Informe Anual 1998
Chapter

Capítulo I. Evolución general de la economía mundial en 1997/98

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
October 1998
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En 1997/98 el hecho más trascendente en la evolución de la economía mundial, y también para el FMI, fue la crisis financiera de Asia y sus repercusiones. La crisis estalló en julio de 1997 en Tailandia cuando, tras varios episodios de presiones sobre los tipos de cambio y de pérdida de reservas, las autoridades desvincularon el baht del dólar de EE.UU. A su vez, la desvinculación forzosa del baht puso en tela de juicio la viabilidad de los regímenes cambiarios de otros países. Pronto se sintieron los efectos secundarios en otros países de la región, sobre todo en Indonesia, Malasia y Filipinas, poniéndose de manifiesto deficiencias estructurales básicas en estas economías. Las medidas adoptadas para reducir la liquidez en Indonesia no lograron frenar las crecientes presiones sobre el mercado de divisas y las autoridades permitieron la flotación de la rupia a mediados de agosto. La situación se deterioró notablemente en los dos meses siguientes y los efectos secundarios se propagaron a otros países. En la RAE de Hong Kong, las fuertes presiones a que se vio sometido el dólar de Hong Kong en octubre dieron lugar a una fuerte subida de las tasas de interés, seguida de un acusado descenso del mercado bursátil. En Corea, las presiones a la baja sobre el won se intensificaron a finales de octubre, tras el ataque contra el dólar de Hong Kong, y los precios de las acciones sufrieron una fuerte caída, como consecuencia de la pérdida de confianza en el futuro de la economía y de las dificultades cada vez mayores que encontró el sector financiero para renovar los préstamos externos. Tras los esfuerzos desplegados para defender el won, las autoridades coreanas ampliaron la banda de fluctuación diaria del 4½% al 20% a finales de noviembre y, posteriormente, solicitaron respaldo financiero del FMI (véase el capítulo V).

La crisis que se estaba gestando, con un espectacular desplome de los tipos de cambio y los precios de las acciones (gráfico 1) fue una de las peores del período de posguerra. Afectó principalmente a países que durante mucho tiempo habían aplicado políticas fiscales prudentes y habían registrado altas tasas de ahorro. ¿Dónde estuvo el error? Los factores básicos, sobre todo en Tailandia, fueron la acumulación de presiones inflacionarias que se manifestaron en los abultados déficit externos y los desmesurados precios vigentes en los mercados bursátiles y de bienes raíces; el mantenimiento durante demasiado tiempo de regímenes de tipo de cambio vinculado, que terminaron por considerarse como una garantía implícita del valor de cambio, alentó la obtención de préstamos externos sin la debida cobertura y, con frecuencia, a corto plazo; la falta de información y datos puntuales y relevantes; la falta de rigor en la aplicación de las normas de prudencia y las deficiencias en la estructura de supervisión de los sistemas financieros; la intervención estatal en la asignación del crédito, que dio lugar a un acusado deterioro de la calidad de la cartera de préstamos de los bancos que, a su vez, redujo el margen para elevar las tasas de interés, y una serie de problemas en la gestión de gobierno que, unidos a la incertidumbre política, agravaron la crisis de confianza. También entraron en juego varios elementos porque los inversionistas extranjeros subestimaron los riesgos que entrañaba la búsqueda de rendimientos más altos durante un período de atonía del crecimiento económico en Japón y Europa, caracterizado por el bajo nivel de las tasas de interés internacionales, y porque los efectos de contagio de la crisis provocaron una devaluación excesiva de las monedas afectadas.

Gráfico 1Algunas economías de Asia: Tipos de cambio bilaterales frente al dólar de EE.UU. e índice de cotización de acciones

(Dólares de EE.UU. por unidad de moneda: escala logarítmica; 5 de enero de 1996 = 100)

Fuentes: Bloomberg Financial Markets. LP: Corporación Financiera Internacional, y Reuters.

1 vinculado al dólar de EE.UU.

Perspectiva mundial

La turbulencia financiera que hizo eclosión en el sureste asiático a mediados de 1997 pronto empezó a dejarse sentir en la demanda y la actividad económica en los países afectados. También comenzó a tener un efecto de atenuación sobre la tasa de crecimiento a escala mundial a finales de 1997 y principios de 1998. Sin embargo, para el conjunto de 1997, el producto mundial siguió creciendo a una tasa anual de alrededor del 4% (gráfico 2). El crecimiento más lento que registraron los países de África, Asia y el Oriente Medio se compensó con una expansión más rápida en los países industriales, en los países en desarrollo de América y en las economías en transición (cuadro 1). El volumen de comercio mundial repuntó en 1997 para situarse en el 9½%, igualando así la expansión de 1995, es decir, la tasa de crecimiento más alta de los veinte últimos años. Esta aceleración se distribuyó ampliamente entre los grupos de países más avanzados y en desarrollo, pero el crecimiento del comercio de las economías en transición sufrió una ligera desaceleración.

Gráfico 2Indicadores mundiales

(Variación porcentual anual)

1 Bienes y servicios, volumen.

Cuadro 1Panorama de la economía mundial(Variación porcentual anual, salvo indicación contraria)
1994199519961997
Producto mundial3,93,64,14,1
Economías avanzadas3,12,52,73,0
Principales países industriales2,82,02,52,8
Estados Unidos3,52,02,83,8
Japón0,61,53,90,9
Alemania2,71,81,42,2
Francia2,82,11,52,4
Italia2,22,90,71,5
Reino Unido4,32,72,23,3
Canadá3,92,21,23,8
Otras economías avanzadas4,54,33,84,0
Partida informativa
Países industriales2,92,12,52,9
Unión Europea2,92,51,72,6
Economías asiáticas de reciente industrialización7,67,36,46,1
Países en desarrollo6,86,06,65,8
África2,53,05,53,2
América5,11,23,55,0
Asia9,69,08,36,7
Cuatro países de la ASEAN17,78,17,13,9
Oriente Medio y Europa0,73,64,94,4
Países en transición–7,6–1,3–0,11,7
Europa central y oriental–3,01,41,52,7
Excluidos Belarús y Ucrania3,05,33,63,1
Rusia–12,6–4,0–2,80,4
Región transcaucásica y Asia central–10,2–4,31,52,2
Volumen del comercio mundial (bienes y servicios)9,39,56,69,4
Importación
Economías avanzadas9,78,96,48,6
Países en desarrollo7,111,99,312,1
Países en transición7,818,37,65,4
Exportación
Economías avanzadas8,88,85,99,8
Países en desarrollo13,210,68,710,8
Países en transición8,312,34,93,5
Precios de los productos básicos
Petróleo2
En DEG–7,81,924,3–0,9
En dólares de EE.UU.–5,58,018,9–6,0
Productos no combustibles3
En DEG10,82,13,11,6
En dólares de EE.UU.13,68,2–1,3–3,7
Precios al consumidor
Economías avanzadas2,62,52,42,1
Países en desarrollo50,721,713,78,5
Países en transición268,4124,141,427,8
LIBOR a seis meses (porcentaje)4
Sobre los depósitos en dólares de EE.UU.5,16,15,65,9
Sobre los depósitos en yenes japoneses2,41,30,70,7
Sobre los depósitos en marcos alemanes5,34,63,33,4

Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Promedio simple de los precios al contado de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermediate. El precio medio del petróleo en dólares de EE.UU. era de US$19.18 en 1997; el precio supuesto es de US$14,59 en 1998 y de US$15,94 en 1999.

Promedio, basado en ponderaciones de la exportación mundial de productos básicos.

Tasa interbancaria de oferta de Londres.

Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Promedio simple de los precios al contado de las variedades de crudo U.K. Brent, Dubai y West Texas Intermediate. El precio medio del petróleo en dólares de EE.UU. era de US$19.18 en 1997; el precio supuesto es de US$14,59 en 1998 y de US$15,94 en 1999.

Promedio, basado en ponderaciones de la exportación mundial de productos básicos.

Tasa interbancaria de oferta de Londres.

Como consecuencia de la crisis de Asia se produjo un acusado descenso de los flujos netos de capital privado hacia las economías de mercados emergentes (cuadro 2). Dichos flujos habían registrado un nivel récord de US$240.000 millones en 1996, de los cuales Asia había recibido más del 40%. Tras una nueva subida en el primer semestre de 1997, los flujos netos se redujeron drásticamente a medida que la crisis cobraba mayores dimensiones y, para el conjunto del año, se situaron en unos US$70.000 millones menos que en 1996. Los flujos netos a los países en desarrollo de Asia se redujeron en más de US$60.000 millones para situarse en torno a US$40.000 millones, el menor nivel de afluencia desde 1992. Este nivel no descendió tanto en los países en desarrollo del Oriente Medio ni en Europa, mientras que en los países de Africa y América y las economías en transición se produjo efectivamente un aumento. En el primer trimestre de 1998, la entrada neta de capitales en los países de mercados emergentes se mantuvo en niveles próximos a los registrados a finales de 1997, que ya eran más bajos.

Cuadro 2Flujos de capital a los países en desarrollo, los países en transición y las economías recientemente industrializadas1(Miles de millones de dólares de EE.UU.)
1984–8921990–9621994199519961997
Total
Flujos netos de capital privado315,2148,1160,5192,0240,8173,7
Inversión directa neta12,963,184,396,0114,9138,2
Inversión de cartera neta4,754,187,823,549,742,9
Otras inversiones netas‒2,530,9–11,772,576,2–7,3
Flujos oficiales netos23,915,3‒2,534,9–9,727,3
Variación de las reservas4–13,8–81,2–77,2–120,5–115,9–54,7
Países en desarrollo
Flujos netos de capital privado318,2131,2136,6156,1207,9154,7
Inversión directa neta12,156,875,484,3105,0119,4
Inversión de cartera neta4,249,385,020,642,940,6
Otras inversiones netas1,925,1–23,851,260,0–5,3
Flujos oficiales netos25,815,69,127,4–3,415,8
Variación de las reservas45,8–55,7–42,4–65,6–103,4–55,2
África
Flujos netos de capital privado33,64,410,613,84,58,9
Inversión directa neta1,12,93,64,25,37,7
Inversión de cartera neta–0,8–0,20,51,4–0,32,6
Otras inversiones netas3,31,66,58,1–0,6–1,3
Flujos oficiales netos5,17,18,15,26,56,7
Variación de las reservas40,2–1,9–4,4–1,4–6,4–11,3
América
Flujos netos de capital privado3–0,245,747,435,780,591,1
Inversión directa neta5,318,724,325,336,951,2
Inversión de cartera neta–0,929,960,6–0,125,233,5
Otras inversiones netas–4,6–2,8–37,510,518,56,5
Flujos oficiales netos8,21,8–4,022,0–13,4–7,3
Variación de las reservas40,5–18,44,7–25,9–27,0–12,3
Asia
Flujos netos de capital privado313,055,963,191,8102,238,5
Inversión directa neta4,532,243,449,758,555,4
Inversión de cartera neta1,56,811,310,810,2–2,2
Otras inversiones netas7,016,98,331,333,5–14,7
Flujos oficiales netos7,78,46,25,19,317,7
Variación de las reservas4–2,1–29,0–39,7–29,0–48,9–17,2
Oriente Medio y Europa
Flujos netos de capital privado31,725,215,514,820,716,1
Inversión directa neta1,13,04,25,14,35,1
Inversión de cartera neta4,412,812,58,47,96,8
Otras inversiones netas–3,89,4–1,21,38,64,2
Flujos oficiales netos4,8–1,8–1,2–4,8–5,8–1,3
Variación de las reservas47,2–6,4–3,1–9,4–21,2–14,3
Países en transición
Flujos netos de capital privado3–1,012,818,429,821,334,5
Inversión directa neta–0,26,35,413,213,118,2
Inversión de cartera neta2,04,12,92,27,3
Otras inversiones netas–0,84,68,913,65,99,0
Flujos oficiales netos0,20,5–11,08,4–5,50,8
Variación de las reservas4–3,6–7,8–8,5–35,90,4–6,2
Economías recientemente industrializad
Flujos netos de capital privado3–2,04,15,56,111,7–15,4
Inversión directa neta1,00,13,5–1,5–3,20,6
Inversión de cartera neta0,52,8–1,20,04,6–5,0
Otras inversiones netas–3,61,23,27,610,3–11,1
Flujos oficiales netos–2,0–0,8–0,6–0,9–0,810,7
Variación de las reservas4–16,0–17,7–26,3–19,0–12,96,7

Los flujos netos de capital comprenden la inversión directa neta, la inversión de cartera neta y otros flujos de inversión netos a largo y corto plazo, incluidos los empréstitos oficiales y privados.

Promedios anuales.

Debido a limitaciones de los datos, en otras inversiones netas pueden incluirse algunos flujos oficiales.

E1 signo menos indica un aumento.

Corea, Hong Kong (RAE), Israel, provincia china de Taiwan y Singapur.

Los flujos netos de capital comprenden la inversión directa neta, la inversión de cartera neta y otros flujos de inversión netos a largo y corto plazo, incluidos los empréstitos oficiales y privados.

Promedios anuales.

Debido a limitaciones de los datos, en otras inversiones netas pueden incluirse algunos flujos oficiales.

E1 signo menos indica un aumento.

Corea, Hong Kong (RAE), Israel, provincia china de Taiwan y Singapur.

La notable disminución de los flujos de capital a las economías de mercados emergentes de Asia, aunque se vio amortiguada en cierta medida por un aumento del financiamiento de fuentes oficiales, obligó a realizar importantes ajustes en la balanza de pagos de estos países. Para el conjunto de los países en desarrollo de Asia, el déficit en cuenta corriente se redujo en casi US$30.000 millones en 1997. Y, a principios de 1998, los países más afectados por la crisis —Corea, Indonesia y Tailandia—ya registraban superávit en cuenta corriente. En el año 1997, el aumento del déficit en cuenta corriente en varios países de América Latina, como consecuencia del incremento de la inversión extranjera directa, fue el principal contrapunto a las disminuciones de estos déficit en los mercados emergentes de Asia (cuadro 3). Sin embargo, a finales de 1997 y principios de 1998, en varias economías avanzadas —entre las que destaca Estados Unidos—y los países exportadores de petróleo, la balanza en cuenta corriente comenzó a dar señales de deterioro.

Cuadro 3Saldo en cuenta corriente de algunas economías(Porcentaje del PIB)
199519961997
Economías avanzadas
Principales países industriales

Estados Unidos
–1,8–1,9–2,1
Japón2,21,42,2
Alemania–1,0–0,6–0,3
Francia0,71,32,7
Italia2,33,22,9
Reino Unido–0,5–0,10,3
Canadá–1,00,4–2,0
Otros países industriales

Australia
–5,6–4,0–3,4
Austria–2,0–1,8–1,8
Corea–2,0–4,9–2,0
España0,20,30,5
Finlandia4,13,85,3
Grecia–2,1–2,6–2,9
Hong Kong, RAE1–3,9–1,3–1,5
Irlanda2,82,01,8
Israel–5,6–5,6–3,4
Noruega3,37,15,5
Nueva Zelandia–3,7–4,0–7,0
Singapur16,815,715,2
Suecia2,12,53,1
Suiza6,97,38,3
Taiwan, provincia china de2,14,02,6
Partida informativa Unión Europea0,61,11,4
Países en desarrollo

Arabia Saudita
–4,20,20,2
Argelia–5,32,76,7
Argentina–1,5–1,9–3,8
Brasil–2,5–3,1–4,1
Camerún–0,4–2,4–1,3
Chile–2,1–5,4–5,3
China0,20,92,4
Côte d’Ivoire–6,0–4,8–4,5
Egipto2,3–0,30,3
Filipinas–4,4–4,7–5,2
India–1,6–1,2–1,5
Indonesia–3,3–3,3–2,6
Malasia–10,0–4,9–4,8
México–0,5–0,6–1,8
Nigeria–3,72,40,4
Pakistán–3,4–6,5–6,0
Sudáfrica–2,0–1,3–1,5
Tailandia–8,0–7,9–2,0
Turquía–0,6–1,5–1,7
Uganda–2,5–1,8–0,9
Países en transición

Hungría
–5,7–3,8–2,2
Polonia23,3–1,0–3,2
República Checa–2,7–7,6–6,3
Rusia1,30,5–0,3

Incluye sólo los bienes y servicios no atribuibles a factores.

Basado en datos de la balanza de pagos en cuenta corriente, incluido un superávit por transacciones de comercio exterior no registradas, según estimaciones de los funcionarios del FMI.

Incluye sólo los bienes y servicios no atribuibles a factores.

Basado en datos de la balanza de pagos en cuenta corriente, incluido un superávit por transacciones de comercio exterior no registradas, según estimaciones de los funcionarios del FMI.

La inflación de los precios al consumidor se redujo aún más en los principales grupos de países en 1997 (véase el gráfico 2). A este descenso contribuyó la debilidad de los precios de los productos básicos, incluidos los del petróleo. A principios de 1998, los precios del petróleo volvieron a bajar; de hecho, en abril de 1998 y medidos en DEG, dichos precios se situaban en niveles en torno a un 31% más bajos que el año anterior, mientras que los precios de otros productos básicos habían bajado un 20% durante el mismo período. En cierta medida, los descensos fueron consecuencia de la disminución de la demanda de productos básicos en los países asiáticos sumidos en la crisis; la fuerte depreciación de las monedas de estos países puede haber dado lugar también a descensos de los precios en moneda extranjera de sus exportaciones de productos básicos.

El cambio de rumbo de los flujos financieros hacia mercados bien establecidos tras la eclosión de la crisis, unido a las perspectivas de una menor inflación, contribuyó a un descenso importante de las tasas de interés a mediano y largo plazo en los países industriales a finales de 1997 y principios de 1998, que registraron en algunos casos los niveles más bajos de los últimos 50 años. Estas mejores condiciones financieras, sobre todo en Estados Unidos y Canadá y Europa occidental, redundaron a su vez en un aumento de las ganancias en los mercados de acciones, en los que muchos índices volvieron a alcanzar niveles récord. Todo ello contribuyó a fomentar el crecimiento de la demanda interna en los países industriales al mismo tiempo que las exportaciones netas comenzaron a sentir los efectos adversos de la crisis asiática.

En los mercados de divisas, tras un cierto fortalecimiento inicial en 1997/98, el yen volvió a sufrir presiones de venta durante la mayor parte del período como consecuencia de la inquietud de los mercados con respecto al avance de la recuperación económica en Japón. Tras bajar a ¥127 por dólar de EE.UU. al final de abril de 1997, el yen repuntó con vigor en mayo y principios de junio para alcanzar un máximo de ¥110 por dólar de EE.UU. Posteriormente, a medida que la recuperación perdió impulso a mediados de año y la situación del sector financiero nacional comenzó a suscitar inquietud, el yen volvió a debilitarse; al final de abril de 1998 ya se había depreciado a ¥132 por dólar. Aunque el marco alemán siguió bajando frente al dólar en 1997 y principios de 1998, la depreciación del tipo de cambio efectivo nominal fue moderada. La cotización de la libra esterlina registró un fuerte aumento en 1997 y principios de 1998 debido, sobre todo, a factores cíclicos de corto plazo.

Las economías avanzadas

En 1997, las divergencias cíclicas entre las economías avanzadas siguieron siendo considerables. La actividad económica fue vigorosa en Estados Unidos y el Reino Unido, operando arnbas economías a niveles próximos a la plena capacidad y registrando las tasas de desempleo más bajas en muchos años. En las principales economías de Europa continental se observó un fortalecimiento del crecimiento en el segundo semestre de 1997 y a principios de 1998, pero en la mayoría de estos países los márgenes de capacidad no utilizada siguieron siendo bastante amplios. En Japón, la economía comenzó a dar señales de deterioro después del primer trimestre de 1997, entrando en una recesión en el último trimestre del año con una contracción del producto en el primer trimestre de 1998 equivalente a un 5,3% en cifras anualizadas. El impacto de la crisis de Asia sobre las economías avanzadas varió sobre todo en función de dos factores. El primero, la importancia de los lazos comerciales y financieros con las economías en crisis, lazos que son en general más estrechos en la región de Asia y el Pacífico3. El segundo fue la situación de partida de la economía. Los efectos de amortiguación de la crisis tuvieron un impacto negativo relativamente importante en Japón; en cambio, lo más probable es que contribuyeran a frenar las presiones inflacionarias en países en los que existía un riesgo de recalentamiento.

Tras un afianzamiento del crecimiento en 1996, después de cuatro años de precaria recuperación, parecía que en Japón se estaba consolidando un crecimiento autosostenido en los primeros meses de 1997, pero la actividad se redujo drásticamente en el segundo trimestre y sólo repuntó débilmente durante el resto del año. La pérdida de crecimiento antes de mediados de año fue atribuible, sobre todo, a factores internos, entre ellos, una subida del impuesto al consumo en abril de 1997, los recortes del gasto público y la falta de solidez del sector financiero. En los últimos meses del año, la inquietud suscitada por la crisis de Asia y la situación del sector financiero nacional, unida a un nuevo descenso de los precios de las acciones contribuyó a que se mantuvieran los bajos niveles de gasto interno. Para el conjunto del año, el crecimiento del PIB fue de sólo un 1%. Las autoridades japonesas reaccionaron anunciando un plan de estímulo fiscal de gran envergadura en abril de 1998 y adoptando medidas para hacer frente a los problemas del sector bancario, entre otras, aportando fondos públicos para reforzar la garantía de depósitos y recapitalizar las instituciones. No obstante, persistió la incertidumbre con respecto a la forma en que se adoptarían las medidas en el sector bancario. En julio de 1998, las autoridades japonesas anunciaron una serie de iniciativas adicionales para el sector bancario en un Plan global de revitalización financiera, entre ellas un servicio de “banco puente” que tenía por objeto facilitar la resolución de las instituciones en quiebra y medidas encaminadas a reforzar la supervisión bancaria y aumentar la transparencia.

En las otras economías avanzadas de la región de Asia y el Pacífico, las posiciones cíclicas eran, en general, más sólidas que en Japón cuando se desencadenó la crisis. En Australia, el crecimiento se afianzó en 1997 en un contexto de inflación controlada, un presupuesto casi equilibrado y un menor déficit en cuenta corriente. Sin embargo, debido en parte a la crisis, el dólar australiano se depreció notablemente frente a las monedas de otros países industriales en los últimos meses del año. En cambio, en la RAE de Hong Kong, se produjo un deterioro de la competitividad como consecuencia de las depreciaciones de las monedas de la región, y las tasas de interés subieron esporádicamente a niveles relativamente altos ante las presiones intermitentes que sufrió la moneda. Estos factores, junto con los efectos de la crisis regional sobre el comercio y la confianza, redujeron rápidamente las presiones de recalentamiento que habían comenzado a surgir a principios de 1997 y dieron lugar a una pronunciada contracción de la actividad a principios de 1998. Como en la RAE de Hong Kong, la solidez del sector financiero ayudó a limitar el contagio de la crisis regional en Singapur y la provincia china de Taiwan, aunque en ambos casos se produjo una significativa depreciación de la moneda y una acusada subida de las tasas de interés internas.

La crisis asiática afectó en menor medida a las economías avanzadas de América del Norte y Europa. Estados Unidos registró un desempeño económico excepcionalmente vigoroso en 1997, con un crecimiento del PIB del 3¾%, la tasa más alta en nueve años. Además, la inflación medida por el deflactor del PIB fue la menor de los últimos 32 años, el desempleo se situó en el nivel más bajo en 24 años y el presupuesto federal alcanzó prácticamente el equilibrio por primera vez desde principios de los años setenta. El vigor de la economía estadounidense brindó un respaldo esencial al crecimiento de la economía mundial en el contexto de la crisis de Asia. El debilitamiento de la demanda externa asociado a la crisis asiática y la fortaleza del dólar atenuaron las posibles presiones inflacionistas en Estados Unidos e inclinaron la balanza en contra de la adopción de una política monetaria más restrictiva a finales de 1997 y principios de 1998. Canadá también registró un crecimiento dinámico en 1997, pero dado que los márgenes de capacidad ociosa seguían siendo grandes, la inflación se redujo aún más. Un considerable aumento del déficit en cuenta corriente, debido en parte al bajo nivel de precios vigente en los mercados mundiales de productos básicos, acentuó las presiones a la baja que sufrió el dólar canadiense. A finales de 1997 y en enero de 1998 se elevaron las tasas de interés oficiales, sobre todo para contrarrestar las consecuencias de la depreciación de la moneda para las condiciones monetarias.

En los países de Europa, las posiciones cíclicas siguieron siendo considerablemente divergentes en 1997 y principios de 1998. En el Reino Unido, el producto creció un 3¼% en 1997 y el desempleo se redujo al 5%, el valor más bajo de los últimos 17 años. En Alemania, Francia e Italia, el crecimiento aumentó moderadamente en 1997, tras el comportamiento vacilante de los dos años anteriores. Las tasas de desempleo siguieron siendo altas en los tres países, pero bajaron un poco en Francia a mediados de 1997 y en Alemania a principios de 1998. En Alemania, el principal motor del crecimiento fue el continuo auge de las exportaciones, sin embargo, se registró un repunte de la inversión en maquinaria y equipo y, posteriormente, de la demanda de bienes de consumo. En Francia, la recuperación, que también se había basado principalmente en las exportaciones, se tornó más equilibrada, produciéndose un repunte de la demanda interna en el segundo semestre de 1997. A pesar de la fuerte corrección fiscal, en Italia también se afianzó el crecimiento en 1997 gracias a una recuperación del consumo privado, un mayor crecimiento de las exportaciones y una reposición de las existencias. La inflación fue menor del 2% en Alemania, Francia e Italia en 1997.

En otros países de Europa continental —Dinamarca, España, Finlandia, Irlanda, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos y Portugal—el crecimiento económico siguió siendo sólido en 1997; en Austria, Bélgica y Suecia, tras ciertos períodos de atonía, comenzaron a perfilarse expansiones más convincentes. En algunos casos, el crecimiento se apoyó en las importantes reformas estructurales adoptadas en años anteriores, sobre todo las encaminadas a promover una mayor flexibilidad de los mercados de trabajo. En Suiza, el moderado crecimiento prologó un período de estancamiento que ha durado ya casi cinco años, pero la actividad repuntó en el primer trimestre de 1998. En estos países la inflación se mantuvo en niveles bajos bastante uniformes.

En marzo de 1998, la Comisión Europea determinó que 11 de los 15 países miembros de la UE cumplían los requisitos para participar en la Unión Económica y Monetaria (UEM) en 1999. La Comisión basó su recomendación (que incluía como información de referencia el informe de convergencia del Instituto Monetario Europeo) en una evaluación de los países que habían cumplido en 1997 los criterios de convergencia establecidos en el Tratado de Maastricht con respecto a la inflación, las finanzas públicas, las tasas de interés y los tipos de cambio. De los cuatro países restantes de la UE, Dinamarca, Suecia y el Reino Unido habían manifestado que no deseaban participar inmediatamente en la UEM. El Gobierno griego tiene la intención de incorporarse a la UEM en el año 2001. En marzo de 1998, la dracma se incorporó al mecanismo de tipos de cambio (MTC) de la UE con una paridad central anunciada frente a la unidad de cuenta europea (ecu) que implicaba una depreciación del 12½%; al mismo tiempo, se revaluó en un 3% la paridad de la libra irlandesa.

Los países en desarrollo

Varios países en desarrollo sufrieron en sus mercados financieros los efectos de contagio de la crisis asiática durante 1997 y muchos otros comenzaron a sentir otros efectos económicos de la crisis hacia el final del año, tales como un aumento general de las primas de riesgo de los créditos extranjeros. Estas influencias agravaron algunos otros problemas que limitan el crecimiento, entre ellos, las pérdidas de competitividad, el descenso de los precios de los productos básicos y los desequilibrios internos y externos. En el conjunto de los países en desarrollo, el crecimiento económico se redujo de un 6½% en 1996 a 5¾ en 1997. La desaceleración fue notable en Asia, pero donde más se acusó fue en África (gráfico 3). En cambio, en los países en desarrollo de América, el crecimiento fue más firme en 1997 que en los dos años anteriores, pero se debilitó en el primer trimestre de 1998. La desaceleración del crecimiento fue el resultado de los efectos secundarios de la crisis asiática y de las medidas de política adoptadas para reducir la vulnerabilidad ante los cambios adversos de actitud de los inversionistas y el aumento de los déficit en cuenta corriente.

Gráfico 3Países en desarrollo: Crecimiento del PIB real

(Variación porcentual anual)

Por lo que respecta a Asia, los mercados financieros de China se mantuvieron relativamente inmunes a los efectos de contagio de la crisis, debido a las acertadas políticas macroeconómicas adoptadas desde 1993, al hecho de que las entradas de capital se compongan principalmente de inversión directa, a los limitados cauces para la especulación financiera y al gran volumen de sus reservas de divisas. Si bien el tipo de cambio real se apreció ligeramente como consecuencia de las depreciaciones de las monedas de los países asiáticos con los que comercia China, el país mantuvo la solidez de la balanza comercial y la balanza en cuenta corriente siguió registrando superávit. Las autoridades perseveraron en su decisión de no devaluar el renminbi, política crucial para restablecer la estabilidad en la región. La inflación siguió siendo baja tras la acusada caída de 1997. En India, el crecimiento del producto se redujo de alrededor del 7½% en 1996 a un 6% en 1997. La rupia se depreció frente al dólar a finales de 1997, debido en parte a los efectos secundarios de la crisis regional, pero su valor de cambio varió muy poco en términos reales multilaterales. En Pakistán, el gobierno adoptó un programa integral para mejorar las políticas macroeconómicas y emprender reformas estructurales tras el aumento de los desequilibrios macroeconómicos y el peligro de una crisis cambiaría a finales de 1996 y principios de 1997.

Con respecto a América Latina, en Brasil la inflación de los precios al consumidor se redujo al 4¼% en 1997, mientras que el crecimiento del producto se mantuvo en un nivel del 3% muy similar al del año anterior. Para hacer frente a los efectos secundarios de la crisis asiática, las autoridades adoptaron una política monetaria y una política fiscal mucho más restrictivas en octubre y noviembre de 1997, lo que permitió restablecer la confianza y frenar la sangría de las reservas de divisas. En Argentina, el crecimiento del producto fue robusto —un 8½%—y los precios se mantuvieron estables en general. Al igual que en Brasil, en octubre comenzaron a surgir presiones en los mercados financieros, produciéndose una notable corrección del mercado de valores y un aumento de los diferenciales de la deuda soberana. En México, la crisis asiática exacerbó notablemente la volatilidad del mercado de divisas y de las tasas de interés. Una subida significativa y temporal de estas últimas contribuyó a estabilizar el tipo de cambio, aunque el peso volvió a marcar nuevos mínimos frente al dólar de EE.UU. en febrero de 1998. En Chile, el peso comenzó a sufrir presiones en diciembre, pero se estabilizó a finales de enero, tras una moderada intervención en el mercado de divisas y una notable subida de las tasas de interés.

En la región del Oriente Medio y Europa, las repercusiones directas de la crisis de Asia fueron limitadas, produciéndose descensos temporales de las cotizaciones de las acciones en algunos países y un aumento de los diferenciales de interés de la deuda negociada en los mercados internacionales. En la República Islámica de Irán, el crecimiento del PIB real fue más lento (3¼% en 1997 frente a 4¾% en 1996) como consecuencia del estancamiento de las exportaciones no petroleras y los recortes en los gastos de capital del gobierno asociados a la disminución de los ingresos procedentes del petróleo y a los retrasos en las reformas estructurales. En Turquía, el crecimiento se mantuvo en torno al 7% en 1997, mientras que en Egipto, el éxito de las medidas de estabilización macroeconómica y reforma estructural de los últimos años coadyuvó a un repunte del crecimiento que se situó en el 5%. Jordania siguió cosechando los frutos de la exitosa implementación de los planes de estabilización y reforma, manteniéndose un robusto crecimiento del producto; la inflación siguió reduciéndose y también disminuyó el déficit en cuenta corriente.

El crecimiento económico en África en 1997 fue de sólo un 3¼%. Este decepcionante resultado tuvo su origen principalmente en el impacto que produjeron en varios países el mal tiempo, el descenso de los precios de los productos básicos y, en algunos casos, los conflictos armados. Entre los países más grandes de la región, Sudáfrica registró una desaceleración del crecimiento que se situó en el 1¾% en 1997, debido a la falta de vigor de la demanda interna y externa. Nigeria también se vio afectada por la falta de vigor de la demanda interna, agravada por la pérdida de confianza de los inversionistas extranjeros. En Argelia, la desaceleración del crecimiento fue notable, debido sobre todo al impacto de la sequía sobre la agricultura y a nuevos retrasos en la recuperación de la actividad industrial. En Kenya, el debilitamiento del crecimiento se debió en parte a las presiones que sufrieron los mercados financieros como consecuencia de la incertidumbre política. La inflación siguió estando controlada en la mayor parte de la región.

Las economías en transición

En 1997, tanto Rusia como los países en transición en su conjunto registraron tasas de crecimiento positivas por primera vez en ocho años. En este grupo de países, el producto creció en torno a 1¾% y la inflación se redujo al 27% aproximadamente, señal de los avances logrados desde principios de la década en materia de estabilización y reforma en la mayoría de los países.

Los efectos secundarios de la crisis de Asia fueron más evidentes en Rusia, Ucrania y, entre los países bálticos, en Estonia. En Rusia, donde el rublo comenzó a sufrir ataques especulativos a finales de octubre y noviembre, y de nuevo a finales de enero de 1998, las autoridades defendieron con éxito el tipo de cambio elevando notablemente las tasas de interés, tras lo cual el mercado de valores sufrió acusados descensos. Las presiones se produjeron a pesar de que la balanza en cuenta corriente se hallaba próxima al equilibrio, y se debieron a la persistente debilidad de la situación fiscal, caracterizada por la escasa recaudación de ingresos, la inquietud en torno a la forma en que podría evolucionar la balanza de pagos si no se ponía freno al desequilibrio fiscal, y un descenso de los precios del petróleo. En Ucrania, aunque 1997 parece haber puesto al alcance de la mano la posibilidad de reducir la inflación a un solo dígito y obtener tasas de crecimiento positivas, la insuficiencia del ajuste fiscal se tradujo en una mayor dependencia de los préstamos externos a corto plazo de fuentes oficiales; esto, unido a la lentitud de las reformas estructurales, hizo que el país quedase en una situación de mayor vulnerabilidad frente a una evolución negativa del entorno. Así pues, al intensificarse la crisis de Asia a finales de 1997, las presiones sobre el mercado de divisas obligaron a las autoridades a adoptar condiciones monetarias mucho más restrictivas. En Estonia, los efectos de contagio de la crisis asiática exacerbaron las presiones internas sobre los mercados financieros asociadas al incipiente déficit en cuenta corriente. Las tasas de interés registraron una fuerte subida en octubre y noviembre de 1997, mientras que las cotizaciones de las acciones, que también habían subido mucho, sufrieron una acusada caída.

La crisis de Asia afectó poco a varias de las otras economías en transición: ni los mercados financieros ni el acceso al financiamiento externo se resintieron a pesar del grado de apertura a los mercados internacionales de capital. La República Checa sufrió una crisis cambiaria en mayo de 1997 provocada en parte por lo ocurrido en Tailandia, pero reaccionó aplicando una política fiscal y una política monetaria más restrictivas. El resultado fue una notable reducción del déficit en cuenta corriente, aunque a expensas de una desaceleración del crecimiento, y la ulterior agudización de la crisis de Asia sólo tuvo efectos limitados. En Hungría las presiones sobre el mercado de divisas como consecuencia de la crisis asiática tampoco fueron importantes, debido sobre todo a la significativa mejora de la situación fiscal y al aumento del crecimiento y del comercio exterior tras la adopción de firmes medidas de ajuste a partir de 1995. En Polonia, el producto creció en torno al 7% en 1997, manteniéndose así la sólida expansión de casi seis años.

La importancia crucial del ajuste y la reforma se puso especialmente de relieve en Albania y Bulgaria. En este último país, la crisis financiera que se inició en 1996 se extendió a 1997 y el producto se redujo por segundo año consecutivo. En Albania, la crisis que se exacerbó en marzo de 1997 con el colapso de las pirámides financieras también dio lugar a una caída del producto durante el año, pero en ambos casos, tras las notables mejoras en materia de política, se redujeron los desequilibrios macroeconómicos y se reanudó el crecimiento hacia el final de 1997 y principios de 1998. En Bulgaria también hubo un notable descenso de la inflación en 1997, descenso en el que el mecanismo de caja de conversión adoptado en el marco del programa respaldado por el FMI desempeñó un papel de primer orden.

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