Back Matter

Back Matter

Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
October 1997
    Share
    • ShareShare
    Show Summary Details

    Véase la página xii de la edición de octubre de 1996 de Perspectivas de la economía mundial.

    Ante el traspaso de Hong Kong nuevamente a la República Popular China el 1 de julio de 1997 en carácter de región administrativa especial de China, en esta edición de Perspectivas de la economía mundial se hace referencia a esa economía como “Hong Kong, China”.

    En el documento “Implementing the OECD Jobs StrategyLessons from Member Countries’ Experience” (París: Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos, 1997), se examinan el avance de la reforma del mercado laboral y las reformas adicionales necesarias en países específicos.

    Desde la crisis de México de 1994–95 la necesidad de establecer normas bancarias internacionales aplicables tanto a los países avanzados como a los países de mercados emergentes ha concitado un considerable grado de atención. Se han logrado importantes avances en la formulación de dichas normas, que incluirían los principios básicos para una supervisión bancaria eficaz (Core Principles for Effective Banking Supervision), presentados recientemente por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea. Véase también David Folkerts-Landau y Carl-Johan Lindgren, “Toward a Framework for Financial Stability” (Washington: FMI, documento de próxima publicación).

    En la edición de mayo de 1997 de Perspectivas de la economía mundial, página 104, se enumeran los países que se consideran más y menos avanzados en la transición.

    Véase en el anexo 1 de Perspectivas de la economía mundial de mayo de 1993 un análisis de este fenómeno.

    Véase Perspectivas de la economía mundial, octubre de 1996, capítulo VI. En el Reino Unido, la decisión de otorgar independencia operativa al Banco de Inglaterra, adoptada en el mes de mayo por el nuevo gobierno, se tradujo en una inmediata reducción de 30 a 40 centésimos de punto porcentual de las tasas de interés a largo plazo, lo que indica un significativo impacto sobre las expectativas inflacionarias.

    El índice de precios de los productos básicos del FMI, en dólares de EE.UU., se incrementó un 5% durante 1996 y un 1% en el primer semestre de 1997. Medidos en DEG, los incrementos fueron del 10% y del 6%, respectivamente.

    Por ejemplo, véase Gian Maria Milesi-Ferretti y Assaf Razin, “Current Account Sustainability”, en Princeton Studies in International Finance, No. 81 (Princeton, New Jersey: Princeton University, octubre de 1996).

    En Dinamarca, las tasas de actividad han bajado como consecuencia del retiro anticipado de personas de edad avanzada que estaban desempleadas desde hacía largo tiempo antes de la eliminación de un régimen especial de retiro anticipado y también como resultado del otorgamiento de licencias sabáticas, de estudios y para la atención de hijos a cargo. En el Reino Unido, en la actual fase de expansión cíclica que se observa desde 1992, la tasa de actividad de la mano de obra se ha reducido como consecuencia del mayor número de retiros anticipados y de matriculados en establecimientos de enseñanza superior.

    Según las estimaciones de los funcionarios del FMI, el desempleo estructural bajó en el Reino Unido del 8½% en 1985 al 5¾% en 1997, y en los Países Bajos de alrededor del 7½% en 1985 a aproximadamente un 6¾% en 1996. Una importante característica de la evolución en los Países Bajos es que mientras que la tasa de actividad en el mercado laboral ha aumentado gradualmente durante la última década, de alrededor del 56% a mediados de los años ochenta a aproximadamente un 62%, sigue siendo significativamente menor que en la mayor parte de las demás economías avanzadas. En este contexto, véase también el análisis que se presenta en OCDE, Implementing the OECD Jobs Strategy.

    Este fenómeno de aumento del desempleo tendencial cada vez que se produce una perturbación adversa se denomina “histéresis”. Véanse los análisis que se presentan en P. R. G. Layard, S. J. Nickell y Richard Jackman, Unemployment, Macroeconomic Performance and the Labour Market (Oxford, Inglaterra; Nueva York: Oxford University Press, 1991), Olivier Blanchard y Lawrence Summers, “Hysteresis and the European Unemployment Problem”, en NBER Macroeconomics Annual (Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1986), págs. 15–78, y Charles R. Bean, “European Unemployment: A Survey”, en Journal of Economic Literature, vol. 32 (junio de 1994), págs. 573–619.

    David T. Coe y Dennis Snower, “Policy Complementanties: The Case for Fundamental Labor Market Reform”, en Staff Papers, vol. 44 (FMI, marzo de 1997), págs. 1–35.

    Véase un análisis más detallado en Ramana Ramaswamy y Eswar Prasad, “Shocks and Structural Breaks: Labor Market Reform in the United Kingdom”, documento de trabajo WP/94/152 (FMI, noviembre de 1994).

    Véase un análisis del retraso en la reacción ante cambios de política en S. G. B. Henry y Dennis Snower (a cargo de la edición), Economic Policies and Unemployment Dynamics in Europe (Washington: FMI, 1996).

    Véase un análisis de las estimaciones de los funcionarios del FMI sobre los índices de las condiciones monetarias y financieras en Gabrielle Lipworth y Guy Meredith, “Indicators of Monetary and Financial Conditions: A Reexamination”, en Japan-Selected Issues, informes sobre las economías nacionales, No. 96/114 (FMI, octubre de 1996).

    En Chile, que se excluye del análisis que sigue, se ha registrado un crecimiento económico sostenido desde mediados de los años ochenta y se espera que las prudentes políticas macroeconómicas y las reformas estructurales que contribuyeron a este resultado sigan produciendo un constante mejoramiento del nivel de vida, siempre que se reduzcan al mínimo los riesgos de recalentamiento de la economía.

    Como ejemplos recientes pueden citarse los programas de privatización de gran escala emprendidos en Chile y Perú, la privatización de los ferrocarriles y las empresas de servicios públicos en Argentina, la venta de dos importantes aerolíneas, de una de las mayores minas de cobre del mundo y de las telecomunicaciones en México, y la privatización en gran escala en los sectores de telecomunicaciones, minería y electricidad que se está llevando a cabo en Brasil.

    En 1996 Brasil impuso algunas medidas restrictivas temporarias.

    En la edición de Perspectivas de la economía mundial de octubre de 1996, págs. 78–79, se ofrecen mayores detalles sobre las reformas cambiarías.

    Véanse Building on Progress: Reform and Growth in the Middle East and North Africa (Washington: FMI, 1996), y Mohamed El-Erian, Sena Eken, Susan Fennell y Jean-Pierre Chaffour, Growth and Stability in the Middle East and North Africa (Washington: FMI, 1996).

    Véase un análisis de la evolución en los países exportadores de petróleo en Cyrus Sassanpour, Policy Challenges in the Gulf Cooperation Countries (Washington: FMI, 1996).

    La relación que existe entre la política fiscal y el crecimiento en la región del Oriente Medio y África del Norte se examina con mayor detalle en Sena Eken, Thomas Helbling y Adnan Mazarei, “Fiscal Policy and Growth in the Middle East and North Africa Region” (FMI, documento de trabajo de próxima publicación).

    El comportamiento del ahorro y la inversión en la región, incluida la evolución de la productividad total de los factores de producción, se analizan en Amer Bisat, Mohamed El-Erian y Thomas Helbling, “Growth, Investment and Savings in the Arab World” (FMI, documento de trabajo de próxima publicación), y en Mohamed El-Erian, “The Middle East’s Investment Challenge”, Middle East Policy, vol. 5, No. 2, págs. 194–99.

    La relación que existe entre la globalización y las perspectivas de crecimiento en la región se analiza en Patricia Alonso-Gamo, Annalisa Fedelino y Sebastian Paris Horvitz, “Globalization and Growth Prospects in Arab Countries” (FMI, documento de trabajo de próxima publicación) y en Said El-Naggar (a cargo de la edición), The Uruguay Round and the Arab Countries (Washington: FMI, 1996).

    Véase “Problemas de medición del producto en los países en transición”, en Perspectivas de la economía mundial, mayo de 1997, recuadro 5, págs. 38–39.

    Véase Joseph Blasi, Maya Kroumova y Douglas Kruse, Kremlin Capitalism: The Privatization of the Russian Economy (Ithaca, Nueva York: Cornell University Press, 1997).

    En 1996, la desviación estándar de la variación del producto en nueve sectores industriales era igual a alrededor de 9 puntos porcentuales en Rusia y aproximadamente 14 puntos porcentuales en Ucrania, en comparación con 6 puntos porcentuales en Polonia y 3 puntos porcentuales en Estados Unidos.

    La intensificación del proceso de integración económica en Europa se analizó en el anexo I de la edición de octubre de 1994 de Perspectivas de la economía mundial, págs. 109–15.

    El tratado establece que, “si al final de 1997 aún no se hubiere establecido la fecha para el comienzo de la tercera fase, ésta comenzará el 1 de enero de 1999” (Tratado de Maastricht, artículo 109j (4)).

    Por lo tanto, el IME ha señalado que “puesto que la teoría no proporciona una definición precisa de estabilidad de precios y puesto que existen problemas de medición, desde hace varios años se ha logrado un amplio consenso entre los bancos centrales en el sentido de que se entenderá por tal una tasa de inflación anual que se sitúe entre el 0% y el 2%”. Véase The Single Monetary Policy in Stage Three: Elements of the Monetary Policy Strategy of the ESCB (Francfort: Instituto Monetario Europeo, febrero de 1997), pág. 12.

    La primacía del objetivo de estabilidad de precios entre las funciones que asumirá el SEBC es similar al establecido en el estatuto del Banco Federal de Alemania. Cabría comparar este objetivo con los objetivos de la Reserva Federal de Estados Unidos que, de conformidad con la Ley de Pleno Empleo y Crecimiento Equilibrado de 1978 (Código de Estados Unidos, título 12, capítulo 3, subcapítulo I, párrafo 225a), tendrá por misión “fomentar de forma eficaz los objetivos de un nivel máximo de empleo, precios estables y tasas de interés a largo plazo moderadas”. Entre estos objetivos, el alto nivel de empleo tiene la misma importancia que la estabilidad de precios.

    La relación entre la independencia del banco central y la inflación, se analiza en el recuadro 11 de la edición de octubre de 1996 de Perspectivas de la economía mundial, págs. 140–42.

    Cuando se establezca el BCE, los mandatos iniciales de los miembros del Comité Ejecutivo durarán entre cuatro y ocho años, a fin de escalonar los nombramientos sucesivos.

    A este respecto, el SEBC gozará de mayor independencia que el Banco Federal de Alemania o la Reserva Federal de Estados Unidos, ya que la legislación que rige estas instituciones puede ser modificada por el poder legislativo de los respectivos países.

    En este capítulo “el Consejo” se refiere al Consejo de la Unión Europea, también conocido como el Consejo de Ministros. Está formado por representantes de los gobiernos de cada uno de los Estados miembros y es el principal órgano decisorio de la UE. En la tercera fase, los Estados miembros que no accedan al área del euro no podrán participar en las votaciones sobre cuestiones relacionadas únicamente con dicha área.

    E1 acuerdo establece que los países podrán negociar una banda más estrecha con respecto al euro.

    El principal instrumento operativo del SEBC será una tasa de interés a corto plazo, y se prevé que las operaciones de mercado abierto se llevarán a cabo a través de acuerdos de recompra. Los bancos centrales nacionales desempeñarán un papel importante en la realización de las operaciones de mercado abierto. El SEBC dispondrá también de mecanismos permanentes—una tasa activa y una tasa pasiva—y se prevé que entre los instrumentos al alcance del SEBC figurarán también las reservas obligatorias. Véase The Single Monetary Policy in Stage Three: Specification of the Operational Framework (Francfort: Instituto Monetario Europeo, enero de 1997).

    Véase un análisis de la estabilidad de las relaciones de la demanda de dinero en Alemania en J. Von Hagen, “Inflation and Monetary Targeting in Germany”, en Inflation Targets, edición a cargo de Leonardo Leiderman y Lars E. O. Svensson (Londres: Centre for Economic Policy Research, 1995), págs. 107–121, y Richard Clarida y Mark Gertler, “How the Bundesbank Conducts Monetary Policy”, NBER, documento de trabajo No. 5581 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau of Economic Research, mayo de 1996). La experiencia en materia de objetivos monetarios en Estados Unidos se analiza en Benjamin M. Friedman, “The Rise and Fall of Money Growth Targets as Guidelines for U.S. Monetary Policy”, NBER, documento de trabajo No. 5465 (Cambridge, Massachusets: National Bureau of Economic Research, febrero de 1996).

    La mayor estabilidad de las relaciones de la demanda de dinero agregada de los países de la UE parece estar relacionada con la internalización de las perturbaciones derivadas de la sustitución de monedas a las que han estado sujetos los países de la UE en el marco del proceso de profundización de la integración europea. Véase un análisis más detallado de esta cuestión en Cario Monticelli y Luca Papi, European Integration, Monetary Coordination, and the Demand for Money (Oxford: Clarendon Press, 1996). Véase también Marcel Cassard, Timothy D. Lane y Paul R. Masson, “Core ERM Money Demand and Effects on Inflation”, en Manchester School of Economics and Social Studies, vol. 65 (enero de 1997), págs. 1–24, y Ramana Ramaswamy, “Monetary Frameworks: Is There a Preferred Option for the European Central Bank?”, documento sobre análisis y evaluación de políticas económicas PPAA/97/6 (FMI, junio de 1997).

    La formulación de objetivos monetarios y de objetivos de inflación, aunque son dos estrategias de política monetaria distintas, tienen algunas características comunes. De hecho, el IME y otros organismos consideran que, en la práctica, tienen más características comunes que diferencias. Ambas persiguen el mismo objetivo y se basan en la evolución prevista de un indicador. Además, los objetivos monetarios se basan en parte en supuestos u objetivos de inflación, mientras que el seguimiento de los agregados monetarios proporciona información importante para la aplicación de los objetivos de inflación.

    Véase el capítulo III de la edición de octubre de 1996 de Perspectivas de la economía mundial. Todos los autores siguientes: Von Hagen, “Inflation and Monetary Targeting in Germany”, Clarida y Gertler, “How the Bundesbank Conducts Monetary Policy”, y Ben S. Bernanke e I. Mihov, “What Does the Bundesbank Target?” en European Economic Review, vol. 41 (junio de 1997), págs. 1025–53, sostienen que el Banco Federal de Alemania ha seguido en la práctica una regla de política monetaria similar a la regla de Taylor, en virtud de la cual los ajustes de las tasas de interés dependen de la brecha de producción y de las desviaciones de la inflación con respecto al objetivo.

    En David Begg, “The Design of EMU”, documento de trabajo WP/797/99 (FMI, agosto de 1997), se analiza cómo evoluciona la credibilidad de un banco central a través de la relación entre las disposiciones legales que garantizan su independencia y el establecimiento de su reputación gracias al éxito de la política aplicada.

    Por ejemplo, en el Reino Unido la proporción de préstamos hipotecarios a tasas ajustables es alta, mientras que en Francia la proporción es alta en el caso de los préstamos a tasas de interés fijas. Véase un análisis de las diferencias entre los mercados de crédito de la UE en Claudio E. V. Borio, “The Structure of Credit to the Nongovernment Sector and the Transmission Mechanism of Monetary Policy: A Cross-Country Comparison”, BPI, documento de trabajo No. 24 (Basilea: Banco de Pagos Internacionales, 1995).

    Fernando Barran, Virginie Coudert y Benoit Mojon, en “The Transmission of Monetary Policy in the European Countries”, CEPII, documento de trabajo No. 96/03 (París: Centre d’sétudes prospectives et d’information internationales, febrero de 1996), observan que la política monetaria ha tenido sus efectos habituales en la mayoría de los países de la UE y que el impacto de la política monetaria en el PIB también ha sido bastante similar en cuanto a los desfases temporales, aunque no a su magnitud. Erik Britton y John Whitley, en “Comparing the Monetary Transmission Mechanism in France, Germany, and the United Kingdom: Some Issues and Results”, Quarterly Bulletin, Banco de Inglaterra, vol. 27 (mayo de 1997), págs. 152–62, obtienen resultados que parecen indicar que no hay una gran diferencia entre las tres economías en cuanto a la reacción del producto o la inflación, pero señalan asimismo que estos resultados no son concluyentes. Ramana Ramaswamy y Torsten Sloek, en “The Monetary Transmission Mechanism in Europe: How Important Are the Differences?” (FMI, documento de trabajo de próxima publicación) observan, a partir de una muestra más amplia de países de la UE, que aunque el impacto de las perturbaciones monetarias sobre el PIB difiere ligeramente de un país a otro, las diferencias no parecen ser muy importantes. Los autores observan que los países de la UE pueden clasificarse en dos grandes grupos: en uno (formado por Alemania, Austria, Bélgica, Finlandia, Países Bajos y Reino Unido), la actividad reacciona de una forma relativamente lenta pero, en definitiva, en mayor medida que en el otro grupo (formado por España, Dinamarca, Francia, Italia, Portugal y Suecia).

    Conforme al principio de subsidiaridad establecido en el Tratado de Maastricht (artículo 3b), una función ejercida por un Estado se asignará a la Comunidad “sólo en la medida en que los objetivos de la acción pretendida no puedan ser alcanzados de manera suficiente por los Estados miembros y, por consiguiente, puedan lograrse mejor, debido a la dimensión o a los efectos de la acción contemplada, a nivel comunitario”.

    En la última aplicación del procedimiento de déficit excesivo, Dinamarca, Irlanda y los Países Bajos recibieron la aprobación del Consejo, a pesar de que sus niveles de deuda superaban el valor de referencia, ya que se consideró que sus coeficientes de deuda estaban disminuyendo a un ritmo suficientemente rápido. Los otros dos países que cumplieron los criterios, Finlandia y Luxemburgo, respetaron los valores de referencia tanto en el caso del déficit como de la deuda, aunque las cifras revisadas correspondientes a Finlandia que se han publicado en fecha más reciente indican que el déficit sobrepasó ligeramente el valor de referencia en 1996. Hasta la fecha, en ningún caso en que existía una desviación con respecto al valor de referencia relativo al déficit se ha acordado una exención si se desconocía la desviación en el momento de la aplicación del procedimiento. En el Pacto de Estabilidad y Crecimiento se definen con más detalle las circunstancias excepcionales en que podría justificarse una desviación de ese tipo.

    En las primeras orientaciones generales para las políticas económicas formuladas por el Consejo en 1993, se subraya la importancia de fortalecer la situación fiscal a mediano plazo hasta aproximarla en lo posible a una situación de equilibrio.

    Es probable que la política monetaria tenga también efectos asimétricos en los saldos fiscales, en particular, según el volumen y la estructura de los vencimientos de la deuda pública y su contratación a una tasa fija o variable. Ello podría influir en la capacidad de los diferentes países para adherirse a lo establecido en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

    Sin embargo, a corto plazo, si los países no realizan los mismos esfuerzos para alcanzar los objetivos fiscales a mediano plazo, podrían producirse perturbaciones asimétricas.

    Por supuesto que, independientemente de la UEM, suele ser difícil determinar en un primer momento la duración de las perturbaciones.

    En este caso, Alemania es la excepción ya que no podrá recurrir a la política monetaria para hacer frente a perturbaciones que la afecten específicamente.

    Xavier Sala-i-Martin y Jeffrey Sachs, “Fiscal Federalism and Optimum Currency Areas: Evidence for Europe from the United States”, en Establishing A Central Bank: Issues in Europe and Lessons from the U.S., edición a cargo de Matthew Canzoneri, Vittorio Grilli y Paul R. Masson (Cambridge: Cambridge University Press, 1992), págs. 195–219, estiman que los impuestos y transferencias federales en Estados Unidos podrían compensar casi una tercera parte de las desviaciones del ingreso per cápita con respecto a la media nacional. No obstante, esta estimación podría sobrevalorar la función de estabilización que desempeña la política fiscal federal, en la medida en que no se distingue la función de redistribución del ingreso entre las distintas regiones. En otros estudios, en los que se tiene en cuenta este problema, se presentan estimaciones más bajas, comprendidas entre el 10% y el 20%. Véase T. Bayoumi y P. R. Masson, “Fiscal Flows in the United States and Canada: Lessons for Monetary Union in Europe”, en European Economic Review, vol. 39 (febrero de 1995).

    EI artículo 103a (2) del tratado prevé este tipo de asistencia solamente “en caso de dificultades o en caso de serio riesgo de dificultades graves en un Estado miembro, ocasionadas por acontecimientos excepcionales que dicho Estado no pudiere controlar” y cuando el Consejo lo decida por unanimidad, salvo en el caso de catástrofes naturales en que el Consejo se pronunciará por mayoría cualificada.

    Los fondos estructurales de la UE tienen como objetivo proporcionar asistencia para fomentar el ajuste estructural en las regiones de la UE en general, aunque son más conocidos sobre todo por el papel que desempeñan como mecanismo de equiparación para los Estados miembros con un ingreso nacional per cápita mucho más bajo que la media de la UE.

    Véase Layard, Nickell y Jackman, Unemployment, Macroeconomic Performance and the Labor Market.

    Según ciertas estimaciones, la movilidad de la mano de obra entre los diferentes estados de Estados Unidos es casi tres veces mayor que en Francia y Alemania. Véase B. Eichengreen, “Labor Markets and European Monetary Unification”, en Policy Issues in the Operation of Currency Unions, edición a cargo de Paul R. Masson y Mark P. Taylor (Cambridge: Cambridge University Press, 1993), págs. 130–62. Olivier J. Blanchard y Lawrence Katz, “Regional Evolutions”, en Brookings Papers on Economic Activity: 1 (1992), págs. 1–75, estiman que en Estados Unidos durante el período 1970–90 más de la mitad del ajuste realizado durante el primer año después de una perturbación se produjo a través de la migración. En cambio, Jorg Decressin y Antonio Fatas, “Regional Labor Market Dynamics in Europe”, en European Economic Review, vol. 39 (diciembre de 1995), págs. 1627–55, utilizando una metodología similiar, observaron que la migración desempeñó un papel muy poco importante en la UE.

    A este respecto, ya se han logrado avances con la aplicación del programa del mercado único; por ejemplo, en el reconocimiento mutuo de los diplomas y las cualificaciones profesionales y la transferibilidad de las pensiones, pero deben adoptarse nuevas medidas en estos y otros ámbitos, en particular en lo que se refiere a los acuerdos sobre el régimen impositivo y las prestaciones de asistencia social para los trabajadores transfronterizos.

    Desde el segundo trimestre de 1996, las desviaciones de las monedas más fuertes y más débiles, con excepción de la libra irlandesa, con respecto a los tipos centrales bilaterales han sido, en la mayoría de los casos, del orden del 2% al 4%. Desde noviembre de 1996, la libra irlandesa se ha apreciado considerablemente con respecto a su tipo central, pero ello obedece a factores específicos de este país (relacionados, en parte, con la apreciación de la libre esterlina) y no a tensiones más generales dentro del sistema.

    Tres países de la UE (Grecia, el Reino Unido y Suecia) no son miembros del MTC. Grecia y Suecia no tienen intención de participar en la tercera fase de la UEM a partir de su puesta en marcha y el Gobierno del Reino Unido ha manifestado que es poco probable que participe en la UEM desde su inicio. Finlandia (que se incorporó al MTC en octubre de 1996) e Italia (que reingresó en noviembre de 1996) no habrán participado en el MTC durante dos años completos cuando se tome la decisión con respecto a los países participantes, pero ello no debería suponer un obstáculo para su incorporación si así lo desean.

    Véase también el capítulo I. En el capítulo II, págs. 44–47 se analiza la evolución de las reformas del mercado de trabajo en Europa.

    No se ha establecido claramente cuál sería el procedimiento para retrasar el inicio de la UEM a una fecha posterior al 1 de enero de 1999. Según algunas opiniones, esta decisión requeriría una enmienda del tratado, que tendría que ser ratificada por todos los Estados miembros.

    Las autoridades alemanas han insistido en muchas ocasiones en la necesidad de una interpretación estricta del tratado y así lo señaló el Parlamento alemán en el momento de su ratificación, ante la preocupación de que una interpretación más flexible de los criterios pueda poner en peligro la aceptación del euro por parte del público. El Parlamento indicará al Gobierno alemán la posición que deberá adoptar en la reunión de jefes de Estado o de Gobierno que se celebrará en la primavera de 1998, y el Gobierno alemán está obligado a respetar esta indicación. El Tribunal Constitucional alemán, en una decisión de 1993, se reservó el derecho de examinar los casos en que se impugnen las decisiones de las instituciones de la UE en razón de su incompatibilidad con el tratado.

    En el tratado se especifica que cada dos años, como mínimo, se reconsiderará la situación de los países que no participen en la tercera fase, pero esta nueva evaluación podría realizarse antes a petición del país en cuestión. Los criterios de admisión aplicables a los países que se incorporen en el área del euro después del 1 de enero de 1999 serán los mismos que en el caso de los participantes iniciales.

    Otra interpretación del tratado, que también sería compatible con esta disposición, consistiría en utilizar tipos de cambio distintos de los vigentes el último día de la segunda fase, siempre que la depreciación implícita de una moneda participante frente al ecu (ponderada por su participación en la cesta del ecu) se compensara exactamente con la apreciación de una o varias de las otras monedas participantes (ponderadas de la misma forma). Sin embargo, los reajustes de última hora no parecerían ser compatibles con el espíritu del tratado.

    En David Begg, Francesco Giavazzi, Jürgen von Hagen y Charles Wyplosz, EMU, Getting the End-Game Right (Londres: Center for Economic and Policy Research, febrero de 1997) y en Maurice Obstfeld, “Strategy for Launching the Euro” (documento inédito; Universidad de California, Berkeley, febrero de 1997), se analizan algunas de las cuestiones planteadas.

    Aunque se anunciaran con anticipación los tipos de cambio bilaterales entre las monedas de los países participantes, no podría fijarse el tipo de conversión de cada moneda con respecto al euro hasta el 1 de enero de 1999, puesto que el valor de las monedas que no participen, pero que integren la cesta del ecu, podría fluctuar en la última etapa de la segunda fase. Cabe destacar asimismo que el valor de cambio inicial del euro con respecto a las monedas de países que no forman parte de la UE dependerá de la evolución de todas las monedas que integren la cesta del ecu hasta el final de la segunda fase. Sin embargo, siempre que se utilicen los tipos de mercado del último día de la segunda fase, no habrá discontinuidad entre los tipos de cambio de las monedas de los países participantes con respecto a las de países que no participen al final de la segunda fase y los tipos de cambio implícitos al inicio de la tercera fase.

    Sería más fácil controlar la apreciación real de la moneda de uno o dos países que no tengan un peso importante en el área del euro.

    Las consecuencias de la unificación alemana, visibles al cabo de cierto tiempo, son un ejemplo de esta dinámica de los tipos de cambio. El análisis teórico del impacto de la unificación prevé una apreciación del tipo de cambio real del marco alemán a corto y a mediano plazo, que permite equilibrar el mercado de bienes; a largo plazo, el deterioro del saldo de los activos externos netos de Alemania justifica una completa neutralización de la anterior apreciación, si los demás factores se mantienen invariables.

    Véanse Robert N. McCauley y William R. White, “The Euro and European Financial Markets”, Alessandro Prati y Garry J. Schinasi, “EMU and International Capital Markets: Structural Implications and Risks”, y Paul R. Masson y Bart G. Turtelboom, “Characteristics of the Euro, the Demand for Reserves, and Policy Coordination Under EMU”, en EMU and the International Monetary System, edición a cargo de Paul R. Masson, Thomas H. Krueger y Bart G. Turtelboom (Washington: FMI, 1997).

    En el estudio de Antonio Fatas. “EMU: Countries or Regions? Lessons from the EMS Experience”, en European Economic Review, vol. 41 (enero de 1997), págs. 1743–51, se presentan datos concretos sobre la importancia cada vez mayor de las perturbaciones que afectan a todos los países de la UE, mientras que en Robin L. Lumsdaine y Eswar S. Prasad, “Identifying the Common Component in International Economic Fluctuations”, NBER, documento de trabajo No. 5984 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau of Economic Research, abril 1997) se llega a la conclusión de que en los últimos dos decenios no ha habido una sincronización de los ciclos económicos de Europa y el resto del mundo.

    Stefania Fabrizio y J. Humberto López, “Domestic, Foreign or Common Shocks”, documento del trabajo WP/96/107 (FMI, septiembre de 1996) observan que las fluctuaciones del producto de Estados Unidos constituyen la causa de más del 20% de las fluctuaciones del producto de los otros países.

    Véase Torsten Persson y Guido Tabellini, “Monetary Cohabitation in Europe”, en American Economic Review, vol. 86 (mayo de 1996), págs. 111–16.

    Véase un análisis de las consecuencias de este tipo de movimientos de capital en SwitzerlandSelected Issues and Statistical Appendix, informes sobre las economías nacionales, No. 97/18 (FMI, marzo de 1997).

    Véase Richard D. Porter y Ruth A. Judson, “The Location of U.S. Currency: How Much of It Is Abroad?, en Federal Reserve Bulletin, vol. 82 (octubre de 1996), págs. 883–903.

    Sin embargo, en el caso de las manufacturas se ha observado que en muchos casos se determinan los precios según la valoración del mercado, de forma que los precios en moneda nacional de estas importaciones deberían variar mucho menos que el tipo de cambio.

    En las proyecciones del escenario de referencia utilizado en Perspectivas de la economía mundial se supone que los saldos fiscales estructurales se mantienen, en general, en el mismo nivel después de 1998.

    Anne O. Krueger, “Trade Policy and Economic Development: How We Learn”, en American Economic Review, vol. 87 (marzo de 1997).

    Véase, por ejemplo, Stanley Fischer, “Economic Growth and Economic Policy”, en Growth-Oriented Adjustment Programs, edición a cargo de Vittorio Corbo, Morris Goldstein y Mohsin Khan (Washington: FMI y Banco Mundial, 1986).

    Como se explica más adelante, una razón principal fue que muchos países en desarrollo restringieron la convertibilidad de sus monedas para las transacciones corrientes, lo que en rigor los obligó a vincularlas—ya sea en forma explícita o implícita—a una moneda extranjera convertible. Los controles cambiarios y las restricciones para realizar y recibir pagos externos impiden a los bancos comerciales crear un mercado unificado de divisas mediante la intermediación entre la demanda y la oferta irrestrictas del sector no bancario. La libre flotación del tipo de cambio sólo es factible cuando la moneda es convertible a los efectos de las transacciones en cuenta corriente.

    Los regímenes cambiarios se clasifican oficialmente con arreglo a tres categorías principales: 1) regímenes de tipo de cambio fijo, que incluyen aquellos en que el tipo de cambio está vinculado a una sola moneda, al DEG o a cualquier otra cesta de monedas; 2) regímenes de flexibilidad limitada con respecto a una sola moneda o a un grupo de monedas en el marco de mecanismos de cooperación y 3) regímenes de mayor flexibilidad, que incluyen los regímenes en que el tipo de cambio se reajusta con cierta frecuencia a tenor de un conjunto de indicadores, otras formas de flotación dirigida y la flotación independiente. Las únicas monedas que en la actualidad se clasifican dentro del grupo de flexibilidad limitada son las de los cuatro países miembros del Consejo de Cooperación de los Estados Árabes del Golfo, y no existe ningún país en desarrollo cuyo régimen cambiario se encuadre en la categoría de regímenes de flexibilidad limitada en el marco de mecanismos de cooperación.

    Unos cuantos países, sobre todo aquellos que han vinculado su moneda al franco francés o el rand sudafricano, son miembros de uniones monetarias.

    Hasta 1994 se mantuvo un tipo de cambio fijo de 50 francos CFA por franco francés; en esa fecha se devaluó a 100 francos CFA por franco francés. En mayo de 1997, Guinea Bissau ingresó a la zona del franco CFA, lo que elevó a 15 el número de países miembros.

    Las reformas de los mercados cambiarios de África se describen en el recuadro 3 de la edición de octubre de 1994 de Perspectivas de la economía mundial.

    Tras la desintegración del sistema de Bretton Woods, cobró mayor importancia la elección de la divisa con la que se vincula la moneda del país. En el sistema de paridades, la vinculación a una moneda producía un tipo de cambio fijo con respecto a las demás monedas, salvo en caso de reajuste de las paridades. Como los reajustes eran muy raros, casi no había diferencia entre un tipo de cambio fijo frente a la libra esterlina o el franco francés y un tipo de cambio fijo frente al dólar de EE.UU.

    Jacques J. Polak, “The Choice of an Exchange Rate Regime”, en Development Issues in the Current International Monetary System: Essays in Honour of Byanti Kharmawan, edición a cargo de Dahlan M. Sutalaksana (Singapur: Addison Wesley, 1988), págs. 132—48; reimpreso en J. J. Polak, Economic Theory and Financial Policy: The Selected Essays of Jacques J. Polak, vol. I (Brookfield, Vermont: Edward Elgar, 1994), págs. 281—97.

    Más adelante se examina el uso del tipo de cambio como ancla nominal.

    Por ejemplo, entre 1985 y 1992, todos los países que adoptaron la “flotación independiente” lo hicieron como reacción ante graves dificultades de balanza de pagos, y la mayoría tomó esta medida como paso previo a la ejecución de programas aprobados por el FMI, o como un criterio de ejecución establecido en estos. Véase Peter J. Quirk, “Recent Experience with Floating Exchange Rates in Developing Countries”, en Approaches to Exchange Rate Policy: Choices for Developing and Transltlon Economies, edición a cargo de Richard C. Barth y Chorng-Huey Wong (Washington: FMI, 1994).

    Véase la bibliografía económica sobre el tema en Peter Wickham, “The Choice of Exchange Rate Regime in Developing Countries”, en Staff Papers, vol. 32 (FMI, junio de 1985), págs. 248–88; Bijan B. Aghevli, Mohsin S. Khan y Peter J. Montiel, “Exchange Rate Policy in Developing Countries: Some Analytical Issues”, Occasional Paper No. 78 (FMI, marzo de 1991) y en Peter Isard, Exchange Rate Economics (Cambridge University Press, 1995), capítulo II.

    No existe una relación inequívoca entre la estructura de producción y de exportación y el grado de flexibilidad del tipo de cambio que resulta conveniente. En los estudios relativos a la elección del régimen cambiario para los países en desarrollo generalmente se ha llegado a la conclusión de que en los países con exportaciones menos diversificadas el ingreso de divisas tiende a registrar mayores fluctuaciones, a menudo como resultado de la evolución propia de los productos básicos, y posiblemente dichos países opten por aplicar tipos de cambio fijos para evitar los efectos negativos adicionales de una fuerte fluctuación del tipo de cambio. No obstante, cuanto mayor sea la fluctuación cambiaría implícita, más difícil será mantener un tipo de cambio fijo.

    Dos importantes trabajos sobre este tema son: Stanley Fischer, “Stability and Exchange Rate Systems in a Monetarist Model of the Balance of Payments”, en The Political Economy of Monetary Reform, edición a cargo de Robert Z. Aliber (Nueva York: Allanheld, Osmun and Co. Publishers Inc., 1977), págs. 59–73, y Robert P. Flood, “Capital Mobility and the Choice of Exchange Rate System”, en InternationalEconomic Review, vol. 2 (junio de 1979), págs. 405–16.

    Véase, por ejemplo, Jacob A. Frenkel y Joshua Aizenman, “Aspects of the Optimal Management of Exchange Rates”, en Journalof International Economics, vol. 13 (noviembre de 1982), págs. 231–56, y Robert Flood, J. S. Bhandari y J. P. Horne, “Evolution of Exchange Rate Regimes”, en Staff Papers, vol. 36 (FMI, diciembre de 1989), págs. 810–35.

    Más adelante se examina la tesis de que los tipos de cambio flexibles pueden ser igualmente eficaces para imponer disciplina en la política económica.

    La ventaja es que permite que el exceso de la carga tributaria se distribuya entre los impuestos y el señoreaje. Véase Gabriel de Kock y Vittorio Grilli, “Fiscal Policies and the Choice of Exchange Rate Regime”, en Economic Journal, vol. 103 (marzo de 1993), págs. 347–58.

    Es válido el mismo razonamiento para el caso en que las autoridades no estén interesadas en aumentar los ingresos fiscales sino en lograr una tasa determinada de desempleo.

    Véase Susan M. Collins, “On Becoming More Flexible: Exchange Rate Regimes in Latin America and the Caribbean”, en Journal of Development Economics, vol. 51 (octubre de 1996), págs. 117–138, y Sebastian Edwards, “The Determinants of the Choice Between Fixed and Flexible Exchange Rate Regimes”, NBER, documento de trabajo No. 5756 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau of Economic Research, septiembre de 1996). Manuel Guitián, “The Choice of an Exchange Rate Regime”, en Barth y Wong, Approaches to Exchange Rate Policy, sostiene que la elección del régimen cambiario obedece a criterios normativos, más que técnicos, y más concretamente a las preferencias nacionales por un sistema “abierto” o “cerrado”.

    La elección también podría depender de otros factores, como la tasa de inflación prevista a largo plazo y la idea que se tiene con respecto a la firmeza del compromiso de mantener la paridad fija cuando la moneda está vinculada a una sola moneda en comparación con una cesta de monedas.

    No se incluyen en la muestra el pequeño número de países que aplican regímenes clasificados en la categoría de “flexibilidad limitada con respecto a una sola moneda”.

    En Atish R. Ghosh, Anne-Marie Gulde, Jonathan D. Ostry y Holger C. Wolf, “Does the Nominal Exchange Rate Regime Matter?” documento de trabajo WP/95/121 (FMI, noviembre de 1995) se presentan datos correspondientes a un amplio grupo de países, avanzados y en desarrollo.

    A corto plazo, estas limitaciones quizá no sean obligatorias, siempre y cuando se prevea que se mantendrá una política macroeconómica consecuente con la paridad en el curso del tiempo. Por ejemplo, Honduras mantuvo una paridad fija desde 1918 hasta 1990 y Guatemala entre 1926 y 1986; en ambos países el banco central pudo aplicar una política monetaria independiente a corto plazo sin apartarse de la paridad. Véase Sebastian Edwards y Fernando J. Losada, “Fixed Exchange Rates, Inflation and Macroeconomic Discipline”, NBER, documento de trabajo No. 4661 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau of Economic Research, febrero de 1994).

    Véase Aaron Tornell y Andrés Velasco, “Fixed Versus Flexible Exchange Rates: Which Provides More Fiscal Discipline?”, NBER, documento de trabajo No. 5108 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau of Economic Research, mayo de 1995).

    Véase Harry G. Johnson, “The Case for Flexible Exchange Rates, 1969”, en Approaches to Greater Flexibility of Exchange Rates: The Bürgenstock Papers, edición a cargo de George Halm (Princeton: Princeton University Press, 1970).

    Véase Allan Drazen y Paul R. Masson, “Credibility of Policies Versus Credibility of Policymakers”, en Quarterly Journal of Economics, vol. 109 (agosto de 1994), págs. 735–54.

    En el capítulo VI de la edición de octubre de 1996 de Perspectivas de la economía mundial y en el recuadro 11 de la edición de mayo de 1994 de Perspectivas de la economía mundial se describen más detalladamente las conclusiones que se desprenden de la aplicación de programas de estabilización basados en el tipo de cambio y programas de estabilización basados en la oferta monetaria, incluida la función de las normas relativas a los salarios y precios y la necesidad de ajustes fiscales convincentes y sostenibles.

    Se presentan descripciones más detalladas de prototipos de programas de estabilización basados en el tipo de cambio en los trabajos de Guillermo Calvo y Carlos A. Végh, “Inflation Stabilization and Nominal Anchors”, en Barth y Wong, Approaches to ExchangeRate Policy; Mauro Mecagni, “Experience with Nominal Anchors”, en IMF Conditionality: Experience Under Stand-By and Extended Arrangements, edición a cargo de Susan Schadler, Occasional Paper No. 129 (FMI, septiembre de 1995), y Anne O. Krueger, “Nominal Anchor Exchange Rate Policies as a Domestic Distortion”, NBER, documento de trabajo No. 5968 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau of Economic Research, marzo de 1997). Véase también el capítulo VI de la edición de octubre de 1996 de Perspectivas de la economía mundial.

    Por ejemplo, cuando se inició el programa de 1987 en México, las autoridades estaban conscientes de este “síndrome de apreciación real” pero adujeron que la devaluación inicial constituiría la amortiguación intrínseca que permitiría sostener la apreciación real sin perjudicar la situación externa del país, que el país tenía suficientes reservas y que el aumento de la productividad compensaría los efectos negativos del aumento del tipo de cambio real sobre la competitividad. Véase Pedro Aspe, Economic Transformation, the Mexican Way (Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1993).

    En Sergio Rebelo y Carlos A. Végh, “Real Effects of Exchange-Rate-Based Stabilization: An Analysis of Competing Theories”, NBER, documento de trabajo No. 5197 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau of Economic Research, julio de 1995) se presentan datos que parecen indicar que este fenómeno era muy común; pero entre los países de bajo nivel de inflación que llevaron a cabo programas de estabilización basados en el tipo de cambio, como Trinidad y Tabago (1988), Marruecos (1990) y los países de la zona del franco CFA (1993), si bien los tipos de cambio reales se apreciaron, los efectos del ajuste fiscal sobre la absorción interna pesaron más que los efectos de los precios relativos en el mejoramiento de la cuenta corriente. Además, como en la mayoría de estos países imperaban regímenes comerciales en gran medida proteccionistas antes de la adopción del programa, las reformas comerciales que se efectuaron al inicio del programa—por ejemplo, la eliminación de las restricciones cuantitativas y la reducción de los aranceles—contrarrestaron los efectos negativos de la distorsión de los precios relativos, lo que redujo el impacto sobre la exportación.

    En Michael W. Klein y Nancy P. Marion, “Explaining the Duration of Exchange-Rate Pegs”, NBER, documento de trabajo No. 4651 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau of Economic Research, febrero de 1994) se presentan más detalles al respecto.

    En este caso, se sigue la definición empleada en Jeffrey A. Frankel y Andrew K. Rose, “Currency Crashes in Emerging Markets: Empirical Indicators”, NBER, documento de trabajo No. 5437 (Massachusetts: National Bureau of Economic Research, enero de 1996).

    La definición del desplome de la moneda, y por ende su distribución entre regímenes cambiarios fijos y flexibles, se refiere exclusivamente a las variaciones del tipo de cambio observadas efectivamente, sin tener en cuenta la intervención en el mercado de divisas ni el aumento de las tasas de interés, que podrían ser otros indicadores de presión sobre el mercado cambiario. Podría aducirse que, cuando se toman en cuenta estos indicadores, es probable que la incidencia de crisis monetarias resulte mayor en los regímenes de tipo de cambio fijo que en los regímenes de flotación.

    Los resultados corresponden a los tipos de cambio reales basados en los deflactores del PIB o en índices de precios relativos medidos según la metodología de Penn. En el caso de Corea, los tipos de cambio reales calculados tomando como base los precios al consumidor no presentan una apreciación tendencial. Véase Takatoshi Ito, Peter Isard, Steven Symansky y Tamim Bayoumi, Exchange Rate Movements and Their Impact on Trade and Investment in the APEC Region, Occasional Paper No. 145 (FMI, diciembre de 1996).

    Este fenómeno suele denominarse el efecto Balassa-Samuelson. Véase Bela Balassa, “The Purchasing Power Parity Doctrine: A Reappraisal”, en Journal of Political Economy, vol. 72 (diciembre de 1964), págs. 584–96, y Paul A. Samuelson, “Theoretical Notes on Trade Problems”, en Review of Economics and Statistics, vol. 46 (mayode 1964), págs. 145–54.

    Véase una explicación en Takatoshi Ito, Peter Isard y Steven Symansky, “Economic Growth and Real Exchange Rate: An Overview of the Balassa-Samuelson Hypothesis in Asia”, NBER, documento de trabajo No. 5979 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau of Economic Research, marzo de 1997).

    La estructura de producción de los países evoluciona con el desarrollo de sus economías, y la producción de artículos más tecnificados y de mayor calidad comúnmente representa una parte cada vez más importante de la producción total. Si los índices de precios de los bienes comerciables no captan cabalmente esta evolución, la influencia del desarrollo económico en la composición de los bienes comerciables tenderá a ser un reflejo de la tendencia de los precios relativos de los bienes comerciables de los diferentes países.

    Véase Ito, Isard, Symansky y Bayoumi, “Exchange Rate Movements”.

    Véase Michael P. Dooley, “Capital Controls and Emerging Markets”, en International Journal of Finance and Economics, vol. 1 (julio de 1996), págs. 197–205.

    Las cifras sobre la inflación en Bosnia y Herzegovina se basan en datos correspondientes a la federación.

    Rusia introdujo también una modificación de la política de tipo de cambio: se sustituyó la banda de flotación fija (y ajustable cada seis meses) del rublo frente al dólar de Estados Unidos por una banda móvil, con una depreciación progresiva anunciada con antelación (4% para 1997).

    En la República Kirguisa, por ejemplo, el crecimiento de la masa monetaria se aceleró repentinamente en el cuarto trimestre de 1996, cuando el gobierno utilizó los depósitos del banco central para pagar los atrasos presupuestarios.

    Véase un panorama general de la importancia del desarrollo del sector financiero para el crecimiento en Ross Levine. “Financial Functions, Institutions, and Growth”, Sequencing? FinancialStrategies for Developing Countries, edición a cargo de Alison Harwood y Bruce Smith (Washington: Brookings Institution, 1997), págs. 17–31.

    Véase William E. Alexander, Tomás J. T. Baliño y Charles Enoch, The Adoption of Indirect Instruments of Monetary Policy, Occasional Paper No. 126 (FMI, 1995).

    Los avances hacia un control monetario indirecto están documentados y analizados en detalle en Martha de Meló y Cevdet Denizer, “Monetary Policy During Transition: An Overview”, documento de trabajo sobre investigaciones relativas a políticas de desarrollo No. 1706 (Washington: Banco Mundial, enero de 1997).

    Véase Lorena Zamalloa, “Monetary Operations, Money Markets, and Public Debt Management”, en Central Bank Reform in theTransition Economies, edición a cargo de Vasudevan V. Sundararajan, Arne Petersen y Gabriel Sensenbrenner (Washington: FMI, 1997), págs. 62–98, donde figura una descripción de los instrumentos de política monetaria en los países bálticos, Rusia y los demás países de la antigua Unión Soviética a fines de 1995; véase también “Status of Market-Based Central Banking Reforms in the Baltics, Russia and the Other Countries of the Former Soviet Union” (FMI, documento de próxima publicación).

    E1 “servicio financiero Lombard” creado en abril de 1996 permite que el Banco Central otorgue créditos de refinanciación en forma continua a los bancos que cumplen satisfactoriamente las normas de prudencia, con sujeción a un límite agregado semanal. Además, desde octubre de 1996, el Banco Central ha ofrecido operaciones de recompra a dos días (repos) a los operadores primarios en el mercado de valores del Estado. Por último, existe también un servicio de pagos interbancarios al fin de la jornada a disposición de algunos bancos (a 1,3 veces la tasa de refinanciación) para garantizar el funcionamiento ordenado del sistema de pagos. Estos instrumentos complementan las operaciones de mercado abierto en valores del Estado y la intervención en el mercado de divisas como mecanismo para que el Banco Central inyecte liquidez al sistema bancario. El Banco Central puede restar liquidez al sistema mediante operaciones de mercado abierto y subastas de depósitos. También tiene previsto incorporar las operaciones de reporto pasivo con los intermediarios primarios como medio de absorber liquidez del sistema bancario.

    Véase un análisis general de estos problemas en Carl-Johan Lindgren, Gillian García y Matthew Saal, Bank Soundness and Macroeconomic Policy (Washington: FMI, 1996).

    Por ejemplo, en Hungría, el Estado emitió títulos de deuda por un monto aproximado al 9% del PIB para recapitalizar al sistema bancario estatal, en tanto que el costo fiscal de los planes de reestructuración de la banca de la República Eslovaca se calcula en más del 10% del PIB. Sobre estos temas, véase James A. Daniel, “Fiscal Aspects of Bank Restructuring”, documento de trabajo WP/97/52 (FMI, abril de 1997).

    Véase V. Sundararajan, “The Role of Prudential Supervision and Financial Restructuring of Banks During the Transition to Indirect Instruments of Monetary Control”, documento de trabajo WP/96/128 (FMI, noviembre de 1996).

    Véase Stijn Claessens, “Banking Reform in Transition Countries”, documento de trabajo sobre investigaciones relativas a políticas de desarrollo No. 1642 (Washington: Banco Mundial, agosto de 1996)

    Véase Michael S. Borish, Millard F. Long y Michel Noel, “Banking Reform in Transition Economies”, en Finanzas y Desarrollo, vol. 32 (septiembre de 1995), pág. 23–26.

    Véase Ceyla Pazarbasioglu y Jan Willem van der Vossen, “Main Issues and Challenges in Designing Bank-Restructuring Strategies”, en Central Bank Reform in the Transition Countries, edición a cargo de V. Sundararajan, Arne Petersen y Gabriel Sensenbrenner, (Washington: FMI, 1997), y “Status of Market-Based Central Banking Reforms in the Baltics, Russia and the Other Countries of the Former Soviet Union”, donde se analizan las reformas del sector bancario en los países bálticos, Rusia y los demás países de la antigua Unión Soviética (FMI, documento de próxima publicación).

    Véase Vincent Koen y Paula De Masi, “Prices in the Transition: Ten Stylized Facts”, en Estudios del personal para Perspectivas de la economía mundial (FMI, documento de próxima publicación).

    Véase Sharmini A. Coorey, Mauro Mecagni y Erik Offerdal, “Disinflation in Transition Economies: The Role of Relative Pnce Adjustment”, documento de trabajo WP/96/138 (FMI, diciembre de 1996).

    Véase Sharmini A. Coorey, Mauro Mecagni y Erik Offerdal, “Designing Disinflation Programs in Transition Economies: The Implications of Relative Pnce Adjustment”, documento sobre análisis y evaluación de políticas económicas PPAA/97/1 (FMI, febrero de 1997).

    Pese a ello, en países como Hungría, Polonia y la antigua Yugoslavia, la dolarización ya era considerable y oficialmente aceptada en el período previo a la reforma, en tanto que en otros países, la moneda extranjera en efectivo formaba parte de la economía paralela.

    Véase un análisis detallado de la dolarización en los primeros años de la transición en Ratna Sahay y Carlos Végh, “Dollarization in Transition Economies: Evidence and Policy Implications, en The Macroeconomics of International Currencies, edición a cargo de Paul Mizen y Eric Pentecost (Aldershot: Edward Elgar, 1997), págs. 193–224.

    No obstante, el índice de dolarización es apenas una medida aproximada de la dolarización real. Hay tres tipos de activos en moneda extranjera que deben tenerse en cuenta: los depósitos en moneda extranjera del sistema bancario interno, los colocados en bancos fuera del país y el efectivo en moneda extranjera que circula en la economía nacional. Sólo el primer tipo de activos está incluido en el índice de dolarización, por lo cual se subestima la magnitud del fenómeno. En Rusia ha sido significativo el volumen de efectivo en moneda extranjera fuera del sistema bancario. Se calcula que sólo en 1996 las empresas y las familias rusas adquirieron el equivalente a unos $8.500 millones de efectivo en moneda extranjera, lo que equivale a más del 75% de los depósitos en moneda extranjera pendientes a fines de ese año. Una parte sustancial de esos flujos de efectivo de Rusia tiene origen en el comercio “transfronterizo”.

    Véanse Alberto Giovannini y Bart Turtelboom, “Currency Substitution”, en The Handbook of International Macroeconomics, edición a cargo de Frederick Van Der Ploeg (Oxford: Basil Black-well, 1994), págs. 390–436, y Guillermo Calvo y Carlos Végh, “From Currency Substitution to Dollarization and Beyond: Analytical and Policy Issues”, en Money, Exchange Rates and Output, edición a cargo de Guillermo Calvo (Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1996), págs. 153–75.

    Véanse David Begg, “Monetary Policy in Central and Eastern Europe: Lessons After Half a Decade of Transition”, documento de trabajo WP/96/108 (FMI, septiembre de 1996), y Guillermo Calvo, Ratna Sahay y Carlos Végh, “Capital Flows in Central and Eastern Europe: Evidence and Policy Options”, en Prívate Capital Flows to Emergin Markets After the Mexican Crisis, edición a cargo de Guillermo Calvo, Morris Goldstein y Eduard Hochreiter (Washington: Institute for International Economics, 1996), págs. 57–90.

    Véase Alain Ize, “Capital Inflows in the Baltic Countries, Russia and Other Countries of the Former Soviet Union: Monetary and Prudential Issues”, documento de trabajo WP796/22 (FMI, febrero de 1996).

    Vase Marta Castello-Branco, “Capital Inflows in the Baltic Countries” (FMI, documento de próxima publicación).

    Véase un análisis general de estas cuestiones en Nadeem Ul Haque, Donald Mathieson y Sunil Sharma, “Causes of Capital Inflows and Policy Responses to Them”, en Finance and Development, vol. 34 (marzo de 1997), págs 3–6.

    Vase David Begg, “Monetary Policy in Central and Eastern Europe”.

    En Kazajstán, por ejemplo, la inflación subió abruptamente y el tipo de cambio se depreció alrededor del 275% a comienzos de 1994, en los cuatro meses siguientes a una operación de liquidación de atrasos.

    Los datos figuran en Mark De Broeck, Kornélia Krajnyák y Henri Lorie, “Explaining and Forecasting the Velocity of Money in Transition Economies, with Special Reference to the Baltics, Russia, and Other Countries of the Former Soviet Union”, documento de trabajo WP/97/104 (FMI, septiembre de 1997).

    Inmediatamente después de la principal etapa de estabilización, Letonia introdujo una paridad fija de facto frente al DEG en febrero de 1994; Lituania adoptó el régimen de caja de conversión con el dólar de Estados Unidos como moneda de reserva, en marzo de 1994, y Rusia introdujo una banda móvil frente al dólar de Estados Unidos en julio de 1996.

    Véase la edición de octubre de 1996 de Perspectivas de la economía mundial, donde se analizan los costos y beneficios de reducir la inflación por debajo de niveles moderados.

    La importancia de tratar de alcanzar tasas de inflación bajas en las economías en transición se analiza en Atish Ghosh, “Inflation in Transition Economies: How Much? And Why?”, documento de trabajo WP/97/80 (FMI, julio de 1997).

    Véase Prakash Loungani y Nathan Sheets, “Central Bank Independence, Inflation and Growth in Transition Economies”, en Journal of Money, Credit, and Banking, vol.29 (agosto de 1997), págs. 381–99. También se analiza la independencia de los bancos centrales en Europa central y oriental en Olga Radyzer y Sandra Riesinger, “Central Bank Independence in Transition”, en Focus on Transition, vol. 2, No. 1 (1997), págs. 57–90.

      You are not logged in and do not have access to this content. Please login or, to subscribe to IMF eLibrary, please click here

      Other Resources Citing This Publication