Front Matter

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Author(s):
International Monetary Fund. Research Dept.
Published Date:
June 2008
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    ©2008 International Monetary Fund

    Edición en español ©2008 Fondo Monetario Internacional

    Edición en inglés

    Producción: División de Servicios Multimedia del FMI

    Cubierta y diseño: Luisa Menjivar y Jorge Salazar

    Gráficos: Theodore F. Peters, Jr.

    Composición gráfica: Choon Lee

    Edición en español

    Sección de Español y Portugués

    Departamento de Tecnología

    y Servicios Generales del FMI

    Cataloging-in-Publication Data

    World economic outlook (International Monetary Fund). Spanish.

    Perspectivas de la economía mundial – [Washington, DC]: Fondo Monetario Internacional, 1980-

    v.; 28 cm. – (Estudios económicos y financieros, 1020-5071)

    Semiannual

    Has occasional updates. Some issues also have distinctive titles.

    Spanish translation of: World economic outlook.

    1. International economic relations – Periodicals. 2. Debts, External – Periodicals. 3. Balance of payments – Periodicals. 4. International finance – Periodicals. 5. Foreign trade regulation – Periodicals. 6. Loans, Foreign – Periodicals. 7. Monetary policy – Periodicals. 8. Economic development – Periodicals. 9. Forecasting – Periodicals. I. International Monetary Fund. II. Title. III. Series (World economic and financial surveys).

    HC10.W797918

    ISBN 978-1-58906-742-4

    Precio de suscripción (publicación semestral): $94

    Precio del ejemplar: $57 ($54 para catedráticos y estudiantes universitarios)

    Solicítese a:

    International Monetary Fund, Publication Services

    700 19th Street, N.W., Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Tel.: (202) 623-7430 Fax: (202) 623-7201

    Correo electrónico: publications@imf.org

    www.imf.org

    en papel reciclado

    Índice

    Supuestos y Convenciones

    En la preparación de las proyecciones de Perspectivas de la economía mundial se han adoptado los siguientes supuestos: el promedio de los tipos de cambio efectivos reales permanecerá constante en su nivel del período comprendido entre el 30 de enero y el 27 de febrero de 2008, con excepción de las monedas que participan en el mecanismo de tipos de cambio (MTC 2) de Europa, que se ha supuesto permanecerán constantes en términos nominales en relación con el euro; las autoridades nacionales mantendrán la política económica establecida (los supuestos concretos sobre la política fiscal y monetaria de los países industriales se indican en el recuadro A1); el precio medio del petróleo será de $95,50 el barril en 2008 y $94,50 el barril en 2009, y en el mediano plazo se mantendrá constante en términos reales; el promedio de la tasa interbancaria de oferta de Londres (LIBOR) para depósitos a seis meses en dólares de EE.UU. será de 3,1% en 2008 y 3,4% en 2009; la tasa de los depósitos a tres meses en euros será, en promedio, 4,0% en 2008 y 3,6% en 2009, y el promedio de la tasa de los depósitos a seis meses en yenes japoneses será de 1,0% en 2008 y 0,8% en 2009. Naturalmente, estas son hipótesis de trabajo, no pronósticos, y la incertidumbre que conllevan se suma al margen de error que de todas maneras existiría en las proyecciones. Las estimaciones y proyecciones se basan en la información estadística disponible hasta fines de marzo de 2008.

    En esta publicación se utilizan los siguientes símbolos:

    • … Indica que no se dispone de datos o que los datos no son pertinentes.

    • — Indica que la cifra es cero o insignificante.

    • − Se usa entre años o meses (por ejemplo, 2006–07 o enero–junio) para indicar los años o meses comprendidos, incluidos los años o meses mencionados.

    • / Se emplea entre años o meses (por ejemplo, 2006/07) para indicar un ejercicio fiscal o financiero.

    Los “puntos básicos” son centésimos de punto porcentual (por ejemplo, 25 puntos básicos equivalen a ¼ de punto porcentual).

    El signo $ corresponde al dólar de EE.UU.

    En los gráficos y cuadros del texto, las áreas sombreadas indican proyecciones del personal técnico del FMI.

    Si la fuente no aparece mencionada en un cuadro o en un gráfico, la información está tomada de la base de datos de Perspectivas de la economía mundial.

    Si los países no aparecen en orden alfabético, figuran según el tamaño de la economía.

    En algunos casos el total no coincide con la suma de los componentes, debido al redondeo de las cifras.

    En esta publicación, el término “país” no se refiere en todos los casos a una entidad territorial que constituya un Estado conforme al derecho y a la práctica internacionales; el término puede designar también algunas entidades que no son Estados, pero para las cuales se mantienen datos estadísticos en forma separada e independiente.

    Información Adicional

    La versión completa en inglés de Perspectivas de la economía mundial se ha publicado en el sitio del FMI en Internet, www.imf.org, donde también se publica una compilación más completa de información extraída de la base de datos utilizada para este estudio. Los archivos, que contienen las series de datos que solicitan con más frecuencia los lectores, pueden copiarse en una computadora personal utilizando diferentes programas informáticos.

    Las consultas sobre el contenido de Perspectivas de la economía mundial y la base de datos de este estudio pueden enviarse por carta, correo electrónico o fax (no se aceptan llamadas telefónicas) a:

    World Economic Studies Division

    Research Department

    International Monetary Fund

    700 19th Street, N.W.

    Washington, D.C. 20431, EE.UU.

    Correo electrónico: weo@imf.org Fax: (202) 623-6343

    Prefacio

    Los análisis y las proyecciones que se presentan en Perspectivas de la economía mundial forman parte integral de la supervisión que ejerce el FMI con respecto a la evolución y las políticas económicas de los países miembros, los acontecimientos en los mercados financieros internacionales y el sistema económico mundial. El análisis de las perspectivas y políticas es producto de un minucioso examen de la evolución económica mundial que llevan a cabo varios departamentos del FMI tomando principalmente como base la información que recogen los funcionarios de la institución en sus consultas con los países miembros. Dichas consultas están a cargo sobre todo de los departamentos regionales, conjuntamente con el Departamento de Elaboración y Examen de Políticas, el Departamento de Mercados Monetarios y de Capital, y el Departamento de Finanzas Públicas.

    El análisis que se presenta en este informe ha sido coordinado por el Departamento de Estudios bajo la dirección general de Simon Johnson, Consejero Económico y Director de Estudios. El proyecto estuvo dirigido por Charles Collyns, Subdirector del Departamento de Estudios, y Subir Lall, Jefe de División Interino del Departamento de Estudios. Tim Callen ayudó a coordinar las primeras etapas de este proyecto antes de asumir un nuevo cargo.

    Los principales colaboradores fueron Roberto Cardarelli, Kevin Cheng, Stephan Danninger, Selim Elekdag, Thomas Helbling, Deniz Igan, Florence Jaumotte, Ben Jones, Tim Lane, Valerie Mercer-Blackman, Paul Mills, Gianni De Nicolò, Jonathan Ostry, Rodney Ramcharan, Alessandro Rebucci, Alasdair Scott, Nikola Spatafora, Jon Strand, Natalia Tamirisa, Irina Tytell, Toh Kuan, Gavin Asdorian, To-Nhu Dao, Stephanie Denis, Nese Erbil, Angela Espiritu, Elaine Hensle, Patrick Hettinger, Susana Mursula, Bennett Sutton y Ercument Tulun. Mahnaz Hemmati, Laurent Meister y Emory Oakes procesaron los datos y operaron los sistemas de informática. Sylvia Brescia, Jemille Colon y Sheila Tomilloso Igcasenza se encargaron de la preparación del texto en inglés. También colaboraron Eduardo Borensztein, Marcos Chamon, Hamid Faruqee, Lyudmyla Hvozdyk, M. Ayhan Kose, Kornélia Krajnyák, Michael Kumhof, Douglas Laxton, Jaewoo Lee, Paolo Mauro, Steven Symansky, Stephan Tokarick y Johannes Wiegand. Los asesores externos fueron Warwick McKibbin, Tommaso Monacelli, Ian Parry, Luca Sala, Arvind Subramanian, Kang Yong Tan y Shang-Jin Wei. Linda Griffin Kean, del Departamento de Relaciones Externas, y Virginia Masoller, del Departamento de Tecnología y Servicios Generales, coordinaron la producción de la publicación en árabe, chino, español, francés y ruso. La versión en español estuvo a cargo de la Sección de Español y Portugués de dicho departamento.

    El análisis se ha enriquecido con sugerencias y comentarios de funcionarios de otros departamentos del FMI, y de los directores ejecutivos tras el debate de este informe los días 19 y 21 de marzo de 2008. No obstante, cabe aclarar que las proyecciones y consideraciones de política económica corresponden al personal técnico del FMI y no deben atribuirse a los directores ejecutivos ni a las autoridades nacionales que representan.

    Introducción

    El presente informe contiene las opiniones del personal técnico del FMI sobre la economía mundial en abril de 2008, nuestra evaluación de las condiciones y las perspectivas actuales, y un análisis exhaustivo de varios elementos críticos que influirán en esas condiciones y perspectivas en el curso de los próximos meses y años. La preparación estuvo a cargo de un equipo integrado principalmente por personal de la División de Estudios Económicos Internacionales y hábilmente dirigido por Charles Collyns y, desde enero, por Subir Lall. Tampoco podría dejar de reconocer el aporte especial de Tim Callen, quien dirigió la división durante tres años y contribuyó al diseño y la elaboración de esta edición. Como siempre, otros funcionarios del FMI, tanto del Departamento de Estudios como de otras partes de la organización, enriquecieron este informe mediante contribuciones directas a todos los capítulos y a través de un proceso constante de fructífera colaboración colegiada.

    La economía mundial se encuentra en territorio nuevo y precario. Estados Unidos sigue hundido en problemas financieros que salieron a la luz en el sector de las hipotecas de alto riesgo pero que ahora están mucho más difundidos. Las tensiones que en un momento parecían limitarse a un segmento del mercado de la vivienda tienen ahora efectos negativos considerables en toda la economía y están provocando una multiplicación de los impagos, una desvalorización de las garantías y un endurecimiento del crédito que, conjugados, crean un efecto desacelerador financiero potente y difícil de desactivar.

    Además de los graves problemas en la intersección del sector crediticio y la economía real, Estados Unidos continúa sufriendo las consecuencias de los profundos errores de gestión del riesgo que cometieron las principales instituciones financieras. Los problemas que supuestamente no irían más allá de la liquidez de los mercados de dinero a corto plazo—y que, como tales, parecían solucionables—se propagaron a gran parte del sector financiero, provocando repetidas rebajas de las calificaciones crediticias, ajustes al alza de las pérdidas de la banca estadounidense y europea, y un movimiento que en este momento se perfila imparable hacia un desapalancamiento mundial sustancial.

    Esta restricción del crédito y los intentos por alejar los riesgos que arrastra tuvieron gran protagonismo en dos hechos dramáticos ocurridos mientras ultimábamos este informe. El primero fue la venta de Bear Stearns, uno de los cinco bancos de inversión más grandes de Estados Unidos, en condiciones difíciles, entre ellas la presunta inminencia de una situación generalizada de cesión de pagos. El segundo—igualmente digno de los titulares—fueron las medidas prácticamente sin precedente que tomó la Reserva Federal para evitar que los problemas de Bear Stearns se propagaran. Esa decisión ha tenido definitivamente un efecto estabilizador, al menos por el momento.

    En nuestra opinión, la profunda corrección que está experimentando el mercado de la vivienda en Estados Unidos y los problemas irresueltos del sector financiero han llevado a la economía nacional al borde de una recesión. De hecho, nuestra proyección actual es que efectivamente habrá una recesión—es decir, dos o más trimestres de crecimiento negativo—en Estados Unidos durante 2008 y que en algún momento de 2009 comenzará una recuperación modesta.

    Los efectos para el resto del mundo probablemente sean significativos. Ya rebajamos las expectativas de crecimiento de Europa y gran parte del mundo emergente. La proyección revisada de crecimiento mundial es 3,7%, frente a 4,9% en 2007; es decir, una desaceleración pronunciada. Sin embargo, corresponde resaltar que incluso para ese nivel de crecimiento la desaceleración de la mayoría de las economías avanzadas debería ser apenas suave y muchas economías emergentes tendrían que conservar más o menos la rapidez de crecimiento actual.

    Además de los problemas del sector financiero, hay principalmente otros dos focos de vulnerabilidad a corto plazo, que este informe aborda con una profundidad considerable. El primero es la posibilidad de que los precios de la vivienda se ajusten sustancialmente a la baja en muchas otras economías avanzadas (primer gráfico). Aunque el capítulo 3 muestra que otros países no tienen una dinámica idéntica a la del mercado estadounidense, también señala que en la actualidad la vivienda puede jugar un papel más destacado en el ciclo económico en general, ya que la naturaleza del financiamiento hipotecario ha evolucionado y las valoraciones han aumentado prácticamente en todos los países durante la última década.

    El segundo foco de vulnerabilidad son, por supuesto, los precios de los productos básicos. El capítulo 5 examina su aporte al excelente desempeño de muchas economías emergentes y en desarrollo durante los últimos años; es notable observar cómo la ola de aumentos de los precios durante el último quinquenio (segundo gráfico) benefició prácticamente a todos los países del mundo que exportan estos productos. Y aunque hay razón para pensar que estas economías están más preparadas que antes para hacer frente a una desaceleración grave, seguimos recomendando precaución: en promedio, los precios de los productos básicos bajaron 30% cuando la economía mundial experimentó un enfriamiento sustancial en las tres últimas décadas.

    Ahora, todos los ojos están puestos en las principales economías emergentes. En los cincos últimos años dieron un salto, diversificando la exportación, fortaleciéndose internamente y mejorando los marcos de su política económica. No es descabellado pensar que ese fuerte impulso, sumado a algunos ajustes de política puntuales, les permitirá sustentar tanto la demanda interna como la economía mundial.

    Pero por el momento se encuentran acuciadas no por una recesión inminente, sino por presiones inflacionarias. Concretamente, la dinámica financiera de la depreciación del dólar y la creciente incertidumbre imperante en los mercados financieros se han conjugado con la demanda pujante y constante de las economías emergentes y con la reacción anémica de la oferta de los exportadores de productos básicos para generar presión alcista sobre los precios de los alimentos y de la energía, pese a los nubarrones que se ciernen sobre la economía mundial.

    Brecha de precios de la vivienda

    (Porcentaje)

    Fuente: Cálculos del personal técnico del FMI, como se describe en el recuadro 3.1.

    Número de grupos de principales productos básicos en la fase del auge y producción industrial global1

    Fuentes: FMI, Sistema de Precios de los Productos Básicos; FMI, International Financial Statistics, y cálculos del personal técnico del FMI.

    1Los principales grupos de productos básicos son el petróleo, los metales, los alimentos, las bebidas y las materias primas agrícolas.

    Por lo tanto, precisamente cuando parecería sensato preparar medidas anticíclicas, las principales economías emergentes tienen el empeño puesto en mitigar la inflación.

    Estas son cuestiones apremiantes, pero no debemos perder de vista los retos a más largo plazo, como el que plantea el cambio climático. El FMI puede contribuir a ese importante debate analizando las consecuencias macroeconómicas de este fenómeno, que pueden extenderse ampliamente y con rapidez. Concretamente, el capítulo 4 aborda el impacto macroeconómico de las estrategias de mitigación y sostiene que adoptando marcos de política económica correctamente concebidos es posible limitar las emisiones de carbono, entre otras, sin producir un impacto negativo profundo en el crecimiento.

    Además de que existen razones contundentes a mediano plazo para contener las emisiones, necesitamos con urgencia un enfoque mundial más coherente para fijar los precios de la energía. Es fundamental trasladar al consumidor final el alza de los precios de los combustibles y permitir así que el mecanismo de precios influya debidamente en la economía mundial reduciendo la demanda (y limitando la presión inflacionaria) cuando las condiciones de la oferta o los sucesos financieros encarecen los productos básicos. Los intentos por proteger al consumidor de los verdaderos costos de la utilización de combustibles fósiles a corto, mediano o largo plazo probablemente resulten, en el mejor de los casos, infructuosos.

    Simon Johnson

    Consejero Económico y Director del

    Departamento de Estudios

    Resumen general

    La situación de la economía mundial

    La expansión mundial está perdiendo ímpetu frente a una grave crisis financiera (capítulo 1). La desaceleración es especialmente aguda en las economías avanzadas y sobre todo en Estados Unidos, donde la corrección del mercado de la vivienda continúa exacerbando las tensiones financieras. En lo que respecta a las demás economías avanzadas, el crecimiento también disminuyó en Europa occidental, mientras que en Japón la actividad conserva la capacidad de resistencia. Por el momento, las economías emergentes y en desarrollo están menos afectadas por la situación de los mercados financieros y continúan creciendo con rapidez, encabezadas por China e India, aunque la actividad de algunos países está empezando a enfriarse.

    La inflación global, por su parte, subió en el mundo entero, impulsada por la pujanza que caracterizó a los precios de los alimentos y de la energía. En las economías avanzadas, la inflación subyacente registró pequeños avances en los últimos meses pese a la desaceleración del crecimiento. En las economías emergentes la inflación global subió más, como consecuencia tanto del enérgico aumento de la demanda como del mayor peso que tienen la energía y, en particular, los alimentos en las canastas de consumo.

    El auge de precios de los productos básicos continúa pese a la ralentización de la actividad mundial. Una de las causas principales es el dinamismo de la demanda de los mercados emergentes, que originaron gran parte del aumento del consumo de productos básicos en los últimos años; además, la demanda de biocombustibles encareció importantes cultivos alimentarios. Al mismo tiempo, la oferta no termina de ajustarse al alza de los precios, sobre todo en el caso del petróleo, y en muchos mercados los niveles de las existencias corresponden a mínimos a mediano y a largo plazo (véase el apéndice 1.2). Aparentemente, este aumento de los precios de los productos básicos se debe también, al menos en parte, a factores financieros, ya que los productos básicos se están perfilando como una alternativa más entre las clases de activos de inversión.

    Las perturbaciones que sufren los mercados financieros desde agosto de 2007—cuando el retroceso de los precios de la vivienda en Estados Unidos dislocó el mercado nacional de las hipotecas de alto riesgo—se propagaron rápida e imprevistamente, inflingiendo graves daños a los mercados e instituciones que conforman el núcleo del sistema financiero. Las secuelas son variadas: reducción de la liquidez en el mercado interbancario, descapitalización de grandes bancos y revaloración del riesgo de toda una variedad de instrumentos, como se describe en más detalle en la edición de abril de 2008 del informe Global Financial Stability Report. Pese a la reacción enérgica de los principales bancos centrales, los problemas de liquidez siguen siendo graves, y la inquietud en torno a los riesgos de crédito no solo es más aguda sino que ya ha trascendido mucho más allá del sector de las hipotecas de alto riesgo. Los precios de las acciones también perdieron terreno a medida que se fragilizaba la economía, y la volatilidad se instaló en los mercados bursátiles y cambiarios.

    Estas dislocaciones financieras, con el consiguiente desapalancamiento, están afectando a los canales de crédito bancarios y no bancarios de las economías avanzadas, y ya están apareciendo indicios de una restricción crediticia generalizada, aunque no de una contracción crediticia propiamente dicha. La banca está aplicando normas más estrictas para el otorgamiento de préstamos en Estados Unidos y Europa occidental, la emisión de productos de crédito estructurados es más moderada, y los diferenciales (spreads) de la deuda corporativa son mucho más elevados. El impacto es especialmente duro en Estados Unidos y está contribuyendo a ahondar aún más la corrección del mercado de la vivienda. En Europa occidental, los principales desbordamientos ocurren a través de los bancos expuestos más directamente a la titulización de hipotecas estadounidenses de alto riesgo y a los trastornos del mercado interbancario y de productos estructurados.

    Las tensiones financieras recientes también golpearon a los mercados cambiarios. El tipo de cambio efectivo real del dólar de EE.UU. perdió mucho terreno desde mediados de 2007, lastrado por la disminución de la inversión extranjera en instrumentos estadounidenses de renta fija y variable a causa de la pérdida de confianza en las condiciones de liquidez y de rentabilidad de estos activos, el empañamiento de las perspectivas de crecimiento de la economía nacional y los recortes de las tasas de interés. La caída del valor del dólar impulsó la exportación neta y ayudó a reducir el déficit en cuenta corriente estadounidense a menos de 5% del PIB en el cuarto trimestre de 2007, es decir, más de 1½% del PIB por debajo del máximo registrado en 2006. La principal contraparte del declive del dólar de EE.UU. ha sido la apreciación del euro, del yen y de otras monedas con régimen flotante, como el dólar canadiense y las divisas de algunas economías emergentes. Por el contrario, la fluctuación cambiaria no fue tan marcada en algunos países con grandes superávits en cuenta corriente, sobre todo China y los exportadores de petróleo de Oriente Medio.

    Los desbordamientos directos hacia economías emergentes y en desarrollo hasta ahora son menos pronunciados que durante otras convulsiones de las finanzas mundiales, aunque las corrientes de capital se moderaron en los últimos meses, al igual que las emisiones. Varios países que dependían mucho del crédito transfronterizo a corto plazo se vieron más duramente afectados. Las repercusiones por cauces comerciales también son limitadas hasta la fecha, y se hacen notar más en las economías que comercian activamente con Estados Unidos. Por lo tanto, las economías emergentes y en desarrollo siguen gozando de un crecimiento generalmente sólido y más o menos equilibrado entre todas las regiones, aunque muchos países aún enfrentan una inflación creciente alimentada por los precios de los alimentos y del combustible y por una firme demanda interna.

    La capacidad de resistencia de las economías emergentes y en desarrollo se fundamenta en una integración cada vez más estrecha con la economía mundial y en la naturaleza generalizada del actual auge de precios de los productos básicos, que en los países que los exportan estimuló las exportaciones, la inversión extranjera directa y la inversión nacional más de lo que lo hicieron los auges previos. Como lo explica el capítulo 5, los exportadores de productos básicos lograron diversificar sus bases de exportación—ampliando la exportación de manufacturas, por ejemplo—, y hay hoy un comercio más intenso entre las propias economías emergentes y en desarrollo. Un factor importante detrás de estos avances fue el afianzamiento de los marcos macroeconómicos e institucionales. En consecuencia, el crecimiento de las economías emergentes y en desarrollo ya no depende tanto de los ciclos de las economías avanzadas, aunque obviamente los efectos de desbordamiento no se han desvanecido del todo.

    Perspectivas y riesgos

    De acuerdo con las proyecciones, el crecimiento mundial disminuirá a 3,7% en 2008—es decir, ½ punto porcentual menos que las previsiones actualizadas publicadas en enero último y 1¼ puntos porcentuales menos que el nivel de 2007—y se mantendría más o menos igual en 2009. La divergencia entre la expansión de las economías avanzadas y las economías emergentes persistiría; en términos generales, el crecimiento de las economías avanzadas se ubicaría muy por debajo del potencial. Estados Unidos caerá en una recesión suave en 2008 como consecuencia de la interacción del ciclo de la vivienda y del ciclo financiero, y comenzará una recuperación moderada en 2009 a medida que se vayan resolviendo con lentitud los problemas que pesan sobre los balances de las instituciones financieras (capítulo 2). Para Europa occidental también se prevé una ralentización de la actividad muy por debajo del potencial a causa de los desbordamientos comerciales, las tensiones financieras y un ciclo negativo de la vivienda en algunos países. En las economías emergentes y en desarrollo, por el contrario, el crecimiento se moderaría ligeramente—como consecuencia de los esfuerzos de algunas economías por evitar un recalentamiento, los desbordamientos comerciales y financieros, y cierta moderación de los precios de los productos básicos—pero conservaría el dinamismo en 2008 y en 2009.

    La balanza global de riesgos para las perspectivas de crecimiento a corto plazo sigue inclinándose a la baja. El personal técnico del FMI considera en este momento que existe un 25% de posibilidad de que el crecimiento mundial disminuya a 3% o menos en 2008 y 2009, lo cual equivale a una recesión mundial. El riesgo más grave son los sucesos que continúan viviendo los mercados financieros, y sobre todo la posibilidad de que las cuantiosas pérdidas generadas por los productos de crédito estructurados vinculados al mercado estadounidense de hipotecas de alto riesgo y a otros sectores dañen seriamente los balances del sistema financiero y transformen las restricciones al crédito en una contracción crediticia propiamente dicha. La interacción entre los shocks financieros negativos y la demanda interna—especialmente en el ámbito de la vivienda—sigue siendo motivo de preocupación en Estados Unidos, y en menor medida en Europa occidental y otras economías avanzadas. Existiría cierto potencial al alza para la demanda interna de las economías emergentes, que son aun así vulnerables a las repercusiones comerciales y financieras. Al mismo tiempo, los riesgos generados por las presiones inflacionarias también se han agudizado, ya que las condiciones restrictivas de los mercados de productos básicos provocaron un salto de los precios, y la inflación subyacente desplazó al alza.

    Retos para la política económica

    En el mundo entero las autoridades se enfrentan a retos diversos y en rápida evolución, y aunque las circunstancias varían según el país, en un mundo cada vez más multipolar será esencial abordarlos como un todo, teniendo plenamente en cuenta las interacciones transfronterizas. En las economías avanzadas, lo apremiante es lidiar con la crisis de los mercados financieros y responder a los riesgos a la baja para el crecimiento, pero sin olvidar los riesgos inflacionarios y los factores preocupantes a más largo plazo. Muchas economías emergentes y en desarrollo siguen enfrentadas al reto de evitar que el vigor del crecimiento actual agrave la inflación y exacerbe las vulnerabilidades, pero deberían estar preparadas para responder a una ralentización del crecimiento y a nuevas dificultades de financiamiento si las condiciones externas empeoran drásticamente.

    Economías avanzadas

    En las economías avanzadas, las autoridades monetarias tendrán que mantener un equilibrio delicado entre disipar los riesgos que pesan sobre el crecimiento y evitar un aumento de la inflación. En Estados Unidos, el creciente riesgo a la baja que pesa sobre el producto en medio de considerable incertidumbre sobre el alcance, la duración y el impacto de la turbulencia financiera, y el deterioro de las condiciones laborales, justifican los últimos recortes drásticos de la tasa de interés decididos por la Reserva Federal y la preferencia por la distensión monetaria hasta que la economía se afiance. En la zona del euro, si bien el nivel de inflación es demasiado elevado, las perspectivas apuntan a que disminuya hasta ubicarse por debajo de 2% en 2009, ya que el panorama se presenta cada vez más negativo para la actividad. Por lo tanto, el Banco Central Europeo tiene margen para cierta distensión de la política monetaria. En Japón tiene sentido mantener las tasas de interés sin cambio por el momento, aunque—estando de por sí bajas—habría un margen limitado para recortarlas si las perspectivas de crecimiento se deterioraran sustancialmente.

    Más allá de estas inquietudes inmediatas, los sucesos financieros recientes han reavivado el debate sobre la conveniencia de que los bancos centrales tengan en cuenta los precios de los activos al orientar la política monetaria. Al respecto, el capítulo 3 examina las conexiones entre los ciclos de la vivienda y la política monetaria. La conclusión es que, en base a la experiencia reciente, parece haber buenas razones para que las decisiones sobre la política monetaria asignen un peso significativo a los movimientos de los precios de la vivienda, sobre todo en el caso de las economías con mercados hipotecarios más desarrollados en las cuales los efectos del “acelerador financiero” son más pronunciados. Esto podría lograrse dentro de un marco de control del riesgo para la política monetaria, oponiendo resistencia—valga la expresión—cuando los precios de la vivienda fluctúan con rapidez o se salen de las bandas de valoración normal, aunque no sería factible ni recomendable que la política monetaria se fijara como objetivo un determinado nivel de precios de la vivienda.

    La política fiscal puede desempeñar una función estabilizadora útil en las economías avanzadas en caso de que la actividad pierda ímpetu, aunque no por eso correspondería hacer peligrar la consolidación fiscal a mediano plazo. En primer lugar, existen estabilizadores automáticos que deberían brindar respaldo fiscal en el momento necesario, sin comprometer los objetivos a mediano plazo. Además, la preocupación en cuanto al ímpetu de las fuerzas recesionistas y la idea de que las dislocaciones financieras pueden haber dañado el mecanismo normal de transmisión de la política monetaria quizá justifiquen un estímulo discrecional más intenso en algunos países, siempre que sea puntual, esté bien focalizado y se desarticule con rapidez. En Estados Unidos, donde los estabilizadores automáticos son relativamente pequeños, parece justificarse plenamente el estímulo fiscal adicional decretado recientemente para una economía bajo presión, y quizás haya que encontrar margen para estabilizar el mercado financiero y el mercado de la vivienda brindando más apoyo público. En la zona del euro los estabilizadores automáticos son más extensos y es necesario permitir que funcionen a pleno, paralelamente a una trayectoria del déficit fiscal que sea coherente con un avance sostenido hacia los objetivos a mediano plazo. Los países que están bien encaminados hacia esos objetivos también pueden aumentar un poco el estímulo discrecional, pero en otros quizá ni siquiera los estabilizadores automáticos puedan funcionar a pleno porque el nivel de deuda pública es elevado y los planes de ajuste actuales no bastan para lograr la sostenibilidad a mediano plazo. En Japón, la deuda pública neta se mantendría muy elevada pese a la consolidación reciente. En una desaceleración económica podrían entrar en acción los estabilizadores automáticos, pero su impacto en la demanda interna sería pequeño y no habría demasiado margen para un estímulo discrecional adicional.

    Las autoridades también deben mantenerse firmemente concentradas en mitigar la turbulencia financiera para evitar una crisis de confianza total o una contracción crediticia. Las prioridades inmediatas son restablecer la confianza en las contrapartes, fortalecer la situación financiera y la capitalización de las instituciones y diluir las restricciones a la liquidez, como lo detalla la edición de este mes del informe Global Financial Stability Report. Otras iniciativas encaminadas a respaldar el mercado de la vivienda en Estados Unidos, como por ejemplo el uso del balance del sector público, podrían ayudar a despejar la incertidumbre en cuanto a la evolución del sistema financiero, pero velando por evitar un riesgo moral excesivo. Entre las reformas a más largo plazo convendría afianzar la regulación del mercado hipotecario, promover la independencia de las calificadoras de riesgo, ampliar la supervisión, fortalecer el marco de cooperación para la supervisión y mejorar los mecanismos de resolución de crisis.

    Economías emergentes y en desarrollo

    Las economías emergentes y en desarrollo se enfrentan al reto de controlar la inflación al mismo tiempo que se mantienen alertas a los riesgos generados por la desaceleración de las economías avanzadas y la tensión creciente de los mercados financieros. En algunos países quizá sea necesario endurecer más la política monetaria para mantener controlada la inflación. En un régimen cambiario flexible, la apreciación de la moneda generalmente proporciona un respaldo útil a la restricción monetaria. Los países que controlan estrictamente el tipo de cambio respecto del dólar de EE.UU. podrían tener menos margen de acción, ya que la subida de las tasas de interés puede estimular la entrada de capitales. China y otros países que han diversificado sus economías se beneficiarían al flexibilizar el régimen cambiario, ampliando así el margen de maniobra de la política monetaria. Para muchos exportadores de petróleo de Oriente Medio, el vínculo de la moneda nacional con el dólar de EE.UU. limita la política monetaria. Estas economías tendrán que calibrar el actual aumento del gasto fiscal teniendo en cuenta su situación dentro del ciclo económico, y dedicar prioritariamente ese gasto a aliviar los estrangulamientos de la oferta.

    Las políticas fiscales y financieras también pueden servir para evitar el recalentamiento de la economía y los problemas conexos. La moderación del gasto puede ayudar a evitar variaciones bruscas de la demanda interna, aliviar la necesidad de endurecer la política monetaria y reducir la presión generada por la entrada de capitales a corto plazo. Una supervisión financiera alerta—que promueva normas crediticias debidamente estrictas y un firme control del riesgo en las instituciones financieras nacionales—puede ser redituable, ya sea moderando el impulso de la demanda derivado de la rápida expansión del crédito, como disipando el riesgo de una acumulación de vulnerabilidades en los balances.

    Al mismo tiempo, las autoridades deben estar preparadas para reaccionar frente al deterioro del ambiente externo, que podría debilitar tanto el comercio internacional como las entradas de capital. En muchos países el fortalecimiento de los marcos de política económica y de los balances del sector público permitirá poner en marcha con más facilidad que en el pasado políticas monetarias y fiscales anticíclicas. En China, la consolidación de los últimos años deja un amplio margen para apuntalar la economía mediante la política fiscal, por ejemplo acelerando los planes de inversión pública y las reformas destinadas a mejorar las redes de protección social, la atención de la salud y la enseñanza. Muchos países de América Latina han instituido marcos sólidos de metas de inflación que servirán de base para la distensión monetaria en caso de que la actividad se enfríe y las presiones inflacionarias disminuyan. Se podría permitir la puesta en marcha de los estabilizadores automáticos fiscales, aunque habría poco margen para un estímulo fiscal discrecional debido al nivel aún elevado de la deuda pública. Con la finalidad de mantener la confianza, algunas economías emergentes y en desarrollo con profundos déficits en cuenta corriente u otros focos de vulnerabilidad y que dependen de las entradas de capital quizá deban responder endureciendo las políticas sin demora.

    Políticas e iniciativas multilaterales

    Frente a los retos mundiales, es indispensable la acción general. En el caso de una desaceleración mundial grave, tendría sentido suministrar apoyo fiscal pasajero en una diversidad de países que en los últimos años alcanzaron una situación fiscal sólida. Brindar estímulo fiscal en un grupo amplio de países que se beneficiarían de una demanda agregada más enérgica sería quizá mucho más eficaz que la acción individual, teniendo en cuenta los desbordamientos transfronterizos inevitables derivados de un aumento del gasto en las economías abiertas. Sería prematuro poner en práctica este enfoque, pero a la vez podría ser prudente que los países comenzaran a elaborar planes para poder responder a tiempo en caso de que resulte necesario.

    La tarea de disipar los riesgos vinculados con los desequilibrios mundiales en cuenta corriente no ha perdido relevancia. Es alentador observar cierto avance en la implementación de la estrategia avalada por el Comité Monetario y Financiero Internacional y los planes de política más detallados esbozados durante la consulta multilateral organizada por el FMI con la finalidad de reequilibrar la demanda interna entre países mediante movimientos propicios de los tipos de cambio reales (véase el recuadro 1.3). Esta hoja de ruta conserva su importancia, pero debería utilizarse con flexibilidad, teniendo en cuenta la evolución de las circunstancias mundiales. También sigue siendo prioritario bajar las barreras comerciales, pero el lento avance de la Ronda de Doha es decepcionante. La expansión del comercio internacional es uno de los factores que más promovió el reciente desempeño destacado de la economía mundial—y el avance en la lucha contra la pobreza mundial—, y es esencial recobrar el ímpetu en este campo.

    Es un motivo de verdadera satisfacción que se haya forjado recientemente un compromiso de acción conjunta para encuadrar la lucha contra el cambio climático después del Protocolo de Kyoto. Como muestra el capítulo 4, las medidas necesarias para adaptarse a la acumulación de gases de efecto invernadero y mitigarla acarrean importantes consecuencias macroeconómicas. Según las conclusiones del capítulo, es posible suavizar esas consecuencias siempre que las iniciativas para contener las emisiones estén basadas en un régimen eficaz de fijación de precios del carbono que refleje los daños que producen las emisiones. Ese régimen debería instituirse en todos los países para que la mitigación tuviera un máximo de eficiencia, y debería ser flexible, para evitar la volatilidad, y equitativo, para evitar que recayera una carga indebida en los países con menos capacidad para soportarla.

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