Informe Anual 1998
Chapter

Capítulo II. Perspectivas de la economía mundial

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
October 1998
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El Directorio Ejecutivo examina normalmente la evolución de la economía mundial y las políticas económicas basándose en los informes sobre las Perspectivas de la economía mundial que prepara el personal del FMI. Dichos informes, que se publican habitualmente dos veces al año, incluyen análisis pormenorizados tanto de las perspectivas económicas a escala mundial como de cada región y país en particular, y también de temas de actualidad.

En 1997/98, el Directorio Ejecutivo celebró tres deliberaciones sobre las perspectivas de la economía mundial: en agosto de 1997, diciembre de 1997 (basándose en la edición extraordinaria preparada por el personal) y marzo de 19984. El principal punto de atención fue la crisis financiera de Asia5. En agosto de 1997 unos cuantos directores ya habían advertido que, aunque había muchos motivos para pensar que la expansión mundial podría sostenerse, no cabía complacencia alguna ante los riesgos y la fragilidad que enfrentaban algunos países, que podían afectar a la situación económica y financiera tanto a escala regional como mundial. Especialmente en el mundo en desarrollo, varios directores observaron que los grandes desequilibrios externos y la fragilidad de los sistemas bancarios habían influido negativamente en la confianza de los inversionistas y habían exacerbado los riesgos asociados con la volatilidad de los movimientos de capital. No se preveía que estos problemas afectasen a las perspectivas a largo plazo de estos países, que en general eran positivas, siempre y cuando se aplicaran oportunamente la disciplina macroeconómica y las reformas estructurales necesarias para eliminar los desequilibrios económicos insostenibles. Los directores subrayaron, sin embargo, que estas medidas de política tendrían que respaldarse con una gama más amplia de reformas institucionales encaminadas a aumentar la eficiencia de la administración pública, desarrollar el capital humano, reforzar la gestión del sector financiero, instaurar sistemas normativos y jurídicos transparentes y mejorar la gestión de gobierno. Estas reformas ayudarían a crear y mantener la confianza del sector privado y de los inversionistas, que es uno de los pilares básicos de un crecimiento sostenido de alta calidad.

En sus deliberaciones de marzo de 1998, los directores ejecutivos convinieron en que si bien la turbulencia de los mercados financieros de Asia tendría repercusiones negativas importantes en las perspectivas de crecimiento a corto plazo, lo más probable es que la desaceleración fuese menos pronunciada que en episodios anteriores de debilitamiento de la economía mundial (en 1974-75, 1980-83 y 1990-91). Las medidas correctivas adoptadas por la mayoría de los países situados en el epicentro de la crisis o en un punto próximo, los robustos resultados económicos de la mayoría de los países industriales y las reformas económicas emprendidas en muchas economías en desarrollo y en transición en los diez últimos años han sido, a juicio de los directores, un elemento crucial para detener la crisis y sus repercusiones a escala mundial. Aunque las proyecciones de crecimiento para los países que se encuentran en el epicentro de la crisis se han rebajado considerablemente desde que, en agosto de 1997, el Directorio analizara las perspectivas de la economía mundial, en marzo de 1998 los directores estimaron que, por lo que respecta a otras economías en desarrollo y en transición, las perspectivas seguían siendo, en general, alentadoras.

Dicho esto, los directores observaron que aún se mantenía la incertidumbre con respecto a la resolución de la crisis, por lo que era esencial que los países afectados emprendieran con determinación las reformas necesarias. Además, los recientes descensos de los precios del petróleo y de otros productos básicos podrían prolongar el proceso de ajuste en algunos países afectados por la crisis y crear graves problemas a los países exportadores de petróleo y productos básicos en todas las regiones. Por otra parte, el hecho de que los prestamistas internacionales volvieran a evaluar los riesgos como resultado de la crisis, si bien no deja de ser positivo, podría reducir los flujos financieros que reciben las economías en desarrollo y en transición a niveles más bajos de los que justificarían los parámetros fundamentales de la economía. En forma más general, los directores manifestaron su preocupación porque algunas economías emergentes habían recurrido masivamente a los préstamos externos y a instrumentos a corto plazo para financiar el déficit público, aumentando así el riesgo de que surjan dificultades de financiamiento en el futuro.

Economías avanzadas

Al examinar las perspectivas de las economías avanzadas en marzo de 1998, los directores observaron que los efectos derivados de la crisis de Asia resultaban particularmente negativos en Japón, considerando que la recuperación que había comenzado a materializarse ya se había estancado en el primer semestre de 1997; este estancamiento se debió tanto a una política fiscal que, desde la perspectiva actual, era excesivamente restrictiva, como a la persistencia de deficiencias en el sistema financiero. Habida cuenta de la importancia de la economía japonesa para la región y para el mundo, los directores subrayaron la imperiosa necesidad de estimular la confianza y promover un crecimiento sostenible más sólido adoptando medidas macroeconómicas, financieras y estructurales. La recuperación económica debería respaldarse con una política fiscal más expansiva en el corto plazo, manteniendo el objetivo de ajuste en el mediano plazo. Algunos directores observaron que una reducción permanente de los impuestos mejoraría las perspectivas con respecto a un aumento del consumo privado, pero advirtieron que no debe incurrirse en un excesivo gasto en obras públicas, ya que sus efectos sólo serían temporales y, como se ha demostrado en el pasado, tampoco ha sido una medida muy eficaz. En cambio, algunos otros directores manifestaron sus reservas respecto a la eficacia de los recortes de impuestos por temor a que el aumento de ingreso disponible pudiera sumarse al ahorro de los hogares sin que surtiera ningún efecto sobre el consumo y el crecimiento. Refiriéndose a la deuda pública acumulada en los últimos años y a las posibles presiones ficales derivadas del envejecimiento de la población, algunos directores sostuvieron que cualquier retroceso en materia de ajuste fiscal entrañaría riesgos y tendría muy pocos efectos positivos sobre la actividad.

Los directores tomaron nota de las indicaciones de las autoridades japonesas en el sentido de que pronto se anunciaría un importante paquete de medidas de estímulo fiscal. Subrayaron que, para que sus efectos sean notables y duraderos, las medidas deberán ir acompañadas de reformas de amplio alcance, tanto del marco reglamentario como del sector financiero. La mayor parte de los directores manifestaron su satisfacción por la decisión recientemente anunciada de comprometer fondos públicos para proteger a los depositantes de las instituciones en quiebra y recapitalizar las que sean viables. Estas medidas permitirían restablecer la confianza del público y estimularían a los bancos a otorgar préstamos. Sin embargo, los directores advirtieron que no se debe respaldar en forma indiscriminada a los bancos cuando sea más apropiado proceder a su cierre o consolidación. Propusieron que, en adelante, toda asignación de recursos públicos vaya acompañada de medidas claras para facilitar la cancelación en libros de los préstamos bancarios incobrables, a fin de repartir equitativamente la carga de la reestructuración y limitar el riesgo moral. El Comité Provisional, en su reunión de abril de 1998, expresó su satisfacción por las medidas económicas de las autoridades japonesas y por las iniciativas encaminadas a reforzar el sistema financiero.

Los directores coincidieron en que, a diferencia de Japón, la negativa evolución de los acontecimientos en Asia no afectaría mucho a la economía estadounidense, debido en gran medida a la solidez de su posición cíclica antes de la crisis y a la positiva evolución de los mercados de bonos que, a juicio de muchos directores, reflejaba una “búsqueda de calidad” de las inversiones internacionales. Los directores consideraron acertada la orientación actual de la política monetaria y señalaron que los efectos de moderación de la crisis de Asia —unidos a la apreciación del dólar de EE.UU. y al descenso de los precios de los productos básicos en los mercados mundiales—hacían menos necesaria una subida de las tasas de interés oficiales. No obstante, habida cuenta de las tensiones que se observan en el mercado de trabajo, las autoridades deberían mantenerse muy alertas ante la eventual aparición de señales que inclinen la balanza de la evaluación de la política monetaria en uno u otro sentido.

Los directores coincidieron en que los riesgos que planteaba la crisis asiática para las economías avanzadas de Europa también eran relativamente reducidos. Por lo que respecta a las economías que operan casi a plena capacidad, los directores consideraron que, en el Reino Unido, las medidas de austeridad monetaria del año anterior y la perseverancia en el ajuste fiscal probablemente mantendrían la demanda en niveles próximos a los límites de capacidad productiva y la inflación cercana a los valores establecidos como meta. Con todo, se justificaría adoptar otras medidas ante un eventual aumento de la inflación. En esta misma línea, el Comité Provisional subrayó, en su reunión de abril de 1998, la necesidad de que las autoridades británicas se mantengan alertas como siempre a los riesgos de inflación. En Alemania, Francia e Italia, donde el producto —pese a seguir siendo inferior al potencial—se había recuperado bastante desde el comienzo de 1997, los directores estimaron que el impacto general de la crisis asiática sería, igualmente, poco importante. Sin embargo, algunos directores advirtieron del peligro de un exceso de optimismo señalando que las exportaciones habían sido la fuente principal de aumento de la demanda en algunos de estos países. Un debilitamiento de los mercados de exportación podría desacelerar e incluso frenar la recuperación de no producirse un repunte de la demanda interna. En Europa continental, en general, con el inicio de la unión monetaria de un gran número de países programada para dentro de nueve meses, se recomendaba prestar atención a la política monetaria durante el período de transición, a las reformas de los mercados de trabajo y de productos y a la continuación del ajuste fiscal.

Países en desarrollo y en transición

Los directores observaron que la crisis de Asia estaba afectando a la mayoría de las economías en desarrollo y en transición, aunque en distinto grado. Los efectos se estaban sintiendo, por ejemplo, en los aumentos de las primas de riesgo en el costo de los empréstitos, el descenso de los precios de los productos básicos, las pérdidas de competitividad en los países situados en el epicentro de la crisis o en un punto próximo a éste, o en la desaceleración de la demanda en dichos países. Varios países —como Brasil, Chile, México y la República Checa—que habían sufrido presiones en los mercados cambiarios como consecuencia de la crisis de Asia, pudieron evitar que los efectos de contagio se propagasen en toda su extensión procediendo a los oportunos ajustes en las políticas. Aunque, en términos generales, estos países habían capeado bien la crisis, los directores consideraron prudente que siguieran reforzando sus políticas para evitar otros problemas más adelante. A este respecto, sería especialmente importante frenar los desequilibrios externos, evitar el recalentamiento y, al igual que otros países, mejorar la calidad y la puntualidad de la información económica y financiera en general. Otro elemento crucial es contar con una sólida infraestructura en el sector financiero, incluidas las adecuadas normas de prudencia, normas contables aceptadas internacionalmente y, en algunos casos, políticas de salida preestablecidas para pasar de un régimen de tipo de cambio fijo a uno de cambio flexible (véase el capítulo VI). Varios directores expresaron su satisfacción por la decisión de China de no devaluar la moneda y de fortalecer su sistema bancario.

Muchos directores se mostraron preocupados por las recientes tendencias de los precios de los productos básicos y las posibles repercusiones negativas que para los países exportadores de estos productos tendrían el deterioro de la relación de intercambio y un aumento de la volatilidad de los precios. Por lo que respecta a África, el impacto de estas fuerzas, unido a las malas condiciones climáticas y a la persistencia de una pesada carga de deuda, constituía un motivo de especial preocupación. Con todo, los directores mantuvieron un optimismo no exento de prudencia con respecto a las perspectivas de crecimiento de estos países, a condición de que perseveren en las medidas de ajuste macroeconómico y reforma estructural y reciban un flujo adecuado de asistencia externa. Los directores subrayaron la necesidad de que estos países creen un entorno propicio para la inversión extranjera directa, incluso mediante una mayor apertura de sus economías.

Con respecto a las economías en transición, los directores expresaron su satisfacción por el hecho de que, tanto Rusia como este grupo de economías, hubieran registrado tasas de crecimiento positivas en 1997 por primera vez desde que se inició la transición. Observaron, no obstante, que aunque se estaban logrando progresos considerables en materia de estabilización macroeconómica prácticamente en todos los países, las diferencias en el ritmo de la reforma y los avances en la transformación parecían haberse acentuado. La mayoría de los países habían avanzado notablemente hacia un equilibrio fiscal razonable, pero en algunos casos —incluidos los de Rusia y Ucrania—, seguían registrándose abultados déficit. Los directores indicaron que el financiamiento de dichos déficit por medio de préstamos en divisas y a corto plazo, ponía en peligro la viabilidad de las políticas fiscales, amenazaba indirectamente con socavar la solidez de los sectores bancarios y hacía peligrar los avances tan arduamente logrados en materia de estabilización económica. Además, en unos pocos países en transición, las autoridades no podían desempeñar las funciones que les corresponden, debido a los graves problemas en la recaudación de ingresos. Los directores consideraron improbable que las nuevas reformas de la política impositiva y las mejoras de la administración tributaria surtan todos sus efectos a menos que se refuerce también la voluntad política para recaudar los impuestos. Asimismo, los directores aconsejaron a los países en transición de Europa central y oriental que aumenten la eficacia, en función de los costos, de sus sistemas de bienestar y seguridad social y, por ende, reduzcan el nivel general de gasto público.

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