Front Matter

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Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
December 2008
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    ©2008 International Monetary Fund

    Edición en español ©2008 Fondo Monetario Internacional

    Edición en inglés

    Producción: División de Servicios Multimedia del FMI

    Cubierta y diseño: Luisa Menjivar y Jorge Salazar

    Gráficos: Theodore F. Peters, Jr.

    Composición gráfica: Choon Lee y Julio Prego

    Edición en español

    Sección de Español y Portugués

    Departamento de Tecnología

    y Servicios Generales del FMI

    Cataloging-in-Publication Data

    World economic outlook (International Monetary Fund). Spanish.

    Perspectivas de la economía mundial – [Washington, DC]: Fondo Monetario Internacional, 1980-

    v.; 28 cm. – (Estudios económicos y financieros, 1020-5071)

    Semiannual

    Has occasional updates. Some issues also have distinctive titles.

    Spanish translation of: World economic outlook.

    1. International economic relations – Periodicals. 2. Debts, External – Periodicals. 3. Balance of payments – Periodicals. 4. International finance – Periodicals. 5. Foreign trade regulation – Periodicals. 6. Loans, Foreign – Periodicals. 7. Monetary policy – Periodicals. 8. Economic development – Periodicals. 9. Forecasting – Periodicals. I. International Monetary Fund. II. Title. III. Series (World economic and financial surveys).

    HC10.W797918

    ISBN 978-1-58906-785-1

    Solicítese a:

    International Monetary Fund, Publication Services

    700 19th Street, N.W., Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Tel.: (202) 623-7430 Fax: (202) 623-7201

    Correo electrónico: publications@imf.org

    Internet: www.imfbookstore.org

    en papel reciclado

    Índice

    Supuestos y Convenciones

    En la preparación de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial se han adoptado los siguientes supuestos: el promedio de los tipos de cambio efectivos reales permanecerá constante en su nivel del período comprendido entre el 18 de agosto y el 15 de septiembre de 2008, con excepción de las monedas que participan en el mecanismo de tipos de cambio 2 (MTC 2) de Europa, que se ha supuesto permanecerán constantes en términos nominales en relación con el euro; las autoridades nacionales mantendrán la política económica establecida (los supuestos concretos sobre la política fiscal y monetaria de los países industriales se indican en el recuadro A1); el precio medio del petróleo será de $107,25 el barril en 2008 y $100,50 el barril en 2009, y en el mediano plazo se mantendrá constante en términos reales; el promedio de la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) para depósitos a seis meses en dólares de EE.UU. será de 3,2% en 2008 y 3,1% en 2009; la tasa de los depósitos a tres meses en euros será, en promedio, 4,8% en 2008 y 4,2% en 2009, y el promedio de la tasa de los depósitos a seis meses en yenes japoneses será de 1,0% en 2008 y 1,2% en 2009. Naturalmente, estas son hipótesis de trabajo, no pronósticos, y la incertidumbre que conllevan se suma al margen de error que de todas maneras existiría en las proyecciones. Las estimaciones y proyecciones se basan en la información estadística disponible hasta principios de octubre de 2008.

    En esta publicación se utilizan los siguientes símbolos:

    … Indica que no se dispone de datos o que los datos no son pertinentes.

    — Indica que la cifra es cero o insignificante.

    – Se usa entre años o meses (por ejemplo, 2006–07 o enero–junio) para indicar los años o meses comprendidos, incluidos los años o meses mencionados.

    / Se emplea entre años o meses (por ejemplo, 2006/07) para indicar un ejercicio fiscal o financiero.

    Los “puntos básicos” son centésimos de punto porcentual (por ejemplo, 25 puntos básicos equivalen a ¼ de punto porcentual).

    El signo $ corresponde al dólar de EE.UU.

    En los gráficos y cuadros del texto, las áreas sombreadas indican proyecciones del personal técnico del FMI.

    En algunos casos el total no coincide con la suma de los componentes, debido al redondeo de las cifras.

    En esta publicación, el término “país” no se refiere en todos los casos a una entidad territorial que constituya un Estado conforme al derecho y a la práctica internacionales; el término puede designar también algunas entidades que no son Estados, pero para las cuales se mantienen datos estadísticos en forma separada e independiente.

    Información Adicional

    La versión completa en inglés de Perspectivas de la economía mundial se ha publicado en el sitio del FMI en Internet, www.imf.org, donde también se publica una compilación más completa de información extraída de la base de datos utilizada para este estudio. Los archivos, que contienen las series de datos que solicitan con más frecuencia los lectores, pueden copiarse en una computadora personal utilizando diferentes programas informáticos.

    Las consultas sobre el contenido de Perspectivas de la economía mundial y la base de datos de este estudio pueden enviarse por carta, correo electrónico o fax (no se aceptan llamadas telefónicas) a:

    World Economic Studies Division

    Research Department

    International Monetary Fund

    700 19th Street, N.W.

    Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Correo electrónico: weo@imf.org Fax: (202) 623-6343

    Prefacio

    Los análisis y las proyecciones que se presentan en Perspectivas de la economía mundial forman parte integral de la supervisión que ejerce el FMI con respecto a la evolución y las políticas económicas de los países miembros, los acontecimientos en los mercados financieros internacionales y el sistema económico mundial. El análisis de las perspectivas y políticas es producto de un minucioso examen de la evolución económica mundial que llevan a cabo varios departamentos del FMI tomando principalmente como base la información que recogen los funcionarios de la institución en sus consultas con los países miembros. Dichas consultas están a cargo sobre todo de los departamentos regionales, conjuntamente con el Departamento de Estrategia, Políticas y Evaluación (denominado anteriormente Departamento de Elaboración y Examen de Políticas), el Departamento de Mercados Monetarios y de Capital, y el Departamento de Finanzas Públicas.

    El análisis que se presenta en este informe ha sido coordinado por el Departamento de Estudios bajo la dirección general de Olivier Blanchard, Consejero Económico y Director de Estudios. El proyecto estuvo dirigido por Charles Collyns, Subdirector del Departamento de Estudios, y Jörg Decressin, Jefe de División del Departamento de Estudios. Simon Johnson, ex Consejero Económico y Director de Estudios, contribuyó con comentarios durante las primeras etapas de preparación del informe.

    Los principales colaboradores fueron Roberto Cardarelli, Kevin Cheng, Stephan Danninger, Mark De Broeck, Selim Elekdag, Thomas Helbling, Anna Ivanova, Florence Jaumotte, Daehaeng Kim, Michael Kumhof, Subir Lall, Tim Lane, Douglas Laxton, Daniel Leigh, Valerie Mercer-Blackman, Jonathan Ostry, Alasdair Scott, Sven Jari Stehn, Steven Symansky, Natalia Tamirisa e Irina Tytell. Toh Kuan, Gavin Asdorian, Ioan Carabenciov, Huigang Chen, To-Nhu Dao, Stephanie Denis, Nese Erbil, Ángela Espiritu, Elaine Hensle, Patrick Hettinger, Annette Kyobe, Susana Mursula, Jair Rodríguez, Bennett Sutton y Ercument Tulun colaboraron en las tareas de investigación. Saurabh Gupta, Mahnaz Hemmati, Laurent Meister y Emory Oakes procesaron los datos y operaron los sistemas de informática. Jemille Colon, Tita Gunio, Shanti Karunaratne, Laura Leon, Patricia Medina y Sheila Tomilloso Igcasenza se encargaron de la preparación del texto en inglés. También colaboraron Steven Barnett, Rudolf Bems, Irineu de Carvalho Filho, Stijn Claessens, Kevin Clinton, David Coady, Gianni de Nicolò, Ondrej Kamenik, Julie Kozack, Luc Laeven, Prakash Loungani, Dirk Muir, Krishna Srinivasan, Emil Stavrev y Stephen Tokarick. Los asesores externos fueron Joshua Aizenman, Antonio Fatás, Christopher Meissner y Hyun Song Shin. Lucy Scott Morales se encargó de la labor de edición. Linda Griffin Kean, del Departamento de Relaciones Externas, y Adriana Vilar, del Departamento de Tecnología y Servicios Generales, coordinaron la producción de la publicación en árabe, chino, español, francés y ruso. La versión en español estuvo a cargo de la Sección de Español y Portugués del Departamento de Tecnología y Servicios Generales.

    El análisis se ha enriquecido con sugerencias y comentarios de funcionarios de otros departamentos del FMI, y de los directores ejecutivos tras el debate de este informe los días 17 y 19 de septiembre de 2008. No obstante, cabe aclarar que las proyecciones y consideraciones de política económica corresponden al personal técnico del FMI y no deben atribuirse a los directores ejecutivos ni a las autoridades nacionales que representan.

    Introducción

    Mi incorporación al FMI es reciente y, por lo tanto, lamentablemente, no puedo atribuirme el mérito de esta edición de Perspectivas de la economía mundial que, como sus ediciones anteriores, es un informe extraordinario que muestra claramente al lector lo que está ocurriendo en la economía mundial. Quisiera expresar mi agradecimiento a Simon Johnson, Charles Collyns, Jörg Decressin y todo su equipo por la labor realizada.

    En los capítulos 1 y 2 se examina la situación y la evolución de la economía mundial, un análisis que pocas veces ha sido tan difícil. La economía mundial se está desacelerando rápidamente —golpeada por un shock financiero excepcional y por los altos niveles de precios de la energía y las materias primas— y muchas economías avanzadas están cerca de una recesión o encaminándose hacia ella.

    La evolución de los mercados financieros ha centrado la atención de los medios informativos en las últimas semanas. La crisis de las hipotecas de alto riesgo que estalló en 2007 se ha transformado ahora en una crisis crediticia que ha sacudido fuertemente a las instituciones financieras en Estados Unidos y Europa. La mayor preocupación por la solvencia de algunas de las principales instituciones financieras europeas y con base en Estados Unidos ha empujado al sistema financiero mundial al borde de un colapso sistémico. Los efectos en la economía real han sido limitados hasta el momento, lo que en parte puede atribuirse a que las devoluciones de impuestos en Estados Unidos respaldaron el consumo y que los sólidos balances de las corporaciones no financieras y la rentabilidad han permitido a las empresas utilizar sus propios fondos sin tener que obtener préstamos. No obstante, no cabe esperar que estos factores se prolonguen durante mucho tiempo. Las condiciones de crédito son ahora considerablemente más restrictivas, lo que pone en peligro la capacidad de las empresas no financieras y varias economías emergentes para captar capital. Las autoridades estadounidenses y europeas han adoptado medidas excepcionales, como el suministro de liquidez en gran escala, la intervención para resolver las dificultades de las instituciones debilitadas, la ampliación de la garantía de depósitos y la reciente adopción en Estados Unidos de la legislación por la cual se utilizan fondos públicos para comprar los activos problemáticos de los bancos. No obstante, aún no está claro si estas medidas serán suficientes para estabilizar los mercados y reforzar la confianza, y la situación sigue siendo muy incierta.

    Este no es el único shock que sacude a la economía mundial. Los precios del petróleo y las materias primas han alcanzado niveles históricos máximos en los últimos meses. En las economías avanzadas, la conjunción de la flexibilidad de los salarios reales, las expectativas inflacionarias mejor ancladas y la perspectiva de una fuerte desaceleración de la actividad han ayudado a limitar el incremento de la inflación básica. Sin embargo, en las economías emergentes y en desarrollo, el impacto ha sido mucho más perjudicial. Los salarios reales han caído sustancialmente. Los países exportadores de petróleo han tenido dificultades para reducir el recalentamiento de sus economías.

    De cara al futuro, es preciso evaluar cómo afectarán estos shocks a la economía mundial. Nuestros pronósticos se basan en tres supuestos principales. Primero, proyectamos una estabilización de los precios del petróleo y las materias primas, lo que aliviará las presiones sobre la inflación y dará más margen, si es necesario, para aplicar políticas expansivas. Segundo, los precios de la vivienda en Estados Unidos tocarán fondo en el próximo año, lo que impulsará una recuperación de la inversión residencial.

    Tercero, aunque persistirán las restricciones crediticias, se están estableciendo ahora las bases para definir una solución sistémica de la crisis financiera, lo que evitará un mayor deterioro de la intermediación financiera. Teniendo en cuenta conjuntamente estos tres factores, proyectamos que el crecimiento mundial comenzará a recuperarse a finales de 2009, aunque a un ritmo muy lento. No obstante, el grado de incertidumbre es mayor de lo habitual, y los riesgos a la baja son considerables.

    Como en ediciones anteriores, en este informe también se examinan más a fondo varias cuestiones analíticas importantes. En el capítulo 3 se analiza el temor de que la reciente escalada de precios de las materias primas pueda poner en peligro los avances logrados en los últimos veinte años en la reducción de la inflación. Concretamente, la caída de algunos precios —especialmente del petróleo— desde mediados de julio ha reducido las presiones, pero aún es pronto para bajar la guardia. Es probable que los precios de las materias primas se mantengan en niveles mucho más altos en términos reales que en las últimas décadas, y esta modificación de los precios relativos deberá absorberse sin generar efectos de segunda ronda en los precios o la formación de los salarios. Esta tarea probablemente será más fácil para las economías avanzadas, ya que en estos países la ampliación de las brechas del producto está ayudando a contener las presiones inflacionarias. Además, estas economías hacen ahora un uso mucho menos intensivo de las materias primas que en los años setenta y tienen mercados de trabajo más flexibles y unos marcos de política monetaria bien establecidos que han logrado en gran medida anclar las expectativas de inflación. No obstante, las economías emergentes y en desarrollo son más vulnerables a los efectos secundarios de la inflación, debido al uso más intensivo de sus recursos, sus marcos de política menos sólidos y unas tasas de crecimiento más rápidas. En muchas de estas economías, los efectos de segunda ronda son cada vez más visibles, y aunque la desaceleración del crecimiento mundial y el debilitamiento de los precios de las materias primas ayudará a contener la inflación, persiste el riesgo de que los continuos excesos inflacionarios deterioren la reputación ganada con mucho esfuerzo en la lucha contra la inflación, lo que requerirá la aplicación de medidas aún más contundentes en el futuro para restablecer el terreno perdido.

    En el capítulo 4 se analiza una cuestión central para la economía mundial: ¿Cuál será el impacto de la crisis financiera actual en la actividad económica? Se observa ahora claramente que nos enfrentamos al shock más profundo que haya afectado al sistema financiero mundial desde la Gran Depresión, por lo menos en Estados Unidos. ¿Estamos condenados a un desplome del producto como ocurrió en los años treinta? Como muestra el capítulo 4, los resultados históricos varían. Los períodos de tensiones financieras no siempre estuvieron seguidos por una recesión o incluso por una desaceleración económica. No obstante, el análisis también indica que cuando las tensiones financieras afectan fuertemente al sistema bancario —como en el episodio actual— aumenta la probabilidad de que se produzca una desaceleración grave y prolongada de la actividad. Así lo demuestran claramente las experiencias de muchas economías que se han visto confrontadas con graves crisis financieras en las últimas décadas, por ejemplo, los países nórdicos y Japón. Además, las economías con sistemas financieros más impersonales o basados en el mercado parecen ser especialmente vulnerables a contracciones más pronunciadas de la actividad económica cuando se producen tensiones financieras, porque el apalancamiento parece ser más procíclico en estas economías y los riesgos de una contracción del crédito son mayores.

    ¿Significa esto que Estados Unidos —con un sistema financiero basado en el mercado por excelencia— se encamina hacia una profunda recesión? No necesariamente, porque, como se señala en el capítulo, también influyen otros factores. La economía estadounidense está respaldada por dos factores: la respuesta rápida y contundente por parte de la Reserva Federal de reducir las tasas de interés de referencia y la solidez del sector empresarial no financiero de este país. El bajo nivel de deuda y el alto nivel de beneficios han ayudado a las empresas estadounidenses a capear la tormenta financiera. No obstante, cuanto más se prolongue la crisis financiera, menos probable será que las empresas no financieras puedan respaldar un crecimiento vigoroso.

    En el capítulo 5 se examina desde una nueva perspectiva el conocido debate sobre el uso de la política fiscal como instrumento anticíclico que vuelve a ser relevante porque la desaceleración de la economía mundial y la turbulencia en los mercados financieros han planteado dudas sobre la eficacia de la política monetaria. Las conclusiones no son muy alentadoras para los partidarios del activismo fiscal: se observa que los multiplicadores fiscales —el impacto de los estímulos fiscales discrecionales en el producto— son por lo general bastante débiles, y a veces incluso operan en la dirección equivocada, especialmente en las economías con altos niveles de deuda en las que la aplicación de una política fiscal expansiva puede plantear dudas sobre la viabilidad de la deuda a largo plazo. Esto no significa necesariamente que las autoridades deban abandonar la política fiscal como instrumento anticíclico, pero subraya que los programas fiscales, cuando sean necesarios, deben estar bien focalizados para tener el máximo impacto a corto plazo sin poner en peligro la disciplina fiscal a largo plazo.

    También es útil considerar cómo podría reforzarse la función de la política fiscal como estabilizador macroeconómico fortaleciendo el marco fiscal a nivel más amplio. Podrían considerarse dos opciones. Primero, existe la posibilidad de reforzar los estabilizadores automáticos mejorando la respuesta de los programas tradicionales de tributación y de transferencias a la evolución del ciclo. Por ejemplo, podrían incrementarse automáticamente las prestaciones de los sistemas de seguro por desempleo cuando se produzca una desaceleración de la economía y sea más difícil encontrar empleo. Segundo, podrían adoptarse medidas para reforzar la gobernabilidad de la política fiscal a nivel global, lo que reduciría el riesgo relacionado con la “tendencia de la deuda” garantizando la adopción de políticas fiscales expansivas durante una desaceleración y de políticas más restrictivas durante las expansiones. La mejora de la gobernabilidad podría reforzar la credibilidad y, por lo tanto, la eficacia del estímulo fiscal. Creo que es importante considerar estos enfoques reconociendo sus pros y sus contras.

    Por último, el capítulo 6 procura resolver un rompecabezas importante: ¿por qué los saldos en cuenta corriente han variado tanto de una economía emergente a otra en los últimos años, y algunas economías de Asia emergente registran cuantiosos superávits, mientras que otras, especialmente las economías emergentes de Europa, mantienen déficits grandes y persistentes? No hay una sola respuesta, pero en el capítulo se indican algunos factores importantes que han contribuido a la evolución reciente de la cuenta corriente, como la rápida liberalización financiera y de la cuenta de capital de las economías emergentes de Europa, en particular las que se están integrando rápidamente en la Unión Europea, y el interés de las economías emergentes de Asia por acumular cuantiosos saldos de reservas internacionales para autoprotegerse después de la crisis de Asia de 1997–98. Por lo tanto, cabe preguntarse si los patrones actuales serán sostenibles. Obviamente la actual turbulencia mundial está generando tensiones en las economías con cuantiosos déficits en cuenta corriente y, por consiguiente, con grandes necesidades de financiamiento externo.

    Olivier Blanchard

    Consejero Económico y Director del Departamento de Estudios

    Resumen Ejecutivo

    La economía mundial ha iniciado una fuerte desaceleración al verse confrontada con el shock financiero más peligroso que haya afectado a los mercados financieros desarrollados desde los años treinta. Se prevé que el crecimiento mundial sufrirá una desaceleración considerable en 2008 y comenzará a recuperarse moderadamente solo a finales de 2009. La inflación se mantiene en un nivel alto, debido la escalada de los precios de las materias primas, pero se prevé que se moderará. La situación es excepcionalmente incierta, y los riesgos a la baja son considerables. El desafío de política económica inmediato es estabilizar las condiciones financieras mundiales, fortaleciendo al mismo tiempo las economías durante la desaceleración y manteniendo la inflación bajo control.

    Una economía mundial bajo presión

    Después de varios años de vigoroso crecimiento, la economía mundial se está desacelerando rápidamente (capítulos 1 y 2). La actividad económica mundial se ve golpeada por un shock financiero extraordinario y por un nivel de precios aún alto para la energía y otras materias primas. Muchas economías avanzadas están cerca de una recesión o avanzan hacia ella, mientras que el crecimiento en las economías emergentes también se está debilitando.

    La crisis financiera, que estalló primero con el colapso del mercado de hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos en agosto de 2007, se ha agravado aún más en los últimos seis meses y entró en una nueva fase agitada en septiembre. El impacto se ha notado en todo el sistema financiero mundial, incluidos los mercados emergentes que lo sienten con una intensidad cada vez mayor. La creciente preocupación por la insolvencia ha dado lugar a resoluciones de emergencia de algunas de las principales instituciones financieras de Estados Unidos y Europa y ha dañado gravemente la confianza. Para responder a esta situación, las autoridades estadounidenses y europeas han adoptado medidas extraordinarias orientadas a estabilizar los mercados, como el suministro de liquidez en gran escala, la rápida intervención para resolver las dificultades de las instituciones debilitadas, la ampliación de la garantía de depósitos y la reciente adopción en Estados Unidos de la legislación por la cual se utilizan fondos públicos para comprar los activos problemáticos de los bancos. No obstante, la situación sigue siendo muy incierta en el momento en que este informe se envía a la imprenta.

    Al mismo tiempo, la conjunción del alza de los precios de los alimentos y combustibles iniciada en 2004 y la restricción de la capacidad productiva ha impulsado la inflación hasta niveles sin precedentes en una década. Como se analiza en el capítulo 3, los aumentos de los precios al consumidor han sido especialmente fuertes en las economías emergentes y en desarrollo. Esta aceleración es reflejo del fuerte peso de los precios de los alimentos en las canastas de consumo de estas economías, un crecimiento aún bastante rápido y expectativas de inflación no suficientemente ancladas. Cabe señalar que, en general, los países que han adoptado regímenes de metas de inflación han logrado mejores resultados. En las economías avanzadas, el encarecimiento del petróleo ha impulsado al alza el nivel general de inflación, pero las presiones de la inflación subyacente parecen controladas.

    El reciente deterioro de la evolución económica mundial se produce tras una expansión sostenida de la actividad basada en la integración creciente de las economías emergentes y en desarrollo en la economía mundial. En retrospectiva, sin embargo, la aplicación de políticas macroeconómicas y regulatorias poco restrictivas puede haber contribuido a la aceleración de la economía mundial a un ritmo superior al recomendado y a la acumulación de desequilibrios en los mercados financieros, de la vivienda y de productos. Al mismo tiempo, las fallas del mercado, junto con las deficiencias de política económica, han impedido que los mecanismos equilibradores operaran eficazmente y han permitido la acumulación de tensiones.

    No hay indicios de recuperación y es probable que sea gradual cuando aparezca

    De cara al futuro, es probable que las condiciones financieras sigan siendo muy difíciles, lo que limitará las perspectivas de crecimiento mundial. Las proyecciones de referencia se basan en el supuesto de que las medidas adoptadas por las autoridades estadounidenses y europeas lograrán estabilizar las condiciones financieras y evitarán nuevos acontecimientos sistémicos. No obstante, aunque el plan de Estados Unidos para eliminar los activos problemáticos de los balances de los bancos se implemente con éxito, el riesgo de contraparte probablemente se mantendrá en niveles excepcionalmente altos durante algún tiempo, lo que retrasará el retorno a una situación de mayor liquidez en los principales mercados financieros. Además, es muy probable que se produzcan pérdidas de crédito adicionales a medida que se desacelera la economía mundial. En estas circunstancias, la capacidad de las instituciones financieras de captar capital se pondrá a prueba. Por lo tanto, como se analiza en la edición de octubre de 2008 del informe sobre la estabilidad financiera mundial, Global Financial Stability Report, el desapalancamiento necesario seguirá siendo un proceso prolongado, lo que implica que el ritmo de creación del crédito —y de actividad— estará sujeto a límites por lo menos hasta 2009.

    No obstante, se prevé que varios factores sienten las bases para una recuperación gradual a finales de 2009:

    • Se proyecta una estabilización de los precios de las materias primas, aunque a un nivel sin precedentes en 20 años. Cabe prever que los efectos adversos sobre los términos de intercambio resultantes del aumento de los precios del petróleo en más de un 50% en 2008 comiencen a moderarse en 2009, lo que acelerará el consumo en los países importadores de petróleo.

    • Se prevé que el sector de la vivienda en Estados Unidos toque fondo finalmente en el próximo año, lo que acabará con el intenso lastre que este ha representado para el crecimiento desde 2006. Cabe esperar que la estabilización de los precios de la vivienda ayude en su momento a limitar las pérdidas del sector financiero relacionadas con las hipotecas, y la reciente intervención de las dos semipúblicas, Fannie Mae y Freddie Mac, favorecerá la disponibilidad de crédito en el sector de la vivienda. Aunque el ciclo de la vivienda y el consiguiente ajuste pueden producirse con rezago en otras economías avanzadas, el impacto global de la crisis financiera será considerable.

    • A pesar del enfriamiento del ritmo de actividad, aún se prevé que las economías emergentes resistan bien a las turbulencias, gracias al vigoroso crecimiento de la productividad y el fortalecimiento de los marcos de política económica. Obviamente, cuanto más larga sea la crisis financiera, más probable será que se vean afectadas.

    En estas circunstancias, las proyecciones de referencia con respecto al crecimiento se han revisado considerablemente a la baja en relación con la actualización de julio de 2008 de Perspectivas de la economía mundial. Tomando como base el promedio anual, se prevé que el crecimiento mundial se moderará del 5,0% en 2007 al 3,9% en 2008 y al 3,0% en 2009, el ritmo más lento desde 2002. Las economías avanzadas se encontrarán en recesión o cerca de ella en el segundo semestre de 2008 y principios de 2009, y la recuperación prevista para finales de 2009 será excepcionalmente gradual en comparación con recuperaciones anteriores. El crecimiento en la mayoría de las economías emergentes y en desarrollo se desacelerará por debajo de su tendencia. Con respecto a la inflación, cabe esperar que la combinación del aumento de la capacidad ociosa y la estabilización de los precios de las materias primas contenga el ritmo de incremento de los precios, lo que reducirá la inflación hasta niveles inferiores al 2% en 2009 en las economías avanzadas. En las economías emergentes y en desarrollo, la inflación disminuirá de forma más gradual, a medida que los recientes aumentos de precios de las materias primas continúen trasladándose a los consumidores.

    Este pronóstico de referencia está sujeto a considerables riesgos a la baja. El riesgo principal está relacionado con dos cuestiones financieras conexas: las tensiones financieras podrían seguir siendo muy fuertes y la restricción del crédito derivada del desapalancamiento podría ser más intensa y más prolongada de lo previsto en el escenario de referencia. Además, el deterioro del mercado de la vivienda en Estados Unidos podría ser más pronunciado y más prolongado de lo previsto en el pronóstico, mientras que los mercados de la vivienda en Europa podrían deteriorarse a nivel más general. Los riesgos inflacionarios para el crecimiento son ahora más equilibrados porque los precios de las materias primas se han reducido a medida que se ha desacelerado la economía mundial. Al mismo tiempo, las posibles perturbaciones de los flujos de capital y los riesgos de un aumento del proteccionismo representan riesgos adicionales para la recuperación.

    En el capítulo 4 se examinan las conexiones entre las tensiones financieras y las desaceleraciones económicas y se compara la experiencia reciente con episodios anteriores. En el análisis se indica que las tensiones financieras relacionadas con el sector bancario normalmente suelen tener más efectos económicos adversos que las relacionadas con los mercados de valores o los mercados cambiarios y que el mayor impacto podría obedecer al cambio hacia una intermediación financiera de tipo más impersonal. La situación de partida parece influir en los resultados. Por lo tanto, los balances relativamente sólidos del sector empresarial no financiero en Estados Unidos y Europa occidental al principio de la actual desaceleración refuerzan la capacidad de resistencia, pero estarán sujetos al riesgo que entraña un período sostenido de tensiones financieras.

    En el capítulo 6 se plantean varias cuestiones relacionadas con los países que registran grandes déficits sostenidos en cuenta corriente. Estas cuestiones podrían ser particularmente pertinentes ya que el desapalancamiento mundial reduce la disponibilidad de financiamiento externo para las economías emergentes. En el análisis se examinan las grandes divergencias en la evolución de la cuenta corriente en los países de mercados emergentes de todo el mundo y se relacionan los grandes déficits en las economías emergentes de Europa con la liberalización de la cuenta de capital, la reforma financiera y las oportunidades creadas por la convergencia económica europea. No obstante, los grandes déficits sostenidos pueden desaparecer bruscamente, y los regímenes cambiarios rígidos agravan estos riesgos. De hecho, en muchas economías con cuantiosos déficits en cuenta corriente el impacto de la turbulencia financiera ya ha sido mucho mayor que en las que registran pequeños déficits o superávits en cuenta corriente.

    Las autoridades se encuentran entre la espada y la pared

    Las autoridades de todos los países afrontan la ardua tarea de estabilizar las condiciones financieras fortaleciendo al mismo tiempo sus economías durante un período de desaceleración del crecimiento y manteniendo la inflación bajo control. Los esfuerzos multilaterales son particularmente importantes en las circunstancias actuales, entre otros, las iniciativas de política económica para paliar la turbulencia financiera, aliviar las rigideces en los mercados de materias primas y respaldar a las economías de bajo ingreso confrontadas con altos costos de importación de alimentos.

    Las autoridades de los países están implementando activamente medidas de política económica orientadas a estabilizar la situación financiera. Para llevar a cabo esta enorme tarea se deberán tomar medidas de gran alcance que permitan abordar los problemas sistémicos, es decir, cómo solucionar el problema de los activos problemáticos, fomentar la reconstitución del capital bancario y restablecer la liquidez en los mercados financieros, tomando en cuenta al mismo tiempo los intereses de los contribuyentes y las consideraciones de riesgo moral. Las iniciativas a nivel nacional deberán coordinarse a escala internacional para afrontar los problemas comunes y evitar incentivos adversos entre los países.

    Cabe prever que el plan de Estados Unidos de comprar activos relacionados con el sector inmobiliario contribuya con el tiempo a reducir la presión sobre los bancos afectados por los activos problemáticos y, por lo tanto, ayude a estabilizar las fuentes de financiamiento y recuperar la confianza. No obstante, probablemente también se necesitarán fondos públicos para ayudar a los bancos a restablecer sus bases de capital. En Europa occidental, para restablecer la confianza es esencial que las autoridades se comprometan claramente a actuar de manera coordinada y concertada para facilitar el reconocimiento oportuno de los activos problemáticos y la recapitalización de los bancos. Una tarea fundamental será establecer acuerdos de cooperación, adaptados a una amplia variedad de circunstancias, como por ejemplo, para resolver las tensiones en las grandes instituciones transfronterizas y asegurar que se aplique un enfoque coherente al ampliar la garantía de depósitos.

    Las políticas macroeconómicas en las economías avanzadas deberán respaldar la actividad y, por lo tanto, contribuir a romper el círculo vicioso de repercusiones adversas entre la situación del sector financiero y la economía real, sin perder de vista los riesgos inflacionarios.

    • Cabe prever que la rápida desaceleración de la actividad y el aumento de las brechas del producto contribuyan a contener la inflación. La moderación de la presión inflacionaria y el deterioro de las perspectivas económicas proporcionan cierto margen para aplicar una política monetaria más expansiva en algunos casos, especialmente en la zona del euro y el Reino Unido, donde las tasas de interés a corto plazo se mantienen altas.

    • Con respecto a la política fiscal, los estabilizadores automáticos contribuyen eficazmente a proteger la actividad frente a los shocks y debería dejarse que estos operaran libremente, siempre que las trayectorias del ajuste sean compatibles con la viabilidad a largo plazo. El estímulo fiscal discrecional puede proporcionar respaldo al crecimiento si se materializan los riesgos a la baja, siempre que este estímulo se preste de forma oportuna, esté bien focalizado y no socave la sostenibilidad fiscal. En las circunstancias actuales, el margen fiscal disponible debería centrarse en respaldar la estabilización del sector financiero y el sector de la vivienda según sea necesario, y no en impulsar un estímulo más general. A su debido tiempo, deberán efectuarse ajustes compensatorios de las políticas fiscales para salvaguardar los objetivos de consolidación a mediano plazo.

    Las prioridades de las autoridades de política macroeconómica varían considerablemente entre las economías emergentes y en desarrollo, en el marco de sus esfuerzos por encontrar un equilibrio entre el crecimiento y los riesgos inflacionarios.

    • En un número cada vez mayor de economías, la principal preocupación es ahora la desaceleración de la actividad económica, a medida que se deterioran las condiciones externas y el nivel general de inflación comienza a moderarse. Este cambio justificaría frenar el ciclo de contracción monetaria, especialmente en los países en que los efectos de segunda ronda en la inflación derivados de los precios de las materias primas han sido limitados, y convendría adoptar una política más expansiva si el panorama sigue deteriorándose. Si se producen salidas repentinas de capital, los países deberán responder rápidamente para garantizar la liquidez adecuada, utilizando al mismo tiempo el tipo de cambio para absorber parte de la presión. Además, deberán redoblar los esfuerzos para mejorar la capacidad para prevenir, gestionar y resolver las tensiones financieras, a través, entre otras medidas, de la planificación para contingencias.

    • No obstante, en varios otros países, las presiones inflacionarias siguen siendo un motivo de preocupación debido a los fuertes incrementos de los precios de los alimentos, el sólido crecimiento sostenido, las mayores restricciones de la oferta y la aceleración de los salarios, especialmente en el sector público. Aunque la reciente moderación de los precios internacionales de las materias primas podría aliviar parte de la presión, se están poniendo en peligro los avances logrados en los últimos años en la reducción de la inflación; si se deteriora la credibilidad, restablecerla será un proceso costoso y prolongado. En estos países, tal vez sea necesario aplicar una política monetaria más restrictiva.

    • Los países con regímenes cambiarios muy regulados afrontan importantes desafíos. La adopción de tipos de cambio más flexibles ayudaría a contener las presiones inflacionarias ya que daría mayor margen de maniobra para un ajuste monetario ante las salidas de capital. Naturalmente, también influyen otras consideraciones al elegir un régimen cambiario, como, por ejemplo, el grado de desarrollo financiero y la diversidad de la base de exportación.

    • La política fiscal puede respaldar la gestión macroeconómica. Una mayor restricción del gasto público ayudaría a reducir las presiones inflacionarias en varios países que aún enfrentan problemas de recalentamiento de la economía. Este aspecto es particularmente importante para los países con déficits en cuenta corriente que aplican un régimen de tipo de cambio fijo. En las economías exportadoras de petróleo con monedas vinculadas al dólar de EE.UU., el gasto puede centrarse en aliviar los estrangulamientos de la oferta. Si bien las economías emergentes tienen ahora más margen de maniobra que en el pasado para aplicar una política fiscal anticíclica si las perspectivas económicas se deterioran, el análisis del capítulo 5 advierte que es poco probable que esta opción sea eficaz a menos que la confianza en la sostenibilidad esté firmemente establecida y las medidas sean oportunas y estén bien focalizadas. A nivel más general, los subsidios a los alimentos y combustibles son cada vez más costosos y, por naturaleza, ineficientes. Una opción más adecuada son los programas focalizados que ayudan a las familias pobres a hacer frente al aumento de los gastos de subsistencia.

    Reformas necesarias de los marcos de política económica

    El deterioro de la economía mundial ha creado inquietudes en cuando a los marcos de política macroeconómica que han de adoptarse y la idoneidad de las políticas que influyen en los mercados financieros y de materias primas.

    Actuar en contra de la tendencia

    El excepcional entorno actual ha avivado el interés en la formulación de políticas que se centren más en evitar altibajos en los precios de los activos, inclusive mediante la aplicación de medidas de política más firmes durante las épocas de prosperidad. Una estrategia adecuada consistiría en incorporar un componente macroprudencial en el marco reglamentario a fin de combatir el carácter inherentemente procíclico de la creación de crédito. Otra posibilidad sería ampliar el alcance de los marcos de política monetaria de manera que permitan amortiguar las fluctuaciones de precios de los activos, sobre todo si dichas fluctuaciones son rápidas o producen alteraciones graves de los precios con respecto a los parámetros fundamentales, si bien tal decisión plantea una compleja problemática.

    Además, hay más interés en reforzar la credibilidad de los marcos de política fiscal para hacer de esta una herramienta anticíclica más eficaz. El talón de Aquiles de una política fiscal activa sigue siendo los criterios de economía política que inducen a la toma de decisiones a corto plazo. Por este motivo, muchos países no aprovechan las épocas de prosperidad para acumular un margen de recursos que les permita aplicar estímulos discrecionales eficaces durante las fases descendentes del ciclo, o están luchando contra problemas de sostenibilidad fiscal a largo plazo. En el capítulo 5 se señala que la nueva tendencia hacia la adopción de marcos de política más basados en reglas —semejantes al principio de discrecionalidad restringida en la política monetaria— y los mecanismos más enérgicos de gobierno fiscal que se observan en cada vez más países podrían incrementar la eficacia de la política fiscal como herramienta para combatir las desaceleraciones.

    Subsanar deficiencias en las infraestructuras de regulación y supervisión

    Además de hacer frente a las inminentes amenazas sistémicas, se están realizando denodados esfuerzos para subsanar las múltiples deficiencias que ha dejado al descubierto la actual turbulencia financiera. Como se explica en la edición de octubre de 2008 de Global Financial Stability Report (informe sobre la estabilidad financiera mundial), el objetivo primordial es garantizar que a escala individual las instituciones gestionen el riesgo de una manera más eficaz y resistente, por ejemplo, fijando requisitos más exigentes de reservas obligatorias de capital e insistiendo en que se utilicen prácticas más estrictas de gestión de la liquidez y en que se mejore la publicación de los riesgos tanto dentro como fuera del balance. Otra tarea importante consiste en reforzar los marcos de resolución de crisis.

    Por otro lado, la agitación financiera ha demostrado que los marcos nacionales de estabilidad financiera no han evolucionado al mismo ritmo que las innovaciones en los mercados financieros y la globalización, y la consecuencia ha sido una perjudicial propagación transfronteriza de los problemas. Se necesita una mayor coordinación internacional y colaboración entre las autoridades prudenciales de los países, sobre todo para prevenir, gestionar y resolver las tensiones financieras en los mercados y en las principales instituciones financieras.

    Fomentar la conservación de energía e incrementar la oferta de petróleo y alimentos

    El reciente descenso de los precios de las materias primas no debería atenuar los esfuerzos por aliviar las tensiones en los mercados de estos productos. No hay muchos datos concretos que indiquen que el creciente interés de los inversionistas en las materias primas como activos alternativos —o la especulación abierta— haya tenido un efecto sistemático o duradero sobre los precios. Sin embargo, la combinación de inusuales vaivenes en la actitud de los mercados y una mayor liquidez en el mercado financiero puede haber contribuido a generar una dinámica de precios a corto plazo en ciertas circunstancias. Por lo tanto, el interés debe centrarse en políticas que propicien un mejor equilibrio entre la oferta y la demanda a largo plazo, y en evitar medidas que podrían exacerbar la rigidez del mercado a corto plazo. Esto podría implicar un mayor traslado de las fluctuaciones de los precios internacionales a los mercados internos y una mayor conservación de energía. La reducción de los subsidios a los biocombustibles en las economías avanzadas también podría aliviar las presiones a corto plazo sobre los precios de los alimentos. En general, la prioridad debe ser reforzar la reacción de la oferta ante el aumento de los precios. Por ahora, será crucial que los donantes incrementen su apoyo a las economías más pobres para hacer frente a los desafíos humanitarios provocados por la escalada de los precios de los alimentos.

    Corregir los desequilibrios mundiales

    El alza de los precios de las materias primas ha agravado los desequilibrios mundiales, incrementando los superávits en cuenta corriente en los países exportadores de petróleo y los déficits en los importadores de petróleo. Sin duda, la decisión de los exportadores de petróleo de ahorrar una parte de los ingresos adicionales es sensata: el consiguiente reciclaje de los fondos de los países superavitarios a los deficitarios está funcionando bien. Al mismo tiempo, el déficit no petrolero de Estados Unidos ha disminuido sustancialmente, en parte debido a la depreciación de la moneda estadounidense a un nivel real efectivo que en general está más acorde con el equilibrio a mediano plazo. Sin embargo, el dólar de EE.UU. se ha depreciado principalmente frente al euro y algunas otras monedas de tipo de cambio flexible.

    La estrategia multilateral avalada por el Comité Monetario y Financiero Internacional en 2005 y formulada en el marco de la Consulta Multilateral sobre los Desequilibrios Mundiales en 2006 y 2007 aún es válida, pero tiene que aplicarse de forma flexible. La consolidación fiscal en Estados Unidos sigue siendo un objetivo fundamental a mediano plazo, pero las recientes medidas de estímulo fiscal anticíclico y apoyo estatal para estabilizar las instituciones financieras están justificadas. Una mayor apreciación efectiva del renminbi contribuiría a la estrategia general de China de orientar las fuentes de crecimiento hacia la demanda interna y potenciar la eficacia de la política monetaria. Un aumento más lento del gasto en los países exportadores de petróleo de Oriente Medio ayudaría a reducir el recalentamiento de sus economías, al igual que una intensificación de los esfuerzos para aliviar los estrangulamientos de la oferta. Además, las reformas de los mercados de productos y de trabajo en la zona del euro y Japón elevarían el crecimiento potencial.

    Por último, el recrudecimiento de las presiones proteccionistas sobre el comercio y los flujos de capital denotan un riesgo preocupante para las perspectivas de recuperación. La solución del actual impasse en las negociaciones de la Ronda de Doha ayudaría a reforzar el sistema abierto de comercio multilateral, que ha sido un puntal importante del vigoroso crecimiento mundial en los últimos años. Al mismo tiempo, en los países superavitarios los fondos soberanos de inversión siguen adquiriendo importancia como instrumentos de inversión. El conjunto de principios y prácticas acordado recientemente por los fondos soberanos de inversión con respecto a su administración, inversión y gestión de riesgo (los “Principios de Santiago”) contribuirá a paliar las preocupaciones relativas a estos fondos que podrían dar lugar a restricciones contraproducentes sobre las entradas de flujos. Además, las directrices para los países receptores que están siendo elaboradas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ayudarían a asegurar que los fondos soberanos de inversión gocen de acceso equitativo, transparente y abierto a los mercados.

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