Informe Anual 1999
Chapter

Capítulo 1. Evolución general de la economía mundial en 1998/99

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
October 1999
Share
  • ShareShare
Show Summary Details

En 1998/99, se estabilizaron los mercados financieros y la actividad económica tocó fondo en las economías de mercados emergentes de Asia, con indicios a principios de 1999 de que empezaba a entreverse la recuperación en algunas economías. En el pasado ejercicio, las condiciones financieras externas que tuvieron que enfrentar las economías de mercados emergentes se deterioraron ostensiblemente debido a la crisis rusa surgida en el mes de agosto, una situación que, durante un cierto período, suscitó también temores de que se generalizase la restricción del crédito. La coyuntura mejoró tras el amplio alivio de las condiciones monetarias en los países industriales, si bien la crisis brasileña que surgió en enero de 1999 produjo un retroceso temporal.

En términos generales, la actividad en las economías de mercados emergentes se vio afectada adversamente no sólo por un entorno financiero externo difícil sino, también, por la mayor debilidad de la demanda externa y la caída del precio de los productos de exportación. En el grupo de países industriales, la recesión en Japón se agravó durante 1998, pero luego la actividad económica se recuperó vivamente a principios de 1999, mientras que el crecimiento en la Unión Europea (UE) perdió fuerza durante el período, aunque la expansión de la economía de Estados Unidos se mantuvo notablemente firme. El crecimiento del producto mundial se desaceleró desde el 4½% registrado en 1997 hasta un 2½% en 1998, observándose los primeros indicios de recuperación a principios de 1999, si bien parece que el crecimiento es bastante más débil que el alcanzado durante el período 1994–97 (véanse el cuadro 1 y el gráfico 1). Esta desaceleración mundial, la cuarta en 25 años, obedeció principalmente a las crisis surgidas en las economías de mercados emergentes y a la recesión en Japón.

Gráfico 1Indicadores mundiales

(Variación porcentual anual)

1Volumen de bienes y servicios.

Cuadro 1Panorama de la economía mundial(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
19911992199319941995199619971998
Producto mundial1,82,72,74,03,74,34,22,5
Economías avanzadas1,21,91,23,22,63,23,22,2
Principales países industriales0,81,81,12,92,13,03,02,2
Estados Unidos−0,92,72,33,52,33,43,93,9
Japón3,81,00,30,61,55,01,4−2,8
Alemania5,02,2−1,22,71,21,32,22,8
Francia0,81,2−1,32,82,11,62,33,1
Italia1,10,6–1,22,22,90,91,51,4
Reino Unido−1,50,12,34,42,82,63,52,1
Canadá−1,90,92,34,72,61,23,83,0
Otras economías avanzadas2,92,52,04,64,43,84,22,1
Partida informativa
Países industriales0,81,70,92,92,33,03,02,5
Zona del euro2,41,3−1,02,72,31,72,52,9
Economías asiáticas recientemente industrializadas7,95,86,37,67,36,36,0−1,5
Países en desarrollo4,96,76,56,86,16,55,73,3
África1,80,20,72,23,15,83,13,4
América3,93,33,95,21,33,65,22,3
Brasil1,0−0,54,95,94,22,83,50,2
Asia6,69,59,39,69,18,26,63,8
China9,214,213,512,610,59,68,87,8
India1,74,25,17,28,07,45,55,6
ASEAN-417,46,77,17,78,17,13,8−9,4
Oriente Medio y Europa2,77,04,00,63,74,74,42,9
Países en transición−7,4−11,7−6,4−7,5−1,1−0,32,2−0,2
Europa central y oriental−9,9−8,5−3,7−2,91,61,63,12,4
Excluidos Belarús y Ucrania−10,7−5,00,33,25,63,73,52,6
Rusia−5,0−14,5−8,7−12,6−4,1−3,50,8−4,8
Región transcaucásica y Asia central−7,0−14,4−9,6−10,4−4,41,62,42,0
Volumen del comercio mundial (bienes y servicios)4,64,73,79,19,66,99,93,3
Importación
Economías avanzadas3,44,81,79,79,16,59,14,7
Países en desarrollo9,711,18,77,211,58,211,2−0,7
Países en transición−12,7−25,78,95,515,39,69,31,2
Exportación
Economías avanzadas5,85,23,48,79,16,310,33,2
Países en desarrollo6,210,78,213,110,59,211,42,2
Países en transición3,6−21,38,02,811,56,66,24,1
Precios de los productos básicos Petróleo2
En DEG−16,4−4,5−11,1−7,31,823,7−0,2−31,2
En dólares de EE.UU.−15,7−1,7−11,8−5,07,918,4−5,4−32,1
Productos no combustibles3
En DEG−6,5−2,82,710,62,33,32,0−13,5
En dólares de EE.UU.−5,70,11,813,48,4−1,2−3,3−14,8
Precios al consumidor
Economías avanzadas4,73,53,12,62,52,42,11,6
Países en desarrollo36,538,947,251,822,214,39,410,4
Países en transición94,1646,4602,0266,9126,940,628,220,8
LIBOR a seis meses (porcentaje)4
Sobre los depósitos en dólares de EE.UU.6,13,93,45,16,15,65,95,6
Sobre los depósitos en yenes japoneses7,24,33,02,41,30,70,70,7
Sobre los depósitos en euros9,59,87,45,75,73,73,53,7
Fuente: FMI, Perspectivas de la economía mundial (mayo de 1999).

Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermediate.

Promedio, basado en ponderaciones de la exportación mundial de productos básicos.

Tasa interbancaria de oferta de Londres.

Fuente: FMI, Perspectivas de la economía mundial (mayo de 1999).

Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Promedio simple de los precios de entrega inmediata de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermediate.

Promedio, basado en ponderaciones de la exportación mundial de productos básicos.

Tasa interbancaria de oferta de Londres.

Los precios de los productos básicos descendieron en todos los frentes en magnitudes que no se registraban desde mediados de los años ochenta. Tras fuertes descensos a principios de 1998, el precio del petróleo retrocedió nuevamente hacia finales de año—con una caída total de más del 30% en todo 1998—, pero la mayor parte de esa caída se remontó tras el anuncio hecho en marzo de 1999 de que se preveían recortes en la producción y ante las señales de reactivación en Asia. El precio de los demás productos básicos perdió terreno a lo largo del ejercicio; en marzo de 1999 se situaba más de un 15% por debajo de su nivel un año antes. Esta variación a la baja del precio de los productos básicos, si bien contribuyó a que la inflación mundial perdiera impulso, redujo también el ingreso real y la demanda interna en muchos países en desarrollo exportadores de productos básicos, con importantes repercusiones negativas sobre las posiciones fiscal y de balanza corriente en algunos casos. Debido en parte al bajo costo de las importaciones obtenidas en los mercados emergentes asiáticos y a la caída del precio de los productos básicos, la inflación de los precios al consumidor en las economías avanzadas se moderó nuevamente en 1998, situándose en el 1½%. Sin embargo, en varias de las economías de mercados emergentes—entre ellas Indonesia y Rusia—la inflación se aceleró fuertemente a raíz de la depreciación de sus monedas.

Vinculada a las sacudidas financieras que registraron las economías de mercados emergentes se produjo la caída en picado de la entrada de capital privado. Tras la crisis en Rusia, la mayoría de los prestatarios en mercados emergentes perdieron temporalmente el acceso al financiamiento privado, pues las tasas de interés alcanzaron niveles no registrados desde la crisis de México en 1995, viéndose afectados principalmente los países de América Latina. La huida general hacia posiciones de calidad y liquidez provocó también un grave recrudecimiento de las condiciones crediticias y la fuerte caída de los valores bursátiles en los mercados financieros desarrollados antes de que amainaran las tensiones a finales de 1998. La corriente neta de capital privado hacia las economías de mercados emergentes disminuyó en 1998 a unos $65.000 millones, menos de una tercera parte del nivel máximo alcanzado en 1996 y el nivel anual más bajo de la década (véase el cuadro 2). La crisis en Brasil aplazó el retorno a tasas de interés y corrientes de capital como los que prevalecían antes de la crisis rusa, pero, en marzo y abril de 1999, los prestatarios en las economías de mercados emergentes, comprendidos algunos de América Latina, comenzaban a regresar al mercado.

Cuadro 2Flujos netos de capital a las economías de mercados emergentes1(Miles de millones de dólares de EE. UU.)
19911992199319941995199619971998
Total
Flujos netos de capital privado2123,8119,3181,9152,6193,3212,1149,164,3
Inversión directa neta31,335,556,882,797,0115,9142,7131,0
Inversión de cartera neta36,951,1113,6105,641,280,866,836,7
Otras inversiones netas55,632,711,5−35,855,015,4−60,4−103,4
Flujos oficiales netos36,522,320,11,826,1−0,824,441,7
Variación de las reservas3−61,5−51,9−75,9−66,7−120,2−109,1−61,2−34,7
Partida informativa
Cuenta corriente4−85,1−75,6−116,0−72,0−91,0−91,8−87,1−59,1
Africa
Flujos netos de capital privado28,96,98,74,86,87,616,310,3
Inversión directa neta2,01,71,93,44,25,57,66,8
Inversión de cartera neta−1,5−0,61,00,81,5−0,22,93,5
Otras inversiones netas8,45,85,80,71,22,35,80,0
Flujos oficiales netos7,810,57,814,010,83,7−4,51,5
Variación de las reservas3−2,50,80,8−4,7−1,7−7,4−12,32,9
Partida informativa
Cuenta corriente4−7,4−10,4−11,0−11,8−16,4−5,7−6,1−18,1
América
Flujos netos de capital privado224,155,962,647,538,382,087,369,0
Inversión directa neta11,313,912,024,926,139,350,754,0
Inversión de cartera neta14,730,361,160,81,740,039,733,0
Otras inversiones netas−2,011,7−10,6−38,210,62,7−3,1−18,1
Flujos oficiales netos2,7−1,70,6−4,120,6−13,7−7,81,6
Variación de las reservas3−17,4−22,6−21,34,2−25,5−28,3−14,617,7
Partida informativa
Cuenta corriente4−16,9−34,5−45,7−50,9−35,9−38,9−65,1−89,6
Asia5
Países en crisis6
Flujos netos de capital privado226,826,631,933,262,562,4−19,7−45,3
Inversión directa neta6,16,36,76,58,79,512,14,9
Inversión de cartera neta3,45,316,58,317,020,012,6−6,5
Otras inversiones netas17,315,08,718,436,932,9−44,5−43,6
Flujos oficiales netos4,42,00,60,30,74,825,022,7
Variación de las reservas3−8,3−18,1−20,6−6,1−18,3−13,637,7−39,1
Partida informativa
Cuenta corriente4−25,2−16,1−13,5−23,2−40,5−53,4−27,066,6
Otros mercados emergentes asiáticos
Flujos netos de capital privado27,2−8,725,533,232,638,122,8−9,6
Inversión directa neta8,38,526,338,741,145,650,545,1
Inversión de cartera neta−2,02,64,51,1−6,1−7,5−11,8−8,8
Otras inversiones netas0,9−19,7−5,4−6,6−2,40,1−15,8−45,9
Flujos oficiales netos6,58,37,95,13,85,33,35,9
Variación de las reservas3−31,4−7,6−17,2−47,7−26,2−42,5−46,3−9,7
Partida informativa
Cuenta corriente423,714,0−8,517,19,417,037,530,5
Oriente Medio y Europa7
Flujos netos de capital privado268,635,133,715,410,16,816,726,5
Inversión directa neta1,20,93,93,83,72,43,32,9
Inversión de cartera neta22,313,521,813,69,44,14,38,8
Otras inversiones netas45,120,78,0−2,0−3,00,49,114,7
Flujos oficiales netos3,9−1,32,3−1,3−1,4−0,7−1,0−2,2
Variación de las reservas3−3,31,2−4,8−3,6−12,7−16,2−20,4−5,3
Partida informativa
Cuenta corriente4−64,2−26,7−31,1−7,2−5,25,42,9−22,7
Países en transición
Flujos netos de capital privado2−11,73,519,618,542,915,125,713,6
Inversión directa neta2,44,26,05,413,413,518,517,4
Inversión de cartera neta0,00,18,821,017,824,419,06,7
Otras inversiones netas−14,1−0,74,8−8,011,7−22,8−11,9−10,6
Flujos oficiales netos11,14,50,9−12,2−8,5−0,29,312,2
Variación de las reservas31,3−5,6−12,8−8,7−35,8−1,0−5,3−1,2
Partida informativa
Cuenta corriente44,8−1,7—6,33,9−2,4−16,2−29,3−25,8
Fuente: FMI, Perspectivas de la economía mundial (mayo de 1999).

Los flujos netos de capital comprenden la inversión directa neta, la inversión de cartera neta y otros flujos de inversión netos a largo y corto plazo, incluidos los empréstitos oficiales y privados. Los mercados emergentes comprenden los países en desarrollo, los países en transición, Corea, Singapur, la provincia china de Taiwan e Israel. No se dispone de datos sobre la RAE de Hong Kong.

Debido a limitaciones de los datos, en otras inversiones netas pueden incluirse algunos flujos oficiales.

El signo menos indica un aumento.

La diferencia entre la cuenta corriente y la suma de los flujos netos de capital privado, los flujos oficiales netos y la variación de las reservas es la cuenta de capital y los errores y omisiones.

Incluye Corea, Singapur y la provincia china de Taiwan. No se dispone de datos sobre la RAE de Hong Kong.

Corea, Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Incluye Israel.

Fuente: FMI, Perspectivas de la economía mundial (mayo de 1999).

Los flujos netos de capital comprenden la inversión directa neta, la inversión de cartera neta y otros flujos de inversión netos a largo y corto plazo, incluidos los empréstitos oficiales y privados. Los mercados emergentes comprenden los países en desarrollo, los países en transición, Corea, Singapur, la provincia china de Taiwan e Israel. No se dispone de datos sobre la RAE de Hong Kong.

Debido a limitaciones de los datos, en otras inversiones netas pueden incluirse algunos flujos oficiales.

El signo menos indica un aumento.

La diferencia entre la cuenta corriente y la suma de los flujos netos de capital privado, los flujos oficiales netos y la variación de las reservas es la cuenta de capital y los errores y omisiones.

Incluye Corea, Singapur y la provincia china de Taiwan. No se dispone de datos sobre la RAE de Hong Kong.

Corea, Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Incluye Israel.

El menor ritmo de crecimiento del producto en todos los grupos principales de países en 1998 condujo a la fuerte desaceleración del crecimiento del volumen del comercio mundial, estimado en el 3¼%, es decir, la tasa de crecimiento anual más baja que se registra desde 1985. Más aún, el ajuste que llevaron a cabo las economías de mercados emergentes afectadas por la crisis, las condiciones de financiamiento externo más difíciles, la caída del precio de los productos básicos de exportación y el desigual crecimiento que lograron los países industriales contribuyeron a que las balanzas comercial y de pagos nacionales y regionales experimentaran grandes variaciones. La balanza comercial de las economías de Asia oriental afectadas por la crisis pasó a ser fuertemente positiva en 1998, por un valor de casi $100.000 millones, a medida que continuaba la grave compresión de las importaciones que se inició en el segundo semestre de 1997. Como resultado de la incipiente recuperación en los países de Asia oriental afectados por la crisis, a finales de 1998 y principios de 1999 comenzaba a reducirse el superávit comercial de ese grupo. El esfuerzo principal de ajuste se trasladó entonces a los países de América Latina que enfrentaban condiciones externas más desfavorables y a los principales países en desarrollo exportadores de productos básicos que inicialmente habían recurrido a sus reservas y a préstamos en el exterior para absorber la caída de ingresos producida por la bajada de precios de los productos básicos. La mejora de la balanza comercial del grupo de economías de mercados emergentes tuvo su contrapartida principalmente en varios países industriales en los que el crecimiento de la demanda interna rebasó el del producto, sobre todo en Estados Unidos, al que correspondió aproximadamente la mitad del crecimiento de la demanda mundial en 1998. La balanza comercial combinada de los países industriales empeoró en 1998 en casi $80.000 millones.

Las economías de mercados emergentes

El crecimiento en los países en desarrollo bajó desde el 5¾% en 1997 al 3¼% en 1998, siendo África la única región que registró un aumento, aunque limitado (véase el gráfico 2). Los países de Asia oriental afectados por la crisis, con la salvedad de Filipinas, padecieron graves descensos del producto.

Gráfico 2Países en desarrollo: Crecimiento del PIB real

(Variación porcentual anual)

En los países asiáticos en crisis, los mercados financieros de Corea y Tailandia empezaron a estabilizarse en el segundo trimestre de 1998 y, más adelante, comenzaron a verse señales de que se había tocado fondo, si bien el crecimiento del producto resultó negativo para todo el año. En ambos países, la confianza de los inversionistas mejoró significativamente, lo que permitió que las monedas recuperaran parte de las pérdidas sufridas, que bajaran las tasas de interés y los mercados bursátiles se reanimaran. El carácter expansivo de la política fiscal también sirvió de apoyo a la demanda. A finales de 1998, Corea volvió a registrar un crecimiento positivo. En Tailandia, la actividad productiva se estabilizó en los últimos meses de 1998, antes de recuperar impulso a principios de 1999. Las posiciones en balanza corriente de ambos países mejoraron claramente en 1998, pasando a ser superavitarias en una magnitud entre el 12% y el 13% del PIB, en gran medida a consecuencia de la fuerte compresión de las importaciones. En Indonesia, donde la moneda se vio sometida a nuevas presiones a la baja a mediados de 1998 en un entorno de descontento político y de incertidumbre sobre la implementación de las medidas económicas, los niveles de confianza se mostraron más remisos, e hizo falta mantener durante más tiempo el alto nivel de las tasas de interés con objeto de estabilizar el tipo de cambio; el producto continuó descendiendo hasta finales de 1998 antes de dar muestras de recuperación a principios de 1999. En Malasia, tras un período en el que las autoridades tuvieron que hacer frente a las presiones de los mercados financieros restringiendo la política macroeconómica, se produjo en agosto de 1998 un giro hacia medidas de expansión de la política monetaria y, en septiembre de 1998, se vinculó el tipo de cambio y se impusieron controles sobre el capital; algunos de estos últimos se moderaron a principios de 1999. A finales de abril de 1999, la caída de la actividad había tocado fondo y se observaban indicios de recuperación. Filipinas resultó menos afectada por la crisis pero, no obstante, el nivel del producto se redujo levemente en 1998, debido sobre todo a una caída de la producción agrícola por causas meteorológicas.

En otras economías de mercados emergentes en Asia, el PIB real de China creció un 7¾% en 1998, cerca de la meta oficial del 8%, apoyado por un fuerte incremento del gasto en inversiones públicas. Debido parcialmente a los bajos niveles de utilización de capacidad y a la caída del precio de las importaciones, los precios al consumidor descendieron en alrededor de un 1%. Sin embargo, la actividad en la RAE de Hong Kong resultó muy afectada por la crisis asiática, y el producto se contrajo en tomo a un 5% en 1998. Durante los primeros meses de 1999, se mantuvo la atonía, en parte debido a tasas de interés reales elevadas, con una tasa negativa de inflación y demanda interna débil. La crisis en la región afectó también a Singapur, pese a la solidez de los factores fundamentales internos, a los ajustes del tipo de cambio a la baja y a una política monetaria flexible; la actividad económica se debilitó en el segundo semestre de 1998 pero, a principios de 1999, volvió a recuperar un ritmo de crecimiento positivo. Otras economías de mercados emergentes en Asia se mostraron más flexibles ante las sacudidas financieras registradas en la región. En ese grupo figura India—una economía relativamente cerrada—si bien el crecimiento no se reactivó después de la desaceleración ocurrida en 1997, debido en parte a retrasos ocurridos en la aplicación de reformas estructurales y al deterioro sufrido en la situación de las cuentas públicas.

La crisis en la región de Asia oriental contribuyó a que se elevara el costo financiero y a que disminuyera el precio del petróleo y de otros productos básicos, con la consiguiente grave repercusión sobre las economías de mercados emergentes en otras regiones. En Rusia, la debilidad estructural de los sectores empresarial y bancario, un desequilibrio fiscal tenaz y la acumulación de deuda pública a corto plazo (comprendido el endeudamiento frente a inversionistas extranjeros) dejaron brechas de vulnerabilidad en la economía; la creciente tensión surgida en los mercados de divisas y de letras del Tesoro llevó, en agosto de 1998, a una devaluación de facto y a la reestructuración unilateral de la deuda interna. Como resultado de las graves presiones financieras que se manifestaron camino de la crisis surgida en agosto y del empeoramiento de la situación económica general tras la crisis, el producto sufrió un descenso del 4½% en todo 1998 y, a principios de 1999, la inflación interanual se situaba en más del 100%, continuando expuesto el rublo a presiones. La pérdida de acceso al financiamiento privado después de la crisis condujo a una fuerte compresión de las importaciones y a que la balanza corriente pasara a ser superavitaria. No obstante, las autoridades se vieron obligadas a reestructurar el pago de la deuda dejada por la antigua Unión Soviética (véase el capítulo 4 en el que se examina la evolución de Rusia durante el período 1998/99).

La crisis rusa tuvo un importante efecto adverso sobre la actividad económica en los países en transición vecinos y contribuyó en gran medida a la depreciación de la moneda en varios países—entre ellos Ucrania—y también a efectos inflacionarios adicionales. Los países bálticos se vieron menos afectados; mantuvieron los vínculos cambiarios establecidos y no perdieron el acceso a los mercados internacionales de capital, si bien no pudieron evitar que el crecimiento se desacelerara debido en parte al menor volumen de comercio con Rusia y a los vínculos con el sector bancario ruso. En los países en transición de Europa central y oriental, la crisis rusa produjo efectos en gran medida temporales: la influencia negativa más importante se dejó sentir en el crecimiento a finales de 1998 y principios de 1999 y se debió a la caída de la demanda de los mercados de exportación en Europa occidental. En la República Checa, como consecuencia parcial del endurecimiento de la política en 1997 y principios de 1998 que era necesario para reducir desequilibrios externos, el producto descendió en el 2¼% en 1998. En Hungría y Polonia, el crecimiento se mantuvo relativamente firme, en alrededor del 5% en 1998, pese a la desaceleración surgida a finales de ese año. La inflación en los precios al consumidor en estos tres países disminuyó rápidamente a finales de 1998 y principios de 1999, situándose en valores de un solo dígito con carácter interanual, como consecuencia de la bajada del precio de los productos básicos, la restricción anterior de la política monetaria y la atonía del crecimiento económico.

En América Latina, la mayoría de los países superó bien las presiones financieras levantadas por la crisis asiática, en parte debido a las medidas que adoptaron para restringir la política macroeconómica. No obstante, se vieron muy afectados por la crisis rusa, pues las tasas de interés para la deuda externa se dispararon y la entrada de capital privado se detuvo prácticamente. Brasil se vio sometido a presiones especialmente fuertes debido a temores relacionados con el elevado déficit público del país y la sostenibilidad del vínculo cambiario. Ante esta situación, las autoridades brasileñas elevaron las tasas de interés oficiales y, a finales de octubre de 1998, anunciaron una serie de medidas fiscales con el objeto de conseguir un importante superávit primario, ligado al programa de política que estaba respaldado por el financiamiento del FMI. Sin embargo, el temor de los inversionistas a que las autoridades no pudieran poner en práctica las medidas fiscales previstas y a que las tasas de interés no fueran lo bastante elevadas para poder detener la continua salida de capital condujo a crecientes presiones sobre la moneda, que llevaron al banco central en enero a abandonar la franja cambiaría móvil y a permitir que el real flotase. La moneda se depreció inicialmente más de un 40% frente al dólar de EE.UU. y, en un entorno de volatilidad generalizada del mercado financiero interno, la presión continuó hasta principios de marzo, cuando las medidas tomadas para reforzar el programa de ajuste fiscal comenzaron a restablecer ampliamente la confianza en los países de América Latina. (Véanse en el capítulo 4 más detalles sobre la evolución de Brasil en 1998/99.)

La devaluación brasileña tuvo un efecto relativamente limitado y sobre todo temporal en los mercados financieros de otros países de América Latina, pero está repercutiendo más en términos del comercio sobre los países socios de Brasil que forman el Mercosur (Argentina, Paraguay y Uruguay). El crecimiento de América Latina ya se había reducido mucho en el segundo semestre de 1998. La desaceleración obedeció en parte al entorno financiero externo menos favorable que se creó tras la crisis rusa, pero también a que descendió mucho el precio de los productos básicos y—en la mayoría de los casos—a una política monetaria y fiscal más estricta. En Argentina, transcurridos tres años de recuperación vigorosa a partir de la crisis mexicana, el crecimiento pasó a ser negativo a finales de 1998, y la desaceleración se vio agravada por el efecto sobre el comercio que produjo la recesión en Brasil. Venezuela, sacudida por el descenso del precio del petróleo, padeció una situación fiscal insostenible y la recesión se hizo más profunda a partir del último trimestre de 1998. En Ecuador, con una economía que depende en alto grado de la exportación de petróleo, surgió en febrero de 1999 una grave crisis bancaria y cambiaría. El crecimiento se mantuvo mejor en México que en la mayoría de los países sudamericanos, debido en parte a los estrechos lazos con una economía estadounidense que continuaba creciendo vigorosamente. En cuanto al resto del continente americano, en las economías de varios países de América Central, en especial las de Honduras y Nicaragua, se padecieron los estragos del huracán Mitch en octubre de 1998.

El crecimiento económico en África se mantuvo tenue durante el año 1998, alcanzando un valor aproximado del 3½%, como consecuencia principalmente del escaso vigor del precio de los productos básicos y, en Sudáfrica que registró poco crecimiento, de las condiciones desfavorables en los mercados financieros internacionales. Si bien el efecto del abaratamiento de los productos básicos, incluido el petróleo, en la relación de intercambio y el crecimiento del continente africano fue relativamente moderado en muchos casos, las posiciones fiscal y de pagos estuvieron sometidas a presiones, y el fuerte empeoramiento de la relación de intercambio significó que en muchos casos se registrase una reducción del ingreso real considerable. Concretamente, la caída del precio del crudo produjo la desaceleración del crecimiento en los países productores de petróleo de África y de Oriente Medio. Turquía también registró un crecimiento más lento; el producto creció un 2¾% en 1998 frente al 7½% alcanzado en 1997, pues los efectos de la crisis rusa se dejaron sentir en tasas de interés real más elevadas y menor acceso a los mercados financieros internacionales. Como consecuencia principal de la situación en los países productores de petróleo y en Turquía, en el grupo de países en desarrollo de la región de Oriente Medio y Europa el crecimiento se atenuó hasta un 3% en 1998 frente al 4½% registrado un año antes.

Las economías avanzadas

En 1998 se amplió la divergencia de resultados entre las economías avanzadas a medida que la recesión en Japón se agravaba, que el crecimiento en la zona del euro perdía fuerza hacia finales de año y que, en Estados Unidos, el ritmo de crecimiento se mantenía firme.

La economía de Japón se contrajo en 1998 en un 2¾% pero, a principios de 1999, se registró un fuerte acelerón del producto hasta un nivel ligeramente superior al de los primeros meses de 1998, aunque todavía inferior a lo alcanzado en 1997. Los precios al consumidor se mantuvieron en gran medida invariables durante todo el período, si bien se registró una caída en el nivel mayorista que contribuyó a extender los temores sobre la deflación. La agudización de la recesión japonesa en 1998 obedeció sobre todo a la atonía de la demanda privada, basada a su vez en la menor confianza en la situación y en la debilidad de que dio muestra el sector financiero, además de los efectos derivados de la menor demanda en las economías de mercados emergentes de Asia oriental. Ante la situación, las autoridades adoptaron medidas adicionales de estímulo fiscal y flexibilizaron aún más la política monetaria, reduciendo la tasa de interés principal (la tasa día a día) a casi cero en marzo de 1999. Además, para corregir la debilidad persistente del sector financiero, en octubre de 1998 se tomaron medidas legislativas para establecer la estructura general que permitiera hacer frente a los problemas de la banca. Las medidas contribuyeron a impulsar la actividad y a mejorar el sentir del mercado financiero a principios de 1999.

En Europa, el 1 de enero de 1999 entró en vigor la tercera fase de la UEM. Once países de la UE adoptaron el euro como moneda propia, y el Banco Central Europeo (BCE) pasó a encargarse de la política monetaria de la zona del euro. Durante 1998, las tasas de interés a corto y largo plazo en la zona continuaron convergiendo hacia los niveles de Alemania, Francia y otros países del núcleo; en una decisión coordinada tomada a principios de diciembre, la tasa de interés oficial a corto plazo se redujo al 3%. El BCE mantuvo ese nivel para las operaciones de recompra hasta principios de abril de 1999, bajándolo seguidamente al 2½%. El crecimiento de la zona del euro, que se había afianzado en 1997, manteniéndose la tendencia en gran medida hasta mediados de 1998, se redujo considerablemente a finales de ese año como consecuencia de una caída de la demanda externa y el deterioro consiguiente de la confianza de los empresarios, antes de una recuperación parcial a principios de 1999. La inflación estuvo bien controlada en toda la zona, situándose la tasa interanual de los precios al consumidor en el 1,1% al final del período, lo que reflejó parcialmente la atonía de los precios de los productos básicos. Las tasas de desempleo en la zona del euro continuaron siendo altas, un 10½% en abril de 1999, frente al 11% de un año antes.

En los países principales de la zona del euro, la desaceleración del crecimiento a finales de 1998 se dejó sentir sobre todo en Alemania e Italia, pero fue menos pronunciada en Francia. Este último país consiguió un crecimiento por encima del potencial en todo el año 1998, pero en Italia el producto creció en sólo un 1½% por segundo año consecutivo. En otros países de la zona, Irlanda (de nuevo la economía de crecimiento más rápido de Europa), España, Países Bajos y Portugal continuaron registrando un crecimiento vigoroso en 1998, aunque se observó cierta desaceleración hacia finales de año. En estos países, la tasa de inflación se mantuvo ligeramente por encima del promedio de la zona del euro debido a presiones de la demanda relativamente fuertes.

Fuera de la zona del euro, el crecimiento del Reino Unido disminuyó nuevamente en 1998 y principios de 1999, debido a una demanda externa más débil, a la firmeza de la libra esterlina y a la restricción pasada de la política fiscal y monetaria. En consecuencia, se evitó el recalentamiento de la economía. La inflación se mantuvo cerca de la meta del 2½% en el segundo semestre de 1998 y principios de 1999, y las tasas de interés oficiales británicas (recompras) pasaron del 7½% al 5¼% en el período de octubre a abril. El deterioro de las condiciones externas limitó también el crecimiento en algunos de los países europeos más pequeños, entre ellos Dinamarca, Noruega (especialmente afectada por la caída del precio del petróleo) y Suiza.

En Estados Unidos, la economía continuó creciendo con firmeza, a un ritmo de cerca del 4% en 1998, impulsada la demanda interna por un fuerte avance de los valores bursátiles y la bajada de las tasas de interés. El vigoroso crecimiento del empleo redujo la tasa de desempleo a su nivel más bajo en 29 años, un 4¼% a principios de 1999. Sin embargo, la demanda externa neta se debilitó en el transcurso de 1998 como consecuencia de la evolución en las economías de mercados emergentes de Asia oriental y América Latina, así como de la firmeza del dólar, dejándose sentir los efectos principalmente sobre el sector industrial. En septiembre-noviembre de 1998, se flexibilizó la política monetaria como respuesta a las graves presiones en los mercados financieros tras la crisis rusa y el casi desplome de un importante fondo de alto riesgo. La inflación se mantuvo en gran medida estable, contenida por nuevas caídas de los precios de la importación y la ausencia de presiones salariales significativas en el frente laboral. Como resultado de los beneficios derivados de pasados ajustes fiscales y del fuerte crecimiento económico, el presupuesto federal pasó a ser superavitario en el equivalente de casi un 1% del PIB en 1998.

En Canadá, la actividad económica se desaceleró en el conjunto de 1998, pues el ingreso, el producto y la balanza de pagos se vieron afectados negativamente por la caída del precio de los productos básicos y la menor demanda en varios de los mercados de Canadá en el exterior. Sin embargo, el ritmo de crecimiento consiguió reanimarse hacia finales del año. La tasa fundamental de inflación se mantuvo estable, en el extremo inferior de la meta oficial fijada por la banda l%-3%, pese a la depreciación que registró la moneda canadiense en el transcurso del año. El crecimiento económico en Australia se aceleró en 1998 pese a las situaciones de recesión en Asia oriental, viéndose impulsada la demanda por las condiciones monetarias más favorables, comprendida la depreciación del dólar australiano; a principios de 1999 continuaba registrándose un fuerte crecimiento. En Nueva Zelandia, en cambio, la economía entró en fase de recesión en el primer semestre de 1998, pero el crecimiento se restableció en el segundo semestre debido a que, con una política monetaria más flexible, se impulsó la confianza de empresarios y consumidores. En estos dos últimos países, la tasa anual de inflación se mantuvo bastante estable en alrededor del 1½%.

En los mercados de divisas, los tipos de cambio entre las monedas principales estuvieron sujetos nuevamente a grandes fluctuaciones en 1998/99. A mediados de julio de 1998, el dólar de EE.UU. alcanzó su nivel nominal más alto desde diciembre de 1986, impulsado por la fuerte demanda interna, diferenciales de las tasas de interés favorables a los activos expresados en dólares de EE.UU. y el factor refugio de cara a la impresión de deterioro que daban los mercados emergentes. El tipo efectivo nominal del dólar de EE.UU. bajó mucho a principios de septiembre y de octubre, a medida que la situación de debilidad del yen se invertía como consecuencia del abandono en gran escala de posiciones expresadas en yenes. Sin embargo, el dólar se recuperó a finales de 1998 y principios de 1999 debido al continuo vigor relativo de la economía de Estados Unidos y a la consiguiente ampliación de los diferenciales de la tasa de interés en favor de los activos expresados en dólares. Tras alcanzar un mínimo en ocho años de más de ¥145 por dólar de EE.UU. a mediados de junio de 1998, el yen se apreció frente a la divisa estadounidense en alrededor de un 25% durante los seis meses siguientes, y en un 20% en términos efectivos nominales. A raíz de la menor restricción de la política monetaria japonesa, el yen perdió terreno—aproximadamente un 5% en términos efectivos—en febrero-abril de 1999. En el período agosto-diciembre de 1998, las monedas de los países que preveían su entrada en la zona del euro se fortalecieron frente al dólar de EE.UU. y también en términos efectivos. El propio euro comenzó a depreciarse poco después de su entrada en escena; a finales de abril, se encontraba más de un 9% por debajo de su valor inicial en dólares de EE.UU. y se había depreciado en más de un 6% en términos efectivos. En otros lugares de Europa, las variaciones de la libra esterlina obedecieron parcialmente a cambios de expectativas sobre la política monetaria del Reino Unido. Así, la libra esterlina se negoció en 1998 dentro de una gama relativamente estrecha, pero tendió a depreciarse en términos efectivos en el segundo semestre del año. Sin embargo, a principios de 1999, la libra esterlina se apreció en términos efectivos a medida que el euro se debilitaba. La caída del precio de los productos básicos contribuyó a que el dólar canadiense se viera sujeto a presiones a la baja, y la divisa se depreció hasta niveles históricamente bajos frente al dólar de EE.UU. en agosto de 1998; sin embargo, experimentó luego una recuperación tras la subida de las tasas oficiales de interés en ese mismo mes y continuó apreciándose aunque luego bajaron las tasas de interés.

La balanza en cuenta corriente de los países industriales sufrió un deterioro de más de $80.000 millones en 1998. El empeoramiento se distribuyó desigualmente entre los países industriales, lo que obedeció a diferencias en la situación de la demanda interna y en el grado en que dependen de la importación y exportación de productos básicos, y también a las fuertes fluctuaciones del tipo de cambio entre sus monedas. El grueso del ajuste correspondió a Estados Unidos—donde se desaceleró mucho el crecimiento de la exportación, pero la demanda interna y de importación se mantuvo muy activa—, aumentando el déficit en cuenta corriente en unos $75.000 millones en 1998, hasta un total de $230.000 millones o el 2¾% del PIB. Japón, en cambio, consiguió un nuevo incremento de su superávit en cuenta corriente—por valor del 3½% de su PIB—atribuible en parte a la atonía de la demanda interna. En la zona del euro, varió poco en 1998 el superávit en cuenta corriente por valor del 1½% del PIB debido al debilitamiento de la demanda interna y de importación, al efecto de competitividad de las depreciaciones pasadas y a la caída de los precios de la importación que compensó el descenso del volumen de exportación hacia los mercados emergentes. La mayor parte del ajuste restante correspondió a otros países industriales, entre ellos Australia, Canadá y Noruega, en los que el producto obtenido de la exportación de productos básicos sufrió un descenso.

    Other Resources Citing This Publication