Journal Issue
Share
Article

Gente

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
February 2006
Share
  • ShareShare
Show Summary Details

Wangari Maathai: Es necesario adoptar un enfoque integral del desarrollo

En 2004, cuando el Comité Nobel concedió el Premio de la Paz a Wangari Maathai, de Kenya, mencionó su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz. El Comité elogió su labor en la fundación del Movimiento Cinturón Verde, que movilizó a las mujeres africanas a plantar más de 30 millones de árboles, y su valiente lucha contra la opresión política. Maathai, que como se destacó combina “ciencia, compromiso social y activismo político”, es diputada del Parlamento y Viceministra de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Naturaleza. En una entrevista con Lynn Aylward, del Departamento de Elaboración y Examen de Políticas del FMI, Maathai se refirió a la interrelación entre la paz, la protección del medio ambiente y el buen gobierno que son de vital importancia para el desarrollo.

Aylward: ¿Qué siente ahora que forma parte del sistema, después de haber trabajado fuera e incluso en contra del mismo durante tanto tiempo?

Maathai: Es bueno estar dentro del sistema para ver cómo funciona. Cuando estaba fuera, con frecuencia me sentía frustrada porque el sistema se movía lentamente. Dentro, uno ve que no se han resuelto todos esos problemas y frustraciones. No estoy en el gabinete, y el cargo de Viceministra de Kenya es, en cierto modo, político y no operativo. Por lo tanto, también siento frustración dentro del sistema. Pero, en general, es mejor estar dentro. Al fin y al cabo, es el gobierno que los kenianos llevaron al poder.

Aylward: Usted señala que es necesario adoptar un enfoque integral del desarrollo y que el Movimiento Cinturón Verde representa dicho enfoque. ¿Qué quiere decir exactamente?

Maathai: Me gusta utilizar el taburete tradicional africano de tres patas para explicar el desarrollo holístico. Se tallan las tres patas al mismo tiempo para que la base sea estable. Comparo las patas con los tres pilares del gobierno. Una pata representa el desarrollo sostenible de los recursos y la distribución equitativa de los mismos. La segunda pata es el buen gobierno, que permite el desarrollo sostenible y la distribución equitativa de los recursos. Y la tercera pata es la paz: la lucha explícita por la paz dentro de los países y entre ellos. Si la gente se siente segura y estable, puede innovar, crear riqueza, progresar y desarrollar sus recursos. Pero si una de estas patas no es estable o no existe, se explotan los recursos, la gente y las relaciones entre los pueblos.

Aylward: ¿Hay algo de cierto en el estereotipo de que a usted, como ecologista, liberal y defensora del medio ambiente, no le gusta especialmente o no confía en el sector privado?

Maathai: No. Vuelvo al taburete. Si las tres patas están ahí, el sector privado puede crecer con fuerza y crear puestos de trabajo. Pero, por ejemplo, si la gestión de gobierno es deficiente, crea inseguridad, lo que perjudica a los inversionistas y desalienta la inversión o permite la explotación insostenible de los recursos.

Aylward: ¿Cuáles son las raíces del Movimiento Cinturón Verde?

Maathai: En 1974, presidía la Asociación Keniana de Mujeres Universitarias y el Comité de Mujeres de Kenya y enseñaba en la Universidad de Nairobi. Cuando me preparaba para la primera Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer, que se celebró en México en 1975, mi intención era centrarme en la fuerte discriminación a la que se enfrentaban las mujeres universitarias en Kenya. Pero las mujeres que fui conociendo durante la Conferencia planteaban cuestiones muy básicas, como la necesidad de tener leña suficiente para preparar la comida de sus familias, o cultivar en sus pequeños terrenos té y café por los que luego sus maridos recibían ingresos que compartían con ellas según les convenía.

Como resultado de conocer la situación real de estas mujeres nació el Movimiento Cinturón Verde. Plantar árboles puede parecer muy simplista, pero resolvió muchos de los problemas de las mujeres: los árboles podían proporcionar leña para combustible, ayudar a combatir la erosión del suelo y la deforestación, proporcionar alimentos para sustituir los cultivos eliminados por la explotación agrícola comercial, generar ingresos y luchar contra la pobreza. Inmediatamente relacioné las quejas iniciales de las mujeres con el medio ambiente: la falta de leña me recordó mi propia infancia, cuando no existía suelo expuesto salvo el que se preparaba para el cultivo. Ese recuerdo inspiró mi primer libro, The Naked Earth.

Aylward: Se ha insistido mucho en que el Movimiento Cinturón Verde también ha ayudado a potenciar el papel de la mujer.

Maathai: Sí, pero la experiencia me dejó una lección. La primera vez que plantamos árboles, un agente forestal enseñó a las mujeres cómo hacerlo. Llegó con muchos camiones y una retroexcavadora, ayudantes y una variedad de tipos de suelo, desde la arena más fina hasta piedrecillas. Para serle franca, era abrumador. Además, las mujeres no habrían podido conseguir esos materiales. La lección fue no utilizar tecnologías que sean demasiado complicadas.

Aylward: A pesar de este comienzo abrumador, el movimiento prosperó. En las entrevistas, usted ha tratado de restar atención al hecho de que fue el primer premio Nobel otorgado a una mujer africana y se ha centrado más en que el premio fue atribuido a una ecologista. ¿Puede hacer algún comentario sobre esta cuestión?

Maathai: Aplaudo realmente al Comité Nobel por reconocer la relación entre el medio ambiente, la gestión de gobierno y la paz. Un país preocupado por el bienestar de sus ciudadanos —actuales y futuros— suele ser democrático y se interesa por los derechos de la población, que también puede ayudar mucho a su gobierno. Volvemos al ejemplo del taburete y las interrelaciones: para alcanzar el bien común de un medio ambiente propicio, un buen gobierno nacional y paz internacional, los ciudadanos deben demostrar responsabilidad individual, y el gobierno, responsabilidad política.

Aylward: Algunos comentaristas señalan que un medio ambiente sostenible es un lujo. ¿Entiende de alguna forma que digan que es mejor construir una gran fábrica, aceptar cierto grado de deterioro ambiental, aumentar el empleo y preocuparse después por lograr un medio ambiente prístino, cuando más gente tenga comida suficiente?

Maathai: Actualmente Kenya importa madera. Hace 50 años, cuando era niña, Kenya tenía grandes extensiones de selva, aunque solo una tercera parte de la tierra es cultivable. Teníamos grandes selvas, pero decidimos talarlas. Podríamos haber replantado árboles, pero no lo hicimos. Dos generaciones después, necesitamos importar madera, que proviene en parte del Congo. Quizá dentro de tres o cuatro generaciones, también se habrán acabado las selvas del Congo. ¿Dónde está el lujo en este caso? Proteger el medio ambiente no es un lujo; es la necesidad que hace posible el lujo.

Aylward: Un tema muy debatido en los círculos económicos universitarios es el de la eficacia de la ayuda internacional, es decir, ¿contribuye al crecimiento económico y a la reducción de la pobreza? El debate obedece en parte a la desilusión por la experiencia de los últimos 50 años. Algunos dicen que la ayuda da resultado si la gestión de gobierno es adecuada en el país beneficiario o si las instituciones son sólidas. Otros opinan que debe eliminarse el alivio de emergencia —que debería existir, pero no proporcionarse con la expectativa de que producirá crecimiento— o esperar más para que la ayuda tenga un impacto en la salud y la educación. En su opinión, ¿es eficaz la ayuda?

Maathai: Puede serlo y debería serlo. Pero no con las limitaciones que usted menciona. En mi discurso ante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer en Beijing en 1995, utilicé el término “cuello de botella” y mencioné la corrupción. Me criticaron duramente: hace 10 años era demasiado pronto para mencionar la corrupción. Pero era importante llamar la atención sobre la necesidad de crear espacio democrático para alentar a la población local y establecer instituciones eficaces. La ayuda da resultado, pero no hace todo el trabajo. Puedo recibir dinero para plantar árboles, pero el dinero no puede plantarlos, tiene que hacerlo la gente. Y el dinero no puede evitar el arrastre del suelo, pero sí puede el árbol que planta una persona. Aunque se han realizado algunos avances, me entristece decir que hoy podría escribir exactamente el mismo discurso. Todo el dinero del mundo no producirá resultados si la gestión de gobierno es deficiente.

Aylward: ¿Qué impresión tiene del FMI?

Maathai: Cada vez que quiero criticar al FMI o al Banco Mundial o al Grupo de los Ocho (G-8), tengo que enfrentar la realidad sobre el terreno. Espero que se publiquen estudios que demuestren que el alivio de la deuda está dando resultado. Por ejemplo, espero que el alivio de la deuda y el buen gobierno producirán resultados en Tanzanía si sigue las reglas.

Estuve en Gleneagles, donde humildemente me encontré con los Bonos de este mundo. Bono se preocupa profundamente por la pobreza que ve en los países a los que viaja. Creo que le resulta doloroso escuchar del FMI, el Banco Mundial y el G-8 que el alivio no llegará necesariamente a las personas por las que él se preocupa.

Espero ansiosamente el día en que hayamos logrado más avances para corregir las fallas de la gestión de gobierno que, según los donantes, bloquean el uso eficaz de los fondos para el alivio de la deuda. Entonces podré criticar al FMI, al Banco Mundial y al G-8 y podré decir que estas instituciones no tienen una cara humana.

Aylward: ¿Cómo ha sido su año del Nobel y qué proyectos tiene, además de sus responsabilidades parlamentarias?

Maathai: El año desde que recibí el Premio Nobel ha sido sumamente ocupado. Pero hace poco miré hacia atrás y me di cuenta de que durante ese año nunca estuve de mal humor, ¡ni una sola vez!

Voy a mencionar dos proyectos: Once jefes de estado se han unido para proteger el ecosistema del Congo. Han firmado un tratado y estoy dispuesta a exigir el cumplimiento de lo establecido. Dicen que necesitamos recursos, pero quieren evitar los problemas de una mala gestión de gobierno. Por lo tanto, todos los recursos que reciban, incluido, espero, el alivio de la deuda para la protección del medio ambiente, se canalizarán hacia un fondo fiduciario administrado por un órgano independiente. Esperamos que este afrontará el problema de la tala —legal e ilegal de bosques— y fomentará los derechos de la población indígena de la selva.

En la Segunda Cumbre de Jefes de Estado para la Conservación y la Gestión Sostenible de los Ecosistemas Forestales de África Central celebrada en febrero de 2005, acepté el cargo de embajadora ambulante de la Cuenca del Congo para defender el desarrollo sostenible de este sitio declarado patrimonio de la humanidad.

La Unión Africana también me ha pedido que les ayude a crear un órgano consultivo que estaría integrado por dos representantes de la sociedad civil de cada país miembro. Es un paso importante: incluir a la sociedad civil para que asesore a la Unión y movilizar a la población a nivel nacional.

Quizá la lección más importante es que hay muchas personas que apoyan el Premio de la Paz y parece revitalizarles. Me reuní con muchos escolares que quieren plantar un árbol conmigo, con universitarios que quieren aprender más sobre la gestión de gobierno, ¡incluso con hombres que quieren contarme sus historias! Y creo que la concesión del premio envió un mensaje a las niñas de África. Espero que piensen: “Si Wangari pudo hacerlo, ¡yo también!”.

Todo el dinero del mundo no producirá resultados si la gestión de gobierno es deficiente… Espero ansiosamente el día en que hayamos logrado más avances para corregir las fallas de la gestión de gobierno que, según los donantes, bloquean el uso eficaz de los fondos para el alivio de la deuda.

—Wangari Maathai

Other Resources Citing This Publication