Front Matter

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Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
May 2012
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    ©2012 International Monetary Fund

    Edición en español ©2012 Fondo Monetario Internacional

    Edición en inglés

    Producción: División de Servicios Multimedia del FMI

    Cubierta y Diseño: Luisa Menjivar y Jorge Salazar

    Composición: Maryland Composition

    Edición en español

    Sección de Español y Portugués

    Departamento de Tecnología

    y Servicios Generales del FMI

    Cataloging-in-Publication Data

    World economic outlook (International Monetary Fund). Spanish.

    Perspectivas de la economía mundial. – Washington, DC: Fondo Monetario Internacional. v.; 28 cm. – (Estudios económicos y financieros, 1020-5071)

    Semiannual

    Some issues have also thematic titles.

    Has occasional updates, 1984

    1. Economic development–Periodicals. 2. Economic forecasting –Periodicals. 3. Economic policy—Periodicals. 4. International economic relations—Periodicals. I. International Monetary Fund. II. Series: Occasional paper (International Monetary Fund). III. Series: World economic and financial surveys.

    HC10.80

    ISBN 978-61635-271-4 (edición impresa)

    ISBN 978-14755-883-78 (PDF)

    ISBN 978-14755-076-90 (epub)

    ISBN 978-14755-634-50 (Mobipocket)

    Solicítese por correo electrónico, fax o Internet a:

    International Monetary Fund, Publication Services

    P. O. Box 92780, Washington, D.C. 20090, EE.UU.

    Tel.: (202) 623-7430 Fax: (202) 623-7201

    Correo electrónico: publications@imf.org

    www.imfbookstore.org

    www.elibrary.imf.org

    Índice

    Supuestos y convenciones

    En la preparación de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial se han adoptado los siguientes supuestos: el promedio de los tipos de cambio efectivos reales permaneció constante en su nivel del período comprendido entre el 13 de febrero y el 12 de marzo de 2012, con excepción de las monedas que participan en el mecanismo de tipos de cambio 2 (MTC 2) de Europa, que se ha supuesto permanecieron constantes en términos nominales en relación con el euro; las autoridades nacionales mantendrán la política económica establecida (los supuestos concretos sobre la política fiscal y monetaria de determinadas economías se indican en el recuadro A1 del apéndice estadístico); el precio medio del petróleo será de $114,71 el barril en 2012 y $110,00 el barril en 2013, y en el mediano plazo se mantendrá constante en términos reales; el promedio de la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) para depósitos a seis meses en dólares de EE.UU. será de 0,7% en 2012 y 0,8% en 2013; la tasa de los depósitos a tres meses en euros será, en promedio, 0,8% en 2012 y 2013, y el promedio de la tasa de los depósitos a seis meses en yenes japoneses será de 0,6% en 2012 y 0,1% en 2013. Naturalmente, estas son hipótesis de trabajo, no pronósticos, y la incertidumbre que conllevan se suma al margen de error que de todas maneras existiría en las proyecciones. Las estimaciones y proyecciones se basan en la información estadística disponible hasta comienzos de abril de 2012.

    En esta publicación se utilizan los siguientes símbolos:

    • … Indica que no se dispone de datos o que los datos no son pertinentes.

    • – Se usa entre años o meses (por ejemplo, 2011–12 o enero–junio) para indicar los años o meses comprendidos, incluidos los años o meses mencionados.

    • / Se emplea entre años o meses (por ejemplo, 2011/12) para indicar un ejercicio fiscal o financiero.

    Los “puntos básicos” son centésimos de punto porcentual (por ejemplo, 25 puntos básicos equivalen a ¼ de punto porcentual).

    El signo $ corresponde al dólar de EE.UU.

    Al igual que en la edición de septiembre de 2011 de Perspectivas de la economía mundial, no se incluyen los datos fiscales y los datos de la deuda externa de Libia correspondientes a 2011 y años posteriores debido a la incertidumbre de la situación política.

    No se incluyen los datos de la República Árabe Siria correspondientes a 2011 y años posteriores debido a la incertidumbre de la situación política.

    Al igual que en la edición de septiembre de 2011 de Perspectivas de la economía mundial, los datos de Sudán correspondientes a 2011 excluyen a Sudán del Sur a partir del 9 de julio. Los datos de 2012 en adelante se refieren al Estado actual de Sudán.

    Cuando no se menciona la fuente en los cuadros y gráficos, los datos provienen de la base de datos de Perspectivas de la economía mundial.

    En los casos en que los países no se enumeran en orden alfabético, el orden se basa en el tamaño de su economía.

    En algunos casos el total no coincide con la suma de los componentes, debido al redondeo de las cifras.

    En esta publicación, los términos “país” y “economía” no se refieren en todos los casos a una entidad territorial que constituya un Estado conforme al derecho y a la práctica internacionales; los términos pueden designar también algunas entidades que no son Estados, pero para las cuales se mantienen datos estadísticos en forma separada e independiente.

    Se presentan datos compuestos para varios grupos de países organizados según las características económicas o por región. A menos que se indique lo contrario, los datos compuestos de los grupos de países se calculan cuando los datos ponderados están representados en un 90% o más.

    En ningún caso debe entenderse que las fronteras, los colores, las denominaciones o cualquier otra información contenida en los mapas de esta publicación reflejan la posición del FMI con respecto a la situación jurídica de ningún territorio ni la conformidad o disconformidad de la institución con dichas fronteras.

    Información y datos adicionales

    La versión completa en inglés de Perspectivas de la economía mundial se publica en la biblioteca electrónica del FMI (eLibrary, www.elibrary.imf.org) y en el sitio del FMI en Internet (www.imf.org), donde también se publica una compilación más completa de información extraída de la base de datos utilizada para este estudio. Los archivos, que contienen las series de datos que con mayor frecuencia solicitan los lectores, pueden copiarse en una computadora personal utilizando diferentes programas informáticos.

    El personal técnico del FMI compila los datos de Perspectivas de la economía mundial en el momento de elaboración del informe. Las proyecciones y los datos históricos se basan en información recopilada por los economistas encargados de cada país durante las misiones a los países miembros del FMI y a través de un análisis constante de la evolución de la situación nacional. Los datos históricos se actualizan de manera continua, a medida que llega información nueva, y a menudo se ajustan los quiebres estructurales de los datos para producir series ininterrumpidas mediante el uso de empalmes y otras técnicas. Las estimaciones del personal técnico del FMI continúan ocupando el lugar de series históricas cuando no se dispone de información completa. Por ese motivo, los datos de Perspectivas de la economía mundial pueden diferir de otras fuentes con datos oficiales, como el informe International Financial Statistics del FMI.

    Los datos y los metadatos de Perspectivas de la economía mundial se publican “tal como se reciben” y “según estén disponibles”; asimismo, se hace todo lo posible por dejar aseguradas, la puntualidad, exactitud y exhaustividad de estos datos y metadatos, aunque no se las garantiza. Cuando se detectan errores, se hace un esfuerzo concertado por corregirlos en la medida en que corresponda y sea factible hacerlo. Las correcciones y revisiones realizadas posteriormente a la publicación impresa de este estudio, se incorporan en la edición electrónica, disponible a través de la biblioteca electrónica del FMI (eLibrary, www.elibrary.imf.org) y en el sitio del FMI en Internet (www.imf.org). Todos los cambios importantes figuran en forma detallada en los índices de materias publicados en Internet.

    Las condiciones de uso de la base de datos de Perspectivas de la economía mundial pueden consultarse en el sitio web del FMI sobre derechos de autor y uso (http://www.imf.org/external/esl/terms.htm).

    Las consultas sobre el contenido de Perspectivas de la economía mundial y la base de datos de este estudio pueden dirigirse por carta, Internet o fax (no se aceptan llamadas telefónicas) a:

    World Economic Studies Division

    Research Department

    International Monetary Fund

    700 19th Street, N.W.

    Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Fax: (202) 623-6343

    Internet: www.imf.org/weoforum

    Prefacio

    El análisis y las proyecciones que se presentan en Perspectivas de la economía mundial forman parte integral de la supervisión que ejerce el FMI con respecto a la evolución y las políticas económicas de los países miembros, los acontecimientos en los mercados financieros internacionales y el sistema económico mundial. El análisis de las perspectivas y políticas es producto de un minucioso examen de la evolución económica mundial que llevan a cabo varios departamentos del FMI, tomando principalmente como base la información que recogen los funcionarios de la institución en sus consultas con los países miembros. Dichas consultas están a cargo sobre todo de los departamentos regionales —el Departamento de África, el Departamento de Asia y el Pacífico, el Departamento de Europa, el Departamento del Oriente Medio y Asia Central, y el Departamento del Hemisferio Occidental— conjuntamente con el Departamento de Estrategia, Políticas y Evaluación, el Departamento de Mercados Monetarios y de Capital, y el Departamento de Finanzas Públicas.

    El análisis que se presenta en este informe ha sido coordinado por el Departamento de Estudios bajo la dirección general de Olivier Blanchard, Consejero Económico y Director de Estudios. El proyecto estuvo dirigido por Jörg Decressin, Subdirector del Departamento de Estudios, y por Thomas Helbling, Jefe de División en el Departamento de Estudios, con la asistencia especial de Petya Koeva Brooks, predecesora de Helbling como Jefa de División.

    Los principales colaboradores fueron Abdul Abiad, John Bluedorn, Rupa Duttagupta, Deniz Igan, Florence Jaumotte, Joong Shik Kang, Daniel Leigh, Andrea Pescatori, Shaun Roache, John Simon, Steven Snudden, Marco E. Terrones y Petia Topalova. Colaboraron también Bas Bakker, Julia Bersch, Phakawa Jeasakul, Edda Rós Karlsdóttir, Yuko Kinoshita, M. Ayhan Kose, Prakash Loungani, Frañek Rozwadowski y Susan Yang. Gavin Asdorian, Shan Chen, Angela Espiritu, Nadezhda Lepeshko, Murad Omoev, Ezgi O. Ozturk, Katherine Pan, David Reichsfeld, Jair Rodriguez, Marina Rousset, Min Kyu Song y Bennet Voorhees colaboraron en las tareas de investigación. Christopher Carroll, Kevin Clinton, José De Gregorio y Lutz Killian proporcionaron comentarios y sugerencias. Tingyun Chen, Mahnaz Hemmati, Toh Kuan, Rajesh Nilawar, Emory Oakes y Steve Zhang brindaron apoyo técnico. Skeeter Mathurin y Claire Bea se encargaron de la preparación del texto en inglés. Linda Griffin Kean, del Departamento de Relaciones Externas, editó el manuscrito en inglés y coordinó la producción de la publicación, con la colaboración de Lucy Scott Morales. Amrita Dasgupta, Anastasia Francis, Aleksandr Gerasimov, Wendy Mak, Shamiso Mapondera, Nhu Nguyen y Pavel Pimenov proporcionaron respaldo técnico adicional en calidad de consultores externos. La versión en español estuvo a cargo de la Sección de Español y Portugués del Departamento de Tecnología y Servicios Generales.

    El análisis se ha enriquecido con sugerencias y comentarios de funcionarios de otros departamentos del FMI, y de los directores ejecutivos, que debatieron este informe el día 30 de marzo de 2012. No obstante, cabe aclarar que las proyecciones y consideraciones de política económica corresponden al personal técnico del FMI y no deben atribuirse a los directores ejecutivos ni a las autoridades nacionales que representan.

    Introducción

    Poco después de cerrar la edición de septiembre de 2011 de Perspectivas de la economía mundial, la zona del euro sufrió otra crisis aguda.

    Las preocupaciones del mercado en torno a la sostenibilidad fiscal en España e Italia provocaron un brusco aumento de los rendimientos de los bonos soberanos. Al ponerse en duda el valor de algunos de los activos de los bancos, surgieron interrogantes con respecto a la capacidad de los bancos para convencer a los inversionistas de que renovaran sus préstamos. Preocupados por el financiamiento, los bancos congelaron el crédito. La confianza decayó y la actividad se desplomó.

    La situación mejoró gracias a contundentes políticas de respuesta. Las elecciones en España y el nombramiento de un nuevo primer ministro en Italia devolvieron cierta tranquilidad a los inversionistas. La adopción de un pacto fiscal demostró el compromiso de los Estados miembros de la Unión Europea para hacer frente a sus déficits y su deuda. Un factor importantísimo fue que la liquidez proporcionada por el Banco Central Europeo (BCE) eliminó el riesgo de refinanciación a corto plazo de los bancos, lo cual a su vez redujo la presión sobre los bonos soberanos.

    Pasada la crisis, y gracias a una dosis de buenas noticias acerca de la economía estadounidense, el optimismo ha retornado en cierta medida. Ese optimismo debería permanecer mesurado. Aun sin otra crisis en Europa, la mayoría de las economías avanzadas siguen enfrentándose a importantes factores que frenan el crecimiento. Y el riesgo de otra crisis todavía está muy presente y podría afectar tanto a las economías avanzadas como a las emergentes.

    Antes que nada, quisiera referirme al escenario base. Es inevitable preguntarse por qué la demanda no es más fuerte en las economías avanzadas, pese a que se prevé que las tasas de interés nominales permanecerán cercanas a cero por algún tiempo. La razón es que esas economías se enfrentan, en distintas combinaciones, a dos factores básicos que frenan el crecimiento: la consolidación fiscal y el desapalancamiento de los bancos. Ambos factores son consecuencia de ajustes necesarios, pero ambos reducen el crecimiento a corto plazo.

    La consolidación fiscal está en curso en la mayoría de las economías avanzadas. Con una reducción media del déficit primario ajustado en función del ciclo económico un poco inferior a 1 punto porcentual del PIB este año, y con un multiplicador de 1, la consolidación fiscal restará aproximadamente 1 punto porcentual al crecimiento en las economías avanzadas este año.

    El desapalancamiento bancario está afectando a Europa principalmente. Si bien ese desapalancamiento no implica necesariamente una disminución del crédito al sector privado, los datos indican que está contribuyendo a una contracción de la oferta de crédito. Nuestras mejores estimaciones apuntan a que el fenómeno del desapalancamiento quizá reste otro punto porcentual al crecimiento en la zona del euro este año.

    Según nuestros pronósticos, que tienen en cuenta estos efectos, el crecimiento seguirá siendo débil, especialmente en Europa, y persistirán por algún tiempo altos niveles de desempleo.

    Las economías emergentes no son inmunes a estas circunstancias. El lento crecimiento en las economías avanzadas ha supuesto un menor crecimiento de las exportaciones. Y la incertidumbre financiera, sumada a variaciones bruscas del apetito de riesgo, ha dado lugar a flujos de capitales volátiles. Sin embargo, la mayoría de las economías emergentes han gozado de suficiente margen de maniobra para aplicar políticas que les han permitido mantener un crecimiento sólido. Como es usual, una aseveración de este tipo oculta las diversas condiciones que reinan en los distintos países. Algunos tienen que vigilar el sobrecalentamiento, mientras que otros aún presentan brechas negativas del producto y pueden beneficiarse de políticas de apoyo al crecimiento. En términos generales, si bien hemos revisado nuestro pronóstico un tanto a la baja con respecto a septiembre, seguimos proyectando un crecimiento sostenido en las economías emergentes.

    En cuanto a los riesgos, sin duda la tensión geopolítica que afecta al mercado petrolero es uno de ellos. Sin embargo, el riesgo principal radica en la posibilidad de otra crisis en Europa. La construcción de los cortafuegos, una vez concluida, constituirá un importante avance. De ser necesario, pueden movilizarse fondos para ayudar a ciertos países a superar los efectos adversos de los cambios en la actitud de los inversionistas y concederles más tiempo para poner en marcha la consolidación y las reformas fiscales. Sin embargo, los cortafuegos por sí solos no pueden resolver los difíciles problemas fiscales, de competitividad y de crecimiento a los que se enfrentan algunos de estos países. Las malas noticias en el frente macroeconómico o político siguen acarreando el riesgo de que se desencadene una dinámica similar a la que se observó el último trimestre del año pasado.

    En lo que se refiere a las políticas, muchos de los debates giran en torno a la mejor forma de equilibrar los efectos negativos a corto plazo con los efectos positivos a largo plazo de la consolidación fiscal y el desapalancamiento de los bancos.

    Respecto a la política fiscal, la cuestión se ve complicada por la presión que ejercen los mercados a favor de una consolidación fiscal inmediata. Y algo que complica aún más la situación es que los mercados parecen algo esquizofrénicos: piden consolidación fiscal, pero reaccionan mal cuando esta reduce el crecimiento. La estrategia correcta sigue siendo la misma de antes. Si bien se necesita un cierto ajuste inmediato para lograr credibilidad, el objetivo debe ser conseguir compromisos creíbles a largo plazo, a través de una combinación de decisiones que moderen la tendencia del gasto y establezcan instituciones y reglas fiscales que reduzcan automáticamente el gasto y los déficits a lo largo del tiempo. Los avances en este sentido han sido insuficientes, en especial en Estados Unidos y Japón. Si no se progresa más, el nivel actual de consolidación fiscal a corto plazo parece apenas adecuado.

    El desapalancamiento de los bancos plantea un doble desafío. Al igual que en el caso de la política fiscal, el primer desafío es determinar el ritmo correcto de desapalancamiento general. El segundo consiste en asegurar que el desapalancamiento no dé lugar a una compresión del crédito, ya sea a escala interna o externa. La recapitalización parcial de los bancos con fondos públicos ya no parece figurar entre los planes, pero quizá sí debería figurar. En la medida en que promueva el crédito y la actividad, podría financiarse por sí sola fácilmente, más que muchas de las otras medidas fiscales.

    En cuanto a las políticas encaminadas a reducir los riesgos, el debate sin duda se centra en Europa. Se deberían tomar medidas para reducir los vínculos entre las entidades soberanas y los bancos, medidas que pueden ir desde la creación de sistemas de garantía de depósitos y resolución bancaria a escala de la zona del euro hasta la introducción de ciertas formas de Eurobonos, como por ejemplo la creación de un mercado común de letras denominadas en euros. Estas medidas se necesitan con urgencia y podrían resultar útiles si se produjera otra crisis próximamente.

    Desde una perspectiva más amplia, la prioridad más importante, pero al mismo tiempo la más difícil de lograr, quizá sea alcanzar de manera duradera un crecimiento más alto en las economías avanzadas y especialmente en Europa. Un bajo nivel de crecimiento no solo implica un pronóstico de base menos favorable, sino también un ajuste fiscal más duro y riesgos más elevados. De momento, la atención debería centrarse en medidas que aumenten la demanda; sin embargo, en el futuro debería centrarse también en medidas que fomenten el crecimiento potencial. La solución ideal sería la que permitiera lograr ambos objetivos, pero esas soluciones tienden a escasear. En términos más realistas, la búsqueda tiene que enfocarse en reformas que produzcan efectos positivos a largo plazo, pero que a corto plazo no depriman la demanda. Determinar cuáles son estas reformas y analizar sus posibles desventajas a corto plazo deben ser prioridades de la agenda de políticas.

    Olivier Blanchard

    Consejero Económico

    Resumen ejecutivo

    Las perspectivas mundiales están mejorando gradualmente tras el fuerte revés que sufrieron en 2011, pero los riesgos a la baja siguen siendo elevados. La mejora de la actividad en Estados Unidos durante el segundo semestre de 2011 y la adopción de políticas más apropiadas en la zona del euro en respuesta a la agudización de la crisis económica han reducido la amenaza de una abrupta desaceleración mundial. Por lo tanto, es probable que en las principales economías avanzadas se reinicie una recuperación débil, y se prevé que en la mayoría de las economías emergentes y en desarrollo la actividad seguirá siendo relativamente sólida. No obstante, los avances recientes son muy frágiles. Las autoridades tienen que seguir implementando los cambios fundamentales que son necesarios para lograr un crecimiento saludable a mediano plazo. Dadas las amplias brechas del producto en las economías avanzadas, las autoridades también tienen que calibrar las políticas con miras a apoyar un crecimiento que aún es débil a corto plazo.

    Según las proyecciones, el crecimiento mundial se contraerá de aproximadamente 4% en 2011 a alrededor de 3½% en 2012 debido a la atonía de la actividad durante el segundo semestre de 2011 y el primer semestre de 2012. En la actualización de enero de 2012 de Perspectivas de la economía mundial ya se habían revisado a la baja las proyecciones de septiembre de 2011, teniendo en cuenta sobre todo el daño causado por el empeoramiento de las condiciones en el sector de las entidades soberanas y los bancos en la zona del euro. Para la mayoría de las economías, incluida la zona del euro, la proyección actual es de un crecimiento ligeramente más alto que el pronosticado en la actualización de enero de 2012 de Perspectivas de la economía mundial. Como se expone en el capítulo 1, se prevé que gracias a la reaceleración de la actividad en el transcurso de 2012 el crecimiento mundial retornará a aproximadamente 4% en 2013. Aún se prevé que la zona del euro sufrirá una recesión leve en 2012 como resultado de la crisis de la deuda soberana y una merma general de la confianza, los efectos del desapalancamiento de los bancos en la economía real y el impacto de la consolidación fiscal en respuesta a las presiones del mercado. Debido a los problemas en Europa, la actividad seguirá siendo decepcionante en el caso de las economías avanzadas como grupo, en donde la expansión será tan solo de aproximadamente 1½% en 2012 y 2% en 2013. La creación de empleo en estas economías probablemente seguirá siendo lenta, y los desempleados necesitarán más medidas de apoyo a sus ingresos y ayuda en lo que se refiere a desarrollo de aptitudes, reconversión laboral y búsqueda de empleo. Se proyecta que el crecimiento del PIB real en las economías emergentes y en desarrollo se desacelerará de 6¼% en 2011 a 5¾% en 2012, pero después repuntará a 6% en 2013 gracias a la aplicación de políticas macroeconómicas más laxas y al fortalecimiento de la demanda externa. Los efectos de contagio de la crisis de la zona del euro, que se analizan en el capítulo 2, tendrán una incidencia fuerte en el resto de Europa; otras economías probablemente experimentarán una mayor volatilidad financiera, pero su actividad no se verá perjudicada considerablemente a menos que la crisis de la zona del euro se intensifique una vez más.

    Las políticas han contribuido mucho a reducir el riesgo sistémico, pero no pueden interrumpirse. Las operaciones de financiación a un plazo más largo de tres años que ofrece el Banco Central Europeo (BCE), un cortafuegos europeo más resistente, los programas de ajuste fiscal de mayor alcance y el emprendimiento de importantes reformas en los mercados de productos y de trabajo ayudaron a estabilizar las condiciones en la zona del euro, aliviando la presión sobre los bancos y las entidades soberanas, aunque persisten las preocupaciones. Además, la reciente prórroga de la reducción de los impuestos sobre la nómina y las prestaciones por desempleo en Estados Unidos evitó un abrupto endurecimiento de las políticas fiscales que habría sido perjudicial para la economía estadounidense. En términos más generales, muchas economías avanzadas han dado pasos importantes en el diseño y la ejecución de programas sólidos de consolidación fiscal a mediano plazo. Por su parte, las economías emergentes y en desarrollo continúan beneficiándose de anteriores mejoras de las políticas. Sin embargo, si no se toman más medidas, los problemas podrían recrudecerse fácilmente en la zona del euro y la política fiscal podría tornarse repentinamente más restrictiva en Estados Unidos en 2013.

    Por lo tanto, los riesgos a la baja siguen dominando, como se ha venido observando en ediciones recientes de Perspectivas de la economía mundial. Desafortunadamente, algunos de los riesgos señalados previamente se han materializado, y las proyecciones en el presente estudio son tan solo moderadamente más favorables que las indicadas en un escenario a la baja previo1. La preocupación más inmediata sigue siendo que una intensificación de la crisis de la zona del euro desencadene una fuga generalizada hacia activos de menor riesgo. Este escenario, que se analiza a fondo en la presente edición, indica que el producto mundial y de la zona del euro podría contraerse 2% y 3½%, respectivamente, a lo largo de un horizonte de dos años en relación con las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial. Otra posibilidad es que la incertidumbre política provoque una escalada de los precios del petróleo: un aumento de estos precios de alrededor de 50% reduciría el producto mundial en 1¼%. Los efectos en el producto podrían amplificarse mucho si las tensiones estuvieran acompañadas de una volatilidad financiera sustancial y pérdidas de confianza. Además, la aplicación de políticas macroeconómicas excesivamente restrictivas podría empujar a otra de las principales economías a una situación de deflación sostenida o a un período prolongado de actividad muy débil. Otros riesgos latentes son las perturbaciones en los mercados mundiales de bonos y divisas debidas a los elevados déficits presupuestarios en Japón y Estados Unidos y una rápida desaceleración de la actividad en algunas economías emergentes. No obstante, el crecimiento también podría ser superior a lo proyectado si se aplican políticas más apropiadas, si se tornan más favorables las condiciones financieras y si disminuyen las tensiones geopolíticas.

    Es necesario reforzar las políticas para consolidar la débil recuperación y contener numerosos riesgos a la baja. A corto plazo, esto exigirá una intensificación de los esfuerzos para hacer frente a la crisis de la zona del euro, una menor austeridad fiscal en respuesta a la desaceleración de la actividad, la continua aplicación de políticas monetarias muy laxas y abundante liquidez para el sector financiero.

    • En la zona del euro, la reciente decisión de combinar el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) y el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) es un hecho positivo que, junto con otras iniciativas europeas recientes, afianzará el mecanismo europeo de control de crisis y apoyará los esfuerzos del FMI para consolidar el cortafuegos mundial. Está en curso una consolidación fiscal que en grado es suficiente, pero que debe estructurarse de tal manera que evite una contracción excesiva de la demanda a corto plazo. Dadas las perspectivas de una inflación interna muy baja, existe margen para distender aún más la política monetaria; deberían mantenerse las medidas de apoyo no convencionales (particularmente las operaciones de financiación a plazo más largo y las compras de bonos públicos) para garantizar condiciones ordenadas en los mercados de financiamiento y así facilitar el efecto de traspaso de la política monetaria a la economía real. Además, es necesario recapitalizar los bancos, lo cual puede requerir apoyo directo a través de un FEEF/MEDE más flexible.

    • En Estados Unidos y Japón, el ajuste fiscal previsto a corto plazo es suficiente, pero sigue siendo urgente definir trayectorias para una consolidación fiscal firme y sostenida a mediano plazo. Además, dada la bajísima presión inflacionaria interna, es posible que en Japón se necesite una política monetaria más laxa para garantizar que se alcance la meta de inflación a mediano plazo. Estados Unidos quizá también necesite aplicar una política más laxa si la actividad amenaza con decepcionar.

    • En términos más generales, dadas las débiles perspectivas de crecimiento en las principales economías, aquellas que dispongan de margen de maniobra de política fiscal —en términos de solidez de sus cuentas fiscales y credibilidad en los mercados— pueden reconsiderar el ritmo de consolidación. Otras economías deben permitir que los estabilizadores automáticos actúen libremente mientras estén en condiciones de financiar sin problema déficits más altos.

    Más hacia futuro, el desafío consiste en mejorar las débiles perspectivas a mediano plazo de las principales economías avanzadas. Las prioridades más importantes siguen siendo realizar una reforma fundamental del sector financiero; lograr mayores avances en términos de consolidación fiscal, incluida una reforma amplia de los regímenes de prestaciones sociales, y efectuar reformas estructurales para estimular el producto potencial. Aparte de introducir nuevas regulaciones consensuadas (como Basilea III) en cada país, la reforma del sector financiero ha de abordar muchas deficiencias que la crisis financiera dejó al descubierto, como los problemas relacionados con las instituciones consideradas demasiado grandes o complejas para quebrar, el sistema bancario paralelo y la colaboración transfronteriza entre los supervisores bancarios. Las reformas del gasto relacionado con el envejecimiento de la población son cruciales porque pueden reducir considerablemente el gasto sin repercutir demasiado en la demanda actual. Estas medidas pueden demostrar la capacidad de las autoridades para actuar con decisión y, por ende, pueden ayudar a restablecer la confianza del mercado en la sostenibilidad de las finanzas públicas. A su vez, esto puede ampliar el margen de maniobra para la aplicación de políticas fiscales y monetarias en apoyo del saneamiento financiero y la demanda, pero sin invocar el fantasma del financiamiento público mediante déficit y sus implicaciones inflacionarias. Es necesario desplegar reformas estructurales en muchos frentes: por ejemplo, en la zona del euro, para mejorar la capacidad de las economías para adaptarse a los shocks de competitividad, y en Japón, para promover la participación en la fuerza laboral.

    Las políticas enfocadas en los mercados inmobiliarios pueden acelerar la mejora de los balances de los hogares y, por tanto, estimular un consumo que de otra manera sería anémico. Los países que han adoptado ese tipo de políticas, como Islandia, han obtenido muchos resultados positivos, como se explica en el capítulo 3. En Estados Unidos, el gobierno ha intentado llevar adelante varios programas pero, dado su escaso éxito, actualmente se ha propuesto una estrategia más enérgica. En otras regiones, las autoridades han dejado que los bancos y los hogares busquen la solución a los problemas. En general, los temores acerca del riesgo moral —es decir, el peligro de que quienes asumieron riesgos excesivos o realizaron inversiones inmobiliarias especulativas queden exentos de responsabilidad— han impedido avanzar. Estas cuestiones son similares a las que tanto están complicando la solución de la crisis de la zona del euro, solo que en Europa el argumento del riesgo moral se aplica a países en lugar de a particulares. Pero en ambos casos, las intervenciones focalizadas para apoyar la demanda pueden ser más eficaces que programas macroeconómicos mucho más costosos. Y el problema del riesgo moral puede abordarse en parte a través de una mejor regulación y supervisión.

    Las economías de mercados emergentes y en desarrollo siguen cosechando los frutos de sus sólidas políticas macroeconómicas y estructurales, pero a escala interna han ido acumulándose vulnerabilidades. Muchas de estas economías han evolucionado de manera inusualmente favorable a lo largo del último decenio, gracias al rápido crecimiento del crédito o a los altos precios de las materias primas. En la medida en que sea un síntoma de profundización financiera, el aumento del crédito es positivo para el crecimiento. Pero en la mayoría de las economías el crédito no puede seguir expandiéndose al ritmo actual sin que surjan preocupaciones acerca de la calidad de los préstamos de los bancos. Otra consideración es que los precios de las materias primas probablemente no aumentarán al ritmo acelerado de la última década, aunque se produzcan escaladas a corto plazo debidas a tensiones geopolíticas. Esto significa que es muy probable que tanto en el terreno fiscal como en otros ámbitos las políticas tengan que adaptarse a un menor crecimiento del producto potencial, tema que se examina en el capítulo 4.

    A corto plazo, el desafío clave para las economías de mercados emergentes y en desarrollo consiste en calibrar adecuadamente las políticas macroeconómicas para hacer frente a importantes riesgos a la baja provenientes de las economías avanzadas, pero controlando al mismo tiempo las presiones de sobrecalentamiento derivadas del dinamismo de la actividad, el fuerte crecimiento del crédito, los flujos de capitales volátiles, los niveles aún altos de los precios de las materias primas y el resurgimiento de riesgos relacionados con los precios de la energía que inciden en la inflación y los saldos fiscales. La respuesta apropiada variará según el caso. En las economías que han normalizado en gran parte sus políticas macroeconómicas, a corto plazo la atención debe centrarse en las medidas de respuesta ante la moderación de la demanda externa proveniente de las economías avanzadas. Al mismo tiempo, estas economías tienen que estar preparadas para hacer frente a los efectos de contagio negativos y a los flujos de capitales volátiles. Otras economías deben seguir recomponiendo su margen de maniobra para la aplicación de políticas macroeconómicas y reforzar las políticas y los marcos prudenciales. Las autoridades monetarias tienen que procurar que el alza de los precios del petróleo no genere una presión inflacionaria más generalizada, y la política fiscal tiene que contener el daño en los balances del sector público focalizando los subsidios estrictamente en los hogares más vulnerables.

    Dados los acontecimientos más recientes, no cabe esperar un nuevo agravamiento de los desequilibrios mundiales en cuenta corriente tras la importante reducción que experimentaron durante la Gran Recesión. Esto se debe en gran medida a que el aumento excesivo del consumo que caracterizó a las economías que acumularon grandes déficits externos antes de la crisis ha sido aprovechado al máximo y no se ha visto compensado por un aumento del consumo en las economías con superávit. Por lo tanto, la economía mundial ha sufrido reducciones de la demanda y del crecimiento en todas las regiones en relación con los años de auge justo antes de la crisis. La reorientación de la actividad en las economías superavitarias clave hacia un mayor consumo, con el apoyo de tipos de cambio que dependan más de las fuerzas del mercado, ayudaría a afianzar las perspectivas de esas economías y las del resto del mundo.

    La austeridad por sí sola no puede resolver el malestar económico en las principales economías avanzadas. Las políticas también han de facilitar los ajustes y enfocarse mejor en los problemas fundamentales —el debilitamiento de la situación de los hogares en Estados Unidos y de las entidades soberanas en la zona del euro—, aprovechando para ello recursos provenientes de otros países que gozan de una situación más holgada. Las autoridades tienen que procurar no asignar demasiada importancia a los riesgos que entrañan las políticas no convencionales de apoyo monetario, y no limitar el margen del que disponen los bancos centrales para aplicar políticas. Es cierto que las políticas no convencionales no pueden reemplazar una reforma fundamental, pero sí pueden limitar el riesgo de que otra de las grandes economías caiga en una trampa de deuda y deflación que podría perjudicar gravemente las perspectivas de mejores políticas y un crecimiento mundial más dinámico.

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