Informe Anual 1998
Chapter

Capítulo IV. La Unión Económica y Monetaria de Europa

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
October 1998
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Durante el ejercicio 1997/98, el Directorio Ejecutivo celebró una serie de deliberaciones sobre cuestiones relacionadas con la Unión Económica y Monetaria (UEM). A principios del ejercicio, los directores examinaron las consecuencias de la UEM para los mercados financieros (véase el capítulo III). En las deliberaciones de mayo y agosto de 1997 y en marzo de 1998 se analizaron los preparativos para la UEM, así como la UEM en el marco del estudio de las perspectivas de la economía mundial.

En su reunión de mayo de 1997, los directores observaron que la culminación de la UEM representaría un hito en la integración económica de Europa y, al mismo tiempo, tendría gran importancia para el sistema monetario internacional. Destacaron la conveniencia de finalizar este proyecto oportunamente y observaron que ya se ha avanzado mucho en la preparación de las economías de la UE para el establecimiento de la UEM y en la instauración del marco en el que se ejecutarán las políticas económicas una vez establecida la unión monetaria. Los directores observaron que las autoridades de la UE tendrían que seguir trabajando en los acuerdos relativos a las políticas y colaborando estrechamente para afianzar los cimientos de la unión monetaria y asegurar una transición sin contratiempos.

Los directores observaron que, si bien la mayoría de los países de la UE ya han logrado un alto grado de convergencia en las esferas estipuladas en el Tratado de Maastricht —convergencia que ha sido en especial notable en materia de inflación—, es menester seguir avanzando en la esfera fiscal en 1997. Los directores subrayaron que en la mayoría de los países habría que tomar también otras medidas fiscales en 1998 para reducir aún más los déficit en consonancia con los requisitos que, a mediano plazo, establece el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

El nivel alto y persistente del desempleo estructural en Europa fue motivo de inquietud entre los directores que destacaron la urgencia que reviste la adopción de medidas orientadas a reducir las rigideces del mercado laboral en casi todos los países de la UE. En el contexto de una política monetaria y cambiaría común, la falta de flexibilidad de los mercados laborales menoscabaría la capacidad de cada uno de los países para hacer frente a perturbaciones asimétricas. Los directores manifestaron su preocupación por la posibilidad de que, si no se corrigen esas rigideces, el desempleo alcance niveles altos y persistentes que, con el paso del tiempo, puedan desgastar el apoyo del público a las políticas macroeconómicas encaminadas a mantener baja la inflación. Además, los directores destacaron la importancia de liberalizar los mercados de productos y factores para asegurar un crecimiento sostenible y la creación de empleo en la UE.

Al establecer el marco macroeconómico de la unión monetaria, es importante lograr un equilibrio entre la flexibilidad que necesitan las autoridades y el deseo de fijar reglas que ayuden a afianzar la credibilidad de las políticas en el nuevo contexto. En opinión de los directores, en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento se ha logrado un equilibrio adecuado entre arnbas consideraciones. A su juicio, la supervisión que ejercería el Consejo de la UE —para advertir con antelación sobre la aparición de déficit excesivos—sumada a la amenaza que suponen las sanciones financieras, debería servir para frenar con firmeza la indisciplina fiscal.

En general, los directores coincidieron en que, con el tiempo, el euro llegaría a ser una moneda de reserva atractiva, capaz de rivalizar con el dólar. La función del euro y del dólar dependería en grado sumo de la evolución de los mercados financieros europeos, incluidas la situación en materia de reglamentación y la diversidad de instrumentos disponibles, así como las variables económicas fundamentales.

En sus deliberaciones sobre la UEM en el marco del examen de las perspectivas de la economía mundial realizado en agosto de 1997, el Directorio Ejecutivo tomó nota una vez más del notable grado de convergencia económica alcanzado en Europa, y se refirió, entre otros aspectos, a la situación más sólida de las finanzas públicas, al descenso de la inflación y las tasas de interés, y a la relativa estabilidad de los tipos de cambio. Algunos directores opinaron que los progresos alcanzados en materia de convergencia económica y el firme compromiso de que la UEM comience en la fecha prevista han contribuido a reducir considerablemente los riesgos e incertidumbres en las últimas etapas preparatorias de la UEM.

Unos cuantos directores subrayaron que la mejor forma de reducir al mínimo toda incertidumbre que pueda seguir existiendo en torno al comienzo de la UEM y sentar una base sólida y viable para que ésta se inicie en la fecha prevista sería que los países adoptaran medidas fiscales en lo que resta de 1997 y en 1998, para seguir poniendo de manifiesto su determinación de cumplir las condiciones establecidas en el Tratado de Maastricht y en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Varios directores observaron que existe el riesgo de que algunos países candidatos a la UEM sobrepasen ligeramente el límite establecido para el déficit. Sin embargo, coincidieron con la opinión del personal de la institución —sobre todo, en vista de las reducciones logradas en los déficit ajustados en función del ciclo hasta la fecha y del marco a más largo plazo establecido con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento relativo a la disciplina fiscal—de que la existencia de déficit que sobrepasen ligeramente el valor de referencia fijado no debería considerarse como un obstáculo que impida llevar a cabo el proceso de la UEM conforme al calendario previsto. En cambio, otros pocos directores destacaron la importancia de cumplir estrictamente el criterio de referencia establecido en Maastricht con respecto al déficit fiscal a fin de no debilitar la credibilidad de la UEM.

Los directores se refirieron a otras dificultades a las que aún deberán hacer frente los países durante el proceso de transición a la moneda única para que la unión monetaria tenga éxito. En general, convinieron en que, además de aplicar políticas financieras acertadas, la mejora de la situación del mercado de trabajo en Europa será un factor fundamental para el éxito de la UEM. Los directores hicieron hincapié en que la aplicación de reformas del mercado de trabajo de amplio alcance para reducir el desempleo estructural no sólo favorecerá el crecimiento a mediano plazo y mejorará los resultados en el ámbito fiscal, sino que también contribuirá a que Europa pueda hacer frente con mayor rapidez a las perturbaciones económicas desfavorables que puedan surgir cuando se haya establecido la unión monetaria y a intensificar el respaldo del público al proyecto. Los directores coincidieron, en general, en que las disposiciones sancionadas con respecto al funcionamiento del Sistema Europeo de Bancos Centrales pueden juzgarse adecuadas para preservar la independencia del Sistema y su capacidad de cumplir la misión encomendada de lograr la estabilidad de los precios. Los directores estimaron, en general, que el tipo de cambio no sería un ancla nominal adecuada para la política monetaria en la zona del euro. Señalaron que la introducción del euro traerá consigo una importante reestructuración de los mercados financieros y posible inestabilidad en las relaciones asociadas a la demanda de dinero. Los directores consideraron que es probable que el Banco Central Europeo (BCE) utilice una amplia gama de indicadores en la ejecución de la política monetaria, especialmente en las primeras etapas de la UEM. Se destacó la importancia de la transparencia de la política monetaria para asegurar y mantener la credibilidad del Banco Central Europeo.

Unos cuantos directores observaron que, a pesar de los grandes progresos alcanzados en materia de ajuste fiscal, en muchos países miembros de la UE la situación presupuestaria podría empeorar entre el mediano y largo plazo como resultado de los cambios demográficos. Son problemas a los que se deberá hacer frente, independientemente de la UEM.

En sus deliberaciones sobre las perspectivas de la economía mundial en marzo de 1998, los directores observaron que el objetivo de establecer una unión monetaria entre un gran número de países miembros de la UE está ahora al alcance de la mano, conforme al calendario previsto. El progreso logrado en materia de ajuste fiscal y la convergencia de las tasas de inflación y de interés ha sido extraordinario. No obstante, sería deseable avanzar aún más en el saneamiento de las finanzas públicas en el corto plazo a fin de aumentar el potencial de crecimiento a mediano plazo y lograr cierta flexibilidad en materia de política económica dentro del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Sin embargo, los directores expresaron especial inquietud ante el retraso de las reformas estructurales de los mercados de trabajo y de productos.

En su reunión de abril de 1998, el Comité Provisional solicitó al Directorio Ejecutivo que continúe examinando las repercusiones de la UEM en las operaciones del FMI y en la supervisión que ejerce la institución, y que informe sobre sus conclusiones antes de la próxima reunión del Comité que se celebrará en octubre de 1998.

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