Front Matter

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Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
May 2007
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    ©2007 International Monetary Fund

    Edición en inglés

    Producción: División de Servicios Multimedia del FMI

    Cubierta y diseño: Luisa Menjivar y Jorge Salazar

    Gráficos: Theodore F. Peters, Jr.

    Composición gráfica: Choon Lee

    Edición en español

    División de Español

    Departamento de Tecnología y

    Servicios Generales del FMI

    Perspectivas de la economía mundial (Fondo Monetario Internacional)

    Perspectivas de la economía mundial: Estudio realizado por el personal técnico del Fondo Monetario Internacional.—1980–

    —Washington: El Fondo, 1980–

    v.; 28 cm.—(1981–84: Occasional paper/International Monetary Fund ISSN 0251-6365)

    Annual.

    Has occasional updates, 1984–

    ISSN 0258-7440 = Estudios económicos y financieros

    ISSN 0256-6877 = Perspectivas de la economía mundial

    (Washington)

    1. Economic history—1971– —Periodicals. I. International Monetary Fund. II. Series: Occasional paper (International Monetary Fund)

    HC10.W7979 84-640155

    338.5’443’09048—dc19

    AACR 2 MARC-S

    Library of Congress 8507

    Se publica dos veces al año.

    ISBN 978-1-58906-628-1

    Precio: $57,00

    ($54,00 para catedráticos y estudiantes universitarios)

    Solicítese a:

    International Monetary Fund, Publication Services

    700 19th Street, N.W., Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Tel.: (202) 623-7430 Fax: (202) 623-7201

    Correo electrónico: publications@imf.org

    Internet: http://www.imf.org

    Índice

    Supuestos y Convenciones

    En la preparación de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial se han adoptado los siguientes supuestos: el promedio de los tipos de cambio efectivos reales permanecerá constante en su nivel del período comprendido entre el 26 de enero y el 23 de febrero de 2007, con excepción de las monedas que participan en el mecanismo de tipos de cambio (MTC 2) de Europa, que se ha supuesto permanecerán constantes en términos nominales en relación con el euro; las autoridades nacionales mantendrán la política económica establecida (los supuestos concretos sobre la política fiscal y monetaria de los países industriales se indican en el recuadro A1); el precio medio del petróleo será de $60,75 el barril en 2007 y $64,75 el barril en 2008, y en el mediano plazo se mantendrá constante en términos reales; el promedio de la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) para depósitos a seis meses en dólares de EE.UU. será de 5,3% en 2007 y 5,1% en 2008; la tasa de los depósitos a tres meses en euros será, en promedio, 3,8% en 2007 y 3,7% en 2008, y el promedio de la tasa de los depósitos a seis meses en yenes japoneses será de 0,9% en 2007 y 1,2% en 2008. Naturalmente, estas son hipótesis de trabajo, no pronósticos, y la incertidumbre que conllevan se suma al margen de error que de todas maneras existiría en las proyecciones. Las estimaciones y proyecciones se basan en la información estadística disponible hasta fines de marzo de 2007.

    En esta publicación se utilizan los siguientes símbolos:

    … Indica que no se dispone de datos o que los datos no son pertinentes.

    — Indica que la cifra es cero o insignificante.

    – Se usa entre años o meses (por ejemplo, 2005–06 o enero–junio) para indicar los años o meses comprendidos, incluidos los años o meses mencionados.

    / Se emplea entre años o meses (por ejemplo, 2005/06) para indicar un ejercicio fiscal o financiero.

    Los “puntos básicos” son centésimos de punto porcentual (por ejemplo, 25 puntos básicos equivalen a ¼ de punto porcentual).

    El signo $ corresponde al dólar de EE.UU.

    En los gráficos y cuadros del texto, las áreas sombreadas indican proyecciones del personal técnico del FMI.

    En algunos casos el total no coincide con la suma de los componentes debido al redondeo de las cifras.

    En esta publicación, el término “país” no se refiere en todos los casos a una entidad territorial que constituya un Estado conforme al derecho y a la práctica internacionales; el término puede designar también algunas entidades que no son Estados, pero para las cuales se mantienen datos estadísticos en forma separada e independiente.

    Información adicional

    La versión completa en inglés de Perspectivas de la economía mundial se ha publicado en el sitio del FMI en Internet, www.imf.org, donde también se publica una compilación más completa de información extraída de la base de datos utilizada para este estudio. Los archivos, que contienen las series de datos que solicitan con más frecuencia los lectores, pueden copiarse en una computadora personal utilizando diferentes programas informáticos.

    Las consultas sobre el contenido de Perspectivas de la economía mundial y la base de datos de este estudio pueden enviarse por carta, correo electrónico o fax (no se aceptan llamadas telefónicas) a:

    World Economic Studies Division

    Research Department

    International Monetary Fund

    700 19th Street, N.W.

    Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Correo electrónico: weo@imf.org Fax: (202) 623-6343

    Prefacio

    Los análisis y las proyecciones que se presentan en Perspectivas de la economía mundial forman parte integral de la supervisión que ejerce el FMI con respecto a la evolución y las políticas económicas de los países miembros, los acontecimientos en los mercados financieros internacionales y el sistema económico mundial. El análisis de las perspectivas y políticas es producto de un minucioso examen de la evolución económica mundial que llevan a cabo varios departamentos del FMI tomando principalmente como base la información que recogen los funcionarios de la institución en sus consultas con los países miembros. Dichas consultas están a cargo sobre todo de los departamentos regionales, conjuntamente con el Departamento de Elaboración y Examen de Políticas, el Departamento de Mercados Monetarios y de Capital, y el Departamento de Finanzas Públicas.

    El análisis que se presenta en este informe ha sido coordinado por el Departamento de Estudios bajo la dirección general de Charles Collyns, Subdirector del Departamento de Estudios, y de Tim Callen, Jefe de División del Departamento de Estudios.

    Los principales colaboradores fueron Thomas Helbling, Subir Lall, S. Hossein Samiei, Peter Berezin, Roberto Cardarelli, Kevin Cheng, Florence Jaumotte, Ayhan Kose, Toh Kuan, Michael Kumhof, Douglas Laxton, Valerie Mercer-Blackman, Jonathan Ostry, Alessandro Rebucci, Nikola Spatafora e Irina Tytell. Olga Akcadag, To-Nhu Dao, Christian de Guzman, Stephanie Denis, Nese Erbil, Angela

    Espiritu, Patrick Hettinger, Bennett Sutton y Ercument Tulun colaboraron en las tareas de investigación. Mahnaz Hemmati, Laurent Meister y Emory Oakes procesaron los datos y operaron los sistemas de informática. Sylvia Brescia, Celia Burns y Jemille Colon se encargaron de la preparación del texto en inglés. También colaboraron Anthony Annett, Andrew Benito, Selim Elekdag, Robert Feenstra, Caroline Freund, Jean Imbs, George Kapetanios, Jaewoo Lee, Daniel Leigh, Jaime Márquez, Gian Maria Milesi-Ferretti, Prachi Mishra, Susana Mursula, Christopher Otrok, Cedric Tille, Shang-Jin Wei y Johannes Wiegand. Archana Kumar, del Departamento de Relaciones Externas, y Virginia Masoller, del Departamento de Tecnología y Servicios Generales, coordinaron la producción de la publicación en árabe, chino, español, francés y ruso. La versión en español estuvo a cargo de la División de Español de dicho departamento.

    Raghuram Rajan, ex Consejero Económico, contribuyó con comentarios durante las primeras etapas de preparación del informe; asimismo, el análisis se ha enriquecido con sugerencias y comentarios de funcionarios de otros departamentos del FMI, y de los directores ejecutivos tras el debate de este informe los días 21 y 26 de marzo de 2007. No obstante, cabe aclarar que las proyecciones y consideraciones de política económica corresponden al personal técnico del FMI y no deben atribuirse a los directores ejecutivos ni a las autoridades nacionales que representan.

    Introducción

    Una vez más, los autores de Perspectivas de la economía mundial han conjugado de manera brillante los últimos sucesos macroeconómicos fundamentales con tres temas analíticos de extrema importancia para poder interpretar acertadamente la coyuntura económica actual. El equipo continúa bajo la hábil dirección de Charles Collyns y Tim Callen y está integrado por personal de todos los escalafones de la División de Estudios Económicos Internacionales. Raghuram Rajan, mi predecesor en el cargo de Consejero Económico, aportó ideas germinadoras durante las primeras etapas de preparación. No puedo dejar de subrayar la importancia de la información proporcionada por otras partes del Departamento de Estudios y, fundamentalmente, otros departamentos del FMI.

    Quizá sorprenda al lector comprobar en estas páginas que los riesgos para la economía mundial disminuyeron desde la edición de septiembre de 2006. Indudablemente, esta conclusión contradice muchos titulares y comentarios recientes que giran en torno a los problemas hipotecarios en Estados Unidos, la posibilidad de una corrección “desordenada” de los desequilibrios mundiales y la preocupación por el recrudecimiento de las presiones proteccionistas.

    A pesar de todo esto, como señalamos en los capítulos 1 y 2, al mirar con una visión de conjunto lo que nos parece más probable es que el vigoroso crecimiento mundial perdure. La inquietud más apremiante son los problemas que atraviesa el mercado de la vivienda de Estados Unidos y la consecuente desaceleración de la economía nacional. Pero estos factores son obvios desde hace meses y el mercado ya los tiene incorporados en gran medida a las evaluaciones de la calidad del crédito, que mayormente siguen siendo positivas. Los diferenciales de los bonos de clasificación BBB garantizados con hipotecas de alto riesgo sí aumentaron sustancialmente, pero no varió mucho el rendimiento de los bonos empresariales de menor calidad y aun menos el de las emisiones de primera línea. El mercado hipotecario tradicional sigue abierto como siempre a los particulares con buenos antecedentes crediticios.

    No podemos subestimar la magnitud de los desbordamientos que podrían provocar las hipotecas estadounidenses de alto riesgo pero, comparando los datos actuales con los de septiembre, no hay tantas razones para preocuparse por la economía mundial. Antes que nada, la economía estadounidense se mantiene firme en general, pese al fuerte enfriamiento del mercado de la vivienda. La inversión ha disminuido un poco, pero el consumo sigue bien apuntalado por un mercado laboral activo y balances sólidos en los hogares. El desempleo permanece bajo y la creación de puestos de trabajo parece prometedora en la mayoría de los sectores de la economía. Fundamentalmente, las perspectivas de las demás regiones son muy alentadoras. La zona del euro está experimentando la expansión más rápida de los seis últimos años, la actividad ha cobrado ímpetu en Japón y los países de mercados emergentes y en desarrollo —liderados por China e India— siguen gozando de un crecimiento excepcional. Tomando el quinquenio 2003–07 en conjunto, la economía mundial está experimentando el crecimiento sostenido más rápido desde comienzos de los años setenta.

    Pero es precisamente esta prosperidad lo que nos hace centrar la atención en la importancia de los desbordamientos originados en Estados Unidos hacia el resto de la economía mundial. Ese es el tema que con buen sentido de la oportunidad aborda el capítulo 4, según el cual las desaceleraciones pronunciadas del crecimiento mundial rara vez se deben a sucesos específicos de un país —aun si se trata de una de las economías más grandes—, sino más bien a acontecimientos que afectan a muchos países a la vez. Una de las conclusiones del capítulo es que la creciente integración comercial y financiera de la economía mundial potencia el impacto de los desbordamientos transfronterizos, pero incluso si la economía estadounidense se debilitara más los desbordamientos no serían abrumadores, sobre todo gracias al avance de la gestión macroeconómica a escala mundial durante los 20 últimos años. La flexibilidad cambiaria y un espíritu monetario previsor amortiguan los efectos que puede sufrir el producto a raíz de todo tipo de perturbaciones.

    En cuanto a otro riesgo en el que hacía hincapié la edición de septiembre último, no cabe duda del progreso logrado hacia el objetivo de corregir los desequilibrios mundiales. Hay indicios alentadores de estabilización del déficit en cuenta corriente de Estados Unidos —si bien a un nivel elevado— gracias a la depreciación real del dólar y al vigor de las exportaciones. A esto se suman medidas de política pequeñas pero significativas y muy reales. Estos pasos acertados —sobre todo los cambios de la política fiscal ya efectuados y programados— son exactamente lo que se necesita en este momento. Pero también está claro que queda más por hacer, ya que la configuración actual de las principales cuentas corrientes no puede continuar para siempre.

    El capítulo 3 contiene una reevaluación del papel que desempeñan los tipos de cambio en el ajuste externo y confirma que las apreciaciones y depreciaciones reales determinadas por el mercado pueden respaldar cambios a la política macroeconómica y decisiones de ahorro e inversión del sector privado al facilitar la reasignación de recursos entre sectores, y propiciar la corrección de los desequilibrios sin grandes fluctuaciones del producto. Concretamente, el capítulo echa atrás la teoría del “pesimismo cambiario”, según la cual los tipos de cambio varían pero no contribuyen al ajuste de la cuenta corriente. Tampoco hay razón para pensar que las elasticidades u otros parámetros relevantes hayan disminuido durante los últimos tiempos en las grandes economías como Estados Unidos. Por el contrario, los modelos estándar parecen subestimar la sensibilidad probable del volumen de comercio exterior estadounidense a la variación de los precios relativos.

    El ajuste cambiario no es en lo más mínimo una panacea, pero definitivamente puede reducir los costos que sufriría el producto a raíz de la evolución de la cuenta corriente. A la vez, no debemos perder de vista nunca la necesidad de estimular la demanda interna en los países con superávit y de fomentar el ahorro neto privado y público en Estados Unidos.

    El capítulo 5 es continuación de una serie de análisis publicados en otras ediciones de Perspectivas de la economía mundial y dedicados al desenvolvimiento y a las consecuencias de la globalización, la principal fuente del sólido crecimiento reciente. El capítulo se centra en la notable expansión e integración del mercado laboral mundial. Se trata de uno de los cambios más destacados del último cuarto de siglo y con toda probabilidad sus ramificaciones se harán sentir durante por lo menos otra generación. Este mercado mundial se formó en parte cuando China, India y las economías que integraban el bloque comunista se abrieron al sistema de comercio internacional, y también gracias a la creación de tecnologías de comunicación y transporte. Pero en igual medida contribuyó la creciente circulación transfronteriza de capitales financieros en busca de una combinación atrayente de conocimientos y salarios, incluso en partes del mundo consideradas hasta entonces como posibilidades remotas.

    Sin descartar la preocupación por el ritmo y la composición de estas corrientes, corresponde ponerlas en perspectiva. No se trata de un fenómeno a corto plazo o de segundo orden, sino de un profundo cambio secular del lugar donde el capital encuentra mano de obra. En otras palabras, el capital y el talento estrechamente ligado a él (gestión mundial e ideas mundiales) fluyen hacia lugares donde brillan aptitudes complementarias (gestión local e ideas locales) a precios interesantes. Estos “flujos” hacia los mercados emergentes constituyen en la práctica una serie de intercambios gracias a los cuales ha florecido un mercado mundial más amplio para la mano de obra a escalas salariales bajas, intermedias y altas. Eso, a su vez, ha beneficiado mucho a los países que aprovechan el nuevo acceso al financiamiento para estimular el crecimiento y a todos los consumidores de los bienes que producen esos países.

    La globalización de la mano de obra también repercute en la distribución del ingreso, y eso es algo que no debemos perder de vista. La participación de la mano de obra en la renta nacional ha disminuido con el tiempo en las economías avanzadas —y sobre todo en Europa— y en los sectores que emplean trabajadores no calificados. Muchos factores contribuyen a esta situación, y las conclusiones del capítulo 5 nos llevan a pensar que el principal es el avance tecnológico, no la globalización del trabajo. Los costos de este ajuste no son pequeños; para las personas afectadas, pueden ser verdaderamente traumáticos. De hecho, es precisamente la pérdida de empleos en algunas regiones de Estados Unidos —a causa de la globalización laboral y del progreso de la tecnología— lo que más alimenta la preocupación en torno a algunos segmentos del mercado de la vivienda. Si uno se queda sin trabajo es mucho más difícil pagar la hipoteca, y el aumento de las ventas forzadas y las ejecuciones hipotecarias empuja a la baja el precio de la vivienda. Por eso es doblemente importante, desde un ángulo macroeconómico y por razones de bienestar social, asumir los costos del ajuste mediante, por ejemplo, una flexibilidad laboral adecuada, una buena formación educativa y redes de protección que amortigüen los efectos del cambio sin obstaculizarlo.

    No hay duda de que los riesgos para el crecimiento mundial siguen inclinándose del lado negativo y de que la desaceleración de la economía le complica más la vida a la gente. Pero mientras las políticas macroeconómicas y estructurales estén pensadas e instrumentadas en función de esos riesgos y de gente real, la economía mundial seguramente conservará el vigor. Y debemos aprovechar al máximo la oportunidad que nos brindan los tiempos que vivimos para impulsar reformas profundas y difíciles que protejan ese crecimiento de retos como el envejecimiento de la población y que lleven sus frutos a todos los segmentos de la población.

    Simon Johnson

    Consejero Económico y Director del Departamento de Estudios

    Resumen General

    Pese al episodio de volatilidad que vivieron hace poco los mercados financieros, la economía mundial parece estar bien encaminada hacia un crecimiento sólido y continuo en 2007 y 2008. La desaceleración de la economía estadounidense es más fuerte de lo previsto, pero los efectos de desbordamiento han sido limitados, el crecimiento parece estar bien sustentado a nivel mundial y los riesgos inflacionarios son más ligeros. Globalmente, los riesgos para las perspectivas parecen menos peligrosos que hace seis meses, pero siguen inclinándose hacia el lado negativo y se ha recrudecido la inquietud en torno al sector financiero.

    Situación de la economía mundial

    La economía mundial experimentó un crecimiento vigoroso de 5,4% en 2006 (capítulo 1). En Estados Unidos, la expansión perdió ímpetu, golpeada por la fuerte desaceleración del mercado de la vivienda, pero el retroceso de los precios del petróleo a partir del mes de agosto contribuyó a sustentar el gasto de los consumidores. En la zona del euro, el crecimiento se aceleró hasta alcanzar el ritmo más veloz de los seis últimos años, alimentado por la creciente demanda interna. En Japón, después de un período de debilidad a mediados de año, la actividad económica recobró el aliento en los últimos meses. China e India estuvieron a la cabeza del rápido crecimiento de los países de mercados emergentes y en desarrollo. En otras regiones, la actividad económica conservó el impulso gracias a los elevados precios de los productos básicos y a condiciones financieras continuamente propicias.

    La pujanza del crecimiento y el avance de los precios del petróleo durante el primer semestre de 2006 sembraron inquietudes inflacionarias, pero la presión se suavizó a partir de agosto, cuando el petróleo se abarató. En vista de que el crecimiento es sólido y la inflación ya no preocupa tanto, los mercados financieros mundiales en general conservan el dinamismo. Pese al episodio de volatilidad financiera en febrero y marzo de este año, y a la creciente preocupación por la situación del mercado de hipotecas de alto riesgo en Estados Unidos, los mercados de renta variable continúan rozando máximos históricos, el rendimiento real de los bonos a largo plazo sigue por debajo de las tendencias a largo plazo y los diferenciales de riesgo han disminuido en la mayoría de los mercados.

    En los mercados de divisas, el dólar de EE.UU. perdió terreno, sobre todo frente al euro y a la libra esterlina. El yen también volvió a depreciarse —en parte porque la perspectiva de que las tasas de interés se mantuvieran bajas estimuló la salida de capitales—, pero se recuperó ligeramente a principios de 2007. El renminbi chino experimentó una pequeña caída en términos efectivos reales pese a que su tasa de apreciación se aceleró ligeramente frente al dólar. El déficit en cuenta corriente de Estados Unidos se incrementó a 6½% del PIB en 2006, aunque el déficit comercial no petrolero disminuyó como porcentaje del PIB gracias a la aceleración de las exportaciones. En Japón, China y los países de Oriente Medio que exportan petróleo, el superávit volvió a crecer.

    En estos últimos meses los principales bancos centrales se vieron enfrentados a diferentes disyuntivas. La Reserva Federal de Estados Unidos mantiene sin cambios la tasa de intervención desde junio de 2006 con el afán de equilibrar el riesgo derivado del enfriamiento de la economía y la persistente preocupación en torno a la inflación. El Banco Central Europeo y otros bancos centrales de Europa siguieron reduciendo la acomodación monetaria. El Banco de Japón viene subiendo la tasa de intervención de manera muy paulatina desde julio de 2006, cuando abandonó la política de tasa cero. Algunos países de mercados emergentes —como China, India y Turquía— también endurecieron la política monetaria.

    Las economías avanzadas continuaron fortaleciendo las finanzas públicas en 2006. Alemania, Estados Unidos y Japón recortaron sustancialmente el déficit presupuestario. La mejora fiscal se debió en gran medida al fuerte aumento de los ingresos tributarios en esta fase ascendente del ciclo económico.

    Perspectivas y riesgos

    Conforme a las previsiones, el crecimiento mundial disminuirá a 4,9% en 2007 y 2008, es decir, ½ punto porcentual por debajo del nivel de 2006. Se presume que en Estados Unidos disminuirá a 2,2%, en comparación con 3,3% en 2006, pero que la economía cobrará impulso en el transcurso del año cuando se aligere el lastre que representa el sector de la vivienda (capítulo 2). Se prevé también una contracción del crecimiento en la zona del euro a medida que se vaya endureciendo la política monetaria y se profundice la consolidación fiscal. La proyección para Japón apunta a que la expansión conservará el ritmo que marcó en 2006.

    En cuanto a los países de mercados emergentes y en desarrollo, se pronostica un crecimiento sólido ininterrumpido, aunque a un ritmo algo más ligero que en 2006. Estas economías seguirán estando respaldadas por condiciones financieras mundiales favorables y —pese a las caídas recientes— por el elevado nivel de precios de los productos básicos. En 2007 y 2008, China seguiría gozando de un crecimiento rápido, aunque no tan deslumbrante como el de 2006. India, por su parte, también mantendría un ritmo de crecimiento veloz. Los países ricos en productos básicos también continuarán prosperando.

    Los riesgos para este panorama parecen menos peligrosos que en septiembre, cuando se publicó la última edición de Perspectivas de la economía mundial, pero todavía se inclinan hacia el lado negativo. Entre los factores de incertidumbre, cabe mencionar la posibilidad de que la desaceleración estadounidense se agudice si los problemas del sector de la vivienda siguen empeorando, el riesgo de que los inversionistas abandonen los activos riesgosos si se recrudece la volatilidad históricamente baja de los mercados financieros, y los riesgos de que se reaviven las presiones inflacionarias si las brechas del producto continúan cerrándose —sobre todo si el precio del petróleo vuelve a experimentar un fuerte aumento— y de que se produzca —eventualidad poco probable pero muy costosa— una corrección desordenada de los profundos desequilibrios mundiales.

    Uno de los interrogantes más apremiantes al evaluar estos riesgos es si la economía mundial lograría “desacoplarse” de la estadounidense en caso de que esta se desacelere más de lo previsto. Hasta la fecha, el enfriamiento que sufre la actividad estadounidense desde comienzos de 2006, más allá de los vecinos limítrofes, Canadá y México, ha tenido efectos externos limitados. Como se explica en el capítulo 4, las razones son varias: la desaceleración estadounidense está centrada en el sector de la vivienda, que tiene un componente de importaciones relativamente bajo; los desbordamientos originados en Estados Unidos por lo general son más suaves cuando los produce una desaceleración en medio de un ciclo económico, y no una recesión propiamente dicha; y este shock es específico de Estados Unidos, no una perturbación común. Aun así, si Estados Unidos viviera una desaceleración grave, el impacto en el crecimiento mundial sería más contundente.

    Vistos desde una perspectiva a más largo plazo, los factores que atentaron contra la pujante productividad de los últimos años tendrían sin duda un efecto perjudicial para el crecimiento mundial. El fuerte aumento de la productividad estuvo respaldado por la conjunción de progreso tecnológico, apertura del sistema comercial mundial, crecientes flujos transfronterizos de capital y mayor resiliencia de los marcos de política macroeconómica y de los sistemas financieros. Es fundamental que estos pilares sigan en pie y que las tendencias que podrían hacer peligrar el crecimiento dinámico y constante de la economía mundial —el envejecimiento de la población y el calentamiento de la atmósfera, por ejemplo— reciban soluciones adecuadas.

    Un foco de particular inquietud son las fuerzas proteccionistas que podrían perjudicar el comercio internacional y la inversión extranjera, neutralizando algunos de los beneficios que ya ha producido la creciente integración económica mundial. El capítulo 5 analiza cómo influyeron la rápida expansión del comercio internacional y la creación de tecnologías al estimular la integración mundial de la mano de obra, que reporta beneficios a los países originantes y destinatarios desde el punto de vista del crecimiento y del ingreso pero también acarrea consecuencias distributivas. Teniendo en cuenta esas reflexiones, se podría hacer más por ayudar a los trabajadores cuyos empleos puedan verse particularmente afectados por las tendencias recientes de la tecnología y del comercio internacional, por ejemplo a través de mejoras en los sistemas de enseñanza, la flexibilización de los mercados laborales y la organización de sistemas de bienestar social que amortigüen el impacto del cambio económico sin obstaculizarlo.

    Retos para la política económica

    Economías avanzadas

    Los bancos centrales más grandes se encuentran ante disyuntivas concretas en la gestión de la política monetaria, según la etapa del ciclo económico en la que se encuentre la economía y el grado de presión inflacionaria a la que esté sometida. En Estados Unidos, la política de la Reserva Federal de mantener las tasas de interés sin cambios continúa siendo acertada, y la trayectoria monetaria seguramente dependerá de cómo incidan los nuevos datos en el equilibrio de riesgos aparente entre el crecimiento y la inflación. En cuanto a la zona del euro, debido a que se proyecta que el crecimiento se aproximará al potencial o lo superará, y ante la posibilidad de que vuelva a aumentar un poco la presión alcista sobre los precios y la utilización de los factores, parecería justificado incrementar la tasa de interés a 4% llegado el verano. Japón deberá avanzar poco a poco en la supresión de la acomodación monetaria, cerciorándose de que la expansión sea genuina y continuamente vigorosa.

    El principal objetivo de la política fiscal debería ser la consolidación y la reforma necesarios para proteger la viabilidad a pesar del envejecimiento de la población, dejándoles a los estabilizadores automáticos el margen de acción que necesiten. Para poder avanzar con paso firme hacia la consolidación fiscal será necesaria una reforma de base encaminada a frenar el aumento del gasto a medida que envejezca la población, sobre todo en el ámbito de las pensiones y la atención de la salud, además de evitar la erosión de la base tributaria.

    Ahora que la expansión se encuentra bien afianzada, es momento de hacer avanzar más las reformas de mercado destinadas a sustentar el crecimiento potencial. Un reto particularmente duro es crear oportunidades de empleo adecuadas en una economía cada vez más globalizada y lograr que los segmentos menos favorecidos de la sociedad se beneficien más de la prosperidad alimentada por la intensificación del comercio y el progreso tecnológico. La zona del euro y Japón han logrado ciertos avances en la implementación de reformas estructurales encaminadas a promover la productividad, pero queda camino por recorrer, sobre todo en el sector financiero y el de los servicios. Estados Unidos también tiene margen para mejorar la flexibilidad de la economía; por ejemplo, podría promover la movilidad de la fuerza laboral reduciendo los estrechos vínculos entre empleo y cobertura médica.

    Economías de mercados emergentes y en desarrollo

    Muchos países de mercados emergentes y en desarrollo tienen por delante la ardua tarea de mantener la estabilidad macroeconómica y financiera en medio de ingentes entradas de divisas. Aunque los tipos de cambio de varios países asiáticos experimentaron una apreciación marcada en los seis últimos meses, la flexibilización cambiaria beneficiaría a China al crear una base más segura para gestionar la política monetaria. Las economías emergentes de Europa necesitan reducir al mínimo los riesgos que acarrean los profundos déficits en cuenta corriente y la rápida expansión del crédito. América Latina, por su parte, debe afianzar los avances recientes hacia el fortalecimiento de los balances del sector público. En los países exportadores de productos básicos, es necesario continuar administrando con cuidado los ingresos en concepto de exportación y la renta pública para evitar el recalentamiento.

    Las reformas estructurales han registrado un avance desigual en los últimos tiempos y la lista de cosas por hacer todavía es larga. Profundizando la liberalización de los sectores de servicios en Asia y otras regiones, sería posible sustentar mejor y extender más la productividad. Acelerando la reforma de los mercados laborales, se estimularía la deficiente productividad de América Latina. Creando regímenes estables, transparentes y equilibrados de suministro de infraestructura y explotación de recursos naturales, se alejarían los riesgos de estrangulamiento, corrupción y falta de inversión que podrían constituirse en un obstáculo grave al crecimiento a largo plazo.

    Políticas e iniciativas multilaterales

    La cooperación es necesaria para ayudar a subsanar los profundos desequilibrios mundiales y encierra algunos elementos importantes que podrían formar parte de las consultas multilaterales del FMI: en Estados Unidos, incrementar el ahorro, a través de una consolidación fiscal más ambiciosa y de la reducción de los desincentivos al ahorro privado, entre otros medios; en la zona del euro y Japón, impulsar reformas que promuevan el crecimiento, y en algunas economías emergentes de Asia —y sobre todo en China—, adoptar medidas para estimular el consumo e incrementar la flexibilidad al alza de los tipos de cambio. En cuanto a los países de Oriente Medio que exportan petróleo, se prevé que la caída de los precios del petróleo y el aumento del gasto reducirán los superávits externos, aunque aún hay margen para seguir estimulando el gasto dentro de los límites de la capacidad de absorción.

    Como recalca el capítulo 3, la fluctuación de los tipos de cambio efectivos reales determinada por el mercado podría ser un factor importante para propiciar el ajuste de los desequilibrios mundiales. Al facilitar el desplazamiento de recursos entre sectores, la depreciación de la moneda ayudaría a proteger el producto de los costos que podría acarrear el reequilibramiento de la demanda necesario para recortar los déficits en cuenta corriente. Es alentador comprobar en una de las conclusiones del capítulo que el “pesimismo sobre la elasticidad” —la idea de que las corrientes comerciales de Estados Unidos no responden a las variaciones del tipo de cambio real— es exagerado, lo cual concuerda con la opinión de que una depreciación efectiva real del dólar a mediano plazo contribuiría a reducir el déficit nacional en cuenta corriente. Idealmente, la contrapartida de ese realineamiento del dólar de EE.UU. sería la apreciación del tipo de cambio real de los países con persistentes superávits en cuenta corriente, como China, Japón y los exportadores de petróleo de Oriente Medio.

    La reanudación reciente de la Ronda de Doha sobre liberalización multilateral del comercio es prometedora. Si se traduce en una reforma ambiciosa y fortalece aún más las reglas a escala multilateral, alejando el riesgo de proteccionismo, aportaría mucho al panorama económico mundial. Las perspectivas de una expansión mundial sostenida y de una corrección gradual de los desequilibrios mundiales también mejorarían mediante iniciativas encaminadas a eliminar los obstáculos que frenan la fácil reasignación de recursos en respuesta a la fluctuación de los tipos de cambio, como por ejemplo la reforma del comercio internacional.

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