Front Matter

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Author(s):
International Monetary Fund
Published Date:
September 1999
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    Fragmentos de una selección de discursos de Michel Camdessus

    Director Gerente

    del Fondo Monetario Internacional

    De la crisis a un crecimiento nuevo

    Fondo Monetario Internacional

    Washington, septiembre de 1999

    ISBN 1-55775-858-1

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    Prefacio

    La economía mundial comenzó el año pasado a resurgir de la prueba más terrible por la que haya atravesado en medio siglo. En octubre de 1998, se encontraba al borde de un abismo. En mi discurso ante las Reuniones Anuales señalé que estábamos sumidos en “una crisis que ya ha costado cientos de miles de millones de dólares, millones de puestos de trabajo y la tragedia incalculable que significa la pérdida de oportunidades y de esperanzas de tantas personas, especialmente entre los más pobres”. No era la crisis de unos cuantos países, sino la crisis de un sistema que aún no se había adaptado lo suficiente para hacer frente a las oportunidades y los riesgos de la globalización.

    Decididamente hoy ya no estamos al borde de ese precipicio y, aunque subsisten algunos motivos de incertidumbre, la economía mundial y el sistema financiero internacional están ahora claramente en mejor situación que hace un año. Debemos esteéxito a la determinación de los países que, en todo el mundo, han sabido tomar medidas inmediatas para fortalecer su economía. La tarea del FMI ha consistido en alentar y respaldar sus esfuerzos. Nuestra institución está orgullosa de haber participado en esta empresa, haber movilizado todos sus recursos y catalizado un volumen considerable de financiamiento internacional para acelerar la recuperación de la que hoy somos testigos. Pero muchísimos países también han aportado su contribución para diseñar y adoptar las reformas necesarias para que el sistema monetario y financiero internacional sea más resistente a los riesgos que plantea la globalización. La tarea que hemos emprendido con miras a fortalecer la arquitectura financiera internacional —para utilizar esta expresión en boga—, si efectivamente se la lleva a cabo, ofrece la posibilidad de crear un mundo mejor dotado para aprovechar plenamente los enormes beneficios de la globalización.

    Estas reformas, conjugadas con los programas que hemos ayudado a formular para respaldar a los países en crisis, han sido el centro de la reflexión y de la acción en el FMI durante los 12 últimos meses. La orientación impartida a nuestras actividades se refleja, naturalmente, en los discursos que he pronunciado en ese período, de los cuales hemos extraído una serie de fragmentos que se incluyen, con mínimas alteraciones, en esta recopilación. Las ideas expuestas en estos discursos pretendieron ser una contribución al debate en curso. Hoy podemos ver que, en varios aspectos, ya se ha forjado o está próximo a forjarse un consenso. En otros, en cambio, aún queda mucho por hacer para llegar a conclusiones aceptables para el conjunto de la comunidad internacional.

    En febrero de 1999, tras muchos meses de amplios debates en muchos ámbitos, pudimos constatar, ante la Foreign Policy Association de Nueva York, los progresos logrados en varias esferas clave. Fue también una ocasión adecuada para esbozar los grandes lincamientos de la economía globalizada que se vislumbra y de reseñar algunos de los desafíos a los que aún debemos hacer frente.

    Posteriormente tuve la oportunidad de compartir mis reflexiones sobre ciertos aspectos específicos de esta nueva “arquitectura” financiera internacional. La transparencia de todos los actores —públicos y privados— que operan en los mercados financieros y la formulación de normas internacional men te reconocidas fueron los grandes temas de mi intervención en Lisboa, ante la Asamblea Anual de la Organización Internacional de Comisiones de Valores (OICV), organización que ha estado siempre a la vanguardia de los esfuerzos por formular normas para los mercados de valores.

    La solidez del sector financiero y las normas para la supervisión eficaz de las instituciones financieras fueron los temas fundamentales de un discurso que pronuncié en Panamá, en el seno de la Federación Latinoamericana de Bancos, ante la cual también examiné algunos de los problemas que plantea la aplicación práctica de estos principios en los mercados emergentes en general, y en América Latina en particular.

    El problema quizá más polémico —y sin duda el más difícil desde el punto de vista técnico— a que se enfrenta la comunidad internacional es el referido al papel del sector privado en la prevención y resolución de las crisis. En junio de 1999 presenté ante el Comité de Bretton Woods un primer balance de los progresos en este campo, sin ocultar que, sobre una serie de problemas importantes, aún no se ha llegado a un consenso.

    Esta búsqueda de un consenso también está en marcha en otros frentes. La crisis mundial puso en evidencia la incapacidad del sistema internacional para adaptarse con la rapidez suficiente a la rápida integración, o globalización, de los mercados financieros internacionales. Uno de los objetivos cruciales de la reforma internacional es facilitar este proceso de integración por medio de la liberalización ordenada de los movimientos de capital. Si bien pocos pondrían en duda cuál ha de ser el objetivo último, una de las cuestiones más complejas del debate es el enfoque que debería adoptarse para llevar a cabo la liberalización de la cuenta de capital y el papel que debería desempeñar el FMI en este tema. Al regresar a Hong Kong—sede de nuestras Reuniones Anuales de 1997 en las que se había preconizado asignar al FMI un papel relevante en esta materia— parecía apropiado reflexionar sobre estas cuestiones a la luz de las enseñanzas que nos han dejado las crisis de los mercados emergentes. Una de ellas es sencilla: la experiencia de unos pocos países que sufrieron las consecuencias adversas de una liberalización inadecuada de los flujos de capital no deben disuadir a la comunidad mundial de llevar adelante una liberalización ordenada que redundará en beneficio de todos.

    Dicho esto, aun cuando el mandato del FMI nos obliga a centrarnos en los aspectos económicos y financieros de la crisis, nuestros esfuerzos sólo tienen sentido si se orientan a mejorar las condiciones de vida y, sobre todo, a aliviar la pobreza. Era necesario que la lucha contra este flagelo se trasladara al primer plano del debate mundial. Nadie puede negar que la globalización nos ofrece la oportunidad de acelerar el desarrollo, pero el sufrimiento de las poblaciones que la crisis ha sumido en la pobreza, o de las numerosas personas cuya precaria situación se ha visto agravada por la crisis, exige iniciativas que permitan contener y eliminar en la mayor medida posible este riesgo de pauperización. Todo esto hace más apremiante la necesidad de agregar un pilar social a la nueva arquitectura financiera y económica internacional. También hace imperioso que se respeten los múltiples compromisos asumidos por la comunidad internacional en el curso de los últimos diez años en la lucha contra la pobreza. Éste fue uno de los temas centrales de la alocución pronunciada ante el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas en julio de 1999. Esta nueva arquitectura internacional que preconizamos sólo tendrá una cabal significación si todos estamos convencidos de que el desarrollo humano es la prioridad número uno.

    En último término, pero no por eso menos importante, la reforma financiera mundial exige una transformación en el seno del propio FMI para que la institución pueda cumplir cabalmente la función central que le corresponde en el sistema internacional. La mayor parte de los componentes de la reforma financiera internacional suponen una adaptación de algún aspecto del funcionamiento del FMI. Algunas de estas adaptaciones ya están consolidadas, por ejemplo, la participación cada vez mayor del FMI en los esfuerzos encaminados a fomentar la transparencia y la solidez del sector financiero, mientras que sobre otras, como la función de la institución en la liberalización de los movimientos de capital, aún no se ha forjado un consenso. A largo plazo, sin embargo, la adaptación deberá ser más profunda. No cabría esperar que el FMI desempeñara una gama más amplia de funciones, con profundas consecuencias para el resto del mundo, sin una modificación apropiada de su “gobierno”. Estas cuestiones fueron objeto de análisis en un discurso pronunciado ante el Consejo de Relaciones Exteriores, en Nueva York, en junio de 1999, y siguen siendo uno de los temas más importantes de nuestro programa de acción.

    El FMI debe desplazar constantemente su centro de atención de las cuestiones de alcance sistémico a los problemas nacionales o regionales de sus países miembros. Por lo tanto, es apropiado cerrar esta recopilación pasando de las cuestiones un tanto teóricas que plantea la reforma financiera mundial a las cuestiones más especificas con que se ven confrontados los países que están saliendo de la crisis. De hecho, la superación de la crisis ofrece nuevas oportunidades, como he podido constatar en cuatro países o regiones que he visitado en 1999, cada uno de los cuales sufrió devastadores problemas económicos. Ante la conferencia anual de los gobernadores de los bancos centrales de Asia sudoriental, en Seúl, Corea, analicé la extraordinaria recuperación que se está gestando en Asia, y la importante tarea que queda por delante para lograr que esta recuperación se afiance y extienda. En un discurso pronunciado en Rusia, país que enfrenta dificultades que parecerían insuperables, expresé mi convicción de que las reformas sólo recuperarán el impulso si las autoridades adoptan como principios básicos la transparencia, el buen gobierno, la eficiencia económica y la estabilidad financiera. En una visita a Nigeria poco después de la elección del Presidente Obasanjo, tuve la oportunidad de subrayar de qué manera estos mismos principios, aplicados en el nuevo marco democrático establecido en el país, pueden representar para Nigeria un renacimiento y asegurar el futuro mejor que merecen todos los países de África. Por último, la conferencia de Montreal, en la cual estaban representados una diversidad de países —economías industriales, mercados emergentes y otros países en desarrollo del continente americano— fue un marco propicio para reflexionar sobre las responsabilidades que surgirán a medida que avance la reforma del sistema financiero internacional.

    * * *

    Se hablado mucho de la arquitectura del sistema financiero internacional. A mi juicio, se ha usado y abusado de la palabra arquitectura desde que la crisis de los mercados emergentes puso en evidencia la necesidad de mirar más allá de la situación de cada país y analizar las deficiencias estructurales del sistema financiero internacional.

    Se han expuesto muchas ideas y se han emprendido muchos trabajos en el nombre de esta “arquitectura'”. No obstante, aún estamos lejos de poder decir que se han construido los cimientos del nuevo sistema financiero internacional. La ambición de esta obra es contribuir a seguir avanzando en ese sentido, porque todos sabemos que el camino por recorrer es largo. Siempre cabe el temor de que, a medida que se afiance la recuperación, la reforma pierda impulso. Aunemos esfuerzos para avanzar en todos estos frentes, sin vacilar en agregar nuevos capítulos a nuestro Convenio Constitutivo, y el necesario pilar social al sistema de las Naciones Unidas. Sólo entonces podremos escribir Arquitectura con mayúscula.

    Michel Camdessus

    Director Gerente

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