Front Matter

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
June 2009
    Share
    • ShareShare
    Show Summary Details

    Estudios económicos y financieros

    PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA MUNDIAL

    Abril de 2009

    Crisis y recuperación

    Fondo Monetario Internacional

    ©2009 International Monetary Fund

    Edición en español ©2009 Fondo Monetario Internacional

    Edición en inglés

    Producción: División de Servicios Multimedia del FMI

    Cubierta y diseño: Luisa Menjivar y Jorge Salazar

    Composición gráfica: Julio Prego

    Edición en español

    Sección de Español y Portugués

    Departamento de Tecnología

    y Servicios Generales del FMI

    Cataloging-in-Publication Data

    World economic outlook (International Monetary Fund). Spanish.

    Perspectivas de la economía mundial – [Washington, DC]: Fondo Monetario Internacional, 1980-

    v.; 28 cm. – (Estudios económicos y financieros, 1020-5071)

    Semiannual

    Has occasional updates. Some issues also have distinctive titles.

    Spanish translation of: World economic outlook.

    1. International economic relations – Periodicals. 2. Debts, External – Periodicals. 3. Balance of payments – Periodicals. 4. International finance – Periodicals. 5. Foreign trade regulation – Periodicals. 6. Loans, Foreign – Periodicals. 7. Monetary policy – Periodicals. 8. Economic development – Periodicals. 9. Forecasting – Periodicals. I. International Monetary Fund. II. Title. III. Series (World economic and financial surveys).

    HC10.W797918

    ISBN 978-1-58906-832-2

    Solicítese a:

    International Monetary Fund, Publication Services

    700 19th Street, N.W., Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Tel.: (202) 623-7430 Fax: (202) 623-7201

    Correo electrónico: publications@imf.org

    Internet: www.imfbookstore.org

    en papel reciclado

    Índice

    Supuestos y convenciones

    En la preparación de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial se han adoptado los siguientes supuestos: el promedio de los tipos de cambio efectivos reales permanecerá constante en su nivel del período comprendido entre el 25 de febrero y el 25 de marzo de 2009, con excepción de las monedas que participan en el mecanismo de tipos de cambio 2 (MTC 2) de Europa, que se ha supuesto permanecerán constantes en términos nominales en relación con el euro; las autoridades nacionales mantendrán la política económica establecida (los supuestos concretos sobre la política fiscal y monetaria de los países industriales se indican en el recuadro A1); el precio medio del petróleo será de $52,00 el barril en 2009 y $62,50 el barril en 2010, y en el mediano plazo se mantendrá constante en términos reales; el promedio de la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) para depósitos a seis meses en dólares de EE.UU. será de 1,5% en 2009 y 1,4% en 2010; la tasa de los depósitos a tres meses en euros será, en promedio, 1,6% en 2009 y 2,0% en 2010, y el promedio de la tasa de los depósitos a seis meses en yenes japoneses será de 1,0% en 2009 y 0,5% en 2010. Naturalmente, estas son hipótesis de trabajo, no pronósticos, y la incertidumbre que conllevan se suma al margen de error que de todas maneras existiría en las proyecciones. Las estimaciones y proyecciones se basan en la información estadística disponible hasta mediados de abril de 2009.

    En esta publicación se utilizan los siguientes símbolos:

    … Indica que no se dispone de datos o que los datos no son pertinentes.

    – Se usa entre años o meses (por ejemplo, 2006–07 o enero–junio) para indicar los años o meses comprendidos, incluidos los años o meses mencionados.

    / Se emplea entre años o meses (por ejemplo, 2006/07) para indicar un ejercicio fiscal o financiero.

    Los “puntos básicos” son centésimos de punto porcentual (por ejemplo, 25 puntos básicos equivalen a ¼ de punto porcentual).

    El signo $ corresponde al dólar de EE.UU.

    En los gráficos y cuadros del texto, las áreas sombreadas indican proyecciones del personal técnico del FMI.

    Cuando no se menciona la fuente en los cuadros y gráficos, los datos provienen de la base de datos de Perspectivas de la economía mundial.

    En los casos en que los países no se enumeran en orden alfabético, el orden se basa en el tamaño de sus economías.

    En algunos casos el total no coincide con la suma de los componentes, debido al redondeo de las cifras.

    En esta publicación, el término “país” no se refiere en todos los casos a una entidad territorial que constituya un Estado conforme al derecho y a la práctica internacionales; el término puede designar también algunas entidades que no son Estados, pero para las cuales se mantienen datos estadísticos en forma separada e independiente.

    Información adicional

    La versión completa en inglés de Perspectivas de la economía mundial se ha publicado en el sitio del FMI en Internet, www.imf.org, donde también se publica una compilación más completa de información extraída de la base de datos utilizada para este estudio. Los archivos, que contienen las series de datos que solicitan con más frecuencia los lectores, pueden copiarse en una computadora personal utilizando diferentes programas informáticos.

    Las consultas sobre el contenido de Perspectivas de la economía mundial y la base de datos de este estudio pueden enviarse por carta, correo electrónico o fax (no se aceptan llamadas telefónicas) a:

    World Economic Studies Division

    Research Department

    International Monetary Fund

    700 19th Street, N.W.

    Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Correo electrónico: weo@imf.org Fax: (202) 623-6343

    Prefacio

    Los análisis y las proyecciones que se presentan en Perspectivas de la economía mundial forman parte integral de la supervisión que ejerce el FMI con respecto a la evolución y las políticas económicas de los países miembros, los acontecimientos en los mercados financieros internacionales y el sistema económico mundial. El análisis de las perspectivas y políticas es producto de un minucioso examen de la evolución económica mundial que llevan a cabo varios departamentos del FMI tomando principalmente como base la información que recogen los funcionarios de la institución en sus consultas con los países miembros. Dichas consultas están a cargo sobre todo de los departamentos regionales, conjuntamente con el Departamento de Estrategia, Políticas y Evaluación, el Departamento de Mercados Monetarios y de Capital, y el Departamento de Finanzas Públicas.

    El análisis que se presenta en este informe ha sido coordinado por el Departamento de Estudios bajo la dirección general de Olivier Blanchard, Consejero Económico y Director de Estudios. El proyecto estuvo dirigido por Charles Collyns, Subdirector del Departamento de Estudios, y Jörg Decressin, Jefe de División del Departamento de Estudios.

    Los principales colaboradores fueron Ravi Balakrishnan, Jaromir Benes, Petya Koeva Brooks, Kevin Cheng, Stephan Danninger, Selim Elekdag, Thomas Helbling, Prakash Kannan, Douglas Laxton, Alasdair Scott, Natalia Tamirisa, Marco Terrones e Irina Tytell. Toh Kuan, Gavin Asdorian, Stephanie Denis, Murad Omoev, Jair Rodriguez, Ercument Tulun y Jessie Yang colaboraron en las tareas de investigación. Saurabh Gupta, Mahnaz Hemmati, Laurent Meister y Emory Oakes procesaron los datos y operaron los sistemas de informática. Jemille Colon, Tita Gunio, Shanti Karunaratne, Patricia Medina y Sheila Tomilloso Igcasenza se encargaron de la preparación del texto en inglés. Julio Prego asistió en el diseño gráfico. También colaboraron Kevin Clinton, Dale Gray, Marianne Johnson, Ondrej Kamenik, Ayhan Kose, Prakash Loungani, David Low y Dirk Muir. Los asesores externos fueron Menzi Chinn y Don Harding. Linda Griffin Kean, del Departamento de Relaciones Externas, coordinó la producción de la publicación. La versión en español estuvo a cargo de la Sección de Español y Portugués del Departamento de Tecnología y Servicios Generales.

    El análisis se ha enriquecido con sugerencias y comentarios de funcionarios de otros departamentos del FMI, y de los directores ejecutivos tras el debate de este informe el día 13 de abril de 2009. No obstante, cabe aclarar que las proyecciones y consideraciones de política económica corresponden al personal técnico del FMI y no deben atribuirse a los directores ejecutivos ni a las autoridades nacionales que representan.

    Introducción de Perspectivas de la economía mundial y Global Financial Stability Report

    Perspectivas

    Se proyecta que la actividad económica mundial sufrirá una contracción de 1,3% en 2009, a pesar de las enérgicas medidas tomadas para restablecer la salud del sector financiero y el uso continuo de mecanismos de política macroeconómica para apoyar la demanda agregada. Es decir que esta sería, por un amplio margen, la recesión más profunda desde la segunda guerra mundial. Además, la desaceleración es de carácter verdaderamente mundial; según las proyecciones, el producto per cápita se contraerá en los países que representan las tres cuartas partes de la economía mundial. El crecimiento retornará en 2010, pero solo a un nivel de 1,9%, que sería flojo en comparación con otras recuperaciones.

    Las proyecciones están basadas en la hipótesis de que la estabilización del mercado financiero tomará mucho más tiempo de lo que se había previsto, aun pese a los vigorosos esfuerzos desplegados por las autoridades. Por lo tanto, se proyecta que las condiciones en los mercados maduros mejorarán lentamente, en la medida en que se disipen las preocupaciones de insolvencia conforme vaya aclarándose la situación de las pérdidas por activos de mala calidad y de las inyecciones de capital público, y en que disminuyan los riesgos de contraparte y la volatilidad. En la edición de abril de 2009 de Global Financial Stability Report (GFSR) (informe sobre la estabilidad financiera mundial) se estima, en función de varios supuestos, que las rebajas contables aplicadas desde el inicio de la crisis a todas las tenencias de activos originados en Estados Unidos equivaldrán en total a $2,7 billones, frente a los $2,2 billones estimados en la actualización de GFSR en enero de 2009. Si se incluyen los activos originados en otros mercados maduros, el total de rebajas contables podría ascender a $4 billones en los próximos dos años, de los cuales aproximadamente dos tercios podrían ser absorbidos por los bancos. Por lo tanto, según las previsiones, el crédito global al sector privado de las economías avanzadas se reducirá en 2009 y 2010. Debido a las agudas tensiones en los mercados maduros y la concentración de estas en el sistema bancario, los flujos de capital a las economías emergentes permanecerán en niveles muy bajos.

    Las proyecciones además suponen un fuerte y continuo apoyo mediante políticas macroeconómicas. Se prevé que las tasas de interés de política monetaria bajarán o permanecerán cercanas al límite de cero en las principales economías avanzadas, mientras los bancos centrales siguen buscando estrategias no convencionales que les permitan aprovechar el tamaño y la composición de sus balances para relajar las condiciones de crédito y proporcionar liquidez. Los déficits fiscales se ampliarán considerablemente en las economías avanzadas y emergentes, ya que se supone que se permitirá la activación de los estabilizadores automáticos y que los gobiernos de los países del G-20 pondrán en marcha planes de estímulo fiscal por montos equivalentes al 2% del PIB en 2009 y el 1½% del PIB en 20101.

    Las perspectivas actuales son excepcionalmente inciertas, con riesgos aún inclinados a la baja. Una de las mayores preocupaciones es la posibilidad de que las políticas no sean suficientes para romper el círculo vicioso de repercusiones negativas entre el deterioro de las condiciones financieras y el debilitamiento de las economías, en vista del limitado respaldo público a favor de la toma de medidas.

    Desafío en materia de políticas

    Las difíciles e inciertas perspectivas justifican que se sigan tomando enérgicas medidas de política en los ámbitos financiero y macroeconómico para crear condiciones que permitan un retorno al crecimiento sostenido. Si bien las políticas tienen que centrarse en las necesidades nacionales, se precisa una mayor cooperación internacional para no exacerbar las tensiones transnacionales. Hay que aprovechar el ímpetu generado en la cumbre del G-20 celebrada en Londres en abril para destacar lo importantes que resultan la coordinación y colaboración en torno a las políticas financieras a la hora de impedir que las medidas tomadas en un país tengan efectos secundarios en otros países. Al mismo tiempo, el apoyo internacional —incluidos los recursos adicionales que se están poniendo a disposición del FMI—puede ayudar los países a amortiguar el impacto de la crisis financiera en la actividad real y a limitar las repercusiones en la pobreza, sobre todo en las economías en desarrollo.

    Reparar los sectores financieros

    La principal prioridad en materia de políticas para garantizar una recuperación económica perdurable es el restablecimiento de la salud del sector financiero. Las tres prioridades consignadas en ediciones anteriores de GFSR siguen siendo válidas: 1) garantizar que las instituciones financieras tengan acceso a la liquidez, 2) identificar los activos problemáticos y resolver su situación y 3) recapitalizar las instituciones débiles pero viables y resolver la situación de las instituciones quebradas.

    La piedra angular de una solución duradera tiene que ser un reconocimiento creíble de las pérdidas derivadas de los activos deteriorados. A tales efectos, los gobiernos tienen que adoptar metodologías básicas comunes para valorar de forma realista y previsora los instrumentos de crédito titulizados. El problema de los activos de mala calidad puede solucionarse por diversos métodos, siempre que estos cuenten con un financiamiento adecuado y se ejecuten de manera transparente.

    La recapitalización de los bancos tiene que basarse en un examen minucioso de la viabilidad futura de las instituciones, teniendo en cuenta las rebajas contables del valor de los activos aplicadas hasta la fecha y una evaluación realista de la posibilidad de que se apliquen nuevas rebajas. Los supervisores evaluarán las necesidades de recapitalización de cada uno de los bancos, por lo que tendrán que comprobar la calidad del capital de las instituciones y la solidez de sus fuentes de financiamiento, sus planes de operaciones y sus procesos de gestión del riesgo, la prudencia de las políticas de remuneración y la solidez de las políticas de administración. En las instituciones financieras viables que no están suficientemente capitalizadas tienen que realizarse intervenciones sin demora, que pueden implicar períodos transitorios de control público hasta que surja una solución del sector privado. En el caso de las instituciones no viables, la intervención tiene que ser inmediata, y puede implicar cierres o fusiones. En general, el apoyo estatal al sector financiero debe ser temporal, y ha de retirarse tan pronto sea posible. La cuantía de los fondos públicos necesarios probablemente será considerable, pero las necesidades tenderán a ser más onerosas cuanto más se postergue la solución.

    En las economías emergentes también será necesario desplegar amplios esfuerzos para abordar las tensiones financieras en los sectores bancario y empresarial. Quizás esté justificado el suministro de apoyo público directo para los préstamos a empresas. Algunos países también han extendido las garantías públicas de deuda bancaria al sector de las empresas, y han apoyado el financiamiento del comercio con mecanismos de respaldo. Además, los planes para contingencias deben elaborarse teniendo en cuenta la posibilidad de una reestructuración a gran escala en el caso de que las circunstancias se deterioren aún más.

    Apoyar la demanda agregada

    En las economías avanzadas el margen de maniobra restante de la política monetaria debe usarse decisivamente para apoyar la demanda y contrarrestar los riesgos de deflación. Dado que está prácticamente agotado el margen para seguir bajando las tasas de interés, los bancos centrales tendrán que seguir buscando medidas menos convencionales, basadas en el tamaño y la composición de sus propios balances, para incentivar la intermediación del crédito.

    Las economías emergentes también tienen que relajar las condiciones monetarias en respuesta al deterioro de las perspectivas. Sin embargo, en muchas de esas economías la tarea del banco central se ve aún más complicada por la necesidad de preservar la estabilidad externa en un entorno de flujos de financiamiento muy frágiles y descalces de los balances debidos al endeudamiento interno en monedas extranjeras. Por lo tanto, si bien han bajado las tasas de interés a raíz de la desaceleración mundial, la mayoría de los bancos centrales de estas economías han hecho bien en proceder con cautela para seguir incentivando las entradas de capital y evitar fluctuaciones desordenadas de los tipos de cambio.

    En vista de la magnitud de la desaceleración y las limitaciones de las medidas de política monetaria, la política fiscal tiene que brindar un apoyo vital a corto plazo a la economía mundial. Los gobiernos han tomado medidas para proporcionar un estímulo sustancial en 2009; pero ahora se está viendo que el esfuerzo tendrá que prolongarse, si no incrementarse, por lo menos durante 2010, y los países que tengan margen de maniobra fiscal deben estar preparados para adoptar las nuevas medidas de estímulo que sean necesarias para apoyar la recuperación. No obstante, el margen para brindar apoyo fiscal se reducirá si estas medidas minan la credibilidad. En las economías avanzadas, la credibilidad depende de que se aborden los desafíos fiscales a mediano plazo relacionados con el envejecimiento de la población. Pese a ser considerables, los costos de la actual crisis financiera resultan insignificantes frente a los costos inminentes derivados del aumento del gasto público en seguridad social y salud para la tercera edad. También es conveniente elegir medidas de estímulo que fomenten al máximo el potencial de la economía a largo plazo, como el gasto en infraestructura. Para aprovechar completamente las ventajas para la economía mundial, el estímulo fiscal tiene que ser un esfuerzo mancomunado entre los países que cuentan con margen de maniobra fiscal.

    De cara a futuro, el desafío clave consistirá en calibrar el ritmo al que se deberán replegar las actuales medidas excepcionales de estímulo monetario y fiscal. Un repliegue muy apresurado podría truncar una recuperación que tenderá a ser frágil, pero una retirada muy lenta podría dar origen a nuevas burbujas de precios de los activos y a un desgaste de la credibilidad. En la actual coyuntura, la principal prioridad consiste en no retirar el estímulo prematuramente, y en formular y poner en marcha estrategias coherentes para esa retirada.

    Descomprimir el financiamiento externo

    El crecimiento de muchas economías emergentes y en desarrollo se está desacelerando drásticamente, y será esencial un financiamiento externo adecuado proveniente de fuentes oficiales para suavizar el ajuste y evitar una crisis externa. Junto con otros organismos, el FMI ya les está proporcionando financiamiento a varias de esas economías. El acuerdo del G-20 para incrementar los recursos del FMI ampliará ese apoyo. Además, la nueva Línea de Crédito Flexible del FMI seguramente contribuirá a moderar el riesgo de una interrupción repentina de las entradas de capital y, junto con la reforma del marco de condicionalidad, a desplegar esos recursos adicionales con rapidez y eficacia cuando sea necesario. Desde el punto de vista de las economías más pobres, el apoyo suplementario de los donantes es esencial para que no peligren los importantes avances logrados en contra de la pobreza y en pro de la estabilidad financiera.

    Desafíos en materia de políticas a mediano plazo

    Las causas fundamentales de la falla del mercado que condujo a la actual crisis fueron el optimismo derivado de un largo período de crecimiento vigoroso y los niveles bajos y la volatilidad de las tasas de interés reales, además de una serie de fallas de las políticas. Estas fallas plantean importantes desafíos a mediano plazo para las autoridades. En cuanto a las políticas financieras, la tarea ahora consiste en ampliar y flexibilizar el perímetro de regulación para que abarque a todas las instituciones pertinentes desde el punto de vista sistémico. Además, hay que formular una estrategia macroprudencial tanto para la regulación como para la política monetaria. Es necesario reforzar la coordinación y colaboración internacional en materia de políticas, por ejemplo, mejorando los sistemas de alerta anticipada y estableciendo una comunicación más abierta sobre los riesgos. Se debe evitar el proteccionismo comercial y financiero, y una rápida conclusión de la Ronda de Doha de negociaciones comerciales multilaterales revitalizará las perspectivas de crecimiento mundial.

    Olivier BlanchardJosé Viñals
    Consejero EconómicoConsejero Financiero

    El Grupo de los Veinte está integrado por 19 países (Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, el Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía) y la Unión Europea.

    Resumen ejecutivo

    La economía mundial atraviesa una recesión aguda provocada por una crisis financiera masiva y una grave pérdida de confianza. Si bien la desaceleración debería moderarse a partir del segundo trimestre, se proyecta una contracción del producto de 1,3% en 2009 en general, y una recuperación tan solo gradual en 2010, con un crecimiento de 1,9%. La reactivación dependerá de que se redoblen los esfuerzos para restablecer la salud del sector financiero y de que se siga apoyando la demanda con políticas monetarias y fiscales más expansivas.

    Evolución económica y financiera reciente

    Las economías de todo el mundo se han visto seriamente afectadas por la crisis financiera y la desaceleración de la actividad. El PIB real de las economías avanzadas se redujo en una cifra sin precedentes de 7½% en el cuarto trimestre de 2008, y se estima que en el primer trimestre de 2009 el producto debe haber seguido disminuyendo a un ritmo casi igual. La economía de Estados Unidos quizá sea la que más ha padecido las consecuencias de las crecientes tensiones financieras y el continuo enfriamiento del sector de la vivienda, pero Europa occidental y las economías avanzadas de Asia se han visto duramente perjudicadas por el colapso del comercio mundial, así como por el agravamiento de sus propios problemas financieros y las correcciones del sector inmobiliario en algunos mercados nacionales. Las economías de mercados emergentes también están experimentando problemas graves y, en cifras agregadas, se contrajeron un 4% en el cuarto trimestre. El daño llegó a través de canales financieros y comerciales, particularmente en los países de Asia oriental que dependen mucho de la exportación de manufacturas y en las economías emergentes de Europa y de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), cuyo crecimiento ha dependido de las importantes afluencias de capital.

    El veloz enfriamiento de la actividad mundial ha coincidido con una rápida disipación de las presiones inflacionarias. Los precios de las materias primas retrocedieron considerablemente con respecto a los máximos registrados a mediados de año, lo cual causó una pérdida particularmente ingente de ingresos en las economías de Oriente Medio y de la CEI, pero también en muchos otros países exportadores de esos productos en América Latina y África. Al mismo tiempo, la creciente atonía económica ha contenido los aumentos de los sueldos y reducido los márgenes de utilidad. Así, la inflación general de 12 meses en las economías avanzadas descendió a menos de 1% en febrero de 2009, aunque la inflación subyacente permaneció en el rango de 1½%–2%, con la notable excepción de Japón. La inflación también se ha moderado significativamente en las distintas economías emergentes, aunque en algunos casos las depreciaciones de los tipos de cambio han atenuado esa tendencia descendente.

    Las diversas y a menudo poco convencionales medidas de política que se han tomado no han sido del todo eficaces a la hora de estabilizar los mercados financieros y frenar la caída de la producción, y no han logrado detener las repercusiones nocivas entre el debilitamiento de la actividad y las fuertes tensiones financieras. Algunas de las iniciativas para contener el colapso comprenden inyecciones de capital público y una batería de servicios de suministro de liquidez, medidas monetarias expansivas y programas de estímulo fiscal. Si bien ha habido señales alentadoras de una reanimación económica desde la reunión del Grupo de los Veinte (G-20) a comienzos de abril, la confianza en los mercados financieros sigue siendo escasa, y eso empaña las perspectivas de pronta recuperación económica.

    En la edición de abril de 2009 de Global Financial Stability Report (GFSR) (informe sobre la estabilidad financiera mundial), se estima que las rebajas contables que todas las instituciones financieras aplicarán a los activos originados en Estados Unidos en 2007–10 equivaldrán a $2,7 billones, frente a los $2,2 billones estimados en enero de 2009, en gran medida como resultado del deterioro de las perspectivas de crecimiento económico. Según estimaciones, las rebajas contables totales derivadas de exposiciones crediticias a escala mundial ascenderán a aproximadamente $4 billones, de las cuales dos tercios serán absorbidas por los bancos y el resto por compañías de seguro, fondos de pensiones, fondos de inversión libre (hedge funds) y otras entidades de intermediación. A escala mundial, los bancos están restringiendo el acceso al crédito (y seguirán haciéndolo) porque la cantidad excesiva de activos de mala calidad y la incertidumbre con respecto a la solvencia futura de las instituciones están ahuyentando los capitales privados. Las dificultades se han extendido más allá de los mercados de financiamiento a corto plazo en las economías avanzadas. Muchas empresas no financieras no pueden obtener capital de trabajo, y algunas están enfrentando dificultades a la hora de obtener préstamos a más largo plazo.

    El repliegue generalizado de los inversionistas extranjeros y los bancos de las economías emergentes y la consiguiente acumulación de presiones de financiamiento son especialmente preocupantes. Las nuevas emisiones de valores prácticamente se han paralizado, los flujos bancarios han disminuido, los diferenciales de los bonos se han disparado, las cotizaciones bursátiles han bajado y los mercados cambiarios están soportando fuertes presiones. Aparte del recrudecimiento general de la aversión al riesgo, las causas se encuentran en los perjuicios sufridos por los bancos y los hedge funds en las economías avanzadas, la tendencia a colocar fondos bajo la protección que ofrecen las mayores garantías de los mercados maduros y la creciente incertidumbre acerca de las perspectivas económicas y los factores de vulnerabilidad de las economías emergentes.

    Un importante efecto derivado de la crisis financiera es la fuga hacia activos seguros y una renovada preferencia por las inversiones nacionales, con consecuencias para las principales monedas del mundo. Desde septiembre de 2008, el dólar de EE.UU., el euro y el yen se han fortalecido en términos efectivos reales. El renminbi chino y las divisas vinculadas al dólar (incluidas las de países de Oriente Medio) también se han apreciado. La mayoría de las monedas de otras economías emergentes se han depreciado notablemente, pese al uso de reservas internacionales como mecanismo de apoyo.

    Perspectivas y riesgos

    Las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial tienen como supuesto que la estabilización del mercado financiero tomará más tiempo de lo que se había previsto, aun pese a los vigorosos esfuerzos desplegados por las autoridades. Por lo tanto, se proyecta que las tensiones financieras en los mercados maduros seguirán siendo considerables hasta bien entrado 2010, y se aliviarán con lentitud en la medida en que se disipen las preocupaciones de insolvencia, disminuyan los riesgos de contraparte y retornen las condiciones de mayor liquidez al mercado conforme vaya aclarándose la situación de las pérdidas por activos de mala calidad y de las inyecciones de capital público. Según las previsiones, el crédito global al sector privado de las economías avanzadas se reducirá en 2009 y 2010, y los países de economías emergentes y en desarrollo tendrán acceso muy limitado al financiamiento externo en ambos años. Así lo corroboran las conclusiones del capítulo 4, según las cuales las agudas tensiones en los mercados maduros y su concentración en el sistema bancario indican que los flujos de capital a las economías emergentes sufrirán mermas significativas y se recuperarán lentamente.

    Las proyecciones también suponen un fuerte apoyo brindado por las políticas macroeconómicas. Se prevé que las tasas de interés de política monetaria bajarán o permanecerán cercanas al límite de cero en las principales economías avanzadas, mientras los bancos centrales siguen buscando maneras de aprovechar el tamaño y la composición de sus balances para relajar las condiciones de crédito. Los déficits fiscales se ampliarán considerablemente en las economías avanzadas y emergentes, ya que se supone que los gobiernos de los países del G-20 pondrán en marcha planes de estímulo fiscal por montos equivalentes al 2% del PIB en 2009 y 1½% del PIB en 2010. Las proyecciones asimismo se basan en el supuesto de que los precios de las materias primas permanecerán en niveles cercanos a los de 2009 y que subirán moderadamente en 2010, según los precios en los mercados de futuros.

    Aun teniendo en cuenta las enérgicas medidas de política, y previendo una moderación del ritmo de contracción a partir de segundo trimestre, se proyecta que la actividad mundial disminuirá un 1,3% en 2009, lo que representa una considerable revisión a la baja de las proyecciones presentadas en enero en la actualización de Perspectivas de la economía mundial. Es decir que esta sería, por un amplio margen, la recesión más profunda desde la segunda guerra mundial. Además, la desaceleración es de carácter verdaderamente mundial: se proyecta que el producto per cápita se contraerá en los países que representan las tres cuartas partes de la economía mundial, y el crecimiento en prácticamente todos los países se ha desacelerado drásticamente en relación con las tasas observadas en 2003–07. El crecimiento retornará en 2010, pero solo a un nivel de 1,9%, que sería flojo en comparación con otras recuperaciones, y coincidiría con las conclusiones del capítulo 3 en el sentido de que las recuperaciones después de crisis financieras son mucho más lentas que otras recuperaciones.

    Las perspectivas actuales son excepcionalmente inciertas, con los riesgos inclinados a la baja. La principal inquietud es que las políticas sigan siendo insuficientes para romper el círculo vicioso de repercusiones negativas entre el deterioro de las condiciones fiscales y el debilitamiento de las economías, particularmente en vista del limitado respaldo público a favor de la adopción de políticas. Algunos de los canales clave de transmisión son el número creciente de incumplimientos de pago de las empresas y los hogares —que causan nuevas bajas de los precios de las acciones y multiplican las pérdidas en los balances financieros—y nuevos eventos sistémicos que complican aún más el restablecimiento de la credibilidad. Además, en un contexto de gran incertidumbre, las políticas fiscales y monetarias pueden no surtir el efecto esperado, ya que las altas tasas de ahorro precautorio podrían reducir los multiplicadores fiscales, y las medidas para relajar las condiciones de financiamiento quizá no logren moderar el ritmo del desapalancamiento. Sin embargo, por el lado positivo, una aplicación firme de las políticas que convenza a los mercados de que las tensiones financieras están siendo confrontadas con decisión podría reactivar la confianza y los compromisos de gasto.

    Incluso después de que la crisis haya terminado vendrá un difícil período de transición, con tasas de crecimiento del producto bastante inferiores a las de años recientes. Será necesario reducir el apalancamiento financiero, lo que implica un menor crecimiento del crédito y una mayor escasez de financiamiento que en años recientes, sobre todo en las economías emergentes y en desarrollo. Por otro lado, habrá que reducir los déficits fiscales justo cuando el envejecimiento de la población está acelerándose en varias economías avanzadas. Además, en las principales economías avanzadas los hogares probablemente seguirán reponiendo sus ahorros por algún tiempo. Todos estos factores entorpecerán el crecimiento real y potencial a mediano plazo.

    Desafíos en materia de políticas

    Estas difíciles e inciertas perspectivas justifican la toma de medidas de política enérgicas en los ámbitos financiero y macroeconómico. Las crisis financieras pasadas han demostrado que las demoras a la hora de atacar el problema de fondo se traducen en una desaceleración económica aún más prolongada e incluso más costosa, tanto para los contribuyentes como para la actividad económica. Las autoridades tienen que ser concientes de las ramificaciones internacionales de las políticas que decidan adoptar. Las iniciativas a favor de los socios comerciales y financieros —como los programas de estímulo fiscal y el apoyo oficial a los flujos internacionales de financiamiento—ayudarán a apoyar la demanda mundial, y eso generará beneficios colectivos. En cambio, un deslizamiento hacia el proteccionismo comercial y financiero sería muy perjudicial para todos, como lo demostraron en forma contundente las políticas de “empobrecimiento del vecino” aplicadas en los años treinta.

    Impulsar la reestructuración del sector financiero

    En estas circunstancias, la principal prioridad en materia de políticas es la reestructuración del sector financiero. Los avances convincentes en este ámbito son una condición indispensable para que la recuperación económica se afiance, además de que reforzarían significativamente la eficacia del estímulo monetario y fiscal. A corto plazo, las tres prioridades consignadas en ediciones anteriores de GFSR siguen siendo válidas: 1) garantizar que las instituciones financieras tengan acceso a la liquidez, 2) identificar los activos problemáticos y resolver su situación, y 3) recapitalizar las instituciones débiles pero viables. La primera prioridad está siendo abordada de manera enérgica, pero es necesario dar un impulso más contundente a las iniciativas de política en los otros dos aspectos.

    La piedra angular de una solución duradera tiene que ser un reconocimiento creíble de las pérdidas derivadas de los activos deteriorados. A tales efectos, los gobiernos tienen que adoptar metodologías básicas comunes para valorar de forma realista los instrumentos de crédito titulizados. Dichas metodologías han de basarse en las condiciones económicas previstas y en un intento de estimación del valor del flujo de ingresos futuro. Se precisarán asimismo medidas que reduzcan considerablemente la incertidumbre relacionada con nuevas pérdidas derivadas de estas exposiciones. El problema de los activos de mala calidad puede solucionarse por diversos métodos, siempre que estos cuenten con un financiamiento adecuado y se ejecuten de manera transparente.

    Los métodos de recapitalización tienen que basarse en un examen minucioso de la viabilidad a largo plazo de las instituciones, que debe tener en cuenta las pérdidas sufridas hasta la fecha y una evaluación realista de la posibilidad de que se apliquen nuevas rebajas contables del valor de los activos. Según las estimaciones de GFSR, que están basadas en varios supuestos, las necesidades de capital podrían estar entre $275.000 millones y $500.000 millones en el caso de los bancos de Estados Unidos, $475.000 millones y $950.000 millones en el caso de los bancos europeos (excluidos los del Reino Unido), y $125.000 millones y $250.000 millones en el caso de los bancos del Reino Unido1. Los supervisores evaluarán las necesidades de recapitalización de cada uno de los bancos, por lo que tendrán que comprobar la calidad del capital de las instituciones; la solidez de sus fuentes de financiamiento, planes de operaciones y procesos de gestión del riesgo; la prudencia de las políticas de remuneración; y la solidez de la administración. Los supervisores asimismo tendrán que establecer un nivel apropiado de reservas obligatorias de capital para las instituciones, teniendo en cuenta los niveles mínimos reglamentarios y la necesidad de constituir reservas para absorber otras pérdidas imprevistas. Los bancos viables insuficientemente capitalizados deben recapitalizarse sin demora, con inyecciones de capital del gobierno (de ser posible, acompañadas de capital privado) para devolver los coeficientes de capitalización a un nivel que permita recuperar la confianza del mercado. Las autoridades deben estar preparadas para proporcionar capital mediante acciones ordinarias a fin de mejorar la confianza y las perspectivas de financiamiento, lo que puede implicar un período transitorio de control público hasta que surja una solución del sector privado. En el caso de las instituciones financieras no viables, la intervención tiene que ser inmediata y debe conducir a resoluciones mediante cierres o fusiones. Los montos necesarios de financiamiento público probablemente serán cuantiosos, pero tenderán a aumentar cuanto más demore la solución.

    En las economías emergentes también será necesario desplegar amplios esfuerzos para abordar las tensiones financieras. En el sector empresarial el riesgo es considerable. El respaldo estatal directo al crédito para las empresas puede estar justificado. Algunos países también han ampliado sus garantías para que incluyan las deudas de mala calidad de las empresas, sobre todo las vinculadas a los mercados de exportación, o han apoyado el financiamiento del comercio mediante varios servicios de crédito, ayudando a preservar los flujos comerciales y a limitar los daños en la economía real. Además, los planes para contingencias deben elaborarse teniendo en cuenta la posibilidad de una reestructuración a gran escala en el caso de que las circunstancias se deterioren aún más.

    Se precisa una mayor cooperación internacional para no exacerbar las tensiones transnacionales. La coordinación y la colaboración en torno a las políticas financieras es particularmente importante para impedir que las medidas tomadas en un país tengan repercusiones en otros países. Al mismo tiempo, el apoyo internacional, incluido el del FMI, puede ayudar a los países a amortiguar el impacto de la crisis financiera en la actividad real y a limitar su efecto en la pobreza, sobre todo en los países en desarrollo. Las recientes reformas encaminadas a flexibilizar los instrumentos de préstamo para las economías sólidas pero afectadas por la turbulencia, junto con los planes propuestos en la cumbre del G-20 para incrementar los recursos a disposición del FMI, están mejorando la capacidad de la comunidad financiera internacional para abordar los riesgos relacionados con las frenadas bruscas de los flujos de capital privado.

    Aplicar una política monetaria más expansiva

    Las economías avanzadas deben contrarrestar los riesgos de deflación aprovechando el margen del que dispongan para distender aún más la política monetaria. Aunque en muchos países las tasas de interés de política monetaria ya se acercan a cero, el margen de maniobra que aún esté disponible debe ser utilizado de inmediato. También es importante contar con una estrategia de comunicación clara: los gerentes de los bancos centrales deben destacar su firme intención de evitar la deflación manteniendo condiciones monetarias expansivas por el tiempo que sea necesario. En un creciente número de casos habrá que valerse más de medidas menos convencionales para apoyar la reducción de las tasas de interés, utilizando el tamaño y la composición del balance del banco central para facilitar la intermediación del crédito. En lo posible, estas medidas deben estructurarse para brindar máximo alivio a los mercados que han sufrido trastornos, pero dejando las decisiones de asignación de crédito en manos del sector privado y protegiendo el balance del banco central contra el riesgo de crédito.

    Las economías emergentes también tienen que relajar las condiciones monetarias en respuesta al deterioro de las perspectivas. Sin embargo, en muchas de esas economías la tarea de los bancos centrales se ve aún más complicada por la necesidad de preservar la estabilidad externa en una situación en que los flujos de financiamiento son muy frágiles. El financiamiento en los mercados emergentes está expuesto, en mucho mayor grado que en las economías avanzadas, a perturbaciones drásticas —frenadas bruscas—en parte porque han aumentado mucho las inquietudes acerca de la solvencia crediticia de las entidades soberanas. Las economías emergentes también han tendido a endeudarse más en moneda extranjera, y de ahí que las depreciaciones fuertes del tipo de cambio puedan ser muy perjudiciales para los balances. Por lo tanto, si bien han bajado las tasas de interés en vista de la desaceleración mundial, la mayoría de los bancos centrales de estas economías han hecho bien en proceder con cautela para seguir incentivando las entradas de capital y evitar fluctuaciones desordenadas de los tipos de cambio.

    De cara al futuro, el desafío clave consistirá en calibrar el ritmo al que se deberá retraer el actual estímulo monetario excepcional. Un repliegue muy apresurado podría truncar una recuperación que tenderá a ser frágil, pero una retirada muy lenta podría conducir a un recalentamiento de la economía y al surgimiento de nuevas burbujas de precios de los activos.

    Conjugar el estímulo fiscal y la sostenibilidad

    Dada la magnitud de la desaceleración y los factores que limitan la eficacia de la política monetaria, la política fiscal tienen que desempeñar un papel crucial en la generación de un estímulo fiscal a corto plazo para la economía mundial. Por experiencia se sabe que la política fiscal es especialmente útil para acortar la duración de las recesiones provocadas por crisis financieras (capítulo 3). No obstante, el margen para brindar apoyo fiscal se reducirá si las medidas que se toman minan la credibilidad. Los gobiernos, por lo tanto, tienen que encontrar un difícil punto de equilibrio, que consiste en adoptar políticas expansivas a corto plazo pero infundiendo tranquilidad con respecto a las perspectivas a mediano plazo. Una vez afianzada la recuperación será necesario consolidar las finanzas públicas, y esa tarea será más fácil si existen sólidos marcos fiscales a mediano plazo. Pero la consolidación no debe ser prematura. Los gobiernos han tomado medidas para proporcionar un estímulo sustancial en 2009; pero ahora se está viendo que el esfuerzo tendrá que prolongarse, si no incrementarse, hasta 2010, y los países que tengan margen de maniobra fiscal deben estar preparados para adoptar las nuevas medidas que sean necesarias para apoyar la recuperación. En la medida de lo posible, este deberá ser un esfuerzo mancomunado, ya que en parte las medidas que tome cada país tendrán efectos transfronterizos, pero beneficiarán a la economía mundial.

    Una de las claves para compaginar el estímulo y la sostenibilidad está en la selección de las medidas de estímulo. En lo posible, estas deben ser temporales y deben elevar al máximo el rendimiento de cada dólar (y consisten, por ejemplo, en acelerar el gasto en proyectos ya planificados o en marcha y en ofrecer desgravaciones temporales a los hogares con acceso restringido al crédito). También es conveniente elegir medidas que fomenten el potencial productivo de la economía a largo plazo, como el gasto en infraestructura. En segundo lugar, es necesario que los gobiernos complementen las iniciativas de estímulo a corto plazo con reformas que consoliden los marcos fiscales a mediano plazo, para dar más seguridad de que se corregirán los déficits a corto plazo y se contendrá la deuda pública. En tercer lugar, un factor fundamental para garantizar la sostenibilidad fiscal en muchos países sería el logro de avances concretos hacia la solución de los desafíos fiscales que plantea el envejecimiento de la población. Pese a ser considerables, los costos de la actual crisis financiera resultan insignificantes frente a los costos inminentes derivados del aumento de los gastos en seguridad social y salud para la tercera edad. La reforma creíble de las políticas relacionadas con estos programas quizá no tengan un notable efecto inmediato en las cuentas fiscales, pero podrían dar lugar a un cambio enorme en las perspectivas fiscales, y eso podría ayudar a preservar el margen necesario para brindar apoyo fiscal a corto plazo.

    Desafíos en materia de políticas a mediano plazo

    Las causas fundamentales de la falla del mercado que desembocó en la actual crisis fueron el optimismo derivado de un largo período de crecimiento vigoroso y los niveles bajos y la volatilidad de las tasas de interés reales, además de las fallas de las políticas. La regulación financiera careció de los mecanismos necesarios para rectificar las concentraciones del riesgo y los incentivos imperfectos que provocaron un auge de innovaciones financieras. Las políticas macroeconómicas no tuvieron en cuenta la acumulación de riesgos sistémicos en el sistema financiero y en los mercados de la vivienda.

    Esta situación plantea importantes desafíos a mediano plazo para las autoridades. En cuanto a las políticas financieras, la tarea ahora consiste en ampliar y flexibilizar el perímetro de regulación para que abarque a todas las instituciones pertinentes desde el punto de vista sistémico. Además, hay que formular una estrategia macroprudencial para la regulación, que comprenda estructuras de remuneración que atenúen los efectos procíclicos, mecanismos adecuados para devolver la fluidez a los mercados, reglas contables que tengan en cuenta los títulos-valores ilíquidos, transparencia con respecto a la naturaleza y la localización de los riesgos a fin de promover disciplina en el mercado y una mejor gestión de la liquidez sistémica. En lo que se refiere a las políticas macroeconómicas, los bancos centrales también deben adoptar una perspectiva macroprudencial más amplia, prestando debida atención a la estabilidad financiera y la estabilidad de los precios, para lo cual habrá que tener en cuenta los movimientos de los precios de los activos, los auges crediticios, el apalancamiento y la acumulación del riesgo sistémico. Las autoridades fiscales tienen que reducir los déficits y establecer una trayectoria sostenible para la deuda.

    Es necesario reforzar la coordinación y colaboración internacional en materia de políticas, basándose en mejores sistemas de alerta anticipada y en una comunicación más abierta sobre los riesgos. La cooperación es particularmente urgente en el caso de las políticas financieras, dadas las importantes repercusiones internacionales que pueden tener las medidas a nivel interno. Al mismo tiempo, una rápida conclusión de la Ronda de Doha de negociaciones comerciales multilaterales podría revitalizar las perspectivas de crecimiento mundial, en tanto que el apoyo firme de fuentes bilaterales y multilaterales, como el FMI, podría ayudar a contener las negativas secuelas económicas y sociales de la crisis financiera en muchas economías emergentes y en desarrollo.

    La parte inferior del rango denota el capital necesario para ajustar el apalancamiento, calculado al 4% como capital en acciones ordinarias sobre activos totales (coeficiente TCE). La parte superior denota el capital necesario para elevar el coeficiente al 6%, de conformidad con los niveles observados a mediados de los años noventa (véase la edición de abril de 2009 de GFSR).

      Other Resources Citing This Publication