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Finance and Development, June 2016
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El gran dilema: La nueva estrategia de crecimiento de China podría perjudicar a las economías africanas que dependen de las materias primas

Author(s):
International Monetary Fund. External Relations Dept.
Published Date:
June 2016
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Wenjie Chen y Roger Nord

El vertiginoso crecimiento de China está desacelerándose, y los motores de ese crecimiento están pasando de la inversión y las exportaciones al consumo interno. Este desplazamiento afecta a la economía mundial, especialmente a los países exportadores de materias primas, muchos de los cuales se encuentran en África. La Oficina de Aduanas de China anunció recientemente que las importaciones chinas de productos africanos cayeron casi un 40% en 2015. El desplome de la demanda china ha causado súbitas caídas de precios, ejerciendo presión sobre las cuentas fiscales y externas de muchos países africanos. El crecimiento económico en África subsahariana (que promedió entre 5% y 6% en las dos últimas décadas), cayó por debajo del 4% en 2015 y se prevé que disminuya más en 2016.

Sin embargo, pese al incierto contexto económico, en diciembre de 2015 el Presidente chino, Xi Jinping, prometió USD 60.000 millones en financiamiento para África durante los próximos tres años (más del doble de lo prometido por China hace tres años).

¿Acaso el nuevo modelo de crecimiento chino significa que el renacer económico de África ha terminado? ¿O puede África adaptarse a las nuevas realidades y aprovechar las nuevas oportunidades, incluida su relación con China? Para tratar de responder estas preguntas, en primer lugar consideramos el extraordinario crecimiento de los lazos económicos entre China y África.

El veloz crecimiento de China en los últimos 40 años la convirtió en un importante centro comercial (directa o indirectamente, a través de otros socios comerciales) para la mayoría de los países del mundo.

Una enorme reorientación

En África subsahariana hubo una notable reorientación comercial durante las dos últimas décadas. En 1995 las economías avanzadas representaban prácticamente el 90% de las exportaciones de África subsahariana; hoy, nuevos socios —incluidos Brasil, China e India— representan más del 50%, y alrededor de la mitad de ese porcentaje es atribuible a China. Asimismo, en 2014 China se convirtió en la principal fuente de importaciones de África subsahariana.

Los productos metálicos y minerales y el combustible representan el 70% de las exportaciones de África subsahariana a China. Por otro lado, la mayoría de las importaciones de África subsahariana provenientes de China son bienes manufacturados y maquinaria.

Obreros chinos de la Oficina de Exploración Petrolera Zhongyuan (ZPEB) de Sinopec y trabajadores sudaneses perforan un pozo petrolero en Sudán del Sur.

El acceso a nuevos mercados para sus materias primas ha estimulado las exportaciones de África, que se quintuplicaron en valor real en las dos últimas décadas. Y al diversificar sus socios comerciales, África subsahariana ha reducido la volatilidad de sus exportaciones, lo que ayudó a amortiguar el impacto de la crisis financiera mundial en 2008–09. Cuando las economías avanzadas devastadas por la recesión redujeron sus importaciones, China aumentó su proporción de importaciones de África subsahariana, permitiendo a la mayor parte de la región mantener un robusto crecimiento económico. El comercio también mejoró las condiciones de vida en África mediante el acceso a bienes de consumo chinos baratos y contribuyó a una inflación baja y estable.

Inversionista y prestamista

África subsahariana también ha diversificado sus fuentes de capital.

La inversión extranjera directa (IED) china en África subsahariana ha aumentado de modo significativo desde 2006. Si bien las últimas estadísticas oficiales (2012) indican que es menos del 5% de la IED total de la región, que usualmente entraña algún tipo de control sobre las empresas, los datos anecdóticos sugieren que la cifra puede ser mucho mayor. Muchos pequeños empresarios chinos se han establecido en África.

Además, los préstamos chinos a África subsahariana —muchos de los cuales financian proyectos de infraestructura pública— han aumentado rápidamente (véase “Obstáculo al crecimiento” en esta edición de F&D), y la proporción de China de la deuda externa total de África subsahariana creció de menos del 2% antes de 2005 a alrededor del 15% en 2012. Esto ha ofrecido a muchos países africanos una bienvenida nueva fuente de financiamiento de proyectos. Y cada vez más, China se apoya en África, que es una gran fuente de contratos de ingeniería para la construcción vial y proyectos hidroeléctricos.

El modelo de crecimiento chino de gran inversión y orientado a las exportaciones convirtió al país en un creciente importador de materias primas durante la mayor parte de este siglo. La demanda china incrementó notablemente los precios de metales, energía y materias primas agrícolas beneficiando a los muchos exportadores de productos básicos de África subsahariana.

Pero eso cambió. La menor inversión en China ha reducido su apetito por las materias primas, dando origen a un viraje pronunciado en su balanza comercial con África subsahariana. Los precios del mineral de hierro y el petróleo, por ejemplo, han caído en más de la mitad de los picos recientes, y muchas otras materias primas también han sufrido disminuciones marcadas. Los mercados de futuros sugieren mayores reducciones en 2016 y poca recuperación antes de 2020.

La IED es menos cíclica y está más determinada por consideraciones a mediano plazo que muchos otros tipos de inversiones. Pero el reciente cierre de minas chinas en África subsahariana (minas de cobre en Zambia, de mineral de hierro en Sudáfrica y la cancelación de un proyecto de mineral de hierro en Camerún, por ejemplo) indican que el retorno de la inversión en sectores tradicionales de las materias primas está disminuyendo. En mayo de 2015, el Ministerio de Comercio de China estimó una caída en el valor de los flujos de IED de China a África del 45,9% en el primer trimestre de 2015 comparado con el mismo período en 2014. La cantidad de proyectos aprobados también ha disminuido desde 2013 (véase el gráfico).

El impacto inmediato sobre los exportadores de materias primas ha sido serio. Los exportadores de petróleo, en particular, están experimentando marcadas disminuciones en sus exportaciones, lo que ejerce presión sobre las reservas de divisas y tipos de cambio. Muchos exportadores de materias primas también obtienen ingresos públicos significativos de los recursos naturales y hoy enfrentan crecientes déficits presupuestarios y presión para recortar el gasto. En Angola, por ejemplo, la caída en los precios del petróleo barrió con alrededor de la mitad de su base de ingreso, con una pérdida de más del 20% del PIB. Menores niveles de gasto, tanto en el sector público como en el privado, han conducido a un crecimiento marcadamente menor para los países exportadores de petróleo, que hoy se prevé promedie en apenas el 2% en 2015–16, comparado con un promedio de más del 7% en la década previa.

La retirada

Fuente: Ministerio de Comercio de China.

Los efectos de contagio de China no se limitan a los canales directos como una menor demanda de exportaciones y caídas en los precios mundiales de las materias primas. También hay efectos de una economía africana a otra. La desaceleración en economías grandes de África subsahariana, como Sudáfrica y Nigeria, afecta a los vecinos más pequeños con los que comercian. Uganda, que no exporta materias primas, se ve afectado por la contracción económica en Sudán del Sur, que se había convertido en un destino importante para las exportaciones regionales ugandesas. Países como Sudáfrica, Zambia y la República Democrática del Congo son importantes exportadores a China y también son grandes importadores de otros países africanos.

La buena noticia

Pero estas dificultades presentan al menos dos aspectos positivos. El reciente compromiso de China de brindar más del doble del financiamiento a África con USD 60.000 millones durante los próximos tres años pone de manifiesto tanto un sólido compromiso con el continente como la continua disponibilidad de abundante financiamiento de los inversionistas chinos. Naturalmente, será necesario identificar nuevas oportunidades comerciales, probablemente fuera de los sectores tradicionales de los recursos naturales. Pero el reciente aumento de los flujos de capital chinos al exterior, especialmente de empresas chinas, indica que continúa el interés de los inversionistas chinos en invertir y buscar retornos elevados fuera de su economía. Las economías de frontera africanas que no dependen de materias primas, por ejemplo en África oriental, podrían resultar nuevos mercados atractivos.

Además, las tendencias demográficas mundiales brindan una oportunidad para que África subsahariana se beneficie del nuevo modelo de crecimiento de China (véase “Subirse a la ola demográfica”, en la edición de marzo de 2016 de F&D). Bangladesh y Vietnam ya han ingresado a las cadenas de valor mundiales de indumentaria y textiles antes dominadas por China, que está pasando a otras cadenas de suministro de mayor valor agregado. En una cadena de suministro, las distintas etapas de fabricación de un producto, de la extracción de las materias primas al ensamblaje final, son realizadas por empresas ubicadas en varios países. Para 2035, la población de África subsahariana que llegará a la edad laboral (15–64 años) superará la del resto del mundo. Si los países de África subsahariana pueden reducir los cuellos de botella de infraestructura, mejorar el clima de negocios, diversificar sus economías y aumentar su integración en las cadenas de valor mundiales en las próximas décadas, tendrán una oportunidad histórica de promover con firmeza el crecimiento y reducir la pobreza en el continente. Dependerá de los responsables de la política económica del continente aprovechar esta oportunidad.

Wenjie Chen es Economista y Roger Nord es Subdirector, ambos del Departamento de África del FMI.

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