Informe Anual 1999
Chapter

Capítulo 2. Perspectivas de la economía mundial

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
October 1999
Share
  • ShareShare
Show Summary Details

Como parte de la supervisión que ejerce sobre la política de tipo de cambio de los países miembros y el sistema monetario internacional, el Directorio Ejecutivo examina periódicamente la evolución de la economía mundial basándose en los informes para las Perspectivas de la economía mundial que prepara el personal del FMI. Estos informes, que se publican habitualmente dos veces al año—y con mayor frecuencia en los casos en que la rápida modificación de la situación económica lo hace necesario—ofrecen un análisis integral de las perspectivas de la economía mundial y de cada región y país en particular, así como un examen de diversos temas específicos.

En 1998/99, el Directorio se reunió en tres ocasiones para considerar los informes sobre las perspectivas de la economía mundial: en septiembre de 1998, diciembre de 1998 (para examinar una actualización de la evaluación realizada por el personal en septiembre) y abril de 19993. Las deliberaciones se centraron en la turbulencia en los mercados financieros provocada por la recesión en Asia, la crisis de Rusia y, posteriormente, la conmoción financiera en Brasil.

En septiembre de 1998, los directores convinieron en que las perspectivas a corto plazo se habían deteriorado considerablemente debido a que la recesión se había profundizado en Asia y la crisis de Rusia había dado lugar a ventas en gran escala en los mercados de acciones de todo el mundo. Las crisis pusieron de manifiesto la vulnerabilidad de las economías deficientemente administradas ante un cambio abrupto de los flujos de capital. Aunque se observaban signos alentadores de que los programas de política económica que estaban aplicando Corea, Tailandia, e incluso Indonesia, habían comenzado a restablecer la confianza en los mercados financieros, las economías de mercados emergentes, tanto en Asia como en otras regiones, se veían frente al riesgo de retrocesos. Los riesgos de deterioro de la situación económica mundial ponían de manifiesto la creciente prevalencia e intensidad del contagio, y su importancia como causa de crisis financieras en una economía cada vez más globalizada. Los directores señalaron que, si bien los efectos de contagio eran más ostensibles en los países con una política económica deficiente e instituciones inadecuadas, tampoco lograron eludirlos algunos países cuya gestión económica era relativamente acertada, cuyas variables económicas fundamentales eran más sólidas y que mantenían escasas vinculaciones comerciales o financieras con los países en crisis.

En las deliberaciones celebradas en diciembre de 1998, los directores coincidieron en que, en muchos sentidos, las turbulencias que habían afectado a los mercados maduros desde mediados de agosto hasta principios de octubre no tenían precedente. El Directorio observó, sin embargo, que desde mediados de octubre se había restablecido en cierto grado la calma en los mercados financieros. Contribuyeron a esta mejora en gran parte las oportunas medidas de política económica adoptadas, como la rebaja de las tasas de interés por la Reserva Federal de Estados Unidos, que fue imitada por otros bancos centrales de los países industriales, incluidos los de la—entonces—futura zona del euro; el fortalecimiento de las medidas de política en Japón para estimular la demanda; el compromiso de Brasil de corregir los desequilibrios fiscales y el posterior acuerdo sobre un programa respaldado por la comunidad internacional; el avance continuo de la estabilización y la reforma estructural en Asia; el progreso logrado con respecto al aumento de los recursos financieros del FMI y, por lo tanto, el fortalecimiento de la capacidad de la comunidad internacional para prestar asistencia a los países afectados por crisis financieras. Varios directores también hicieron hincapié en que, ante las medidas de ajuste aplicadas en respuesta a los acontecimientos, los países habían visto reducido su acceso a los mercados de capital y, en vista de los efectos de la tendencia descendente del precio de los productos básicos, se justificaba el respaldo de la comunidad internacional.

Tras atenuarse la turbulencia en los mercados desde mediados de octubre, los anteriores temores de una recesión mundial disminuyeron. En general, los directores estuvieron de acuerdo con la proyección elaborada por el personal de la institución, que mostraba una moderada revisión a la baja de las perspectivas de crecimiento del producto mundial en 1999.

El Directorio Ejecutivo destacó que, desde el análisis de las perspectivas de la economía mundial realizado en septiembre, se habían producido muchos hechos positivos. Se esperaba que en 1999 se mantuviera un crecimiento vigoroso en Europa continental, aunque a un ritmo menor que en 1998. Los directores consideraron que la moderada desaceleración prevista para la economía estadounidense en 1999 indicaba un aterrizaje suave, que ayudaría a reducir el riesgo de una desaceleración más abrupta en una etapa posterior. Pese a estas circunstancias, los directores estimaron que era prematuro concluir que el peligro había pasado, pues la situación en los mercados financieros seguía siendo inestable y frágil, y la oferta de fondos en la mayoría de las economías de mercados emergentes aún era muy reducida. El riesgo neto de las proyecciones seguía inclinándose predominantemente hacia el deterioro. Si los flujos de capital privado no alcanzaban los niveles supuestos en las proyecciones, se necesitaría probablemente que las economías de mercados emergentes realizaran un mayor ajuste de los flujos comerciales mediante una compresión de la demanda y tal vez un ajuste de los tipos de cambio. Asimismo, los directores advirtieron que para algunos de estos países podría ser difícil atender sus obligaciones del servicio de la deuda si no se restablecía el financiamiento privado. También cuestionaron si las proyecciones habían incorporado plenamente el impacto del descenso de los precios de los productos básicos. El bajo nivel de estos precios, de mantenerse, sumado al menor acceso a los mercados internacionales de capital, exigiría mayores ajustes en muchos países exportadores de productos básicos.

En las deliberaciones de abril de 1999, los directores coincidieron en que, si bien era probable que en 1999 continuara la desaceleración económica mundial, el riesgo de una recesión mundial había cedido, y para el 2000 se esperaba una moderada reactivación del crecimiento. Destacaron que había indicios de un comienzo de recuperación económica en las economías asiáticas de mercados emergentes afectadas por la crisis, de distensión generalizada de las condiciones monetarias en los países industriales y de mantenimiento de un firme crecimiento de la economía estadounidense. También reconocieron que la proyección de referencia dependía de una serie de factores favorables, a saber: de que se produjera un aterrizaje suave en la economía de Estados Unidos, de que el crecimiento de la zona del euro repuntase, pese a un contexto externo algo desfavorable, y de que la recesión de Japón tocara fondo en 1999. Los directores también opinaron que la crisis brasileña, pese a sus limitados efectos de contagio, ha impartido un nuevo impulso contractivo a la economía mundial, y que para muchos países de mercados emergentes las condiciones de financiamiento continuarán siendo probablemente muy difíciles.

La disparidad de la evolución del crecimiento entre Estados Unidos, la zona del euro y Japón desde comienzos de la década ha agravado los desequilibrios mundiales de pagos, lo cual, en opinión de muchos directores, plantea un grave riesgo para las perspectivas. Los directores sostuvieron que los desequilibrios—sobre todo el déficit externo de Estados Unidos que ha facilitado el ajuste mundial tras las crisis de los mercados emergentes—podrían dar lugar a fluctuaciones desestabilizadoras de los tipos de cambio entre las principales monedas y a un nuevo aumento de las presiones proteccionistas. Varios directores señalaron el desafío de restablecer el crecimiento mundial para que vuelva a situarse a un nivel cercano a su potencial en un período en que el crecimiento de la demanda interna en Estados Unidos probablemente tendrá que disminuir para permitir que el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos se reduzca en cierta medida. Sostuvieron que esta situación pone de relieve que debe asignarse prioridad a las políticas orientadas a generar una pronta recuperación en Asia, incluido Japón, y a contrarrestar la desaceleración registrada recientemente en gran parte de Europa continental para lograr que la evolución cambie de signo.

Estados Unidos, Japón y Europa

El impulso que mantiene la actual expansión en Estados Unidos es destacable por su duración y por el hecho de que no haya inflación. Los directores atribuyeron la prolongada expansión al saneamiento de las finanzas públicas, la aplicación de medidas monetarias prudentes y ajustadas a las circunstancias y la flexibilidad de los mercados de trabajo y de productos. La tendencia descendente de los precios de la energía y otros productos básicos ha contribuido a mantener un bajo nivel de inflación. No obstante, los directores también coincidieron en que la escalada de las cotizaciones en Bolsa, que refleja en parte las expectativas de una menor inflación y la reducción del rendimiento de los bonos, ha ayudado a sostener la demanda. La posibilidad de correcciones bruscas en los mercados bursátiles y en la tasa de ahorro excepcionalmente baja de las familias plantea importantes riesgos de que las perspectivas sean menos favorables de lo previsto.

La fortaleza de la economía de Estados Unidos está comenzando a plantear un dilema a las autoridades encargadas de la política económica de ese país, según muchos directores. Si el crecimiento de la demanda interna no se desacelera próximamente y adquiere un ritmo más moderado, varios directores consideraron que será necesario adoptar con prontitud una política monetaria más restrictiva para evitar el riesgo de recalentamiento de la economía. Estos y otros directores expresaron el temor de que los desequilibrios actuales y proyectados en el sector privado y la balanza de pagos sean insostenibles a largo plazo, y opinaron que la experiencia indica que cuanto más se prolongan mayores son las posibilidades de una corrección brusca y difícil. Las abruptas reducciones de las importaciones de Estados Unidos y las oscilaciones, posiblemente desestabilizadoras, de los tipos de cambio, los mercados bursátiles y las condiciones monetarias, podrían transmitir a otros países las consecuencias adversas de una corrección de ese tipo. Sin embargo, la mayor parte de los demás directores prefirieron adoptar una actitud más expectante, sosteniendo que no es necesario restringir las condiciones monetarias con carácter preventivo debido a que en Estados Unidos estas condiciones ya son bastante restrictivas, teniendo en cuenta el bajo nivel de inflación y la fortaleza del dólar, y que una medida de este tipo podría poner en peligro la recuperación de otros países, sobre todo los que están saliendo de la crisis. En lo que respecta a la política fiscal, los directores instaron a Estados Unidos a resistir las presiones para gastar el superávit público actual, y los previstos para el futuro, a fin de atender las necesidades financieras a más largo plazo y crear el margen de maniobra necesario para utilizar temporalmente la política fiscal con fines de estabilización si surgiera la necesidad.

El mantenimiento de la atonía de la actividad en Japón fue motivo de especial inquietud para el Directorio. La mayor parte de los directores opinó que las posibilidades de un nuevo estímulo fiscal son limitadas dado que se estima que en el ejercicio cerrado en marzo de 1999 el déficit ha ascendido a más del 10% del PIB; no obstante, consideraron que es crucial que el estímulo planeado se ponga en práctica plenamente, tanto en el gobierno central como en los gobiernos locales, para respaldar la demanda. En lo que respecta a la política monetaria, muchos directores coincidieron en que las fuerzas deflacionarias que operan en la economía justifican que las tasas de interés a corto plazo se mantengan en los niveles más bajos posibles, y que se apliquen también medidas que aseguren un crecimiento suficiente de la liquidez mediante operaciones de mercado abierto.

Los directores ejecutivos también hicieron hincapié en la necesidad de reformas estructurales en esferas clave para revitalizar el crecimiento y la creación de empleo en el mediano plazo. Consideraron que la reforma bancaria es esencial y expresaron su satisfacción por la aportación de fondos públicos para recapitalizar el sistema bancario. Destacaron el avance logrado en el fortalecimiento de los principales bancos, la resolución del problema de las instituciones insolventes, la aprobación de la legislación que autoriza la enajenación de los activos en situación de incumplimiento y el mejoramiento de la divulgación de información y la supervisión, e instaron a las autoridades japonesas a seguir adelante con la ejecución del programa de estabilización financiera, sobre todo en los casos en que subsisten problemas graves. Sin embargo, algunos cuestionaron si el alcance de las reformas en curso o planeadas sería suficiente. Estos directores destacaron en especial la creciente necesidad de reestructurar las empresas, necesidad que se pone de manifiesto en el excedente de capacidad productiva existente en algunos sectores y en los problemas creados por la carga de la deuda de las empresas, que complica la resolución de las dificultades del sector bancario. En términos más generales, los directores consideraron que es necesario seguir corrigiendo los aspectos ineficientes de la economía y eliminar los obstáculos a la creación de nuevas empresas. Las propuestas de desregulación en algunos sectores ya han ayudado a intensificar la competencia y a reducir los costos. Sin embargo, subsisten muchas restricciones en la agricultura, la distribución, el transporte y la construcción, que limitan el crecimiento y la creación de puestos de trabajo.

En lo que respecta a Europa, el Directorio Ejecutivo expresó su satisfacción por la auspiciosa puesta en marcha de la tercera fase de la UEM, pero advirtió que las autoridades de política económica de la zona del euro siguen encarando enormes desafíos. Desde fines de 1998 se han ido sumando cada vez más indicios de que el crecimiento en dicha zona se desacelera, debido principalmente al deterioro de las circunstancias externas, aunque también por efecto del debilitamiento de la confianza de las empresas. Se espera que este año el crecimiento en la zona del euro sea inferior a la tasa potencial y, si bien es de prever una recuperación el próximo año, los directores se mostraron preocupados por el riesgo de que la evolución sea más desfavorable de lo previsto. Aunque las necesidades a mediano plazo siguen siendo importantes, al mismo tiempo es esencial que las políticas se adapten adecuadamente para respaldar la demanda interna necesaria para estrechar la amplia brecha de producción y absorber el componente cíclico del desempleo. Muchos directores también subrayaron la importancia de que la zona del euro desempeñe un papel de mayor preponderancia en el respaldo del crecimiento mundial, no sólo a través de la demanda interna sino también mediante reformas estructurales. Dadas estas consideraciones, y en vista del limitado margen de maniobra de la política fiscal y de que en los últimos tiempos la inflación se ha mantenido por debajo del nivel medio de la banda fijada como objetivo, unos cuantos directores sostuvieron que existen razones de peso para una mayor distensión monetaria. La pronta adopción de medidas acarrea pocos riesgos, pero entraña importantes beneficios tanto para la zona del euro como para la economía mundial en términos más generales. Sería importante que los países de la zona del euro que están registrando un crecimiento relativamente vigoroso reaccionen ante una mayor distensión monetaria adoptando medidas fiscales anticíclicas para prevenir el recalentamiento de la economía. Varios otros directores, sin embargo, no se mostraron convencidos de que se justificara una nueva distensión monetaria, destacando la firmeza de la confianza de los consumidores y la debilidad del euro. No obstante, todos los directores coincidieron en que el BCE debería proceder con decisión a bajar las tasas de interés si persistieran los indicios de desaceleración. (Poco después de este debate, a principios de abril, el BCE redujo sus principales tasas de interés.)

El Directorio Ejecutivo convino también en que el éxito de la reforma de los mercados de trabajo y de productos era crucial para mejorar las perspectivas de crecimiento y empleo en Europa, sobre todo a mediano plazo. De hecho, en los países que han logrado los mayores avances, un cúmulo considerable de datos evidencian los efectos positivos de la reforma del mercado de trabajo. La evolución desfavorable del mercado de trabajo ha impuesto una gravosa carga a muchos países europeos, que se traduce en penurias para los desempleados, en el impacto derivado del ingreso tributario no percibido y de los pagos de transferencia y, con criterio más general, en el efecto producido por pérdidas de producción y de bienestar.

Los directores reconocieron que, si bien las circunstancias difieren de un país a otro en lo que respecta al alcance y el carácter específico de los problemas que deben resolverse, el objetivo global que deben tener las medidas es claro: eliminar los obstáculos a la creación de puestos de trabajo y los desincentivos para que los desempleados busquen empleo. A tal efecto será necesario flexibilizar la legislación sobre protección laboral, aminorar la carga fiscal excesiva sobre el trabajo y reducir los desincentivos generados por las prestaciones de desempleo y otras transferencias sociales. Como muchas de las rigideces de los mercados laboral y de productos tienden a reforzarse mutuamente, es más probable lograr éxito con reformas integrales que aplicando medidas parciales o fragmentarias.

Economías afectadas por la crisis

El Directorio Ejecutivo convino en que los desequilibrios del sector público han sido la causa básica de la crisis en Brasil. El creciente desequilibrio fiscal también ha contribuido a un mayor déficit externo, lo que hizo que Brasil fuera muy vulnerable a los cambios de actitud de los inversionistas y generó la impresión generalizada de que la banda cambiaria establecida en el país era insostenible. Algunos directores observaron que lo sucedido recientemente en Brasil pone de relieve nuevamente la importancia de aplicar medidas macroeconómicas sólidas para respaldar la credibilidad de un sistema de tipo de cambio vinculado. Asimismo, varios directores señalaron la necesidad de que en las primeras etapas de una crisis económica se proceda con determinación a aplicar una política monetaria más restrictiva, mientras que otros subrayaron la importancia de que haya suficiente flexibilidad cambiaria. De cara al futuro, los directores consideraron que la economía brasileña comenzaría a recuperarse ya en el 2000, dado que la crisis no parece estar enraizada en problemas estructurales no relacionados con el sector fiscal y el sistema financiero es relativamente sólido. El ritmo de la recuperación dependerá esencialmente de la velocidad con que las autoridades corrijan el déficit público y del éxito en la contención de las expectativas de inflación y la estabilización de los mercados de cambio. Los directores se mostraron alentados por los primeros signos de que la inflación se halla reprimida, pero hicieron hincapié en que, para restablecer la confianza y permitir una distensión gradual de las condiciones monetarias, es crucial que se aplique con decisión el programa aprobado recientemente.

Aunque los directores advirtieron que la recesión en Brasil podría tener un importante impacto en la región, se mostraron alentados por su moderado impacto en los mercados financieros de otros países de América Latina. La mayor parte de las economías de la región parecen estar en una situación adecuada para hacer frente a las repercusiones, lo cual refleja el hecho de que en la última década se ha logrado fortalecer mucho las variables fundamentales de las economías de la región. Sin embargo, los ajustes económicos que se requieren y el riesgo de un nuevo contagio exigen una férrea disciplina de política económica y una intensificación de los planes de reforma, sobre todo en los países en los cuales los desequilibrios fiscales y de pagos se han visto exacerbados por el deterioro del precio de los productos básicos y la situación desfavorable de los mercados financieros. En varios casos, las deficiencias del sector financiero exigen especial atención.

Los directores ejecutivos expresaron honda preocupación por el deterioro de los resultados económicos de Rusia desde la crisis financiera de agosto de 1998, ya que se ha producido un abrupto aumento de la tasa de inflación y ha surgido el peligro de una recesión prolongada que podría tener importantes repercusiones negativas en las economías vecinas. Destacaron los indicios recientes de que las autoridades rusas están desplegando esfuerzos por corregir los problemas fiscales y estructurales fundamentales, y subrayaron que se requiere una firme determinación de llevar a cabo las reformas para frenar y contrarrestar los graves problemas que enfrenta el país. Los directores destacaron en particular la necesidad de un enérgico programa de ajuste fiscal que limite la necesidad de que el banco central financie el presupuesto y que frene la acumulación de atrasos presupuestarios. También destacaron la importancia de intensificar los planes de reforma estructural en las esferas en las cuales la ejecución de los planes ha sido insatisfactoria, de recuperar el terreno perdido desde agosto de 1998 y de resolver los problemas que han surgido en el sector financiero tras la crisis.

Los directores se mostraron alentados por los indicios de que la reactivación económica está a punto de iniciarse o ya está en marcha en las economías asiáticas de mercados emergentes que habían sufrido una profunda contracción después de las crisis financieras del segundo semestre de 1997. El cambio de coyuntura parece estar en una etapa más avanzada en Corea, seguida de Tailandia. En estos y otros países en crisis, la recuperación se está apoyando en el mejoramiento de la situación de la balanza de pagos y de la confianza de los inversionistas, el fortalecimiento de los tipos de cambio, la reanudación de los flujos de capital y la estabilización de la situación en los mercados financieros. El restablecimiento de la confianza facilitó la recuperación. En Indonesia podría comenzar a producirse un cambio de signo de la actividad económica en el segundo semestre de 1999, aunque las demoras en la reforma y la persistencia de la inestabilidad política han impedido que se restableciera la confianza. Al considerar las medidas necesarias para lograr que la incipiente recuperación en la región se transforme en un crecimiento sostenible, los directores resaltaron la necesidad de lograr avances en la reestructuración del sector bancario y el sector empresarial y en las reformas orientadas a promover mercados de correcto funcionamiento y una asignación más eficiente de los recursos.

Otras economías emergentes

En 1998, China, India y algunos países africanos parecen haber capeado relativamente bien las recientes crisis financieras. En diverso grado, la capacidad de resistencia de estos países obedeció a que sus lazos comerciales con los países en crisis son limitados, a que dependen relativamente poco de los flujos de capital privado o a que su integración en los mercados financieros internacionales es escasa. Era alentador que la economía china hubiera alcanzado un fuerte ritmo de crecimiento en 1998. Con todo, varios directores ejecutivos mencionaron los problemas que atravesaban los sectores financiero y de empresas públicas, y animaron a las autoridades a que continuaran adelante con la consolidación del sector financiero y la reforma de dichas empresas. Los directores se mostraron de acuerdo en que, en materia de política macroeconómica y política de tipos de cambio, China ha adoptado un curso apropiado para mantener la estabilidad del renminbi y estimular la economía, lo cual ha desempeñado un papel importante en el ajuste y la recuperación de la economía regional. En India, las repercusiones de la crisis asiática han sido relativamente moderadas, aunque las perspectivas de crecimiento económico a mediano plazo de India siguen estando limitadas por graves deficiencias fiscales y estructurales.

En lo que respecta a África, las mejoras logradas en la ejecución de las medidas de política han ayudado a varios países a fortalecer sus resultados económicos y a reducir su vulnerabilidad ante las circunstancias externas adversas. Al mismo tiempo, sin embargo, el descenso que registraron recientemente el precio del petróleo y el de otros productos básicos ha provocado importantes disminuciones del ingreso real en muchos países africanos, aunque la expansión de la actividad económica se vio afectada sólo levemente. Varios directores ejecutivos consideraron que es necesario ofrecer más opciones de reducción de la deuda externa y mantener la asistencia financiera internacional para respaldar los planes de ajuste y reforma en estos países. Algunos directores también indicaron que los países industriales deben ampliar el acceso de las exportaciones de los países en desarrollo a sus mercados, sobre todo en lo que respecta a los productos agropecuarios. Los directores también expresaron su preocupación por el grave costo económico y social de los conflictos armados en varias partes del continente, e instaron a que se proporcione asistencia internacional adecuada a los países afectados.

La caída del precio del petróleo también ha entrañado cuantiosas mermas de los ingresos de exportación y tributarios en los países de Oriente Medio exportadores de petróleo. Estos países compensaron esta insuficiencia de ingresos utilizando en parte las reservas oficiales y recurriendo a nuevos empréstitos externos. Los directores alentaron a dichos países a llevar adelante los planes de ajuste ya en marcha para resguardar la estabilidad macroeconómica, sobre todo si el precio de sus exportaciones se mantiene en un nivel desfavorable.

Prevención del contagio

En algunos casos, las crisis financieras que sufrieron las economías de mercados emergentes en los últimos años se propagaron entre países que aparentemente mantienen pocos vínculos comerciales o financieros y en situaciones en que no hubo una perturbación común importante. Los directores coincidieron en que este fenómeno inusual bien puede deberse, en parte, a la mayor globalización de los mercados financieros, que, si bien entraña el beneficio de ampliar el acceso al financiamiento externo, ha hecho que las economías sean más vulnerables a los cambios drásticos y repentinos del sentir de los inversionistas. De hecho, la mayor globalización de los mercados financieros ha significado que las crisis de la balanza de pagos comprometan más que en el pasado a la cuenta de capital, lo cual tiende a que sea más difícil predecir las crisis. Si bien el contagio financiero ayuda a explicar la mayor incidencia de situaciones críticas, el contagio no parece manifestarse en forma indiscriminada. Las crisis suelen surgir en los casos en que hay variables económicas fundamentales que presentan deficiencias comunes, sobre todo en lo que respecta a la balanza de pagos o a los aspectos vulnerables del sistema financiero, incluidos los resultantes de la acumulación excesiva de pasivos externos a corto plazo.

Si bien los esfuerzos por fortalecer la arquitectura financiera internacional son esenciales tanto para prevenir las crisis como para resolverlas, el problema del contagio debe abordarse también a nivel de los países. Por lo tanto, el Directorio Ejecutivo destacó que las medidas de política económica interna desempeñan un papel central en la prevención de las crisis, en primer lugar, y en la reducción de la vulnerabilidad de los países al contagio. Subrayaron la importancia de evitar un tipo de cambio muy sobrevalorado y, para ello, de implementar una política monetaria y fiscal coherente. Los directores también hicieron hincapié en que, en toda estrategia eficaz de prevención de crisis, las medidas orientadas a corregir las deficiencias de los sistemas financieros son cruciales. Para evitar crisis de liquidez, es importante que los gobiernos presten atención a la estructura de vencimientos y a la composición monetaria de la deuda de los bancos y del sector empresarial. También es necesario controlar cuidadosamente la estructura de vencimientos de la deuda pública, pues un cambio en el sentir de los inversionistas podría hacer difícil que el gobierno renovase un gran volumen de deuda a corto plazo. Los directores también hicieron hincapié en la necesidad de que la reglamentación prudencial y la supervisión de los bancos y de otras instituciones financieras sean más eficaces en muchos países. Algunos directores se refirieron específicamente a la importancia de normas prudenciales sobre la obtención de préstamos a corto plazo en divisas por parte de los bancos. A este respecto, algunos directores señalaron que hacía falta mejorar la fiscalización, por el lado de la oferta, de las actividades muy apalancadas de las instituciones financieras.

Dado que muchas de las crisis que han afectado a los mercados emergentes en los últimos años han tenido lugar en países con tipos de cambio vinculados, varios directores cuestionaron la viabilidad de los sistemas de tipo de cambio vinculado pero ajustable en el contexto de una mayor globalización de los mercados financieros. Hicieron hincapié en que, en muchos casos, un mayor grado de flexibilidad cambiaría podría ayudar a que los inversionistas nacionales y extranjeros tomaran más conciencia de los riesgos cambiarios. Otros directores sostuvieron que un tipo de cambio vinculado puede ser especialmente útil como ancla nominal y como medio de evitar un aumento de la inflación. En particular, un régimen de caja de conversión podría ser una opción conveniente en algunos casos, pero los directores reconocieron que un régimen de este tipo impone muchas exigencias en lo que se refiere a la suficiencia de las reservas, la solidez del sistema financiero, la flexibilidad de los mercados y los resultados fiscales. Los directores coincidieron en que el sistema cambiario óptimo varía de un país a otro y que, independientemente del régimen escogido, las medidas económicas deben respaldar ese régimen y fomentar la estabilidad macroeconómica para garantizar su éxito.

    Other Resources Citing This Publication