Front Matter

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Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
October 2011
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    ©2011 International Monetary Fund

    Edición en español ©2011 Fondo Monetario Internacional

    Edición en inglés

    Producción: División de Servicios Multimedia del FMI

    Cubierta y Diseño: Luisa Menjivar y Jorge Salazar

    Composición: Maryland Composition

    Edición en español

    Sección de Español y Portugués

    Departamento de Tecnología y Servicios Generales del FMI

    Cataloging-in-Publication Data

    World economic outlook (International Monetary Fund). Spanish.

    Perspectivas de la economía mundial. – Washington, DC: Fondo Monetario Internacional. v.; 28 cm. – (Estudios económicos y financieros, 1020-5071)

    Semiannual

    Some issues have also thematic titles.

    Has occasional updates, 1984

    1. Economic development–Periodicals. 2. Economic forecasting –Periodicals.

    3. Economic policy—Periodicals. 4. International economic relations—Periodicals.

    I. International Monetary Fund. II. Series: Occasional paper (International Monetary Fund). III. Series: World economic and financial surveys.

    HC10.W6818

    ISBN 978-1-61635-123-6

    Solicítese a:

    International Monetary Fund, Publication Services

    P. O. Box 92780, Washington, D.C. 20090, EE.UU.

    Tel.: (202) 623-7430 Fax: (202) 623-7201

    Correo electrónico: publications@imf.org

    www.imfbookstore.org

    Índice

    Supuestos y Convenciones

    En la preparación de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial se han adoptado los siguientes supuestos: el promedio de los tipos de cambio efectivos reales permaneció constante en su nivel del período comprendido entre el 18 de julio y el 15 de agosto de 2011, con excepción de las monedas que participan en el mecanismo de tipos de cambio 2 (MTC 2) de Europa, que se ha supuesto permanecieron constantes en términos nominales en relación con el euro; las autoridades nacionales mantendrán la política económica establecida (los supuestos concretos sobre la política fiscal y monetaria de determinadas economías se indican en el recuadro A1 del apéndice estadístico); el precio medio del petróleo será de $103,20 el barril en 2011 y $100,00 el barril en 2012, y en el mediano plazo se mantendrá constante en términos reales; el promedio de la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) para depósitos a seis meses en dólares de EE.UU. será de 0,4% en 2011 y 0,5% en 2012; la tasa de los depósitos a tres meses en euros será, en promedio, 1,3% en 2011 y 1,2% en 2012, y el promedio de la tasa de los depósitos a seis meses en yenes japoneses será de 0,5% en 2011 y 0,3% en 2012. Naturalmente, estas son hipótesis de trabajo, no pronósticos, y la incertidumbre que conllevan se suma al margen de error que de todas maneras existiría en las proyecciones. Las estimaciones y proyecciones se basan en la información estadística disponible hasta comienzos de septiembre de 2011.

    En esta publicación se utilizan los siguientes símbolos:

    Indica que no se dispone de datos o que los datos no son pertinentes.
    Se usa entre años o meses (por ejemplo, 2010–11 o enero–junio) para indicar los años o meses comprendidos, incluidos los años o meses mencionados.
    /Se emplea entre años o meses (por ejemplo, 2010/11) para indicar un ejercicio fiscal o financiero.

    Los “puntos básicos” son centésimos de punto porcentual (por ejemplo, 25 puntos básicos equivalen a ¼ de punto porcentual).

    El signo $ corresponde al dólar de EE.UU.

    Las cifras de Estonia se incluyen ahora en los agregados de datos de la zona del euro y de las economías avanzadas. Al igual que en la edición de abril de 2011 de Perspectivas de la economía mundial, los datos agregados excluyen a Libia en los años de proyección debido a la incertidumbre de la situación política.

    A partir de la edición de septiembre de 2011 de Perspectivas de la economía mundial, Guyana y Suriname se clasifican como miembros de la región de América del Sur, y Belice, de la de América Central. Anteriormente, figuraban como miembros de la región del Caribe.

    En el caso de Sudán, las proyecciones correspondientes a 2011 y años posteriores excluyen Sudán del Sur.

    En los gráficos y cuadros, las áreas sombreadas indican proyecciones del personal técnico del FMI.

    Cuando no se menciona la fuente en los cuadros y gráficos, los datos provienen de la base de datos de Perspectivas de la economía mundial.

    En los casos en que los países no se enumeran en orden alfabético, el orden se basa en el tamaño de su economía.

    En algunos casos el total no coincide con la suma de los componentes, debido al redondeo de las cifras.

    En esta publicación, los términos “país” y “economía” no se refieren en todos los casos a una entidad territorial que constituya un Estado conforme al derecho y a la práctica internacionales; los términos pueden designar también algunas entidades que no son Estados, pero para las cuales se mantienen datos estadísticos en forma separada e independiente.

    Se presentan datos compuestos para varios grupos de países organizados según las características económicas o por región. A menos que se indique lo contrario, los datos compuestos de los grupos de países se calculan cuando los datos ponderados están representados en un 90% o más.

    En ningún caso debe entenderse que las fronteras, los colores, las denominaciones o cualquier otra información contenida en los mapas de esta publicación reflejan la posición del FMI con respecto a la situación jurídica de ningún territorio ni la conformidad o disconformidad de la institución con dichas fronteras.

    Información y datos adicionales

    La versión completa en inglés de Perspectivas de la economía mundial se publica en el sitio del FMI en Internet, www.imf.org, donde también se publica una compilación más completa de información extraída de la base de datos utilizada para este estudio. Los archivos, que contienen las series de datos que con mayor frecuencia solicitan los lectores, pueden copiarse en una computadora personal utilizando diferentes programas informáticos.

    El personal técnico del FMI compila los datos de Perspectivas de la economía mundial en el momento de elaboración del informe. Las proyecciones y los datos históricos se basan en información recopilada por los economistas encargados de cada país durante las misiones a los países miembros del FMI y a través de un análisis constante de la evolución de la situación nacional. Los datos históricos se actualizan de manera continua, a medida que llega información nueva, y a menudo se ajustan los quiebres estructurales de los datos para producir series ininterrumpidas mediante el uso de empalmes y otras técnicas. Las estimaciones del personal técnico del FMI continúan ocupando el lugar de series históricas cuando no se dispone de información completa. Por ese motivo, los datos de Perspectivas de la economía mundial pueden diferir de otras fuentes con datos oficiales, como el informe International Financial Statistics del FMI.

    El FMI hace todo lo posible por dejar aseguradas la puntualidad, exactitud y exhaustividad de los datos y los metadatos de Perspectivas de la economía mundial, pero no las garantiza. Cuando se detectan errores, se hace un esfuerzo concertado por corregirlos en la medida en que corresponda y sea factible hacerlo. Las condiciones de uso de la base de datos de Perspectivas de la economía mundial pueden consultarse en el sito web del FMI sobre derechos de autor y uso (http://www.imf.org/external/esl/terms.htm).

    Las consultas sobre el contenido de Perspectivas de la economía mundial y la base de datos de este estudio pueden dirigirse por carta, Internet o fax (no se aceptan llamadas telefónicas) a:

    World Economic Studies Division

    Research Department

    International Monetary Fund

    700 19th Street, N.W.

    Washington, D.C. 20431, U.S.A.

    Internet: www.imf.org/weoforum Fax: (202) 623-6343

    Prefacio

    El análisis y las proyecciones que se presentan en Perspectivas de la economía mundial forman parte integral de la supervisión que ejerce el FMI con respecto a la evolución y las políticas económicas de los países miembros, los acontecimientos en los mercados financieros internacionales y el sistema económico mundial. El análisis de las perspectivas y políticas es producto de un minucioso examen de la evolución económica mundial que llevan a cabo varios departamentos del FMI, tomando principalmente como base la información que recogen los funcionarios de la institución en sus consultas con los países miembros. Dichas consultas están a cargo sobre todo de los departamentos regionales—el Departamento de África, el Departamento de Asia y el Pacífico, el Departamento de Europa, el Departamento del Oriente Medio y Asia Central, y el Departamento del Hemisferio Occidental—conjuntamente con el Departamento de Estrategia, Políticas y Evaluación, el Departamento de Mercados Monetarios y de Capital, y el Departamento de Finanzas Públicas.

    El análisis que se presenta en este informe ha sido coordinado por el Departamento de Estudios bajo la dirección general de Olivier Blanchard, Consejero Económico y Director de Estudios. El proyecto estuvo dirigido por Jörg Decressin, Asesor Principal del Departamento de Estudios, y Rupa Duttagupta, Subjefa de División del Departamento de Estudios. Los principales colaboradores fueron Abdul Abiad, John Bluedorn, Jaime Guajardo, Thomas Helbling, Daniel Leigh, Andrea Pescatori, Shaun Roache, Marco E. Terrones, Petia Topalova y John Simon. Colaboraron también Ali Alichi, Luis Catão, Ondra Kamenik, Heejin Kim, Michael Kumhof, Douglas Laxton, Prakash Loungani, Gian Maria Milesi-Ferretti, Rafael Portillo y Felipe Zanna. Toh Kuan, Gavin Asdorian, Shan Chen, Angela Espiritu, Laura Feiveson, João Jalles, Murad Omoev, Katherine Pan, David Reichsfeld, Marina Rousset, Andy Salazar, Min Kyu Song, Ercument Tulun y Su Wang colaboraron en las tareas de investigación. Kevin Clinton proporcionó comentarios y sugerencias. Tingyun Chen, Mahnaz Hemmati, Emory Oakes, Rajesh Nilawar y Steve Zhang procesaron los datos y operaron los sistemas de informática. Shanti Karunaratne, Skeeter Mathurin y Cristina Tumale se encargaron de la preparación del texto en inglés. Linda Griffin Kean, del Departamento de Relaciones Externas, editó el manuscrito y coordinó la producción de la publicación. Anastasia Francis, Aleksandr Gerasimov, Wendy Mak, Shamiso Mapondera, Nhu Nguyen y Pavel Pimenov proporcionaron respaldo técnico adicional en calidad de consultores externos. La versión en español estuvo a cargo de la Sección de Español y Portugués del Departamento de Tecnología y Servicios Generales.

    El análisis se ha enriquecido con sugerencias y comentarios de funcionarios de otros departamentos del FMI, y de los directores ejecutivos, que debatieron este informe el día 31 de agosto de 2011. No obstante, cabe aclarar que las proyecciones y consideraciones de política económica corresponden al personal técnico del FMI y no deben atribuirse a los directores ejecutivos ni a las autoridades nacionales que representan.

    Introducción

    En comparación con la edición de abril pasado de Perspectivas de la economía mundial, la recuperación económica es ahora mucho más incierta. La economía mundial está afectada por la confluencia de dos sucesos desfavorables. El primero es una recuperación mucho más lenta de las economías avanzadas desde el comienzo del año, un hecho que en gran medida no llegamos a percibir mientras ocurría. El segundo es una marcada agudización de la incertidumbre fiscal y financiera, que ha sido particularmente pronunciada desde agosto. Cada uno de estos sucesos es preocupante; su combinación y sus interacciones lo son aún más. Se necesitan con urgencia políticas enérgicas para mejorar las perspectivas y reducir los riesgos.

    El crecimiento, que había sido vigoroso en 2010, disminuyó en 2011. En un principio, la desaceleración no causó demasiada preocupación. Habíamos proyectado cierta desaceleración, debido a la conclusión del ciclo de inventarios y la consolidación fiscal. Hechos aislados como el terremoto y el tsunami de Japón y los shocks a la oferta de petróleo ofrecían explicaciones plausibles de la profundización de la desaceleración. Y los datos iniciales sobre Estados Unidos subestimaron la magnitud de la desaceleración misma. Ahora, con cifras concretas, está claro que estaba ocurriendo algo más.

    Lo que estaba ocurriendo era el estancamiento de dos reequilibramientos que, como hemos argumentado en numerosas ediciones anteriores de Perspectivas de la economía mundial, son necesarios para lograr “un crecimiento vigoroso, equilibrado y sostenible”.

    Tomemos primero el reequilibramiento interno: lo que se necesita es pasar del estímulo fiscal a la demanda privada. La consolidación fiscal está ocurriendo efectivamente en la mayoría de las economías avanzadas (aunque no en Japón). Pero la demanda privada no está tomando el relevo. Las razones son variadas, dependiendo del país. Pero la escasez de crédito bancario, el legado del auge inmobiliario y el elevado apalancamiento de muchos hogares están frenando la recuperación más de lo previsto.

    Consideremos a continuación el reequilibramiento externo: las economías avanzadas con déficits en cuenta corriente, y sobre todo Estados Unidos, necesitan compensar la baja demanda interna con un aumento de la demanda externa. Esto implica simétricamente un alejamiento de la demanda externa a favor de la demanda interna en las economías de mercados emergentes con superávits en cuenta corriente, especialmente China. Este reequilibramiento no está ocurriendo. Aunque los desequilibrios disminuyeron durante la crisis, eso se debió más a una fuerte disminución del producto de las economías avanzadas en relación con las de mercados emergentes que a un ajuste estructural de estas economías. De cara al futuro, proyectamos una ampliación de los desequilibrios, no una disminución.

    Pasemos ahora al segundo suceso desfavorable: la agudización de la incertidumbre fiscal y financiera. Está claro que los mercados ahora dudan más de la capacidad de muchos países para estabilizar la deuda pública. Durante algún tiempo, esa preocupación estuvo limitada mayormente a unos pocos países pequeños de la periferia europea. A medida que transcurrió el tiempo y que las perspectivas de crecimiento se empañaron, las preocupaciones se han extendido a más países europeos y a otros países fuera de Europa, desde Japón hasta Estados Unidos. Las preocupaciones en torno a los entes soberanos se han traducido en preocupaciones en torno a los bancos que han adquirido estos bonos soberanos, principalmente en Europa. Estas preocupaciones han conducido a un congelamiento parcial de los flujos financieros, y los bancos mantienen elevados niveles de liquidez y han restringido el otorgamiento de crédito. El temor a lo desconocido es agudo. Los precios de las acciones han caído. Esto afectará negativamente al gasto en los meses venideros. De hecho, las cifras de agosto indican que eso ya está ocurriendo.

    El bajo crecimiento subyacente y las vinculaciones fiscales y financieras bien pueden entrar en un círculo vicioso, y ahí es donde radican los riesgos. Un bajo crecimiento hace más difícil lograr la sostenibilidad de la deuda y lleva a los mercados a preocuparse aún más por la estabilidad fiscal. Un bajo crecimiento también conduce a más préstamos en mora y debilita a los bancos. Una consolidación fiscal concentrada en las etapas iniciales puede, a su vez, conducir a un crecimiento aún más bajo. La debilidad de los bancos y la escasez del crédito bancario pueden producir el mismo efecto. Los bancos débiles y la posible necesidad de capitalización generan más preocupación en torno a la estabilidad fiscal. Los riesgos a la baja son muy reales.

    Hasta ahora me he centrado en las economías avanzadas. La razón es que, por el momento, las economías de mercados emergentes en gran medida han sido inmunes a estos sucesos desfavorables. Han tenido que lidiar con flujos de capital volátiles, pero en general han continuado sustentando un crecimiento elevado. De hecho, algunas están cercanas a una situación de sobrecalentamiento, aunque las perspectivas son, nuevamente, más inciertas para muchas otras. En los escenarios de riesgo, bien pueden encontrarse expuestas a condiciones de exportación más desfavorables y a flujos de capital aún más volátiles. El bajo nivel de las exportaciones y posiblemente la caída de los precios de las materias primas también plantearán retos para los países de bajo ingreso.

    En vista de la debilidad de las proyecciones de referencia y de los elevados riesgos a la baja, es esencial adoptar políticas enérgicas, basadas en tres pilares.

    El primer pilar es la política fiscal. La consolidación fiscal no puede ser demasiado rápida o destruirá el crecimiento. No puede ser demasiado lenta o destruirá la credibilidad. La velocidad debe depender de las circunstancias de cada país, pero la clave sigue siendo una consolidación a mediano plazo creíble. Algunos países necesitan una ayuda externa sustancial para lograrlo. Más allá de la política fiscal, también es esencial adoptar medidas encaminadas a apuntalar la demanda interna, que van desde mantener tasas de interés bajas hasta incrementar el crédito bancario y poner en marcha programas de resolución de los préstamos para la vivienda.

    El segundo pilar son las medidas financieras. La incertidumbre fiscal no se desvanecerá de la noche a la mañana. E incluso con los supuestos más optimistas, el crecimiento de las economías avanzadas seguirá siendo bajo durante algún tiempo. En el ínterin, es necesario fortalecer a los bancos, no solo para aumentar el crédito bancario y el crecimiento de base, sino también para alejar el riesgo de que se formen círculos viciosos, lo cual es más importante. Para una serie de bancos, especialmente en Europa, esto probablemente requiera reservas de capital adicionales, ya sea de fuentes privadas o públicas.

    El tercer pilar es el reequilibramiento externo. No parece probable que, aun con las medidas de política enumeradas arriba, la demanda interna de Estados Unidos y otras economías golpeadas por la crisis pueda asegurar por sí sola un crecimiento suficiente. Por lo tanto, las exportaciones de Estados Unidos y de las economías golpeadas por la crisis deben aumentar y, en consecuencia, las exportaciones netas del resto del mundo deben disminuir. Una serie de economías asiáticas, particularmente China, tienen grandes superávits en cuenta corriente y han anunciado planes para reequilibrar la demanda, de modo que la demanda interna reemplace a la externa. Estos planes no pueden ponerse en práctica de la noche a la mañana. Pero deben ponerse en práctica con la mayor celeridad posible. Únicamente con este reequilibramiento mundial podemos albergar la esperanza de un crecimiento más vigoroso en las economías avanzadas y, por implicación, en el resto del mundo.

    Olivier Blanchard

    Consejero Económico

    Resumen Ejecutivo

    La economía mundial se encuentra en una nueva fase peligrosa. La actividad mundial es ahora más débil y desigual; últimamente la confianza se ha deteriorado de manera drástica y los riesgos a la baja se están agudizando. Contra un telón de fondo de fragilidades estructurales no resueltas, la economía internacional se vio afectada este año por una ola de shocks. Japón sufrió el devastador terremoto y tsunami de la costa del Pacífico, y estallaron disturbios en algunos países productores de petróleo. Al mismo tiempo, en la economía estadounidense la transición de la demanda pública a la demanda privada se paralizó; la zona del euro sufrió graves trastornos financieros; los mercados mundiales experimentaron una venta masiva de activos riesgosos, y se observan crecientes indicios de efectos de derrame hacia la economía real. Los problemas estructurales que afrontan las economías avanzadas golpeadas por la crisis han resultado ser inesperadamente difíciles de corregir, y el proceso de elaborar y ejecutar reformas, aún más complicado. Por ende, las perspectivas para estas economías apuntan a una expansión ininterrumpida, pero débil y con sobresaltos. La incertidumbre en torno a las perspectivas de las economías de mercados emergentes se ha agudizado nuevamente, aunque se prevé que el crecimiento siga siendo más bien vigoroso, sobre todo en las economías que pueden contrarrestar el efecto del debilitamiento de la demanda extranjera en el producto con un menor endurecimiento de sus políticas.

    Según las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial, el crecimiento mundial se moderará a alrededor de 4% hasta fines de 2012, en comparación con más de 5% en 2010. El PIB real de las economías avanzadas crecerá, según lo previsto, a un ritmo anémico de alrededor de 1½% en 2011 y 2% en 2012, ayudado por el desvanecimiento paulatino de las fuerzas pasajeras que han frenado la actividad durante gran parte del segundo trimestre de 2011. Sin embargo, esto supone que las autoridades europeas contendrán la crisis de la periferia de la zona del euro, que las autoridades estadounidenses encontrarán un equilibrio prudente entre el respaldo de la economía y la consolidación fiscal a mediano plazo, y que la volatilidad de los mercados financieros mundiales no recrudecerá. Además, ahora se proyecta que se hará una pausa en el retorno del estímulo monetario en las economías avanzadas. De acuerdo con este escenario, las incipientes limitaciones de la capacidad y la adopción de políticas restrictivas, que en gran medida ya han ocurrido, reducirían las tasas de crecimiento de las economías emergentes y en desarrollo a alrededor de 6% en 2012, una cifra aun así muy sólida.

    Los riesgos se inclinan claramente a la baja, y dos de ellos requieren especial atención de las autoridades:

    • El primero es que las autoridades pierdan el control de la crisis de la zona del euro, pese a las firmes políticas de respuesta acordadas en la cumbre de la Unión Europea del 21 de julio de 2011. Las autoridades deben ratificar con rapidez los compromisos asumidos en la cumbre de julio y, entre tanto, el Banco Central Europeo (BCE) debe continuar interviniendo enérgicamente para mantener condiciones ordenadas en los mercados de deuda soberana. Los dirigentes deben atenerse a sus compromisos de hacer todo lo necesario para mantener la confianza en las políticas nacionales y en el euro. Además, en vista de la decreciente presión inflacionaria y de la agudización de las tensiones financieras y soberanas, el BCE debería bajar la tasa de política monetaria si persisten los riesgos a la baja para el crecimiento y la inflación.

    • El segundo es que la actividad en Estados Unidos, que ya se está enfriando, sufra nuevos golpes; por ejemplo, como consecuencia de un impasse político en torno a la consolidación fiscal, la debilidad del mercado inmobiliario, el rápido aumento de las tasas de ahorro de los hogares o el deterioro de las condiciones financieras. Las profundas divisiones políticas significan que el curso de la política estadounidense es sumamente incierto. Existe el grave riesgo de que aplicando recortes fiscales apresurados se debiliten más las perspectivas sin brindar las reformas necesarias a largo plazo para reducir la deuda a niveles más sostenibles. La evolución del mercado inmobiliario ha sido decepcionante, y aún no se perfila el fin del exceso de oferta ni de la caída de los precios, y los precios de las acciones han experimentado correcciones drásticas. Estos u otros sucesos podrían llevar a los hogares a acelerar el desapalancamiento, incrementando aún más sus tasas de ahorro. En vista de los crecientes riesgos a la baja para la actividad estadounidense, la Reserva Federal debe mantenerse preparada para brindar más respaldo no convencional, y la consolidación fiscal podría diferirse más a etapas posteriores a condición de que se adopten medidas a mediano plazo creíbles.

    Cualquiera de estas posibilidades tendría graves repercusiones para el crecimiento mundial. La agudización de la tensión podría socavar las instituciones y los mercados financieros de las economías avanzadas, que continúan siendo inusitadamente vulnerables. Los precios de las materias primas y los flujos de capital y de comercio internacionales probablemente sufrirían una caída abrupta, arrastrando consigo el crecimiento de las economías emergentes y en desarrollo. La magnitud del perjuicio que eso podría causar al crecimiento mundial queda ilustrada con más detalle en un escenario a la baja: la zona del euro y Estados Unidos podrían volver a caer en una recesión, y la actividad de 2012 podría estar alrededor de 3 puntos porcentuales por debajo de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial. El daño para otras economías también sería significativo.

    Los riesgos propios de las economías emergentes y en desarrollo parecen menos graves. Los indicios de sobrecalentamiento aún merecen cuidadosa atención, sobre todo por parte de las autoridades monetarias y de supervisión prudencial. Los riesgos vinculados a los precios de las materias primas y los disturbios sociopolíticos en algunas partes del mundo continúan preponderando.

    El carácter desigual de la expansión y los numerosos riesgos que rodean a la actividad son sintomáticos de una economía mundial que continúa luchando por lograr los dos reequilibramientos identificados en ediciones anteriores de Perspectivas de la economía mundial. Primero, la demanda privada debe ocupar el lugar de la demanda pública. En este ámbito, muchas economías han realizado un avance considerable, pero las grandes economías avanzadas siguen estando rezagadas. Segundo, las economías con grandes superávits externos deben apoyarse cada vez más en la demanda interna, y las que tienen grandes déficits deben hacer lo contrario. Este reequilibramiento se encuentra apenas a mitad de camino1. Las principales economías avanzadas y de mercados emergentes necesitan afianzar sus políticas para promover el reequilibramiento y protegerse de los numerosos riesgos a la baja. Las políticas deben estar calibradas para reflejar un entorno mundial transformado, que incluye un menor producto potencial en muchas economías avanzadas y economías de mercados emergentes golpeadas por la crisis, una vulnerabilidad inusitada de los sectores financieros, elevados niveles de deuda y déficits públicos y mayor diferenciación del riesgo de crédito soberano entre las economías avanzadas, y una mayor fortaleza y resistencia económica en muchas economías emergentes.

    Reequilibramiento entre la demanda pública y la demanda privada: Las autoridades de las economías golpeadas por la crisis deben resistir la tentación de recurrir principalmente a una política monetaria acomodaticia para reparar los balances y acelerar el saneamiento y la reforma del sector financiero. La política fiscal debe navegar entre el peligro de perder la credibilidad y el de socavar la recuperación. El ajuste fiscal ya se encuentra en marcha, y el avance ha sido significativo en numerosas economías. Es crítico reforzar los planes fiscales a mediano plazo y poner en práctica las reformas de los programas de prestaciones sociales para dejar aseguradas la credibilidad y la sostenibilidad fiscal, y para crear el margen de política económica necesario para respaldar la reparación de los balances, el crecimiento y la creación de puestos de trabajo. El afianzamiento de las perspectivas del sector real a corto plazo, a su vez, imprimiría mayor credibilidad a los planes de ajuste a mediano plazo. Si el entorno macroeconómico se deteriorara sustancialmente, los países con un margen de maniobra más amplio en el ámbito de la política fiscal deberían permitir el pleno funcionamiento de los estabilizadores automáticos y podrían optar por un ajuste más concentrado en etapas posteriores.

    • En la zona del euro, es necesario quebrar el círculo vicioso entre las instituciones financieras y los entes soberanos débiles. Se debe solicitar a las instituciones financieras frágiles que capten más capital, preferentemente a través de soluciones privadas. Si estas no existen, tendrán que aceptar infusiones de capital público o respaldo del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), o someterse a su reestructuración o cierre. Los planes de consolidación fiscal a mediano plazo son debidamente ambiciosos. En las economías de la periferia, una tarea importante será encontrar el equilibrio justo entre la consolidación fiscal y la reforma estructural, por un lado, y el respaldo externo por el otro, de modo que el ajuste en estas economías sea sustentable.

    • En Estados Unidos, las prioridades de política incluyen elaborar un plan de consolidación fiscal a mediano plazo que imprima a la deuda pública una trayectoria sostenible y poner en práctica políticas que sustenten la recuperación, entre otras formas facilitando el ajuste de los mercados inmobiliarios y de trabajo. La ley de empleo estadounidense brindaría a la economía un necesario respaldo a corto plazo, pero debe ir acompañada de un plan fiscal a mediano plazo sólido que incremente el ingreso público y contenga el crecimiento de los programas de prestaciones sociales.

    • En Japón, el gobierno debería emprender medidas más ambiciosas para hacer frente al nivel muy elevado de deuda pública y, al mismo tiempo, atender las necesidades inmediatas de reconstrucción y desarrollo en las zonas afectadas por el terremoto y el tsunami.

    En todas estas economías, un avance importante con respecto a la reforma de los programas de prestaciones sociales y la reforma tributaria ampliaría el margen para adaptar el ritmo de la consolidación fiscal a corto plazo en función del vigor de la demanda interna, y limitar así un nuevo debilitamiento de la recuperación.

    Reequilibramiento entre la demanda externa y la demanda interna: Avanzar en este flanco es ahora aún más importante para sustentar el crecimiento mundial. Algunas economías de mercados emergentes están contribuyendo con más demanda interna de lo conveniente (por ejemplo, varias economías de América Latina); otras no están contribuyendo lo suficiente (por ejemplo, economías emergentes clave de Asia). El primer grupo necesita contener la fuerte demanda interna reduciendo considerablemente los déficits fiscales estructurales y, en algunos casos, retirando aún más el estímulo monetario. El segundo grupo necesita una apreciación cambiaria significativa, junto con reformas estructurales para recortar los elevados superávits de ahorro en relación con la inversión. Esas políticas contribuirían a fortalecer su capacidad de resistencia a los shocks originados en las economías avanzadas, así como su potencial de crecimiento a mediano plazo.

    La Gran Recesión amplificó una serie de problemas del sector real, sobre todo en las economías avanzadas. Estados Unidos podría encontrarse frente a una recuperación muy lenta del empleo. Aunque el desempleo no ha alcanzado los elevados niveles registrados después de la Segunda Guerra Mundial, las pérdidas de empleo durante la crisis no tuvieron precedentes y se sumaron a la deslucida evolución del empleo durante la década anterior. Desde comienzos de los años ochenta, los hogares no han estado tan preocupados por las perspectivas de sus ingresos como lo están ahora. Las prioridades incluyen facilitar el ajuste en el mercado de la vivienda y afianzar políticas activas en el mercado laboral. Sin embargo, en muchos sentidos el problema es tan grande que justifica un cambio drástico de política macroeconómica: una profunda reforma de los programas de prestaciones sociales y del sistema tributario con miras a ampliar el margen para que la política fiscal pueda sustentar la recuperación a corto plazo. En la zona del euro, haciendo abstracción de los grandes problemas que plantea la turbulencia financiera, la situación es más variada. Los hogares en general parecen estar menos preocupados que en Estados Unidos, y la destrucción de puestos de trabajo ha sido mucho menos grave, excepto en las economías de la periferia golpeadas por la crisis. El principal reto estructural radica en que las economías de la periferia adopten reformas que les permitan recuperar y mantener con más facilidad la competitividad.

    En el resto del mundo, existe una amplia variedad de retos estructurales. La gran afluencia de capitales en algunas economías de mercados emergentes pone de relieve la necesidad de mejorar su capacidad de absorción abriendo aún más los mercados de productos y servicios al capital extranjero y fortaleciendo los marcos de estabilidad financiera. Además, los elevados precios de los alimentos subrayan la necesidad de que muchas economías emergentes y en desarrollo tiendan redes de protección social bien focalizadas.

    En vista del lento avance del reequilibramiento de la demanda mundial, los elevados precios de las materias primas y las modestas perspectivas de crecimiento de las economías avanzadas, las tasas de interés a largo plazo de entes soberanos clave probablemente se mantengan bajas. Esto puede promover la toma de riesgos en otras economías; los episodios anteriores de reciclaje masivo de dinero rara vez han estado exentos de accidentes financieros. De hecho, en algunas economías avanzadas y en una serie de economías de mercados emergentes se observan síntomas de una toma excesiva de riesgos: gran expansión crediticia, auges inmobiliarios y abundante afluencia de inversiones en los mercados financieros. En términos más generales, la crisis financiera puso en primer plano la extraordinaria vulnerabilidad del sistema financiero mundial a trastornos de los mercados de financiamiento mayorista. A nivel nacional, los bancos centrales han respondido instituyendo mecanismos temporales que inyectan liquidez si el financiamiento mayorista presenta riesgos de paralizarse. Sin embargo, no existen mecanismos de ese tipo a nivel internacional. En general, la última crisis financiera ilustra la necesidad urgente de incrementar la magnitud y el alcance de los mecanismos internacionales de distribución de riesgos, que se han quedado muy rezagados en relación con el tamaño de los mercados financieros internacionales.

    Para que el comercio internacional continúe respaldando la recuperación mundial, las autoridades deben seguir resistiendo las presiones proteccionistas. Como la prolongada Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC) se encuentra en una coyuntura crucial, los dirigentes políticos deben dar muestra de la voluntad y de la atención a alto nivel necesarias para elaborar un plan creíble que haga avanzar las negociaciones, entre otras formas comunicándole enérgicamente al público cuáles serían los beneficios. El fracaso de dicha ronda podría conducir a la fragmentación del sistema comercial internacional y al debilitamiento de la OMC y del multilateralismo.

    A menos que se afiancen las políticas, sobre todo en las economías avanzadas, no se perfila más que una recuperación débil y con sobresaltos. Mediante políticas de respuesta más firmes y concertadas se podrían obtener grandes beneficios. Como lo explica el informe del FMI sobre el Programa de Evaluación Mutua del G-20, emprender programas de consolidación fiscal a mediano plazo propicios para el crecimiento en las economías avanzadas, aplicar políticas para reequilibrar la demanda en las economías de mercados emergentes con superávits y llevar a cabo reformas estructurales para impulsar el crecimiento potencial en todo el mundo podría estimular considerablemente el PIB mundial2. Más importante quizá sea que, sumadas a medidas encaminadas a facilitar el ajuste de los balances de los hogares y los bancos, esas políticas evitarían una década perdida de crecimiento en las economías avanzadas, que sería muy perjudicial para todos. Sin embargo, para lograrlo, las autoridades deberán hacer frente a difíciles retos de economía política en sus países y recobrar el vivo espíritu de colaboración que imperó en lo más álgido de la crisis.

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