Front Matter

Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
September 2002
    Share
    • ShareShare
    Show Summary Details

    ©2002 International Monetary Fund

    Producción: Sección de Artes Gráficas del FMI

    Cubierta y diseño: Luisa Menjivar-Macdonald

    Gráficos: Lai Oy Louie

    Edición en español

    División de Español

    Departamento de Tecnología y Servicios Generales

    Traducción: Adriana Russo

    Corrección de pruebas: Myriam Collyns y Adriana Vilar de Vilariño Autoedición: Christine K. Brown y Adriana Vilar de Vilariño

    Perspectivas de la economía mundial (Fondo Monetario Internacional)

    Perspectivas de la economía mundial: Estudio realizado por el personal técnico del Fondo Monetario Internacional—1980–—Washington: El Fondo, 1980–

    v.; 28 cm.—(1981–84: Occasional paper/International Monetary Fund ISSN 0251-6365)

    Annual.

    Has occasional updates, 1984–

    ISSN 1020-51IX = Estudios económicos y financieros

    ISSN 1020-5071 = Perspectivas de la economía mundial (Washington)

    1. Economic history—1971–—Periodicals. I. International Monetary Fund. II. Series: Occasional paper (International Monetary Fund)

    HC10.W7979

    84-640155

    338.5’443’09048—dcl9

    AACR 2 MARC-S

    Library of Congress

    8507

    Se publica dos veces al año.

    ISBN 1-58906-109-8

    Precio: $42,00 ($35,00 para catedráticos y estudiantes universitarios)

    Solicítese a:

    International Monetary Fund, Publication Services

    700 19th Street, N.W., Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Tel.: (202) 623-7430 Fax: (202) 623-7201

    Correo electrónico: publications@imf.org

    Internet: http://www.imf.org

    en papel reciclado

    Índice

    Supuestos Y Convenciones

    En la preparación de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial se han adoptado los supuestos siguientes: el promedio de los tipos de cambio efectivos reales permanecerá constante en su nivel del período comprendido entre el 11 de febrero y el 11 de marzo de 2002, con excepción de las monedas que participan en el mecanismo de tipos de cambio (MTC 2) de Europa, que se ha supuesto permanecerán constantes en términos nominales en relación con el euro; las autoridades nacionales mantendrán la política económica establecida (los supuestos concretos sobre la política fiscal y monetaria de los países industriales se indican en el recuadro A1); el precio medio del petróleo será $23,00 el barril en 2002 y $22,00 el barril en 2003, y en el mediano plazo se mantendrá constante en términos reales; el promedio de la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) para préstamos a seis meses en dólares de EE.UU. será de 2,8% en 2002 y 4,5% en 2003; el promedio de la tasa de los certificados de depósito a tres meses en Japón será 0,1% en 2002 y 2003, y la tasa de los depósitos interbancarios a tres meses en euro será, en promedio, del 3,7% en 2002 y del 4,5% en 2003. Naturalmente, éstas son hipótesis de trabajo, no pronósticos, y las incertidumbres que conllevan se suman al margen de error que de todas maneras existiría en las proyecciones. Las estimaciones y proyecciones están basadas en la información estadística disponible hasta principios de abril de 2002.

    En esta publicación se utilizan los siguientes símbolos:

    … Indica que no se dispone de datos o que los datos no son pertinentes.

    — Indica que la cifra es cero o insignificante.

    – Se usa entre años o meses (por ejemplo, 1997–98 o enero–junio) para indicar los años o meses comprendidos, incluidos los años o meses mencionados.

    / Se emplea entre dos años o meses (por ejemplo, 1997/98) para indicar un ejercicio fiscal o financiero.

    Los “puntos básicos” son centesimos de punto porcentual (por ejemplo, 25 puntos básicos equivalen a ¼ de punto porcentual).

    El signo $ corresponde al dólar de EE.UU.

    En los gráficos y cuadros del texto, las franjas sombreadas indican proyecciones del personal técnico del FMI.

    En algunos casos el total no coincide con la suma de los componentes debido al redondeo de las cifras.

    En esta publicación, el término “país” no se refiere en todos los casos a una entidad territorial que constituya un Estado conforme al derecho y la práctica internacionales; el término puede designar también algunas entidades territoriales que no son Estados sobre las que se mantienen datos estadísticos en forma separada e independiente.

    Información Adicional

    La versión completa en inglés de este informe sobre las Perspectivas de la economía mundial se ha publicado en el sitio del FMI en Internet, www.imf.org, donde también se encontrará una compilación más completa de información extraída de la base de datos utilizada para este estudio. Los archivos, que contienen las series de datos que solicitan con más frecuencia los lectores, pueden copiarse en una computadora personal utilizando diferentes programas informáticos.

    Las consultas sobre el contenido de Perspectivas de la economía mundial y la base de datos de este estudio pueden enviarse por carta, correo electrónico o fax (no se aceptan llamadas telefónicas) a:

    World Economic Studies Division

    Research Department

    International Monetary Fund

    700 19th Street, N.W.

    Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Correo electrónico: weo@imf.org

    Fax: (202) 623-6343

    Prefacio

    Los análisis y proyecciones presentados en Perspectivas de la economía mundial son elementos integrales de la supervisión que ejerce el FMI con respecto a la evolución y las políticas económicas de los países miembros, los acontecimientos en los mercados financieros internacionales y el sistema económico mundial. El análisis de las perspectivas y políticas es producto de un minucioso examen de la evolución económica mundial que llevan a cabo varios departamentos del FMI tomando principalmente como base la información que recogen los funcionarios de la institución en sus consultas con los países miembros. Dichas consultas están a cargo de los departamentos regionales, conjuntamente con el Departamento de Elaboración y Examen de Políticas, el Departamento de Mercados Internacionales de Capital, el Departamento de Asuntos Monetarios y Cambiarios y el Departamento de Finanzas Públicas.

    El análisis que se presenta en este informe ha sido coordinado por el Departamento de Estudios, bajo la dirección general de Kenneth Rogoff, Consejero Económico y Director de Estudios. La dirección del proyecto mismo ha estado a cargo de David Robinson, Asesor Principal del Departamento de Estudios, y de Tamim Bayoumi, Jefe de la División de Estudios Económicos Internacionales.

    Los principales colaboradores en este informe fueron Luis Catáo, Hali Edison, Thomas Helbling, Maitland MacFarlan, James Morsink, Silvia Sgherri, Torsten Sløk, Marco Terrones, Stephen Tokarick y Cathy Wright. Emily Conover, Toh Kuan y Bennett Sutton colaboraron en las tareas de investigación. Nicholas Dopuch, Mandy Hemmati, Yutong Li, Di Rao y Anthony G. Turner procesaron los datos y operaron los sistemas de informática. Michael Bordo, Robin Brooks, Ximena Cheetham, Jean Le Dem, Atish R. Ghosh, Benjamin Hunt, Aasim Husain, Mads Kieler, Manmohan Kumar, Timothy Lane, Prakash Loungani, Guy Meredith, Ashoka Mody, Carmen Reinhart, Ron van Rooden, Nikola Spatafora y Raju Jan Singh se encargaron de la preparación del texto en inglés. Marina Primorac, del Departamento de Relaciones Externas, y Van Tran, del Departamento de Tecnología y Servicios Generales, coordinaron la producción de la publicación en árabe, español y francés. La versión en español estuvo a cargo de la División de Español de dicho departamento.

    El análisis se ha enriquecido con comentarios y sugerencias de funcionarios de otros departamento del FMI y de los directores ejecutivos, después del debate de este informe en el Directorio los días 27 y 29 de marzo de 2002. No obstante, cabe aclarar que las proyecciones y consideraciones de políticas económicas corresponden al personal técnico del FMI y no deben atribuirse a los directores ejecutivos ni a las autoridades nacionales que representan.

    Introducción

    Cuando se publica Perspectivas de la economía mundial, hay una cierta tendencia, podríamos decir natural, entre los comentaristas ajenos a la institución a concentrarse en lo que se dice en el capítulo I, en el que se analiza integralmente lo ocurrido en los últimos meses en el plano mundial, las correspondientes previsiones y riesgos y las consiguientes recomendaciones acerca de la política económica. Es verdad que el panorama mundial es, y seguirá siendo, el tema central de esta publicación, pero hay muchos otros temas importantes que también se examinan. Los capítulos siguientes no son un mero complemento: su finalidad es analizar en profundidad, y a veces provocativamente, una serie de asuntos, quizá candentes, que pueden interesar a las autoridades y a los analistas por igual. Es habitual que se comience a trabajar en estos temas seis meses antes de la fecha de publicación, un lapso que es necesario en vista del rigor de estos estudios y no menos por la extensión del análisis empírico que se requiere.

    En octubre de 2001, muy avanzada ya la etapa de planificación de esta edición, no fue difícil decidir que teníamos que examinar en detalle la economía de la recesión. ¿Acaso fue la profunda y generalizada desaceleración de 2001 tan inusitada como clamaban algunos analistas? ¿Fue tan excepcional su sincronización a través de todas las regiones principales? ¿Puede decirse que la contracción inducida por la inversión fija es en verdad más típica de las recesiones del siglo XIX que de las modernas? Estas no son inquietudes sólo académicas sino que resultan esenciales para comprender cuáles son las políticas apropiadas que se deben aplicar en la coyuntura actual. Es así que el principal capítulo de estas Perspectivas (capítulo III) está dedicado a poner en contexto la actual desaceleración mundial.

    Casi todos los estudios del ciclo económico se concentran en países específicos, pero el número de recesiones por país es bastante pequeño y resulta difícil encontrar elementos que se repitan con regularidad. La ambiciosa finalidad del capítulo III es examinar todas las recesiones de 21 países industriales, producidas entre 1973 y 2001, en las cuales el crecimiento del PIB fue negativo: nada más y nada menos que 93. También estudiamos una gama más estrecha de países con el fin de considerar la historia de las recesiones nacionales hasta 1881. Los resultados son asombrosos, sobre todo si se los compara con lo que suele pensarse.

    • 1)Primero y principal, la norma histórica es la sincronización. La desaceleración escalonada a nivel mundial de los años noventa fue la excepción, no la regla. Las perturbaciones idiosincrásicas de principios de esa década—la burbuja de los precios de los activos en Japón y las consecuencias de la reunificación de Alemania, así como otros factores—enmascararon las fuerzas que habitualmente tienden a coordinar las recesiones en el Grupo de los Tres y otros países. ¿Cuáles son las fuerzas principales que dan lugar a la sincronización? Es verdad que las vinculaciones mundiales del comercio y de los mercados de activos son importantes y que además se han multiplicado después de terminada la segunda guerra mundial, tras su disminución durante las dos guerras y la Gran Depresión. Pero probablemente el factor aislado más importante, al menos en el caso de países industriales, es una única perturbación que afecta a todos. En la última fase de contracción, el estallido de la burbuja de la tecnología fue un fenómeno internacional y hubo otros factores en común, como los altos precios del petróleo y la aplicación de una política monetaria más restrictiva al finalizar el prolongado período de expansión.

    • 2)Segundo, hay un precursor típico de una recesión: la caída brusca de la inversión fija. De hecho, en las últimas décadas, la que ha mostrado la mayor sincronización entre países ha sido la contracción de la inversión antes que la recesión. En esta, la función de la inversión fija ha ido acrecentándose realmente con el tiempo, y casi todas las recesiones de los últimos decenios han traído aparejada una contracción de la inversión fija, en comparación con sólo un 60% a finales del siglo XIX.

    • 3)La recuperación no tiene que aguardar un cambio de rumbo de la inversión fija. En general, la recuperación comienza con una aceleración del consumo y una acumulación de existencias, pero con el tiempo la influencia de las existencias en los vaivenes que suelen asociarse con el ciclo económico ha ido decreciendo, quizá porque son mejores las técnicas con que se las administra.

    • 4)Los precios de los activos en general llegan a un punto máximo un año antes que la producción y, en los últimos tiempos, casi siempre ha habido una caída del 25%.

    • 5)Por último, los aumentos de la tasa de interés a corto plazo han marcado habitualmente el comienzo de la recesión, y en la última pasó lo mismo. Se reconoce que no es fácil distinguir entre causa y efecto: puede que se necesite una política monetaria restrictiva para frenar las presiones inflacionarias a finales de un período de expansión que, en última instancia, terminaría por sí solo.

    Así pues, si bien toda recesión tiene características especiales y propias, la última desaceleración mundial tuvo mucho en común con las anteriores, mucho más de lo que suele reconocerse.

    En el capítulo II se presentan tres ensayos analíticos más breves. En el primero se considera la razón por la cual muchos países latinoamericanos han sufrido un número desproporcionado de crisis de la deuda y se destacan tres características generales de estas economías que aparentemente han acentuado su vulnerabilidad. En primer lugar, casi todas ellas son relativamente cerradas, lo que magnifica los costos del servicio de la deuda externa y, en consecuencia, aunque el nivel de ésta no haya sido elevado en relación con el PIB, sí ha sido alto en relación con las exportaciones. En segundo lugar, en esta región suele haber una significativa volatilidad macroeconómica, que surge no sólo de las perturbaciones que afectan a la relación de intercambio, sino también de la volatilidad atribuible a la aplicación de una política fiscal procíclica. En tercer lugar e históricamente, gran parte de la región ha estado aquejada por un subdesarrollo financiero y, en parte por eso, con un escaso ahorro interno. En consecuencia, el Estado se endeuda desproporcionadamente en el exterior y desproporcionadamente en divisas. El consiguiente desajuste entre las monedas de denominación de los activos y los pasivos públicos con excesiva frecuencia ha dejado a los países de la región demasiado expuestos a los efectos de una fuerte y brusca depreciación del tipo de cambio.

    Estas tres características—una gran deuda externa, pocas exportaciones y una política fiscal volátil—tienen un punto de partida común: los problemas de los sistemas tributarios y el control del gasto. Si el sistema tributario interno tiene fallas, el Estado tiene que recurrir más a los aranceles, lo que reduce el incentivo para exportar y termina por producir una economía relativamente cerrada. De igual modo, la insuficiencia de los ingresos y el exceso de gasto son la raíz de una historia de hiperinflación en esta región, ya que de tanto en tanto los gobiernos tienen que financiar monetariamente el déficit, sobre todo en períodos de crisis económica o de inestabilidad política. Incluso cuando la inflación es relativamente baja, el espectro de que las tasas de inflación vuelvan a subir mucho ha desacelerado sin duda alguna el desarrollo de los mercados financieros de algunos países. Si hay una historia de inflación alta, también es difícil para los gobiernos endeudarse con un interés razonable sin ofrecerse a efectuar los rembolsos en moneda extranjera. Por último, las deficiencias del sistema financiero y del control del gasto complican la adopción de una política fiscal anticíclica. Puesto que el gobierno no cuenta con un superávit acumulado que le sirva de protección, en general y frente a una recesión suele verse obligado a recurrir a la restricción antes que a la expansión y entonces, con suma frecuencia, la política fiscal amplifica las perturbaciones de la relación de intercambio en lugar de amortiguarlas. Por supuesto que el problema es extremadamente complejo, pero es evidente que la vulnerabilidad de las economías latinoamericanas durante los últimos decenios tiene como antecedente muchas consideraciones tanto institucionales como políticas y que no es simplemente el resultado de errores en la gestión de la economía. Se reconoce en este ensayo que muchos países de la región han logrado sustanciales avances en los últimos años, entre ellos mejores sistemas fiscales y regímenes cambiarios más flexibles, de modo que de cara al futuro la situación promete mejorar bastante. No obstante, lo que se dice en el ensayo resulta aleccionador.

    En el segundo ensayo se considera el efecto que tuvo la enorme acumulación de riqueza en los hogares de los países industriales en el gasto de consumo durante los años noventa. El ensayo, una obra empírica original que se basa en otras ya publicadas, determina que el impacto es mayor en los sistemas financieros basados en el mercado (en que los mercados financieros tienen el papel dominante, como Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá) que en aquellos que se basan en los bancos (aquí el papel dominante corresponde a los bancos, como en Japón, Alemania, Francia e Italia). En el primer caso, el notable aumento de la riqueza en el mercado de valores durante los años noventa redujo la tasa de ahorro en 6 puntos porcentuales a partir de 2000, y 8 puntos porcentuales si se toma en cuenta la vivienda. En cambio, en el segundo caso, la tasa de ahorro se vio poco afectada por esa riqueza y el aumento de los precios de la vivienda redujo la tasa de ahorro en 1½ puntos porcentuales. No sólo ha aumentado muchísimo el patrimonio de los hogares sino que, según permite determinar el análisis, el consumo ha pasado a ser mucho más sensible a los precios de la vivienda y de las acciones. En la medida en que las variaciones de la riqueza afectan la inflación y la producción, entonces, lo que debe pasar es que los precios de estas dos se han convertido en consideraciones más significativas para la política monetaria durante los últimos 10 años, pese a que ello no implica que la meta directa de la política monetaria deban ser los precios de los activos.

    En el tercer ensayo se examinan los retos que se plantean a la política monetaria en una era de baja inflación. No ha pasado tanto tiempo desde la época en que la mayoría de los países industrializados tenían una inflación sostenida y de dos dígitos. En el ensayo se dice que estos países lograron bajar la inflación en buena parte gracias a un cambio generalizado en la conducción de la política monetaria, que incluyó una modificación institucional que ha asignado mayor importancia a la inflación y una consiguiente transformación beneficiosa de la conducta del sector privado. Todos estos cambios se produjeron después de que economistas y autoridades comenzaron a darse cuenta que la clave para mantener baja la inflación no es simplemente la formulación de normas apropiadas para la política monetaria sino el diseño adecuado de la institución de la banca central. Una mayor independencia del banco central, más transparencia, distintas formas de metas de inflación y la elección en este banco de un presidente sumamente competente y que tenga credenciales impecables en la lucha contra la inflación son factores que han contribuido a que la reducción sistemática de las tasas de inflación en muchas partes del mundo. Sí importa que la política sea acertada, y todavía más que las instituciones sean sólidas ya que permiten que la política sea sostenible.

    En este nuevo entorno de baja inflación, los objetivos de los bancos centrales tienen que ser más simétricos, porque habrá que poner en un platillo de la balanza las inquietudes acerca de un aumento de la inflación y, en el otro, las que suscita la deflación. La rigidez nominal al descenso de los precios y de los salarios hace que el ajuste ante la deflación resulte doloroso, y si además no hay muchas expectativas en cuanto a la inflación, la deflación se traduce en un piso para la reducción de la tasa de interés real por parte del banco central (a corto plazo), ya que la nominal no puede ser menor que cero. Como se demuestra en el capítulo III que trata sobre la recesión, la deflación tuvo un papel trascendente en las recesiones anteriores a la primera guerra mundial y del período que siguió hasta el estallido de la segunda, pero desde entonces prácticamente ha sido un factor desconocido en los países industrializados. Los problemas que provoca la actual deflación en Japón ponen de manifiesto los peligros y los riesgos de dejar que la inflación derive hacia valores negativos. Las inquietudes acerca de la deflación sugieren que los bancos centrales tienen que asumir una actitud más activa frente a desaceleraciones bruscas de la actividad. ¿Cuán alta ha de ser la tasa de inflación que se fija el banco central como meta para aminorar el peligro de que haya una deflación sostenida? En el ensayo se argumenta que el peligro de entrar en esta espiral va en aumento cuando las metas de inflación son inferiores al 2%. No obstante, en una región con mercados suficientemente flexibles, sería aceptable una tasa un poco más baja, a condición de que las autoridades vigilen atentamente toda desviación transitoria que pueda producirse hacia el territorio de la inflación negativa.

    Kenneth Rogoff

    Consejero Económico y Director, Departamento de Estudios

      Other Resources Citing This Publication