificación de las carteras, y también al brindar otras fuentes de liquidez. Las inquietudes sobre las actividades de los participantes nuevos, sujetos a una reglamentación menos estricta, podrían quedar atendidas mejorando la divulgación de información y la transparencia. Muchos directores solicitaron también que se intensificara la supervisión de las entidades no bancarias y no financieras que operan en los mercados financieros, manifestando su preocupación ante la posibilidad de que el arbitraje reglamentario transfiera el riesgo a las instituciones menos capaces de controlarlo, y que las normas y prácticas de contabilidad y auditoría sean deficientes en varios de los principales países. Sugirieron que una de las prioridades más importantes en el futuro deberá ser la modernización de los marcos de supervisión y reglamentación, a fin de mantenerlos a la par de la evolución de los mercados de transferencia del riesgo crediticio.

Perfeccionamiento de los modelos de sistemas de alerta anticipada. Los directores estuvieron de acuerdo en que la creación de modelos capaces de alertar sobre la inminente vulnerabilidad de un país a la crisis y el recrudecimiento del riesgo sistémico en los mercados financieros es importante para la buena supervisión de los mercados y la prevención de crisis. Aunque podrían ayudar al FMI a brindar asesoramiento oportunamente y evitar así una crisis, los modelos deben utilizarse con cuidado y llevar como complemento otros métodos de evaluación de la vulnerabilidad —como los cualitativos—, ya que actualmente su capacidad predictiva es limitada. Teniendo en cuenta esa salvedad, el Directorio Ejecutivo respaldó la labor de perfeccionamiento de los modelos que está utilizando el FMI. Esa labor podría también complementar los trabajos realizados a nivel nacional. Consciente de que las crisis monetarias no son la única amenaza para la estabilidad financiera, la mayoría de los directores alentó la idea de crear bases para un sistema de alerta anticipada más general que pronosticara otros tipos de crisis, como las de deuda y las bancarias.

Instrumentos financieros sustitutivos. Los directores advirtieron sobre el uso de instrumentos financieros que no fueran bonos y emisiones de deuda “comunes y corrientes” para mantener el acceso a los mercados mundiales de capital en épocas de financiamiento difícil. Aun reconociendo que algunos de esos instrumentos pueden resultar útiles en ciertas condiciones, los directores destacaron que no deberán ocupar el lugar de las medidas económicas acertadas y una buena gestión de la deuda, que son la piedra angular de un acceso adecuado y sostenible de los prestamistas de mercados emergentes a los mercados internacionales de capital. Señalaron que si los grandes diferenciales de rendimiento de los bonos reflejaban la preocupación de los inversionistas en cuanto a la solvencia de un país, el uso de instrumentos sustitutivos podría agravar el problema.

Supervisión en el plano regional

Comunidad Económica y Monetaria de África Central

En mayo de 2001, el Directorio Ejecutivo sostuvo deliberaciones sobre las novedades y las cuestiones de política vinculadas a la Comunidad Económica y Monetaria de África Central (CEMAC), integrada por Camerún, Chad, Gabón, Guinea Ecuatorial, la República Centroafricana y la República del Congo. Felicitó a las autoridades de los países de la CEMAC por el progreso logrado durante 2000 hacia el objetivo de estrechar la integración económica. El diálogo con las instituciones regionales de la CEMAC había servicio para complementar la supervisión bilateral, dada la variedad cada vez mayor de cuestiones de política tratadas a nivel regional. El Directorio Ejecutivo alentó a las autoridades a seguir adelante con la integración en la siguiente reunión del Consejo de Ministros.

Los directores tomaron nota de que el fuerte aumento que habían registrado en 2000 los ingresos de exportación y del Estado en los países de la CEMAC productores de petróleo había hecho posible una corrección sustancial de los desequilibrios globales de las cuentas públicas y externas, y también una sólida recomposición de las reservas internacionales del Banco de los Estados del África Central (BEAC). Opinaron que la capacidad de competencia de la CEMAC era, en términos amplios, adecuada, pero que la situación económica seguía siendo frágil. La región era vulnerable a las sacudidas externas y sobre todo a la caída del precio del petróleo crudo y el retroceso del dólar de EE.UU. frente al euro, al cual está vinculado el franco CFA. En ese sentido, los directores hicieron énfasis en la necesidad de seguir adelante sin interrupción con las reformas estructurales, la diversificación de la base económica y la formación de un ambiente macroeconómico estable. Manifestaron inquietud ante el abrupto aumento de la demanda interna en 2001, previendo que conduciría a acrecentar el déficit de la balanza de pagos en cuenta corriente. Por consiguiente, destacaron la importancia de sanear más a fondo las finanzas públicas, centrándose en un control estricto del gasto público y el ahorro de ingresos petroleros imprevistos.

Pese al terreno ganado en 2000, la agilización de la integración económica realzaría la credibilidad de la CEMAC. Los directores alentaron a las autoridades a robustecer las instituciones regionales y crear un marco sólido de íntima coordinación de las políticas fiscales y estructurales que sirva de firme sostén al régimen cambiario común. El estrechamiento de la integración exigiría que los distintos países miembros pusieran en práctica programas coherentes e integrales de convergencia y establecieran un sistema eficaz de supervisión regional mutua de sus respectivas políticas. El sistema abarcaría reglas de cumplimiento ineludible y criterios cuantitativos, exámenes periódicos y mecanismos que obligaran a los países a tomar medidas correctivas en casos de desviaciones en la aplicación de las políticas.

Los directores alentaron a las autoridades a mejorar la conducción de la política monetaria y a robustecer el funcionamiento del mercado regional interbancario de dinero, esencial para una distribución eficiente de la liquidez de los bancos. Recibieron con satisfacción la decisión de eliminar paulatinamente el otorgamiento automático de crédito del banco central a los gobiernos, pero a la vez instaron a los países miembros a obrar con mucha cautela frente a una propuesta de que el banco central garantizara la emisión de valores públicos.

Sin dejar de reconocer el avance realizado recientemente en la rehabilitación del sector bancario, el Directorio Ejecutivo se manifestó inquieto por el hecho de que este seguía siendo frágil. Quedaba amplio margen para fortalecer más la administración de los bancos y la supervisión del sistema. Un gran número de bancos no cumplía con los coeficientes prudenciales fundamentales. Los directores hicieron hincapié en la importancia de llevar a término los programas de reestructuración y privatización de bancos, de afianzar la Comisión Bancaria de África Central (COBAC), manteniéndola a salvo de interferencias políticas, y de reformar los sistemas judiciales para que no atenten contra la solidez de los sistemas bancarios nacionales.

Los directores se mostraron complacidos con la decisión de los países miembros de avanzar en la liberalización del comercio exterior simplificando la estructura del arancel externo común, reduciendo los tipos arancelarios promedio y eliminando las barreras intrarregionales aún en pie. Para que las autoridades puedan cosechar los frutos de las economías de escala e incrementar la competitividad de las empresas nacionales, los directores las alentaron a trabajar en políticas sectoriales comunes críticas para la integración regional: infraestructura, transporte, comunicación y energía. Asimismo, pusieron de relieve la importancia de propiciar la inversión privada mediante iniciativas en el campo de la legislación empresarial, contratos de inversión y política de competencia.

El Directorio Ejecutivo también instó a las autoridades a buscar asistencia técnica para modernizar y armonizar la elaboración de estadísticas regionales, sobre todo las correspondientes a las cuentas nacionales, los índices de precios al consumidor, el comercio exterior, la balanza de pagos y las finanzas públicas. Manifestaron que el FMI deberá proporcionar asistencia técnica con ese fin, y también con el de promover la convergencia macroeconómica y facilitarle a la COBAC la supervisión regional.

Unión Económica y Monetaria del África Occidental

En octubre de 2001, los directores ejecutivos analizaron las novedades y las principales cuestiones de política económica vinculadas a la Unión Económica y Monetaria del África Occidental (UEMAO), integrada por Benin, Burkina Faso, Côte d’Ivoire, Guinea-Bissau, Malí, Níger, Senegal y Togo. La desaceleración del crecimiento global de la región que abarca la UEMAO no se había detenido desde 1999. Los efectos negativos que había sufrido su desempeño macroeconómico a causa de la desfavorable coyuntura externa se acentuaron con el empeoramiento de la situación económica y financiera de Côte d’Ivoire. Existía la posibilidad de que la situación se prolongara más allá de 2001 si las condiciones mundiales y los precios de los productos básicos volvían a debilitarse. Por ende, los directores ejecutivos subrayaron la necesidad de robustecer las políticas macroeconómicas, profundizar la reforma estructural y mejorar la competitividad de los países miembros de la UEMAO a fin de lograr los objetivos máximos de integración económica en términos de crecimiento y alivio de la pobreza.

Los directores felicitaron a las autoridades de la UEMAO por el avance del proceso de integración en 2000, con el lanzamiento de la unión aduanera y las medidas encaminadas a llevar a la práctica el Pacto de Convergencia, Estabilidad, Crecimiento y Solidaridad suscrito en diciembre de 1999. Habiendo expresado satisfacción ante el hecho de que todos los países hubieran adoptado los programas de convergencia a mediano plazo, los directores tomaron nota de que la falta de firmeza en la ejecución de las políticas y la desaceleración económica que aquejaba a la región les habían dificultado a los países miembros el cumplimiento de los criterios de convergencia regional, como lo revelaba la situación a fines de 2000. Opinaron que para poder lograr esa meta a fines de 2002, se necesitarían un compromiso político más decidido, la aplicación de medidas correctivas por parte de los gobiernos de los países miembros y el afianzamiento de las capacidades institucionales tanto a nivel nacional como de la comisión de la UEMAO para supervisar el proceso de convergencia. Desde el punto de vista de los directores, reviste especial importancia el hecho de que los gobiernos miembros asuman un compromiso político más firme para eliminar los obstáculos que siguen impidiendo la creación de un mercado regional único y el establecimiento de una unión aduanera integral. Destacaron también la trascendencia del respaldo externo para que el proceso de integración pueda seguir su curso y, en particular, el aporte de la asistencia técnica al apuntalamiento de las instituciones regionales y la concreción satisfactoria de las distintas iniciativas regionales en materia de política.

El Directorio Ejecutivo señaló que gracias a una política monetaria prudente se habían engrosado las reservas de activos externos del Banco Central de los Estados del África Occidental (BCEAO) y la tasa de inflación era, en términos amplios, acorde con la registrada en la zona del euro. Como el BCEAO no había ajustado las principales tasas fijadas como objetivo de política desde mediados de 2000, los directores estimaron que la política monetaria podría tener mayor margen de flexibilidad ante el enfriamiento de la actividad económica. Sin embargo, destacaron la importancia crítica de tener una política fiscal correcta y limitar en consecuencia las necesidades de financiamiento interno de los gobiernos para que la política monetaria pueda seguir un buen curso. En ese sentido, hicieron especial hincapié en la necesidad de recortar la deuda pública a niveles sostenibles y de evitar incurrir en atrasos.

El Directorio Ejecutivo subrayó la importancia de profundizar el mercado interbancario regional y lograr una mayor integración de los mercados financieros de la región que cubre la UEMAO con objeto de facilitar el crecimiento económico privado y fomentar la estabilidad financiera. Expresó su satisfacción ante la decisión de eliminar los créditos vigentes del banco central a disposición de los gobiernos y crear un mercado bursátil regional para los gobiernos de los países miembros, pero a la vez recomendó un cronograma realista de puesta en práctica. Alentó a las autoridades a individualizar y eliminar los obstáculos al mercado interbancario regional. Esas reformas facilitarán el financiamiento de los déficit fiscales con fuentes no bancarias, le permitirán al BCEAO gestionar mejor la liquidez del sistema bancario mediante mecanismos de mercado y promoverán el desarrollo de un sector financiero eficiente y en condiciones de competir.

Pese al avance logrado en los 10 últimos años hacia la rehabilitación y la supervisión eficaz del sector bancario, el cumplimiento con las disposiciones y reglamentaciones prudenciales sobre los controles internos, que recientemente habían sido objeto de una revisión, parecía insuficiente. Como parte del fortalecimiento de sus carteras de préstamos, los bancos de la región deberán respetar más rigurosamente los coeficientes prudenciales, robustecer los mecanismos de recuperación de préstamos y sanear el régimen judicial. Los directores señalaron la necesidad crítica de una supervisión bancaria más eficaz para el desarrollo de un mercado financiero regional.

El Directorio Ejecutivo respaldó las medidas recientes destinadas a armonizar la tributación indirecta de la UEMAO, redactar un proyecto de código de inversión común, afianzar las políticas sectoriales comunes y crear fondos estructurales, que en conjunto deberán de contribuir a nivelar las disparidades regionales. Instó a las autoridades a actuar decisivamente para armonizar la tributación de los productos petrolíferos, promover una normativa tributaria común y un plan concertado de control de las exenciones, e incorporar las mejoras necesarias a la tributación de la pequeña empresa.

Basándose en una serie de indicadores cambiarios tradicionales, el Directorio Ejecutivo convino en que la capacidad de competencia externa de las economías de la UEMAO es adecuada. Sin embargo, teniendo en cuenta los problemas estructurales que las aquejarían a más largo plazo, una de las máximas prioridades de las autoridades deberá ser la aplicación de políticas encaminadas a ensanchar la base de producción, impulsar la productividad y mejorar la eficiencia en función de los costos de la prestación de los servicios públicos más importantes. El Directorio Ejecutivo alentó a las autoridades a definir y observar indicadores de competitividad que se salgan de lo tradicional, como la participación en los mercados de exportación.

Los directores ejecutivos tomaron nota de los planes en curso para integrar la UEMAO dentro de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO)1 a fin de crear un mercado regional más amplio y hacer extensivo a otros países el marco monetario común. Para lograr ese objetivo, sería indispensable armonizar más íntimamente las políticas macroeconómicas y de comercio exterior entre la UEMAO y los miembros de la CEDEAO que no pertenecen a la UEMAO, y también establecer un mecanismo fiable de supervisión para fomentar la convergencia entre los Estados miembros. Pese a lo conveniente que sería incrementar la convergencia y al fuerte respaldo político con el que cuenta el proceso de integración con la CEDEAO, la meta de lograr una unión monetaria exclusiva en África occidental para 2004 parece muy ambiciosa, por una variedad de razones económicas y limitaciones de la capacidad institucional.

Los directores opinaron que la estrategia de integración regional deberá abarcar la producción de estadísticas regionales fiables y puntuales, sobre todo en materia de cuentas nacionales, deuda interna, comercio exterior, balanza de pagos y nuevos índices de medición de la fluctuación de los precios y los costos de los factores.

Políticas monetarias y cambiarias de la zona del euro y políticas comerciales de la Unión Europea

En octubre de 2001, los directores ejecutivos debatieron las políticas monetarias y cambiarias de los países de la zona del euro y la evolución de las políticas comerciales de la Unión Europea.

Políticas de la zona del euro. El Directorio Ejecutivo tomó nota de que el crecimiento de la economía local no había resistido tan bien como se esperaba las agudas perturbaciones de magnitud mundial, como el encarecimiento de la energía, la corrección a la baja de los mercados bursátiles y la marcada desaceleración del comercio internacional. Contra este sombrío telón de fondo, las repercusiones económicas del 11 de septiembre probablemente empañarían más las perspectivas a corto plazo. Sin embargo, los fundamentos macroeconómicos de la región eran sólidos: inflación subyacente baja, saldos fiscales mucho más alentadores y políticas conducentes a un nuevo repunte cíclico.

El enfriamiento cíclico de la región no debería eclipsar los sustanciales logros macroeconómicos de los últimos años, cimentados en la estabilidad de los precios, la fijación de salarios conducentes al empleo, el reordenamiento de las finanzas públicas y un cierto grado de reforma estructural. Gracias a estos elementos se habían acelerado el aumento de los ingresos y la creación de empleos, sobre todo en los países que habían reformado el mercado laboral y mantenido la moderación salarial. Sin embargo, la rigidez estructural seguía siendo pronunciada, y los directores alentaron la intensificación de la reforma a lo largo y a lo ancho de la zona, especialmente en los países en los cuales la reforma laboral había quedado rezagada en los últimos años. En términos más amplios, hicieron hincapié en los efectos favorables que ejercen sobre las perspectivas económicas mundiales las políticas macroeconómicas y estructurales propicias para el crecimiento adoptadas por los países de la región.

Con respecto a la política monetaria, el Directorio Ejecutivo advirtió que los riesgos para la estabilidad de los precios estaban disminuyendo y que el Banco Central Europeo (BCE) había actuado con acierto al levantar en gran medida la política monetaria restrictiva aplicada en 2000. Felicitó al BCE por haber actuado rápidamente, en coordinación con la Reserva Federal de Estados Unidos y otros bancos centrales, para apuntalar la confianza y suministrar suficiente liquidez al sistema bancario tras los sucesos del 11 de septiembre.

En cuanto al futuro, los directores esperaban que los riesgos para la estabilidad de los precios siguieran atenuándose, sobre todo teniendo en cuenta que con perspectivas de crecimiento más leves y presiones menos intensas en términos de precios, es probable que los salarios se mantengan a niveles moderados en 2002. El reciente aumento que registró el M3, que superó el valor de referencia del BCE, parece reflejar en cierta medida perturbaciones pasajeras de la velocidad, vinculadas entre otros factores a los cambios de cartera, y por ende no deberá recibir más atención de la que merece al evaluar las políticas. El Directorio Ejecutivo estimó que, dadas esas condiciones, queda margen para distender nuevamente la política monetaria, especialmente si el euro se aprecia. Varios directores alentaron a las autoridades a mantener el empeño en transmitir al mercado una concepción más clara de las políticas que sirven de fundamento a las decisiones monetarias del BCE.

Al evaluar los factores que explican la debilidad del valor externo del euro, muchos directores mencionaron el hecho de que el aumento de la capitalización del mercado bursátil había sido mucho mayor en Estados Unidos que en la zona del euro, la diversificación internacional que seguían realizando los inversionistas de la zona del euro y el mayor ritmo de emisión de obligaciones denominadas en euro lanzadas por no residentes.

Respecto de la política fiscal, el Directorio Ejecutivo avaló decididamente el objetivo —consagrado en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento2— de que los países miembros alcancen y mantengan situaciones presupuestarias próximas al equilibrio o con superávit a mediano plazo. Este objetivo sirve de ancla de la disciplina fiscal a la vez que permite que los saldos presupuestarios varíen según el momento y el país, tal como lo exige el buen funcionamiento de una unión monetaria con un grado elevado de descentralización fiscal.

Al plantearse la mejor manera de lograr este objetivo, los directores evaluaron las bondades de un marco que combine el libre funcionamiento de los estabilizadores automáticos con el cumplimiento de planes de gastos ya anunciados. Varios directores opinaron que una de las ventajas más importantes de esta alternativa es que respeta la orientación a mediano plazo del Pacto y ofrece a la vez un marco estabilizador que permite hacer un seguimiento de la situación de cada Estado miembro en relación con el objetivo de déficit a mediano plazo. Si, por el contrario, el factor de más peso fuera el cumplimiento con metas de déficit nominal anual y se produjera una desaceleración mundial, sería necesario contrarrestar el funcionamiento de los estabilizadores automáticos, lo cual postergaría la recuperación proyectada. Sin embargo, otros directores opinaron que el uso de los planes de gasto como referencia podría facilitar el logro de los objetivos a mediano plazo del Pacto, pero no deberá remplazar a las metas de déficit nominal.

Los directores observaron con satisfacción que según indicadores recientes y pese a las variaciones entre países, la evolución de la situación fiscal de la zona parece en general estar correctamente equilibrada entre factores cíclicos y objetivos de reordenamiento a mediano plazo. La mayoría de los directores convinieron en que se deberá dar margen al funcionamiento de los estabilizadores automáticos, sobre todo teniendo en cuenta la desaceleración generalizada que está atravesando la economía. No les parecía necesario por el momento tomar medidas discrecionales decisivas en el terreno fiscal para luchar contra la desaceleración, ante la probabilidad de que las conmociones perjudiciales fueran pasajeras y debido a los efectos que tales medidas tendrían sobre los saldos de las cuentas públicas.

Una reforma estructural sólida y de amplio alcance será uno de los factores que más realzará la capacidad de crecimiento de la región y restablecerá la confianza de las empresas y los consumidores. Los directores se mostraron complacidos con los recientes adelantos logrados para fomentar la competencia en los mercados de productos, y aguardan con interés nuevas medidas en materia de adquisiciones públicas, ayuda estatal, reforma administrativa y reducción de las imposiciones reglamentarias que pesan sobre las empresas. Lamentaron que se hubiera hecho relativamente poco en cuanto a los desincentivos laborales vinculados a los sistemas tributarios y las prestaciones sociales de muchos de los países de la zona del euro, o para liberalizar los mercados de trabajo mediante, entre otras cosas, la flexibilización de los régimenes de fijación de salarios. Haciendo referencia al terreno que algunos países habían ganado mediante medidas parciales, el Directorio Ejecutivo instó a las autoridades a que aspiren a lograr el desempeño económico tanto más elevado que produce una reforma más vigorosa del mercado laboral. Algunos directores opinaron que un renovado empeño en pro de reformas estructurales encaminadas a aumentar la tasa de productividad regional también podría contribuir a la apreciación del euro con el correr del tiempo.

Los directores expresaron su agradecimiento por los intensos preparativos que habían permitido poner en circulación sin dificultades los billetes y las monedas de euro, y se manifestaron satisfechos de que se hubiera asegurado que la nueva moneda no conduciría a un alza de precios. Aguardaban con ansias la finalización de esta reforma de magnitud sin precedente, de la que cabe esperar una mayor transparencia en cuanto a precios y la intensificación de la competencia.

Haciendo referencia a la integración de los mercados de capital como uno de los mayores beneficios que encierra la Unión Económica y Monetaria (UEM) europea, los directores se manifestaron esperanzados de que pronto entrarán en juego las recomendaciones del informe Lamfalussy3 sobre la agilización de los procedimientos legislativos e instaron a las autoridades a acelerar la puesta en práctica del plan de acción de servicios financieros. La integración de los mercados de capital plantea nuevos dilemas para la prevención y el control de crisis, y es necesario fortalecer sustancialmente el intercambio de información entre supervisores y afianzar los procesos decisorios.

Los directores expresaron la opinión de que sería sumamente conveniente que se publicaran con mayor puntualidad más estadísticas de mejor calidad sobre la zona del euro, sobre todo indicadores cíclicos a corto plazo y datos sobre la balanza de pagos, e instaron a las autoridades a perseverar en esa labor.

Los directores se mostraron complacidos con la finalización de tres informes sobre la observancia de los códigos y normas (IOCN) en la zona del euro —dedicados a la transparencia de la política monetaria y, entre otras facetas del sistema de pagos, su supervisión— y manifestaron su acuerdo general con sus conclusiones.

Novedades recientes en cuanto a la política comercial de la UE. En lo que respecta a la política comercial de la Unión Europea (UE) en conjunto, el Directorio Ejecutivo se manifestó convencido de que la nueva ronda comercial de Doha dará un impulso muy necesario a las perspectivas mundiales de crecimiento e instó a la UE a que sigua fijándose como alta prioridad llegar a un acuerdo sobre el alcance que tendrá la ronda y a dar prueba de liderazgo y flexibilidad para que las negociaciones puedan avanzar. Dejó constancia de su satisfacción ante la iniciativa “Todo menos las armas” para los países menos adelantados y propuso medidas encaminadas a simplificar el Sistema Generalizado de Preferencias de la UE. El Directorio Ejecutivo destacó que, si bien estas iniciativas servirán para ofrecer un acceso más amplio a los países que reúnan los requisitos, una apertura general más rápida de los sectores muy protegidos beneficiará no solo a los países en desarrollo sino también, de manera sustancial, a la propia UE. En ese sentido, hizo hincapié en el aporte fundamental que la reforma integral de la Política Agrícola Común de la UE representará para la liberalización del comercio internacional y los preparativos de ampliación de la UE.

Comercio internacional y acceso al mercado

En septiembre de 2001, los directores deliberaron sobre la función del FMI en la esfera del comercio internacional. Coincidieron en que le toca a la institución un papel importante, dando respaldo a un sistema abierto y a la liberalización. En su opinión, el FMI podría encauzar su labor por cuatro vías. Primero, deberá seguir haciendo énfasis en la necesidad de poner en marcha satisfactoriamente la nueva ronda comercial de Doha (véase el recuadro 2.3) y en los beneficios que podría llevar consigo, tanto al mejorar el nivel de vida de todos los países como al afirmar la estabilidad del sistema de comercio mundial.

Segundo, los directores convinieron en que el FMI deberá continuar abordando temas vinculados al comercio internacional y propiciar su liberalización, cuando corresponda, como parte de la tarea de supervisión que realiza y los programas que respalda. Si bien se ha logrado que el acceso al mercado ocupe un lugar algo mayor en las consultas del Artículo IV con los países industriales, es necesario poner más empeño en determinar qué acciones bloquean las exportaciones de los países en desarrollo, y éstos deberán a su vez recibir aliento para mantener encauzada la liberalización a fin de fomentar la eficiencia y el crecimiento sostenible. Los directores recalcaron que las reformas del sistema comercial deberán estar concebidas en el orden correcto y teniendo en cuenta sus repercusiones —sobre todo a corto plazo— en el ingreso público y la cuenta corriente. En lo que hace a los programas respaldados por el FMI, la condicionalidad que pueda acompañar a las medidas comerciales deberá ceñirse a las pautas sobre racionalización en la materia y las nuevas normas que vayan adoptándose.

Recuadro 2.3Programa de Doha para el desarrollo

En la cuarta Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), celebrada en Doha (Qatar) del 9 al 14 de noviembre de 2001, se abrió una nueva ronda de negociaciones comerciales multilaterales: el programa de Doha para el desarrollo. Se trata de la novena ronda desde la firma del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) en 1947 y la primera desde la conclusión de la Ronda Uruguay en Marrakech en 1994, que dio lugar a la creación de la OMC.

La nueva ronda tiene un amplio alcance y aspira a liberalizar los intercambios comerciales de una gran variedad de bienes y servicios comerciables y actualizar y afianzar las reglas del sistema de comercio multilateral. Asimismo, hace extensiva la labor de la OMC a campos básicamente nuevos, como la inversión, la política de competencia y el medio ambiente. Gran parte del programa de trabajo está dedicado a la formulación de normas encaminadas a aclarar y mejorar las disciplinas sobre medidas comerciales correctivas (como las medidas antidumping), los acuerdos comerciales regionales, los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio y el mecanismo de solución de diferencias.

Un tema constante del programa de Doha es la integración más plena de los países en desarrollo dentro del sistema de comercio. La declaración ministerial adoptada en la conferencia pretende colocar las necesidades e intereses de los países en desarrollo en el centro del programa de trabajo, tal como lo manifiesta la importancia concedida al objetivo del acceso a los mercados libre de derechos y de contingentes para los productores de los países menos ade lantados, reglas que tengan en cuenta las circunstancias especiales que atraviesan los países en desarrollo y sus limitaciones en cuanto a la aplicación, y programas de asistencia técnica y de creación de capacidad relacionados con el comercio. Las disposiciones de la declaración sobre el desarrollo abarcan compromisos para que el trato especial y diferenciado sea más preciso, eficaz y operativo, y también para programas de trabajo especiales destinados a promover la integración de los países menos adelantados y las pequeñas economías dentro del sistema de comercio mundial.

El inicio de la nueva ronda es una clara muestra de rechazo del proteccionismo y las políticas orientadas al mercado interno y sirve para fortalecer la confianza del mercado y las perspectivas mundiales. Sin embargo, para que la nueva ronda concluya con éxito, las intenciones enmarcadas por el programa de Doha deben traducirse en hechos como la apertura de los mercados, sobre todo los de bienes y servicios de mayor importancia para los países en desarrollo.

Tercero, el Directorio Ejecutivo opinó que la asistencia técnica de la institución deberá seguir representando un aporte fundamental a la tarea de sentar las bases de una liberalización del comercio adecuada. Las reformas emprendidas por los países miembros en los campos de especialización del FMI —a saber, sistemas de ingreso público y administración tributaria y aduanera— habían sido en muchos casos esenciales para facilitar la transición a régimenes comerciales más abiertos, con escasas repercusiones desde el punto de vista del ingreso fiscal.

Cuarto, el FMI deberá seguir colaborando estrechamente con la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial para evitar la duplicación de actividades y garantizar su complementariedad. Conscientes de la importancia estratégica del comercio internacional para el crecimiento sostenible y el alivio de la pobreza en los países más afectados, los directores se mostraron complacidos con la cooperación del FMI, el Banco Mundial, la OMC y otras entidades a fin de revitalizar el Marco integrado para la asistencia técnica relacionada con el comercio. Apoyaron los esfuerzos que están realizando el FMI y el Banco Mundial para ayudar a los países pobres a integrar el comercio exterior a sus estrategias globales de desarrollo y reducción de la pobreza, y, dentro de ese marco, focalizar mejor la asistencia técnica y coordinarla para imprimirle mayor eficacia.

El Directorio Ejecutivo convino, en términos generales, en que los servicios de financiamiento del FMI eran adecuados para respaldar los planes de liberalización del comercio de los países miembros. El FMI está en condiciones de brindarles asistencia, en vista de la importancia de un ambiente macroeconómico estable, un régimen cambiario correcto y el marco general de incentivos para que la liberalización tenga éxito. Además de las implicaciones que la reforma del comercio internacional tiene para el ingreso público y la balanza de pagos, los directores mencionaron otros campos que siguen necesitando la atención del FMI y del Banco Mundial: el ordenamiento correcto de la liberalización; las repercusiones para los pobres; los costos a corto plazo del ajuste en términos de producción y empleo, y las medidas que permitan neutralizarlos; y, cuando corresponda, las posibilidades de diversificación de las exportaciones.

En el comunicado publicado tras la reunión del 20 de abril de 2002, el Comité Monetario y Financiero Internacional de la Junta de Gobernadores del FMI señaló que la ampliación del acceso de los países en desarrollo a los mercados y la eliminación gradual de las subvenciones que distorsionan el comercio beneficiarán a los países desarrollados y en desarrollo por igual. El Comité expresó su satisfacción por el compromiso, reiterado en la conferencia de las Naciones Unidas celebrada en Monterrey (México) en marzo de 2002, de trabajar con miras a lograr un acceso libre de derechos y cuotas para las exportaciones de los países menos desarrollados. También dejó constancia de las mayores oportunidades que pueden crearse mediante la reducción de las barreras comerciales entre los países en desarrollo.

Integrada por Benin, Burkina Faso, Cabo Verde, Côte d’Ivoire, Gambia, Ghana, Guinea, Guinea-Bissau, Liberia, Malí, Níger, Nigeria, Senegal, Sierra Leona y Togo.

Acuerdo adoptado por el Consejo Europeo en junio de 1997 para garantizar la disciplina presupuestaria en los Estados miembros en la etapa final de la Unión Económica y Monetaria europea; en él se préven asimismo programas de estabilidad a mediano plazo actualizados anualmente.

Alexandre Lamfalussy (presidente) y colaboradores, 2001, Final Report of the Committee of Wise Men on the Regulation of European Securities Markets (Bruselas: Unión Europea, Consejo de las Comunidades Europeas [Asuntos Económicos y Financieros], ECOFIN, 15 de febrero); http://europa.eu.int/comm/internal_market/en/finances/general/lamfalussyen.pdf.

    Other Resources Citing This Publication