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Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
May 2005
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    PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA MUNDIAL

    Abril de 2005

    Globalización y desequilibrios externos

    Fondo Monetario Internacional

    ©2005 International Monetary Fund

    Edición en inglés

    Producción: División de Servicios Multimedia del FMI

    Cubierta y diseño: Luisa Menjivar-Macdonald

    Gráficos: Theodore F. Peters, Jr.

    Composición gráfica: Choon Lee

    Edición en español

    División de Español

    Departamento de Tecnología y Servicios Generales del FMI

    Perspectivas de la economía mundial (Fondo Monetario Internacional)

    Perspectivas de la economía mundial: Estudio realizado por el personal técnico del Fondo Monetario Internacional.—1980– —Washington: El Fondo, 1980–

    v.; 28 cm.—(1981–84: Occasional paper/International Monetary Fund ISSN 0251-6365)

    Annual.

    Has occasional updates, 1984–

    ISSN 0258-7440 = Estudios económicos y financieros

    ISSN 0256-6877 = Perspectivas de la economía mundial

    (Washington)

    1. Economic history—1971– —Periodicals. I. International Monetary Fund. II. Series: Occasional paper (International Monetary Fund)

    HC10.W7979 84-640155

    338.5’443’09048—dc19

    AACR 2 MARC-S

    Library of Congress 8507

    Se publica dos veces al año.

    ISBN 1-58906-431-3

    Precio: $49,00

    ($46,00 para catedráticos y estudiantes universitarios)

    Solicítese a:

    International Monetary Fund, Publication Services

    700 19th Street, N.W., Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Tel.: (202) 623-7430 Fax: (202) 623-7201

    Correo electrónico: publications@imf.org

    Internet: http://www.imf.org

    en papel reciclado

    Índice

    Supuestos y convenciones

    En la preparación de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial se han adoptado los siguientes supuestos: el promedio de los tipos de cambio efectivos reales permanecerá constante en su nivel del período comprendido entre el 31 de enero y el 28 de febrero de 2005, con excepción de las monedas que participan en el mecanismo de tipos de cambio (MTC 2) de Europa, que se ha supuesto permanecerán constantes en términos nominales en relación con el euro; las autoridades nacionales mantendrán la política económica establecida (los supuestos concretos sobre la política fiscal y monetaria de los países industriales se indican en el recuadro A1); el precio medio del petróleo será de $46,50 el barril en 2005 y $43,75 el barril en 2006, y en el mediano plazo se mantendrá constante en términos reales; el promedio de la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) para depósitos a seis meses en dólares de EE.UU. será de 3,3% en 2005 y 4,1% en 2006; la tasa de los depósitos a seis meses en euros será, en promedio, 2,3% en 2005 y 2,9% en 2006, y el promedio de la tasa de los depósitos en yenes japoneses será de 0,1% en 2005 y 0,4% en 2006. Naturalmente, estas son hipótesis de trabajo, no pronósticos, y la incertidumbre que conllevan se suma al margen de error que de todas maneras existiría en las proyecciones. Las estimaciones y proyecciones se basan en la información estadística disponible hasta fines de marzo de 2005.

    En esta publicación se utilizan los siguientes símbolos:

    • … Indica que no se dispone de datos o que los datos no son pertinentes.

    • — Indica que la cifra es cero o insignificante.

    • – Se usa entre años o meses (por ejemplo, 2003–04 o enero–junio) para indicar los años o meses comprendidos, incluidos los años o meses mencionados.

    • / Se emplea entre años o meses (por ejemplo, 2003/04) para indicar un ejercicio fiscal o financiero.

    Los “puntos básicos” son centésimos de punto porcentual (por ejemplo, 25 puntos básicos equivalen a ¼ de punto porcentual).

    El signo $ corresponde al dólar de EE.UU.

    En los gráficos y cuadros del texto, las áreas sombreadas indican proyecciones del personal técnico del FMI.

    En algunos casos el total no coincide con la suma de los componentes debido al redondeo de las cifras.

    En esta publicación, el término “país” no se refiere en todos los casos a una entidad territorial que constituya un Estado conforme al derecho y a la práctica internacionales; el término puede designar también algunas entidades que no son Estados sobre las que se mantienen datos estadísticos en forma separada e independiente.

    Información Adicional

    La versión completa en inglés de Perspectivas de la economía mundial se ha publicado en el sitio del FMI en Internet, www.imf.org, donde también se publica una compilación más completa de información extraída de la base de datos utilizada para este estudio. Los archivos, que contienen las series de datos que solicitan con más frecuencia los lectores, pueden copiarse en una computadora personal utilizando diferentes programas informáticos.

    Las consultas sobre el contenido de Perspectivas de la economía mundial y la base de datos de este estudio pueden enviarse por carta, correo electrónico o fax (no se aceptan llamadas telefónicas) a:

    World Economic Studies Division

    Research Department

    International Monetary Fund

    700 19th Street, N.W.

    Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Correo electrónico: weo@imf.org Fax: (202) 623-6343

    Prefacio

    Los análisis y las proyecciones que se presentan en Perspectivas de la economía mundial forman parte integral de la supervisión que ejerce el FMI con respecto a la evolución y las políticas económicas de los países miembros, los acontecimientos en los mercados financieros internacionales y el sistema económico mundial. El análisis de las perspectivas y políticas es producto de un minucioso examen de la evolución económica mundial que llevan a cabo varios departamentos del FMI tomando principalmente como base la información que recogen los funcionarios de la institución en sus consultas con los países miembros. Dichas consultas están a cargo sobre todo de los departamentos regionales, juntamente con el Departamento de Elaboración y Examen de Políticas, el Departamento de Mercados Internacionales de Capital, el Departamento de Sistemas Monetarios y Financieros y el Departamento de Finanzas Públicas.

    El análisis que se presenta en este informe ha sido coordinado por el Departamento de Estudios bajo la dirección general de Raghuram Rajan, Consejero Económico y Director del Departamento de Estudios. La dirección del proyecto ha estado a cargo de David Robinson, Subdirector del Departamento de Estudios, y de Tim Callen, Jefe de División del Departamento de Estudios.

    Los principales colaboradores fueron Nicoletta Batini, Roberto Cardarelli, Dalia Hakura, Thomas Helbling, Subir Lall, Sam Ouliaris, Martin Sommer, S. Hossein Samiei, Nikola Spatafora y Marco Terrones. Paul Atang, Angela Cabugao, Nathalie Carcenac, Stephanie Denis, Toh Kuan, Yutong Li y Paul Nicholson colaboraron en las tareas de investigación. Mahnaz Hemmati, Laurent Meister, Casper Meyer y Ercument Tulun procesaron los datos y operaron los sistemas de informática. Sylvia Brescia, Celia Burns y Seetha Milton se encargaron de la preparación del texto en inglés. También colaboraron Reena Aggarwal, Maud Bökkerink, Michael Bordo, Hamid Davoodi, Aasim Husain, Dermot Gately, Jean-Jacques Hallaert, Panagiotis T. Konstantinou, Ayhan Kose, Philip Lane, Douglas Laxton, Chee Sung Lee, Gian Maria Milesi-Ferretti, Prachi Mishra, Dirk Muir, Christopher Otrok, Jens Reinke, Andrea Richter Hume, Calvin Schnure, Irina Tytell y Linda Tesar. Marina Primorac, del Departamento de Relaciones Externas, y Virginia Masoller, del Departamento de Tecnología y Servicios Generales, coordinaron la producción de la publicación en árabe, español y francés. La versión en español estuvo a cargo de la División de Español de dicho departamento.

    El análisis se ha enriquecido con comentarios y sugerencias de funcionarios de otros departamentos del FMI y de los directores ejecutivos, tras el debate de este informe los días 21 y 23 de marzo de 2005. No obstante, cabe aclarar que las proyecciones y consideraciones de política económica corresponden al personal técnico del FMI y no deben atribuirse a los directores ejecutivos ni a las autoridades nacionales que representan.

    Introducción

    Perspectivas de la economía mundial es el resultado de una labor llevada a cabo en colaboración: su preparación está a cargo de un pequeño núcleo de técnicos del FMI que trabajan incansablemente, recurriendo a la vastedad de conocimiento esparcida por toda la organización. Desearía dejar constancia de mi agradecimiento a David Robinson, a Tim Callen, a los integrantes de la División de Estudios Económicos Internacionales y al personal de otras divisiones y departamentos del FMI que trabajaron juntos para que el lector pueda tener en sus manos esta edición.

    El año pasado la economía mundial disfrutó de un período de crecimiento con pocos precedentes y, según nuestras previsiones, esa pujanza se mantendrá este año, aunque con una intensidad más moderada. Uno de los aspectos que más nos alientan al observar este panorama es el desempeño de los países más pobres, incluso los de África subsahariana.

    Igualmente alentadora es la conclusión del primer ensayo del capítulo II: a lo largo de las tres últimas décadas la volatilidad del crecimiento económico ha disminuido en la mayor parte de los países en desarrollo, pero como sigue siendo superior a la registrada en los países industriales, cabe pensar que aún queda margen de acción. De acuerdo con el ensayo, la volatilidad del producto de los países en desarrollo responde a factores nacionales, más que regionales o mundiales, sobre todo en los países de África subsahariana. Para combatirla y promover el crecimiento, serán necesarios un control más estricto del gasto durante las reactivaciones cíclicas, un mayor desarrollo de los sectores financieros y reformas estructurales encaminadas a diversificar la base productiva.

    Según el segundo ensayo del capítulo II, un fenómeno reciente que ha contribuido a amortiguar la volatilidad en los países en desarrollo es el aumento de las remesas las cuales, en muchos países, constituyen una fuente de divisas cada vez más importante, que ha demostrado ser a la vez más estable y menos procíclica que otras fuentes de financiamiento externo. Las remesas, también pueden afianzar la estabilidad macroeconómica, suavizar los shocks perjudiciales y reducir la pobreza. En vista de estos beneficios, el ensayo hace hincapié en la necesidad de fomentarlas, por ejemplo, abaratando su envío y facilitando su circulación. Toda normativa que esté motivada por la preocupación ante el riesgo del terrorismo o del lavado de dinero deberá concebirse con sumo detenimiento, de modo que sea posible supervisar mejor los movimientos de las remesas, sin frenarlas ni empujarlas a la clandestinidad.

    El siguiente tema que aborda esta edición es un aspecto más inquietante del crecimiento mundial: la constante divergencia de los perfiles de crecimiento. Tanto la zona del euro como Japón están creciendo con mayor lentitud que las demás regiones principales y esto no ha ayudado a los desequilibrios mundiales en cuenta corriente, que continúan agudizándose.

    Los desequilibrios en cuenta corriente probablemente se originen en dos episodios de auge y colapso de la inversión. El crecimiento excesivo de la inversión ocurrido a principios de los años noventa en Asia oriental se paralizó tras la crisis asiática de 1997–98. Pero el ahorro no se detuvo, y las economías de Asia oriental terminaron con un exceso de ahorro en comparación con la inversión —un superávit en cuenta corriente— que necesitaban invertir en el extranjero. Durante los últimos años del siglo XX, en Estados Unidos la productividad aumentó rápidamente y la inversión se expandió. La captación de capitales extranjeros empujó al alza los precios de los activos bursátiles e inmobiliarios. Los hogares estadounidenses, sintiéndose más prósperos, recortaron aún más el ahorro, continuando una tendencia que venía registrándose desde una década atrás. En otras palabras, la contracara de los superávit en cuenta corriente de las economías asiáticas fue un aumento de la inversión y una caída del ahorro en Estados Unidos, vale decir, un déficit en cuenta corriente.

    La inversión estadounidense se contrajo mucho al estallar la burbuja tecnológica. Habitualmente, esto habría hecho que el déficit en cuenta corriente se redujera, pero no sucedió así porque Estados Unidos adoptó una política fiscal expansiva, en parte para estimular la economía. Al mismo tiempo, la Reserva Federal puso en marcha una política monetaria sumamente acomodaticia y el resultado fue que, a pesar de un mercado bursátil moribundo, el precio de la vivienda (y la inversión inmobiliaria) siguió subiendo. Como el ahorro público descendía drásticamente y el de los hogares seguía disminuyendo, la caída de la inversión se vio acompañada de una caída aún más pronunciada del ahorro, y la cuenta corriente estadounidense se fue ensanchando.

    ¿Cuál era la situación en otras partes del mundo? En Japón la inversión se redujo significativamente durante la década de 1990, en parte como reacción a los excesos que caracterizaron a los años de la burbuja de fines de la década del ochenta y en parte porque el país se encontraba en una etapa de transición hacia una economía en envejecimiento y de crecimiento más lento. Al mismo tiempo se redujo el ahorro (en gran medida porque hubo desahorro público como parte de los esfuerzos por estimular la economía). Por lo tanto, pese a la caída de la inversión, en Japón el superávit en cuenta corriente se mantuvo bastante constante como porción del PIB. En China las necesidades de infraestructura de una economía que se encuentra en medio de un crecimiento vertiginoso han dado lugar a una inversión gigantesca, sobre todo en los últimos años. Pero tanto la transición demográfica como el pasaje de una economía socialista protegida y exenta de competencia a otra de mercado, competitiva y con pocas medidas de protección social han servido de incentivo para que la ciudadanía ahorre más, y el ahorro ha mantenido un ritmo mayor que la inversión. Por lo tanto, el superávit en cuenta corriente de China se mantuvo bastante constante hasta hace poco, pero la reciente desaceleración de la inversión lo ha incrementado considerablemente. Por último, las grandes economías de la zona del euro, como Francia y Alemania, también sufrieron un enfriamiento de la inversión tras el desplome del sector tecnológico. Pero como el ahorro reaccionó de manera diferente (en Francia cayó, mientras que en Alemania subió, en parte porque los precios de la vivienda no han ido al alza y en parte porque las reformas laborales y jubilatorias pueden haber agravado la ansiedad y, por ende, la propensión a ahorrar), el superávit en cuenta corriente de Alemania ha aumentado de manera sustancial, y el de Francia, no.

    El efecto neto de la disminución mundial de la inversión (en China, por ejemplo) y las diferentes reacciones del ahorro ha sido un déficit en cuenta corriente grande y creciente en Estados Unidos, y abultados superávit en Japón y en las economías emergentes de Asia, así como también en distintos países de la zona del euro. Hace poco comenzaron a registrarse superávit también en la Comunidad de Estados Independientes y en Oriente Medio, atribuibles al alza de los precios de los productos básicos.

    Como se propone en el capítulo III de esta edición de Perspectivas de la economía mundial, la expansión de flujos financieros transfronterizos ha facilitado el financiamiento de desequilibrios reales como los que acabo de describir. Pero es difícil creer que esta situación —un mundo en el cual los países relativamente pobres y con poblaciones jóvenes ahorran más de lo que invierten, pero no así las naciones ricas que están envejeciendo— permita un equilibrio sostenible a largo plazo. Como se señala en el capítulo III de la última edición de Perspectivas, en esta etapa de la evolución demográfica mundial, parecería más apropiado lo contrario. Además del riesgo pequeño pero costoso que representaría una corrección abrupta de los grandes y crecientes desequilibrios en cuenta corriente, su incompatibilidad con un escenario plausible a largo plazo hace necesario reducirlos.

    Antes de abordar el tema de las políticas, desearía plantear otra inquietud. Al comienzo de esta introducción hice referencia al sólido crecimiento de la economía mundial. Obviamente, un crecimiento fuerte siempre puede toparse con limitaciones de la oferta. El alza de los precios de entrega inmediata del petróleo y el precio de los futuros deben servir de advertencia. En el capítulo IV precisamente se señala que el mercado del petróleo seguirá siendo vulnerable a los shocks a mediano plazo, ya que la oferta y la demanda se mantendrán más o menos equilibradas y no dejarán mucho margen para crear capacidad adicional. Es especialmente destacable la probabilidad de que la demanda de transporte despunte en varios mercados emergentes; uno de ellos es China, cuyo ingreso per cápita está alcanzando el nivel en el cual la demanda de automotores hace explosión. El encarecimiento del petróleo y la mayor probabilidad de que se mantenga a precios elevados plantean el riesgo de que no se alcancen las proyecciones de crecimiento de Perspectivas.

    Los marcados desequilibrios en cuenta corriente y el limitado excedente de capacidad petrolera son riesgos que por lo general no pasan a primer plano hasta que no se produce una fluctuación de divisas o del precio del petróleo. Y aunque la volatilidad del tipo de cambio o de los precios atrae la atención de las autoridades durante algún tiempo, las medidas necesarias para encarar los problemas de fondo exigen no solo capital político, sino también un constante empeño en materia de política económica durante un período mucho más largo. El peligro, obviamente, es esperar hasta que las consecuencias sean mucho más patentes y dolorosas y sólo entonces encontrar la voluntad para actuar.

    Empecemos por las políticas necesarias para corregir los desequilibrios en cuenta corriente. En Estados Unidos la inversión empresarial está recuperándose de los excesos cometidos en el pasado, de modo que resulta imperativo incrementar el ahorro. Es fundamental crear un programa verosímil de consolidación fiscal a mediano plazo. Otro factor favorable será el aumento mundial de las tasas de interés reales a largo plazo a medida que se intensifique la inversión y que las condiciones monetarias actualmente tan distendidas —que parecen estar manteniendo bajas las tasas a largo plazo— se vayan endureciendo. El alza de las tasas no solo incentivará directamente el ahorro, sino que también podría contener el aumento de precios de activos como la vivienda y así promover el ahorro indirectamente. Como estos efectos probablemente sean más intensos en Estados Unidos, ayudarán a reducir los desequilibrios.

    En los mercados emergentes (con la excepción de China), lo que urge es incrementar la inversión y mejorar su calidad. Para lograrlo, fundamentalmente habrá que crear un clima de inversión más propicio y reformar el sector financiero a fin de permitir una mejor distribución de los recursos. En países como Alemania y Japón, la reforma estructural del mercado laboral, financiero y de los productos puede imprimir mayor eficiencia a la inversión e incrementar el potencial de crecimiento. A medida que la tasa de crecimiento de estos países suba, su demanda interna podrá ayudar a compensar la desaceleración que debe experimentar la demanda interna estadounidense, tal como sucedió durante la última vez que se redujo el déficit en cuenta corriente de Estados Unidos, a fines de los años ochenta.

    Uno de los elementos que guiará el ajuste son los tipos de cambio. Sin embargo, la depreciación que viene registrando el dólar desde fines de 2001 no ha influido mucho en los desequilibrios en cuenta corriente. Esto quizá se deba en parte a diversos cambios —documentados en el capítulo III— que han reducido la sensibilidad del comercio internacional a las fluctuaciones cambiarias. Otra explicación es que la depreciación del dólar se ha producido en gran medida frente a economías cíclicamente débiles. En particular, la depreciación respecto de las economías asiáticas emergentes en rápido crecimiento ha sido limitada. Como la acumulación de reservas en algunas de estas economías está complicando la gestión monetaria, y como las distorsiones necesarias para mantener el tipo de cambio relativamente fijo frente a las presiones hacia la apreciación están obstaculizando el desarrollo del sector financiero, los beneficios de un régimen cambiario fijo se están desvaneciendo rápidamente, y los costos van en aumento. Una mayor flexibilización cambiaria es algo que beneficiará a todos.

    No podemos dejar de lado el hecho de que varios mercados emergentes comenzaron a acumular reservas para protegerse de los shocks originados en los mercados financieros internacionales. Aunque el desarrollo del sector financiero les permitirá resistirlos mejor, debemos preguntarnos si los acuerdos internacionales de financiamiento ofrecen suficiente apoyo a las economías emergentes. Un fondo común de reservas es menos costoso que la protección individual, de modo que los planes de reforma deben incluir maneras de fortalecer la confianza en los fondos comunes que ya existen, como el Fondo Monetario Internacional.

    En cuanto al petróleo, en el capítulo IV se esboza una serie de políticas que podrían ayudar a suavizar la volatilidad, tales como: lograr que el mercado funcione con más eficiencia, reducir los obstáculos ala inversión, crear más mecanismos amortiguadores y mejorar la conservación. Al igual que en el caso de los desequilibrios en cuenta corriente, la cooperación multilateral puede ser muy útil para hacer avanzar algunas de estas medidas.

    Aunque prácticamente no hay duda de que las tasas de interés aumentarán y si bien es posible que el petróleo se encarezca considerablemente, las condiciones económicas mundiales siguen siendo favorables. Este es un momento ideal para emprender las reformas que permitirán afianzar las perspectivas a mediano plazo. Como ya he señalado, no parece haber demasiada premura en los círculos políticos, en parte porque hasta ahora los desequilibrios no han tenido consecuencias desagradables y en parte porque a mediano plazo muchas de las reformas darán su fruto, pero a corto plazo algunas podrían resultar dolorosas. En el nivel político lo que cuenta es el corto plazo, y estas reformas producirán dolor y crearán bienestar precisamente al revés de lo que prefieren la mayoría de los políticos. Sin embargo, de vez en cuando surgen verdaderos dirigentes con visión de futuro que trascienden el plano puramente político y miran más allá del aquí y el ahora. En ellos debemos depositar nuestras esperanzas de reforma.

    Raghuram Rajan

    Consejero Económico y Director del Departamento de Estudios

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