Chapter

Introducción

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
June 2015
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Lo que me impresiona al momento de escribir esta introducción es la complejidad de las fuerzas que están moldeando la evolución macroeconómica del mundo entero y la consiguiente dificultad para extraer una conclusión global. Permítanme explicar.

Dos fuerzas profundas están dando forma a las perspectivas a mediano plazo:

Los legados de la crisis financiera y de la crisis de la zona del euro aún son visibles en muchos países. En distinta medida, la debilidad de los bancos y los elevados niveles de deuda—de los gobiernos, las empresas o los hogares—siguen afectando negativamente el gasto y el crecimiento. La baja tasa de crecimiento, a su vez, enlentece el proceso de desapalancamiento.

El crecimiento del producto potencial ha disminuido. Tal como se señala en el capítulo 3, el crecimiento potencial de las economías avanzadas ya estaba disminuyendo antes de la crisis. También ha influido el envejecimiento, sumado a la desaceleración de la productividad total. La crisis empeoró la situación, ya que la fuerte contracción de la inversión enfrió aún más el crecimiento del capital. A medida que dejamos atrás la crisis, y tal como se sugiere en el capítulo 4, el crecimiento del capital se recuperará, pero el envejecimiento y el débil aumento de la productividad continuarán actuando como lastres. Los efectos son aún más pronunciados en los mercados emergentes, donde el envejecimiento, la menor acumulación de capital y el menor aumento de la productividad se están combinando para reducir significativamente el crecimiento potencial en el futuro. El deterioro de las perspectivas conduce, a su vez, a recortes del gasto y a una disminución del crecimiento hoy.

A estas dos fuerzas se suma el hecho de que la escena actual está dominada por dos factores con profundas implicaciones distributivas: el abaratamiento del petróleo y los fuertes movimientos de los tipos de cambio.

El drástico descenso de los precios del petróleo fue sorpresivo. Las explicaciones que se han barajado son numerosas; las más convincentes se centran en el aumento continuo de la oferta de fuentes no convencionales, combinado con un cambio de estrategia por parte de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). La mayoría de estas explicaciones llevan a pensar que el descenso probablemente sea duradero.

El retroceso de los precios ha provocado una amplia reasignación del ingreso real desde los países exportadores de petróleo hacia los importadores. Los primeros datos apuntan a que en los países importadores de petróleo—desde Estados Unidos hasta la zona del euro, China e India—, el aumento del ingreso real está estimulando el gasto. Los países exportadores de petróleo han recortado el gasto, pero en menor medida: muchos cuentan con reservas financieras sustanciales y pueden permitirse reducir el gasto con lentitud.

Los movimientos del tipo de cambio han sido inusitadamente pronunciados. Entre las principales monedas, el dólar ha experimentado una fuerte apreciación, y el euro y el yen, una fuerte depreciación. Estos movimientos reflejan sin duda profundas diferencias en materia de política monetaria: la previsión es que Estados Unidos abandone el límite inferior cero de las tasas de interés este año, pero ese no es el caso ni en la zona del euro ni en Japón. Dado que estas diferencias están claras desde hace tiempo, lo sorprendente es cuánto tardaron en reaccionar los tipos de cambio. En la medida en que tanto la zona del euro como Japón corren el riesgo de sufrir una recaída, las depreciaciones del euro y del yen serán beneficiosas. En cierta medida, Estados Unidos tiene margen de maniobra para neutralizar los efectos adversos de la apreciación del dólar. Por ende, este ajuste de los tipos de cambio debe considerarse, en términos netos, como positivo para la economía mundial.

Ahora miremos estas cuatro fuerzas en conjunto. Algunos países están aquejados por los legados de la crisis; otros, no. Algunos países están aquejados por la disminución del crecimiento potencial; otros, no. Algunos países se benefician de la disminución de los precios del petróleo; otros se ven perjudicados. Las monedas de algunos países se mueven a la par del dólar; otras, a la par del euro y del yen. Añadamos a esto un par de sucesos idiosincrásicos, como los problemas económicos de Rusia o la debilidad de Brasil. No es sorprendente que las evaluaciones tengan que ser granulares. En términos netos, nuestro pronóstico de base es que las economías avanzadas tendrán un mejor desempeño este año que el año pasado, que los mercados emergentes y los países de bajo ingreso se desacelerarán en comparación con el año pasado, y que, en consecuencia, el crecimiento mundial será aproximadamente igual al del año pasado. Pero esas cifras agregadas no reflejan la diversidad de las situaciones individuales.

Pasando de los pronósticos a los riesgos, ¿vemos un recrudecimiento? En mi opinión, los riesgos macro-económicos se han disipado ligeramente. El principal riesgo del año pasado—a saber, una recesión en la zona del euro—ha disminuido, al igual que el riesgo de deflación. Pero los riesgos financieros y geopolíticos se han acentuado. Los fuertes movimientos de los precios relativos, ya se trate de tipos de cambio o del precio del petróleo, producen ganadores y perdedores. Las empresas de energía y los países productores de petróleo se enfrentan a condiciones más difíciles y a mayores riesgos. Lo mismo ocurre con las empresas fuera de Estados Unidos y los gobiernos que se han endeudado en dólares. Si los fuertes movimientos de los tipos de cambio continúan, podrían exacerbar los riesgos financieros y poner nuevamente en el tapete el tema de una guerra de divisas. No se puede descartar una crisis en Grecia, lo que seguramente desestabilizaría los mercados financieros. La turbulencia continúa en Ucrania y Oriente Medio, pero por ahora sin implicaciones económicas sistémicas.

Por último, dada la diversidad de situaciones, es obvio que el asesoramiento en materia de políticas debe adaptarse a cada país. Con todo, algunos principios generales conservan relevancia. Las medidas orientadas a sustentar el crecimiento tanto a corto como a más largo plazo siguen revistiendo una importancia primordial. Ahora que la expansión cuantitativa se encuentra en marcha en la zona del euro, la política monetaria de las economías avanzadas ha cumplido en gran medida su misión. En algunos países hay margen de maniobra fiscal, pero este es limitado; el abaratamiento del petróleo ha creado una oportunidad para recortar los subsidios energéticos y reemplazarlos con programas mejor focalizados. Los argumentos a favor de incrementar la inversión en infraestructura que presentamos en la edición anterior de Perspectivas de la economía mundial siguen siendo válidos. Y si bien las reformas estructurales no pueden obrar milagros, pueden hacer subir el nivel del producto y promover el crecimiento durante un tiempo. Los detalles varían según el país. En vista de los costos políticos a corto plazo que entrañan muchas de estas reformas, el reto será seleccionarlas con cuidado.

Olivier Blanchard

Consejero Económico

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