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Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
November 2010
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    Estudios económicos y financieros

    PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA MUNDIAL

    Octubre de 2010

    Recuperación, riesgo y reequilibrio

    Fondo Monetario Internacional

    ©2010 International Monetary Fund

    Edición en español ©2010 Fondo Monetario Internacional

    Edición en inglés

    Producción: División de Servicios Multimedia del FMI

    Cubierta y Diseño: Luisa Menjivar y Jorge Salazar

    Composición: Maryland Composition

    Edición en español

    Sección de Español y Portugués

    Departamento de Tecnología y Servicios Generales del FMI

    Cataloging-in-Publication Data

    World economic outlook (International Monetary Fund). Spanish.

    Perspectivas de la economía mundial. – Washington, DC: Fondo Monetario Internacional.

    v.; 28 cm. – (Estudios económicos y financieros, 1020-5071)

    Semiannual

    Some issues have also thematic titles.

    Has occasional updates.

    1. Economic development–Periodicals. 2. Economic forecasting –Periodicals. 3. Economic policy—Periodicals. 4. International economic relations—Periodicals. I. International Monetary Fund. II. Series: World economic and financial surveys.

    HC10.W6818

    ISBN 978-1-58906-963-3

    Solicítese a:

    International Monetary Fund, Publication Services

    P. O. Box 92780, Washington, D.C. 20090, EE.UU.

    Tel.: (202) 623-7430 Fax: (202) 623-7201

    Correo electrónico: publications@imf.org

    www.imfbookstore.org

    Índice

    Supuestos y Convenciones

    En la preparación de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial se han adoptado los siguientes supuestos: el promedio de los tipos de cambio efectivos reales permanecerá constante en su nivel del período comprendido entre el 4 de agosto y el 1 de septiembre de 2010, con excepción de las monedas que participan en el mecanismo de tipos de cambio 2 (MTC 2) de Europa, que se ha supuesto permanecerán constantes en términos nominales en relación con el euro; las autoridades nacionales mantendrán la política económica establecida (los supuestos concretos sobre la política fiscal y monetaria de los países industriales se indican en el recuadro A1); el precio medio del petróleo será de $76,20 el barril en 2010 y $78,75 el barril en 2011, y en el mediano plazo se mantendrá constante en términos reales; el promedio de la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) para depósitos a seis meses en dólares de EE.UU. será de 0,6% en 2010 y 0,8% en 2011; la tasa de los depósitos a tres meses en euros será, en promedio, 0,8% en 2010 y 1,0% en 2011, y el promedio de la tasa de los depósitos a seis meses en yenes japoneses será de 0,6% en 2010 y 0,4% en 2011. Naturalmente, estas son hipótesis de trabajo, no pronósticos, y la incertidumbre que conllevan se suma al margen de error que de todas maneras existiría en las proyecciones. Las estimaciones y proyecciones se basan en la información estadística disponible hasta fines de septiembre de 2010.

    En esta publicación se utilizan los siguientes símbolos:

    • … Indica que no se dispone de datos o que los datos no son pertinentes.

    • – Se usa entre años o meses (por ejemplo, 2009–10 o enero–junio) para indicar los años o meses comprendidos, incluidos los años o meses mencionados.

    • / Se emplea entre años o meses (por ejemplo, 2009/10) para indicar un ejercicio fiscal o financiero.

    Los “puntos básicos” son centésimos de punto porcentual (por ejemplo, 25 puntos básicos equivalen a ¼ de punto porcentual).

    El signo $ corresponde al dólar de EE.UU.

    En los gráficos y cuadros del texto, las áreas sombreadas indican proyecciones del personal técnico del FMI.

    Cuando no se menciona la fuente en los cuadros y gráficos, los datos provienen de la base de datos de Perspectivas de la economía mundial.

    En los casos en que los países no se enumeran en orden alfabético, el orden se basa en el tamaño de su economía.

    En algunos casos el total no coincide con la suma de los componentes, debido al redondeo de las cifras.

    En esta publicación, los términos “país” y “economía” no se refieren en todos los casos a una entidad territorial que constituya un Estado conforme al derecho y a la práctica internacionales; los términos pueden designar también algunas entidades que no son Estados, pero para las cuales se mantienen datos estadísticos en forma separada e independiente.

    Se presentan datos compuestos para varios grupos de países organizados según las características económicas o por región. A menos que se indique lo contrario, los datos compuestos de los grupos de países se calculan cuando los datos ponderados están representados en un 90% o más.

    En ningún caso debe entenderse que las fronteras, los colores, las denominaciones o cualquier otra información contenida en los mapas de esta publicación reflejan la posición del FMI con respecto a la situación jurídica de ningún territorio ni la conformidad o disconformidad de la institución con dichas fronteras.

    Información Adicional

    La versión completa en inglés de Perspectivas de la economía mundial se publica en el sitio del FMI en Internet, www.imf.org, donde también se publica una compilación más completa de información extraída de la base de datos utilizada para este estudio. Los archivos, que contienen las series de datos que con mayor frecuencia solicitan los lectores, pueden copiarse en una computadora personal utilizando diferentes programas informáticos.

    Las consultas sobre el contenido de Perspectivas de la economía mundial y la base de datos de este estudio pueden dirigirse por carta, correo electrónico o fax (no se aceptan llamadas telefónicas) a:

    World Economic Studies Division

    Research Department

    International Monetary Fund

    700 19th Street, N.W.

    Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Internet: www.imf.org/weoforum Fax: (202) 623-6343

    Prefacio

    Los análisis y las proyecciones que se presentan en Perspectivas de la economía mundial forman parte integral de la supervisión que ejerce el FMI con respecto a la evolución y las políticas económicas de los países miembros, los acontecimientos en los mercados financieros internacionales y el sistema económico mundial. El análisis de las perspectivas y políticas es producto de un minucioso examen de la evolución económica mundial que llevan a cabo varios departamentos del FMI, tomando principalmente como base la información que recogen los funcionarios de la institución en sus consultas con los países miembros. Dichas consultas están a cargo sobre todo de los departamentos regionales —el Departamento de África, el Departamento de Asia y el Pacífico, el Departamento de Europa, el Departamento del Oriente Medio y Asia Central, y el Departamento del Hemisferio Occidental— conjuntamente con el Departamento de Estrategia, Políticas y Evaluación, el Departamento de Mercados Monetarios y de Capital, y el Departamento de Finanzas Públicas.

    El análisis que se presenta en este informe ha sido coordinado por el Departamento de Estudios bajo la dirección general de Olivier Blanchard, Consejero Económico y Director de Estudios. El proyecto estuvo dirigido por Jörg Decressin, Director Adjunto del Departamento de Estudios, y Petya Koeva Brooks, Jefa de División del Departamento de Estudios.

    Los principales colaboradores fueron Abdul Abiad, Pete Devries, Rupa Duttagupta, Charles Freedman, Jaime Guajardo, Prakash Kannan, Douglas Laxton, Daniel Leigh, Prachi Mishra, Andrea Pescatori, Alasdair Scott y Petia Topalova. Toh Kuan, Gavin Asdorian, Stephanie Denis, Angela Espiritu, Emory Oakes, Murad Omoev, Andy Salazar, Min Kyu Song, Ercument Tulun y Jessie Yang colaboraron en las tareas de investigación. Saurabh Gupta, Mahnaz Hemmati, Laurent Meister, Liessel Ampie, Vladimir Bougay, Anastasia Francis, Wendy Mak, Shamiso Mapondera, Nhu Nguyen, Pavel Pimenov y Steve Zhang procesaron los datos y operaron los sistemas de informática. Jenita Arshad y Tita Gunio se encargaron de la preparación del texto en inglés. También colaboraron Rudolfs Bems, John Bluedorn, Philippe Bracke, Nese Erbil, Roberto Garcia-Saltos, Robert Gregory, Thomas Helbling, Deniz Igan, Robert C. Johnson, Michael Kumhof, Prakash Loungani, Petar Manchev, Troy Matheson, Susanna Mursula, David Reichsfeld, Shaun Roache, Jair Rodriguez, Marina Rousset, Robert J. Tetlow y Kei-Mu Yi. David Romer, del Departamento de Estudios, brindó asesoramiento y apoyo. Donald Davis contribuyó como asesor externo. Kevin Clinton proporcionó comentarios y sugerencias. Linda Griffin Kean, del Departamento de Relaciones Externas, editó el manuscrito y coordinó la producción de la publicación. La versión en español estuvo a cargo de la Sección de Español y Portugués del Departamento de Tecnología y Servicios Generales.

    El análisis se ha enriquecido con sugerencias y comentarios de funcionarios de otros departamentos del FMI, y de los directores ejecutivos, que debatieron este informe el día 20 de septiembre de 2010. No obstante, cabe aclarar que las proyecciones y consideraciones de política económica corresponden al personal técnico del FMI y no deben atribuirse a los directores ejecutivos ni a las autoridades nacionales que representan.

    Introducción

    Alcanzar el objetivo de “una recuperación mundial sostenida, equilibrada y sólida”, establecido en Pittsburgh por el Grupo de los Veinte (G-20), nunca iba a ser una tarea fácil. Requiere mucho más que volver a la situación anterior. Exige emprender dos acciones económicas esenciales y difíciles al mismo tiempo.

    Primero, un reequilibrio interno: Cuando la demanda privada se desplomó, el estímulo fiscal ayudó a aliviar la caída del producto. Pero el estímulo fiscal tiene que dar paso finalmente a la consolidación fiscal, y la demanda privada debe ser lo suficientemente sólida como para tomar la iniciativa y respaldar el crecimiento.

    Segundo, un reequilibrio externo: Muchas economías avanzadas, especialmente Estados Unidos, que dependieron demasiado de la demanda interna, ahora deben depender más de las exportaciones netas. Muchas economías de mercados emergentes, particularmente China, que dependieron demasiado de las exportaciones netas, ahora deben depender más de la demanda interna.

    Estas dos acciones se están llevando a cabo con demasiada lentitud.

    La demanda interna privada permanece débil en las economías avanzadas. Esto refleja una corrección de los excesos de la etapa anterior a la crisis y las secuelas de la crisis. Los consumidores estadounidenses que se endeudaron demasiado antes de la crisis ahora están ahorrando más y consumiendo menos, y aunque esto es bueno a largo plazo, también frena la demanda a corto plazo. Los auges inmobiliarios han dado paso a las caídas inmobiliarias, y el escaso dinamismo de la inversión en vivienda se mantendrá por algún tiempo. Además, las deficiencias en el sistema financiero continúan restringiendo el crédito.

    El reequilibrio externo sigue siendo limitado. Las exportaciones netas no están contribuyendo al crecimiento en las economías avanzadas, y el déficit comercial de Estados Unidos sigue siendo cuantioso. Muchas economías de mercados emergentes continúan registrando grandes superávits en cuenta corriente y respondiendo a las entradas de capitales principalmente a través de la acumulación de reservas y no de la apreciación del tipo de cambio. Las reservas internacionales alcanzan un nivel sin precedentes y siguen aumentando.

    Esto resulta en una recuperación que no es ni sólida ni equilibrada y que corre el riesgo de no ser sostenida. Durante el último año, la acumulación de existencias y el estímulo fiscal impulsaron la economía. La primera está llegando a su fin. El segundo se está eliminando lentamente. El consumo y la inversión deben tomar la iniciativa ahora. Pero en la mayoría de las economías avanzadas, el escaso dinamismo del consumo y la inversión, junto con los limitados avances de las exportaciones netas, contribuyen al bajo nivel de crecimiento. El desempleo es elevado y apenas está disminuyendo. En cambio, en muchas economías de mercados emergentes, donde los excesos fueron limitados y las secuelas son pocas, el consumo, la inversión y las exportaciones netas están contribuyendo a un vigoroso crecimiento, y el producto vuelve a estar cerca de su nivel potencial.

    ¿Qué puede hacerse para mejorar las cosas?

    En primer lugar, donde la demanda privada sea débil, los bancos centrales deberán seguir aplicando una política monetaria acomodaticia. Hay que ser realista, no obstante: No puede hacerse mucho más, y no cabe esperar demasiado de una mayor flexibilización cuantitativa o del crédito. Si bien no hay pruebas aún de que la persistencia de bajas tasas de interés esté dando lugar a la toma excesiva de riesgos, si estos riesgos se materializaran, deberían abordarse a través de la aplicación de medidas macroprudenciales, y no de aumentos de las tasas de interés de política.

    En segundo lugar, y donde sea necesario, los gobiernos deben avanzar en el saneamiento y la reforma financiera. Muchos bancos aún tienen un nivel insuficiente de capital, y la contracción del crédito está restringiendo algunos segmentos de la demanda. La titulización, que debe desempeñar un papel importante en cualquier sistema de intermediación que se establezca en el futuro, aún sigue estando moribunda. La reforma financiera está avanzando, pero persisten dudas con respecto a las instituciones “demasiado grandes para quebrar”, el perímetro de regulación y las cuestiones transfronterizas. Cuanto más rápidamente se reduzca la incertidumbre con respecto a la reforma, mayor será el respaldo del sistema financiero a la demanda y el crecimiento.

    En tercer lugar, y también donde sea necesario, los gobiernos deben centrarse en la consolidación fiscal. Ahora lo esencial no es tanto retirar el estímulo fiscal, sino ofrecer planes creíbles a mediano plazo para la estabilización de la deuda y, finalmente, para la reducción de la deuda. Estos planes creíbles pueden incluir reglas fiscales, la creación de organismos fiscales independientes y reformas graduales de las prestaciones. No son comunes en la mayoría de los países, pero son esenciales y, una vez en marcha, brindarán a los gobiernos mayor flexibilidad fiscal para respaldar el crecimiento a corto plazo.

    En cuarto lugar, las economías de mercados emergentes con importantes superávits en cuenta corriente deben acelerar el reequilibrio. Esto no solo será beneficioso para la economía mundial, sino también para estas economías. En muchos países, las distorsiones han dado lugar a un nivel de consumo demasiado bajo o a muy poca inversión. Convendría, por lo tanto, eliminar estas distorsiones y facilitar así un aumento del consumo y la inversión. En gran medida, las fuerzas del mercado en forma de cuantiosos flujos de capital están impulsando a estos países en la dirección correcta. A menos que se compensen con una acumulación de reservas, estas entradas de capital darán lugar a una apreciación del tipo de cambio. Con la ayuda de medidas macroprudenciales y controles de capital, estos flujos contribuirán a reasignar la producción hacia bienes nacionales. Por último, si estos países aún están preocupados por las interrupciones bruscas de estos flujos, se podría mejorar la provisión de liquidez mundial y limitar la acumulación de reservas.

    Todas estas piezas están interconectadas. Si las economías avanzadas no pueden reforzar la demanda privada —interna y externa— tendrán dificultades para lograr la consolidación fiscal. Además, las inquietudes con respecto al riesgo soberano pueden descarrilar fácilmente el crecimiento. Si el crecimiento se estanca en las economías avanzadas, a las economías de mercados emergentes les será difícil “desacoplarse”. La necesidad de diseñar cuidadosamente las políticas a nivel nacional, y de fortalecer la coordinación a nivel mundial, tal vez sea más importante hoy que en el peor momento de la crisis, hace un año y medio.

    Olivier Blanchard

    Consejero Económico

    Resumen Ejecutivo

    Hasta el momento, la recuperación económica está evolucionando, en general, tal como se esperaba, aunque los riesgos a la baja siguen siendo elevados. La mayoría de las economías avanzadas y unas pocas economías emergentes todavía enfrentan importantes ajustes. La recuperación en estas economías es lenta, y el elevado desempleo plantea considerables desafíos sociales. En cambio, muchas economías emergentes y en desarrollo están registrando nuevamente un crecimiento vigoroso porque no experimentaron grandes excesos financieros justo antes de la Gran Recesión. Para lograr una recuperación sólida y sostenida deberán emprenderse simultáneamente dos acciones: por un lado, un reequilibrio interno, orientado al fortalecimiento de la demanda privada en las economías avanzadas, que permita llevar a cabo la consolidación fiscal; por el otro, un reequilibrio externo, centrado en el aumento de las exportaciones netas en los países con déficits, como Estados Unidos, y la reducción de las exportaciones netas en los países con superávits, especialmente Asia emergente. Estas dos acciones están estrechamente interrelacionadas. Un aumento de las exportaciones netas en las economías avanzadas implica una mayor demanda y un mayor crecimiento, lo que proporciona un mayor margen para la consolidación fiscal. El fortalecimiento de la demanda interna ayuda a las economías de mercados emergentes a mantener el crecimiento frente a la reducción de sus exportaciones. Deberán aplicarse varias políticas para respaldar estas dos acciones. En las economías avanzadas, habrá que acelerar la recuperación y la reforma del sector financiero para facilitar una reactivación del crédito adecuada. Además, el ajuste fiscal debe comenzar seriamente en 2011. Se necesitan urgentemente planes específicos para reducir los futuros déficits presupuestarios a fin de crear un mayor margen de maniobra para la política fiscal. Si el crecimiento mundial llega a desacelerarse mucho más de lo esperado, los países con margen de maniobra fiscal pueden aplazar algunas de las medidas de consolidación fiscal programadas. Por otra parte, las principales economías emergentes deberán seguir desarrollando nuevas fuentes de crecimiento internas, respaldadas por una mayor flexibilidad del tipo de cambio.

    Repunte de la actividad, pero retrocesos en la estabilidad financiera

    La recuperación económica siguió afianzándose durante el primer semestre de 2010. La actividad mundial creció a una tasa anual de alrededor de 5¼%, aproximadamente ½% por encima de lo previsto en la actualización de julio de 2010 de Perspectivas de la economía mundial. El fuerte aumento de la producción manufacturera y el comercio mundial obedeció al repunte de las existencias y, en los últimos meses, de la inversión fija. En muchas economías avanzadas el bajo nivel de confianza de los consumidores y la reducción de los ingresos y del patrimonio de los hogares están frenando el consumo. El crecimiento en estas economías alcanzó aproximadamente el 3½% durante el primer semestre de 2010. Es un nivel bajo, teniendo en cuenta que estas economías están saliendo de una de las recesiones más profundas desde la Segunda Guerra Mundial. La recuperación en estas economías seguirá siendo frágil mientras el repunte de la inversión empresarial no se traduzca en un mayor crecimiento del empleo. No obstante, el consumo de los hogares avanza a buen ritmo en muchas economías de mercados emergentes, en las que el crecimiento alcanzó casi 8% y la inversión está impulsando la creación de empleo. El ritmo de la recuperación varía mucho entre las distintas economías avanzadas y emergentes, cuestión que se analiza con detalle en el capítulo 2.

    Al mismo tiempo, la estabilidad financiera sufrió un importante retroceso, como se señala en la edición de octubre de 2010 del informe sobre la estabilidad financiera mundial Global Financial Stability Report (GFSR, por sus siglas en inglés). La volatilidad de los mercados aumentó y se redujo la confianza de los inversionistas. Los precios de muchas bolsas cayeron, impulsados inicialmente por las acciones financieras y por los mercados europeos. Las ventas masivas de deuda soberana de las economías vulnerables de la zona del euro sacudieron los sistemas bancarios, provocando una crisis sistémica. Esto aumentó la preocupación con respecto a la sostenibilidad de la recuperación y causó una caída de las acciones a nivel más general. Las primas de riesgo de los bonos corporativos se ampliaron, y en mayo las emisiones de estos bonos prácticamente se frenaron. La emisión en los mercados emergentes también registró una fuerte caída. Sin embargo, desde el comienzo del verano, las condiciones financieras han vuelto a mejorar. Los riesgos de cola se han reducido, gracias a la puesta en marcha de varias iniciativas de política europeas sin precedentes —el Programa del Mercado de Valores establecido por el Banco Central Europeo (BCE) y el Mecanismo de Estabilización Europeo (MSE) implementado por los gobiernos de la zona del euro— y la concentración del ajuste fiscal al comienzo del proceso. No obstante, persisten vulnerabilidades bancarias y soberanas subyacentes que constituyen un desafío significativo en un contexto de continua preocupación por los riesgos que pesan sobre la recuperación mundial.

    Cuestiones sobre el ritmo de la recuperación

    La recuperación mundial sigue siendo frágil porque aún no se han implementado las políticas necesarias para fomentar el reequilibrio interno de la demanda del ámbito público al privado y de las economías con déficits externos a las economías con superávits. Se proyecta una expansión del PIB mundial de 4,8% en 2010 y 4,2% en 2011, compatible, en términos generales, con los pronósticos anteriores, y siguen predominando los riesgos a la baja. Según las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial, el producto de las economías emergentes y en desarrollo crecerá a tasas de 7,1% y 6,4% en 2010 y 2011, respectivamente. En las economías avanzadas, sin embargo, se proyecta un crecimiento de solamente 2,7% y 2,2%, respectivamente, con una desaceleración considerable de algunas economías durante el segundo semestre de 2010 y el primer semestre de 2011. La capacidad ociosa seguirá siendo sustancial y el desempleo persistentemente elevado. Se proyecta que la inflación se mantendrá baja, en general, frente al continuo exceso de capacidad y las altas tasas de desempleo, con algunas excepciones en las economías emergentes. Predominan los riesgos a la baja sobre las perspectivas de crecimiento. No obstante, la probabilidad de que se produzca una fuerte desaceleración mundial, incluido un estancamiento o contracción en las economías avanzadas, sigue pareciendo baja.

    Se necesitan políticas más proactivas

    Deben adoptarse políticas más proactivas para lograr el reequilibrio interno y externo necesario. La mayoría de las economías avanzadas y unas pocas economías emergentes todavía enfrentan importantes ajustes; entre ellos, la necesidad de reforzar los balances de los hogares, estabilizar y, seguidamente, reducir los altos niveles de deuda pública, y sanear y reformar los sectores financieros. La política monetaria debería seguir siendo muy acomodaticia en la mayoría de las economías avanzadas y debería constituir la primea línea de defensa frente a un debilitamiento de la actividad mayor de lo esperado a medida que se reduzca el apoyo proporcionado por la política fiscal. Con tasas de política próximas a cero en las principales economías avanzadas, las autoridades de política monetaria tal vez deban recurrir a la aplicación de nuevas medidas no convencionales si la demanda privada se debilita inesperadamente a medida que disminuye el apoyo fiscal.

    El ajuste fiscal debe comenzar en 2011. Si el crecimiento mundial llega a desacelerarse mucho más de lo esperado, los países con margen de maniobra fiscal pueden aplazar algunas de las medidas de consolidación fiscal programadas. Una de las tareas más urgentes para las economías avanzadas es establecer planes que ayuden a lograr una situación fiscal sostenible antes del final de la década. Esta tarea ahora es más urgente que hace seis meses a fin de crear un mayor margen de maniobra para la política fiscal, dada la persistente volatilidad de los mercados de deuda soberana. Este margen podría ser necesario porque la política monetaria por sí sola quizá no pueda proporcionar el apoyo suficiente para hacer frente a una desaceleración de la actividad mucho más pronunciada de lo previsto.

    El endurecimiento de la política fiscal probablemente resultará contractivo para la mayoría de las economías, aunque es difícil determinar en qué grado. El análisis de episodios anteriores de consolidación fiscal presentado en el capítulo 3 parece indicar que la consolidación fiscal en las economías avanzadas tiende a reducir el crecimiento a corto plazo. La aplicación de planes de consolidación fiscal a mediano plazo creíbles y que favorezcan el crecimiento —que actualmente no son muy comunes en las economías avanzadas— ayudaría a limitar el impacto deflacionario de la consolidación sobre la demanda privada a corto plazo. Estos planes deberían incluir medidas que reformen los principales programas de gasto de rápido crecimiento, especialmente las prestaciones, y reformas tributarias que fomenten la producción, más que el consumo.

    La aplicación de políticas y prácticas más eficaces en el sector financiero de las economías avanzadas es esencial para fortalecer la capacidad de resistencia de la recuperación frente a los shocks y respaldar la demanda privada a mediano plazo. Los avances en este frente han sido muy lentos. Las dificultades aparentemente aisladas en unos pocos sectores pueden tener fuertes efectos secundarios a través de vinculaciones financieras complejas y del deterioro de la confianza, ya frágil. Según se explica en la edición de octubre de 2010 de GFSR, el insuficiente avance para corregir los problemas heredados de la crisis ha dejado vulnerables a los sistemas en las economías avanzadas. Si no se resuelven, reestructuran o consolidan con rapidez los bancos debilitados y se reconstituyen los mercados mayoristas, se planteará la necesidad de seguir proporcionando respaldo fiscal y de mantener bajas las tasas de interés para apuntalar la recuperación, lo que puede acarrear otros problemas, incluidos los efectos de contagio en las economías emergentes. A nivel más general, las autoridades económicas deben continuar aclarando y especificando la reforma regulatoria, basándose en las mejoras propuestas por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea. Esto ayudaría a las instituciones y mercados financieros a brindar más apoyo, sobre una base más firme, para el consumo y la inversión, que son esenciales para un crecimiento sólido y duradero.

    La aplicación de políticas estructurales orientadas a reforzar el crecimiento a mediano plazo también contribuirá a apuntalar la normalización necesaria de las políticas macroeconómicas en las economías avanzadas. Si bien para aumentar el empleo son esenciales las políticas macroeconómicas acomodaticias y el saneamiento y reforma del sector financiero, en varias economías, a mediano plazo es posible promover el crecimiento y la creación de empleo, y reducir el alto desempleo, mediante políticas relativas a los mercados de trabajo. Por medio de reformas complementarias de los mercados de productos y servicios podrían reforzarse los efectos en el empleo, al fomentar la demanda de trabajo y mejorar los salarios reales a través de una mayor competencia y la reducción de los márgenes de ganancia sobre los precios.

    Muchas economías emergentes vuelven a registrar altas tasas de crecimiento, pero siguen dependiendo considerablemente de la demanda de las economías avanzadas. El capítulo 4 deja claro que la demanda de importaciones por parte de las economías avanzadas continuará situándose por debajo de las tendencias previas a la crisis, dada la fuerte proporción de los bienes duraderos de consumo y los bienes de inversión en el comercio. Por lo tanto, las economías emergentes que dependían mucho de la demanda proveniente de estas economías avanzadas tendrán que concentrarse más en las fuentes internas de crecimiento para lograr tasas de crecimiento similares a las registradas antes de la crisis, lo que ayudará al reequilibrio externo necesario. En las economías con excesivos superávits externos, principalmente las de Asia emergente, el endurecimiento de la política fiscal debe quedar relegado a segundo plano con respecto a la restricción monetaria y al ajuste cambiario. La eliminación de las distorsiones que favorecen el alto nivel de las tasas de ahorro de los hogares y las empresas y desalientan la inversión en sectores de bienes no transables facilitaría el reequilibrio del crecimiento impulsado por fuerzas internas. Este reequilibrio requerirá una mayor desregulación y reforma de los sectores financieros y del gobierno corporativo, y el fortalecimiento de las redes de protección social en las economías clave de Asia. En muchas otras economías emergentes, el endurecimiento de la política fiscal puede comenzar inmediatamente, ya que la recuperación de la demanda interna está bien encaminada o la deuda pública es relativamente elevada. En varias economías emergentes, el aumento de la inflación o el elevado crecimiento del crédito también aconsejan establecer condiciones monetarias más restrictivas.

    Muchas economías emergentes y en desarrollo ya han concluido con éxito la reforma de primera generación que mejoró sus marcos de política macroeconómica, fortaleciendo su capacidad de resistencia a shocks macroeconómicos. Sin embargo, a fin de afianzar o incrementar su potencial de crecimiento y de empleo, sería útil que los esfuerzos se centraran en simplificar la regulación de los mercados de productos y de servicios, desarrollar el capital humano y crear la infraestructura fundamental. Estas reformas también ayudarían a absorber los crecientes flujos de capital en forma productiva, lo que aceleraría la convergencia de los ingresos mundiales y el reequilibrio externo. Como se subraya en el capítulo 1 y en la edición de octubre de 2010 del informe GFSR, cabe esperar que estos flujos aumenten a mediano plazo, a medida que mejora el desempeño económico de las economías emergentes en relación con el de las economías avanzadas, los rendimientos de las economías avanzadas siguen siendo bajos durante algún tiempo y los inversionistas institucionales de las economías avanzadas continúan diversificando sus exposiciones.

    Se necesitarán medidas de política contundentes y coordinadas entre todos los países para limitar las repercusiones de la Gran Recesión. Los datos históricos parecen indicar que, en general, los países afectados por crisis financieras sufren pérdidas permanentes del producto en relación con las tendencias previas a la crisis. No obstante, los resultados observados después de cada crisis varían mucho y dependen de la solidez de las medidas de política aplicadas. Hasta el momento se ha avanzado mucho a través de la coordinación de las medidas de política para aliviar las tensiones de liquidez y restablecer la confianza, lo que ha sido esencial para el repunte de la actividad. De cara al futuro, las autoridades económicas enfrentan el desafío de poner en práctica, de manera coordinada, un conjunto de políticas que respalden los ajustes fundamentales necesarios para volver a un crecimiento sólido a mediano plazo.

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