Front Matter

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Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
October 2005
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    Estudios económicos y financieros

    PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA MUNDIAL

    Septiembre de 2005

    El desarrollo de las instituciones

    Fondo Monetario Internacional

    ©2005 International Monetary Fund

    Edición en inglés

    Producción: División de Servicios Multimedia del FMI

    Cubierta y diseño: Luisa Menjivar-Macdonald

    Gráficos: Theodore F. Peters, Jr.

    Composición gráfica: Choon Lee

    Edición en español

    División de Español

    Departamento de Tecnología y

    Servicios Generales del FMI

    Perspectivas de la economía mundial (Fondo Monetario Internacional)

    Perspectivas de la economía mundial: Estudio realizado por el personal técnico del Fondo Monetario Internacional.—1980– —Washington: El Fondo, 1980–

    v.; 28 cm.—(1981–84: Occasional paper/International Monetary Fund ISSN 0251-6365)

    Annual.

    Has occasional updates, 1984–

    ISSN 0258-7440 = Estudios económicos y financieros

    ISSN 0256-6877 = Perspectivas de la economía mundial

    (Washington)

    1. Economic history—1971– —Periodicals. I. International Monetary Fund. II. Series: Occasional paper (International Monetary Fund)

    HC10.W7979 84-640155

    338.5’443’09048—dc19

    AACR 2 MARC-S

    Library of Congress 8507

    Se publica dos veces al año.

    ISBN 1-58906-456-9

    Precio: $49,00

    ($46,00 para catedráticos y estudiantes universitarios)

    Solicítese a:

    International Monetary Fund, Publication Services

    700 19th Street, N.W., Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Tel.: (202) 623-7430 Fax: (202) 623-7201

    Correo electrónico: publications@imf.org

    Internet: http://www.imf.org

    en papel reciclado

    Índice

    Supuestos y convenciones

    En la preparación de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial se han adoptado los siguientes supuestos: el promedio de los tipos de cambio efectivos reales permanecerá constante en su nivel del período comprendido entre el 8 de julio y el 5 de agosto de 2005, con excepción de las monedas que participan en el mecanismo de tipos de cambio (MTC 2) de Europa, que se ha supuesto permanecerán constantes en términos nominales en relación con el euro; las autoridades nacionales mantendrán la política económica establecida (los supuestos concretos sobre la política fiscal y monetaria de los países industriales se indican en el recuadro A1); el precio medio del petróleo será de $54,23 el barril en 2005 y $61,75 el barril en 2006, y en el mediano plazo se mantendrá constante en términos reales; el promedio de la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) para depósitos a seis meses en dólares de EE.UU. será de 3,6% en 2005 y 4,5% en 2006; la tasa de los depósitos a seis meses en euros será, en promedio, 2,1% en 2005 y 2,4% en 2006, y el promedio de la tasa de los depósitos en yenes japoneses será de 0,1% en 2005 y 0,2% en 2006. Naturalmente, estas son hipótesis de trabajo, no pronósticos, y la incertidumbre que conllevan se suma al margen de error que de todas maneras existiría en las proyecciones. Las estimaciones y proyecciones se basan en la información estadística disponible hasta principios de septiembre de 2005.

    En esta publicación se utilizan los siguientes símbolos:

    • … Indica que no se dispone de datos o que los datos no son pertinentes.

    • — Indica que la cifra es cero o insignificante.

    • – Se usa entre años o meses (por ejemplo, 2003–04 o enero–junio) para indicar los años o meses comprendidos, incluidos los años o meses mencionados.

    • / Se emplea entre años o meses (por ejemplo, 2003/04) para indicar un ejercicio fiscal o financiero.

    Los “puntos básicos” son centésimos de punto porcentual (por ejemplo, 25 puntos básicos equivalen a ¼ de punto porcentual).

    El signo $ corresponde al dólar de EE.UU.

    En los gráficos y cuadros del texto, las áreas sombreadas indican proyecciones del personal técnico del FMI.

    En algunos casos el total no coincide con la suma de los componentes debido al redondeo de las cifras.

    En esta publicación, el término “país” no se refiere en todos los casos a una entidad territorial que constituya un Estado conforme al derecho y a la práctica internacionales; el término puede designar también algunas entidades que no son Estados sobre las que se mantienen datos estadísticos en forma separada e independiente.

    Información Adicional

    La versión completa en inglés de Perspectivas de la economía mundial se ha publicado en el sitio del FMI en Internet, www.imf.org, donde también se publica una compilación más completa de información extraída de la base de datos utilizada para este estudio. Los archivos, que contienen las series de datos que solicitan con más frecuencia los lectores, pueden copiarse en una computadora personal utilizando diferentes programas informáticos.

    Las consultas sobre el contenido de Perspectivas de la economía mundial y la base de datos de este estudio pueden enviarse por carta, correo electrónico o fax (no se aceptan llamadas telefónicas) a:

    World Economic Studies Division

    Research Department

    International Monetary Fund

    700 19th Street, N.W.

    Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Correo electrónico: weo@imf.org Fax: (202) 623-6343

    Prefacio

    Los análisis y las proyecciones que se presentan en Perspectivas de la economía mundial forman parte integral de la supervisión que ejerce el FMI con respecto a la evolución y las políticas económicas de los países miembros, los acontecimientos en los mercados financieros internacionales y el sistema económico mundial. El análisis de las perspectivas y políticas es producto de un minucioso examen de la evolución económica mundial que llevan a cabo varios departamentos del FMI tomando principalmente como base la información que recogen los funcionarios de la institución en sus consultas con los países miembros. Dichas consultas están a cargo sobre todo de los departamentos regionales, conjuntamente con el Departamento de Elaboración y Examen de Políticas, el Departamento de Mercados Internacionales de Capital, el Departamento de Sistemas Monetarios y Financieros y el Departamento de Finanzas Públicas.

    El análisis que se presenta en este informe ha sido coordinado por el Departamento de Estudios bajo la dirección general de Raghuram Rajan, Consejero Económico y Director del Departamento de Estudios. La dirección del proyecto ha estado a cargo de David Robinson, Subdirector del Departamento de Estudios, y de Tim Callen, Jefe de División del Departamento de Estudios.

    Los principales colaboradores fueron Nicoletta Batini, Roberto Cardarelli, Thomas Helbling, Kalpana Kochhar, Kenneth Kuttner, Subir Lall, Douglas Laxton, Gian Maria Milesi-Ferretti, Sam Oularis, S. Hossein Samiei, Martin Sommer, Nikola Spatafora, Marco Terrones y Toh Kuan. Paul Atang, Nathalie Carcenac, Stephanie Denis, Angela Espiritu, Manuela Goretti y Yutong Li colaboraron en las tareas de investigación. Laurent Meister, Mahnaz Hemmati, Casper Meyer y Ercument Tulun procesaron los datos y operaron los sistemas de informática. Sylvia Brescia, Celia Burns y Seetha Milton se encargaron de la preparación del texto en inglés. También colaboraron Tamim Bayoumi, Arvind Subramanian, Robin Brooks, Ralph Bryant, Marcos Chamon, To-Nhu Dao, Marc de Fleurieu, Maria González, Simon Johnson, Alejandro Justiniano, Kornélia Krajnyák, Chris Lane, Andrei Levchenko, Davide Lombardo, Akito Matsumoto, Enrique Mendoza, Paul Nicholson, Christopher Otrok, Alessandro Prati, Catriona Purfield, Francesca Recanatini, James Robinson, Kenichi Ueda y Susana Mursula. Marina Primorac, del Departamento de Relaciones Externas, y Adriana Vilar, del Departamento de Tecnología y Servicios Generales, coordinaron la producción de la publicación en árabe, español y francés. La versión en español estuvo a cargo de la División de Español de dicho departamento.

    El análisis se ha enriquecido con comentarios y sugerencias de funcionarios de otros departamentos del FMI y de los directores ejecutivos, tras el debate de este informe los días 31 de agosto y 2 de septiembre de 2005. No obstante, cabe aclarar que las proyecciones y consideraciones de política económica corresponden al personal técnico del FMI y no deben atribuirse a los directores ejecutivos ni a las autoridades nacionales que representan.

    Introducción

    Perspectivas de la economía mundial es el resultado de una labor llevada a cabo en colaboración: su preparación está a cargo de un pequeño núcleo de técnicos del FMI que cuenta con la gran ayuda de funcionarios de toda la organización. Desearía dejar constancia de mi agradecimiento a David Robinson, a Tim Callen, a los integrantes de la División de Estudios Económicos Internacionales y al personal de otras divisiones y departamentos del FMI que trabajaron juntos para que el lector pueda tener en sus manos esta edición.

    La economía mundial ha demostrado una extraordinaria capacidad de recuperación en los últimos años. Las epidemias, los desastres naturales y los altísimos precios del petróleo han sido apenas nubarrones en el panorama general de crecimiento firme. Pese a los estragos ocasionados por el huracán Katrina en el golfo de México y las repercusiones que tiene este suceso en el resto del mundo, las previsiones del crecimiento mundial para 2005 se mantienen invariables desde la edición de abril de Perspectivas de la economía mundial, y se han revisado ligeramente a la baja las proyecciones del crecimiento para 2006. No obstante, estas perspectivas globales favorables ocultan varios desequilibrios graves. En primer lugar, permítanme utilizar un marco, excesivamente simplista sin duda, que se basa en las conclusiones del capítulo II para reflexionar sobre cómo se ha llegado hasta aquí.

    En mi opinión, la situación actual tiene sus orígenes primordialmente en una serie de crisis anteriores, en particular, las ocurridas en las economías emergentes de Asia y América Latina, la crisis bancaria de Japón en los años noventa y la expansión y recesión del sector de la tecnología de la información en varios países industriales a principios del milenio. El exceso de inversión fue la raíz principal de todas estas crisis y la reacción consiguiente fue una fuerte caída de la inversión y solo una recuperación muy cautelosa desde entonces. Las medidas adoptadas para hacer frente a la atonía de la inversión, y los resultados, han variado de un país a otro. En algunos países industriales, sobre todo Estados Unidos, las políticas fiscales y monetarias acomodaticias han fomentado un crecimiento del consumo impulsado por el crédito. En cambio, en varias economías de mercados emergentes, la política tradicionalmente laxa se ha vuelto mucho menos acomodaticia. En algunos países se han registrado por primera vez superávit primarios y se ha mantenido una política monetaria restrictiva. La mayoría de los países han reducido la inflación, ayudados en algunos casos por regímenes de metas de inflación (véase el capítulo IV; en este sentido, cabe señalar que para fijar metas de inflación no es necesario que los países hayan desplegado todo el sistema de antemano: lo que es importante es que se comprometan a llevar a cabo los cambios necesarios una vez adoptado el régimen).

    Dado que las empresas de los mercados emergentes se han mostrado cautelosas con respecto a la inversión y los gobiernos, prudentes respecto del gasto, el crecimiento ha estado impulsado primordialmente por las exportaciones. La brecha positiva entre el ahorro y la inversión ha dado lugar a que varios países de mercados emergentes registren superávit en cuenta corriente por primera vez.

    Deberíamos alegrarnos de la coordinación implícita de las políticas que nos ha permitido hacer frente a estas crisis, que, de lo contrario, podrían haber sido mucho más graves. Los gobiernos de los países industriales utilizaron su mayor margen de maniobra fiscal y monetario para adoptar políticas expansivas que ayudaron a los mercados emergentes —cuyos gobiernos debían demostrar austeridad— a superar sus dificultades a través del crecimiento.

    Algunos consideran que esta situación —en la que los países ricos consumen más y los mercados emergentes les proporcionan los bienes y el financiamiento— es un nuevo orden mundial. Para mí, es un mecanismo temporal y eficaz para responder a las crisis, que ahora debe modificarse. Por lo tanto, la economía mundial tiene que llevar a cabo dos tipos de transiciones. En primer lugar, el consumo debe dar paso sin sobresaltos a una mayor inversión, a medida que se absorbe el exceso de capacidad y se abandona la política acomodaticia en los países industriales. En segundo lugar, el núcleo de demanda interna tiene que desplazarse de los países que registran déficit a los que acumulan superávit a fin de reducir los actuales desequilibrios en cuenta corriente.

    Es con cierta preocupación que cabe preguntarse si estas transiciones se llevarán a cabo sin contratiempos. En primer lugar, los desequilibrios internos y externos pudieron financiarse fácilmente gracias al vertiginoso aumento de los precios de los activos, impulsado por la disponibilidad de liquidez mundial; al exceso de capacidad y al comercio mundial, que contribuyeron a la estabilidad de los precios de los bienes; y a las tasas de interés, que se mantuvieron en un nivel bajo debido a la atonía de la inversión. Los indicadores tradicionales como la inflación, las tasas de interés y los tipos de cambio no han comenzado a emitir señales. En cambio, están surgiendo otros cuellos de botella, como es el caso de la oferta de petróleo. Es muy posible que el financiamiento fácil les haya dado más rienda suelta a las economías y que las señales tradicionales se hayan tornado demasiado rígidas. Lo preocupante es que cuando llegue el momento inevitable de cambiar, cambien bruscamente, lo que tendrá repercusiones en el crecimiento. Por lo tanto, otras señales, como los precios del petróleo, ocuparán su lugar.

    En segundo lugar, aunque la demanda interna está cobrando impulso, las economías emergentes y los países productores de petróleo deben hacer mucho más. Pero un frenesí de inversión de baja calidad liderada por el Estado o alimentada con financiamiento no es la solución: ya hemos experimentado las consecuencias de este tipo de situaciones en el pasado. En cambio, se necesitan reformas estructurales de los mercados financieros, de los productos y del trabajo para que pueda surgir una inversión de alta calidad y de origen privado. Es posible que en este caso lo bueno haya sido enemigo de lo óptimo. El crecimiento vigoroso de las exportaciones y las buenas políticas de los gobiernos han contribuido a que varios países hayan generado crecimiento sin aplicar las reformas profundas necesarias para crear una demanda interna sólida y sostenible. Estos países dependen excesivamente de la demanda de otras regiones, que, a su vez, está impulsada por procesos insostenibles. Es precisamente la preocupación por los contratiempos que podrían trabar las transiciones lo que me lleva a pensar que, aunque el escenario central muestra un crecimiento robusto, existen riesgos de una evolución desfavorable.

    Evidentemente, para que el crecimiento mundial sea sostenido, la demanda interna de los países con déficit en cuenta corriente (sobre todo, aunque no exclusivamente, Estados Unidos), estimulada por políticas acomodaticias y condiciones de financiamiento favorables, tendrá que enfriarse a un ritmo mesurado. La demanda interna deberá fortalecerse en los países con superávit, pero no mediante políticas expansivas insostenibles, sino por medio de reformas estructurales. Las medidas precisas varían de un país a otro (véase el apéndice 1.2), pero, tomadas en conjunto, pueden infundir a los mercados financieros la confianza en una inminente corrección de los desequilibrios, lo que hará que estén dispuestos a seguir financiando una transición ordenada. Una consecuencia positiva de la responsabilidad compartida es que ayudará a las autoridades económicas de cada país a alejar el debate interno de las recriminaciones y las soluciones proteccionistas que, de lo contrario, surgirían de forma natural y sin duda desencadenarían el triste desenlace que todos tratamos de evitar.

    A continuación, me referiré a los países más pobres. Es beneficioso que los países industriales estén considerando la posibilidad de aumentar y mejorar la asistencia financiera que les brindan. Pero es importante no tener puestas todas nuestras esperanzas de desarrollo en un solo instrumento: la ayuda. Si hay una cosa que nos haya enseñado la economía moderna del desarrollo durante más de 50 años es a tener la humildad de reconocer que sabemos muy poco. En los años sesenta, todos hubiéramos escogido a India en lugar de Corea del Sur como la prometedora estrella del crecimiento. Después de los años ochenta, pocos habrían creído que Mauricio o Botswana tendrían la oportunidad de alcanzar tasas de crecimiento comparables a las de los países de Asia oriental.

    Aunque nadie tiene la “fórmula mágica” del crecimiento, hay algunos aspectos que sí parecen importantes, como una gestión macroeconómica sensata, con disciplina fiscal, inflación moderada y un tipo de cambio relativamente competitivo; leyes y políticas estructurales que creen un entorno propicio para la actividad privada con bajos costos de transacción; y la apertura de la economía al comercio internacional. Además, indudablemente también es una ventaja tener una población con un nivel de educación alto que vea oportunidades en el crecimiento y la competencia.

    En el capítulo III se presentan otras razones por las cuales algunos de estos factores relacionados con el entorno podrían ser importantes. Si bien no es nada nuevo decir que las instituciones son importantes para el crecimiento económico, la opinión predominante entre los economistas ha sido que las instituciones de un país están en buena medida predeterminadas por su pasado histórico, por ejemplo, por la naturaleza de sus colonizadores. Ese capítulo contiene nuevos datos que demuestran que, de hecho, las instituciones cambian, y a veces con mucha rapidez. Y estas transiciones institucionales están vinculadas con aumentos considerables de la inversión del sector privado y del crecimiento económico. Por ejemplo, las transiciones institucionales de Benin y Zambia han llevado aparejado un aumento de las tasas de crecimiento de 4 puntos porcentuales o más. En este capítulo se señala que es más probable que las transiciones institucionales se lleven a cabo en países donde el nivel de educación es alto, que se encuentran cerca de otros países que tienen instituciones sólidas, y que están más abiertos al comercio. Esto significa que, además de proporcionar ayuda, los otros países deben alentar la aplicación de políticas que nutran a las instituciones en los países pobres. Los países ricos pueden ayudar, por ejemplo, reduciendo los obstáculos a las exportaciones de los países pobres, y convenciéndolos para que reduzcan sus propias barreras.

    Con respecto a la tarea de reducir los desequilibrios mundiales y fomentar el desarrollo, un ámbito en el que son muy necesarias medidas colectivas es la Ronda de Doha. Los miembros de la Organización Mundial del Comercio aún no han llegado siquiera a una “primera aproximación” a un acuerdo, lo cual dificulta la preparación de la Conferencia Ministerial que tendrá lugar en la RAE de Hong Kong en diciembre. Los acuerdos de liberalización del comercio exigen algo más que discursos. Concretamente, los países grandes deben llevar la iniciativa en el cumplimiento de sus responsabilidades frente a la comunidad mundial llegando a un acuerdo ambicioso que pueda suscribir el resto del mundo.

    Raghuram Rajan

    Consejero Económico y Director del Departamento de Estudios

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