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Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
May 1997
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    Véase la edición de octubre de 1996 de Perspectivas de la economía mundial, pág. xii.

    El índice de precios de los productos básicos del FMI, medido en DEG, se incrementó casi 10% en 1996, lo que refleja un aumento del 24% del crudo y del 3% de los productos básicos no combustibles. Los incrementos son más pequeños en dólares de EE.UU. debido a la apreciación de está moneda frente a la mayoría de las demás monedas durante 1996.

    Algunos estudios recientes han señalado la posibilidad de que los datos oficiales de precios hayan sobrestimado la inflación (recuadro 4).

    Véase la edición de octubre de 1996 de Perspectivas de la economía mundial, págs. 130-31.

    Las reducciones del déficit fiscal en 1997 que se presentan en los cuadros 4 y 5 exageran el ajuste fiscal proyectado en varios casos, sobre todo en Francia e Italia, porque incluyen medidas contables que no repercuten sobre el saldo de las cuentas fiscales y medidas que se aplicaron por única vez y cuya reversión elevaría posteriormente el déficit.

    Véase el cuadro 21 del capítulo V, donde se presentan las listas de países que se consideran en una etapa más avanzada y en una etapa menos avanzada de la transición.

    En ediciones previas de Perspectivas de la economía mundial se trata la afluencia de capital a los países con mercados emergentes y temas conexos como las opciones de política para hacer frente a esas situaciones. Véase, por ejemplo, el anexo IV de la edición de octubre de 1996.

    Los funcionarios del FMI estimaron que la expansión del comercio mundial de mercancías se desaceleró al 5½ % en 1996, en tanto que la Organización Mundial del Comercio (OMC) estima que se desaceleró un 4%. La discrepancia entre estas dos estimaciones se atribuye en gran medida a las diferencias de las fuentes de datos: el FMI utiliza estadísticas de balanza de pagos y la OMC estadísticas aduaneras.

    Además, se proyecta una reducción de la razón entre el servicio de la deuda y los ingresos de exportación del 23% del PIB en 1996 al 20% en 1997, también en este indicador el nivel más bajo desde principios de los años ochenta.

    Véase Jeffrey G. Williamson. “Globalization, Convergence, and History”, en Journal of Economic History, vol. 56 (junio de 1996), págs. 277-306. y Kevin H. O’Rourke. Alan M. Taylor y Jeffrey G. Williamson, “Factor Price Convergence in the Late Nineteenth Century”, en International Economic Review, vol. 37 (agosto de 1996), págs. 499-530.

    Los mercados laborales estaban mucho más integrados a principios de siglo que en la actualidad si se miden de acuerdo con el número de trabajadores que cruzaban las fronteras.

    Por ejemplo, en Estados Unidos, el porcentaje del producto total correspondiente a la exportación de mercancías subió del 3.6% en 1950 al 7,3% en 1992, en tanto que el porcentaje del producto de bienes comerciables subió del 8,9% al 34.8% en el mismo período.

    En Kenneth Rogoff, “The Purchasing Power Parity Puzzle”, en Journal of Economic Literature, vol. 34 (junio de 1996), págs. 647-68, se examinan los datos empíricos sobre la paridad absoluta y relativa del poder adquisitivo. En Charles Engel y John H. Rogers, “How Wide is the Border?”, en American Economic Review, vol. 86 (diciembre de 1996), págs. 1112-25, se hacen algunas estimaciones sobre la importancia económica de la frontera nacional en relación con la distancia física para explicar las desviaciones con respecto a la ley del precio único.

    Con un crecimiento desigual de la productividad de los dos sectores que tienda a elevar el precio relativo de los servicios, habria una tendencia a la sustitución de la demanda de los servicios por manufacturas. La estabilidad relativa observada en la proporción de los productos de los dos sectores parece indicar que dicha sustitucin ha sido contrarrestada por otros factores, como la reorientación de la demanda hacia los servicios relacionada con el aumento del ingreso. El comercio internacional también puede haber tenido alguna importancia. Puesto que los bienes manufacturados generalmente están más expuestos a la competencia internacional que los servicios, el aumento de las presiones competitivas en la industria manufacturera podría haber ayudado a comprimir los costos laborales unitarios y, por ende, el precio relativo de las manufacturas. En Robert E. Rowthorn y John R. Wells, Deindustrialization and Foreign Trade (Cambridge, Inglaterra: Cambridge University Press, 1987) y en William J. Baumol, Sue Ann Blackman y Edward N. Wolff, Productivity and American Leadership: The Long View (Cambridge, Massachussetts: MIT Press, 1989), se ofrece documentatión y un análisis más detallado de estas tendencias en las economías avanzadas desde una perspectiva histórica.

    En el documento básico empleado para el presente examen de las Perspectivas de la Economia Mundial, “Deindustrialization: Causes and Implications”, en Staff Studies for the World Economic Outlook (FMI, de próxima publicatión) de Robert Rowthorn y Ramana Ramaswamy se hace un análisis de regresión que corrobora esta hipótesis para los casos de Japón y Estados Unidos. Un resultado más general del estudio es que la tendencia a la especialización en el comercio de manufacturas de los países avanzados es un factor importante para explicar las diferencias en la estructura del empleo que existen entre las economías avanzadas.

    Esta hipótesis ha sido planteada por Adrian Wood, North-South Trade, Employment and Inequality: Changing Fortunes in a Skill-Driven World (Oxford: Clarendon Press, 1994) y se examina más detalladamente en la siguiente sección.

    Véase Rowthorn y Ramaswamy, “Deindustrialization: Causes and Implications”.

    Se sabe a ciencia cierta que existen muchos problemas de información y de concepto para la medición del producto en el sector de los servicios. Es posible que el lento crecimiento de la productividad en los servicios sea en parte una consecuencia de la submedición del crecimiento del producto en este sector. En Baumol. Blackman y Wolff. Productivity and American Leadership, se examinan algunas cuestiones y, se examinan más detenidamente en la colección de ensayos contenida en Zvi Griliches, a cargo de la edición. Output Measurement in the Service Sectors, Studies in Income and Wealth, vol. 56 (Chicago: Chicago University Press, 1992). Los estudios parecen indicar que cualquier sesgo en la medición en este sector es pequeño en comparación con la gran diferencia que existe entre los aumentos de productividad de la manufactura y los servicios.

    Véase Eli Berman. John Bound y Zvi Griliches. “Changes in the Demand for Skilled Labor Within U.S. Manufacturing Industries: Evidence from the Annual Survey of Manufactures”, en Quarterly Journal of Economics (mayo de 1994), págs. 367-97; Eli Berman. John Bound y Steve Machin. “Implications of Skill-Biased Technological Change: International Evidence” (inédito: Boston: Boston University. 1997), y Dominique Goux y Eric Maurin, “The Decline in Demand for Unskilled Labor: An Empirical Analysis Method and its Application to France” (inédito; Paris: Instituí National de la Statistique et des Études Économiques (INSEE), 1997).

    A1 incluir los pagos no salariales como los planes de atención médica y de jubilación se amplía aún más la brecha salarial, puesto que la participación de prestaciones sociales que reciben los trabajadores calificados también ha aumentado. Véase John Bound y George Johnson, “Changes in the Structure of Wages in the 1980s: An Evaluation of Alternative Explanations”, en American Economic Review, vol. 82 (junio de 1992), págs. 371-92, y Richard B. Freeman y Lawrence F. Katz, a cargo de la edición, en Differences and Changes in Wage Structure (Chicago: University of Chicago Press, 1996), págs. 1-22. Richard Freeman, “When Earnings Diverge: Causes. Consequences, and Cures for the New Inequality in the U.S.” (inédito; Chicago: University of Chicago, 1996), estima que los ingresos reales de los varones que no terminaron la secundaria han descendido el 20% en Estados Unidos desde principios de los años setenta. Posiblemente el índice de precios al consumidor sobrestime la inflación y exagere, por lo tanto, la reducción de los salarios reales. Véase el recuadro 4.

    La dispersión de los ingresos individuales de los trabajadores de jomada laboral normal es sólo una de las medidas de la desigualdad. Desde el punto de vista de la sociedad, otras medidas que, por ejemplo, toman en cuenta los ingresos individuales de la totalidad de la población en edad de trabajar o los ingresos de los hogares, y no únicamente los individuos que tienen empleos de jornada laboral normal, podrían tener igual importancia. Siguiendo esos indicadores, el grado de desigualdad de los ingresos de los trabajadores de Estados Unidos es semejante al de los países europeos (véase OCDE. Economic Outlook, vol. 60 (diciembre de 1996)). La razón es que el efecto desfavorable de la mayor dispersión salarial en la desigualdad de los ingresos de los trabajadores de Estados Unidos se compensa mediante el efecto favorable de un mayor empleo. Cabe señalar también que la dispersión comparada de los ingresos laborales es diferente a la del ingreso disponible debido a las diferencias en los sistemas de tributación y en los pagos de transferencias de cada país.

    Este mecanismo es la esencia del “Teorema de Stolper-Samuelson”, planteado por primera vez en Wolfgang F. Stolper y Paul A. Samuelson, “Protection and Real Wages”, en Review of Economics Studies, vol. 9 (1941), págs. 58-73.

    Lo anterior se documenta, para el caso de Estados Unidos, en Robert Z. Lawrence y Matthew J. Slaughter, “International Trade and American Wages in the 1980s: Giant Sucking Sound or Small Hiccup?” en Brookings Papers on Economic Activity: 2 (1993). págs. 161-226: para los cuatro países más grandes de la Unión Europea en Damien Neven y Charles Wyplosz “Relative Prices. Trade and Restructuring in European Industry”, Centre for Economic Policy Research, documento de trabajo No. 1451 (agosto de 1996), y para un amplio grupo de 13 países de la OCDE. en Steven S. Saeger, “Globalization and Economic Structure in the OECD” (tesis doctoral inédita: Cambridge, Massachusetts: Harvard University, mayo de 1996). Jeffrey D. Sachs y Howard J. Shutz, “Trade and Jobs in U.S. Manufacturing”, en Brookings Papers on Economic Activity: 1 (1994), págs. 1-84. sugieren que la reducción de precios de las computadoras explica la baja de precios de los bienes elaborados con uso intensivo de mano de obra calificada. En Matthew Slaughter y Phillip Swagel, “The Effect of Globalization on Wages in the Industrial Countries”, en Staff Studies for the World Economic Outlook (FMI, de próxima publicación en 1997) se ofrece un examen de la bibliografía sobre este tema.

    Véase Edward E. Leamer, “In Search of Stolper-Samuelson Effects On U.S. Wages”. NBER. documento de trabajo No. 5427 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau for Economic Research, enero de 1996).

    Véase Ana L. Revenga, “Exporting Jobs? The Impact of Import Competition on Employment and Wages in U.S. Manufacturing”, en Quarterly Journal of Economics (febrero de 1992), págs. 255-84 y Neven y Wyplosz. “Relative Prices. Trade and Restructuring”.

    La competencia de los productos importados podría ser más importante para la determinación de los salarios si lleva a las empresas a adoptar tecnologías que remplazan a los trabajadores poco calificados. No obstante, no se observa claramente que el comercio exterior haya inducido esos cambios de tecnología, sino más bien que los avances tecnológicos afectan la estructura de la producción y por ende las corrientes de comercio. Además, si el comercio internacional abarata relativamente los bienes con uso intensivo de mano de obra no calificada y encarece los bienes con uso intensivo de mano de obra calificada o de capital, cabría preverse un aumento de los precios relativos de la mano de obra calificada y del capital y por ende un aumento de los incentivos para desarrollar tecnologías que remplacen a estos trabajadores y no a los no calificados. Véase Rowthorn y Ramaswamy, “Deindustrialization: Causes and Implications”.

    Por ejemplo, el desarrollo de la informática ha acrecentado significativamente la productividad y los ingresos de los trabajadores que pueden utilizar esa tecnología. Véanse, en este contexto, los análisis contenidos en Paul Krugman, “Technology’s Revenge”, en The Wilson Quarterly (otoño de 1994), págs. 56-64, y en Ramaswamy y Robert E. Rowthorn, “Efficiency Wages and Wage Dispersion”, en Económica, vol. 58 (noviembre de 1991), págs. 501-14. El comercio exterior podría favorecer la propagación de nueva tecnología, e indirectamente acelerar la transición en favor de trabajadores altamente calificados.

    En Matthew J. Slaughter. “Multinational Corporations, Outsourcing, and American Wage Divergence”, NBER. documento de trabajo No. 5253 (Cambridge. Massachusetts: National Bureau for Economic Research, septiembre de 1995); Robert C. Feenstra y Gordon Hanson. “Foreign Investment. Outsourcing, and Relative Wages”, en Political Economy of Trade Policy: Papers in Honor of Jagdish Bhagwati, edición a cargo de Robert C. Feenstra, Gene M. Grossman y Douglas A. Irwin (Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1996) y Robert C. Feenstra y Gordon Hanson. “Globalization, Outsourcing, and Wage Inequality”, en American Economic Review vol. 86 (mayo de 1996), págs. 240-45. se incluyen datos sobre los efectos de las empresas multinacionales sobre los mercados laborales.

    Véase Rachel M. Friedberg y Jennifer Hunt, “The Impact of Immigrants on Host Country Wages, Employment and Growth”, en Journal of Economic Perspectives, vol. 9 (primavera de 1995), págs. 23-44, y Klaus F. Zimmerman. “Tackling the European Migration Problem”, en Journal of Economic Perspectives, vol. 9 (primavera de 1995), págs. 45-62.

    En Dani Rodrik. Has Globalization Gone Too Far? (Washington: Instituto de Economía Internacional. 1997) se analizan las dislocaciones sociales que han acompañado a los cambios de la economía mundial.

    Véase Morris Goldstein y Michael Mussa, “The Integration of World Capital Markets”, documento de trabajo WP/93/95 (FMI, diciembre de 1993), también publicado en Changing Capital Markets: Implications for Monetary Policy, Federal Reserve Bank of Kansas City (agosto de 1994), y Richard C. Marston. International Financial Integration: A Study of Interest Differentials Between the Major Industrial Countries (Cambridge, Inglaterra; Nueva York: Cambridge University Press. 1995).

    OCDE, Financial Market Trends, No. 64 (París, junio de 1996) y Edward M. Graham, “Foreign Direct Investment in the World Economy”, en Staff Studies for the World Economic Outlook (FMI. septiembre de 1995), págs. 120-35.

    Tras la publicación del documento de Martin Feldstein y Charles Horioka, “Domestic Saving and International Capital Flows”, en Economic Journal, vol. 90 (1980). págs. 314-29. en varios estudios se ha concluido que las tasas de ahorro e inversión están muy correlacionadas. Se realiza un análisis del tema en Goldstein y Mussa. “The Integration of World Capital Markets”, y Alan M. Taylor, “International Capital Mobility in History: The Saving-Investment Relationship”. NBER. documento de trabajo No. 5743 (Cambridge, Massachussetts: National Bureau for Economic Research, septiembre de 1996).

    Véase, por ejemplo, Michael Artis y Tamim Bayoumi, “Saving, Investment, Financial Integration, and the Balance of Payments”, documento de trabajo WP/89/102 (FMI, diciembre de 1989) y Jeffrey A. Frankel, “Quantifying International Capital Mobility in the 1980s”, en On Exchange Rates (Cambridge, Massachusetts: MIT Press, 1993), págs. 41-69.

    Cuando hay paridad de intereses con cobertura cambiaria, la diferencia entre las tasas de interés de instrumentos semejantes denominados en monedas distintas debe ser equivalente al costo de la cobertura en el mercado cambiario a término.

    Estas desviaciones, salvo por la disparidad creada por los costos de transacción, son un reflejo de las “primas país”, es decir, los controles de capital existentes o la expectativa de que se adopten en el futuro y la impresión que se tenga sobre el riesgo de incumplimiento.

    La paridad de intereses sin cobertura cambiaria establece que la rentabilidad prevista de las inversiones en diversas monedas es igual cuando se mide en una sola moneda. Equivale a la combinación de la paridad de intereses con cobertura cambiaria y el supuesto de que el tipo de cambio a término es equivalente al tipo de cambio previsto para el futuro en el mercado al contado.

    Véase Peter Isard, Exchange Rate Economics (Cambridge. Inglaterra: Nueva York: Cambridge University Press. 1995).

    Pravin Krishna y Bart Turtelboom, “The International Linkage of Real Interest Rates Revisited”, concluyen en el documento de trabajo del FMI de próxima publicación, que la coevolución de las tasas de interés reales al interior de Europa aumentó a partir de mediados de los años ochenta, pero no encuentran datos que indiquen que se haya reforzado el vínculo entre las tesas de interés reales de Estados Unidos y Alemania.

    Lars E. O. Svensson, “Fixed Exchange Rates as a Means to Price Stability: What Have We Learned?”, en European Economic Review, vol. 38 (abril de 1994), págs. 447-68.

    En los países en que una gran proporción de la deuda nacional está denominada en divisas se perderían los posibles efectos favorables.

    Véase Banco de Pagos Internacionales (BPI), Financial Market Volatility: Measurement, Causes and Consequences, documentos de conferencia vol. 1 (Basilea: Banco de Pagos Internacionales, Departamento Monetario y Económico, marzo de 1996).

    En la edición de octubre de 1995 de Perspectivas de la economia mundial, págs. 36-42, se examina este caso.

    Los planteamientos anteriores se han centrado en los mercados cambiarios, que constituyen el núcleo del sistema financiero internacional, pero se pueden aplicar consideraciones similares a los mercados de otros activos, sobre todo los mercados de participaciones de capital y de bienes raíces. Un ejemplo de lo anterior son las recientes alzas y posterior desplome de los precios de las participaciones de capital y de bienes raíces ocurridos en varios países en el segundo quinquenio de los anos ochenta y el descenso de los precios de los bonos ocurrido en 1994.

    En International Capital Markets: Developments, Prospects, and Key Policy Issues (FMI, septiembre de 1996 y agosto de 1995) se examinan las cuestiones pertinentes.

    En el anexo IV de la edición de octubre de 1996 de Perspectivas de la economía mundial se examinan las causas de la gran afluencia de capital registrada por algunos países en desarrollo y países en transición y la estructura de las medidas de política aconsejables ante esta situación.

    Por ejemplo, James Tobin, “A Proposal for International Monetary Reform”, Eastern Economic Journal, vol. 4 (1978), págs. 153-59.

    Por ejemplo, pese al descenso de los costos de transacción, la inestabilidad de los precios de los activos en el Reino Unido (en lo que se refiere a los bonos del Tesoro, los bonos a diez años, las participaciones de capital y el tipo de cambio de la libra esterlina frente al dólar) ha tendido a descender desde finales de los años setenta—véase Nicola Anderson y Francis Breedon, “U.K. Asset Price Volatility Over the Last Fifty Years”, Banco de Pagos Internacionales, en Financial Market Volatility: Measurement, Causes and Consequences, págs. 396-428.

    En Vito Tanzi, “Globalization, Tax Competition and the Future of Tax Systems”, documento de trabajo WP/96/141 (FMI, diciembre de 1996) y Taxation in an Integrating World (Washington: Brookings Institution, 1995) se examinan detalladamente estos asuntos.

    Robin L. Lumsdaine y Eswar S. Prasad, “Identifying the Common Component in International Economic Fluctuations” (inédito; FMI, diciembre de 1996).

    Stefania Fabrizio y J. Humberto López, “Domestic. Foreign or Common Shocks?”, documento de trabajo WP/96/107 (FMI. septiembre de 1996).

    Manmohan Kumar y Eswar Prasad, “International Trade and the Business Cycle” (FMI. documento de trabajo de próxima publicación).

    Véase Jeffrey D. Sachs y Andrew M. Warner, “Economic Convergence and Economic Policies”, NBER, documento de trabajo No. 5039 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau of Economic Research, febrero de 1995). Los autores consideran que el régimen comercial de un país es cerrado si muestra una de las siguientes características: 1) barreras no arancelarias que abarcan el 40% o más del comercio total; 2) tasas arancelarias promedio del 40% o más; 3) un tipo de cambio de mercado negro en el cual la moneda nacional se deprecia un 20% o más en relación con el tipo de cambio oficial; 4) un sistema económico socialista, o 5) un monopolio estatal sobre las principales exportaciones.

    Véase Richard Harmsen y Michael Leidy, “Regional Trading Arrangements”, en International Trade Policies: The Uruguay Round and Beyond, vol. II. Background Papers, edición a cargo de Naheed Kirmani y otros (FMI. 1994).

    Véase, por ejemplo, Rowthorn y Ramaswamy, “Deindustrialization: Causes and Implications”.

    Véase “El mundo del trabajo en una economía integrada”, en Informe sobre el Desarrollo Mundial 1995 (Washington: Banco Mundial, 1995).

    Véase Donald J. Robbins, “Evidence on Trade and Wages in the Developing World”, OCDE, documento técnico del Centro de Desarrollo, No. 119 (diciembre de 1996). El autor sostiene que, contrariamente a las predicciones del teorema de equiparación de los precios de los factores, los salarios de los trabajadores no calificados han disminuido en términos relativos en varios países en desarrollo, probablemente como consecuencia de la tecnología.

    Véase Thomas Straubhaar, On the Economics of International Labor Migration (Berna; Stuttgart: Paul Haupt, 1988).

    Véase Phillip Martin, “Economic Aspects of International Migration” (documento inédito, FMI, Departamento de Estudios, diciembre de 1996).

    La estimación de las remesas de trabajadores está tomada de Martin, “Economic Aspects”.

    En Nadeem Ul Haque y Se-Jik Kim, “‘Human Capital Flight’: Impact of Migration on Income and Growth”, Staff Papers, vol. 42 (FMI, septiembre de 1995), págs. 577-607, se presenta un análisis de los efectos que la fuga de capital humano tiene sobre el crecimiento.

    Esta disminución del rango medio de la distribución de ingresos en los países en desarrollo lleva a una distribución del ingreso global que parece caracterizarse por dos grandes grupos en cada extremo, fenómeno que se ha definido como “picos gemelos”. Véase, por ejemplo. Danny T. Quah. “Twin Peaks: Growth and Convergence in Models of Distribution Dynamics”, en Economic Journal, vol. 106 (julio de 1996), págs. 1045-55.

    Si se tienen en cuenta los distintos niveles de ingreso potencial a largo plazo derivados de las diferencias en las políticas y los recursos. los países que inicialmente son más pobres tienden a crecer con mayor rapidez que los países relativamente más ricos. Esta tendencia ha sido denominada “convergencia condicional” para reflejar la dependencia de las políticas. Véanse mayores detalles en el recuadro titulado “Convergencia económica” en la edición de octubre de 1994 de Perspectivas Je la economía mundial, pág. 106-07.

    Véase Barry Bosworth, Susan M. Collins y Yu-chin Chen. “Accounting for Differences in Economic Growth”, en Brookings Institution Discussion Paper No. 115 (Washington: Brookings Institution, diciembre de 1995).

    Como la tasa de crecimiento del producto es necesariamente igual a la razón inversión/producto dividida por la relación marginal capital/producto, una mayor razón inversión/producto estará vinculada a un crecimiento más rápido del producto, salvo que la relación marginal capital/producto sea al menos proporcionalmente mayor (es decir, que la productividad marginal del capital sea menor). Esta relación indica también que el aumento del coeficiente de inversión no estimulará el producto si la masa de capital agregada tiene una baja productividad.

    En el estudio “A Sensitivity Analysis of Cross-Country Growth Regressions”, en American Economic Review, vol. 82 (septiembre de 1992), págs. 942-63. Ross Levine y David Renelt hallan que entre una diversidad de indicadores políticos, nacionales y de política económica, sólo la participación de la inversión en el PIB muestra una correlación positiva y sólida con el crecimiento.

    Véanse, por ejemplo, la edición de octubre de 1996 de Perspectivas de la economía mundial, págs. 132-35, y Michael Sarel. “Nonlinear Effects of Inflation on Economic Growth”, en Staff Papers. vol. 43 (FMI, marzo de 1996) págs. 199-215. Véase también Michael Bruno y William Easterly, “Inflation Crises and Long-Run Growth”, documento de trabajo No. 1517 (Washington: Banco Mundial, septiembre de 1995).

    Véase en las ediciones de mayo y octubre de 1996 de Perspectivas de la economía mundial, un análisis más detallado de las consecuencias de los desequilibrios fiscales y la inflación, respectivamente.

    Sachs y Warner, utilizando su propio indicador de la apertura, sostienen que ésta constituye el factor más importante que favorece la convergencia. Dan Ben-David y Atiqur Rahman, en “Technological Convergence and International Trade”. Centro de Estudios sobre Política Económica, documento de debate No. 1359 (Londres: CEPR. marzo de 1996), encuentran que entre los 25 países más ricos del mundo existen significativas evidencias de una absoluta convergencia dentro del grupo de los principales socios comerciales de cada país.

    Véase David T. Coe. Elhanan Helpman y Alexander W. Hoffmaister. “North-South R&D Spillovers”, en Economic Journal, vol. 107 (enero de 1997), págs. 134—49.

    Véase James A. Schmitz Jr., “The Role Played by Public Enterprises: How Much Does it Differ Across Countries?”, en Quarterly Review, Banco de la Reserva Federal de Minneapolis, vol. 20 (segundo trimestre de 1996), págs. 2-15.

    Véase Omkar Goswami. “Whither Corporate Sector Reforms in India?”, documento presentado en el seminario organizado por el FMI sobre la estrategia macroeconómica y la reforma estructural de India para lograr un alto crecimiento, que tuvo lugar en Washington el 6 de marzo de 1996.

    Véase Ross Levine. “Financial Development and Economic Growth: Views and Agenda”, documento de trabajo No. 1678 (Washington: Banco Mundial, octubre de 1996).

    En las ediciones recientes de Perspectivas de la economía mundial, en particular la correspondiente a octubre de 1996, se analizó en detalle la importancia del desarrollo financiero en el proceso de crecimiento.

    Véase Nadeem Ul Haque y Ratna Sahay, “Do Government Wage Cuts Close Budget Deficits? A Conceptual Framework for Developing Countries and Transition Economies”, documento de trabajo WP/96/19 (FMI, febrero de 1996).

    Este argumento fue expuesto en 1776 por Adam Smith en Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (México: Fondo de Cultura Económica, 1958), y recientemente fue reafirmado por Sachs y Warner en “Economic Convergence”.

    Véase Paolo Mauro, “The Effects of Corruption on Growth, Investment, and Government Expenditure”, documento de trabajo WP/96/98 (FMI. septiembre de 1996).

    Véase Robert J. Barro y Xavier Sala-i-Martin, Economic Growth (Nueva York: McGraw Hill. 1995), págs. 439-40.

    Barro y Sala-i-Martin. Economic Growth, pág. 436.

    Véase, por ejemplo, Lant Pritchett, “Where Has All the Education Gone?”, documento de trabajo No. 1581 sobre investigaciones relativas a políticas de desarrollo (Washington: Banco Mundial, marzo de 1996).

    Véase Jonathan Temple y Paul Johnson. “Social Capability and Economic Development”, documento de trabajo (Oxford, Inglaterra: Nuffield College, julio de 1996). Los autores utilizan el índice de Adelman-Morris, que incluye mediciones del tamaño del sector agrícola, el grado de urbanización, la movilidad social, la alfabetización y las comunicaciones masivas, como variables sustitutivas del desarrollo social.

    Por ejemplo, Levine y Renelt, en “Sensitivity Analysis”, informan que un aumento de I punto porcentual en la tasa de crecimiento demográfico reduce aproximadamente ½ punto porcentual el crecimiento del PIB per cápita. Sin embargo, el crecimiento demográfico y la fecundidad pueden también verse afectados por la tasa de crecimiento del producto.

    Para todas las variables, la categoría alta se definió como el valor medio más la mitad o más de la desviación estándar, la categoría baja como la media menos la mitad de la desviación estándar o menos, y la categoría mediana incluyó todos los valores intermedios.

    Esta conclusión difiere de la de Sachs y Warner. “Economic Convergence”. Estos autores verifican la efectividad de diversas políticas para promover un crecimiento económico superior al promedio, y concluyen que una postura comercial abierta y la protección de los derechos de propiedad son suficientes para un rápido crecimiento.

    William Easterly y Ross Levine. “Africa’s Growth Tragedy: A Retrospective. 1960—89”. documento de trabajo No. 1503. (Washington: Banco Mundial, agosto de 1995), afirman sin embargo que además de la intervención del Estado, existen otros factores que explican un crecimiento bajo, como la inestabilidad política y tas externalidades de los resultados económicos de los países vecinos.

    En Perspectivas de la economía mundial, octubre de 1996, págs. 83-85. puede verse un análisis más detallado de la iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados.

    Los indicadores empleados en el cuadro son necesariamente imperfectos. Por ejemplo, las razones entre el comercio exterior y el PIB no sólo recogen el grado de integración de los países en los mercados mundiales sino también el tamaño del país, ya que los países grandes, por el hecho de ser bastante autosuficientes, tienden a tener corrientes de comercio internacional relativamente más reducidas en comparación con el tamaño de sus economías que los países más pequeños.

    La incertidumbre monetaria inicial que imperaba en la región se describe en Thomas Wolf, Warren Coats, Daniel Citrin y Adrienne Cheasty. Financial Relations Among Countries of the Former Soviet Union, análisis económico del FMI No. I (febrero de 1994). y en Thomas Wolf. “Currency Arrangements in Countries of the Former Ruble Area and Conditions for Sound Monetary Policy”, documento de análisis y evaluación de la política económica PPAA/94/15 (FMI, julio de 1994).

    Un análisis detallado del comercio en los países en transición se ofrece en Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa, Economic Bulletin for Europe, vol. 48 (Ginebra: Naciones Unidas, 1996).

    Simeon Djankov y Bernard Hoekman, concluyen que el comercio es una fuente importante de aumento de la productividad total de los factores a nivel de las empresas en “Trade Reorientation and Post-Reform Productivity Growth in Bulgarian Enterprises”, documento No. 1707 sobre investigaciones relativas a políticas de desarrollo (Washington: Banco Mundial, enero de 1997).

    Coe, Helpman y Hoffmaister, “North-South R&D Spillovers”.

    Por otra parte, el hecho de que los precios de los productos de exportación de algunos países en transición, como Estonia y la República Checa, hayan aumentado más rápidamente que los precios de los bienes comerciados de los países de Europa occidental con los que sostienen relaciones comerciales, podría indicar que han aumentado los parámetros de calidad de las industrias de exportación de estos países, de modo que, al calcular el incremento de los costos unitarios de mano de obra, se podría estar sobrestimando el descenso de la competitividad.

    EI cálculo de los indicadores de los “salarios de equilibrio” o de “tipos de cambio reales de equilibrio” de los países en transición es especialmente difícil ya que las estructuras de producción de dichos países siguen sufriendo grandes transformaciones. Véanse László Halpern y Charles Wyplosz, “Equilibrium Exchange Rates in Transition Economies”, documento de trabajo WP/96/125 (FMI, noviembre de 1996). y Kornélia Krajnyák y Jeromin Zettelmeyer, “Competitiveness in Transition Economies: What Scope for Real Appreciation?” (FMI, documento de trabajo de próxima publicación).

    Entre otros países que sufrieron graves problemas de financiamiento tras el desplome del antiguo sistema de transferencias se incluyen la ex República Yugoslava de Macedonia y Mongolia.

    Yuri Dikhanov, “Measuring the Terms of Trade in the Countries of the Former Soviet Union”, en Foreign Trade Statistics in the USSR and Successor States. Studies of Economies in Transition No. 18, edición a cargo de Misha Belkindas y Olga V. Ivanova (Washington: Banco Mundial, 1995), págs. 55-73; y Wolf, Coats, Citrin y Cheasty, en Financial Relations.

    La UE organizó un financiamiento de la balanza de pagos para varios países de Europa central y oriental. La asistencia, brindada por los 24 países de la OCDE y la UE misma, se ofreció en estrecha coordinación con el FMI, y tenía como fin ayudar a acrecentar las reservas oficiales y, de esa manera, facilitar la liberalización de los pagos en divisas y la adopción de monedas convertibles. Las razones aducidas para justificar esa iniciativa se explican en la contribución de Flemming Larsen al debate del grupo de expertos, que figura en Currency Convertibility in Eastern Europe, edición a cargo de John Williamson (Washington: Instituto de Economía Internacional, 1991), págs. 349-53.

    No obstante, en varios países en transición de bajo ingreso seguirá requiriéndose asistencia oficial a plazos más largos; estos países, según los criterios de la OCDE, reúnen los requisitos para obtener asistencia oficial para el desarrollo. Además, el programa de reconstrucción de Bosnia y Herzegovina requerirá un monto apreciable de financiamiento oficial.

    Sólo un país, Turkmenistán, no ha recibido respaldo financiero del FMI debido a su situación externa relativamente sólida y a la inexistencia de un programa integral de reforma; aún no ha sido aprobado el ingreso al FMI de la República Federativa de Yugoslavia.

    Recientemente se ha examinado esta cuestión en Guillermo Calvo, Ratna Sahay y Carlos Végh, “Capital Flows in Central and Eastern Europe: Evidence and Policy Options”, en Private Capital Flows to Emerging Markets after the Mexican Crisis, edición a cargo de Guillermo Calvo, Morris Goldstein y Eduard Hochreiter (Washington: Instituto de Economía Internacional, 1996), págs. 57-90; Jang-Yung Lee, “Implications of a Surge in Capital Inflows: Available Tools and Consequences for the Conduct of Monetary Policy”, documento de trabajo WP/96/53 (FMI, mayo de 1996), y Pierre Siklos, “Capital Flows in a Transitional Economy and the Sterilization Dilemma: The Hungarian Case”, documento de trabajo WP/96/86 (FMI, agosto de 1996); en Economic Bulletin for Europe, ediciones de 1995 y 1996, se encuentran datos sobre los flujos de capital a corto plazo.

    Según World Debt Tables del Banco Mundial, se considera que los países están moderadamente endeudados cuando su razón deuda/exportación supera el 132%, y gravemente endeudados cuando la razón es superior al 220%.

    Véase Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa, Economic Bulletin for Europe y Economic Survey of Europe, y Banco Mundial, Financial Flows and the Developing Countries: A World Bank Quarterly.

    Con respecto a la función de la inversión directa extranjera en los países en transición, véase también la edición de mayo de 1995 de Perspectivas de la economía mundial, págs. 65-72. Entre los estudios recientes se destacan Klaus-Dieter Schmidt, “Foreign Direct Investment in Eastern Europe: State-of-the Art and Prospects”, en Transforming Economies and European Integration, edición a cargo de Rumen Dobrinsky y Michael Landesmann (Aldershot: Edward Elgar, 1996), págs. 268-89, y Richard Stern, “Putting Foreign Direct Investment in Eastern Europe Into Perspective: Turning a Macroeconomic Failure Into a Microeconomic Success Story”, en el mismo volumen, págs. 297-310.

    Las principales fuentes de información sobre el flujo agregado de inversión directa extranjera que ingresa a las economías en transición son las ediciones anuales de Transition Report, del BERF; Economic Bulletin for Europe, de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa, y World Debt Tables—External Finance for Developing Countries, del Banco Mundial.

    Gábor Hunya y Jan Stankovsky “Foreign Direct Investment in Central and East European Countries and the Former Soviet Union” (Viena: Instituto de Comparación Económica Internacional de Viena, 1996) incluye datos sobre la composición sectorial de la inversión directa extranjera en varios países bálticos y de Europa oriental. A su vez, Stefano Manzocchi, “Sectoral Patterns of FDI in Central and Eastern Europe: A Note” (inédito; Departamento de Economía, Universidad de Ancona, diciembre de 1996) ofrece un análisis preliminar de la composición sectorial del sector manufacturero.

    Véanse estudios recientes sobre este tema en Melanie Lansbury, Nigel Pain y Katerina Smidkova, “Foreign Direct Investment in Central Europe Since 1990: An Econometric Study”, en National Institute Economic Review, No. 156 (mayo de 1996), págs. 104-14, y Hans Peter Lankes y Anthony Venables, “Foreign Direct Investment in Economic Transition: The Changing Pattern of Investments”, en Economics of Transition, vol. 4 (1996), págs. 331—47. estudio basado en una encuesta de empresas que han emprendido o llevado a cabo proyectos de inversión directa extranjera en la región.

    En la mayoría de los estudios basados en datos de encuestas se concluye que la búsqueda de mercados era el principal motivo y que las ventajas en cuanto al costo de los factores tenían menos importancia para la mayoría de las inversiones inicíales. En Lankes y Venables, “Foreign Direct Investment”, se presenta un panorama general.

    La creciente importancia que la inversión en infraestructura reviste para los países en transición se pone de relieve en Laurence Carter, Frank Sader y Pernille Holtedahl, “Foreign Direct Investment in Central and Eastern European Infrastructure”, Occasional Paper No. 7 del Servicio de Asesoría sobre Inversión Extranjera del Banco Mundial (Washington: Banco Mundial, 1996).

    Los certificados de depósito de acciones son instrumentos negociables basados en participaciones de capital que amparan acciones que se cotizan en los mercados bursátiles de los países en transición y que permanecen bajo la custodia de un banco de depósito; los certificados se cotizan y negocian en los mercados bursátiles de las economías avanzadas.

    En Michael S. Borish, Wei Ding y Michel Noel, On the Road to EU Accession: Financial Sector Development in Central Europe, documento de debate No. 345 (Washington: Banco Mundial, septiembre de 1996) se analizan estas cuestiones.

    Los acuerdos se firmaron con Hungría y Polonia en 1991; con Bulgaria, la República Checa, la República Eslovaca y Rumania en 1993; con los países bálticos en 1995 y con Eslovenia en 1996.

    Véanse: Coming to Terms with Accession, Forum Report of the Economic Policy Initiative No. 2, edición a cargo de Lóránd Ambrus-Lakatos y Mark Schaffer (Londres: CEPR e Institute for East-West Studies, 1996), y capítulo I de Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa, Economic Bulletin for Europe(Ginebra: Naciones Unidas, 1996).

    Anexo preparado por el Profesor Michael Bordo, Rutgers University y Kornélia Krajnyák, División de Estudios Económicos, Departamento de Estudios.

    Paul Bairoch y Richard Kozul-Wright, “Globalization Myths: Some Historical Reflections on Integration, Industrialization, and Growth in the World Economy”, Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, documento de debate No. 113 (marzo de 1996), pág. 5.

    Douglas A. Irwin, “Multilateral and Bilateral Trade Policies in the World Trading System: An Historical Perspective”, en New Dimensions in Regional Integration, edición a cargo de J. De Melo y A. Panagariya (Nueva York: Cambridge University Press, 1993), págs. 90-119.

    Douglas A. Irwin, “The United States in a New Global Economy? A Century’s Perspective”, American Economic Review, Papers and Proceedings (mayo de 1996), págs. 41-46.

    La reducción de los aranceles por parte de Gran Bretaña obedeció a un cambio del poder político y económico derivado de la Revolución Industrial, que empezó alrededor de 1750. La coalición que surgió entre los manufactureros y los trabajadores industriales que se beneficiarían de unos aranceles bajos sobre los granos en los años posteriores a las guerras napoleónicas le arrebató el control del Parlamento a los grandes terratenientes que anteriormente se habían beneficiado de la protección. Véase Douglas A. Irwin, Against the Tide: An Intellectual History of Free Trade (Princeton: Princeton University Press, 1996).

    Véase Irwin, “Multilateral and Bilateral Trade Policies”.

    Vèase Irwin, “Multilateral and Bilateral Trade Policies”.

    Forrest Capie, “Tariff Protection and Economic Performance in the Nineteenth Century”, en Policy and Performance in International Trade, edición a cargo de J. Black y L.A. Winters (Nueva York: St. Martin’s Press, 1983).

    Douglas A. Irwin, “The GATT in Historical Perspective,” American Economic Review, Papers and Proceedings (mayo de 1995), págs. 323-28.

    Véase Bairoch y Kozul-Wright, “Globalization Myths”.

    Maurice Obstfeld y Alan Taylor, “The Great Depression as a Watershed: International Capital Mobility over the Long Run”, en The Defining Moment: The Great Depression and the American Economy in the Twentieth Century, edición a cargo de M. D. Bordo, C. Goldin y E. White (Chicago: University of Chicago Press, en preparación, 1997).

    Obstfeld y Taylor, “The Great Depression”. Otros datos incluyen: un bajo nivel de correlación entre las razones de inversión y ahorro, Alan Taylor, “International Capital Mobility in History: The Saving-Investment Relationship”, NBER, documento de trabajo No. 5743 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau of Economic Research, septiembre de 1996); pruebas de paridad del poder adquisitivo, Alan Taylor, “International Capital Mobility in History: Purchasing Power Parity in the Long-Run”, NBER, documento de trabajo No. 5742 (Cambridge, Massachusetts: National Bureau of Economic Research, septiembre de 1996); y paridad de intereses sin cobertura, Charles Calomiris y Glenn Hubbard, “International Adjustment Under the Classical Gold Standard: Evidence from the U.S. and Britain, 1879-1914”, en Modern Perspectives on the Gold Standard, edición a cargo de Tamim Bayoumi, Barry Eichengreen y Mark P. Taylor (Nueva York: Cambridge University Press, 1996).

    En la macroeconomía internacional comúnmente se formula la tesis de que sólo se puede elegir al mismo tiempo dos de los tres objetivos siguientes: movilidad del capital, independencia de la política monetaria y tipos de cambio fijos. El patrón oro abarca el primero y el tercero.

    Véase Barry Eichengreen, Globalizing Capital: History of the International Monetary System (Princeton, Nueva Jersey: Princeton University Press, 1996); y Michael D. Bordo y Hugh Rockoff, “The Gold Standard as a Good Housekeeping Seal of Approval”, Journal of Economic History, vol. 56 (junio de 1996), págs. 389-428.

    Esta impresión se derivó en gran medida del estudio realizado por Ragnar Nurkse para la Sociedad de las Naciones, Experiencia Monetaria Internacional: lecciones del periodo de entreguerras(Princeton, Nueva Jersey: Sociedad de las Naciones, 1944).

    El método que solía emplearse a menudo se conocía con el nombre de ‘adelantos y atrasos’—la costumbre de acelerar los pagos en moneda nacional y retrasar los ingresos de moneda extranjera cuando se prevé una devaluación de la moneda nacional (véase Obstfeld y Taylor, “The Great Depression”.)

    Véase Michael D. Bordo, “The Bretton Woods International Monetary System: A Historical Overview,” en A Retrospective on the Bretton Woods System: Issues for International Monetary Reforms, edición a cargo de M. D. Bordo y B. Eichengreen (Chicago: University of Chicago Press, 1993), y Margaret Garritsen de Vries, The IMF in a Changing World, 1945-1985 (Washington: FMI, 1986).

    Véase Jeffrey Williamson, “Globalization, Convergence, and History”, Journal of Economic History, vol. 56 (junio de 1996), págs. 277—306.

    Comisión de las Comunidades Europeas. FMI. OCDE. ONU y Banco Mundial. System of National Accounts 1993 (Bruselas/Luxem-burgo, Nueva York. París y Washington. 1993), y FMI. Manual de Balanza de Pagos, quinta edición (1993).

    Véase el anexo IV de la edición de mayo de 1993 de Perspectivas de la economía mundial y Anne-Marie Guide y Marianne Schulze-Ghattas, “Purchasing Power Parity Based Weights for the World Economic Outlook”, en Staff Studies for the World Economic Outlook (FMI. diciembre de 1993), págs. 106-23.

    En el presente informe, el término “país” se usa no sólo para referirse a entidades territoriales que constituyen un Estado según la acepción de esa palabra en el derecho internacional escrito y consuetudinario, sino también para referirse a entidades territoriales que no son Estados, pero para los cuales se establecen políticas económicas y se mantienen datos estadísticos en forma separada e independiente.

    Si no se dispone de información sobre el saldo de activos netos frente al exterior, los países podrán ser incluidos en este grupo si han acumulado un superávit considerable en cuenta corriente durante los 25 años anteriores a 1995.

    Dentro de la clasificación por cumplimiento del servicio de la deuda, se hace una distinción entre los países con y sin dificultades de servicio de la deuda. En el período 1991-95, 65 países incurrieron en atrasos en los pagos externos o celebraron acuerdos de reprogramación de deudas con acreedores oficiales o bancos comerciales. Este grupo se denomina países con dificultades recientes de servicio de la deuda. Todos los demás países deudores netos se clasifican como países sin dificultades recientes de servicio de la deuda.

    Anthony R. Boote y Kamau Thugge, “Debt Relief for Low-lncome Countries and the HIPC Initiative”, documento de trabajo WP/97/24 (FMI. marzo de 1997).

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